Hola a todos!

Muchas gracias por sus reviews, de verdad me dan muchos ánimos :)

Espero disfruten de este capitulo, lo protagoniza uno de mis personajes favoritos, asi que le tengo mucho cariño.

¡Disfrútenlo!

Disclaimer: Nada del potterverso me pertenece, solo la historia.


El sol brillaba intensamente sobre la playa de arena blanca y agua increíblemente azul, se levantó de la silla con pereza y se puso sus lentes de sol. Es lo que más extrañaría al regresar a aquel Londres gris, sin embargo, estaba ansioso por irse ese pequeño paraíso. En Italia no tenía amigos y sus familiares eran pocos y la mayoría ancianos. La soledad no iba con él. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y encontró el pequeño sobre ya sellado y dirigido, en todo el verano no se había atrevido a mandar esa carta, pero estaba a punto de regresar a su verdadero hogar, ya no tenía caso enviarla.

Regresó a la nueva mansión de su madre, un espléndido castillo mediterráneo de piedra color cappuccino y ventanales enormes con vista al mar, era verdaderamente impresionante. A lado de la puerta ya estaban sus baúles, su gabardina y Astra, su lechuza.

— Me voy - Le anunció Blaise a su madre, que iba bajando las escaleras.

— ¿Estás seguro? —Preguntó ella con semblante afligido.- Se vive mucho mejor acá.- Le decía tratando de convencerlo.

—Más que seguro — Le aseguro él acercándose a ella para despedirse.

—Supongo que no tiene nada que ver con cierta chica de ojos verdes que trabaja en El Profeta ¿cierto? —Dijo ella con voz juguetona suprimiendo una risita. Blaise no contestó, se limitó a besar ambas mejillas de su madre y después ponerse la gabardina— De acuerdo, ten— Le dijo tendiéndole una nota pequeña que decía 622, Blaise miro el numero extrañado — Es tu otra cámara de Gringotts, ya tienes edad suficiente para manejar su contenido, encontraras muchas cosas muy interesantes ahí dentro— Le dijo con la voz teñida de orgullo y arrogancia.

Blaise le agradeció y la abrazó con fuerza antes de dar media vuelta y abandonar el castillo.

El traslador lo dejó en una pequeña pero encantadora casa de estilo inglés, de piedra rojiza y vistas blancas que resaltaban un amplio césped que lo rodeaba separándolo de los vecinos. "Hogar dulce Hogar" pensó el moreno al abrir la puerta. Boto sus baúles en la entrada permitiendo que el elfo llegara corriendo a cargar con mucha dificultad sus pertenencias. El suelo estaba lleno de cartas con fechas de junio, la más reciente era del 29 de Julio. Con un gran suspiro se sentó en la sala y abrió todas y cada una de las cartas, la mayoría eran de Draco y Theo, aunque tenia un par de Vincent que ahora vivía en Rumania y la última era de Pansy, una nota muy corta que decía:

¡Ya Regresa! Los días son muy largos sin ti. Theo me ha estado contando chistes malísimos tratando de imitarte, pero no te llega ni a los talones.

Con cariño, P.

PD: Regresa, es una orden.

El rostro se le iluminó con una gran sonrisa, de esas que hacen que aparezcan arrugas en los ojos y te las mejillas. La extrañaba muchísimo, sus días también habían sido demasiado largos sin escuchar su risa histérica, aunque no todos apreciaban la belleza de ese sonido, al menos para él era su favorito. "Qué demonios hago aquí" exclamó para el mismo poniéndose de pie al momento. Entro a la chimenea y grito "Casa Audier"

Cayó fuertemente en un montón de cenizas haciendo una nube densa y oscura a su alrededor. Salió de la chimenea sacudiéndose el polvo, maldiciendo al aire. Todo a su alrededor estaba en silencio. Se encontraba en el estudio de Pansy, caminó hacia el escritorio, donde se encontraban ediciones de El Profeta esparcidos al azar, tenía una máquina de escribir de aspecto viejo con una hoja escrita a medias y en la vitrina de atrás estaban todas las crónicas que había logrado publicar en aquel periódico mágico, todos ellos con su firma personal hecha a mano. Blaise se rió al ver el autógrafo de ella, grande y en cursiva al final de cada escrito, como si fuera una celebridad.

Caminó hacia la puerta con la sonrisa aun en sus labios, la madera rechinaba con cada paso que daba, era un sonido realmente macabro que le erizaba la piel, llegó a la puerta y giró y el picaporte despacio.

— ¡Petrificus Totalus! —Se escuchó de pronto. Blaise sintió un frío increíble atravesar su cuerpo y cayó de golpe dolorosamente.

Unos pasos presurosos se escucharon acercándose a él seguidos de un grito ahogado.

— ¡Blaise! Grandísimo imbécil— Exclamó la chica entre enojada y divertida antes de liberarlo del encanto.

Blaise agarro una gran cantidad de aire sintiéndose sofocado. Apenas se sentaba cuando Pansy se le aventó con fuerza haciéndolo caer de nuevo al piso con esa risita tan característica de ella resonando en su oído. Adoraba ese sonido.

— ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no avistaste que venias? — Le dijo frunciendo el ceño y ladeando los labios cual niña pequeña— ¡Me asustaste! —Dijo dándole un puñetazo en el hombro.

—Hola Pansy ¿Qué tal estas? Yo estoy de maravilla con cincuenta kilos encima de mi— Le contestó en tono burlón

—¿Cincuenta kilos?- Le pregunto con los ojos muy abiertos, suspiro.- Tendré que pedirle una de esas pócimas a Nott.

—Estás loca, necesitas comer más.

—Déjate de bromas Zabini— Lo regañó, quitándose de encima ayudándolo a ponerse de pie.- ¡Al fin llegas!-

— ¿Tanto así me extrañabas?—Le preguntó alzando una ceja seductoramente.

—Ya sabes que sí - le dijo rodando los ojos— ¿Qué tal estuvo la boda?

—Ah, igual que siempre, ya sabes, baile, alcohol al por mayor, cientos de magos que no conozco ni me importan y sus bellas hijas pavoneándose frente a mi… —Le dijo encogiéndose de hombros, ganándose una mirada severa —¿Te has aburrido terriblemente en mi ausencia?

—La verdad es que no– Le dijo, extrañandole el tono de voz tan cansado de Pansy, se —sentó a su lado – Theo está en arresto domiciliario, al parecer no sabías — Dijo cuando vio el asombro en su cara — Estuve investigando de qué manera podíamos ayudarlo.

— ¿Por qué?

— Creen que él mató a su padre.

— ¡Pero que reverenda estupidez!— Gritó Blaise, Pansy se limitó a rodar los ojos cansada de escuchar la misma historia — ¿Por qué mataría Theo a su padre?

— ¡Ya lo sé! ¡No soy yo quien lo acusa! ¡No … me … grites! — Le gritó ella — De todas formas, han pasado 3 semanas y no han encontrado nada, así que no les quedara más remedio que dejarlo en libertad.

— Ineptos — Exclamó Blaise enojado.— Deberíamos ir a verlo.

— No podemos sin previo aviso, está estrictamente vigilado.- Le informó la pelinegra.

— Pendejos.- dijo Blaise.- ¿No tienen ningún otro sospechoso?

- Nadie, he estado buscando.- Le dijo poniéndose de pie ofreciéndole su mano para que la siguiera. Entraron a su despacho — Pero no encuentro a nadie que posiblemente lo hiciera…-

— ¿Algún mortifago renegado?

— La mitad están muertos, unos cuantos están en Azkaban y muy, muy pocos a la fuga. Vicent me ha dicho que Foster y Jackson están en Blugaria desde hace tiempo así que borra a dos personas más de la lista — Le dijo observando las fotos tachadas que tenía pegadas en un marco en la pared.

— Vaya que has investigado — Dijo Blaise asombrado con toda la información que tenía en el recuadro, fechas, fotos, nombres, lugares, de todo.

Alguien tenía que hacerlo — Dijo cruzándose de brazos.

Se quedaron hablando toda la tarde del caso, Blaise la ayudo recordando nombres de posibles homicidas hasta entrada la noche, con una tormenta eléctrica sobre ellos. La enorme casa de Pansy se situaba en una colina, por lo que la tormenta se escuchaba más fuerte y de la ventana se veía el pequeño poblado muggle brillar con cada relámpago. Blaise se preocupaba frecuentemente por ella, no era más que una chica de 21 años viviendo sola en una casa enorme y vacía. Ella nunca fue especialmente brillante de DCAO y con el asesinato del padre de Theo lo ponía de nervios pensando en las posibilidades de que aquello pudiera pasarle a ella. Se preocupaba por ella, siempre lo había hecho.

Blaise conoció a Pansy en el tren de ida a Hogwarts en su primer curso, se sentaron por casualidad en el mismo vagón. En aquel entonces Pansy era una niña pequeñísima, de ojos verdes demasiado grandes para el tamaño de su cara, cabello negro y recto hasta los hombros y una nariz respingada muy singular que a Blaise le parecía adorable. Se hicieron amigos al instante, solo bastó con que Pansy dijera que quería pertenecer a Slytherin para que Blaise deseara con todas sus fuerzas entrar en la misma, nunca había estado tan nervioso como en la ceremonia de selección y nunca había sentido tanta felicidad como cuando el sombrero gritó "Slytherin". Pasaban días enteros juntos, hacían los deberes juntos, Blaise siempre la esperaba en las mañanas para ir a desayunar, se sentaban siempre cerca y si las reglas lo hubieran permitido habrían dormido en el mismo dormitorio. Hasta cuarto año, el día en que Draco Malfoy la invitó al baile de navidad y a Blaise no le quedó más remedio que invitar a Tracey Davis. Desde entonces nada fue igual.

— Es tarde, debería irme— Le dijo Blaise poniéndose de pie justo en el momento en que iluminaba el cielo un relámpago.

— ¡No!— Gritó Pansy — Quiero decir, ya es muy tarde y no tengo polvos flu— Dijo mirando nerviosa por la ventana— Sé que no te gusta aparecerte.

— ¿Te sigue dando miedo las tormentas?— Le preguntó con voz divertida.

— Claro que no — Dijo conteniendo la respiración al ver otro relámpago brillar— Solo me pone algo nerviosa— Le explicó con los brazos cruzados.

— De acuerdo, me quedo— Le dijo sin pensarlo dos veces, tratando de no reírse.

Algo no iba bien, la almohada era inusualmente suave y su aroma era increíblemente dulce, lo que lo despertó de golpe. Al abrir los, se encontró con una cama que, al sospechó por las sabanas color lila, no era suya.

Se sentó en la cama recordando lo que había pasado. La cama estaba comodísima, con razón Pansy siempre se levantaba de buen humor. Observó a su alrededor con curiosidad. En la década que se conocían, jamás había entrado al cuarto de Pansy. Era espacioso, algo desordenado para su gusto, de paredes de piedra beige, muy parecidas a las de Hogwarts. Tenía un peinador grandísimo con diversas botellitas regadas en la superficie, maquillaje y una cajita musical donde guardaba sus joyas. Era un lugar muy acogedor, a excepción del fantasma que flotaba en una esquina de la habitación.

— ¡Carajo! — Exclamó asustado viendo a la mujer gris que le devolvía una intensa mirada. Era una mujer mayor, de unos 90 años al menos, de cabello larguísimo y una nariz respingada que le recordó muchísimo a Pansy.

— ¡Que lenguaje! En mis tiempos los caballeros no hablaban de tal manera frente a una dama – dijo ella indignada.

— Disculpe, pero usted no es una dama, es un fantasma — dijo Blaise con franqueza

— ¡Pero que modales! — Se aceró a Blaise hecha una furia, haciendo que Blaise cayera de la cama de la pura impresión. — ¿Quién te crees que eres?

— ¿Quién pregunta?

— ¡Yo soy Eloisa Audier, matriarca y dueña de esta casa!— Gritó — ¿Quién eres tú? — Volvió a preguntar acercándose a él.

— Blaise Zabini, dueño de una casa a las afueras de Aberdeen, patriarca de… bueno aun no tengo hijos, asi que de mí mismo – le explicó el moreno con toda tranquilidad.

— Y se puede saber, Blaise Zabini ¿Qué haces en mi casa?

— Hasta donde yo sé esta casa es de Pansy Parkinson.

— ¿Conoces a mi nieta? — Preguntó Eloisa con un cambio de actitud radical.

— Claro que conozco a Pansy — le contestó Blaise, levantándose del suelo. — Espere, ¿nieta?

— Yo soy su abuela, bueno… tatarabuela — le dijo Eloisa pensando que el chico era idiota.

— Tatarabuela, vaya… Entonces usted debe tener unos 300 años — le dijo sonriendo, hasta que vio la reacción de Eloisa.

— ¡Sal de aquí! ¡Ahora mismo! ¡Y nunca vuelvas! — Le gritaba con voz ronca y antinatural.

Blaise tomó la ropa que colgaba de una silla y salió corriendo de la habitación, sintiéndose estúpido ¿Qué podría hacerle un fantasma? Al bajar las escaleras se dio cuenta que había olvidado los zapatos, pero no le hacía mucha ilusión regresar con Eloisa, así que fue a la chimenea del despacho de Pansy. Encima de la repisa había un caldero en miniatura con polvos verdes, agarró un buen puñado y entró a la chimenea gritando "Callejon Diagon"

Aterrizó en la chimenea de una tienda de ropa y de pronto, fue como si cerebro hubiera hecho "Lumos", Pansy si que tenía polvos flu, ella quería que él se quedara. Con el ánimo por las nubes, tomó un par de zapatos del mostrador, que para su fortuna eran de su número, los encogió con su varita y los guardó en su bolsillo. Una vez afuera, regresó los zapatos a su tamaño original y se los puso. Se encaminó hacia Gringotts, sonriéndole a cada bruja que pasaba as u lado. Dentro del banco presentó su llave y varita a un duende llamado Gromik y lo llevaron a su cámara.

Nunca había estado tan dentro de Gringotts, jamás lo había imaginado tan lúgubre y apestoso. Su cámara era la 318, donde solo bastaba bajar tres pisos para llegar a ella, en cambio ahora, ya habían bajado cuatro pisos y pasaron la cascada removedora de hechizos, dejándolo empapado.

Llegaron a la bóveda 766. Era el doble del tamaño de su primera bóveda, con techo alto y profundidad enorme. Apenas puso un pie dentro y pudo sentirlo, había magia oscura en el interior. Era una sensación indescriptible, como si de pronto el aire pesara y el bello se le erizaba. Estaba llena de monedas de oro regadas por el piso. Lo primero que le llamó la atención fue un cofre plateado de pequeño tamaño de aspecto antiguo, parecía muy valioso. Dentro del cofre había siete anillos, cada una con una letra inscrita en el centro que juntos decían "Círculo".

Guardó el cofre en una bolsa de terciopelo y continuó. Su madre no había mentido, había cientos de cosas muy interesantes en la bóveda; plumas de oro, alfombras mágicas, un espejo cubierto por una sabana, coronas de piedras preciosas y un estante lleno de pócimas fueron las cosas que más le llamaron la atención. Muchas de esas pócimas estaban etiquetadas en latín, así que tendría que pedirle a Pansy que lo ayudara a descifrarlas, parecía una buena excusa para pasar tiempo con ella.

Salió de la bóveda seguido muy de cerca por Gromik, e hicieron el mismo recorrido en reversa hasta llegar al lobby, donde muy educadamente agradeció al duende, quien no se había dado cuenta aún que su reloj de bolsillo había desaparecido.


¿Review?