Capítulo II: La Cosecha.
"Del Tratado de la traición: En castigo por la rebelión, cada distrito ofrecerá una mujer y un hombre que se encuentren entre los 12 y 18 años de edad para una cosecha pública. Dichos tributos serán entregados a la custodia de el capitolio y transferidos a una arena pública donde pelearán a muerte, hasta que uno sólo prevalezca ganador. Desde ese momento y para siempre, esta festividad será conocida como Los Juegos del Hambre". Los Juegos del Hambre, Susanne Collins.
Hay una especie de pitido en mis oídos, me miro los dedos y me doy cuenta de que me he hecho sangre en la palma de las manos de tanto apretarlas.
Sé, por razones lógicas y demasiado comprensibles, que debería sentirme indignada o, por lo menos, totalmente enojada o desesperada. Pero ese sentimiento no me invade, no del todo.
Por un lado, tengo ganas de arrojarme contra la pantalla o contra el presidente White y arañarlo por ponernos a elegir entre nosotros. Es decir, no es que esté muy relacionada con los habitantes de Distrito o con mis compañeros pero intento sonreír a diario y saludarlos porque tenemos un pasado en común, porque no sólo a mí me quitaron a a la mitad de mi familia.
Sin embargo, no es que me interese encajar o pertenecer, las raíces de la rebelión aún me surcan las venas y es por eso que sólo quedamos mis tres hermanos y yo.
Pero luego, me pongo a pensar que, quien salga elegido tendrá más por lo qué sentirse abatido puesto que no es lo mismo el ser "elegido" y aventado a la arena por manos desconocidas que por tu misma gente. Por los que te saludan o sonríen a diario o, ¿por qué no?, los que se dicen tus amigos.
Eso es más que desleal.
Eso es una traición.
Me miro las manos de nuevo y las relajo "Por lo menos no escogerán a Alain, sus cinco papeletas han quedado obsoletas"
"Por lo menos no te escogerán a ti, Violet", me digo, "ignorarán tus cuarenta y dos papeletas".
Me ignorarán un año más y, con suerte, me salve el año que entra de forma permanente por ser la última vez que entre al sorteo: mi última Cosecha. Luego, sólo tendré que rezar por Ainara y por Alain.
"Dios, ¿en serio puedo ser tan egoísta?", todos los tributos tienen familia, son amados, tienen talentos y deseos que no realizarán.
Aún puedo recordar a los dos chicos de la Cosecha pasada, ambos demasiado jóvenes y con la vida de hambre marcada en los ojos. Nadie se ofreció voluntario por ellos.
Sus lágrimas siguen brillando en mi mente, los gritos de la familia, el silencio del Distrito. Y nosotros mostrando el respeto más solemne ante los tributos escogidos esa tarde. La muerte bailando ante las cámaras.
Nos recuerdo llevándonos tres dedos de la mano izquierda a la boca y levantarlos hacia ellos. Hacia los hijos del Distrito 11 que dejarían de serlo. Que se convirtieron, a final de cuentas, en las primeras víctimas del Baño de Sangre de los Vigésimo Cuartos Juegos del Hambre.
Luego sus rostros en las pantallas.
Luego las lágrimas.
...
Al término de la clase salgo del salón.
El silencio se ha instaurado entre nosotros. Supongo que ya nadie quiere dirigirse la palabra para que no haya rencores, para que no pese en sus mentes el "Él era mi amigo, apenas ayer charlamos, apenas ayer le sonreí". Sí, ha de ser eso, ha de ser nuestro sentido de salvación el que actúa, nuestra indiferencia. O el instinto protector de nuestras familias y, claro, el propio. "Mejor ellos que nosotros, mejor ellos que Alain".
Hoy no debo ir a irrigación, se ha suspendido por el mensaje del Capitolio, son tan benévolos que claramente nos están dando algunas horas para pensar a quién mandar a la muerte. Sí, benévolos.
¡Cómo poder ignorar años de amistad!
No puedo siquiera pensar en el día de mañana, en los votos. No quiero que mi mente viaje a quien yo elegiré o a quien escriba el nombre de Alain o el mío en ese pequeño trozo de papel.
¡A quién mandaremos a la muerte!
Me siento en el piso y me recargo en la pared de mi salón a esperar que mis hermanos aparezcan.
"-Los dos tributos que representen cada Distrito, serán elegidos por su mismo Distrito".
Esos ojos, la cara, la satisfacción, la autosuficiencia. Quisiera arrancar ese recuerdo de mi mente.
-Que comience el Vasallaje- me digo- que comiencen los Vigésimos Quintos Juegos del Hambre...
-Y que la suerte esté siempre de tu lado.
Completa alguien que se ha parado enfrente de mí, pero por mi posición sólo le veo los pies. Sin embargo, sé de quién se trata antes de levantar la cabeza y mirarlo: Damián.
Lo veo sentarse a mi lado y siento extraña esa cercanía porque no suelo dirigirle más que el saludo.
-¿A quién elegirás?- Me pregunta.
Y no tengo idea de qué contestarle, así que parto por la verdad.
-No lo sé, mientras no sea mi familia todo estará bien.
Eso y que mi mente le adjunta un pensamiento a mi frase "Todos los del Capitolio son unos bastardos".
Damián pertenece a la parte agraciada de nuestro Distrito, El Fidem. Es esa parte de nuestro territorio a la que no solemos ir. Allí se encuentran las personas más "apreciadas" del Distrito 11. Tienen más...Libertad.
Los agentes de la paz no acostumbran irrumpir en sus casas o golpearlos públicamente, al menos no es habitual. Sin embargo, no pueden escapar de la Cosecha, no pueden evitar que su nombre esté en una papeleta. Sin embargo, no evito pensar con envidia (y un poco de odio) que ellos no se han visto en la necesidad de pedir teselas. ¿Cuántas veces pudo haber estado el nombre de Damián este año?, ¿seis?, ¿siete veces?.
Por un lado, este año será más justo para todos, los más pobres y los más "ricos" nos encontramos en igualdad de posibilidades.
"Ellos también tienen familia".
Y me odio de nuevo, otra vez en este día.
"Pero yo tengo a Alain, Ainara y a Said. Yo igual tengo familia".
-Sí, bueno, mientras no seas tú, ¿no es cierto?-me dice él.
Detesto a Damián, en verdad. Lo detesto desde que ... ¿Desde cuándo lo detesto?
Supongo que empecé a detestarlo, o por lo menos no pensarlo, desde el funeral de mis padres y abuelos.
Cuando comencé a asociarlo a él con el Capitolio, con todos los habitantes del Fidem, con todos los leales.
"A lo mejor lo envidias".
-"Mientras no seas tú"- le repito más cortante de lo que hubiese deseado demostrar.
Me levanto, me siento enojada con él. Ya puedo imaginar su mano escribiendo mi nombre Violet Hamilton en la votación.
¿Cuántas papeletas conseguiré?
Y vuelvo a recordar que mi propia mano también escribirá dos nombres el día de mañana. Entonces no debo culparlo si me elige porque yo también elegiré a alguien más, a dos personas más, yo también condenaré a esos dos.
-¿A quién elegirás?- vuelve a insistirme su voz desde atrás.
Y me molesta porque yo no le debo nada, porque nunca nos hemos dirigido palabra.
"Nunca nos hemos hablado...Los Juegos...La votación".
Y entiendo, el hombre desesperado haciendo contactos desesperados. Seguro que habrá notado que no es el más agradable por aquí, lo cual ha de ser porque la mayoría no provenimos de lugares "ricos". Siento lástima.
-¿A quién elegirás tú?- le contraataco.
Su cara se aprecia visiblemente sorprendida cuando lo veo.
Ya no hay demasiada gente en nuestro curso que pueda estar cerca, por lo menos ellos no nos escuchan.
Sus labios se separan con cuidado, sus ojos contactan los míos, aún estando yo de pie se esfuerza por hacerlo.
-Violet- me dice pausadamente- sólo habría una persona que escogería en este Distrito, de la segunda no estoy seguro, pero del tributo hombre sí.
Se pone de pie y me encara y siento el estómago pesado nuevamente, con ganas de vomitar ante lo que se viene.
"No digas Alain, no digas Alain, no digas Alain...".
Temo preguntar pero igual lo hago.
Dos palabras que me descolocan.
Incomprensibles, incluso.
-A mí.- Me dice apenas audible pero igual lo escucho claramente.
No lo entiendo, realmente no lo entiendo. Pero debe ser mentira, ¿no?
-¿Por...por qué?
Es lo único que atino a decirle dejando a un lado preguntas como "¿y tu familia?, ¿y tu novia?, ¿y tú?...¿Eso se puede?"
-¡Oh, vamos!, como si no supiera lo que va a pasar mañana...
Y es lo único que obtengo porque escucho pasos acercándose. Me volteo y veo a mis hermanos y puedo notarlos angustiados. No estoy segura de si comprenden lo de la votación.
"A mí".
Aparentemente tampoco Damián la entiende.
Me despido de él con un gesto y tengo la sensación de haber estado hablando con un hombre derrotado más que esperanzado de hacer sus últimos contactos.
...
"-¿A quién elegirás?".
"-Los dos tributos que representen cada Distrito, serán elegidos por su mismo Distrito".
"-A mí".
"-¡Oh, vamos!, como si no supiera lo que va a pasar mañana...".
Y no lo sé. Lo único que sé es que las cosas están cada vez más descolocadas en mi cabeza y que el hecho de que no sea Alain o yo alguno de los tributos ya no me basta. Ya no me basta porque no es justo, queda más que claro, no es justo porque las cosas no eran así antes, porque no lo merecemos, no nosotros ni ningún Distrito.
No Panem.
"¿Qué pasará mañana?". Me pregunto una y otra vez de regreso a casa.
Tomo las manos de mis hermanos y caminamos en silencio a casa. Los zapatos vuelven a llenarse de barro. La Plaza parece más que lista para la Cosecha, pero los ánimos están por demás apagados. Los habitantes están demasiado silenciosos y son pocos los que se encuentran en la calle.
Los campos están abandonados.
Y Alain no se molesta hoy de que le sostenga la mano.
Caminamos.
-No quiero votar- Me susurra Alain con la cabeza baja.
-Yo tampoco quiero hacerlo- Me dice Ainara.
Y me detengo, hay cosas que ellos no deberían de enfrentar y ésta es una de ellas.
-Ainara, tú no lo harás- le digo- lo haremos Alain, Said y yo, los menores de doce no pueden elegir.
"Pero todos los demás sí".
Por un lado eso es mejor para Ainara pero, ¿y para Alain?. Marcarlo así a los trece, hacer que decida sobre la muerte de alguien... Es repulsivo.
¿Qué le digo a él?
No les contesto y vuelvo a tomar sus manos, me quedo en silencio hasta llegar a casa.
Y nos sentamos alrededor de la mesa, de nuevo.
-Alain, no deberíamos de pasar por diferentes cosas en la vida- comienzo a hablarle- no deberíamos pero nos suceden y no es nada justo que tú pases por esto, que alguien pase por esto.- mi hermano mira el piso- Mírame,- le ordeno-mírame. Tú no tienes la culpa de nada de esto y así mismo nadie podrá decirte nada acerca de tu elección porque todos tendremos que hacerlo. Pero sí puedes pensar detenidamente en escoger al que tenga más posibilidades de salir con vida, ¿no crees?
"Claro", pienso, "¿cuándo alguien del Distrito 11 ha salido con vida?", pero me callo lo evidente, el hecho de que nuestra "Aldea de los Vencedores" está vacía por una razón: estamos demasiado hambrientos. ¿Irónico, no?, cruel, incluso.
Los Juegos del Hambre.
Hambrientos.
Ainara se levanta y viene hacia mí para abrazarme y poner su cabeza en mi hombro. Y yo debo evitar llorar frente a ellos.
Sostengo fuertemente las manos de mis hermanos hasta que la puerta se abre y Said entra por ella.
-¡Ánimo, gente!- nos dice al vernos tan apachurrados y no entiendo su cara de felicidad hasta que comprendo algo- las papeletas de Violet no valen para mañana.
No puedo evitar mirarlo con enfado porque ese es un tema que sólo él y yo sabemos.
Alain se levanta para abrazar a Said quien aún se encuentra de pie.
-¿Y si no le caemos bien a la gente?
-¿Bromeas?, ¡nosotros les caemos bien a todos!- le sonríe.
"Ojalá eso sea suficiente".
...
Después de la cena (donde casi nadie come nada) y de que Alain y Ainara se duerman (con gran esfuerzo), Said y yo seguimos mirando hacia la mesa.
Ninguno nos hemos decidido a hablar pero la tensión está en el aire.
Hasta que él habla, sin mirarme.
-Votaré por Zeeb.
-¿El de cultivo?- pregunto también sin mirarlo.
-Sí
Supongo que estamos jugando a la táctica del más fuerte del Distrito 11 que nos es desconocido.
No quiero pensar que es porque se trate del pecoso alto de Fidem. No quiero pensar que es porque es "rico".
-Y por Nayara, la de la panadería.
"La chica pedante de la panadería...Del Fidem". Completo en mi cerebro.
Otro silencio que sabe a pregunta para mí.
-Yo votaré por Jill
-Es tu compañera de clase, ¿no?
Yo sólo asiento. Jill Guirnaldi es muy querida en mi escuela, es una chica agradable por la que estoy segura que nadie, aparte de mí, votará. Es una jugada que estuve sopesando, es como "quemar la papeleta" porque no saldrá elegida. Es imposible.
"También es del Fidem". Repite una voz en la cabeza pero la espanto. Es por "quemar la papeleta".
Silencio otra vez.
-...Y por Damián- le suelto.
-¿El de tu clase?- Esto sí logra que nos veamos a la cara.
-Sí.
Pero no puedo decirle que es porque él mismo votará por su nombre, que él mismo quiere ir a Los Juegos por algún instinto homicida que no me explico. No quiero decirle cómo me dijo esas dos palabras.
"A mí".
Sólo volvemos al silencio, a esa sensación de vacío y de impotencia, pero más liberados. Por lo menos me siento más libre de saber que ya he elegido y que no me echaré para atrás.
Ya he elegido
...
Esa noche no puedo dormir, tengo la sensación de que algo se me escapa, de que ese prado sangriento acude de nuevo a mí pero que en él hay alguien a quien conozco.
Esa noche pasa a cuenta gotas, lenta, como la arena contada por unas manos ciegas.
Puedo escuchar en la habitación contigua que no soy la única, que Said tampoco duerme.
Me destapo continuamente para luego volver a taparme. Es una sensación extraña de frío y calor, una sensación de culpa y determinación.
De culpa.
Y entonces lloro, lo más silenciosamente posible porque estoy asustada, aterrada de mañana, porque me siento culpable y no haré nada para cambiarlo.
Porque soy igual de ruin que los del Capitolio.
...
Todos nos levantamos muy temprano al día siguiente. Es entonces que agradezco no ser sólo yo la que está a cargo de nosotros porque Said no se olvidó de las provisiones y yo sí.
Sin embargo, y a pesar de que intento hacer que coman algo, nadie lo hace. Ni yo misma.
El pan en forma de medialuna se queda en la mesa sin probar.
Yo ayudo a Ainara a ponerse el vestido rosa que usa para vernos en la Cosecha. De las pasadas cosechas no recuerda a Said porque era muy pequeña, pero de mí y de Alain sí.
Yo también me aseo y me pongo un vestido verde oscuro que era de mamá.
Prefiero sólo cepillar el cabello de Ainara y el mío. Ese día quiero que nos parezcamos. Que la familia se parezca.
Después nos encontramos a Alain y a Said que tienen puesta la camisa más limpia que encontraron y sus sonrisas son alentadoras, tanto, que me hacen agradecerles mil veces por su esfuerzo.
...
Mi mano tiembla cuando me dan las dos papeletas. Todos los miembros del Distrito están allí. Hasta los adultos más viejos, pero no hay ancianos.
Los agentes de la paz, nuestra alcaldesa y las cámaras del Capitolio.
Asimismo, está nuestro presentador oficial Khalil Cooper traído directamente del Capitolio. Es un tipo que siempre he detestado, fuera del hecho de donde proviene, porque parece ser que su porte desentona, que su ropa azul y su bastón dorado y pomposo no pertenecen a nosotros. De hecho parece más un castigo para él estar en este Distrito en lugar de ir a representar a los tributos de los Distritos 1 ó 2, que son los que suelen ganar los Juegos.
Están todos excepto algún Vencedor de nuestro Distrito, alguien que podría actuar como el mentor de los Tributos elegidos. Pero no puede estar presenta quien no existe.
Escribo lo más rápido posible los nombres que he elegido pero el pulso parece delatarme. El trazo es deplorable, sin embargo, aún se leen dos nombres.
Jill Guirnaldi.
Damián Thomson
Los entrego rápidamente, como si lo que sostuviera fueran bichos repugnantes y no un par de trozos de papel.
La fila es larga, de ambas partes.
Camino hasta situarme con todas las chicas de mi edad. Y trato de no pensar en lo horrible persona que soy, en haberme aprovechado de dos palabras que se presentaron ante mí como tabla salvavidas.
Soy una cobarde.
Traidora.
Esto quería el Capitolio, ¿no? Pues lo logró.
"Velo por el lado bueno Violet, si gana cualquiera de esos dos, podrán traer beneficios al Distrito 11 por primera vez, si gana uno de los nuestros, podrán ser ricos de por vida, ocupará una de las casas de la Aldea".
Traidora.
Me quiero consolar y justificar cuando eso no es posible.
Las lágrimas luchan por salir de mis ojos, pero me contengo.
La ceremonia comienza en cuanto hacen el recuento e intento no encontrar la cara de Damián o de Jill.
De Ainara, de Alain, de Said.
No creo poder volver a mirarlos a la cara.
Traidora.
Siento que me asfixio, como en mi sueño, siento mis pies tibios y mis manos frías.
-¡Felices Juegos del Hambre!, ¡y que la suerte esté siempre, siempre de su lado!
¡Esas malditas frases!
Khalil Cooper habla y yo dejo de escucharlo, de igual forma ya sé lo que dice, lo he escuchado por lo menos alguna vez, en alguna Cosecha.
Nos proyectan un video donde se hace claro cómo el Capitolio triunfó sobre los rebeldes, cómo instauró la paz. Un video donde ellos son los buenos y nosotros los malos, donde la inconformidad ante los malos tratos sólo se traduce a deslealtad y mal agradecer que ellos nos hayan dado la mano. Eso dicen, dar la mano. Es cuando uno de los trece Distritos de Panem desaparece como castigo. Y quedamos nosotros, doce Distritos. Unos más pobres que otros.
Días oscuros, instauración de la paz.
Juegos del Hambre.
Así surgen.
Cosecha tras Cosecha el mismo video que me asquea. Esta vez no lo escucho, es como transpasar la pantalla y escuchar ese pitido del vacío.
Pero sí pongo atención cuando Khalil Cooper toma los dos sobres que contienen la sentencia de muerte para dos de nosotros.
-Comenzaré a dar lectura del nombre de la chica tributo que representara con orgullo al Distrito 11 en estos Vigésimo Quintos Juegos del Hambre
La Plaza guarda un silencio mortal y yo comienzo a pensar desesperadamente que el nombre que está escrito allí no sea el mío, porque hasta entonces esa posibilidad no me era tan patente como en este instante, no como cuando actuaban cuarenta y dos papeletas en mi contra. No cuando la culpa me carcomía.
Khalil Cooper abre el sobre destinado al nombre de la chica tributo que hemos condenado, guarda silencio lo suficiente para crear esa expectación que debe hacer que no sólo yo ruegue por no ser la elegida o el elegido.
Khalil Cooper tiene la decencia de guardar la compostura y bajar la mirada cuando pronuncia el nombre.
-Violet Hamilton.
Mi nombre.
La suerte definitivamente no está de mi lado.
_FIN DEL CAPÍTULO_
¿Qué les pareció lo que hizo Violet?
¿Por qué creen que Damián le dijo eso?
¿Qué sucederá?
¡Chan Chan Chan!
Agradezco muchísimo a quien me ha dado ánimos de continuarlo, no saben lo importante que es esto para mí.
A quien ya lo ha comentado y lo sigue:
Como siempre, su opinión es muy importante.
Y ojalá que sigan acompañándome hasta el final.
"¡Felices Juegos del Hambre!"
