¡Hola a todos!

Se que he tardado, pero aquí está la continuación. Cada vez me es mas difícil avanzar, pero me mantengo positiva :)

Espero que disfruten este capítulo, no es muy dramático, pero es necesario.


Pansy Parkinson se encontraba en el caos que era su trabajo. A pesar de haberse ganado mala reputación en Hogwarts, cuando sugirió entregar a Potter al señor oscuro de la manera más delicada que pudo, ganó el puesto de reportero en El Profeta, de entre treinta aplicantes. Su jefe, el Sr. Barnabas Cuffe, no tuvo motivos para rechazarla, y no se arrepentía de su decisión, Pansy tenía talento. Con apenas cinco meses en el puesto, ya tenía su cuadrilla de subordinados y aliados, entre ellos, Augustus Rogers, un fotógrafo del periódico, y la secretaria de Cuffe, Charlotte Wadlow. Y por si fuera poco, ya se había ganado la confianza de Cuffe, y ahora le adjudicaba reportajes más importantes.

Su última misión: El defectuoso funcionamiento del Wizengamot, para lo cual su amistad con Daphne Greengrass le venía como anillo al dedo. Salió de la oficina con su asistente, Victoria, una chica recién graduada de Hogwarts que entró al periódico por influencias de su padre. Llegaron al ministerio por red flu y, sacudiéndose las cenizas, se encaminó a las oficinas administrativas del Wizengamot.

Daphne estaba frente al librero buscando algo con determinación, como siempre, con sus largas piernas descubiertas y el cabello estirado recogido en un arreglado moño.

—Hola, P. — le dijo sonriente sin voltear a verla.

—¿Cómo sabias que era yo?

—Reconocería tu pasos cortos y apresurados donde sea —le dijo esta vez mirando a su amiga. Pansy abrió tanto los ojos al verla, que Daphne no pudo evitar imitarla —. ¿Qué?

—Tienes… un poco de … — le decía Pansy, tratando de ahogar su risa, señalando su boca.

Daphne se apresuró a buscar en los cajones de su escritorio algún espejo, y se encontró con uno de esos graciosos espejos aduladores que le habían regalado en navidad. "Bueno… no es que te veas fea, pero ese estilo de payaso no es mi favorito" le dijo el espejo al verse reflejada en el cristal. Lo botó enojada de nuevo en el cajón y se limpió el labial corrido de sus labios.

—Al parecer, Theo ya salió de su casa… ¿Fue Theo verdad? — Preguntó acusadoramente.

— Por supuesto que fue Theo.

—¿Qué tal está?

—Bastante mejor. Aunque aún no es capaz de dormir la noche entera— le dijo mientras se volvía a pintar los labios de rojo carmesí —. Lo que me recuerda, tengo que ir a la fábrica por mas poción para dormir.

—¿Aún tiene la fábrica?

—Sí, su padre se la dejó — Contestó —. ¿Y tú quién eres? — le dijo a la muchacha tímida que se escondía tras Pansy.

—Ah, es Victoria Knight, mi asistente — le dijo Pansy, sin dejar hablar a la chica.

De pronto, se abrió la puerta de la oficina y Hermione Granger entró, con la mirada clavada en una hoja que tenía en la mano, mientras bebía café de un vaso. Levantó su vista un segundo para encontrarse con la de Pansy, casi escupiendo el café encima de sus oficios. Pansy se limitó a arquear las cejas, viéndola como si fuera parte del feo mobiliario de la oficina y le volteó la cara.

—Greengrass, son las doce del día y no hemos acabado con el informe de Steward — le dijo intentando sonar intimidante, fallando irremediablemente —. No es hora de visitas.

Pansy puso los ojos en blanco y se levantó de su asiento con la más alta elegancia que le habían enseñado y se acercó a la Gryffindor.

—Granger, a menos que quieras que el profeta de mañana tenga impresa una enorme foto tuya y de Viktor Krum, revelando las miles de cartas que se han enviado desde el cuarto curso, será mejor que cierres la boca— la amenazó— Incluso puede ser que estén planeando fugarse juntos, no lo sé, son tantas las posibilidades — Continuaba Pansy, con la mirada iluminada, mientras Granger se ponía del color del cabello de Weasley. La chica salió de la oficina sin decir una palabra, pero Pansy sabía que se aguantaba las ganas de llorar.

—¡Que pesada mujer! — Gritó Daphne en cuanto la puerta se cerró—. No se cómo la soporto todos los días. Hay veces que me dan ganas de lanzarle un maleficio tras otro.

—¡Oh, Daphne! — volteó Pansy con la emoción corriendo por sus venas y una maliciosa sonrisa en sus labios —. Tengo la solución a tus problemas. Ahora mismo estoy escribiendo para El Profeta acerca de … ¿Victoria, podrías traerme uno de los folletos de "como defenderse de un dragón" del piso de abajo?— pidió con tono dulce falso.

—¿Para qué quieres eso? — Preguntó Daphne.

—Para deshacerme de ella. Bien, estoy haciendo un reportaje acerca de los miembros del Wizengamot y su mal funcionamiento. Así que, podemos hacer dos cosas a la vez — le dijo mientras se ponía cómoda en la silla de Granger —. ¡Qué feo gato! — Exclamó al ver una foto de Crookshanks — En fin, podemos desaparecer a Granger, con todo y fotos de su gato, de aquí. Ya sabes que el ministerio odia los escándalos, y más si involucra a alguno de sus trabajadores.

—¿Y cómo pretendes hacer eso? Si se puede saber, mente maestra.

—Eso déjamelo a mí, solo dame pase libre y considéralo hecho.

Daphne simuló pensarlo unos segundos, y aceptó con un movimiento de cabeza, justo antes de que Victoria entrara a la oficina diciendo que esos folletos no existían. Pansy se levantó de la silla de Granger y siguió a Daphne al pequeño almacén, dejando a Victoria sola en la oficina. Daphne sacó un libro de gran tamaño color rojizo, cubierto de una fina capa de polvo que la hizo estornudar. En él se encontraban los antecedentes de todos los trabajadores del Wizengamot, incluyendo a Daphne y Granger. Pansy volteó a ver a su amiga con los ojos entrecerrados y una grande sonrisa que enseñaba sus perfectos dientes blancos.

La tarde de Pansy pasó volando, y se encontró en su oficina en El Profeta ya cuando el cielo oscurecía y la mayoría de los empleados se habían ido a casa. Era adicta a su trabajo. Este era su lugar en el mundo, y le encantaba. La información era el poder más grande para ella, y precisamente para eso, ella era la mejor. Por otra parte, lo necesitaba. La fortuna de su familia había sido abundante alguna vez, pero con cada generación ésta iba disminuyendo, lo único realmente valioso le que quedaba era la Casa Grande, pero era demasiado inmensa y abandonada, así que prefería pasar el día en el trabajo que en su hogar.

Para las ocho de la noche, ya tenía un listado de disponibles objetivos de destrucción: Paul Relish, Broderick Donovan, Florence Woldrige, y por supuesto, Hermione Granger. Todos ellos ya poseían una carpeta con fotografía en su último cajón del escritorio, cerrado con hechizos y contraseñas.

En su escritorio tenía una radio antigua donde escuchaba las últimas noticias locales, se permitió relajarse al ritmo de Mr. Magic, su grupo musical favorito. Se olvidó un poco del trabajo y cantó la canción en voz baja, siguiendo el ritmo con los pies, y disfrutando la melodía con los ojos cerrados.

Para cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró con un hombre alto, y rubio viéndola con los ojos entrecerrados, como si la estuviera analizando, con una sonrisa burlona en los labios.

—Me encanta como trabajas — le dijo en cuanto Pansy dejó de gritar por el susto.

—¡No hagas eso! — Gritó Pansy

—A estas alturas, ya deberías estar acostumbrada — Recitó las mismas palabras de la pelinegra sin borrar su sonrisa deslumbrante, de esas raras sonrisas sinceras que Draco se empeñaba en ocultar.

Draco se acercó a ella y la hizo levantarse de su silla, abrazándola con fuerza, casi saboreando la fragancia de su cabello. Pansy sentía su respiración en el cuello, y eso la alteraba sobremanera, dejaba su piel completamente sensible, y el calor se le iba a las mejillas, enrojeciéndolas. Pero esta vez, la cordura pudo más, y se separó de él abruptamente.

—Aquí no — colocó sus manos en el pecho de Draco, separándolo de ella por completo —. No en la oficina, pueden vernos.

—Eso no te importó la semana pasada, en mi oficina — dijo en tono burlón, ganándose una mala cara de Pansy.

Draco tomo ambas manos de Pansy y desaparecieron de El Profeta. Cuando los pies de Pansy volvieron a tocar el suelo, se encontraban en la villa cercana a su casa, Frenxhill, un pequeño pero pintoresco pueblo de Inglaterra repleto de casitas de ladrillo café y techos de dos aguas, con sus chimeneas funcionando diez de los doce meses del año. La vegetación era abundante, por lo que, desde su casa, se veía una ciudad verde con picos cafés y columnas de humo.

El pueblo estaba casi abandonado en su totalidad, pues se rumoraba que en ella habitaba un fantasma que se escondía en los puentes, esperando al acecho de una pobre alma despistada. Los pocos que quedaban aprendieron a vivir con las travesuras de Eloisa.

La casa de Pansy era una réplica exacta de las del pueblo en gran escala. A ella siempre le pareció fea, incluso antes de visitar la Mansión Malfoy y la Finca Nott, pero al fin y al cabo, era su casa, y por el momento lo único que tenía. Entraron, y lo primero que hizo fue quitarse los dolorosos tacones. Pisó el suelo frio, gimiendo de alivio, quedando a varios centímetros debajo de la mirada de Draco. Él la tomó en brazos, como era su costumbre, y subió los escalones con rapidez, hasta llegar a su habitación.

Le quitó la chaqueta y la falda con fuera, mientras atacaba sus labios. Esta vez, Pansy no opuso resistencia. Con un chasquido, las velas iluminaron la habitación tenuemente. Pansy se apresuró a tirarse en la cama, y Draco la siguió abriéndose los botones de la camisa, dejándola caer en el camino. A Pansy le parecía simplemente imposible resistirse a él, y estuvo a punto de perder el sujetador, cuando escuchó un coche llegar a la entrada de la casa, y después, la puerta del mismo al abrir y cerrarse.

—Mierda — exclamó la pelinegra asomándose por la ventana y ver a Blaise con una botella de vino en la mano.

—¿Qué demonios hace Zabini aquí?

—No lo sé, vístete — le ordenó mientras ella recogía su ropa del suelo y se la ponía presurosa.

Bajó lo más rápido que pudo, seguida de un Draco que, de pronto, estaba bastante malhumorado.

—Hola, florecita— Dijo Blaise al verla con una sonrisa, misma que se borró al instante al ver a Draco tras ella.

—Hola, Blaise— lo saludó aventándose a sus brazos.

—Zabini — le dijo Draco secamente, ofreciéndole su mano. Blaise la tomó y lo jaló hasta que Draco se vio envuelto en los brazos del moreno. Pansy rio ante el gesto de incomodidad de Draco — ¿Qué haces aquí?

—Estaba aburrido en mi casa y dije, "le regresaré ese petrificus a Pansy"— exclamó Blaise guiñándole el ojo a Pansy, haciendo que se sonrojara. Draco los miraba sospechosamente al no entender la broma — No sabía que estaban ocupados, regresaré otro día.

—Si — dijo Draco

—¡No!— Gritó Pansy al mismo tiempo —. Quédate, podemos abrir esa botella, que supongo me trajiste de Italia.—

—Directa de Volterra. ¿Les parece si aviso a Theo? — preguntó entrando a la casa, dirigiéndose a la chimenea —. Busca cualquier oportunidad para salir de esa finca.

Pansy le sonrió como respuesta y se encaminó a la cocina, con Draco pisándole los talones. Sacó tres copas de cristal de la alacena, y sirvió el vino.

—¿Desde cuándo Zabini viene a verte a tu casa, a esta hora? — le preguntó Draco, ignorando que sus mejillas empezaban a enrojecer.

—Desde siempre— contestó Pansy con mucha naturalidad.

—¿Y desde cuándo te trae regalos de sus viajes?

—Desde siempre— Repitió, ofreciéndole un vaso de vino —. Estas copas me las trajo de Rusia, el año pasado, y tengo un abrigo que me trajo de Noruega, hermoso. Y esas flores de la mesa —. Señaló al comedor —Me las trajo de India, están encantadas para que nunca se marchiten.

Pansy se encaminó a la sala, sin esperar a que Draco contraatacara con más preguntas. El rubio llego segundos después, dejándose caer en el sillón a lado de ella, lo más cerca posible. Pansy podía sentir su enojo, lo conocía mejor que nadie, y aunque a veces pareciera imposible, era capaz de distinguir sus emociones con un simple vistazo. Ahora, solo faltaba que exhalara fuego y le saliera humo por las orejas, estaba más que enojado. Le hacía mucha gracia verlo tan celoso, sobre todo cuando fue él quien acordó que su relación no estaba funcionando y que Astoria era mejor opción. Por supuesto que regresó a ella por las noches, y ella no pudo negarse.

Cuando Blaise regresó, llevaba con él a Theo, Daphne y Astoria. Blaise sí que sabía armar una fiesta de la nada. La botella pronto fue insuficiente, y Theo transformó el jugo de uva en más vino, aunque no sabía ni la mitad de bien que el original.

Así como estaban, todos juntos en una sala, con una copa en la mano, Pansy se sentía como en casa, se transportaba a la sala común de Slytherin. A decir verdad, su propia sala tenía mucha similitud a la de las mazmorras de Hogwarts. Sus muebles eran negros, toda la decoración era de plata y había una bella alfombra verde (regalo de Blaise) que cubría el frío piso de mármol. Su hogar era Hogwarts, y su familia sus amigos.

Su padre había fallecido hace muchos años, poco recordaba de él, y su madre sufrió una rarísima enfermedad por años, hasta que acabo por matarla hacía pocos meses. Su hermano, Patrick, era lo único que le quedaba y anclaba a esta casa. Pero al graduarse de Hogwarts, Patrick tomó todas sus pertenencias y se fue a Irlanda. Le llegaban cartas de él cada poco, pero no era suficiente. Esa casa era demasiado para ella y su tátara tátara abuela viviendo ahí no ayudaba mucho. De pronto un pensamiento cruzó su mente y su humor mejoró.

—Chicos— les dijo a Theo y Blaise, que estaban echados en la alfombra, tomando directamente de la botella —. Les tengo una propuesta.


Lamento si se me fue algún horror ortográfico.

¿Review?