Y después de tanto tiempo de espera, he aquí el Cuarto Capítulo, la falta de tiempo y la poca inspiración me limitan, pero como dije antes, no abandono este proyecto.
Muchas gracias a todos aquellos que siguen conmigo, que me han tenido paciencia.
Y a aquellos que se han topado con este fic han decidido darle una oportunidad.
Se los agradezco infinitamente.
Este capítulo va con dedicatoria especial para RB_Black que ha sido una constante en esta historia y de quien suelo esperar con ansias sus criticas.
Asimismo, los animo a dejar su comentario.
Un beso.
(La historia original pertenece a Suzanne Collins).
...
Capitulo IV: El Capitolio
"En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce,
hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;
recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo
y, cuando los abras, el sol estará en el cielo".
Suzanne Collins, Los Juegos del Hambre.
Estoy en el pasillo, siento que mis pulmones se quedan sin aire. Hace años que esto no me sucedía, hace tanto tiempo que no tenía ataques de pánico. Intento controlarme, me inclino y tomo un poco de aire, sólo un poco como para que el reflejo de querer inspirar más me asfixie.
Voy a llorar, las lágrimas se agolpan en mis ojos y la ansiedad me está crispando los dedos, "calma, calma".
Dejo que mi cuerpo se deslice por la pared y me recuesto boca arriba intentando relajarme y dejar la mente en blanco. Sin embargo, no lo consigo. Comienzo a llorar, allí, tirada en el piso, logro cubrirme la cara, debo verme demasiado patética pero no sé qué más hacer, se me ha salido de las manos, necesito a alguien a mi lado, en verdad no quiero morir y sé que eso pasará porque no soy ni mejor que Damián.
No soy ni la mejor en mi propio Distrito y sé que sería justo si él acaba conmigo. Pero no quiero justicia, sólo quiero irme a casa.
Escucho la puerta abrirse, la misma por la que yo acabo de salir. Es un chirrido metálico que hace automáticamente que deje de llorar, pero no me quito las manos de la cara.
-La comida es muy buena, Violet, deberías venir y hacer que esto valga la pena.- Siento que se ha sentado al lado mío.- Tienen un rico estofado de crisantemos y risottos con melocotones, ¡Ah, y albondigón en crema de cabra!
Doblo las rodillas y me siento, cuidando no darle la cara para poder limpiarla con mi blusa, la misma que aún huele a tierra del Distrito 11.
-Me alegra que aproveches tu muerte-. Le digo con demasiado veneno.
-Pues mira, si he de morir, mejor será aprovechar esa comida antes de que ellos se la coman viendo cómo me desangro, quemo, asfixio, desfiguro… en fin, estirar la pata.
La soltura con que lo escucho hablar no me es del todo creíble, pero me ayuda a calmarme.
Luego, de manera más seria, voltea mi rostro hacia él y me dice:
-Te han quitado la libertad, Violet, no dejes que te quiten tus lágrimas, no supliques. Ya habrá un día en el que todos caigan y es allí donde tú y yo, y todos los demás antes y después de nosotros, estaremos presentes, quizá no físicamente, pero estaremos.
No puedo seguir mirándole a la cara, recargo mi cabeza en mis rodillas y respiro muy lentamente, él sigue sentado a mi lado, con el compás de su pecho recordándome que aún estamos vivos.
-Yo te elegí.
Le suelto, porque quiero que sepa que esto no lo merezco, no lo merezco a él al lado mío intentando consolarme.
-Yo escribí tu nombre en una papeleta: Damián Thomson, puse.
Pero no levanto la cara, mi cobardía sigue siendo demasiado grande.
Al lado mío, él se crespa y quiero que me grite, que me diga que me odia, que soy la más ruin de las personas y que se marche y me deje sola.
-Lo sé, bueno, eso esperaba.
Ahora sí que mi cabeza se levanta y lo miro sorprendida.
Sus labios me sonríen, pero sólo sus labios.
-La verdad es que quería ser elegido, ya sabes: la atención, la comida, chicas lindas que se te lanzan antes de los juegos, la adrenalina, los diseñadores y las vestimentas. El campo de batalla, que la gente te mire con admiración…
-¿Estás de broma?
Ríe.
-Por supuesto que estoy de broma, ¡a quién le gustaría ser elegido!
-Tú me dijiste, tú lo dijiste en el colegio, ¡que clase de loco eres!
Su rostro cambia a uno enojado.
-¿Loco?, pero si acabas de decirme que escribiste mi nombre en la papeleta, y vete aquí, al lado mío, eso me suena a karma instantáneo.
Es un golpe en el estómago, me levanto, el ataque de pánico se renueva pero las ganas de llorar se han ido.
Debo encontrar una puerta, no la misma que lleva a Cooper, no, una puerta que dé al exterior, que me permita saltar, que me deje huir. Tanteo las paredes, comienzo a hacerme daño y supongo que Damián lo nota porque me toma por la espalda y me aparta del metal con el que todo aquí esta hecho.
-¡Sueltame!, ¡sueltame!-. Le grito, pero no me deja.
Comienzo a manotear.
-No me vas a dejar, ¿entendido?, tú me metiste aquí, no me abandonas así de fácil-. El tono de su voz es demandante.
-No fui sólo yo, no fui sólo yo- logro decirle con la voz cortada por mi pánico y sus brazos alrededor de mi cintura, aún me sujeta.
Me volteo y veo su cara, esperaba verlo enojado de nuevo pero no lo está, de hecho sonríe.
-Menudo lío te vuelves nada más quieres, eres demasiado voluble, Violet, debemos trabajar en ello.
Ahora sé que no está enojado.
Y no puedo evitar lanzarme a su cuello para abrazarlo, de esa clase de abrazo que esperaría que me diera Said o mi padre, necesito que alguien me reconforte, necesito estar en casa y él es lo único que me queda del Distrito 11.
Siento sus brazos de vuelta y sé que el necesita lo mismo.
Nos quedamos abrazados un rato en el pasillo hasta que él habla.
-Bueno, no es la clase de atención que esperaba por parte de una chica, pero vale- me dice en el oído y se ríe.
Me separo de él, ya seria.
-Lo siento- le digo.- En verdad lo siento.
-No te preocupes con o sin tu papeleta habría terminado aquí, la diferencia es que tú también estás, shhh- me toma por los hombros- no estoy tan enojado como para hacer una locura antes de los Juegos, Violet, por lo menos no contigo. No ahora que estamos solos y … tómalo en cuenta: somos de los peor preparados, creo yo, y es por ello mismo que debemos masacrar el banquete, si es que Cooper no lo ha hecho ya.
Me río, ¿qué otra cosa puedo hacer?
El tren sigue avanzando y me lleva... Nos lleva a la masacre segura, a la sangre, a la gente que se regodeará de vernos morir y apuesta desde ya por quién durará más tiempo con vida. El tren nos lleva y no nos devolverá.
¿Qué más puedo hacer?
Camino a su lado de vuelta al comedor. La puerta se abre con el chirrido metálico que, anteriormente, me anunció la llegada de Damián.
Cooper ya no está en la salita, sólo está la mesa servida.
Me da hambre y decido hacer lo mismo que Damián: mandar todo al cuerno. Si me han de matar por lo menos lo harán con mi estómago lleno.
Veo la ventana mientras me sirvo estofado de cordero y patatas dulces. Todo es tan borroso, tan veloz, el Distrito 11 ha quedado atrás y puedo identificar que las montañas ahora son parte del paisaje. Jamás había salido de mi Distrito, de hecho no es posible hacerlo, no a menos que se nos dé algún permiso.
Sorprendo a Damián siguiendo mi mirada.
-Muy bien, nos darán un tour por Panem, cena servida, buena compañía, no más tareas… Pudo haber sido peor.
-Sí, pudieron haber puesto sobre la mesa sólo un pan y orillarnos a pelear por él-. Le contesto.
Tomo asiento y no tardo mucho en terminar mi plato, así que me sirvo avellanas escarchadas y nieve de membrillo.
Damián hace lo mismo.
Comemos hasta no poder más.
Ya el dolor se siente como a …nada.
Quizá como a membrillo en la lengua o a un estómago saciado.
Como cuando te agitas la cabeza y escuchas un zumbido. La mirada perdida.
El dolor no se siente si tu cabeza deja de recibirlo.
….
Cooper aparece por la puerta tiempo después, nos encuentra a ambos demasiado aletargados, cada quien pensando en lo que hemos dejado atrás. Ya se ha cambiado de ropa, es un traje con perlas grandes, supongo que han sido cosechadas en el Distrito 4, al menos es lo que se dice en mi Distrito. Seremos de los más pobres pero aún escuchamos ciertos rumores.
Quisiera poder tener a Ainara, Alain y a Said aquí, que comieran todo lo que he comido yo, pero prefiero no hacerlo, prefiero que estén lejos de esto porque si estuvieran aquí solo significaría que compartirían el mismo destino que me aguarda a mí.
Me pregunto qué estarán haciendo.
Enfoco mi mirada de nuevo en Cooper, su vestimenta purpura coronada de perlas me da asco, ¡como se puede vestir así cuando en mi Distrito morimos de hambre!
Tenemos que robar las raíces y él sólo se planta en mi cara con su sonrisa de autosuficiencia por un lado y compasión por el otro.
Aunque, no, compasión no es, supongo que cuando vives demasiado tiempo en el Capitolio la compasión es demasiado falsa, es un artículo despreciable que nadie ha de comprar. No, compasión no. Ha de ser vergüenza, quizá no quería representarnos. No solemos ganar los Juegos.
Triste por él. Yo ya he comido y no debe importarme. Vuelvo a mirar por la ventana y finjo que no existe.
En cambio Damián se levanta y se planta frente a él.
Por un momento pienso que lo va a golpear, a reclamar que goce con nosotros. Pero no lo hace.
Se estrechan las manos.
Y aunque trato con todas mis fuerzas de ignorar a ambos no puedo, me siento traicionada por mi propio Distrito.
Por segunda vez.
-Bien, Cooper, ¿Cuál es el plan?- dice Damián con una sonrisa en la cara. Una espléndida y radiante sonrisa.- Llegamos al Capitolio, sonreímos, foto, foto, squich. Nos presentan y lucimos apetecibles.
Cooper ríe complacido.
Yo los miro incrédula.
-Veo que nos vamos entendiendo.
-Por supuesto, si vamos a hacer esto lo haremos bien desde el principio.
¡Otra vez esa melosa sonrisa!
-Bien, Damián, Violet- Nos llama, y se sienta frente a mí, en el sillón que queda, Damián también toma asiento- El siguiente paso es agradarle a la gente del Capitolio, conseguir que los amen
Mi cara debe delatarme porque Cooper me ve con desconfianza.
-Necesitamos- prosigue- que sean competidores apetecibles, a pesar de que provienen de uno de los peores Distritos, sino que el peor.
-Calma, calma- dice Damián.
Mi sangre se paraliza, mi interior traicionado me dice que me vaya, pero mi cordura razona para que me quede, debo ver de qué va la cosa.
-Quiero, sinceramente...- Cooper corona el comentario con una sonrisa salamalera- que ustedes ganen los Juegos.
¡Claro!, como si realmente le agradáramos.
-Pero está más que evidente que tienen ciertas… limitaciones.
Quiero reír al ver la cara de Damián, al parecer no le esta yendo la mar de bien.
-No parecen ser personas de mucho conocimiento, ni estrategias, no son un Distrito que se prepare desde pequeños para este tipo de inconvenientes.
Y es cuando me canso y decido tomar la palabra.
-Vaya, así que ahora llamamos a los asesinatos "inconvenientes", sí, eso han de ser, ¿no, Cooper?- Me enderezo en mi asiento y procuro verlo con todo el odio del que soy capaz- Así que ahora asesinar niños y convertirnos en asesinos es un pequeño "inconveniente", me encantaría verte a ti en la Arena y que te sacaran los ojos, no sin antes escucharte suplicar por tu vida- sé que me estoy pasando, seguro amanezco muerta antes de los Juegos, pero necesito desquitarme aunque sea con un sólo miembro del Capitolio.
Cooper enfurece pero no se defiende, no aún, y Damián me mira sorprendido. Eso me confiere poder, de alguna forma.
-Imagínate, contar los días que te quedan con vida, piensa cómo ha de ser que la gente apueste a por tu cabeza, que la suma de dinero suba conforme te encuentres más debilitado o hayas asesinado mas niños, ¡adelante!, te invito a que veas tu futuro, quizá no en la Arena, pero sí te aseguro que tu muerte no será nada digna…
-¡Silencio, Violet!- me calla Damián, aparentemente me he exaltado demasiado, aparentemente estuve a punto de lanzarme contra Cooper y arañarle la cara.
Hubiese querido que el efecto de susto de Cooper fuera duradero, pero el hecho de que Damián saliera a su rescate hizo sólo que se confiara. Una sonrisa se asoma por sus labios.
-Violet, Violet…Niña tonta, no sabes cómo funciona esto, ¿o sí?
Intento levantarme pero Damián me sujeta fuertemente.
-Sin mí básicamente estás muerta.
Lo sé, lo supe desde antes que empezara a decir cualquier cosa, pero esto ha sido liberador, bien puedo morir en este preciso momento y lo haría en paz, o muy cercano a la paz.
Lo que sí me duele es Damián, creí que éramos aliados, o por lo menos no enemigos.
Nadie dice nada después de ese comentario.
Cooper se levanta elegantemente y sale por la puerta. Transcurren unos minutos antes de que Damián me suelte.
-Eres un cretino- le digo.
-No lo entenderías
Ahora estamos de pie ambos, como midiéndonos. El cazador o la presa.
-Eres un traidor.
Damián se enfurece.
-Él tiene razón, ¿que no lo ves?, sin él estás muerta.
-Estamos, aunque lo haz manejado muy bien, Damián, te lo has echado a la bolsa, ¿no?
Él vuelve a tomarme de los hombros pero ahora está visiblemente enojado.
-Lo estropeaste, creí que eras más inteligente, creí que era bueno tenerte en esta parte del barco...quitando lo evidente- que moriremos, sí, eso lo sé- supuse que había algo de tus abuelos en ti.
-¿De qué estás hablando?
-De nada, me voy a la cama.
Damián se voltea, mi cara se ha descompuesto.
-¿De qué estás hablando?- Le repito a su espalda.
Pero no regresa, abre la puerta, de nuevo ese chirrido metálico, y sale.
Mis pies corren tras él.
Avanzo por el pasillo evitando a los sujetos que deben ser empleados del Capitolio y llego a la puerta por la que se ha metido.
Golpeo, primero de forma calmada aunque la sangre bombea por las yemas de mis dedos y por mis pies, y mi cara y…
No abre.
Vuelvo a golpear, de tal forma que la calma se rompe y me vuelvo la histérica que acosa a un tipo del otro lado de la puerta.
Me late la sien.
-¡Abre!, Damián, ¡abre!
Sigo golpeando, pero no aparece.
Me duelen las manos, pateo.
La gente comienza a verme, sé que él sólo dijo una oración, que quizá no tiene importancia pero me trae el pasado de vuelta.
Es como si volviera a verlos en La Plaza, como si mis padres aún estuvieran allí, presenciando, gritando.
Los gritos ahora son míos.
Damián no abre la puerta pero el alboroto hace que una mujer llegue hacia mí, no la veo muy bien.
Y luego algo se clava en mi cuello.
Justo cuando Damián abre todo se vuelve negro.
….
Estoy en mi dormitorio, alguien cepilla mi cabello, es Ainara.
Sonrío y le tomo las manos.
-Te hemos hecho pan, Violet. Alain, Said y yo.
Me levanto, estoy en casa. Todo está como lo dejé: las botas de mamá, las sábanas hechas bola que no tuve oportunidad de lavar, el ropero que construyó papá, Ainara con su cabello revuelto. Todo está aquí.
Me levanto, me siento plena, feliz de estar de vuelta, seguro que no les sentaba bien alguien tan gritona como yo en los Juegos, pero no me interesa pensar más en eso.
Volteo y le doy un gran abrazo a Ainara.
-Te quiero, te quiero, te quiero.
Ella me mira divertida y extrañada.
Me levanto de la cama y me calzo las botas de mamá, me echo una cobija encima de los hombros porque comienza a hacer frío, debe ser noviembre, es cuando hela en el Distrito 11, cuando solemos pasarla mal porque los leños sólo los tiene la gente del Fidem y el Capitolio, aunque allá no haga frío nunca, a menos eso hemos escuchado.
Sin embargo, es el mejor día que he tenido hasta hoy, es la esperanza de estar viva, de estar con mis hermanos en casa, de saber que me he salvado de la muerte.
Huelo el pan y tomo a Ainara en brazos, nos abrigamos y voy sonriendo hasta la cocina, quiero ver a Alain y a Said.
En cuanto asomo la cabeza Said abre sus brazos, allí está: olor a pan, a madera, resina y tierra mojada.
Y Alain, sonriente, con la cara sucia de harina y los ojos más limpios y brillantes.
Me reúno con ellos y los abrazo, les lleno las mejillas de besos.
Pasamos la mañana alrededor de la mesa, temblando de frío pero felices, comiéndonos todo el pan de media luna.
-Es bueno tenerte en casa- me dice Said- estos mocosos son ingobernables sin ti.
Yo abrazo más fuerte a Ainara que no se me ha despegado ni un minuto.
-Te extrañamos mucho- dice Alain.
Realmente me siento en casa.
Comienzo a llorar de emoción, de alegría de estar con vida.
Aunque hay algo que no me deja en paz, algo que me golpea lentamente el estómago, y luego se vuelve un trueno en mi pecho.
-No recuerdo como regresé a casa.
Ellos se quedan muy quietos y bajan la mirada.
-¿Cómo lo hice?, ¿ya fueron los Juegos?, ¿Quién los ganó?
Mi voz tiembla, no quiero enterarme de cómo murió Damián o de a cuántos asesinó.
Nadie habla.
Así que decido dejarlo pasar, muy por encima de mi estómago que se retuerce a la expectativa.
-En fin, no importa, ahora estoy con ustedes, ¿Qué haremos por la tarde?- Fuerzo una sonrisa y acaricio la cabeza de Ainara.
Luego, Said levanta la vista y casi, casi, adivino lo que va a decirme. Pero no me llega a tiempo para esquivar el golpe:
-No has vuelto a casa
…..
Despierto, tengo la cara mojada, he llorado en sueños.
El tren sigue bamboleándose.
Al parecer me han traído a la habitación que debieron de asignarme. No sé cuánto tiempo he dormido pero no traigo las ropas con las que salí de casa.
Despertar a la realidad es peor, mucho peor que saberme tributo.
Me levanto y corro al baño, siento que voy a vomitar, pero no lo hago.
El sueño fue tan real, fue tan… fue una tortura.
Esto es una tortura.
Pero me ha ayudado en algo: Me ha renovado las ganas de vivir.
Así que ahora debo preparar un plan de ofensiva.
Me lavo la cara y veo el reflejo de lo que los Juegos han hecho de mí. Debo parecer una loca desquiciada, así que decido calmarme aunque me cuesta mucho trabajo.
Traigo una pijama de seda blanca, sé que es seda porque el Distrito 11 tiene un apartado para trabajarla. Nunca he estado en él pero se lo que pasa con quien pretende robarla: pena de muerte. Y quisiera mencionar que los Agentes de la Paz nunca han aplicado este castigo, pero no puedo.
Éste y muchos otros más.
Panem es un menudo asco.
Salgo del baño y busco mi ropa del Distrito pero no la encuentro. En su lugar alguien ha dejado un vestido turquesa al lado de la cama.
En otras circunstancias me negaría a ponérmelo pero he decidido cambiar de actitud si quiero sobrevivir.
Las cosas deben ser diferentes, por lo menos en mi exterior.
Antes de llegar al vestido, mi puerta se abre.
Es Damián.
Entra silenciosamente y mi estómago arde.
Cierra la puerta.
-Estamos a poco de llegar al Capitolio- me dice- te agradecería si dejaras de comportarte como loca- pareciera que la explicación que me debe se ha quedado atrás. O el hecho de que alguien me haya dormido no interesa.
Sin embargo debo controlarme, él sabe más que yo en este asunto y, aparte, ya no puedo confiar en él, si es que alguna vez lo hice.
-Buenos días o tardes…o lo que sea, Damián.
-Buenas tardes, Violet.
Me mira detenidamente, como evaluándome.
-Deberías vestirte, eso haré yo…
-¿Cuánto tiempo estuve dormida?
-Tres días y me sirvió de mucho, Violet, por fin pude escuchar mis propios pensamientos sin tus gritos en ellos.
Quiero protestar y torcerle el cuello, pero me contengo.
-Ha sido un placer, Damián.
Se acerca a mí, el odio aumenta en mi estómago.
Debe estar a cinco centímetros de distancia. Su cara esta cada vez más cerca de la mía.
El odio es reemplazado por los nervios, debería moverme.
Sus labios rozan mi oreja derecha, y entonces susurra:
-Cooper te quiere muerta, quiere que seas la primera, y me ha encomendado esa tarea.
Besa mi mejilla y se va.
…..
Estoy sola en la habitación, aún de pie.
Una voz anuncia que hemos llegado al Capitolio.
El tren se detiene.
_FIN DEL CAPÍTULO_
¡Eeeeeen fiiiin!
¿Qué piensan de Damián?
¿Es un cretino?, ¿no lo es?
¿Qué hará Violet?
¿Cómo serán las cosas en ese tiempo?
Agradezco que hayan leído este capítulo.
Espero reviews :D
