Naruto © Masashi Kishimoto.


Si te vuelvo a ver.

Capitulo III

Roce.


Una semana después de la primera conversación dio paso a la tercera. Karin ansiaba conocer mas del enigmático Sasuke Uchiha, y dentro de Sasuke una curiosidad indefinida nacía hacía ella.

Karin ató su cabello en un moño alto con mechones de cabello adornando su cuello. Odiaba a sobremanera ser ayudada para vestirse o hacer cualquier labor, se sentía inútil, aunque a veces simplemente no se podía negar. No como ese día, precisamente.

Ajustaron el corsé y Karin maldijo en su mente. Quizás ya se habría acostumbrado a la asfixiante prenda, pero eso no significaba que estuviera de acuerdo con ello, y menos gustaría de traerla puesta.

Un largo y pesado vestido de seda y cuantas telas mas pasó por su cabeza y brazos, los listones fueron entrelazados uno con otro en un juego de moños que sería difícil de hacer y deshacer.

Verde oliva a la par de caqui hacían contraste con su cabello. La suave tela se movía pesadamente con cada movimiento de Karin. Sus doncellas no paraban de darle amenas alabanzas, y ella no paraba de sonreír, orgullosa.

Una de las chicas tomó con delicadeza el pie de Karin, y colocó la zapatilla en el mismo. Le rosearon perfume de rosas y pellizcaron sus mejillas para darles color. Ahora estaba lista, sonrió para si misma frente al espejo. Alzó sus pechos hasta darles un efecto de grandeza, y entonces despidió a sus doncellas.

Se quedó sola en su habitación, esperando a que comenzara la puesta del sol. Necesitaba ver a Sasuke, y hablar, y sentirlo cerca de ella, quizás, observándola.

Neji había salido de viaje y no regresaría hasta dentro de una semana, Karin estaba feliz, tranquila por ello. Ahora solo necesitaba ganarse la confianza de alguien. Necesitaba un aliado con sus escapes, un confidente. Aunque tal vez, no llegaran a más.

Se sacó las zapatillas y las tomó en sus manos. Abrió la puerta y caminó rápidamente por el amplio pasillo que daba a las escaleras principales.

Tratando de no ser vista intentó no llamar la atención, porqué claro, si quieres escabullirte, escaparte sin ser notada, deberías colgarte medio litro de perfume y un vestido prominente color caqui. Vaya, Karin razonó su lógica y se reprendió mentalmente. Salió de la mansión y corrió hacia la parte frontal del corral donde se encontraba Sasuke sentado en el frio césped, como aquella vez.

Karin llegó por detrás de el y cubrió los ojos de el con sus manos. Sasuke formó lo que pareció ser una media sonrisa y tentó las manos de ella.

—La pelirroja comprometida. — adivinó. Karin frunció el ceño y alejó sus manos tajantemente del rostro de el.

—¿Podrías dejar de recordarme lo comprometida que estoy? — pidió mientras hacía una mueca de disgusto.

Sasuke sonrió aún más. —¿Por qué? — preguntó.

Karin entrecerró los ojos y se tumbo en el césped junto a el, contuvo la respiración debido a la presión que ejercía el corsé en su vientre. —Idiota. — musitó.

—Una dama no debería tener ese vocabu…

—Si, si, una dama, ¡Me tienen harta con eso, maldición!

Sasuke la observó boquiabierto. Asombrado era poco, ese hombre estaba anonado —por no decir arrobado— por la suciedad verbal que soltaba aquella mujer. ¡Le excitaba, extrañamente, que ella maldijera!

Sonrió. —¿No te gusta ser una dama? — inquirió curioso, el.

Karin lo miró por el rabillo del ojo y observó como lentamente el sol bajaba por el horizonte. —Han idealizado demasiado lo que es ser una dama. — respondió. — Puedo ser una dama, más no una estúpida muñeca de porcelana que pueden vanagloriar como trofeo o muestra de su grandeza.

Echa la cabeza hacía atrás observando el cielo teñirse de atardecer. El la observa, embelesado, por aquella belleza tan radiante y llena de energía. Observa su garganta contraerse, el color de la misma siendo bañado por los últimos rayos del sol, luego baja un poco más la vista, recorriéndola, y nota algo a lo que no prestaba atención…: su escote.

Su perfecto y seductor escote.

Tuvo que respirar lentamente y con pesadez para no lanzarse sobre aquella mujer y estrujarle los senos, y hacerle cuantas mas cosas indebidas cruzaran por su mente perversa.

Karin cerró los ojos, sintiendo la brisa azotar con parsimonia sobre su rostro. Colocó con cuidado las zapatillas a lado de ella, en el césped. Lanzó un suspiro y observó a Sasuke.

—¿No crees? — pregunta ella con una sonrisa ladina adornando su rostro.

Sasuke tomó un par de respiraciones y asintió.

—Sasuke. — lo llama. El Uchiha pareció temblar por el sonido de su voz llamándolo. No le molestaba ser llamado por su nombre, pero que ella lo llamase así, a su manera y con su tinte meloso empleado en cada silaba y vocal, le llenaba de ansiedad. Anteriormente habían conversado y ella lo llamaba Uchiha, sin más. Así estaba bien, pensaba. Se sentía bien, no temblaba a sobremanera como con el 'Sasuke' que ella le bisbisaba con aparente melifluidad —¿Te gusta Sakura? — preguntó ella.

—¿Te interesa? — pregunta el.

—Responde tu primero.

—Primero las damas. — Karin bufa, luego sonríe.

—Si, Sasuke, me interesa. Es mi amiga, y tu… — mierda, pensó. — Tú eres malo. Muy malo. ¿No te lo había dicho ya?

Sasuke suelta una carcajada que hace a Karin sentir escalofríos.

—Y de los peores, Karin. — y si, oh si, oh si, malditamente ¡OH SI! Sasuke la llamaba por su nombre y el corazón se le aceleraba.

—¿Te gusta? — volvió a preguntar, intentando apaciguar aquel calor en su vientre. Sasuke borró su sonrisa y frunció el ceño.

—Si, me gusta. — respondió. El corazón de Karin pareció achicarse hasta desaparecer. Corrió su vista al horizonte y mantuvo su respiración normalizada, o al menos así lo creía. Su manzana de Adán se mantuvo rígida y su cuerpo se tensó bajo el toque de Sasuke en su cuello desnudo. —Pero me gustas mucho más… tú. — ¡Puff! Reapareció. ¿Era acaso científicamente posible que su cuerpo se volviera gelatina?

Porque ella tembló como si fuese una sustancia química viscosa y gelatinosa. Y entonces el calor incrementó y su cuerpo pareció desprender vapor y sudar interminables gotas de sudor que recorrían sus senos y la hacían querer tomar un baño de agua fría. Sus labios se secaron, los relamió, Sasuke se agitó. Y todo en cuestión de segundos.

Karin no lo miró, intentaba vanamente apaciguar aquellos deseos de iniquidades que atormentaban su ser con tan simples roces o miradas. Lanzó un suspiro, luego apretó el césped y la tierra bajo sus manos. La tierra le entró por las uñas, después daría una explicación por ello, ahora era su única ayuda para contenerse a cometer sus deseos carnales mas necesitados y anhelados.

¡No era lógico que con tan solo un toque sintiera su cuerpo arder en lujuria!

—Karin. — la llamó. Ella lo miró ipso facto.

Su mente, su corazón, su conciencia, su todo se desprendió de ella en cuanto le observó sonreír sin problemas. Como si ningún mal del mundo pudiese dañarlo… ¿Dañarnos?

Su sonrisa meliflua la contagió de invulnerabilidad y se dejo llevar por aquel gesto. Ya nada importó, supo, desde entonces, que estaban ligados por algo más fuerte que el corazón mismo, más que sentimientos, más que un enamoramiento. Supo, entonces, que lo quería en su vida, y mucho más. Y quizás, más allá.

El no se contuvo y la jaló del cuello sin importarle lo frágil que pudiese ser, no le importó la carencia de lo que ser una dama conllevaba, porque ella era mucho más que una de ellas. Era la maldita mujer.

Acercó sus labios hasta los de ella a escasos centímetros, quizás ya estuviesen besándose en sus mentes, quizás ya estuviesen desnudos en sus almas. Quizás…

Sus alientos azotaron el del otro, todo despareció en ese instante. Todo murió. Se miraron, y se miraron.

Y se miraron.

Y en un instante las miradas no bastaron…

Y la besó.