Ghost Girl


Summary: ¿Alguna vez te has sentido invisible?: Esta es la historia de una dulce chica, que al ser ahogada brutalmente con un caramelo, cayó en un hoyo de soledad, depresión y mucha mala suerte; ahora su hermano y nueva-amiga tendrán que salvarla de ese hoyito, en el cual, la palabra 'coma' no le parecía un signo de puntuación. "En coma, Katara, estás en COMA". Kataang AU.

Disclaimer: La saga Ghostgirl es de Tonya Hurley y ATLA de Mike y Bryan. Lástima que no me pertenezcan. ¬¬ (Asdfghfdas)

Notitaaaa :3: Aquí, verán otra gran aparición de Toph y la amarán más, lo juro xD. Y, Katara ejecutará la posesión con una persona no deseada… Pero primero se encontrara con su nueva amiga… y luego… *suspenso*

¡Lamento haberme tardado tanto! Pero aparte de no poder tocar casi la Pc por gripe *tose* y con la tarea carcomiéndome viva, al menos tengo el siguiente cap listo. ¡Y apartir de este cap, respondo reviews! Si es que la gripe me deja... *estornuda*

Disfruuuuteeeeen(?) xD


Capítulo 9.Al Volante.

Y tal vez podría purgar mi corazón

Para la inminente caída

Oh sí, te diré lo que podríamos hacer

Se yo por un tiempo

Y yo seré tú

Paul Westerberg

Suki y las Mengs entraron en el baño con aire despreocupado, como si fueran las dueñas del lugar. Hicieron una entrada coreografiada al milímetro, como era su costumbre, por si acaso alguien las observaba. Se trataba de su sesión sifrina y pre primera-hora-de-clase, y polvos, brochas y brillos de labios empezaron a emerger de cada bolsillo y estuche de sus carísimos bolsos a una velocidad superior al parpadeo de un ojo con varias capas de rímel en las pestañas.

Su acceso al espejo se vio momentáneamente bloqueado por un grupo de despistadas novatas andrajosas que como era evidente no habían sido aleccionadas todavía sobre el protocolo ante el espejo. Meng Anderson se hizo cargo sin mediar palabra, rompiendo la bandada con una mirada gélida y señalando la puerta con severidad. Las novatas captaron la indirecta a la primera y desfilaron rápido y en silencio, sin protestar.

—Suki… novatas…—gruñó Meng Anderson a la vez que las tres ocupaban su legítimo lugar ante el espejo.

Suki miró de reojo a Meng Thomas, a su izquierda, y se puso a pensar. Desenvainó una barra de maquillaje y dibujó una pequeña línea en el tabique nasal de Meng, como un cirujano plástico en ciernes realizando un dibujo preoperatorio.

—Ves, si te limas esto y te levantas luego la punta te quedara una bonita caída, justo como la mía—dijo Suki dando un paso atrás y admirando su obra—¿Lo ves?—le pregunto a Meng a la vez que la hacía volverse hacia el espejo para que se pudiera ver.

—Sí, ya veo—dijo Meng Thomas con una risita, contemplando la diminuta pero más que visible marca.

Para Suki y las Mengs esta clase de autocritica brutal y desvergonzada era más un afición que un juego. Y no se sintieron apuradas en lo más mínimo cuando escucharon a sus espaldas un susurro en el retrete.

De haberse molestado en apartar la mirada de sus reflejos en el espejo, quizá hubiesen advertido el tosco par de botas negras de motero que asomaban por debajo de la puerta del baño. Se oyó como tiraban de la cadena y un instante después apareció Toph remetiéndose el top verde musgoso y colocándose en su sitio la camiseta de tirantes negra y la falda vintage de chiffon.

Cuando Meng Anderson advirtió en el espejo que se trataba de Toph, torció el gesto con desdén, actitud con la que solo consiguió provocar a Toph. Ésta arranco la barra de maquillaje de la cuidada mano de Meng.

—Yo preferiría ir por el estilo de María Antonieta—dijo Toph trazando una línea de puntos de parte a parte del cuello de Meng—Lo que necesitas es una amputación de cabeza radical—dijo con una sonrisa.

—¿Qué haces que no estás por ahí sintiéndote excluida?—le dijo Meng Anderson con condescendencia.

—Disculpa, no hablo pendón—contestó Toph, que subrayó lo ultimo levantando con ordinariez el dedo corazón, en un gesto tan amenazador como el que Meng empleara antes con las pobres novatas. Meng capto la indirecta.

Suki pasó rozando a su hermana, ignorándola por completo, y salió por la puerta en el instante mismo en que sonaba el timbre.

Toph se quedó atrás reflexionando sobre cómo era posible que estuvieran emparentadas. De pronto sintió frío y paseó la mirada por la estancia vacía.

Katara sabía que Suki y las Mengs tenían Educación Vial a la primera hora con el profesor Kueng, y no quería dejar pasar su oportunidad. Se encontraba afuera, esperando a que ellas salieran.

—¿Katara?—preguntó Toph. La recién nombrada levantó la mirada de su libro, alzando una ceja y entró al baño.

Toph suspiró: —Eras tú. Oh mierda, casi me cago del miedo… ¿Qué tal te ha ido…? ¿Y ese libro? ¿Qué tienes, deberes?—preguntó con risa.

Katara la miró y sonrió: —Hola, Toph. Me ha ido bien, me enfrenté con una chica que bueno… me odia… técnicamente. Este libro es la Guía del Muerto Perfecto y no, no son deberes. Me entreno para la Posesión—saluda ella con alegría, y nerviosa, al fin y al cabo.

—¿"Guía del Muerto Perfecto"? ¿No estabas en coma? Me duele la cabeza… quiero una pastilla… tú me confundes mucho, chica—añadió Toph con una sonrisa, abrazando a Katara—No preguntaré sobre lo último. Jaja. Oye, ¿Espantaste chicos con el cambio de look que te di?—.

—Gracias por eso, y no. Es más, provoqué que me echaran en cara sobre mi coma—suspiró—Oye, si sobrevivo, ya sabes, a esto, ¿Seguirás siendo mi amiga?—preguntó con timidez. Toph rió.

Katara hizo un puchero.

—Oye, a penas te conozco y ya me agradas. Yo no tengo muchas amigas que digamos, y no me entienden… pero tú sí. Aceptas mi rara personalidad, mi ropa, mi amor por el rock, metal… En fin, me agradas, y no tendría sentido que yo soy amiga de tu hermano y tú no me caigas bien. Eres mi amiga, en coma o no—rió—Ya me puse cursi, asco—.

Katara rió: —¡Gracias! Y no importa lo que te digan, eres genial, para mí. Valórate, que eres asombrosa. Y… yo sé que a mi hermano le encanta tenerte de amiga—Katara rió más al ver el sonrojo de su amiga—Después de algo que tengo que hacer, nos vemos, ¿te parece?—.

Toph asintió y la golpeó en el brazo. Katara gimió sobándose la zona golpeada. A pesar de estar dormida, sentía unos diminutos golpes—¿Por qué fue eso?—.

Toph se encogió de hombros: —Así demuestro mi afecto. Nos vemos, chica—Katara sonrió al verla irse.

Katara echaba una última ojeada a la página sobre posesiones de su libro en el instante en que Toph, Suki y las Mengs salieron por la puerta del instituto. Estaba nerviosa, al fin y al cabo era su primera vez, y trato de calmarse convenciéndose a sí misma de que solo tenía que actuar con naturalidad. Con todo, no dejaba de ser el gran momento. Estaba a punto de meterse en Suki Bei Fong. De ver el mundo a través de sus ojos, de sentir con sus dedos, posiblemente de besar con sus labios. De bajar la mirada y contemplar un cuerpo perfecto de curvas en su sitio.

Quizá estuviera de moda entre las guapas presentadoras de los telediarios enfundarse en sus trajes de gorda e irse de parranda para experimentar "el prejuicio", pero Katara buscaba justo lo contrario: una oportunidad de sentirse aceptada. Admirada. Popular.

Suki era el traje perfecto, con su vida perfecta y su novio perfecto, y era toda suya. Por primera vez tenía la oportunidad de coger la sartén por el mango y hacer sus sueños realidad.

Entre tanto, Suki había ocupado el asiento del conductor y se retocaba el maquillaje en el espejo lateral con el motor al ralentí. Dejó la puerta abierta a fin de ofrecer a quienes quisieran verla una buena perspectiva de sí misma instantes antes de abandonar el recinto del instituto. En ese sentido era muy generosa. Meng Thomas y Meng Anderson se acomodaron en el asiento trasero, dejando la puerta del acompañante abierta para el profesor, que se encontraba de charla con un colega.

Suki, harta de esperar a que Kueng diera por concluida su conversación, decidió empezar sin él la clase de Educación Vial. Solamente ella podía abandonar las instalaciones del instituto en un coche de Educación Vial, sin profesor y sin permiso de conducir, y tener la certeza de que saldría inmune.

—En honor al profesor Kueng, vámonos a Taco Hell—le sugirió a las Mengs, como si tuvieran alguna opción.

—Suena bien—dijeron ambas totalmente conformes.

—Pues claro que suena bien; lo dije yo—Suki pisó el acelerador y salió quemando rueda, con la puerta del acompañante todavía abierta.

—¡Ta' luego, capullo!—le gritó Meng Thomas al profesor por la ventanilla.

—Meng, también es nuestro profesor de español… ¡En español, por favor!—dijo Meng Anderson con sorna.

¡Hasta la vista, señor Capulo!—chilló Meng Thomas.

El profesor Kueng gritó tras el coche a la fuga, completamente humillado delante de su colega, pero es que Suki era una experta en humillar a la gente, y a los profesores en particular.

Al instante, Katara hundió la cabeza y corrió con todas sus ganas hacia la puerta abierta del acompañante, que Suki trataba de alcanzar para cerrarla. Embistió directamente contra Suki, y quedó mitad dentro, mitad fuera, como en el incidente de la ducha. La intrusión de Katara provoco un inesperado acto reflejo de Suki, como un ataque matinal de piernas inquietas, que impulsó su pie contra el pedal del acelerador y el del freno.

El coche daba sacudidas espasmódicas mientras Katara se debatía por "robarle el coche" a Suki. Entonces, de un zarandazo, Katara salió despedida de Suki y atravesó la ventanilla del conductor.

Al hallarse Suki momentáneamente libre de Katara, el coche aminoró la marcha y Suki creyó por un segundo que recuperaba el control. En el asiento trasero, las Mengs estaban encantadas con Suki y su decisión de largarse sin el profesor, pero les entusiasmaba menos tanto meneo. Suki siguió como si nada, adoptando al volante la posición "dos menos diez" que recomendaba el manual de conducir, y aceleró hacia la salida del aparcamiento.

Katara se recompuso también y atravesó el parabrisas para tomar las manos de Suki.

Ésta dio muchos volantazos a izquierda y a derecha. Las piernas de Katara atravesaron el capó, penetraron en el interior del coche y se embutieron en las piernas de Suki. Estaba pegada a Suki como un chicle a la suela de un zapato.

El coche volvió a zarandearse fuera de control y el movimiento arrojó a Katara contra el parabrisas, de cara a Suki, que, como ella, tenía los ojos desorbitados de miedo.

Katara, que nunca había estado tan cerca de su ídolo, estaba completamente fascinada, a pesar incluso de lo peligroso de las circunstancias.

—Lo siento, Suki—dijo con total sinceridad.

Suki, ajena a su presencia, apretaba los dientes y miraba hacia el frente, tratando de no golpearse con nada. Para entonces, las Mengs ya mostraban señales de evidente nerviosismo a la vez que eran zarandeadas de un extremo a otro del asiento trasero.

—Los accidentes en vehículos motorizados constituyen la primera causa de mortalidad entre los adolescentes—gimoteó con debilidad Meng Thomas.

—Según los estudios, se debe a que muchos adolescentes son incapaces de regular su conducta de alto riesgo porque el área del cerebro que controla los impulsos no alcanza su plena madurez hasta los veinticinco años…—balbuceó nerviosa Meng Anderson, impartiendo, cosa rara en ella, un párrafo memorizado de manera accidental de una de sus revistas.

Meng Thomas y Suki enmudecieron de asombro ante el "balbuceo" de Meng Anderson. Hasta Katara se quedó momentáneamente impresionada. El veloz zigzagueo del coche las devolvió a toda prisa a la realidad.

—Suki, no podrías bajar la velo…—.

Antes de que Meng Thomas pudiera formular su petición, Suki la calló.

—¡Agárrense bien, par de putas!—gritó Suki—¡Al menos esta es la manera más popular de morir!—.

Katara se sintió dolida.—Y eso que yo estaba segurita de que no moriría…—pensó bajando la cabeza.

Suki estaba actuando con la arrogancia y temeridad habituales, pero ni por asomo deseaba morir. No tenía ni la más remota idea de lo que estaba ocurriendo y necesitaba infundir confianza en la tropa hasta lograr detener el coche. Y eso tiene un nombre: liderazgo.

Y es que Suki también iba vestida para el liderazgo. Jamás olvidada enfundarse en su uniforme de animadora cuando asistía a Educación Vial. En una ocasión sorprendió al profesor mirándole de reojos sus, esto, pompones, y había llegado a la conclusión de que con cada gota de sudor pedófilo que emergía bajo sus cuatro pelos repeinados durante la clase, ella estaba más cerca de convertirse en la primera de su curso en sacarse el permiso para conducir.

Katara se embutió en Suki una vez más, torpe y agresiva, obligándola a pisar a fondo el freno.

El coche se detuvo con un chirrido y las chicas fueron propulsadas hacia delante y después hacia atrás. Katara salió despedida de Suki, de nuevo, esta vez de cabeza, contribuyendo a dotar a la expresión "atravesar el parabrisas" de un significado completamente nuevo.

—Espero por tu bien que eso no me haya dejado cicatriz—dijo Meng Anderson, que se desabrochó el cinturón y se subió la sudadera de animadora para, a continuación, examinarse el pecho en busca de alguna marca.

—Demasiado tarde—afirmó Katara al ver la cicatriz de un implante que asomaba bajo el sujetador de aro de Meng. Volvió a introducir la cabeza y los hombros en el vehículo mientras Meng se bajaba la sudadera.

Suki resopló y trato de restarle importancia a la situación.

—Son los zapatos, con lo caros que me han costado no me extraña que tengan vida propia—dijo volviéndose hacia el asiento trasero y refiriéndose a sus Nike iD.

Las Mengs, tiesas como ranas en formol, rieron ante la broma de Suki con grandes carcajadas serviles mientras el coche se aproximaba a la garita del Drive-In.

—Tendría que incluirse una advertencia: No manipule maquinaria pesada mientras intenta una posesión—afirmó frustrada Katara. Convencida de que a la tercera va la vencida, se encaramó a la ventanilla del acompañante, como si fuera el Hombre Araña, e intentó meterse dentro de Suki una vez más, lo que provocó que el coche se abalanzara hacia la ventanilla dispensadora.

—¿Qué pasa contigo?—preguntó Meng Anderson, incapaz de obviar ya el extraño comportamiento de Suki.

—No…lo…se—contestó Suki, francamente confusa por su forma de actuar.

—Yo sí—anuncio Meng Thomas con cierta malicia—He oído al entrenador Tei decir que si Aang no consigue, como mínimo, un aprobado en el examen de Física, no le dejará ir al Baile de Otoño—.

Al escuchar la noticia, Katara sintió que caía en picada. Tras permanecer en suspenso un segundo, sufrió un ataque de pánico.

—¡No!—gritó Katara, mientras trataba de introducirse en Suki a la fuerza. El coche salió disparado una vez más, derribando el cartel del menú de oferta y cuanto halló a su paso.

Iniciaron entonces una aterradora y espeluznante carrera de obstáculos, en la que coche atravesó marcha atrás el aparcamiento del instituto completamente fuera de control. El último y desesperado intento de Katara por llevar a cabo la posesión se asemejó a un insólito combate femenino de Ultimate Fighting, con los brazos, hombros, rodillas y pies —visibles e invisibles— de Katara y Suki volando en todas direcciones.

Mientras se precipitaban marcha atrás de regreso al instituto, la banda de música practicaba a la entrada su arreglo de The Beautiful People de Marilyn Manson, eso es, claro está, hasta que el coche atravesó a toda velocidad la verja metálica y cruzó chirriando el campo de prácticas, dispersó a la banda y se estampó contra el mástil de la bandera, dejando en la hierba la rodada más impresionante de la historia. Una tuba que había sido despedida de las manos de su dueño fue a estrellarse contra el capó.

—¿Qué narices es esto?—preguntó Suki completamente asqueada.

—Creo que es una…una…tuba—repuso Meng Anderson, respirando agitadamente.

—¡Esas cosas están llenas de saliva!—gritó Suki, señalando con asco el instrumento sobre el capó—¡Los músicos de la banda escupen saliva!—.

Restablecidas sus prioridades, las tres se apresuraron a abandonar el coche como si estuviera en llamas. Extrajeron la ropa de deporte de sus respectivas bolsas, y envolviéndose la mano en varias prendas, accionaron la manecilla de sus respectivas puertas para salir. De haber sido por ellas, hubiese sido de esperar que se presentara un grupo de tíos enfundados en trajes especiales y cargados de tanques de jabón antiséptico, a fin de exterminar todo organismo viviente posado en ellas.

Katara se quedó allí sentada, en el coche abollado y recalentado, completamente decepcionada. No tanto por lo que había conseguido sino más bien por todo lo contrario. Mientras la abollada tuba se mecía sobre el capó y las chicas salían como podían, el sistema de megafonía del instituto anunció:

—Suki Bei Fong, a la dirección, por favor—.


—Eh, ¡Aang!—lo llamó su amigo Sokka, corriendo hacia él.

Aang lo miró con una sonrisa.

—¿Qué onda contigo, Sokka? ¿Qué sucedió?—rió.

Sokka lo miró sonriendo: —¿No escuchaste el chisme? Suki fue a la dirección, reprobó Educación Vial—.

—¿Enserio?—preguntó Aang curioso.

—Pero eso no es todo: Chocó el auto del profesor Kueng con el mástil de la bandera, atravesaron la verja metálica de la banda de música, ¡destrozaron todo!—exclamó Sokka riendo. Aang negó con la cabeza.

—Sólo Suki haría eso—sonrió.


¡Hoooolap! ¿Qué tal? ¿Les gustó? Jijijiji.

Bueno, si no se rieron con la parte en que Toph se burla de las Mengs, ¿con qué lo harían? xD

Y si se sorprendieron con las groserías y la maldad que tiene Suki... prepárense, porque esta Suki no es normal...

Ñiah, ¡nos leemos!

Nie~

P.D: *Anuncio* El capítulo 12 será puro Aang, ¿okis? ¡Aguante, lectores! *ríe y tose*