Ghost Girl


Summary: ¿Alguna vez te has sentido invisible? Pues Katara experimentará un suceso que la marcará de por vida. Enserio, lo más patético que te puede pasar en la vida es entrar en coma por culpa de un osito de goma, haciendo que no solo te crean muerta, sino que te sientas la olvidada antes de eso. Kataang AU.

Disclaimer: La saga Ghostgirl es de Tonya Hurley y ATLA de Mike y Bryan. Lástima que no me pertenezcan. .

Nota: ¡Estoy muy emocionada! ¡Nunca antes un fic mío había llegado a tener tanta publicidad, tantos patrocinadores y tantos lectores!(?) ¡Muchas gracias a todos! Ya que tuve más de 10 reviews (aunque trece, me da igual! :D) me puse tan contenta que me puse ya mismo a editar los próximos dos caps, debido a que esos son más fáciles, porque está Katara, y su vida de fantasma me parece sencilla para editar xD

Gracias a: Nefertari Queen por hacerme publicidad, a katitabender por seguir leyendo esto y haberme dedicado un gran fic, y ¡a todos los demás por agregar esta historia a favs y seguirla leyendo! Creánme, estuviera haciendo la tarea si no fuera por ustedes ;P

Ante que todo, hice unos videos Kataang en mi cuenta de youtube, (está en mi perfil si quieren sabes más) no sé si lo hayan visto, pero aunque no tienen relación con ese fic, se los quería decir :3

Sin más preámbulo, lo que todos han estado esperando… Damas y Caballeros… ¡Ghost Girl! xD


Capítulo 4- ¿Por qué yo?

—¿Por qué yo? ¿Por qué yo?—se repetía Katara, no porque confiara en hallar la respuesta, lo hacía con la esperanza de que cuantas más veces formulara la pregunta, más clara sería su situación y sólo entonces daría quizá con la solución. Era así como se planteaba los deberes de Trigonometría, repitiéndose en voz alta el problema, y siempre había dado resultado. Se ufanaba de esa confianza en sí misma. Pero esta no era razón para no encontrar una solución al problema en el cual Katara no salía.

Recordó la estadística que sostiene que la mayoría de las personas sufren ataques de corazón en lunes, el primer día de la semana. Ella había muerto el primer día de curso, cuando parecía que las cosas iban a empezar a salirle bien. ¿Por qué le pasaba esto?

¿Por qué ocurría después de que el Destino los emparejase a ella y a Aang como compañeros de laboratorio? Necesitaba Respuestas.

Katara corrió escaleras arriba gritando como una posesa, abrió de golpe la puerta sin número, emergió como una exhalación en el corredor y se detuvo bruscamente al encontrarse con Yue justo delante. Por un momento pensó que si corría lo bastante rápido escaparía de la pesadilla que estaba viviendo, o no viviendo, como podía ser que fuera el caso.

—No puedes huir de esto…—dijo Yue de forma tranquila al tiempo que Katara, presa del pánico, daba media vuelta y lo intentaba. Al doblar la esquina del pasillo recién encerado, se percató de que no resonaba el eco de sus pisadas, de que no rechinaba la goma de las suelas de sus zapatos.

A cada giro, ¡Yue!, allí estaba Yue. Katara se llevó la mano al corazón, pero recordó que allí no había nada que agarrar. Su corazón no latía. Sintió el pecho como una cavidad hueca que encerraba una roca dura y fría. Quiso llorar. Y mucho.

—No puedes huir de esto…—repitió Yue a la vez que Katara echaba a correr.

En su intento por escapar de la aparición y de la realidad que se cernía sobre ella, Katara se dirigió instintivamente hacia el aula de Física. ¿Qué mejor lugar para obtener respuestas que el escenario del crimen? Al entrar, Katara se percató de que había pisado algo, aunque no estaba muy segura de qué. Echó la vista atrás y allí, en el suelo, vio pintada con tiza la silueta de un cuerpo. Su cuerpo.

—Un caparazón vacío. Así es como me recordarán ahora—dijo abatida, contemplando la posibilidad de que aquella genérica, asexuada y burdamente esbozada figura en forma de galletita de jengibre había de convertirse ahora en su última, y definitiva, impresión en el alumnado de Hawthorne.

Era el escenario del crimen, desde luego que sí. El crimen contra cuánto hay de injusto en la sociedad. El crimen contra la humanidad. El sistema de jerarquía social tendido allí mismo, en el suelo, para que todos lo pudieran pisotear.

Morir era terrible de por sí, pero morir de forma tan patética y estúpida… atragantada con una golosina gelatinosa semiblanda con forma de osito era una injusticia que Katara apenas podía soportar. No haría sino ratificar lo que siempre habían pensado de ella y confirmar sus peores sospechas sobre sí misma. Ni siquiera sabía masticar como es debido. Se sintió tan patética que resopló.

¿Qué le quedaba sino castigarse todavía un poco más? Así que se tumbo de espaldas, desplegados los brazos y las piernas, configurándose exactamente al perfil de la silueta, en un gesto de derrota. Como una especie de ángel de nieve mórbido, si se quiere.

Y sólo por un instante, todo ello llegó a parecerle hasta un poco gracioso. Cruel e irónicamente gracioso. La última y más oportuna de la larga serie de bromas embarazosas que le habían gastado jamás, y ella salía en el chiste. El profesor Roku tenía razón. El Destino había intervenido en su día, su vida, aunque no exactamente de la manera en que ella había deseado. Ni por asomo.

Dios debe de tener un gran sentido del humor—pensó levantando la mirada.

Entonces, al mencionar a "Dios", se le pasó por la mente una idea tan divertida. No había visto ni tenido noticia alguna del Gran Tipo, o Gran Tipa, comoquiera que fuera el caso. Mejor ser políticamente correcto—pensó con cautela—puesto que ahora todo cuenta.

La habían estado juzgando toda una vida. ¿Es que acaso podían ir las cosas peor? La mera idea de que su suerte pudiera empeorar fue motivo más que suficiente, no obstante, para empujarla a levantarse del suelo del aula.

Katara se enderezó, se demoró circunspecta ante la silueta como uno lo haría ante una tumba, y caminó muy despacio hacia la puerta. Al salir del pasillo, vio a Yue señalando algo de forma inquietante, como una especie de fantasma de la Navidad como-se-llame de ésos. Era su taquilla. La número siete.

Sí, menudo número de buena suerte—pensó Katara con toda su ironía.

La taquilla se encontraba perfectamente precintada con cinta de peligro. Ni rastro de haber sido forzada por los otros chicos, lo que era bastante insultante, la verdad.

Significaba que a nadie le interesaban lo suficiente sus cosas —ella— como para robar algo. Se alejó, con un pedazo de cinta adhesiva de peligro pegado al pie igual que un caprichoso trozo de papel higiénico.

—Esto no está pasando—gimió Katara, y cerró los ojos queriendo borrarlo todo de su mente. Cuando los volvió a abrir, Yue reapareció, pero Katara se sobresaltó algo menos que las veces anteriores.

—¿Hace cuanto tiempo… me fui?—preguntó con voz baja, no queriendo enfrentar su momento de estupidez.

—No lo sé con exactitud—contestó Yue con indiferencia—No es que el tiempo importe demasiado aquí.

—¿Me estás diciendo que podría llevar… fuera… algo así como mil años?—reflexionó Katara.

—Probablemente no—dijo Yue, y volvió a señalar en silencio, en esta ocasión hacia una ventana—Mira—.

Katara se asomó al aparcamiento de delante del instituto, donde un grupo de compañeros de clase se estaba reuniendo en torno a un microbús, cuando por megafonía pudo escucharse un nuevo anuncio.

¡Atención, alumnos! Los que quieran asistir al acto en memoria de Katara Water que por favor acudan al patio. El autobús saldrá en breve.

Katara no daba crédito a sus ojos. De haber sido posible, es probable que se le hubiese escapado una lágrima. Había un grupo reducido de gente que aguardaba a subirse al autobús para asistir al acto en memoria suya. De lejos vio a su hermano, acompañado de Aang.

Si hubiera sentido su corazón latir (ella sabía que aún lo sentía, aunque fuese mínimo) se le hubiera acelerado de tal rapidez que se le hubiera salido por la boca. Se llevó una mano a la boca, gritando sin parar, saltando y abrazando a Yue como si no hubiese mañana.

¡Aang Air! ¡Su Aang se dirigía a un acto en su memoria! Katara no podía dar crédito a lo que veía, simplemente no podía. Se emocionó tanto que comenzó a girar alrededor de Yue. Ésta, riéndose.

¿Acaso la muerte la había hecho más popular de lo que jamás había imaginado? En su mente empezaron a sucederse de manera frenética un millar de posibilidades. ¿Qué dirían sobre ella en el acto? ¿Derramaría alguien, se atrevió a desear, lágrimas por ella? ¿Aang también lloraría? ¿Le diría lo que sentía por ella?

Ok, no. Estaba exagerando.

¿Produciría su muerte un estallido de dolor en la comunidad? Días de luto oficial.

Estaba rebosante de expectación. De pronto todo resultaba tan… emocionante.

Un acontecimiento aún más asombroso removió a Katara de su ensoñación. Allí, en medio de la muchedumbre, estaban Suki y las Mengs ¡llorando! Katara no daba crédito. ¿Estaba en el cielo después de todo? Tal vez fuese ella ahora como todos esos escritores y artistas ignorados en vida pero reverenciados al final. Había alcanzado la perfección en la muerte. Canonizada, incluso por sus mayores detractores. Puede que hasta Aang la echara de menos ahora. Y sí que lo haría.

Estos reconfortantes pensamientos duraron lo que tardó Katara en inchar de orgullo su pecho. No era el duelo colectivo lo que había atraído a Suki y a las Mengs después de todo, sino las cámaras y libretas del cuerpo de reporteros del periódico del instituto, y la promesa de salir antes de clase. Katarase emocionó y agudizó su oído, a través de la ventana abierta, a las preguntas del reportero… y a las respuestas de Suki.

—Ayer mismo me comí medio osito de goma para el almuerzo—dijo Suki entre "sollozos" mientras se retocaba aplicadamente la raya del ojo con la punta de la uña con manicura francesa de dedo índice y comprobaba de reojo el estado de su maquillaje en el monitor de vídeo de Duke Efecto Retardado—Podía haberme pasado a mí.

—¡Es una superviviente del efecto osito de goma!—canturreó Meng Anderson a los reporteros como una publicista junior, mientras ella y la otra Meng abrazaban a Suki, en un desesperado intento de consolarla.

¡Pero si allí estaba Suki debatiéndose por chupar cámara, tan egoísta, haciéndose la víctima y succionando el aire a costa del acto en su memoria! Y por detestable que le resultara, Katara no estaba muy segura de si Suki era incapaz de ceder el protagonismo a otro o si, por el contrario, no podía dejar escapar tan fabulosa oportunidad para promocionarse. Fuera como fuese, el resultado era el mismo en ambos casos, pensó. Se trataba de Suki y nada más que de Suki.

Agotada la oportunidad con la prensa, y mientras los cámaras recogían el equipo y Suki dirigía a las Mengs al TiVo, el canal local de televisión por cable, Katara observó como Sokka y Aang charlaban un poco animados. Una llama de esperanza se encendió en lo más recóndito de Katara. Al menos, sé que ellos si irán. Yo veré después qué tal va eso.

—No tiene caso—recapituló Katara dando la espalda a la ventana—Nadie más sabe quién soy. Apuesto que solo van por lástima—.

Yue observó cómo se entristecía y no dijo nada. Katara se lamentaba de su suerte, lo que era normal, pero también comenzaba a presentar un desequilibrio inusual. Al menos Yue no tenía que preocupare porque Katara echara de menos a su familia.

Los adolescentes muertos no lo hacen. Están demasiado envanecidos. Miró a Katara alejarse y con timidez preguntó:—Disculpa, Katara. ¿Echarás de menos a tu familia?—Katara se paró en seco. Recordando sus fallecidos padres y a su abuelita, Gran Gran. Ella es una anciana después de todo—pensaba Katara—Está en su tiempo debido y con alzheimer. La palabra 'debido' resonó fuertemente en la cabeza de Katara, haciendo eco. Aunque amaba a su abuelita, ella no entraba en la lista extra-corta de 'Quién me extrañará', 'debido' a que ella casi ni la recuerda.

Luego el mantra "¿Por qué yo?" de Katara se transformó ahora en un "¿y por qué no yo?" mientras retazos de su personalidad grotesca y fracasada reafloraban a la superficie. Ya no había necesidad alguna de reprimirla. El verano era cosa pasada y todo, literalmente todo, estaba perdido.

—¿Por qué no ha podido ocurrirle algo malo a Suki?—se quejó Katara con rencor. Pero a ella le habían enseñado que no le deseara la muerte o algo peor a los demás. Pues... ese es mi caso, así que no importa. ¡Me pasó algo malo a mi! Si ella me hubiera deseado la muerte, está bien, pero no lo hizo. ¿Porqué? Porque ni me conoce.

Aunque todavía podría pasarle algo —deseó—. Pero, claro—continuó, atajándose a mitad de frase—Si hubiera de sucederle algo así a alguien como Suki, entonces la noticia recorrería el mundo entero. Los ositos de goma serían retirados de los estantes de todos los comercios. Se emitirían avisos de ámbito nacional advirtiendo sobre el peligro de los ositos de goma. La CNN convertiría los ositos de goma en la nueva gripe aviar. Se daría una "cobertura especial" a la crisis de los ositos de goma. Por no hablar de actos conmemorativos televisados todos los años. Y para encabezar, Aang enviaría de forma anónima rosas rojas a su tumba cada semana durante el resto de su vida. Hawthorne High sería rebautizado en su honor. Las iglesias tañerían las campanas para conmemorar el momento exacto de su expiración. No por lo que hubiese hecho en vida, sino por quién era. Se convertiría en una heroína—.

Katara siguió parloteándole a Yue y quejándose lastimeramente.

—¿Y yo?—meditó Katara—Yo soy una silueta de tiza que pisan, y no evitan, los demás. Una molestia para las autoridades. Un montón de papeleo, desmerecedor siquiera de un minuto de silencio—.

Se sentía enfadada.

—¿Terminaste?—preguntó Yue.

—Casi—dijo Katara.

—Tómate tu tiempo—contestó Yue, con las primeras notas de condescendencia en su voz.

Pero fueron las otras notas que escuchó Katara las que en realidad captaron su atención. Un leve silbido. Similar al que había escuchado en la oficina. Esta vez no albergó dudas sobre la fuente de la que brotaban tan melancólicos acordes.

—¿Qué rayos es el ruido ese que te sale de la boca?—preguntó Katara.

—Permíteme que me presente formalmente—dijo al tiempo que le tendía la mano a Katara—Soy Piccolo Yue—.

—¿Piccolo?—dijo Katara con una risita.

—Es mi nombre de muerte—contestó Yue con una sonrisa.

—¿Nombre de muerte?—preguntó Katara, a la vez que caía en la cuenta de que ella no tenía uno y volvía a sentirse excluida una vez más. Aparte, de que enserio, no deseaba uno. Nunca lo haría, jamás. Ella sabía que volvería, solo era una pesadilla que si tan solo su hermano la despertara —y tal vez Aang— volvería todo a la normalidad, pero ella era tan Katara. Y eso que nadie la conocía.

—Sí, es una especie de apodo que recibimos algunos de nosotros, salvo que suele estar relacionado con la forma en que morimos—dijo Yue—No siempre se adquiere de buenas a primeras. No te lo tomes como algo personal—.

¿Cómo no iba a hacerlo? Katara pensó en cual podría convertirse en su "nombre de muerte" y sintió como cundía en ella el desánimo ante el potencial que un estúpido nombre de muerte podía llegar a tener a la hora de someterla a una humillación perpetua. De todos modos no necesitaba un nombre de muerte. No estaba muerta. Fin del cuento.

Pero Yue no escuchó lo que pensaba.

-Yo soy Piccolo Yue porque mientras alardeaba, supuestamente, de mis dotes con el flautín en el desfile de bandas del condado, tropecé y me lo tragué—.

—Oh… lo siento…—dijo Katara. Ella sí tuvo un problema, fuerte, horrible y nada patético. Solo alardeaba…

—Sí, yo también, pero al menos acabé mis días haciendo algo que adoraba y que se me daba realmente bien—contestó Yue sonriendo con nostalgia.

—Ya…—dijo Katara con un hilo de voz.

—Y fallecí mientras tocaba mi solo, de modo que nadie lo olvidará jamás. Eso es lo que cuenta—añadió Yue con orgullo.

—Ya…—repitió Katara, ausente. Se sentía abrumada por completo, mientras trataba desesperadamente de encontrarle algún sentido a todo aquello.

Yue sonrió y abrazó a Katara. Le dio unas cuantas palmaditas en la espalda, en un intento de animarla.

—Tampoco es para tanto—bromeó Yue—¡Al menos no tienes que depilarte nunca más!—.

Katara no estaba todavía muy segura de si Dios tenía o no sentido del humor, pero era evidente que Yue sí.

—¿Qué no es para tanto?—dijo Katara dolida—¡Me conocerán como una "atorada" para toda la eternidad!—.

La mera idea agravó su irritación, y la garganta de Katara se contrajo e hizo que tosiera varias veces seguidas, como a propósito.

—No te agobies con eso–dijo Yue intentando aliviar la inseguridad de Katara—Ahora lo que necesitas es que te orienten.

Yue agarró a Katara de la mano y, tirando de ella, se alejaron de allí.


¿Y…? ¿Qué tal? xD

Nuestra Katarita ya re-apareció! xD (pero qué digo! Ella es la protagonista ;P) Bueno, acostúmbrense a mis cambios radicales xD

Nah, mentira. En petición de mi mente(?) y de Nefertari Queen y katitabender, ¡les traigo aquí el siguiente cap! Y ya que ellas aman a Katara (eso creo…) la re-aparecí ;P ¡Y aquí apareció Yueeee! A ella la amo *-* Es tan dulce… aquí será el doble de dulce como para el siguiente cap ;)

Espero lo disfruten, y el próximo es un poco más larguito, lo publicaré para mañana o después, tengo tarea :3

¡Oh! Pero… Publicidad on: ¿No han leído Teenage Dirtbag de katitabender? La leí y juro, re-juro que al ver la organización de los personajes, ¡me morí! ¡Leánla! Se trata de Aang, un chico no-popular, invisible para todos y como él se llama 'adolescente basura'. Pero esa no es la excepción… ¡Katara es la popular! Aang tendrá que enontrar una manera de olvidarse del amor que siente por ella... si es que lo logra ;) Digamos que es lo contrario a este fic (el mio), ¡pero está buenísimo! Se los recomiendo ;D

Publicidad off xD

Sin más se despide…

Nie~

P.D: Aquí Katara será un poquito malita, irónica y seca. Pero ya verán, que al saber que Aang la quiere se irá suavizando... Perdón por ese cambio en Katara, pero eso hace el suspenso...~ xD