La saga Ghostgirl es de Tonya Hurley y ATLA de Mike y Bryan. Lástima que no me pertenezcan.

Notitaaaa x3: ¡Lo prometido es deuda después de un año! khadfkjafhksjdflksgkljsfdlj !al fin harán la posesión y espero les guste! En menos de 3 semanas, les traigo el cap 12, con suerte c:

¡Disfruten…!


Capítulo 11. |Entrelazadas

Nada en el mundo es uno.

Por una ley divina todas las cosas

se encuentran y funden en un mismo espíritu.

¿Por qué no yo con el tuyo?

Percy Bysshe Shelley

—¡¿Qué quieres hacer qué?!—Toph, atónita, escupió una cucharada entera de sopa de guisantes sobre la mesa de la cafetería. No podía creer lo que acababa de escuchar.

Katara dio un respingo, cerró los ojos como si fuera a alcanzarla la ráfaga de sopa y sonrió por un segundo ente el momento exorcista.

Piccolo Yue observaba el tête a tête desde la mesa muerta, sintiéndose algo excluida.

—Entonces, ¿qué te parece?—preguntó Katara de nuevo, examinándose la ropa en busca de restos de sopa que limpiarse y esperando obtener esta vez una respuesta algo más favorable.

—Me parece que te has vuelto totalmente loca y que ahora pretendes utilizarme—dijo Toph sarcástica.

—Siento no haberme presentado antes. Andaba metida en otro asunto—contestó Katara.

—¿Metida en otro asunto o en otra persona?—puntualizó Toph. Ouch.

—Yo también tengo mi vida… O sea, bueno, ya sabes lo que quiero decir—repuso Katara a la defensiva, con las manos en alto.

—¿Y qué gano yo con esto?—Toph alzó una ceja.

—Bueno, ¿es que nunca has querido ser invisible?—preguntó Katara.

—Todos los días—suspiró Toph.

—Pues mira, ahí lo tienes, ésta es tu oportunidad—insistió Katara.

Una sonrisa surcó el rostro de Toph de oreja a oreja, mientras Katara la cogía de la mano y la sacaba de la cafetería.

—Espera, ¿a dónde vamos? Todavía tengo hambre—dijo Toph mientras Katara tiraba de ella.

—Mm, ¿y no prefieres comer en la sala de profesores?—dijo Katara, insinuando un mar de posibilidades a una Toph que ya le picaba la curiosidad.

Mientras buscaban una sala desierta, prosiguieron con su conversación. A los estudiantes con los que se cruzaron por el pasillo les pareció que Toph hablaba sola.

Como si a ella le importara algo. Era una de las cosas que más le gustaban de ella a Katara. Esa desfachatez en público, que exhibía como una condecoración, era algo que sin lugar a dudas compartía con su hermana, aunque de manera muy distinta.

Suki era una reina; Toph una campesina. Una buscaba el placer de sentirse idolatrada; la otra, el de sentirse ignorada. Katara no era ni una cosa ni la otra: ni tan estupenda como para que la adoraran ni tan descarada como para que la odiasen.

Las chicas encontraron una sala vacía al fondo del pasillo. Katara entró primero para comprobar que no había ningún estudiante escondido en alguna esquina y luego hizo una señal a Toph para indicarle que no había moros en la costa. Ésta entró y cerró la puerta. Las luces estaban apagadas y la única fuente de luz emanaba de las soluciones químicas fluorescentes que burbujeaban azules, rojas y violetas en el interior de vasos de precipitados colocados sobre mecheros Bunsen. Un sitio alucinante para tumbarse en el suelo a desconectarse, con el iPod a todo volumen, pero en las circunstancias actuales resultaba escalofriante.

Ambas eran conscientes de que estaban a punto de intentar algo que nadie había hecho antes. Algo más allá de lo desconocido; más allá de la vida y de la muerte –coma en este caso-. Ninguna sabía con certeza qué iba a ocurrir o cómo acabaría la cosa para ellas, pero estaban dispuestas a intentarlo porque, bueno, porque podían.

—¿Cuánto dura una sesión de posesión?—preguntó Toph.

—Lo que quieras—la tranquilizó Katara, con tono maternal.

—Pues brindemos por que haya buena química, entonces—bromeó Toph, ocultando su nerviosismo, mientras Katara consultaba en su libro por última vez el conjuro de posesión.

—El libro dice que sólo hay que hacer el ritual al comienzo de cada sesión—explicó Katara—. Luego, podremos intercambiarnos a nuestro antojo.

Toph estaba dispuesta, pero inquieta.

—No te preocupes—dijo Katara—. Me encargué de todo. Ya vi que te apuntaste como la tutora de Física de Sokka, pero también te apunté, bueno, me apunté para enseñarle a Aang. Va a reunirse conmigo en el campo de fútbol para su clase particular—continuó Katara con la precisión de una planeadísima operación encubierta del FBI.

—Espero que funcione porque…—Toph dejó la frase en suspenso, reacia a añadir cualquier descripción de lo que podría suceder—…no tengo ni idea de Física.

—Una vez esté dentro de ti, la tendrás—la animó Katara—. Confía en mí.

Pero las compuertas de la imaginación de Toph se abrieron de todas formas. No quería ni pensar en la posibilidad de quedar atrapada en otra dimensión, perdida para siempre.

Quizá acabara sumida en un estado de narcolepsia, consciente de su situación pero incapaz de comunicarse. Una suerte de infierno donde nadie pudiese oírla y donde ella no pudiese morir ni vivir del todo, atascada por así decirlo entre ambos estados. Tal vez quedara atrapada para la eternidad. Y eso era mucho, mucho tiempo.

—Todavía no entiendo por qué razón quieres que Aang apruebe—Toph hizo la pregunta en parte para ganar tiempo y en parte para satisfacer su curiosidad. Sé que para ir al baile ese, pero el silencio me atormenta. Y quiero ver qué dice, pensó.

—Mi asunto pendiente es ayudar a Aang. Es lo que estaba a punto de hacer antes de caer en… ya sabes, coma—dijo Katara con franqueza, a sabiendas de que con Toph no podía andarse uno con tonterías y era necesario tomar todas las precauciones necesarias para no hacer sonar alarmas.

—¿Darles clases de Física a un chico es tu gran asunto pendiente? Sé que quieres ir al baile con él, pero, ¿enserio? Desesperación en on—Toph rodó los ojos con recelo.

—Mira, no quiero pelear contigo, pero aunque en eso tienes razón, sólo… empecemos, ¿sí?—suspiró Katara a la vez que colocaba su Guía del Muerto Perfecto sobre la mesa del laboratorio a fin de poder leer y mirar a Toph—. Estoy segura que funcionará.

—Me alegro de que estés tan segura… Mi cuerpo va en camino al campo de fútbol para darle clases a un chico popular—dijo Toph con sarcasmo.

—Nadie te va a ver, te lo aseguro—sonrió Katara. Tomó a Toph de los hombros y empezó a situarlos en línea con los suyos—. Nuestros corazones deben estar perfectamente alineados—concluyó consultando su libro y moviendo a Toph tan delicadamente como podía.

—Ahórrame los detalles—aconsejó Toph, a quien la idea de que revolvieran su corazón palpitante rebosante de sangre la hizo encogerse.

—Vamos, Toph, además, ¿no dicen que la primera vez no se olvida?—preguntó Katara, tratando de aligerar la tensión del ambiente.

—Sí, pero porque siempre es la más grotesca y horrible—contestó Toph.

—No tenemos que hacer nada que no quieras, y podemos parar cuando digas—aseguró Katara, tratando de que Toph se relajara y no se sintiera atrapada y sin ningún control sobre la situación.

—No hay nada más punk que una posesión—sonrió Toph, haciéndole una señal a Katara para que iniciara el ritual.

—¿Estás lista?—preguntó Katara, y cuando Toph asintió, empezó a leer su Guía del Muerto Perfecto en voz alta.

Con su silueta recortándose contra los vasos de precipitados de colores, Katara leyó el conjuro: —Tú y yo, nuestras almas son tres

Toph respiró hondo y miró a Katara a los ojos, observando unos apagados ojos azules, mientras se agarraban fuertemente las manos, sacando fuerzas y valor la una de la otra.

Yo y tú, nuestras almas son dos…—siguió Katara a la vez que sus pálidas manos empezaban a fundirse en las de Toph como cera caliente.

Estaban atónitas por lo que estaba sucediendo ante sus ojos. Sus cuerpos continuaron fundiéndose en una suerte de ósmosis ultramundana, de los pies al torso.

Somos yo…—proseguía Katara, encajando su corazón en el de Toph al tiempo que desaparecía en el cuerpo de ésta.

A los ojos de Toph se asomaban periódicamente, como una serie de sinapsis fallidas, retazos de Katara en el interior de su cuerpo.

—…dentro de ti—terminó Katara a la vez que hacía girar sus ojos azules y éstos desaparecían en lo más hondo de Toph.

Los ojos de Toph aparecían ausentes. Dos azules reemplazaban ahora el bonito color esmeralda en el interior de sus órbitas.

Un segundo después el alma translucida de Toph abandonó su propio cuerpo, cediéndoselo a Katara por completo. Los ojos de Toph reaparecieron, aunque con un brillo muy distinto. Su lenguaje corporal reflejaba ahora la personalidad de Katara, y no la suya.

Consciente que la posesión había sido un éxito, Katara respiró hondo y se palpó su nuevo cuerpo, Toph ascendió flotando hasta el techo, donde se demoró momentáneamente, miró hacia abajo y vio a Katara pasando las manos por todo su cuerpo.

—¡Oye, deja ya de manosearme!—chilló Toph, mientras su forma espectral empezaba a atravesar con facilidad los paneles blancos del techo.

—Perdón…—susurró Katara de forma distraída en el momento en que Toph atravesaba del todo el techo y dejaba de oírla—Es que me siento tan… viva… de nuevo.

Katara abrió la puerta del laboratorio de química y salió al pasillo con cautela. Estaba encantada de estar "viva" otra vez, y se notaba. El gesto malhumorado tan propio de

Toph aparecía ahora atenuado, transformado en una amplia sonrisa de esperanza más parecida a la de Katara, y los estudiantes la miraban dos veces mientras ella se dedicaba a repartir besos a diestro y siniestro, saludando a completos extraños con una vehemencia inusitada. Pero la metamorfosis no solo se plasmaba en su actitud; bajo el control de Katara, el cuerpo de Toph también había empezado a adoptar un aspecto y una forma de moverse diferentes. Su postura se volvió más erguida, sus andares menos cansinos, hasta su comportamiento –Por el amor de los Espíritus- se tornó más femenino.

A Katara le maravilló comprobar que era mucho más fácil alojarse en Toph que en Suki. Recordó la charla de Iroh y la importancia de una buena disposición en todo el proceso de posesión, y se lo agradeció en silencio.

Él lo sabe todo, pensó, mientras acariciaba con los dedos de Toph las paredes de bloque de hormigón pintado.

Palpó cada grieta y cada desconchón como una ciega leyendo Braille, embebiéndose de la sensación de la que había sido privada durante lo que se le antojaba una eternidad.

A pesar de la segunda oportunidad que tan generosamente le proporcionaba Toph, Katara no estaba del todo convencida de su plan. Al fin y al cabo, la posesión de Toph era el Plan B. Aquellos no eran el cuerpo, el pelo, la ropa, el aspecto que Katara buscaba y menos aún eran los rasgos que la mayoría de chicos, y por descontado el más popular del colegio, encontrasen agradables, por emplear un calificativo amable. Además, la posesión era temporal y –consideraciones morales aparte– no iba a ser nada fácil conseguir que un chico dejara a su novia de revista para irse con su gótica hermana pequeña.

Con todo, su hermano Sokka había acudido al rescate de Toph en el incidente de la ducha, recordó. Y eso ya era algo para empezar, pues la mirada de Sokka se iluminaba. No es que Toph tenga mal físico… Pero, de vuelta al punto de partida, Katara empezó a sentir cierto sentimiento de gratitud. ¿Quién era ella, después de todo, para criticar el atractivo de Toph en modo alguno? Ah sí, ella era la estúpida niña rara que se había asfixiado con una golosina, según Suki.

Katara siguió avanzando por el pasillo, como si fuera el alma de la fiesta, dejando a su paso rostros atónitos y confundidos mientras se dirigía a las puertas traseras y de ahí al campo de fútbol.


Entre tanto, Toph también se divertía. Tras atravesar el techo flotando y acceder con sorprendente facilidad al angosto espacio inmediatamente superior, vagó sin rumbo durante un rato hasta que escuchó retumbar la pedante voz de su arrogante profesor de Literatura en el aula de abajo.

El profesor Li Nao parecía estar más interesado en humillar que en enseñar a los estudiantes, y con muchas ínfulas escribía cada tema en la pizarra como si estuviera dispensando los Diez Mandamientos. Toph no podía dejar pasar la oportunidad de fastidiarle, aunque sólo fuera un poquito.

—Hoy—empezó el profesor Li Nao—. Vamos a comparar a «T-r-u-m-a-n C-a-p-o-te» con «H-o-m-e-r-o»—se cuidaba mucho de no hablar más deprisa de lo que escribía, lo que resultaba tremendamente irritante.

Cuando se volvió hacia la clase para iniciar el debate, Toph modificó los nombres para que pudiera leerse «Truman Cipote» y «Homo». La clase estalló en carcajadas, y Li Nao se quedó allí plantado, totalmente humillado y más que confundido.

A continuación, Toph atravesó una pared y se coló en la clase de Salud Personal continua, donde dos cabezas de chorlito jugadores de fútbol, Nio y Jamp, se burlaban de Munnie, una chica tímida e indefensa que se sentaba junto a ellos. Toph garabateó febrilmente una nota en un pedazo de papel y se lo embutió a Nio en la mano, a todas luces a la vista de la profesora.

La profesora arrancó la nota de los dedos gordos como salchichas de Nio y procedió a leerla en alto a toda la clase.

Jamp, me encanta meter…—leyó la profesora Mi Nali, pero hizo una pausa, reacia a continuar.

—En esta clase siempre hemos seguido la política de "si pasas una nota y te pillan, se lee en alto a toda la clase"—le recordó Munnie con aplomo, convencida de que la nota era asquerosa, con su doble sentido bien marcado.

Incapaz de rebatir el argumento de Munnie, la profesora Mi Nali prosiguió:

Me encanta meter las manos entre tus piernas robustas, calientes y sudorosas cuando me entregas la pelota. Luego saboreo tu olor en mis manos hasta el momento en que volvamos a encontrarnos. Nos vemos esta noche después del entrenamiento. Con cariño, tu colega, Nio—continuó.

—¡Y una mierda!—exclamó Nio, asqueado, a la vez que Jamp se apartaba de su amiguete lo más anatómicamente posible.

—Quizás les interese ahondar en el tema «La represión del impulso homosexual entre atletas de instituto» para el trabajo de clase, ¿qué les parece? –preguntó la profesora, mientras los asombrados compañeros de clase volvían la cabezas con brusquedad y lanzaban miradas acusatorias a los sonrojados colegas, que se encogieron lentamente detrás de los pupitres.

—Sal, sal de donde estés—la voz de Munnie resonó en el incomodo silencio, acentuando la humillación más que merecida de los chicos. Toph rió de satisfacción, le sonrió a Munnie (no le importó que no la mirara) y se puso en marcha.

Entonces puso rumbo a los servicios, la siguiente parada en su sedienta ruta de venganza. Sobre la encimera del lavado reposaba un café, que obviamente pertenecía a la chica que ocupaba los retretes. Toph se asomó por debajo de la puerta y se encontró con que la chica era la misma que siempre la elegía como última en clase de Gimnasia.

Toph se dirigió con toda calma al retrete continuo, que estaba desocupado, y cogió un pelo púbico del asiento del retrete. Se acercó hasta el café de la chica y lo dejó caer dentro.


Era un día perfecto para el entrenamiento de fútbol: fresco y seco. El sol vespertino se preparaba para ocultarse, mientras los pitidos del entrenador cabalgaban sobre la brisa helada que soplaba sobre los oídos de los jugadores y sembraba el campo de hojas carmesís. Había grupos de chicos por todas las esquinas del complejo haciendo ejercicios de calentamiento y estiramientos, e incluso había algunos casos perdidos que daban vueltas de castigo al campo en lugar de quedarse dentro.

Katara recorrió la parte exterior de la pista de atletismo y encontró un tranquilo rincón debajo de una grada apartada, extendió la manta a cuadros que había embutido en la mochila de Toph y esperó a que se presentase Aang. Obsesionada, le dio una y mil vueltas a cómo colocar la manta, como si fuera una adicta al sol buscando el mejor ángulo para ponerse morena, lo que resultaba irónico, porque a la piel de porcelana de Toph no parecía que le hubiese dado el sol en años.

Finalmente decidió dejar la manta como cayera, y resultó ser la decisión correcta, porque fue a posarse sobre un mar de alegres flores silvestres que crecían a su antojo en la sombra, como una islita perfecta de lana y flores que aguardaban pacientemente a que una pareja naufragara en ella. Katara se acomodó muy despacio sobre las rodillas en el momento mismo en que Aang bajaba por las gradas que se cernían sobre ella.

Estiró el brazo a través del hueco y le agarró la pierna.

—¿Pero qué…?—gritó Aang, apartando sobresaltado la pierna de un tirón.

Bajó la vista, vio que era la mano de Toph que le agarraba del tobillo y se relajó.

—Vaya Toph, casi me matas del susto—dijo, a la vez que saltaba al suelo y se agachaba para meterse bajo las gradas.

—Vaya, no se me había ocurrido—dijo Katara, casi hablando para sí.

—¿Cómo?—contestó Aang sin prestar demasiada atención.

—Bueno, pues eso… que entonces, esto… no tendrías que hacer el examen de Física—improvisó Katara—. No es más que una pequeña broma privada mía—remató, ansiosa por cambiar de tema—. De todas maneras, perdona por lo de la pierna. Pensaba que a lo mejor no me veías—añadió en un intento de comenzar desde cero.

—Sí te veo Toph, pero me asustaste…—comenzó Aang, sin saber cómo iba nadie a no fijarse en Toph; llamaba tanto la atención.

—Empecemos entonces—señaló Katara, adoptando un aire muy profesional—. Yo seré tu tutora de Física.

—Mentira, ¿enserio?—dijo Aang, luego prosiguió cuando vio a Katara asentir—. ¿No eras la tutora de Sokka?—preguntó.

¿Tutora? ¡Toph se pasó! —Bueno… sí, pero… ya que Katara—le resultó difícil llamarse a sí misma, por lo que tosió un poco—. Tú sabes… está en coma… Yo también seré tu tutora.

—¡De acuerdo!—dijo Aang, convencido de que su nueva amiga estaba un poco loca.

—Bueno, quiero decir… necesitaba ese crédito extra y tú eras el primer nombre en la lista. Me apunte antes incluso de leer tu nombre, y luego me di cuenta de que había firmado con un bolígrafo, así que…—dijo Katara, advirtiendo que no dejaba de tartamudear.

—Toph, yo sé, Sokka me dijo que te habías inscrito para ser su tutora, ¿Qué tal si empezamos desde el principio y empezamos?—preguntó Aang educadamente. La agarro de los brazos y, aplicando una levísima presión, la obligó a sentarse en la manta. La suavidad y firmeza del gesto dejaron a Katara completamente atontada.

Aang se dejo caer después que ella. —Bonita manta. Creía que te traerías una toalla negra—dijo Aang, riendo un poco.

Katara, que al principio no estaba muy segura de a qué se refería, acabó por coger la indirecta.

Ah… ya que Toph es gótica… Luego rió un poco. Bueno Toph, esta te la agradezco.

Aang se rió de su chiste de la toalla un instante, se puso cómodo y abrió su libro.

—¡Empecemos!—dijo Katara tratando de ocultar su emoción.

—Seguro que piensas que soy un idiota perdido—dijo, demostrando que a pesar de ser amado en Hawthorne, por ser el mejor con el deporte, esa matería lo dejaba un poco atontado.

—Qué va—se apiadó Katara.

—Es como raro que me dé clases la hermana pequeña de mi novia—dijo mientras miraba de reojo entre los huecos de las gradas a Suki, vestida de animadora, que se preparaba para las pruebas haciendo estiramientos en el césped—. ¿Qué te parece si mantenemos esto en secreto, ya sabes, sólo entre tú y yo?—preguntó, temiendo porque Suki se enterara y le hiciera algo malo a su amiga Toph.

—Tranquilo, no lo sabrá nadie—dijo ella dejando una puerta abierta a, bueno, a que se cumplieran sus sueños más salvajes.

Después de eso, Katara y Aang empezaron con la tutoría. Por mucho que le impresionara Aang, Katara empezó la clase con soltura y seriedad. Se jugaba el Baile de Otoño, y no iba a dejar que nada se interpusiera entre ella y el premio, nada, ni siquiera sus sentimientos. Ni el coma.

Toph está muy rara… ¿será que algo le picó? ¿Siquiera sabe Física? ¿Dónde está Sokka…?—pensaba Aang, mirando de reojo la sonrisa de Toph/Katara.

—Oye, Aang… podemos parar por hoy, se ve que entendiste bien—le dijo Katara, viendo en el teléfono de Toph la hora y había pasado como media hora.

—Eh… sí—Aang comenzó a guardar el libro, pero se detuvo—. Toph, ¿enserio estás bien? Me estás preocupando.

—¡Estoy mejor que nunca…!—no, Katara, demasiado entusiasmo—. Digo, estoy bien…—se entretuvo mirando a sus alrededores a pesar de la ceja alzada de Aang. Buscaba una prueba de que era Toph. Una palabra, un apodo…

¡Un apodo! ¡Había escuchado cómo Toph llamó a Aang cuando publicó su dedicatoria (que había leído y le encantó)*. ¡Pies Ligeros!

Katara tosió un poco, y trató de sonar lo más Toph posible: —Estoy bien, Pies Ligeros. Nada malo pasa.

Sí funcionó, porque Aang sonrió. —Ese apodo, Toph, ¿enserio?—se rió.

Ella también rió: —Sí.


Mientras tanto…

Toph iba de un lado a otro, divirtiéndose como nunca siendo fantasma. Pasaba desapercibida y le gastaba bromas a los bravucones. ¡Ser fantasma es genial!

Pero se detuvo en seco. Sokka revisaba su casillero suspirando, un poco derrotado.

Ella se acercó a él, y revisó con la mirada su casillero, buscando lo que haya provocado su estado de ánimo. Al no encontrar nada, miró de nuevo al chico moreno.

Sokka volvió a suspirar, y se detuvo en seco en frente de Toph. Ella apretó los labios asustada. ¿Me puede ver?

—¿Katara?—preguntó él en voz baja, sintiendo una presencia extraña que le erizaba la piel.

Toph tragó saliva.

—Estoy volviéndome loco…

Absolutamente. Pero descuida, yo soy un fantasma ahora mismo, y tu hermana tiene mi cuerpo. No te preocupes.

—Mejor me voy a buscar a Toph…

¡Mierda!

Toph voló hacia el campo de fútbol, buscando a Katara.


—Oye Toph… tengo que decirte algo… y es sobre tu hermana…—le dijo Aang a Katara, quien lo miró sorprendida.

—Dime—ella lo miró, imitando lo mejor que pudo la mirada indiferente de la dueña del cuerpo en el que estaba.

¡Qué nervios! ¿Me dirá que ya no la ama, tal vez?

—Yo… no amo a Suki—adiviné—. Bueno, nunca la amé, es que… cuando mis padres… murieron… me consoló tu hermana y me pareció atractiva y me gustó. Le pedí el noviazgo y bueno… me tomó mucho tiempo aceptar que ella no era lo que creí—suspiró él.

Oh vaya… ¿sus padres murieron?

—Lamento lo de tus padres, Pies Ligeros. Y de Suki… no lo lamento, sinceramente… pensé que jamás lo dirías—rió Katara, y se felicitó a sí misma por tan buena imitación de Toph.

Aang rió con ella: —Tienes razón. ¿Crees que sea buena idea, ya sabes… terminar con ella?

—Corre, tigre. Pero la conoces, armará un escándalo porque "nadie termina con Suki Bei Fong"—me estoy pareciendo demasiado a Toph, ¡las palabras me salen solas! ¿Dónde está Toph? Katara miró a todos lados verificando si Toph estaba por ahí.

—¿A quién buscas?

Katara se giró a él negando con la mano, ignorando eso: —Oh, a nadie… es que… oye, Aang, supiste lo de Katara, ¿verdad?—preguntó ella, tratando de ver si él se preocupaba por ella.

Aang la miró confundido: —Sokka nos lo dijo, Toph. ¿Acaso se te olvidó? La visité ayer…

—Creo que tanta Física me afecta—rió Katara, y contagiando al chico de la risa, ella giró la cabeza hacia otro lado, maldiciéndose por no hablar tanto de eso con Toph.

De pronto, Katara divisó a su hermano corriendo hacia ellos, y Katara se percató de la mirada escéptica de Toph arriba de ellos. Katara tragó en seco, pero detrás de ellos vio a las porristas. Tomó aire y se levantó.

—Espérame aquí, Piececitos. Debo hacer algo con mi hermanita—ella se dirigió hacia el campo, ignorando la mirada temerosa de Toph.

Llegó al campo y todas las porristas la miraron con asco. Se sintió mal e intimidada por las miradas –en especial la de Suki–, pero recordó que el cuerpo era de la chica gótica. Tomó aire y cogió un par de bastones, pero no pudo hacer lo que planeaba, pues, Toph se estampó en ella, arrebatándole su cuerpo, para soltar los bastones.

Toph, ya en su cuerpo, tomó aire y –aprovechando que había escuchado la conversación de Katara y Aang– gritó:

—¡Aang quiere terminar contigo por puta!

Katara, en el suelo, se tapó la boca horrorizada y miró a Aang, quien estaba anonadado, pero Sokka estaba riéndose.

—¿Qué dices, sanguijuela?—espetó Suki, sintiéndose humillada, por su hermana, otra vez. Tomó con rabia un megáfono y le bramó a Toph:

—¡Dame una M!

¡M!

—¡Dame una I!

¡I!

—¡Una E!

¡E!

—¡Una R!

¡R!

—¡Unaaaa D!

¡D!

—¡Y con una A qué diceee? ¡Púdrete maldita gótica! ¡Me-importa-una-MIERDA!

Toph rodó los ojos fastidiada, tomó aire y aplaudió, gritando:

—¡Si me das una P-U-T-A ¿qué diceeeee?!—aplaudió y giró en sí misma, sonriendo con falsedad—. ¡Putaaaaaaaaaaaaaa!

Suki echaba humo por las orejas. Pero cuando ve a Sokka y Aang en camino hacia ellas, suspiró y puso la mejor cara de ofendida.

—¡Mi amoooorrrr! ¡Mi envidiosa hermanita menor es una mitómana*! ¡Cree que tu ya no me quieres!—Suki se abrazó a Aang, con carita de perrito. Katara suspiró entristecida, pero Toph la miró, y con un ademán de cabeza, la obligó a colocarse a su lado.

Katara se puso a su lado, temerosa.

—Mi amiga Toph no es ninguna mitómana, Suki. Dice la verdad—Aang tomó a Suki de los hombros y la separó de él, mirándola seriamente—. Estoy cansado de tus groserías y como tratas a la gente como si fuesen tus súbditos. No me gusta eso de ti, además, jamás te amé, sólo me pareciste atractiva.

—¿Es por la muerta, verdad?—murmuró Suki con recelo.

En eso, Sokka apartó a Aang enojado y se enfrentó a Suki.

—¡No hables así de mi hermana, puta! ¡Podrás ser popular, atractiva y todo eso, pero no dejarás de ser puta y no te permito que le digas muerta a mi hermana!—bramó, furioso—. Sólo porque en el prostíbulo no te respeten, no significa que no respetes a los demás.

Toph rompió en carcajadas y Katara se tapó la boca impresionada. Humillaron a Suki. En eso, Katara dejó de admirar tanto a Suki, para admirar más a su hermano.

—Toph.

La susodicha miró a su hermana, dejando de reír.

—¿Qué?

—Ustedes no saben que Toph tiene un peluche de tejón en su camita y aún duerme con él, ¡¿verdad?!—gritó Suki, queriendo avergonzar a Toph.

Toph se sonrojó y crujió los dientes, tronando sus nudillos.

—Ella podrá seguir durmiendo con su peluche, Suki, pero por los menos, ¡no se acuesta con toda la escuela!—la defendió Sokka, y Toph se sonrojó más.

Suki gruñó y las Mengs –quienes tragaron saliva por la tensión de que humillaron a su reina– retrocedieron dos pasos lejos de Suki.

—Y tampoco quiero saber nada de ti, ¿entendido? Perdóname Aang, pero ella te engañaba conmigo…—dijo Sokka.

—Ya no importa—sonrió Aang.

Suki se fue del campo con las Mengs pisándole los talones. Toph rió.

Katara sonrió y suspiró viendo la carita de Aang. Le jaló la manga de la camisa a Toph susurrándole en el oído:

—Debo irme—susurró, apenada—. Pero gracias, lo disfruté mucho.

Toph le sonrió y le guiñó el ojo: —Yo también, deberíamos repetirlo.

—¿A quién le hablas, Toph?—le preguntó Aang a ella.

Pero Katara ya se había ido. Toph rió negando.

—Oye, Toph, gracias por la lección de Física—le agradeció Aang.

—¡Ella es mi tutora, no la tuya!

Mierda.


1*: mi corto de esta historia se llama La dedicatoria de Toph. Trata sobre la dedicatoria en el periódico escolar que Toph tenía que escribir sobre Kat :3

2*: Mitómana significa, según las wikis y yo, persona que dice muchas mentiras y de tantas que dice, comienza a creérselas. En resumen, obsesión a las mentiras.

¡AL FINNNNNNNNNN!3

Lo hice bien larguito para uds :3 ¡espero que les haya gustado y que la espera haya valido la pena! Se cumplió un año de la última actualización, qué pena :s (mejor no me preocupo mucho, Nefi está peor que yo xD)

Ya tengo tres caps más, ¡muy pronto! El próximo cap, pov de Aang :3

¡¿Y NO AMAN EL LIBRO 3 DE KORRA?! Espero saber quién infiernos es el papi de Lin y Suyin e.e

¡Mata-ne! Nie~