Ghost Girl
Summary: ¿Alguna vez te has sentido invisible? Pues Katara experimentará un suceso que la marcará de por vida. Enserio, lo más patético que te puede pasar en la vida es entrar en coma por culpa de un osito de goma, haciendo que no solo te crean muerta, sino que te sientas la olvidada antes de eso. Kataang AU.
Disclaimer: La saga Ghostgirl es de Tonya Hurley y ATLA de Mike y Bryan. Lástima que no me pertenezcan. .
Prometí este cap, publicaré este cap! Punto y fin ;D Gracias a katitabender, especialmente, por darme ideas para este cap. De seguro no sabías eso… ¿cierto? Jaja. Gracias también a: Nefertari Queen y Emilia-Romagna. Ustedes son asombrosas, ¡tienen mucha paciencia! Wow. Espero les guste este cap :D
Me siento de todos modos, horrible por haberme tardado tanto. Hubieran estado en mi lugar, cada vez que la inspiración me llegaba (en la noche), y escribía el primer párrafo, me salía mi hermana con un "dame la compu o verás" o mi madre con un "a dormir". Era horrible, enserio. Lamento enserio tardarme, pero sé que les gustará, lo sé(?)
Nota: Le cambié a algunos (uno) los nombres, debido a que mi cabeza no se topó con el prefacio(?)
Perdón, May, por cambiar el nombre de uno, pero, ¿no crees que me merezco un regaño psicológico? xD
Capitulo 5-Muerte para principiantes.
…
El pasado carecía ya de importancia —Una puerta cerrada—, salvo por el hecho de que había sido este el que la condujo al presente. El presente era terriblemente incierto, un lugar de temores y dudas, Inquietante. Pero el futuro estaba allí para despejar aquellos temores y hacer soportables pasado y presente. El futuro era el lugar donde Katara tenía depositados todos sus sueños y esperanzas. Y ahora el futuro estaba totalmente fuera de su alcance.
Era tanto lo que Katara todavía deseaba hacer tanto lo que deseaba conseguir.
Deseaba ver una nevada mas, ver las mejillas rosadas de Aang tras un partido improvisado de fútbol después de clase, recibir otro boletín de calificaciones. Pero, claro, todos morimos con una lista de cosas pendientes, admitió. Nunca se tiene bastante. Una nevada más no sería bastante, y ver a Aang una última vez, bueno, eso tampoco le bastaría jamás —Si es que ella salía de este tormento llamado 'coma'—. Toda esa tristeza y demás le nublaban la mente mientras seguía a Yue por el pasillo.
—¿Quién eres tú… en realidad?—le preguntó Katara.
Yue parecía bastante normal, pero, ¿y si era una especie de demonio mutante enviada para escoltarla a las Tinieblas? Entonces quizá tuviera que afrontar una eternidad empujando una roca montaña arriba o algo por el estilo.
—Estoy aquí para ayudarte—le aclaró Yue—Al principio, todos necesitamos que nos echen una mano con la adaptación, y la transición de "allá" a "acá", es la peor parte—.
Katara alzó una ceja.
—¿Y dónde está o que es acá?—preguntó Katara.
Yue sonrió.
—Hallarás las respuestas a cuanto quieres saber en Orientación—le respondió Yue dulcemente.
—¿Orientación?—pregunto Katara, irritada, levantando las manos al aire en un gesto de frustración.
Antes de que Katara tuviera oportunidad de insistir sobre el tema, Yue se detuvo y le hizo una señal con la cabeza, contestando a Katara con el gesto. Señalo hacia un leve resplandor que irradiaba de detrás de una puerta de un aula, pero no pronuncio la palabra.
Yue se dirigió hacia la puerta, pero Katara estaba clavada en el sitio. Contempló pasmada como Yue desaparecía gradualmente en el aura, como volvía la cabeza hacia Katara con una sonrisa dulce justo antes de que la luz se la tragara por completo, dejando a Katara totalmente sola.
—¡Yue!—gritó nerviosa—¿Qué tengo que…?—dijo Katara con voz temblorosa, y sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
Enfrentada a semejante adversidad, Katara, como casi siempre, adopto una actitud completamente racional. Podía aplazar el dolor si no perdía de vista la verdadera dimensión de la cosas. No era sino la manifestación del instinto de autoprotección del espíritu científico, maternal, cariñoso y matemático que llevaba dentro.
—Al fin saldré—pensó Katara, mirando hacia el fondo del pasillo.
El momento aún no había llegado, le decían que estaba M-U-E-R-T-A, seguro; por mucho que le costase pronunciar la palabra. Había visto la prueba en la camilla de la oficina y a través de la ventana, en el patio. Pero eso no aseguraba que lo estuviese.
Había conocido a Yue, su guía espiritual o ángel de la guarda o comoquiera que uno desee llamarlo. Y ahora la señal más reveladora de todas: la Luz. Se parecía mucho a como le habían contado que seria, lo que le resulto insólitamente reconfortante. Estaba asustada, pero el factor sorpresa se había desvanecido contribuyendo a minimizar el factor miedo de forma considerable. Pero eso tampoco aseguraba su "muerte".
Es más, hasta empezaba a sentir cierta satisfacción personal.
Todo el mundo tiene curiosidad por saber que ocurre después de la muerte, y ahora ella lo sabía. Bueno, no lo estaba pero… era por fin miembro de un club exclusivo, bueno, semiexclusivo. "Todos morimos, pero muy pocos lo hacen tan jóvenes"—teorizó, insistiendo en sentirse especial. Pero simplemente, ¿se sentiría especial aunque estuviese en 'coma'?. Le encantaba repetirlo. Así, aseguraba con seguridad, que su vida no terminaría tan pronto.
Sin embargo, lamentablemente no había nadie a quien contárselo. No había forma alguna de intercambiar la información por algún cotilleo, una invitación a una fiesta, ni siquiera por un carne de identificación falso. El secreto seria enterrado con ella para siempre, como con toda probabilidad había sucedido con quienes la procedieron. No había nadie que, tras afrontar lo que ella estaba a punto de afrontar, viviese para contarlo; a excepción claro, de toda esa gente con Experiencias Próximas a la Muerte que no deja de parlotear sobre "La Otra Vida" y hacia la que de pronto sintió una profunda aversión.
"Si tan genial es estar muerto ¿por qué no se matan y dejan de hablar del asunto de una vez por todas?"—pensó. Que no daría ella a cambio de un billete de vuelta a la vida porcortesía de las palas de un desfibrilador y un sanitario o médico de Urgencias entusiastas.
Katara se rió con sarcasmo para sí, fantaseando con que aquella seria su ultima carcajada— Gracias, amigos—murmuró—No sé cuando volveré… pero si no vuelvo… estaré aquí… por siempre—.
Y con ese amargo chiste fácil, una oleada de soledad como nunca hasta entonces había sentido atravesó su cuerpo. Yue se había ido no hacía más que un instante, pero fue tiempo suficiente para que Katara reviviera, como un DVD en rebobinado, cada decepción, cada error, cada fracaso, cada oportunidad perdida, experimentados a lo largo de su vida. De pronto, las tan manidas escenas de lecho de muerte omnipresentes en los telefilmes de sobremesa de las que tanto se había reído se le antojaron no tan manidas.
Naturalmente, el último fotograma constituía la mayor y peor pérdida de todas: Aang.
Katara suspiró pesadamente.—No estoy muerta. No lo estoy. Solo estoy dormida… lo sé, no vale perder la esperanza en un chico que jamás te notó—De pronto pasan miles y miles de imágenes como cortometrajes de cómo vio a su hermano y a Aang dirigirse a un acto en su memoria—Al menos… ¿será lástima lo que siente por mi?
—La vida se desperdicia con los vivos—citó, y se dispuso a andar por el pasillo, despacio, indecisa, con las rodillas temblorosas, hacia "La Luz".
Al aproximarse, Katara se vio bañada por la luminiscencia de la Luz, por su pureza.
Se sintió como un sobre levantado a contraluz en un soleado día de verano. Translucida. El resplandor la cegó por completo y podía haber jurado escuchar un coro de voces celestiales cantando solo para ella. La amargura se esfumó.
—Es tan hermoso… tan apacible—pensó, gozando de aquel instante de nirvana.
Vio partículas de polvo brillando como diminutos fragmentos de purpurina, flotando vaporosas en los rayos. Según se aproximaba, comprobó que veía con más claridad.
Distinguió el contorno de una puerta, ligeramente entornada. Cerro un ojo con fuerza pero dejo el otro entreabierto, espiando por la rendija como si estuviera mirando una película de terror, y franqueo el umbral, temerosa pero intrigada, no obstante.
Su momento zen se vio de pronto interrumpido cuando tropezó con una cuerda o algo similar y cayó al suelo de espaldas. Al caer, la Luz que tan mágicamente la atraía se precipito también al suelo. Ahora se reflejaba en el techo y había dejado de cegarla.
Allí estaba de nuevo, tirada en el suelo boca arriba, asimilando lo sucedido. Abrió los ojos muy despacio y parpadeo varias veces, tratando de enfocar la vista.
Al ladear la cabeza descubrió que la Luz emanaba de un viejo proyector de 16 milímetros atornillado a un carrito metálico. Katara no había visto una reliquia semejante salvo en una única ocasión, cuando le encargaron que ayudara a Duke Wolfe a ordenar el viejo cuarto de material del Club Audiovisual situado en el sótano de Hawthorne.
Alzó levemente la cabeza sobre el nivel del suelo y se topo con una visión del todo inesperada: un mar de pies engalanados con etiquetas identificativas. Katara abrió los ojos desorbitados al percatarse que la etiqueta que le había sido entregada en la oficina, la que ella se había encajado a la fuerza en la muñeca, era, de hecho, su "etiqueta identificativa". Se encontraba en un aula repleta de otros compañeros "muertos".
Antes de que tuviera tiempo de salir despavorida, una voz masculina adulta la distrajo. —Pipsqueak, enciende la luz—pidió.
Un chico alto y robusto que estaba cerca de la puerta encendió las luces, tampoco es que importara demasiado porque veía bastante bien sin luz, pero ahora pudo fijarse en otros detalles.
Como el aula, por ejemplo. Con las luces encendidas, la pudo ver en toda su… obsolescencia.
Era arcaica, literalmente, gris y anticuada, como un cruce entre una tienda de segunda mano y un centro de veteranos de guerra. Las sillas y mesas de madera clara daban la sensación de estar talladas a mano y ser perfectamente robustas, pero estaban todas desparejadas. Sobre la pizarra aparecían colgados mapas obsoletos con territorios que hace tiempo han desaparecido. Unas estanterías, disimuladas en parte por raídos cortinajes de terciopelo, cubrían la pared del fondo del suelo hasta el techo atestadas de libros de texto anticuados y obras enciclopédicas incompletas. Fragmentos de fósiles y criaturas extintas conservadas en formol se hallaban expuestas en larga repisas de mármol negro.
Plumas, tinteros, lacre y papel de pergamino ensuciabas la rayada tarima del suelo
Una máquina de escribir con ventanilla lateral de cristal y cinta de tela, una regla de cálculo, una báscula de precisión, un compás y un ábaco compartían estante con una victrola a cuerda y varias pilas de discos de 78 revoluciones rayados.
Se volvió hacia atrás y miro al espacio por encima de la puerta, donde debía de haber podido encontrar un reloj, pero no lo había. El único instrumento a la vista que calculaba el tiempo era el reloj de arena que descansaba sobre la mesa del profesor, pero la arena no caía. Katara recordó como Yue había comentado que "aquí" el tiempo no tiene sentido, y por lo que se veía no bromeaba. Le dio la sensación de que nada en la habitación tenía sentido… ya. Aquella aula estaba decorada como si por ella no hubiera pasado el último siglo o algo así.
—¿Cómo? ¿Ni siquiera un reloj de sol?—pensó Katara.
Lo que la impactó no fue que la decoración estuviera ajada —que lo estaba—, sino que estuviera… caducada. Todos los objetos en los que se había fijado, incluido el proyector, habían sido auténticos hitos tecnológicos en algún momento u otro, vitales incluso, pero hacia mucho que habían sido mejorados, reemplazados o, sencillamente, olvidados.
Solo había visto eso objetos en los documentales de la BBS o en el mercadillo de trastos viejos a la puerta del garaje de alguna abuelita difunta.
El conjunto daba una insólita especie de sentido horrible a las cosas. Todos los desechos de la vida cotidiana que habían sido descartados parecía encontrarse allí expuestos. Por ponerlo con palabras bonitas, el lugar se describiría como "atemporal", pero todo y todos podían ser descritos con mayor concreción como: dolorosa, obvia y totalmente "extemporáneos". Claro, ella incluida.
—Gracias, Pipsqueak—dijo la voz masculina con sinceridad, y esta vez Katara se volvió para ver de quien se trataba.
Una mano pálida se extendió hacia ella para saludarla y ayudarla a ponerse de pie. Ella alargo la suya no muy convencida y la apretó.
—Ah, la nueva alumna—afirmó estrechando con suavidad su dedos, mientras ella se levantaba, completamente pasmada—Bienvenida, soy el profesor Brain, Iroh Brain—dijo articulando su nombre con una buena dosis de orgullo—Te estábamos esperando—.
Katara no tuvo tiempo de registrar la palabra "alumna" en su mente, antes ya la había distraído por completo el aspecto de Iroh. Al igual que sucedía con el aula, había algo de atemporal en Iroh que resultaba desconcertante y reconfortante a la vez.
Era alto, gordo y atento e iba vestido meticulosamente, como si estuviera a punto de salir a cenar en lugar de impartir clases en el instituto. Es más, despedía un cierto aire a empresario de pompas fúnebres, con su traje de sastre color negro, camisa blanca almidonada y corbata.
—Toma asiento—invitó a Katara con hospitalidad.
Katara miró a Iroh con ojos inquisidores y escudriño la habitación en busca de un lugar donde sentarse. La única silla y pupitre desocupados se encontraban al fondo del aula. Y, a diferencia de lo que ocurriera con la hoja de inscripción para animadoras, aquella plaza parecía reservada para ella y nadie más que ella.
—Claro—dijo Katara con entusiasmo, recordando que solo los más populares se sientan en la parte de atrás. Orgullosa camino hasta el fondo y se sentó.
—Y ahora, alumnos, permítanme presentarles a Katara Water, una alumna temporal. Por favor denle la bienvenida a la asignatura Muertología o, como a mí me gusta llamarla. Como ser un muerto y no fallecer en el intento—bromeó.
—Bienvenida, Katara—coreó la clase algo mecánicamente.
Iroh se rió tanto de su propio chiste, incluso durante en saludo de la clase, que el "tupe", —Es decir, parte importante de su cuero cabelludo y su cráneo—se le despegó y escurrió de la cabeza, quedando colgando del mas ínfimo y frágil hilo de piel y dejando expuestas las esponjosas crestas exteriores de su cerebro ante toda la clase.
Visiblemente apurado, sofoco su risa con rapidez y se lo hecho hacia atrás para colocárselo en su sitio (más o menos), se estiro de la chaqueta de forma nerviosa, se atuso la corbata y se aclaro la garganta como si nada. A juzgar por la nula reacción de los demás chicos, los meneos de cabeza de Iroh no debían de ser cosa poco corriente.
—Claro… Brain…—murmuró Katara para sí, una vez resuelta al menos una parte de aquel rompecabezas post mortem.
Iroh se acerco a la pizarra como una mantis religiosa, ligero de pies y dio inicio a la clase escribiendo de manera atropellada una frase en la pizarra.
Non sum qualis eram. (No soy el que fui).
Completada la frase, el profesor Iroh la subrayó con la tiza y luego se dirigió a la clase como un director de orquesta al comienzo de una pieza. A la señal, una vez más, todos los estudiantes entonaron a coro.
—Non sum qualis eram—.
Katara no había estudiado nunca latín, pero, sin saber cómo, lo supo. Horacio, otra vez.
—Profesor muerto. Compañeros muertos. Poeta muerto. Lengua muerta—murmuró—Tiene sentido—.
Intento establecer contacto visual con sus compañeros, pero la mayoría miraba fijamente a Iroh; Yue incluida. La mayoría salvo una persona: una chica con gesto enfurruñado que lucía una larga melena negra y un flequillo perfectamente corto a la altura de las cejas, pintalabios descolorido y un arrugado vestido rojo repleto de manchas, y que estaba sentada justo al lado de ella. Katara juraría haber oído a la chica decir "Perdedora", pero los demás seguían mirando hacia delante, los labios sellados.
—¿Quién, yo?—pensó Katara en silencio, mirando de un lado al otro en busca de la fuente de la ofensa.
—Sí, tú—la ofensa retumbó con estruendo en la cabeza de Katara. Para remachar la respuesta la chica giro el rostro por completo y le lanzó a Katara la mirada mas perversa que esta había visto jamás, y eso que había visto unas cuantas extremadamente perversas.
Katara, paralizada, bajo la mirada hacia los pies de la chica para consultar su nombre en la etiqueta identificativa, donde pudo leer "Mai". Sin embargo lo más notable era que solo llevaba un zapato. Observo la desgastada sandalia e hizo memoria de todas las noticias terribles que había visto en su corta vida. Aquellas en las que, tras un fatídico atropello y fuga, la única imagen que se mostraba era la de un zapato solitario tirado en el asfalto, mientras un reportero relataba los detalles horribles del accidente.
Ese zapato, era la imagen que hipnotizaba a la gente. La que encendía una bombilla en su mente. Aquel zapato pertenecía a alguien. Ese alguien había escogido ese zapato para pasar el día. Se lo había puesto esa misma mañana. Iba a algún lugar con ese zapato, ese zapato iba a llevarle hasta donde necesitaba ir, y ahora, ahora yacía huérfano en medio de la carretera. Una lapida temporal.
—Bueno como veras, estaba preparando una breve charla sobre "La Vida de un Muerto" cuando llegases, algo para calmar la tensión—dice el profesor Iroh, sonriente.
De repente sonó la alarma de incendios del instituto.
El timbre ensordecedor impulso a Katara a salir corriendo de manera instintiva hacia la puerta, pero los demás siguieron en sus asientos, inmutables. Pipsqueak, que se encontraba tocando frenéticamente la guitarra imaginaria, extendió la mano y agarro a Katara de la muñeca antes de que pudiera huir. Ella se asustó, pero al instante percibió que era más para protegerla que para contenerla. Llevaba unos auriculares embutidos en los oídos, pero no estaban conectados a ningún aparato.
—¿Pensabas huir? Jaja, creo que no. Pero tranquila, estás a salvo de "ningún incendio"—rió Pipsqueak, marcando el ritmo con los pies como si estuviera tocando una batería de doble pedal. Katara sonrió. Ese chico despedía, a través de su mano, un aire de tranquilidad.
—¿Puedes oírme con esos auriculares retumbándote en los oídos?—preguntó Katara, quieta.
—Sí—contestó Pipsqueak, aunque casi a voz en grito.
Yue se acercó hasta ella y la presento formalmente a Pipsqueak.
—Este es Metal Pipsqueak. Llevaba el estéreo a demasiado volumen mientras hacia el examen de conducir—explicó Yue—Se… distrajo. La cosa no acabo bien—.
—Ah, entonces ¿su nombre de muerte viene de escuchar heavy metal?—preguntó Katara.
—No—le corrigió Yue, tranquilamente—Le pusieron ese nombre por que escucharla lo mató… y porque, además, tiene literalmente esquirlas de metal en la cabeza a causa del accidente—añadió.
—¿Aprobé?—le pregunto Pipsqueak a Yue, simulando que punteaba un imaginario bajo eléctrico de doble mástil.
—No deja de preguntar lo mismo una y otra vez. Se ha quedado estancado en eso, así que yo le digo que sí—le susurro Yue a Charlotte—Sí, Pips, aprobaste—dijo Yue en su voz más dulce. El cual, en apariencia, tuvo el efecto deseado en Pipsqueak y en Katara también.
Pipsqueak soltó a Katara de la muñeca y Yue la escoltó de vuelta a su pupitre. De camino iba mirando al suelo, a los pies de los demás compañeros, en busca de nombres y se entero de más de lo que quería saber de ellos por su calzado.
Pipsqueak llevaba botas gastadas, como no, con sus gruesos dedos gordos al aire. "Jet" llevaba unas Birkenstock muy hippies y tenía en la boca un palillo que sobresalía de su labio. "On Ji", chorreando agua sucia, llevaba chanclas, las venas verdiazuladas claramente visibles en los empeines y en sus pálidas piernas desnudas; Katara no pudo abstenerse de levantar un poco la vista y observar que la chica llevaba un bañador del colegio. "Ming" iba descalza y tenía el cuerpo cubierto de pies a cabeza de rasguños; con nerviosismo, se cercioraba de que ninguno de los demás compañeros la miraba y a continuación clavaba una afilada uña en sus costras. Katara fingió no haberla visto.
—Como decía, seguro que se están haciendo muchas preguntas…—dijo el profesor Iroh, como si le hubiese leído el pensamiento.
—Sí, yo tengo una—interrumpió Jet antes que Katara pudiera formular la suya—¿Tenemos que escuchar "la charla" otra vez?—.
—Pues sí, tarado—espetó Mai—¿Es que acaso tiene algo mejor que hacer? La escucharemos una y otra vez hasta que cale hondo en ese cerebro muerte que tienes, tú y todos los demás—.
Mai puso así punto final al asunto, no solo para Jet sino también para el resto de la clase. A excepción de Katara, como no. Katara tenía una pregunta especifica que le rondaba en su mente de piñón fijo, y antes de que pudiese corregirse se le escapo.
—¿Sabe cómo va a afectar esto a mi clase de física?—preguntó Katara—Hoy mismo me han asignado a mi pareja de laboratorio y detestaría tener que dejarle colgado—.
La clase entera se echó a reír desenfrenadamente ante la ingenuidad de Katara; todos salvo Mai, quien a duras penas pudo contener su indignación.
—Ay dios… tenemos una "viva" por aquí—se mofó poniendo los ojos en blanco.
Katara se hundió en su silla, consiente que lo que acababa de decir debía de haberle sonado a todos como una necesidad. Pero, ¿Y qué? No la conocían. No conocían su situación. Ella todavía estaba interesada en saber de Aang. Curiosamente, era lo único que le interesaba.
—Hagamos una cosa, escucharan la charla, y si acaso—El profesor Iroh se detuvo a soltar una risita y celebrar su ingeniosidad, de nuevo—Perdón, si acaso queda alguna duda, podemos discutirlo después…—.
El profesor Iroh le hizo pasar un libro hasta el fondo. Se titulaba "Guía del Muerto Perfecto".
—Es para ti, Katara—dijo amablemente—Para que te vayas poniendo al día con tus estudios—.
—¿Estudios?—preguntó ella.
Katara abrió el libro, y echó un vistazo al índice. Leyó para si los encabezamientos de los capítulos en voz alta, mientras el profesor Iroh Brain se ajustaba la corbata.
¿"Levitación"? ¿"Telequinesia"? ¿"Intangibilidad"? ¿"Teletransporte"?
No podía creer lo que estaba leyendo, pero no había duda de que le intrigaba, y mucho; además, ya estaba curada de espanto.—Le echaré un vistazo… de todos modos me servirá aunque no esté muerta… ¿no?—. Hojeó rápidamente el libro mientras DeadHead Jet —el chico de las Birkenstock— ya estaba dormido, solo que con los ojos abiertos. Mientras roncaba, Katara vio por el rabillo del ojo como Yue extendía su mano con suma delicadeza y le cerraba los ojos del mismo modo en que se le haría a una persona que acaba de morir.
—Qué encanto—pensó Katara, reconociendo la gentileza de Yue.
La sala quedo completamente en silencio y, de nuevo, el iracundo bramido de Mai sobresaltó a Katara.
—Más te vale prestar atención, Water—le advirtió Mai, dando ruidosos golpecitos con el pie en el suelo—Si escuchamos esto otra vez es por ti—.
—Lo sé—contestó Katara, y tosió. Se le cruzo por la mente pedir que la excusaran para ir a enfermería, pero no le pareció que tuviera demasiado sentido. Hasta creo, que siento como si mi cuerpo estuviera postrado en la cama de la enfermería.
Yue le lanzó a Katara una mirada muy seria, como si la advirtiera de que más le valía no irritar a Mai. Por lo que parecía, ya era demasiado tarde. Era más que evidente que "aquí" Mai era la abeja, o lo que es peor, la avispa reina de Muertología, y Katara ya había probado su picotazo.
Lo que Katara no tenia aún muy claro era la razón de que Mai la odiara tanto. Mai apenas había tenido tiempo de fijarse en ella, cuando no para detestarla. En Hawthorne hubo compañeros que tardaron hasta un cuatrimestre entero en rechazarla por completo.
Era una pequeña estadística de la que estaba muy orgullosa. Pero con Mai, el odio había sido instantáneo y parecía motivado por algo mucho más profundo que su mera apariencia o las cosas que decía.
El profesor Iroh Brain tosió e infló graciosamente su pecho.
—Todos tuvimos una hermosa vida, ¿no?—rió—Pues su causa de muerte los trajo a esta asignatura. En la cual sabrán como morir debidamente, y como yo digo… no morir en el intento—Katara rió internamente al ver como el profesor trataba de animarlos—.
Sin embargo, a pesar del silencio, el profesor Iroh continuó:—Nacemos, crecemos, estudiamos y hasta nos enamoramos—una lluvia de imágenes de Aang golpearon a Katara—Pero el miedo de morir aún nos persigue, haciéndonos las preguntas típicas de siempre: ¿Cómo moriré? ¿Me extrañarán? ¿Y mis padres? Las cuales nunca evitamos hacernos. Pero aunque el miedo siga latente, ese momento llegará, sin darnos cuenta, ya estaremos muertos y el miedo desaparecerá—.
Katara tuvo unas asombrosas ganas de gritar y maldecir al mundo por odiarla tanto.
—Hay cosas que nosotros queremos llevarnos a "La Otra Vida", pero que sabemos, no se puede. Así como no podemos evitar querer volver, si tuvimos una bella vida que no pudimos terminar. Pero en este lugar, antes de irse, no olviden pensar sabiamente en sus metas antes de irse, porque aquí, aunque no lo crean, seguirán estudiando—Katara abrió los ojos asombrada.
—¿Estudiar?—Genial. La vida es un asco y luego va, te ahogas, caes en coma, posiblemente mueras, y vuelve a ser un asco.
—Cállate—le ordenó Mai, lanzándole una mirada fulminante.
Katara apretó los labios y se maldijo internamente por ser tan bocona.
—En esta asignatura, tendrán que aprender a morir como se debe, y terminar con lo que dejaron incompleto en su otra vida—pausó el profesor—Pero recuerden: Morir o no morir, esa era la cuestión—finalizó, imitando a William Shakespeare a su manera.
Un pesado silencio (el cual Pipsqueak podía barrer) fue lo único que se escuchó en la sala.
El profesor Iroh se enderezó y con tranquilidad, se dio palmaditas en su grande panza, con cariño.
—¿Alguna pregunta?—preguntó éste, dirigiéndose a Katara.
—¿Cómo sabemos cuál es nuestra meta?—preguntó esta vez Katara.
—Toda la clase esta aquí por alguna razón—dijo el profesor —Todos tienen un asunto pendiente que deben de resolver antes de seguir adelante—pausó—Pero creo que para ti será fácil resolverlo, ¿o me equivoco?—palmeó su panza y rió—Pequeña, creo que sabes que no estás muerta, ¿cierto? Es mejor que te apresures en despertar, porque tu hermano hará lo imposible por ello—.
El silencio que Pipsqueak podía barrer (y que lo volverá a hacer) volvió a reinar en la sala. Con resultado: Todos miraron a Katara.
Sonó el timbre, pero Katara no se movió de la silla. No sabía si al levantarse volvería a hacer el ridículo como cuando había sonado la alarma de incendios o como ahora. Cuando los demás estudiantes empezaron a salir de clase, ella reunió sus cosas y los siguió sin dejar de darle vueltas a lo que Iroh acababa de decir.
—¡Atención todos! Deberes. Esta noche hay reunión en Hawthorne Manor. ¡A las siete en punto y no es opcional!—dijo el profesor Iroh Brain a sus espaldas, mientras se apresuraban por alcanzar la libertad.
—¿Deberes?—pensó confundida Katara—Esto es un asco. Ahora para cerrar con broche de oro, es oficial, estoy en coma y todos lo saben. Genial—.
¿Qué tal? ¿Les gustó lo que dijo Iroh? ¿Qué les pareció? Díganme si les gustó lo que dijo Iroh, porque lo amé *-* El es un genio.
¿También les gustó la aparición de nuestro gordito Iroh? Qué mejor manera de poner a Iroh, ¡que como el mentor de Katara! Genial, ¿no? xD
Pipsqueak apareció, Yue está más dulce (:3) y Mai apareció. Ahora, Mai será una de las protagonistas en esta historia, debido a que su papel aquí, se irá haciendo más importante. A medida de los caps, iré hablando más y más sobre ella.
Verán, cambié muchas cosas aquí. En la historia original, Iroh (Brain. No se asusten por su aspecto) no les da una charla, les muestra una película. Cambié eso para que trajera más suspenso, y que Iroh dijera sobre el coma de Katara. No sé ustedes, pero amé la forma en la cual lo dijo. xD
Lamento mucho, enserio, haber prometido el cap y no publicarlo, estaba ocupadísima. Si ustedes tuvieran que hacer un fichero, para el siguiente día llevarlo a clases, y no tuvieran casi materiales, hubieran llorado. Yo lo hice. Creánme.
Dejando de lado mi amargura, Publicidad on: Hay un fic de Nefertari llamado, 'El Viaje de Korra', ¿lo leyeron? ¿no? Se los recomiendo. Se trata sobre unas cartas de Aang hacia Korra, que él escribió para ella antes de morir, dándole consejos y lugares hacia dónde ir, para ser una gran Avatar. Tiene aventuras, humor y romance (aunque poco). ¡Es buenísimo! Enserio, pasen a leerlo:
Publicidad off. xD
Despidiéndome, y diciendo que la historia de katitabender (Teenage Dirtbag) publicó un nuevo cap y me encantó y que deben leerlo…
Nie~
De pronto, Sokka despertó sudado y agitado, tuvo una pesadilla. Se llevó una mano a su frente, asustado.
—¿Porqué siento… como si mi hermana… siguiera en Hawthorne y no en el hospital?... ¿o aquí?...—pensó.
:P
