La saga Ghostgirl es de Tonya Hurley y ATLA de Mike y Bryan. Lástima que no me pertenezcan.

¡Yeah, baby! ¡Éste es el cap 12 y sólo faltan 13 capítulos más! (24 y el epílogo) ¡Sé que lo lograré! ¡Por eso con mucha coca-cola y música pude continuar esto! :3

Como lo prometí, un cap de sólo Aang. Aquí habla de su vida, lo que ha pasado, a explicar lo que sabía de Katara, y sus sentimientos acerca de su "coma". Obviamente lo cree yo, pero hay caps del libro en donde también tiene más participación.

¡Disfruten!


Capítulo 12. |I wanna meet you.

Eres una estrella y el cielo es el límite, y yo estaré a tu lado.

Invisible, Big Time Rush.

Toda mi vida he sido un chico… un tanto solitario. No me quejo de ello, pero lo era desde los 12 años. Sé que no es toda mi vida, pero es una forma de empezar con esto.

Crecí en un ambiente pacífico, con mi tio Gyatso, un monje tranquilo que se mudó a mi casa para cuidarme mientras mis padres se iban a trabajar. Él es como mi padre. Bueno, lo digo porque desde que tuve 2 años, mis padres viajaban mucho y justo ahí, ya que a mis 2 años no diferenciaba mucho a mi papá con tio Gyatso, lo vi más como un padre. Pero también lo es. Me crió, cuidó, protegió, enseñó, y amó como un padre, y estoy más que agradecido por eso.

Desafortunadamente, a mis 5 años, mis padres murieron en un accidente de avión. No me dijeron nada hasta que tuve 11, y lloré, pero muy poco. Pues, ellos nunca estuvieron tan pendientes de mí ni yo de ellos. Pero los amaba. Cuando entré al kínder, conocí a mi mejor amigo Sokka, y desde ese momento, el moreno amante de la carne y carismático, formó parte de mi vida.

A los 12, me volví un chico solitario, como antes mencioné. Me fascinaba el arte, la lectura y no socializaba mucho. Si era muy amigable y conseguir amigos me era muy fácil (tenía muchos amigos en mi club de lectura), pero como dije: no socializaba mucho. Me la pasaba leyendo o dibujando en los recreos.

Gyatso siempre me regalaba libros, blocs de dibujo o pinceles nuevos. Amaba mi arte y yo siempre meditaba con él en las tardes o en el amanecer del domingo. Yo me tranquilizaba mucho a su lado, y cada vez que tenía un problema, meditar era la solución. Como decía él.

Cuando llegue a la secundaria, con 15 años, me convertí en un chico popular. No sé por qué empezó todo eso, pero fue más o menos así: cuando entré, buscaba mi casillero y todas las chicas me encerraron en un círculo y gritaron y chillaron mirándome. Me sentí atrapado pero en eso, una chica alta, de cabello rojizo vinotinto, mirada violeta y cuerpo pronunciado se me acercó y me tomó de la cara. Me sonrojé por la cercanía, pero ella me soltó sonriendo, me guiñó el ojo y se fue con todas esas chicas. Después vi pasar a una chica morena con otro chico del mismo tono de piel – ahí supe que era Sokka y de seguro su hermana–, y en eso tropieza y se caen sus libros, provocando que de inmediato su hermano la ayude. Quise intervenir y ayudar también, pero la chica de antes me jaló hacia un campo de fútbol. Se acercó a mí un entrenador y dijo "¡Tenemos al nuevo jugador de nuestro equipo!" todos vitorearon y yo sólo quería desaparecer de ahí para leer un libro.

Después de eso, me había convertido sin darme cuenta en el capitán del equipo de fútbol de la escuela Hawthorne High. Sokka y yo nos unimos estando todo el tiempo juntos, apoyándonos en todo momento. Nunca conocí a su hermana porque ésta era muy tímida, y cada vez que la quería saludar, huía lejos de mí. Desde ese entonces, por tanta popularidad a mi alrededor absorbiéndome, la olvidé.

Me hice novio de Suki Bei Fong, la chica que me había recibido de ojos violetas. Me parecía muy atractiva, y cuando me encontró llorando por mis padres, me consoló y nos abrazamos. Aproveché para pedirle el noviazgo, de paso agradeciéndole por escucharme.

Siempre pensé que sería dulce, tierna, amigable, humilde, bondadosa y de un gran corazón, pero eso era lo que yo creía que era. Resultó ser una chica fría de corazón, malvada, sucia de palabras, muy "abierta" a los hombres (así decía Sokka), nada amigable, muy seca, odiosa, petulante, y muy egoísta y sínica. Nunca me permitió terminarle, pues ella ya sabía cuando un chico le terminaría. Me di cuenta que era muy regalada (yo jamás insulto a las mujeres o hablo mal de ellas, pero soy muy honesto), y se preocupaba mucho por su físico y popularidad. Por eso nunca me dejó terminarle, porque decía: "Si me terminas, se arruina nuestra popularidad. Yo, como la capitana del equipo de porristas y tú como el capitán del equipo de fútbol, debemos estar juntos. Es parte de la ley de Popularidad recién inventada por mí"

Lo que más amaba Suki era hablar de ella misma. Y halagarse. Y que la halaguen. Y que la sigan. Y que la admiren. Yo sinceramente, me harté de eso hace mucho tiempo. Ya que no quería jugar con sus sentimientos ni hacerla sentir mal (eso era lo que yo creía que pasaría) traté de terminarle. Pero me llevé la sorpresa de que a ella no le importaba mi vida, sino la suya, y decía que "mi vida se arruinaría" si le terminaba. Cuando en realidad, no quería que le terminara porque si no, hablarían de ella de mala forma. Ella odiaba eso.

De cualquier forma, la ignoré como pude. Sokka me dijo que me trataba como marioneta, pero yo le dije que no me importaba, si eso la hacía feliz, porque a mi ya no me importaba nada que fuera sobre ella, y yo quisiera decirle todo lo que siento (como que nunca la amé, por ejemplo), pero cuando ella me rueda los ojos me pongo sentimental, y recuerdo que yo soy muy pasivo y tranquilo, por eso; la ignoro.

Cuando cumplí 18, me hicieron una fiesta más pequeña pero igual de estruendosa y exótica como Proyecto X. Me divertí, pero lo bueno fue que no era en mi casa, gracias a Dios. Después que bebí una cerveza y me dio sueño (eso fue una hora después de empezada la fiesta), me fui temprano con Sokka. Cuando desperté en la mañana, salió en las noticias el desastre de la loca fiesta. Suspiré y agradecí no haber estado ahí, a pesar de ser para mí la fiesta. Me gustó más la que fue en mi casa, con un pastel de vainilla, unos refrescos, mi tio Gyatso y Sokka con mis amigos del club de lectura.

Pero había algo que sucedió en inicios del nuevo año escolar que me dejó impactado.

Una chica se había ahogado.

Y ella era la hermana de Sokka, la chica tímida de preciosa tez morena.

Tuve al fin la oportunidad de conocerla cuando yo buscaba pareja para la tarea de Física. Cuando me amenazaron de que no iría al Baile de Otoño no me importó, lo que me preocupaba eran mis notas que por el fútbol no me dejaban mejorar. Pero obviamente, a Suki si le importó lo del baile. Normal.

Cuando le pedí a Katara (su nombre me cautivó) que fuera mi pareja, levantó la vista dejándome ver unos impresionantes ojos azules iguales a los de su hermano. Pero tenían un brillo al verme que me dejaba con ganas de tomarle una foto a esos ojitos y enmarcarlos en mi pared. ¡Eran preciosos! Lo horrible de ese día fue que ya nos los pude ver más.

Sokka llegó a mí entristecido, aclarando con su nueva amiga Toph que ella se había ahogado con un osito de goma, y que por tener la laringe tan débil, se le atoró, impidiéndole el paso del aire a los pulmones y produciendo un coma; hasta la operación.

El corazón se me cayó a los pies.

No podía creerlo. ¡Tan emocionado que estaba! Bueno sí, admito que no demostré mucho mi emoción, pero lo estaba. Estaba ansioso de compartir gustos en libros con ella, dibujar sus ojos, invitarla a mi club de lectura… ser su amigo.

Corrí a mi casa, recorté algunas flores de mi jardín y no dudé en ir a visitarla al hospital. La vi pálida, los labios resecos, el cabello seco y sin vida y sus párpados… cerrados. Suspiré y dejé el ramo de flores en la mesita, me senté enfrente de ella y le hablé. Mi tío Gyatso decía que es bueno hablar con los enfermos, porque en su estado de inconsciencia, su espíritu nos escucha y se tranquilizan.

Después de eso, dejé que la hermana de mi ahora ex -novia fuera mi tutora.

Toph Bei Fong, una chica gótica y amante de lo vintage que tenía unos fugaces ojos verde esmeralda. Yo la notaba cuando buscaba a Suki a su casa o la veía en los pasillos con sus audífonos. Tenía una personalidad no muy opuesta a su hermana: tosca, sarcástica, fría, brusca al hablar… pero tenía un corazón de oro. No necesitas conocerla mucho para saberlo. Cuando supo lo de Katara, sus ojos se apagaron y bajó la cabeza, maldiciéndose. Hasta comenzó a hablar de ella como si la hubiera conocido, y a todos nos encantó la dedicatoria que le hizo en el periódico escolar, ella tenía talento.

De paso, noté una cercanía con Sokka que me emocionó. ¡Los dos son iguales! Sarcásticos, amantes de la carne, tercos, mismo gusto musical…

Pero Katara aún me entristecía. Admito que ni la conocía bien pero… soy muy sentimental, y cuando alguien muere o sufre, yo tengo empatía. Me duele y me pongo en su lugar, si fuera otra persona. Pero con ella… siento que debo visitarla hasta el cansancio. Siento lo que mi tío llama "conexión" pero no sé por qué. Lo bueno es que cuando supe de su operación, aproveché que mis padres me dejaron su riqueza (otra razón que no sé cómo se enteró la escuela entera, pero que por la cual soy popular) y me propuse a pagar el tratamiento.

Pero sé que, cuando despierte, estaré listo con mi bloc y mis pinceles acuarela; para pintar esos ojos zafiro brillante.


—¡Te felicito Aang! ¡Al fin terminaste con ella!—me abrazó Sokka con entusiasmo. Estábamos en una cafetería y celebramos mi ruptura. Suena extraño, pero aunque no debería emocionarme, ni sonar grosero, estoy feliz de ya no tener que aguantar los gritos de Suki.

Toph sonrió y me palmeó el hombro: —Qué bueno que te libraste de sus garras malévolas—ella suspiró—. A mí me falta hasta su muerte por exceso de silicona para poder ser libre.

Sokka y yo nos reímos.

—Oye, Toph… eso que trataste de hacer con los bastones, ¿qué era?—le pregunté a Toph, recordando cómo ella había agarrado los bastones ayer en la práctica de porristas, pero se sacudió de repente y lo ignoró.

Toph se mordió el labio.

—Quería… golpearla con el bastón.

—¿Y por qué te sacudiste de esa forma?—le pregunté.

—Mi instinto de hermana quiso lo contrario.

Sokka se escondió en la mesa con sus brazos, y pude escuchar su risa.

—In… instinto de hermana… jajahjkaskadksjaaa.

—Aún así… ¿la quieres? ¿Cierto?—yo tenía miedo de su respuesta.

—Algo así—Toph se encogió de hombros—. La quiero, pero… me estresa que sea tan… ella.

Asentí con la cabeza, dándole a entender que Suki estresa a cualquiera.

Nos sumergimos en un silencio prolongado, hasta que Toph abrió los ojos con sorpresa mirando hacia atrás, con "disimulo"

—¿Toph?—le preguntamos Sokka y yo, curiosos.

No nos escuchó, pues seguía mirando hacia atrás por su hombro. Volvió con nosotros gruñendo.

—No me miren así. No es nada. Creí que algo me había picado—dijo—. ¡Dejen de mirarme así, maldición!

Los dos alzamos las manos a la altura de la cabeza, en señal de "no nos mates"


Al día siguiente en la escuela, mientras yo caminaba con Sokka en los pasillos, no dejaban de mirarme.

¿Ustedes conocen esas miradas, susurros, que indiquen un rumor?

Eso era justo lo que estaban haciendo.

Sokka me avisó de las miradas, pero yo ya las había notado. Las chicas susurraban entre sí, los chicos me negaban con la cabeza, y el entrenador me miró serio.

Uh, esto es malo. Cuando hay rumores, al entrenador no le gusta que tengan que ver con su equipo. En especial… al capitán del equipo. Yo.

Tragué saliva y llegué a mi casillero.

—¡Viejoooo!—me llamó mi compañero de entrenamiento, Lee Grayson.

Lo vi desde la puerta de mi casillero.

—¿Sí?

—¿Son ciertos los rumores de tu ruptura con…?—comenzó Lee.

—Claro que sí, viejo—lo cortó Sokka cerrando de golpe su casillero con una sonrisa—. ¡Al fin está libre de esa perra!

—¿Quién es esa perra, cariño?—preguntó una voz detrás de Sokka y yo creo que él juró en un susurro sentir cuchillos y espadas en su columna vertebral por lo aterrador que sonó la voz.

Sokka se giró a ver a Suki, con las Mengs detrás de ella sonriendo, diabólicamente. Abrió la boca, pensando en un insulto que marcara la putería –según él y todo el mundo– de Suki, pero la salvación de él y la mía llegó.

—Hermanita de mi corazón, ¿te puedes quitar, por favor? Tapas mi casillero con tu grasa corporal y tu olor a desesperación combinada con el perfume del striptease en donde estuviste ayer y tu sudor de tanto sexo que tuviste esta madrugada en la esquina, cielito—la apartó de un sopetón Toph, y abrió su casillero, sacando un perfume con olor a lavanda que le regaló su madre (me dijo que sólo se lo echaba después de asearse) en el aire. Luego aspiró sonriente—. Así está mejor, tu hedor a silicona caducada me da arcadas.

Sokka estaba riéndose en su casillero, con la cabeza dentro, y golpeando la puerta de éste con fuerza, por la risa. Yo me tapaba la cara riéndome, sin poder creerlo. Mientras Lee, quién tenía su celular, había grabado todo y le agradecía a Toph por ser ella.

Suki lanzó un gruñido al aire y tiró la mochila de Toph al suelo, aplastándola con su tacón fucsia de 6 centímetros. La vi asombrado.

—Tú, eres la perra—le susurró con odio a Toph, pisando más fuerte la mochila. Toph alzó una ceja e inclinándose, se dispuso a quitarle la mochila. Pero Suki aprovechó y agachándose un poco para que le vieran la retaguardia por la corta falda, tomó la cabeza de Toph y la estampó contra su mochila en el suelo. Sokka pegó un grito y le sujetó la muñeca a Suki para detenerla.

Toph se levantó echa furia, con el flequillo desordenado y un tic en el ojo. Me apresuré a levantarla.

—Ups, se me pasó la mano, hermanita—fingió disculparse Suki, sonriendo. Sokka la miró fulminante y yo vi a las personas a nuestro alrededor, como espectadores.

Déjala en paz—le advirtió Sokka, con voz amenazante, que asustaría hasta al diablo.

Suki lo miró un poco sorprendida y luego lanzó una carcajada, de esas sarcásticas. Se soltó de mi amigo y le tocó con el dedo índice la nariz con ternura.

—Eres una ternurita cuando te enamoras, cariño. ¡No sabía que te gustaban las góticas sin cerebro!—rió Suki, contagiando la risa hacia todos los presentes.

Sokka no pudo evitar sonrojarse y Toph también, pero ella, se sonrojaba más por la furia.

La tomé de los brazos, deteniéndola para que no cometiera un homicidio.

—Cállate.

Suki se volteó a ver a mi amigo.

—Lo siento, ¿qué dijiste, cari…?

—¡Que te calles!—bramó él, e hizo que yo soltara a Toph, para que él la impulsara hacia Suki y todo se salió de control.

Toph se abalanzó hacia Suki para jalarla del cabello, abofetearla, golpearla en la cara y rasguñarla. Suki se trataba de defender dándole manotazos, y empujándola.

Yo tomé a Toph del abdomen y la saqué de ahí, agarrándola fuerte. Le pedí a mi compañero Duke que sostuviera a Suki.

Ella se quejó.

Yo en cambio me asusté, porque aparte de que Toph dejó a Suki hecha una vagabunda, yo pude detectar por el abdomen de Toph; que gruñía. Sentía gruñidos creciendo desde su abdomen, para ascender a su garganta y salir por su boca. ¡Sentí que estaba sosteniendo a un león!

Sokka me quitó a Toph y se la llevó a no sé dónde. Yo me disculpé con Suki, pero ella me miró fulminante, y tuve que irme de allí.

En ese momento aprendí que mi amiga gótica, era muy salvaje.


Encontré a Toph y Sokka en la enfermería, con él curándole los rasguños a Toph.

—¿Suki no debería estar aquí?—pregunté, recordando el daño severo de la chica.

—No, escuché que ella prefirió ir al hospital, porque hizo un drama—respondió cortante Sokka, colocándole curitas a mi amiga de ojos verdes.

—¿Te encuentras bien, Toph?—le pregunté, sentándome a su lado y acariciándole el cabello. Aproveché y se lo fui alisando con mis dedos.

—Ajá.

Noté sus ojos verdes; estaban oscuros, carentes de cualquier emoción que los haga brillar. Su piel blanca estaba llena de marcas rojas, tenía rasguños y su cabello era un nudo que yo trataba de arreglar.

Sokka terminó y me apartó, sacando un cepillo de no-sé-dónde y arreglándole el cabello con dulzura.

—Es mi culpa.

Sokka y yo nos volteamos a verla. Sus ojos estaban fijos en el suelo, como si estuviera ciega.

—Si yo no hubiera nacido… ella no fuera tan maldita y…

—No es tu culpa, Toph. La personalidad de cada persona es su opción, no es por culpa de nadie…—le dije.

—Es mi culpa, ya dije. Desde que nací, tuvo que compartir cosas y luego se volvió egoísta y al querer hacerme la vida imposible ahora ella es insoportable…

—Toph…—la tomó del brazo con cuidado mi amigo, pidiéndole que lo mire—. Cuando nació Katara, yo sólo pensaba en las cosas que le enseñaría, los juegos que compartiríamos juntos… yo sólo quería que ya creciera, para amarla más de lo que ya lo hacía—sonrió él con nostalgia—. Ella se convirtió en mi protegida, mi hermanita que tenía que proteger con mi vida… y cuando la vi ahogándose… quería caer en coma con ella del dolor que sentí.

Mi mirada se clavó en el suelo con tristeza.

—Ella es dulce, simpática, tímida, un tanto sarcástica, maternal, inteligente y jamás se rinde. Y su personalidad la obtuvo por ella misma, no por mí—miró a Toph—. Suki eligió ser así, no fue culpa tuya.

Toph sonrió débilmente, tocándose la mejilla rasguñada.

—Eres un idiota—sonrió.

Con una sonrisa, yo me retiré, sabiendo que no era necesario meterse entre estos dos tortolitos.


Llegué a las 6:00 al hospital en donde residía Katara, con una margarita azul en la mano.

Traté de recordar su habitación. A ver… ¡ah sí! Habitación 810.

Entré con delicadeza, encontrando a Katara, sola como siempre. Con esa tez morena tan pálida y sus ojos cerrados. Una ligera brisa inundó el cuarto, haciendo que yo tiritara un poco por el frío.

Coloqué la flor en la mesa, con cuidado, y me senté enfrente de Katara.

La miré y solté un suspiro. Era increíble como las personas podían sufrir de diferentes maneras, y estar tan cerca de la muerte. Por eso yo tendía a meditar los domingos al amanecer o en las tardes, para buscar mi paz y orar por la paz de los demás.

Una enfermera con cabello castaño y mirada aburrida, entró al cuarto y revisó unos papeles, me miró y suspiró.

—Niño, no puedes entrar aquí.

—Sí puedo, yo pagaré su operación—dije, decidido.

Ella volvió a suspirar y se encogió de hombros.

Luego entró el doctor de Katara, y la miró atentamente, para luego mirarme a mí.

—Supongo que eres Aang Air, el amigo que pagará su operación—dijo con monotonía.

Asentí.

—Bueno, empezaremos la operación y necesito contar con algún familiar de la jovencita…

En eso, Sokka no tardó en hacer aparición. Respiró agitado y saludó al doctor.

El doctor continuó: —Perfecto, ahora si nos permite, enfermera, señor Air, escoltaremos a la jovencita al quirófano, para empezar.

Me levanté para querer acompañarlos, pero Sokka me detuvo.

—Vete a casa, ya ayudaste en lo más importante—musitó, con la voz quebrada.

Simplemente me quedé ahí parado, viendo como cerraban la puerta en mi cara. Reaccioné y corrí al quirófano, para ver desde el ventanal cómo abrían la garganta de Katara. Con terror me tapé los ojos, y traté de recordar porqué estaba viendo esto.

Por ella.

Por su lucha de sobrevivir.

Porque aunque un osito de goma en la laringe no sea peligroso, cuando escuché el diagnóstico, supe lo que sí era peligroso:

Si no sacamos el caramelo, la laringe se cerrará y la tráquea se romperá, causando su muerte*

Entonces escuché el piiiiiip intenso.

Abrí los ojos y los doctores se movían de un lado a otro, tratando de despertar a Katara con unas máquinas dobles que hacían que su pecho saltara.

Mi corazón se apretó cuando vi a Sokka en la esquina del quirófano, asustado.

Cuando escuché un débil latido. Katara se salvó. Pero mi alivio disminuyó poco a poco, cuando salieron los doctores con Sokka y me miraron.

—Hicimos lo que pudimos, el caramelo había seguido dentro de ella y logramos retirarlo, pero la laringe comenzó a cerrarse y la abrimos, pero su pulso comenzó a disminuir. La tratamos de estabilizar, pero…

Sokka apretó los labios, para luego emitir un: —Está oficialmente en coma, Aang. Pero ese coma, no durará más de un mes.

—¿Qué quieres decir?—pregunté, con temor.

Sokka suspiró: —Morirá, Aang. Si la laringe no sana con los medicamentos que le pusieron, ella morirá.


¡Bam! ¿Qué tal? ¿Qué les pareció? ¿Les gustó el pov de Aang? Muy pronto se viene un pov de Sokka, y más adelante otro capítulo con la mayoría, centrado en Aang. ¡Espero les haya hecho morderse las uñas! xD

¡Muy pronto el siguiente, nenes~!

Kisses to everyone, Nie.