"Una vez me dijiste que no eras un héroe. En ocasiones no creía ni que fueras humano pero deja que te diga que eras el mejor hombre…el mejor humano….ser humano que he conocido."

~ John H. Watson. Sherlock BBC, Sesion 2x3, "The Reichenbach fall" ~


Capítulo 1: Quillsh Wammy.

Quizás hoy en día sea más conocido con el nombre de Watari, la mano derecha del considerado mejor detective del mundo, L. Sin embargo, me gustaría presentarme, a quién quiera que este leyendo estos escritos, con mi verdadero nombre. Quillsh Wammy.

Nací el primero de mayo de 1933, una tarde no muy calurosa pero tampoco fresca, en Winchester, Inglaterra. No creo necesario el hablar demasiado sobre mi familia, tan solo diré que nunca tuve hermanos o hermanas, fui hijo único. Respecto a mis padres, fueron personas maravillosas que estuvieron a mi lado hasta la vejez. Mi madre murió de insuficiencia cardíaca en el 67 a mis 34 años de edad. Mi padre falleció, igualmente por causas naturales, tres años después.

Sobre mi infancia, no hay mucho que decir. Como cualquier otro niño fui a la escuela, aunque debido a la Segunda Guerra Mundial fueron tiempos difíciles para todos. En el 52, después de terminar mis estudios básicos y cumplir la mayoría de edad, me alisté en el ejército, donde permanecí durante un par de años. Allí aprendí a manejar diversas armas, pilotar un helicóptero y otros conocimientos que en el futuro me fueron de gran utilidad. También conocí al que se convertiría en un gran amigo y camarada, Roger Ruvie, del que volveré a hablar más adelante. Y también fue dónde comenzó mi interés por la medicina.

Así pasados los dos años, regresé con honores a Inglaterra y entré en la universidad donde saqué la carrera de medicina. Ya entrados los 60, una vez terminada dicha carrera, y durante seis años, me trasladé a Londres para llevar a cabo mi labor de médico en el Saint Bartholomew's Hospital. Siempre guardaré buenos recuerdos de mi trabajo en dicho edificio, pues además de saber que ayudé a miles de personas con sus diferentes enfermedades y problemas, también conocí a la que sería el amor de mi vida, Angelique. Una joven enfermera con una gran belleza, tanto exterior como interior, que me cautivó nada más conocerla. Después de tres años de relación le pedí matrimonio, a lo que aceptó encantada. Sin pretender ser demasiado snob, he de decir que éramos una feliz pareja, que se apoyaba mutuamente en cualquier cosa. Cómo iba diciendo, pasados 6 años como médico, mi ya entonces esposa me convenció para dejarlo y dedicarme a lo que en los últimos dos años se había convertido en mi segunda pasión, el inventar cosas. Disfrutaba investigando y probando nuevos artilugios. A veces, aún en la actualidad, me pregunto cómo la piadosa de Angelique no me echó a patadas de la casa tras los grandes desastres que llegaba a causar.

A finales de los nombrados 60, mi carrera profesional como inventor empezaba a dar sus frutos. Ya había logrado patentar varios de mis artefactos y con ello había conseguido una buena fortuna. Pocos años más tarde ésta se multiplicó. Nunca he sido una persona ambiciosa, sino más bien humilde, así que gran parte de este dinero lo invertía en nuevos inventos y sobre todo en la beneficencia o en ayudar a algún amigo con problemas económicos. En aquellos años fue cuando una gran noticia inundó la casa puesto que Angelique quedó encinta. Mentiría si dijera que no me sentía el hombre más feliz del mundo, sin embargo, la felicidad es algo tan efímero que nunca sabes cuánto podrá durar y, desgraciadamente para mí, en este caso tan sólo duró unos meses, pues una mañana de septiembre de 1971, en un fatal accidente de tráfico, perdí a mi amada esposa y a mi hijo no nato. Si, fue un gran golpe para mí y estuve, sin exagerar, al menos dos años con una gran depresión. Sin embargo, nunca me faltó el apoyo de mi buen amigo Roger.

Después de la muerte de mi esposa, había dejado abandonado mi empleo como inventor, sin embargo los ánimos del ya mencionado amigo y su excusa de "Angelique habría querido que siguieras adelante" hicieron que volviera a retomarlo en el 73. Desde aquel trágico suceso, he de admitir que pensé mucho en la muerte (mucho más que en mis años en el ejército o en el hospital, dónde la veía a diario) y una vez ya recuperado de la depresión seguí dándole vueltas. Seguí pensando en la paternidad, en los niños, en las mentes traumatizadas por la pérdida que tan sólo necesitaban un apoyo para volver a funcionar con rigor...Y así, en 1975, con ayuda de mi fortuna y el apoyo incondicional de Roger, fundé el orfanato denominado Wammy's House en Winchester. Un orfanato destinado a aquellos muchachos con grandes mentes, superdotados si prefieres llamarlos, que habían sufrido la pérdida familiar y no tenían a dónde ir. Un lugar donde se les ayudaría a seguir adelante y hacer que sus mentes no fueran desaprovechadas por el sufrimiento o el dolor. Un lugar donde tuvieran los medios necesarios para convertirse en las grandes personas que estaban destinadas a ser. Y ahí, se podría decir, es donde empieza mi historia como Watari...


Y hasta aquí el primer capítulo ;)