Ghost Girl


Summary(¡nueeevo!): ¿Alguna vez te has sentido invisible?: Esta es la historia de una dulce chica, que al ser ahogada brutalmente con un caramelo, cayó en un hoyo de soledad, depresión y mucha mala suerte; ahora su hermano y nueva-amiga tendrán que salvarla de ese hoyito, en el cual, la palabra 'coma' no le parecía un signo de puntuación. "En coma, Katara, estás en COMA". Kataang AU.

Disclaimer: La saga Ghostgirl es de Tonya Hurley y ATLA de Mike y Bryan. Lástima que no me pertenezcan. ¬¬ (no saben cuánto luché con 'Bryke' por comprar ATLA… terminé sin poder comprarlo(?))

Perdón por no actualizar antes, ¿pero se imaginan que te corten el internet en Navidad? Maaaalo, sí. Bueno, tengo los otros dos listos, sin problema los publico :D

¡Thanks a todos por la espera! tengo dos caps más listos, les prometo que los leerán ;D

No he podido ni responderles los reviews, pero es por el tiempo que me queda. Muuuuy poco. ¡Pero ni se preocupen! Me acaban de regalar una Tablet, ahí les responderé de ahora en adelante, por PM. Y también ahí, aprenderé a hacer Fanarts, para crear las escenas de este fic y que se digan: "¡Ah! ¡Pero sí así se vestía!"(?) xD

Notita :3: Aquí, Katarita sabrá con quién hará la primera posesión… ¡Y…! Conocerán un poquito más a Mai…

Disfruten!~


Capítulo 8.|El corazón de las Tinieblas

Estas heridas no parecerán sanar
Este dolor es simplemente demasiado real
Hay tanto que el tiempo no puede borrar

My Inmortal —Evanescence

La residencia muerta, así llamaban los chicos muertos a Hawthorne High, podría resultarles deprimentes a otros, pero para Katara era como una comunidad. Ya nunca tendría la oportunidad de vivir en una residencia universitaria, y ésta, para ella, era lo más parecido.

¿Tendría una compañera de habitación? ¿Pasarían la noche en vela charlando sin parar? ¿Estudiarían juntas y tendrían códigos secretos por si alguna de ellas invitaba a un chico a pasar la noche? ¿Compartirían la ropa y sufrirían incontrolables ataques de risa? ¿Pedirían una pizza a las tantas mientras estudiaban para pasar el día siguiente quejándose de los kilos de más? No. En el fondo sabía que no sería así y que eran cosas a las que debía renunciar, pero al fin y al cabo se trataba de una "residencia", y eso significaba que no estaría sola. Eso, para ella, era más que suficiente.

Estos y otros pensamientos ocupaban su mente mientras se dirigía a toda prisa a la reunión. Era extraño, pero aún cuando se tratara de la primera vez que iba a Hawthorne High, el instinto la guió hasta allí, igual que un GPS del mundo espiritual.

No había ningún Flautista de Hamelín ni, en particular, ninguna Piccolo Yue que la guiasen, pero sentía la llamada de todas formas.

Al doblar la esquina de la calle larga y solitaria, supo instantáneamente a qué casa dirigir sus pasos. Se trataba de una destartalada mansión victoriana, todavía hermosa en su decrepitud, una de esas propiedades caras que fueron el orgullo del barrio hasta que las mansiones chabacanas de los nuevos ricos y el tiempo erosionaron su grandeza.

No obstante, contemplada desde la nueva "perspectiva" de Katara, poseía un gran carácter: una estructura formidable aún, cubierta de hiedra, con imponentes gabletes, miradores apoyados sobre ménsulas ornamentadas y ventanales de arco apuntado con vidrieras inmaculadas. La meticulosidad de detalles de mampostería parecía salida de un cuento de hadas gótico.

Ornamentados farolitos adornaban el perímetro del porche corrido, con postes como bastones de caramelo. A diferencia de la oficina de admisiones del sótano, tan estéril, y del aula de Muertología, tan fea y anticuada, Hawthorne High era mágica.

—Hogar, dulce hogar—dijo sombríamente, mientras apoyaba la mano sobre una roseta y dejaba que ésta se deslizara por la barandilla que ascendía hasta la maciza y oscura puerta doble.

Katara subió los escalones hasta el porche, se asomó a través de la ventana vidriada y contempló la gigantesca araña, al más puro estilo Fantasma de la ópera, que colgaba del techo del vestíbulo. Entró y se quedó plantada en la estancia, enlosada con grandes baldosas blancas y negras de mármol.

Le maravilló la profusión de tallas ornamentales en madera de cerezo que adornaban los arcos de las puertas de toda la casa. Era hermoso, distinto a cuanto había visto hasta entonces, y lo que aún era mejor, despedía calidez. Incluso el vestíbulo señorial resultaba acogedor. Deseó que los dormitorios fueran igual de confortables, porque se sentía cansada. Había sido un día largo, muy largo.

Antes de que Katara pudiera darse cuenta, Yue bajó silbando por la moqueta de color rojo oscuro de la majestuosa escalera de madera torneada.

—¿Dónde estabas?—preguntó Yue, con más reproche que curiosidad. Ya conocía la respuesta a su pregunta, y Katara, naturalmente, sabía que lo sabía.

—Oh, dándome la vida padre, nada más—dijo Katara bromeando. Es la primera vez que sonreía de esa forma. Tan natural. Para Yue eso no era buena señal.

—Pues aquí es donde "vives" ahora y llegas tarde a la reunión. ¡Acelera!—dijo a la vez que agarraba a Katara de la mano y tiraba de ella escaleras arriba—¡Mai no está muy contenta que digamos!—.

Katara no había visto nunca a Yue tan acelerada. Es más, Katara ni siquiera sintió los escalones bajo sus pies cuando la transportó escaleras arriba como a un globo de helio.

Yue y Katara se dirigieron a la sala de reuniones del final del pasillo, que parecía un aula de literatura de un chente de la Ivy League, como sacada de El club de los poetas muertos. Mai daba comienzo a la reunión en el momento mismo en que Katara entró a la sala como una exhalación.

Aunque podía sentir la mano de Yue en la suya, tirando de ella, la sobresaltó encontrarse a Yue allí sentada cuando llegó a la gran sala, como si no hubiese movido un músculo.

Antes de entrar, Katara paseó la mirada rápidamente por la estancia y divisó diseminados por toda la sala decenas de artefactos y reliquias propias de las hermandades. Había un estandarte con la insignia "zeta", la letra con que los griegos representaban la muerte, colgado de la pared sobre "retratos estudiantiles" color sepia enmarcados en ouroboros. Estaba encantada de hallarse en un lugar tan señorial, como si perteneciera a una sociedad secreta, aun cuando todavía no se sentía plenamente un miembro de derecho.

Al penetrar con timidez en la sala, sus compañeros de residencia recibieron su nuevo look con risas apagadas, bueno, todos salvo Mai, que estaba visiblemente molesta.

—¿Te parece gracioso? ¿Venir como si de una fiesta se tratara?—espetó Mai con fiereza.

Katara, que había olvidado su lavado de imagen con las prisas, trató con desesperación de alisarse el enrollado cabello lamiéndose las manos y pasándoselas por el cardado.

Quiso eliminar parte del maquillaje también, pero le faltó saliva, por los nervios… y porque estaba en coma y eso.

—¿Y cuando vendan la casa qué, también te parecerá gracioso, eh?—preguntó Mai, quien acaparó la atención de todos los presentes robándole protagonismo a Katara y humillándola a la vez.

Katara se abrió paso hasta la única cara amiga de la sala, Piccolo Yue, y se sentó.

—Pero bueno, ¿Y qué pasa si no conservamos la casa?—le susurró Katara inocentemente a Yue al oído.

—¿Que qué pasa?—gritó Mai antes de que Yue pudiera articular palabra—Pues pasa que éste es nuestro hogar. El lugar donde existimos—.

—Pero si hay montones de casas viejas por todas partes, ¿No?—preguntó Katara tímidamente.

—Y hay montones de otros chicos muertos por todas partes, ¿O no?—espetó Mai devolviéndole la pregunta a Katara de mala manera—Las demás casas no importan. Importa esta casa, que nos ha sido confiada a nosotros hasta que llegue el momento—.

—¿Qué "momento"?—preguntó Katara haciendo comillas en el aire para mayor énfasis. Yue, consciente de la que se avecinaba, decidió intervenir.

—Bueno, calma, calma—se interpuso—Katara es nueva.

El dato no pareció tener peso suficiente para Mai.

Necesitamos estar aquí, Katara, hasta que llegue el momento y podamos cruzar todos juntos—le explicó Yue dulcemente. Mai alzó la ceja esperando otra tonta pregunta de Katara.

—¿A dónde?—preguntó Katara—Si acabo de llegar aquí—.

—Ninguno de nosotros lo sabe a ciencia cierta—contestó Yue—Resolver nuestros asuntos personales es sólo parte del proceso. Evitar que vendan esta casa es algo que tenemos que conseguir en equipo. Nuestro deber es trabajar juntos y olvidar las necesidades y deseos propios—.

—Generosidad y compromiso, Water—la reprendió Mai—Dos cosas que tú, como resulta obvio, desconoces por completo—.

—¡Oye! ¡Yo no sabía nada de lo que le pasaba a esta casa! ¡Ni siquiera sabía que existía!—se defendió Katara con ahínco.

Mai resopló con una sonrisa socarrona: —Cómo nadie sabe que existías, ¿no?—.

Katara hizo un puchero: —Para tú información, querida: Tengo hermano, dos nuevas amigas que sí me quieren y no estoy muerta. ¿No escuchaste lo que dijo el profesor Iroh? Me puedo salvar. Además, no tengo ni la menor idea de por qué estoy aquí, y si dejaras por favor de ser tan cruel conmigo y decirme con claridad qué tengo qué hacer, pudiera ayudar como se debe—espetó Katara. Yue suspiró, sabiendo qué pasaría a continuación.

A Mai no le gustó eso.

—Claro, ya que eres la única que puede sobrevivir, no te importa, ¿cierto?—interrumpió Mai con sarcasmo—Acéptalo. No sobrevivirás a ese tonto "coma". Es una suerte que tu hermanito te haya casi-salvado, porque no volverás, jamás. Te quedarás aquí con nosotros, nos ayudarás y te irás con nosotros. Porque para todos nosotros… estás muerta—.

—Mai… entiéndela, es nueva—pidió Yue dulcemente. Eso, claramente, no le importó a Mai.

A Katara la enfureció la respuesta de Mai por ser completamente falsa, al menos eso pensaba ella. Después de todo, ¿No había intentado apuntarse a animadora? Llevaba la palabra equipo escrita en la frente. Pero al mismo tiempo, le dolió que la llamaran muerta. Le apretaba el pecho y se sentía mal.

Yue la apretó dulcemente hacia ella, brindándole apoyo y su amistad. Sonrió.

—Si hemos de salvar esta casa, todos tendremos que poner nuestro granito de arena. Con que uno no lo haga, es esfuerzo de los demás no habrá servido de nada—dijo Mai con severidad azotándose sin parar la palma de la mano con un puntero de madera—Y no pienso permitir que eso ocurra—concluyó lanzando una mirada amenazadora a Katara.

Todos los semblantes se tornaron serios, bueno, todos menos los de Metal Pipsqueak y DeadHead Jet, que trataban de animar el ambiente haciendo gestos lascivos a On Ji, la ahogada, quien, curiosamente, seguía en traje de baño a pesar de sus varices, su nauseabunda piel pálida y transparente y sus ojos saltones.

—Me gustaría bucear en eso—le dijo DeadHead Jet a Pipsqueak, refiriéndose a On Ji. Jet expulsaba una bocanada de humo cada vez que abría la boca y movía su palillo.

—Cuesta creer que se ahogara con su gran capacidad para nadar—Pipsqueak soltó una risita aunque no tan por lo bajo como hubiese querido.

Katara trataba desesperadamente de concentrar su atención en Mai.

—Así que, ¿Qué podemos hacer para salvar la casa?—preguntaba ésta.

Se hizo un silencio de ultratumba y Mai empezó a mirar de hito en hito a todos y cada uno de los estudiantes de la asignatura de Muertología allí presentes.

—¿Alguna sugerencia?—ladró como un perro rabioso.

Entre el auditorio, Katara trataba desesperadamente de evitar la mirada de Mai.

Que no me pregunte a mí, por favor… Que no me pregunte a mí…—imploró para sí, mientras intentaba quitarse de la vista lo más posible, escondiéndose detrás de Kai y Kei, los fraternales gemelos que compartían pupitre delante de ella. Eran recelosos y esquivos, siniestros y retorcidos, y se movían a la par con escalofriante elegancia.

Katara tan sólo daba gracias por que fueran tan inseparables y confió en que constituirían un escudo protector de la mirada acusadora de Mai.

—Pero ¿A quién tenemos aquí? Si es nuestra ganadora del premio Oscar—dijo Mai, interrumpiendo el mantra de Katara—Ya que te hace tantísima gracia, ¿Por qué no nos cuentas cuál es tu plan, eh?—.

—No, no, si a mí no me hace gracia—dijo Katara, acobardada.

—Pues nadie lo diría—dijo Mai, refiriéndose con la mirada una vez más al nuevo look de Katara.

—No, no, esto, esto era sólo…—dijo Katara buscando una excusa de forma desesperada.

—¿Y bien?—instó Mai, en su empeño por someter a Katara al tercer grado y forzarla a responder.

Justo en ese momento, On Ji hizo saltar sus ojos de las órbitas, directamente hacia Jet.

Katara lanzó un alarido.

—¡Espíritus!—chilló con toda la fuerza que le permitieron sus pulmones.

Katara sobresaltó a toda la clase con su reacción.

Al oír el grito, On Ji se encajó de golpe los ojos en su sitio y su rostro recuperó su aspecto habitual.

—Tú estás mal—le dijo asqueado Metal Pipsqueak a On Ji. Ésta sonrió satisfecha a la vez que trataba de cubrirse la boca con sus pálidas manos violáceas.

¡Espíritus!—se burló Mai de Katara con un agudo chillido—Ni los espíritus en persona van a poder ayudarte si la jodes—.

—¡No, espera! Creo que se le acaba de ocurrir algo—intervino Yue, tratando de salvarle el trasero a Katara. Ésta asintió nerviosamente con la cabeza—Podemos proteger la casa ahuyentando a todo el que se acerque…—añadió Yue dándole un codazo a Katara—¿No es eso, Kat?—.

—Sí, ¿Por qué no nos limitamos, como dice ella…?—empezó Kai.

—¿…A ahuyentar a los posibles compradores?—terminó Kei.

—¡Ya sé! ¡Podemos decorar toda la casa de Stuff by Duff! Con eso bastaría—dijo CoCo con un escalofrío.

Katara se puso a improvisar; empezaba a captar lo que los demás ya sabían de sobra.

—Están muertos. ¿Por qué no, bueno ya sabes, "explotarlo"?—le dijo a Mai ganando confianza por momentos.

—¿Ése es tu plan?—preguntó Mai tratando de presionar a Katara.

—O sea, ya sé que es obvio, pero merece la pena intentarlo…—contestó Katara.

—Bueno, la casa no la podemos embrujar no sea que el tiro nos salga por la culata. Podría acabar convirtiéndose en atracción turística y recreo para universitarios borrachos o bien conseguirnos todas las papeletas para que la conviertan en un aparcamiento—la atajó Mai.

—Más bien, yo creo que como mejor podríamos ahuyentar a los posibles compradores es haciendo que la casa resulte inhabitable—sugirió Buzz Saw Kon, un chico que había muerto tras sufrir un horrible accidente en la clase de talleres y que ahora lucía heridas de sierra y un brazo parcialmente amputado.

—De acuerdo entonces. ¡Divídanse en brigadas de intimidación!—dijo Mai no del todo de acuerdo con el plan de Katara, pero más que deseosa de darle cancha suficiente donde poder cavar su propia fosa.

Katara se lanzó inmediatamente a emparejarse con Yue, pero tan pronto se aproximó a ella, Mai agarró a Yue del brazo como una violenta profesora de primaria arrastrando a un alumno díscolo al pasillo.

—Yue, ponte con Silent Smellerbee—ordenó Mai apartando a Katara con un golpe y colocando a Yue junto a la tétrica solitaria a la que ninguno de los demás chicos de la clase de Muertología recordaba haber oído jamás emitir sonido alguno.

—¡Ming Manostijeras!—ordenó Mai—Tú conmigo—.

Ming ocultó las manos bajo las mangas y cerró los puños mientras se situaba al lado de Mai. Katara se quedó sola, igual que en la clase de Física.

—¿Y con quién se supone que voy yo?—preguntó ésta.

—Y a mí qué me cuentas, Katy—le espetó Mai, sirviéndose de una malvada de clase—Puede que la próxima vez llegues a tiempo y te tomes esto más en serio—.

Katara trató de explicarse, pero sus palabras no hicieron más que resonar contra las paredes de la sala vacía.

Volvía a estar a solas, aunque no sola, esta vez. Era mucho lo que tenía que asimilar. Katara salió penosamente en busca de su dormitorio, sin la cháchara ni la compañera de habitación que había deseado. Ni códigos secretos, ni entradas a hurtadillas tras una noche de desenfreno, ni ataques de risa, ni cotilleos de chicos, ni pizza. Tampoco es que importara demasiado. Enfrentarse a Mai era agotador. Tanto emocionalmente como en los demás sentidos. Nunca se había sentido tan despreciada, ni siquiera en vida, antes de quedar en coma.

Yue la miró irse, con tristeza.—Lo siento, Kat—pensó ésta.

Katara subió hasta el siguiente piso de la escalera, en la planta inmediatamente superior a aquella en la que se hallaba la sala de reuniones y caminó hasta la primera puerta que encontró abierta. Era de madera y aparecía tallada de manera profusa, igual que las demás de la casa. La abrió de un empellón, no sin antes haber comprobado que no importunaba a nadie, y entró.

La habitación estaba vacía y ella se sintió como en casa al instante. Supo de forma instintiva que se trataba de su dormitorio. Revestía las paredes una tela afelpada estampada con delicados motivos florales, y Katara, que a primera vista pensó que sus ojos la engañaban, se percató de que a cada rato algunos de los pétalos se caían de las flores de tela, produciendo un efecto surrealista y onírico. Una araña, hermana pequeña de la que había en el vestíbulo, colgaba hasta muy abajo desde el techo abovedado con vigas vistas.

Estanterías de caoba recorrían las palabras, y un fabuloso tocador como el de Toph que tanto adoraba Katara ocupaba un rincón junto a su cama de dosel. Estaba tan agotada que apenas podía fijarse en todo, ni reunir la emoción necesaria para que el conjunto la impresionara debidamente. Se acercó a la cama y se derrumbó sobre ella.

—El coma me está arruinando la vida—dijo mientras se envolvía en una colcha de terciopelo arrugado.

Al primer contacto con la almohada, el sueño se disipó y su mente empezó a discurrir de manera atropellada. No conseguía relajarse, y de pronto la idea de dormir se le antojó aterradora. Mientras permaneciera despierta, razonó, estaría "viva", quizá no técnicamente, pero al menos sí que estaría consciente. El presente. ¿Quién sabía qué le depararía el sueño? Estaba en coma, de todos modos.

Entonces recordó cómo DeadHead Jet se había quedado dormido con los ojos abiertos en Muertología, y la imagen la aterró aún más. Pesadilla en Hawthorne Street. Registró frenéticamente la habitación buscando algo con lo que mantenerse ocupada y despierta.

El libro que le quedaba más a mano era su Guía del Muerto Perfecto, de modo que empezó a hojearlo. Quizá había respuestas en el libro. Tal vez había alguna esperanza oculta entre sus viejas páginas.

Mientras pasaba las hojas, se fijó en un capítulo que había pasado por alto en clase. En el encabezamiento se podía leer Posesión.

Katara se enderezó en la cama.

—¡Posesión!—exclamó.

Ojeó las ilustraciones de estilo años cincuenta en las que un tipo poseía a una chica y se empapó de cada palabra de los pies de foto.

—Parece bastante sencillo—se dijo con delirante confianza.

Katara acabó de leer el capítulo bajo la luz de los rayos de luna que atravesaban los enormes ventanales de su habitación, cerró el libro y se dejó vencer por el cansancio que la había perseguido toda la tarde. Ya no estaba triste ni asustada.

—Si no me puede ver para pedirme que le acompañe al baile, entonces poseeré a la persona con la que tiene planeado ir… o con la que creo que irá…—murmuró mientras la vencía el sueño.

Katara se llevó las manos a los ojos y cerró los párpados, por si acaso, mientras la suave brisa otoñal que se colaba por la ventana hizo revolotear las hojas de su libro hasta la última página del capítulo; una que no había leído todavía. Advertía: ¡Úsese con precaución!.


¿Están listas para eso? ¡La posesión se acerca! :D

Lamento haberme tardado para publicar, es que mi internet se fue volando, literalmente. Pero veámosle el lado bueno, ¡traigo muchos caps listos! Y con el ABC… ehhhmmm… eso sí no se xD

Mai es malita, ¿no creen? Jeje, bueno, con el tiempo verán porqué es tan mala.

¡Nos leemos, chicuelas y chicuelos! xD

Nieee~

P.D: ¿No han leído la nueva historia de Nefi? ¿More Than Words? ¡Asdfghh! ¡Tremendo Kataang que metió! ¡Y dígame el Tokka! Lo incluiré en el foro. Además, ¡la trama las dejará con un nudo en la garganta! Wooooouuuu, me fascinó, yo creo que a uds también les encantará :D (Asdafadafa, el Tokka que puso, lo estoy re-amando. No saben que las peleas hacen más geniales a las parejas? Assdasadasfds, ¡la amo! Asdfds)