Disclaimer: Nada de DRAMAtical Murder me pertenece.
SU SONRISA
Aoba siempre había sabido que Koujaku utilizaba su sonrisa como otra arma, un arma más sutil que la que siempre llevaba. Era un arma que desplegaba con sus clientas y, sin que ellas se dieran cuenta, penetraba hasta su interior, consiguiendo aquello que quería.
Él siempre lo había sabido, siempre lo había visto y, aun sabiendo que aquella sonrisa no era más que un arma, una máscara, y que jamás llegaba a los ojos de Koujaku, no podía evitar molestarle que él regalase sonrisas a todas aquellas chicas.
Resopló cuando vio como una de ellas balbuceaba palabras sin sentido cuando Koujaku le sonrió. Era tan sumamente patética. Pero a Koujaku no parecía molestarle, al contrario, seguía dedicándole aquella sonrisa. A Aoba le daban ganas de ir y darle un puñetazo, borrarle la sonrisa de la cara. Quizás gritarle y hacerle ver que él estaba ahí delante.
Sacudió la cabeza y siguió caminando. Tenía una entrega que hacer. Y el trabajo iba primero.
Pasó de largo de aquella multitud que rodeaba a Koujaku y le ignoró completamente cuando este comenzó a llamarle. Que se quedara con sus clientas. Que siguiera dedicándoles sonrisas.
Sintió la presión de la puerta tras él, pero poco le importaba. No podía dejar de mirar los ojos de Koujaku, sentía como si su mirada le quemara. Y aquella sonrisa. Definitivamente aquella sonrisa le estaba matando.
—Hoy me has ignorado cuando te he llamado —le susurró mientras pasaba la lengua ligeramente por el cuello.
—Tenía prisa —mintió Aoba soltando un gemido. Koujaku mordió aquella zona que une el cuello con el principio del hombro. Su mano jugaba con el borde de sus calzoncillos, traviesa, sin atreverse a cumplir los deseos que Aoba parecía suplicarle con sus gemidos. Mientras, la otra mano acariciaba su pelo, lentamente, lanzando pequeñas descargas eléctricas que le hacían creer que no podría aguantar mucho más.
—Mientes. Vi cómo me mirabas antes de que te llamara —volvió a morderle, esta vez un poco más fuerte, provocando que Aoba volviera a gemir—. Parecía como si quisieras pegarme— Aoba tragó con fuerza cuando Koujaku pasó la lengua por su garganta—. ¿Quieres pegarme?
Aoba negó con la cabeza como pudo, sintiendo la presión del cuerpo de Koujaku sobre él, ya ni siquiera se acordaba de la rabia que había sentido horas antes. Le daba completamente igual, lo único que podía sentir eran las manos de Koujaku, su lengua, recorriéndole el cuerpo entero, los escalofríos que pasaban una y otra vez por su columna, poniéndole los pelos de punta, sacándole profundos gemidos que no podía evitar emitir.
Mientras él se retorcía, Koujaku le miraba sonriendo. Y Aoba sabía que aquella sonrisa era una de las armas de Koujaku. Lo había visto utilizarla esa misma tarde con aquellas chicas.
Sin embargo, aquella sonrisa era distinta a la de esta tarde, aquella sonrisa lograba ponerle los pelos de punta, lograba sacar fuera sus más bajos instintos, lograba que perdiera completamente la razón y deseara que dejara los jueguecitos para otro momento.
Aquella sonrisa era distinta porque le llegaba a los ojos. Porque no era una máscara.
Era distinta porque se la dedicaba exclusivamente a él.
FIN
Nota de la autora: Llevaba un tiempo queriendo escribir esto y finalmente lo he hecho. ¡Nos leemos!
