Hola gente, espero que no se acostumbren a mis rápidas actualizaciones, lastimosamente no siempre serán así, no me odien cuando tarde en actualizar. Todo depende de mi inspiración y tiempo.
Creo que desde aquí empieza como tal la historia, ¡disfruten!
Las reviews serán contestadas al final del capítulo :)
Capítulo 3
Muros de cristal
Había pasado más de una semana ya desde mi ingreso a la empresa y estaba, a decir verdad, bastante jodida. Por no decir jodidísima y perdida. No tenía idea de muchas cosas, cuando me entregaban los reportes de ingresos me quedaba en blanco, como si me enseñaran una especie de jeroglíficos en combinación con algoritmos de una raza extraterrestre superior. Si bien mi japonés era perfecto cuando hablaba, llevarlo a la escritura era totalmente distinto y mi frustración se hacía cada vez más y más enorme. Claro estaba, mi orgullo no me permitía demostrar lo mal que estaba en el asunto, así que cuando Shizuru me daba los papeles y sonreía con una malicia indescriptible, yo le devolvía la sonrisita esta vez el doble de rancia e hipócrita. No sólo estaba mal en eso, sino que también tenía que lidiar con mis costumbres occidentales y las orientales de todo aquél que pisaba la empresa, lo de las reverencias cada cinco segundos simplemente no me salía. Así que optaba por no hacer nada y dejaba que pensaran que no tenía modales. No los tenía, no al menos sus extraños modales.
Lastimosamente todo esto era visto por mi querida hermana que no dejaba pasar nada. ¡Era un maldito telescopio esa mujer! Mientras que mi miopía dejaba mucho qué desear, ella estaba al corriente de cómo me comportaba con el personal. Los primeros días fueron inolvidablemente cansados, no sé en qué parte de mi plan creí que esto iba a ser sencillo, tanto o más como conducir un triciclo o cocinar ramen instantáneo. Llegaba muerta a mi cama y ni siquiera escuchaba cuando Mai o Hotaru intentaban comunicarse conmigo por teléfono. Además, ¿mencioné qué tan molesta podía llegar a ser la joven Fujino? Había optado por una postura bastante tranquila, pero sé que en su soledad no dejaba de desear que me pegara un rayo. Sin contar las innumerables veces que se burló de mí cuando escribía algo mal. Para terminar de joderme, nuestros departamentos estaban uno al frente del otro, así que era imposible mirar hacia delante y no verla al otro lado. Las paredes eran de cristal, se veía todo. Todo. No había ni una pizca de intimidad. O sea que una no podría traer a alguien a la oficina como en las películas americanas y tener sexo salvaje en el escritorio. No es que lo fuera hacer, pero no podía ni siquiera comer ahí porque quedaría en ridículo frente a Shizuru que parecía que lo único que sabía hacer era trabajar.
Al menos nunca me miró desde que me instalé en ese lugar, tal y como si no existiera frente a ella. Si algo tenían los japoneses es que respetaban mucho la intimidad, y podía haber una pared de plomo o una de cristal, para ellos una pared era una pared y ver a través de ella no era opción. Pero yo no me consideraba de ahí, así que podía usar mi morbo occidental cuando quisiera. Siendo que estaba frente a Fujino todos los días durante ocho horas, ¿qué más podía hacer si no mirarla descaradamente? Daba igual, ella nunca me vería hacerlo por estar firmando y escribiendo como demente cosas que no entendería ni en un millón de años, mientras yo jugaba en el computador y dibujaba perros deformes en mi libreta de apuntes. Era mejor que ver las pinturas estrafalarias que colgaron en mi oficina, y todos esos archivadores que no hacían más que ponerme histérica.
Oh, Mai, yo sé que estaría muriendo de risa si supiera lo que su amiga sufría en ese lugar. También apunté que tenía que verla enseguida, no podía quedarme un día más sin saber escribir y ella era la única que podía brindarme esa ayuda sólo después de burlarme hasta el cansancio.
Por otro lado, en esa semana usé mis productivas horas de ocio para descubrir unas cuantas cosas por internet y el sistema privado de la empresa, que tenía, por cierto, los datos de todos y cada uno de los empleados. Revisé el expediente de Nagi, de él no decía mucho, por no decir nada. El de la abuela Fujino no lo encontré y tampoco de Hotaru. El sistema marcaba que Shizuru tenía veinticinco años y se había graduado en economía con honores, también ponía sus trabajos recientes y cosas particulares como estatura, peso, color de ojos y hasta tipo de sangre. Meramente curricular todo. En internet encontré cosas más interesantes, como que formaba parte de obras caritativas y había ayudado a fundar un hospital infantil. ¿Acaso no sabían lo bruja que era en verdad? Por mi madre que Fujino se las hacía de mártir y todos se la creían. O tal vez era así y era tanto su odia hacia mí que le resultaba imposible comportarse medianamente bien en mi presencia. Sobre sus amoríos no supe mucho, sólo que en algún momento de su existencia estuvo saliendo con un tío que ciertamente era bastante bonito. Bonito, así sin más.
Internet sabía más de ella que yo misma, o incluso Hotaru, pero miraba al frente y lo único que me encontraba era a una chica embutida en un traje sastre que no podía, aunque quisiera, disimular cuánto me odiaba. Tras el cristal, Shizuru se acomodaba el flequillo, doblaba las piernas o golpeteaba el escritorio con los dedos. Garabateaba cosas en una agenda mientras bebía litros y litros de té —proporciones ridículas en serio—, volvía los ojos al portátil, firmaba y llamaba a alguien por teléfono, recibía a algunos ejecutivos y al final del día, simplemente tomaba la gabardina ocre que dejaba en su perchero y salía con sus pasos milimétricamente dibujados sobre el piso. Al día siguiente era la misma rutina, salía en ocasiones cuando tenía que almorzar, no sé dónde lo hacía, pero a la cafetería no iba porque yo estaba metida ahí siempre que podía.
En ese lugar conocí a unas cuantas personas, entre ellas estaba Minagi Mikoto, una chica de recursos humanos que sólo no comía lo que no veía. También estaba Sugiura Midori del departamento de imagen y diseño; y Harada Chie, que era la gerente de relaciones públicas. Las tres habían tenían un par de años trabajando ahí y sabían cómo se manejaba todo en ese lugar. Sobre todo Harada, ella era una nerd en cuanto a información, era incluso mejor que el internet. No sabía si catalogarla de cotilla o sólo como una persona muy, demasiado informada. Ella fue la que confirmó más adelante mis sospechas sobre Nagi, el tipo al que sólo se encontraban ahí cuando agotaba todo lo que su madre le depositaba cada mes. Se decía incluso que había cometido unos desfalcos que luego fueron tapados y escondidos de la luz pública. En palabras cristianas, el tío era un maldito ladrón y nadie hacía nada para detenerlo. ¿En qué rayos pensaba Hotaru al seguir manteniéndolo ahí?
Pensaba en eso mientras la pantalla de mi ordenador emitía unas caricaturas en volumen muy bajo, cuando fui consciente de que Shizuru tenía la vista sobre mí, unos metros más allá, entre dos muros traslúcidos que evitaban que nos asesináramos. Yo había estado mirándola todo el rato y no me di cuenta hasta ahora, pero eso lo hacía siempre, era ella la rara ahora. Se supone que era la que respetaba las reglas de la intimidad. Tenía la cabeza descansando en los nudillos de su mano derecha y me observaba con una serenidad casi enfermiza. Levanté las cejas con interrogación, seguidamente, vi cómo se levantó y se alejó caminando; dejé de verla cuando mi puerta no permitió más la acción. Cinco segundos después alguien tocó y deslizó la madera sin esperar a que diera la orden para que pudiera pasar. Lo siguiente que hice fue cerrar la ventana en donde se transmitía la caricatura y fingir demencia.
—Kuga-san, los reportes que te entregué ayer, ¿los tienes ya? —preguntó casualmente Shizuru sin moverse del umbral de la puerta.
¿Reportes? Bien podrían ser las hojas verdes que tenían símbolos extraños o las hojas blancas que tenían sellos por doquier. ¿Pero cómo sabría eso si apenas podía escribir mi nombre en japonés? Como sea que fuera, no había revisado ninguno de ellos. Entonces mentí.
—Verás, Fujino-san, creo que los he olvidado en mi departamento, ayer me dormí muy tarde terminando el reporte de ingresos que le tenía que entregar al gerente de marketing. —Joder, ayer me había dormido tarde hablando con Mai sobre las cien razones por las que odiaba a todos los Fujino y a su estúpido acento del demonio—. Disculpa las molestias, te los entregaré mañana por la mañana. —Cuando Mai me los traduzca a un idioma menos complicado.
—No lo olvides entonces, nos hemos atrasado desde... desde tu entrada a esta área. —Atacó sin disimulo.
Le sonreí como pude y casi le arrojo encima sus miles de papeles que me pedía; estaba segura que me los daba al propósito porque estaba consciente de que no los terminaría a tiempo, ¡era una bruja!
—Los tendré mañana, te lo aseguro.
—Vale. —Dio media vuelta y antes de irse por completo, volteó de nuevo a verme con el ceño fruncido —. Por cierto, deja de mirarme todo el tiempo, Kuga. Es molesto.
—Ara, ¿acaso ya no merezco los honoríficos en mi apellido, Shizuru-chan? —Arremetí imitando su acento, defendiéndome de mi propia estupidez.
Los ojos de Fujino se salieron dos segundos de sus órbitas por cómo la había llamado y luego regresó a su compostura original.
—¡Que te den!
Y esas, fueron por mucho, las más educadas palabras que me dedicó la castaña esa mañana.
Más tarde me reuní con Mai en un café, le conté mis nuevas adquisiciones para remodelar un poco mi departamento e indagamos sobre lo que había estado averiguando esa semana sobre los Fujino. Después de estar completamente segura que Tokiha estaba tranquila y muy seria como para burlarse de mí, me decidí a contarle mi problema con la escritura y todos los documentos que se me habían ido acumulando en mi escritorio desde hace una semana.
—Tengo un problema. — Solté haciendo una mueca de frustración.
—¿Más? ¿Ahora qué?
—No sé escribir, no es que no sepa realmente... Es que se me dificulta. No es lo mismo hablar que escribir, esos simbolitos son un dolor de cabeza.
Mai aguantó la risa como una buena amiga.
—Y quieres que te ayude, supongo.
—Y que traduzcas todo lo que la maldita de Fujino me ha ido amontonando desde hace días. ¿Sabes que hoy discutimos porque cree que la acoso?
—¿Y no lo haces? —Mai se burló.
—¡No! Busco información, es distinto. No es mi culpa que el internet muestre cosas de su vida personal, ella sabrá lo que hace.
—Es lo mismo, acosas a toda la familia sin excepción. A unos más que a otros, claro está.
—Pero ella no lo sabe, además sólo la observaba porque no hay nada mejor que hacer...
—Que ver sus piernas largas y lo bastante que ha crecido. —Fruncí el ceño, ¿de qué coñas me estaba hablando esta idiota?
—No sé qué te estás imaginando, pero esa chica es un demonio. He tenido que aguantarme un centenar de veces para no arrojarle encima sus estúpidos documentos y a sus miles de gerentes que me manda para arreglar cosas que no entiendo.
—Natsuki, debiste suponer que esto no iba a ser sencillo. Te lo dije millones de veces pero sólo te preocupas por...
—¡Pero Hotaru me ayudaría! El imbécil ni siquiera se ha aparecido por las oficinas. Nos deja a Shizuru y a mí todo como si esperara que todo se fuera a la quiebra. Así no podré hacer nada para hundir a Nagi.
Mai me tomó de la mano y me miró con preocupación como solía hacerlo cada vez que hablábamos de estas cosas. Me daba escalofríos cuando lo hacía, me sentía como una niña pequeña que no tenía idea de dónde pisaba.
—Si te hace sentir mejor, he conseguido lo que me pediste, Natsuki.
Abrí los ojos un poco más, olvidé por completo que le pedí a Mai que contratara a un investigador privado para empezar a seguir a Nagi Fujino. La pelirroja me entregó una tarjeta color blanco que sólo tenía unos caracteres y las consonantes «K.Y» como iniciales. Ni siquiera había un número telefónico. No sé cómo pudo dar justo con la persona que le pedí.
—Los caracteres son el número telefónico. Tendrás que verificar que cada uno coincida con los números de un teclado con alfabeto occidental.
Asentí y miré por un rato largo la tarjeta, era la primera vez que temía marcar un número y que una voz me contestara al otro lado de la línea. Yo no quería un detective privado como Mai creía, yo quería un asesino a sueldo que me evitara ensuciarme las manos. El alma en cambio ya la traía sucia.
Mai me ayudó esa noche a traducir los documentos y a decorar el departamento que hasta entonces había estado vacío. Ya tenía muebles y comedor, que enseguida estrenamos con la cena que preparó Mai. Después de semanas, al fin comí por primera vez algo casero y no esas barritas integrales que engullía a escondidas en la oficina. Terminé felizmente mi trabajo dos horas antes de entrar a la oficina, con unas ojeras tamaño panda adulto pero con la fuerte convicción de que no me dejaría pisotear por la segunda vicepresidenta. Mai se quedó a dormir esa noche.
Al día siguiente no miré más a Fujino Shizuru, aunque sé, desde luego, que ella no dejó de hacerlo conmigo. Así que a partir de ese instante dejé las caricaturas de lado y empecé a llenar todos los documentos que me pedía, forzándome a aprender todos y cada uno de los kanjis, katakanas y hiraganas posibles. La tarjeta que me entregó Mai se mantuvo resguardada en mi saco, sacarla de ahí sería abrir la caja de Pandora. Sólo entonces el juego comenzaría y los Fujino empezarían a caer uno a uno.
¡Hasta la próxima!
Pero antes las reviews:
MK: gracias por pasarte :). Nos estamos leyendo.
Kano chan: ¡hola! También adoro a las dos, gracias por pasarte y dejar una review. ¡Saludos!
MK (de nuevo XD): si lees esto es porque ya terminaste el capítulo tres. Un saludo, gracias por las reviews :).
Anónimo 1: gracias por leer, espero que te sigas pasando. Trataré de responder cualquier duda y comentario en la brevedad. Saludos.
Meme: no he tardado, gracias por leer, eh. Y por comentar. Me alegra que les esté gustando :)
Anónimo 2: jajaja ahora entiendo que desde este momento el incesto pasó a un segundo plano nada desagradable lol. Nuestras protagonistas van a estar un poco agresivas entre sí, aunque Natsuki sólo estará jodiendo un poco, sin ánimos de odiar a Shizuru seriamente. Gracias por comentar :).
Darkyoru: oh, muchas gracias, sobre lo sano no hablemos XD. Nada es sano en este mundo (¿?). No me he demorado, por lo pronto todo va viento en popa. Un saludo grande, grande :)
Sekai-D
