Maze Runner pertenece a James Dashner

Serie de viñetas de reto/intercambio con Koushiro Yamato.

Día 5: Sexo

Advertencias: (+18, ligero)


Día 5

Sexo

Más de un año transcurrió con rapidez, en ese tiempo habían llegado más chicos y también habían perdido a un puñado. Nick ya no estaba, ahora Alby ocupaba su lugar, tenían más de cuatro Runners y finalmente existía un mapa del Laberinto aunque todavía no encontraban la salida… recorrer los pasillos día a día, trazar los mismos mapas una y otra vez, mirarlos por largas horas tratando de encontrar algo nuevo, aún con todo ese esfuerzo habían llegado al punto de estancarse.

Pero en ese momento, con fragmentos del mapa regados por el suelo y los lápices rodando por el borde de la mesa, lo que menos le importaba era estar atrapado en ese lugar.

Minho pasó las manos por debajo de la sport color mostaza, tocó la piel del chico y esbozó una sonrisa triunfal cuando bajo sus dedos sintió la piel erizada mientras Newt soltaba un jadeo y daba ese típico paso hacia atrás, chocando con la mesa al estremecer; estaba seguro que el chico no lo notaba, el que aún se ponía nervioso, pero a él le gustaba tirar del rubio y acercarle para callarle con un beso pues no importaba cuántos "No es el lugar para esto" soltara Newt, Minho sabía que siempre sería el lugar correcto ya que era todo lo que tenían.

Al menos, sería así, mientras siguieran ahí…

Y aunque por un instante cortó el beso con el cosquilleo subiendo por su columna, porque esas manos delgadas forcejeaban con sus pantalones, terminó sonriendo y ayudándole con las ropas; dejó que el rubio cerrara los dedos sobre su miembro mientras él le besaba el cuello y respiraba hondo tocándole por sobre la ropa. Newt tenía prisa y las cosas solían ser a la inversa, era el Keeper quien siempre desnudaba al otro primero.

—¿Qué tienes? —le costaba pensar y lo preguntó con un suspiro porque ya no eran un par de torpes shanks y esa no era tampoco la primera vez que lo hacían.

—Nada.

Minho le miró a los ojos y perdió la concentración cuando el pulgar del chico presionó sobre su miembro, tirando suave y consiguiendo con ello que sus piernas se aflojaran por la sensación de calor y urgencia.

—Newt…

Ni shank ni runner.

En ese instante sólo era Newt y si insistía en hablar, cuando el momento obviamente no lo ameritaba, era porque el otro le importaba mucho más de lo que alguna vez podría decir en voz alta. Sin embargo, nada de eso le impidió obedecer a su cuerpo y hacer lo que ahora se le daba natural; despeinando a Newt, Minho le quitó la sport para besarle el hombro, jadeó al bajar los dedos por la línea de la columna y le apretó los glúteos haciendo al rubio respingar.

Un par de minutos después ya no le tocaba sobre la ropa, sentía la piel caliente y cuando se robó un beso, Minho notó otra vez la ansiedad ajena pues era como si fuera a desaparecer y Newt necesitara urgentemente sujetarse a él.

—¿Estás bien? —inquirió de nuevo.

—Ajá…

Y era ahora él quien no dejaba pensar a Newt, acariciaba entre los glúteos del chico pero exigió una respuesta al detener ese roce insistente.

Newt soltó el aire por la nariz y apenas aflojó el abrazo en torno al cuello ajeno para mirarle a los ojos; no podía responder con un gemido o un gruñido pero tenía las palabras apretadas al pecho y todo comenzaba a tonarse cálido, cosquilleante, y sabía que no necesitaba decirlas.

A pesar de todo, Minho insistió:

—Dime.

El rubio se humedeció los labios, dudando.

—Te quiero —confesó.

Y quizás porque la frase sobrepasaba a Minho, tomado por sorpresa sólo sonrió algo avergonzado y dejó el tema por la paz. El Keeper no era de los que decían palabras de cariño, aunque le correspondiera no demostraba lo que sentía de esa forma y prefería un beso, un momento como el que tenían ahora o hasta un puñetazo cuando se enfadaba con alguien y las conversaciones se quedaban cortas. Así que volvió a besarle y a acariciarle el costado hasta que finalmente le ayudó a girar y acomodarse de espaldas a él, Newt pegó el torso y la mejilla contra la mesa tensando los hombros ligeramente con anticipación.

Minho acarició la espalda pálida, se inclinó sobre éste y aunque acercó los labios al oído ajeno… en lugar de un "te quiero" o un simple "y yo a tí", jadeó con el primer empujón suave y lento dentro de Newt.