Maze Runner pertenece a James Dashner
Serie de viñetas de reto/intercambio con Koushiro Yamato.
Día 8: Lluvia.
Día 8
Lluvia
En el Glade nunca llovía pero cuando la mirada de Minho recayó en Newt, el pelinegro imaginó que el chico lucía igual a como lo haría si una lluvia torrencial lo hubiera empapado de pies a cabeza; los hombros parecían pesarle e incluso estaba algo encorvado, aunque al sentirse observado Newt se recuperó con rapidez enderezando la postura y aparentemente tomó una de aquellas decisiones rápidas como las que acostumbraban al estar en el Laberinto: no le esquivó, para sorpresa de Minho, el otro camino directo hacia él.
Newt no llevaba esa muleta con la que le había visto andar desde que abandonara la cama pero sí daba pasos lentos y, aunque Minho notó que éste pretendía demostrar algo, también era cierto que el rubio cojeó todo el camino.
"Quiero que me escuches…", había dicho éste.
Pero Minho se fijó en la expresión adolorida que cruzaba el rostro del rubio recordando así que si tanto esfuerzo le costaba caminar con paso firme, no volvería a correr y nunca más regresarían a esa época dentro del Laberinto. Mientras le escuchaba, cerrándole la garganta y apretando su pecho, esa verdad regresó en más de una ocasión.
"De pronto estaba ahí…"
"… los Creadores."
"Minho."
Éste elevó la mirada justo cuando Newt, tras llegar al final de la historia y con voz quebrada, se mordía los labios.
—Minho —el rubio apretó los puños—, ¿me crees?
Y le creía.
Ahora lo hacía pero, de la misma forma en la que no podía perdonarse a sí mismo, no lo podía perdonar a él. Se suponía que Newt era fuerte, que era la clase de shank que no se rendía, pero si acaso en algún momento flaqueaba… ¡Newt le tenía a él!, ¡estaban juntos! Pero aunque pensara así, él también había fallado.
¿Aquel nosotros no había bastado?...
Tal vez Minho lo juzgaba muy duramente pero sabía que, con tal de estar con el rubio, él hubiera dejado la piel y hasta la cordura pero nunca la vida. Newt debió resistir, liberarse, regresar con él y no, no podía con eso… con sentirse débil porque querer al otro implicaba estar tan involucrado que temía y dolía perderle.
—¿Minho?
—Mejor seguimos luego shank… —el pelinegro bajo la vista, Newt seguía vendado.
Y aunque no había pretendido observar los pies del otro, reparó en el instante en el que el chico giraba torpemente. Por eso infló el pecho al respirar hondo, Newt se alejaba cojeando y en tres zancadas largas le dio alcance para sujetarle por el brazo y así sostenerle.
—Pareces un cervatillo recién parido —se burló.
Pálido, aún confundido y algo avergonzado, Newt arrugó el entrecejo fingiendo normalidad.
—Cállate Shank.
Minho sonrió preguntándose, ¿por qué no le había dicho ese "te quiero" cuando aún podía? ¿Por qué jamás lo dijo si en realidad lo sentía? Simplemente, creía él, había sido ingenuo en aquel entonces imaginando que nada cambiaría y que tendrían tiempo.
Ya todo era diferente.
