Continuación…
Aquello no era un sueño. Ni una pesadilla de la que no pudiera despertar. La chica que se encontraba desnuda bajo la fina sábana de la cama, no era su esposa.
—Sakura-chan…
Sakura se frotó los ojos con ambos puños de una forma bastante felina. Bostezo y sonriendo, se acercó a los pies de la cama a cuatro patas. Sasuke la miraba atónito, casi con terror. Pero aún así, sabía el modo perfecto para hacerle olvidar sus pesadillas.
—Sakura-chan… — repitió echándose hacia atrás cuando estuvo a punto de tocarle.
La joven frunció el ceño confusa. ¿Sasuke había agregado el "chan" detrás de su nombre? Vale, aquello era más grave. Se sentó sobre sus piernas y le miró con preocupación.
—¿Te encuentras bien? — cuestionó. El chico balbuceó algo que no entendió.
Se acercó más y fue increíble ver a un tipo de un metro ochenta caerse al suelo, con cara de espanto y cubriéndose la cara con una mano. Pero más impactante es si se lo ves hacer a Sasuke Uchiha.
—Ta… tapate, Sakura-chan.
Sakura arqueó una ceja con sorpresa.
—¿Qué? — exclamó. Sasuke continuó retrocediendo. Se levantó con torpeza y se escondió tras una de las columnas.
Aquello estaba siendo demasiado raro. Más que un perro verde. Sasuke pidiéndole que se cubriera, eso debía de ser una blasfemia. Si había algo que aprendió rápidamente tras intimar con él, es que Sasuke prefería la carne a la vista después del sexo y por las mañanas que la timidez de ocultar lo que él se había encargado con tanto amor de hacer para ella Aunque nunca lo dijera de palabra, adoraba verla lucir sus chupetones con orgullo.
Aferró una de las sábanas y se la enrolló al cuerpo. Bajo de la cama y caminó hacia la columna. Sasuke miraba a su alrededor con los ojos como platos. Ella miró hacia el mismo lugar y no vio nada sorprende o fuera de lugar. Era normal que tras tener sexo, su casa fuera un despojo. De algún modo siempre se las ingeniaban para romper el mobiliario, jarrones o hasta incluso la cama. Esta vez la mesa había pasado a mejor vida, el mueble con la vajilla, el fregadero estaba algo doblado, el sofá estaba inservible…
—¿Qué ocurre? — cuestionó. Sasuke tragó pesadamente.
—Esto es de locos.
Sakura hizo un mohín.
—Ya te he dicho que pagaría la mitad, aunque nunca terminas por dejarme. — Suspiró y cruzó los brazos sobre su pecho.
El chico la miró como si fuera la primera noticia que tenía. Se mordió el labio inferior y suspiró aliviado al ver que nada se dejaba entrever de su cuerpo. Algo injusto, teniendo en cuenta que él podía ir como le viniera en gana. Aunque desde luego, no iba a quejarse demasiado de que al andar sus nalgas se movieran deliciosamente o que su sexo se mecería claramente en una invitación.
Se mordió el labio inferior y le miró con ojos brillantes de deseo. Pero cuandito que puso un dedo sobre su piel, Sasuke saltó como un resorte y con la agilidad que poseía, saltó sobre el destartalado sofá.
—Vale, vale. — bufó—, nada de tocarte. Pero al menos podrías explicarme lo que pasa.
Apoyó su espalda contra la pared. Deseaba que el frio de la pared bajara sus deseos carnales poco a poco, aunque era difícil, teniéndolo completamente desnudo, a su merced y en completa bandeja.
Sasuke se pasó una mano por los cabellos, se dejó caer sobre el sofá y brincó al clavarse una de las tablas. Sakura ahogó una carcajada cuando se vio entonces que estaba desnudo.
—¡Ah, ropa, ropa! — demandó con deje infantil que por un instante se le hizo familiar. Sakura le alcanzó sus calzoncillos que momentos antes habían colgado de la única lámpara que había quedado con vida.
Le vio darle la espalda para ponérselos y disfrutó de la maravillosa vista de sus firmes glúteos. Sasuke se volvió con miedo y buscó algo más. Sakura suspiró y le entregó una camiseta tras abrir un armario. Se la colocó también con el ceño fruncido al ver los abanicos dibujados como símbolos.
—Demasiado raro. — murmuró más para sí que para él.
—¡No puedo estar de otro modo! — protestó él enérgicamente— ¡Esto que ha pasado tiene que ser un error! Yo no… nosotros no… ¡Ahg!
Volvió a sentarse, pero esta vez en una silla, y se frotó los cabellos casi con furia. Sakura intentó comprender qué pasaba. Algo dentro de ella empezaba a sentirse mal. ¿Acaso había dicho que el sexo que habían tenido había sido un error? Porque aquello no tenía sentido.
—Perdona, pero empezaste tú a seducirme. — aclaró antes de que las cosas fueran a peor.
Sasuke abrió la boca tanto que temió que se desencajara la mandíbula.
—¡Yo no hice algo así! ¡Recuerdo perfectamente todo!
Sakura se mordió el pulgar incrédula. Apretó los nudillos de su otra mano.
—¿Perdona? ¿Estás insinuando que no eras tú el que tirabas de mí fuera del restaurante hasta esta casa mientras me manoseabas y parabas por todas las calles para meterme la lengua hasta la garganta?
Sintió un pellizco en la garganta mientras soltaba todas aquellas palabras. ¿Cómo podía Sasuke fingir que nada había pasado entre ellos? ¿Cómo se atrevía a mirarla como si estuviera mintiendo descaradamente?
—¡Te digo que no, Dattebayo! ¡Yo estaba con Hinata!
—¿¡Qué!? — gritó. Empotró el puño contra la pared y esta desapareció en un enorme boquete.
Sasuke dio un respingo y se colocó detrás del sofá.
—¡No miento, Sakura-chan!
Sasuke temblaba mientras miraba el boquete a su lado. Sakura parpadeó.
Un momento. ¿Ha dicho…?
—¿Por qué hablas como… Naruto?
El chico la miró perplejo.
—¿Cómo que…? ¡Soy Naruto! — Se llevó las manos al pecho para señalarse con decisión— ¡Soy Naruto Uzumaki! ¿Es que no me ves bien, Sakura-chan?
Sakura entrecerró los ojos advertencia y él retrocedió con aquellos gestos tan característicos. La torpeza de su cuerpo, los gestos, la forma de hablar. Sasuke estaría serio y demandante. La miraría con superioridad y le marcaría bien cuál era su lugar sin andarse con chiquitas. Y estaría sentado elegantemente, no escondido detrás de un sofá.
Pero por más que le diera vueltas, aquel era el cuerpo de Sasuke.
—Naruto. — nombró. Él la miró fijamente en espera— ¿qué le trajiste a Kakashi nada más llegar a la aldea tras tus años de entrenamiento?
El chico se cruzó de brazos y guiñó los ojos.
—Déjame pensar… a ver… mhn…nhm…. Ah, bueno, no se lo traje para él, pero dado que a mí no me gustaba, le entregué el último ejemplar de Icha-Icha que había sacado el viejo pervertido y se lo di.
Sakura se llevó una mano a la frente y buscó un sitio donde sentarse. Tan solo aquellos que habían estado presentes sabían de aquello. Para Sasuke era imposible conocer aquel detalle a menos que Naruto se lo hubiera contado y dudaba con la de cosas que tenían que contarse el uno al otro, esa fuera de la más importantes. Posiblemente se hubiera comentado que el ex ambu continuaba siendo un terrible pervertido en cuanto a lectura se tratara, pero no más detalles. Además, dudaba que a Sasuke le interesara mucho ese tema.
—¿De verdad eres Naruto?
—¡De verdad, Dattebayo!
—¿Por qué estás… dentro del cuerpo de Sasuke? — cuestionó. Naruto la miró perplejo, como si le estuviera haciendo una mala broma. — Mírate en el espejo si no me crees.
Naruto saltó el sofá incrédulo y se dirigió al cuarto de baño. Sakura no necesitó contar hasta tres para escuchar el grito. Naruto salió toqueteando el cuerpo y mirándola con espanto.
—Esto no puede ser cierto. ¿Por qué estoy en el cuerpo de Sasuke? ¿Por qué? ¿Sakura-chan?
—¡Y a mí qué me preguntas! — explotó aferrándolo de la camiseta— ¡No sé qué narices haces ahí dentro, pero devuélvelo ya!
—¿Y cómo quieres que lo haga, Dattebayo? — Preguntó el pobre casi desmayándose.
De repente, reaccionó.
—¡Espera! Si yo estoy aquí… ¿dónde se supone que está él? — Pálido miró a su alrededor—. Oh no.
Abrió el armario para sacar algo más de ropa, le tiró algo que ponerse a Sakura y la miró aterrado.
—El Teme tiene que estar con ella.
—¿Ella? — Sakura empezó a vestirse, ahora, de espaldas a él.
—¡Hinata! — gruñó metiéndose unos pantalones cualquiera por las piernas—. Como vea a Hinata desnuda, voy a matarle.
(…)
Hinata parpadeó cuando lo vio rebuscar entre los cajones de la casa en busca de algo. Lanzaba su ropa hacia atrás sin el menor de los recatos, mientras que remugaba por lo bajo algunas palabras. Se había despertado al escuchar el primer cajón abrirse y se encontró con un rubio demasiado inquieto buscando por todos lados. Lo que no entendía era qué hacía buscando, lo que fuese, en la zona donde estaba su ropa interior. Naruto tenía su propio armario y cajonera para él.
Se lamió los labios y miró a su alrededor. Alargó una de las manos hacia un camisón que había caído casualmente sobre la cama, pero se detuvo. Muy pocas veces tenía esa oportunidad y capacidad y aunque se sentía morir por cansancio y vergüenza, estaba segura de que esa noche Naruto había visto y más de ella de lo que sería capaz de entregar nunca.
Se frotó las caderas y suspiró, esperando que no terminaran crujiendo, molestas por tener que moverse. Salió de la cama y llegó a la altura del chico. Siempre le había gustado la espalda de Naruto. Era grande y podía recostarse contra ella tan gentilmente como quisiera. Años atrás solo podía mirarle de espaldas, pero ahora, era tan libre de tocarlo.
Primero puso suavemente su mano derecha y después, cuando lo sintió tensarse, consciente de que ella estaba despierta, le abrazó. Había otra cosa que le gustaba todavía más al Uzumaki de ella. Y era que sus senos se aplastaran con cualquier parte de su cuerpo, aunque prefiriera en cierto lugar más que en otros. Pero ella no tenía cuerpo para más, aunque seguramente se excitaría para él.
Presionó su torso contra su espalda y rodeó sus caderas. Su marido se tensó todavía más y se preguntó si realmente sería capaz de tener una erección después de esa loca noche. Mordiéndose interiormente la timidez, aunque sabía que su rostro estaba colorado a más no poder a riesgo de desmayarse, descendió aún más sus manos. Esperó hallar una buena erección para ella, pero tan solo se ganó un fuerte empujón que la devolvió a la cama y su nombre en grito.
Le miró perpleja. Él nunca había sido agresivo con ella. Nunca. Solo cuando la tomaba podía dejarse llevar un poco, pero, ¿quién podía echar la primera piedra cuando ella misma siempre le dejaba uñas y mordiscos por todos lados de su cuerpo?
La mirada que Naruto le dedico fue claramente de molestia, perplejidad y finalmente, de confusión o miedo. Hinata no estaba segura. Pero la sorpresa se vio en ellos cuando se dio cuenta de que estaba desnuda. Giró la cabeza rápidamente y le tiró algo de ropa. Tenso, se alejó hacia la puerta.
—Tsk, vístete, mujer.
Hinata se colocó la camiseta mientras tragaba pesadamente. No comprendía que estaba pasando y repentinamente se veía divorciada antes de tiempo. ¿Quizás había demostrado ser demasiado pasional, algo que no parecía compaginar con su timidez para algunos? Empezó a sentir las lágrimas acumularse en sus ojos. Realmente amaba a Naruto, ¿por qué no se había controlado en lugar de dejarse llevar? Había provocado que él la odiase.
—Ya… ya está. — anunció.
Naruto se volvió para asegurarse y suspirar aliviado al comprobar que era verdad. Aunque todavía podía ver un deje que le indicaba que no estaba solo satisfecho con una camiseta por encima. Se tiró de los filos con intenciones de cubrirse las piernas. No podía comprender qué pasaba. Días atrás le había susurrado que amaba su piel y ahora no quería ni verla.
El nudo en la garganta le hizo hipar.
Él la miró un instante y maldijo entre dientes, pasándose una mano por los rubios cabellos. Hinata se preguntó si sería consciente de que estaba desnudo.
—¿Cómo pasó esto?
La pregunta fue como una patada en donde más duele. Hinata levantó los ojos hacia él, abriéndolos tanto que le dolieron.
—¿Qué? — cuestionó. Él chasqueó la lengua.
—Que como nos acostamos. — gruñó fulminándola con la mirada.
Aquello fue lo más que pudo aguantar. El pecho le dolió terriblemente. ¿Acaso planeaba estrujar sus sentimientos hasta destruirla? ¿Era una broma? Siempre había temido que todo aquello fuera mentira, pero… ¿esto? ¿Esta crueldad? Ni siquiera creía que Naruto fuera capaz de llegar a expresar lo que había sucedido de ese modo. Porque el desprecio se dibujaba claramente en cada nota que su boca había expulsado, como si ella no fuera la mujer con la que hubiera querido acostarse.
Estaba a punto de abrir la boca, sintiendo el llanto caer por sus mejillas, cuando la ventana junto a ella se abrió de golpe y su nombre fue gritado por la voz que menos esperaba. Sasuke Uchiha estaba de cuclillas en la ventana, mirándola con la preocupación más grande del mundo.
—¡Teeeeme! — gritó el Uchiha girándose hacia su futuro ex marido. — ¿Qué demonios le has hecho a Hinata?
Naruto estaba con la boca abierta, mirando al moreno como si acabara de ver una aparición. Sakura empujó a Sasuke hacia dentro y miró lo que sucedía mientras este intentaba quitársela de encima.
—Dejame, Sakura-chan, que a este le parto yo la boca, suéltame.
Sakura bufó.
—¿Eres idiota, Naruto? ¿Vas a golpear tu propio cuerpo?
La chica de cabellos rosas miró hacia Hinata, sonriendo de una forma extraña. ¿Había llamado Naruto a Sasuke? ¿Qué lio era ese? Estaba empezando a sentir que todo le daba vueltas. Demasiado como para poder contenerse.
(…)
Sasuke miraba estupefacto su cuerpo, arrollado por su mujer que pataleaba como un pez y que cuando vio a Hinata desmayarse consiguió quitarse a la Haruno de encima para abrazar a Hinata con la mayor ternura del mundo, incluso llegar a besarla en la frente y acunarla. Miró interrogativamente a Sakura, pero esta le pasó por el lado. Cuando se giró para seguirla, esta le señaló un espejo.
El reflejo que le devolvió la mirada no era el suyo. Para ser exactos, era una mirada de ojos azules con enfado y confusión. Sus cabellos eran rubios ahora y su tez más morena. Hasta tenía aquellos extraños bigotitos que caracterizaba al Uzumaki y no a él.
—¿Qué demonios…?
—No me preguntes por qué, pero os habéis intercambiado de cuerpos durante la noche. O las pocas horas que hayáis dormido. — Un curioso rubor cubrió las mejillas de la chica. EN otro momento lo hubiera encontrado adorable y hasta excitante, pero estaba en shock—. Naruto se ha despertado dentro de tu cuerpo, en la cama, conmigo. Y tú te has despertado con Hinata, en el cuerpo de Naruto, en su cama.
La primera idea fue partirle la cara a Naruto. ¿Despertar en su cama, con su chica? Pero luego recordó que él había hecho lo mismo y que si el Uzumaki tenía los mismos deseos de partirle la cara, aquello terminaría como aquella pelea tiempo atrás. Y estaba seguro de que esa vez ambos perderían otra cosa que les colgara y que Sakura les daría la paliza de su vida después, en vez de curarles.
Sakura le lanzó algo de ropa que se puso casi sin ser consciente. Una vez vestido miró a su alrededor y caminó un poco con intenciones de calmarse.
—¿Por qué ha sucedido esto?
Sakura bufó.
—Te dije que no me preguntaras por qué. No tenemos ni idea. Naruto tampoco lo sabe. Pero… yo tengo una ligera idea. Necesitaría que fuéramos al laboratorio. Os haré una prueba. ¿Naruto? — cuestionó volviéndose hacia éste.
Naruto asintió y cargó a Hinata en brazos.
—¿Vas a llevártela?
—Claro. Luego se lo explicaremos mejor. Si Sakura no me ha dado una paliza, Hinata no puede ser peor.
Sasuke dudó. Hinata parecía de las peligrosas cuando se enfadaba.
Llegaron al hospital y tras dejar a Hinata en una cama, Sakura se encargó de hacerles las pruebas más diversas, con el ceño fruncido y un claro deje de preocupación. Hubiera querido hablar con ella, explicarle que todo eso era una pesadilla y que pronto regresaría a su cuerpo, pero, ¿de qué servía si a quien ella vería sería a Naruto?
—Oye, Teme. — Estaban sentados en la sala de espera, uno frente a otro, con las manos colgando de sus rodillas y la columna inclinada. Escucharse su voz y ver su cuerpo moverse sin él era algo escalofriante. — ¿Realmente no le has hecho nada a Hinata?
Sasuke lo fulminó con la mirada ¿Qué clase de persona creía que era? Después que se había roto los cuernos intentando por todos los medios que la chica dejara de insinuársele y asegurarse de que no tuviera una erección entre sus piernas.
—Vale, pregunta idiota. — bufó Naruto pasándose las manos por los cabellos—. Ha sido una mierda despertarse y verte con otra entre tus brazos. Estoy seguro de que me quedé dormido abrazado a Hinata, demonios.
—Lo mismo por aquí con Sakura.
Naruto enrojeció, llenando su rostro de un absurdo color rojizo mientras se sentaba a su lado y susurraba.
—Oye, Teme, ¿vosotros anoche… tuvisteis mucho sexo?
Sasuke arqueó una ceja mientras le miraba socarrón. ¿Acaso era una broma? Él mismo había visto cómo estaba cuando abandonó el restaurante y sabía que Naruto no había estado mejor.
—Lo imaginaba. Estábamos realmente calientes. — puntualizó el Uzumaki mordisqueándose el labio inferior. — Abordé a Hinata sin darle tiempo a nada más. Por eso estoy completamente seguro de que anoche poseí a mi mujer y no a…
—Sakura estuvo conmigo. — interrumpió con seguridad. Naruto asintió.
—Entonces, lo que fuera que nos pasó, debió de suceder cuando nos quedamos dormidos. Pero no recuerdo nada extraño, ni que me sintiera extraño o me levantara al baño. La verdad, no tenía más ganas que de dormirme.
Sasuke asintió. Recordaba haberse caído de lado tras haber llegado a su último orgasmo dentro de Sakura. No podía recordar en qué parte no la había penetrado, ni poseído con el mismo ímpetu y necesidad que el comienzo. Pero fue repentinamente que la gasolina se terminó. Ella no podía continuar y él había dado todo lo que tenía. Se le ocurría pensar que en algún momento ella se pegó a él en sueños antes de perder la conciencia.
Y luego, se había armado todo ese lio.
—Chicos.
La puerta del laboratorio se había abierto. Sakura estaba inclinada contra el quicio mientras se frotaba las caderas con la mano libre y miraba atentamente el informe sujeto con la otra. Sasuke podría haberse sentido orgulloso de que no pudiera caminar libremente gracias al sexo, pero estaba demasiado interesado en lo que tuviera que explicarles.
—Al parecer, es a causa de una especia de las que cenasteis anoche. — Les miró con atención antes de seguir. — Lo que usaron es un afrodisiaco que esta prohibido legalmente. Es un buen excitante, pero tiene unas causas adversas bastante complicadas para los hombres.
—¿De qué tipo? — La vocecita llegó desde atrás. Hinata estaba apoyada en el banco, mirándoles con los ojos abiertos como platos, asustada— ¿de qué tipo, Sakura-chan? ¿Es que Naruto-kun… nunca va a volver a ser él mismo?
Naruto puso tal cara de cachorro abandonado que deseó patearlo contra la pared.
—Hinata… yo siempre soy yo. — murmuró acercándose hasta su esposa. La mujer levantó una mano, reteniéndole.
—No… no vengas. No con ese cuerpo. No te ofendas, Uchiha-san, pero… pero… no puedo, no con tu cuerpo.
Sasuke suspiró.
—Lo entiendo.
Vaya si lo entendía. ¿Cómo iba a ir él mismo a abrazar a Sakura usando el cuerpo de otro tipo? Ni de coña. Eso sería como incentivar que tuviera relaciones con otros estúpidos. Inaceptable. Y tampoco creía que para Sakura muy sencillo ver cómo su cuerpo se daba abrazos con otra mujer. Corría el riesgo de quedarse en silla de ruedas para siempre.
—He consultado a Tsunade-sama. — Sakura elevó la voz por encima de los lloriqueos de Naruto. — Al parecer existe un remedio. No tendréis que quedar siempre en cuerpos que no son vuestros. Pero… va a ser difícil— terminó suspirando.
Hinata llegó hasta su altura y la tomó de las manos.
—Explícanos.
Sakura la miró un instante con ternura.
—Es cómo un cuento, Hinata. Algo erótico, pero como un cuento.
Las mejillas de la morena se cubrieron de rubor.
—Suéltalo, Sakura. — exigió arto.
Sakura les miró y se encogió de hombros.
—Un beso de amor eterno.
(…)
Hinata arqueó las cejas sin comprender. ¿Era algo tan sencillo? ¿Tan simple? ¿Tan… estúpido y problemático?
—Espera, espera, Sakura-chan. — Naruto se colocó tras ella. Hinata tragó y miró por encima del hombro. El cuerpo de Naruto estaba apoyado contra la pared, pensativo, pero era Sasuke el que se encontraba detrás de ella con confianza— ¿dices un beso de amor verdadero? ¿Eso no es como los cuentos de hadas?
Hinata se apartó y se pegó contra la pared. El frio y la dureza le calmó los deseos de gritar.
—Sí. Según Tsunade-sama, ha de ser con sus respectivas parejas. La leyenda cuenta que hombres antes que vosotros tuvieron esta desgracia. Tuvieron sexo durante toda la noche con sus esposas, pero a la mañana siguiente despertaban en el cuerpo del que había comido frente a él la misma comida. Algunos ni regresaron a tener su cuerpo por ser viajeros. Otros, al conocerse, les fue más sencillo. La única cura existente, es esa. Pero. — levantó una mano en advertencia. — Por mi parte va a ser difícil.
—¿De qué hablas? — gruñó el Uchiha fulminando a su chica con una mirada que poco de amigos dejaba.
—¿Cómo quieres que te bese estando en el cuerpo de Naruto? — exclamó Haruno irritada. — ¿O lo ves fácil, Hinata?
—P-para nada. — admitió.
Sasuke suspiró.
—Dejaros de tonterías.
Sakura dio un paso hacia él, con las manos en jarras.
—¿Estás diciendo que si Hinata y yo cambiáramos de cuerpo para ti sería fácil besarla por tal de que volviéramos a nuestro cuerpo?
—Pues…
El chico pareció dudarlo un instante, como si sopesara una mala idea. Naruto sin embargo, sorprendió a todo el mundo.
—Lo haría. — remarcó— por tal de tener a Hinata de vuelta conmigo.
Algo escapó de dentro del corazón de Hinata y no supo qué. ¿Sentirse feliz porque su marido se sacrificara por ella? Pero… era Sakura, su antiguo amor. ¿Por eso sería más fácil para él? ¿Quería decir eso que Naruto todavía sentía algo por Sakura?
La inseguridad de años atrás regresó como un balde de agua fría.
—Naruto, lo haces ver como si te diera igual tener que besar mi cuerpo. — Sakura estaba igual de asombrada.
—Si es por recuperar a Hinata: Sí, me daría igual.
Continuará...
