¡Hola gente! Otro capítulo, agradezco enormemente sus comentarios y todas las lecturas. Espero que les guste este capítulo, ya me dirán.

Las reviews contestadas estarán justo abajo -del capítulo 3 y 4-, incluso el de las personas que tienen cuenta en la página ¡saludos!

PD: sí, soy una cabezotas y sigo en guerra con la página y su singular forma de dar formato a todo.


Capítulo 5

Al otro lado

La cena era mi pesadilla hecha realidad. La abuela Fujino dominaba sus instintos para no insertar su cuchillo en la mano de Natsuki que hacía demasiado ruido en la mesa. Por supuesto, Hotaru quería hacer que su familia omitiera asuntos meramente económicos —como si fuera el único problema ahí— para despejar las mentes y así pudiéramos convivir... En armonía. La mesa, para doce personas, sólo era ocupada por mi padre, Natsuki, la abuela y yo, con los dos primeros juntos y yo y la abuela al otro lado, también juntas. Incluso ahí formábamos equipos. Claramente me negué ante la insistencia de papá al querer armar esa comida, me negué rotundamente, pero la abuela quería que conservara la calma así que tuve que bajar y recibir a la invitada. Pobre abuela, ahora era ella la que menos figuraba en el ideal de calma.

—Kuga-san —habló la abuela—, ¿te has acostumbrado ya a la ciudad?

La aludida volteó a verla con tranquilidad y una sonrisita en los labios. Se podía escuchar el ruido que producía el reloj de péndulo. Yo me tensé, algo me decía que esa inocente pregunta no terminaría con una respuesta de lo más amable.

—Tokio es una ciudad bastante caótica, Fujino-san. Sin embargo, me he acostumbrado lo suficiente; me ha servido mucho los paseos nocturnos.

—Debe tener cuidado, no es tan seguro como lo aparenta. Ninguna ciudad lo es, menos para una señorita. —Lo último sonó más como un silbido en los labios de la abuela. Como si le costara decirlo; a mí también me costaría.

—Oh, no se preocupe por eso. Me sé cuidar, he vivido, después de todo, muchos años sola, ¿recuerda?

—Sí, sí, y supongo que tu madre te instruyó en...

—Mi madre falleció a pesar de sus cuidados —. Interrumpió Natsuki.

—Los accidentes suceden, nadie puede impedirlos —murmuró la abuela.

—Claro, accidentes... Así lo llamaron.

La vista de papá y la mía se turnaba entre la abuela y Natsuki. Papá parecía querer interrumpir la conversación, el cuello se le había tornado rojo y la respiración se le agitó.

—Los frenos de los automóviles suelen irse volando a veces, eso he oído. —Arremetió Natsuki.

El silencio reinó en el comedor. La abuela dejó su taza de té en la mesa y la miró entrecerrando los ojos.

—¿Qué es lo que quiere decir, Kuga-san?

—Oh, yo nada, no quiero decir nada. —Natsuki se encogió de hombros y se metió un poco de arroz a la boca, un momento después, en el que todos no perdíamos de vista sus movimientos, continuó—. ¿Usted quiere decir algo?

¿En qué momento había empezado a ser sólo una espectadora de esa escena? Estaba tan confusa ahora, que apenas podía pestañear siquiera, ¿qué es lo que decía Natsuki con eso? ¿Acaso estaba acusando a la abuela por la muerte de su madre? ¡Era el colmo del descaro! ¿Qué se creía esa maldita bastarda para venir a esta casa y soltar todo eso? Faltaba más, si moría hoy, seguro que dejaría una carta diciendo que nosotros la envenenamos.

Miré a la abuela, se había puesto muy roja. Papá entonces se levantó casi de un salto y aplaudió como si se tratara del final de una ópera. Una sonrisa deforme se formó en él. Entendí en ese momento, que así nos faltara la mitad de nuestra comida, la cena en ese caso había concluido gracias a su hija.

—Natsuki tiene cosas que hacer para mañana en la oficina, ¿no es cierto? —informó.

Natsuki arrugó el ceño, no entendiendo lo obvio. ¡La estaban echando! Esa chica no se enteraba de nada. Después se limpió la boca con un pañuelo blanco, cerró los ojos por un segundo y curvó los labios en una sonrisa, como sólo ella podía. Se levantó.

—Entonces me voy. —Ahora su vista se clavó en mí—. La cena ha estado deliciosa, lástima de la hora.

Nadie más de papá se levantó, la abuela seguía hecha una furia. Yo no sabía qué hacer, bien podría levantarme y echarla a patadas, pero algo me detenía. Todo lo anterior me dejó muy mareada. Cuando regresé a la realidad Natsuki ya no estaba, tampoco la abuela, papá se daba masajes en las sienes, con los codos apoyados en la mesa. Decía cosas que sólo él podría entender.

—Shizuru, hazme un favor, no seas una mala hija y apiádate de tu padre. Despídete de Natsuki antes de que rompa algo en el camino.

Mis ojos se ensancharon. ¡Le cortaría las manos a esa si rompía los jarrones de la entrada! Me levanté de un salto y fui en busca de la chica de cabello oscuro. La encontré a las afueras, fumando un cigarrillo como si de eso dependiera su vida. En la oscuridad lucía más frágil.

—¿Por qué has venido? ¿A reñirme? ¿A dejarme en claro que no me quieres aquí? Ya no soy una niña, Fujino. Creí que lo tenías en claro hace mucho. —Tiró la colilla al suelo y la aplastó como si se tratara de una alimaña; la miré con reprobación.

—Vine a despedirte antes de que rompieras algo.

Natsuki levantó la cabeza, extrañada. Sus ojos verdes brillaron con intensidad con la luz de las farolas. No es que le hubiera dicho «Te quiero, siempre quise una hermana». Así como ella, yo tampoco sé por qué no grité ni la saqué de ahí en ese momento.

Estaba helando, el viento se coló por mi blusa y produjo que me diera un escalofrío. Natsuki no apartó la vista de mí, me escrutó de pies a cabeza y yo me dejé hacer con la frente en alto. A continuación, empezó a caminar a la salida con toda esa mancha de penumbra que nos envolvía. La seguí sin poder detenerme. Era un camino un poco largo y pedregoso si se iba a pie, la mansión Fujino estaba situada en un terreno bastante amplio. Las piedras sólo hicieron que mi andar se dificultara gracias a mis zapatos de tacos altos, a veces no era tan bueno ser formal.

—Debí traer mi automóvil, ¿Hotaru te ha encargado que llegue sana y salva a la salida? —Inquirió. No le contesté—. ¿Haces todo lo que te piden? Debes querer demasiado esa herencia.

—Eso no te incumbe. Ahora deja de hablar antes de que de media vuelta y te deje sola con los perros corriendo tras de ti —Bufó y yo sonreí de medio lado, satisfecha.

—No eres nada práctica, esos zapatos te matarán antes de que llegues a la salida. —Volteó a ver mis zapatillas— Entonces no podrás regresar.

—Sólo camina, no es como si nunca hubiera caminado tanto con esto. Apuesto a que eres la única que se preocupa aquí puesto que sólo sabes andar con los deportivos.

La punta de mis zapatillas se hundieron en el medio de dos piedras e hicieron que tambaleara al dar otro paso. Casi me doy de bruces al suelo, pero Natsuki me sostuvo de un brazo y puso fuerza en las piernas para evitarlo. Me lastimó, pero en cambio evitó que me hiciera un daño más severo.

—Cojones —solté sin poder evitarlo.

Desde ahí, muy cerca de su cuerpo, pude escuchar claramente el sonido de una risa que me hizo voltear a ver a su dueña. Era la primera vez que la escuchaba reír de esa forma. El sonido se volvía más dulce, contrastando con el tono irregular y grave de su voz.

—Toda una señorita —dijo, aludiendo a mi grosería.

—Puedo sola. —Me solté de ella bruscamente y di dos zancadas al frente.

No quería que viera mi cara arder, ¡era demasiado para mí! ¡No quería hacer el ridículo frente a ella! ¡No podía hacer el ridículo con nadie!

—Deja de caminar, Shizuru. Vas a caer y entonces no podré detener lo inevitable. Vendrán por mí.

Dejé de caminar y volteé a verla, ya segura de que mi rostro había tomado su estado natural. ¿Qué vendrían por ella? ¿Quién? Y me había hecho caminar varios metros por... Tenía que ser muy maldita.

—Te he dicho que no me llames por mi nombre. —La fulminé.

—Cielo santo, es cierto, perdona mis modales accidentales en donde esas cosas se toman como nada importante, Fujino-san. —A continuación hizo una reverencia bastante horrorosa.

Me estaba burlando.

Una luz hizo que nuestra atención se fuera directo a hacia el frente. Un automóvil negro paró al lado de nosotras, no pude ver quién era su conductor al momento, pero cuando los cristales bajaron distinguí primero una cabellera pelirroja, seguido después de una sonrisa que luego se borró al segundo.

—Natsuki, creí que estabas sola, los guardias me han dejado entrar por ti gracias a tu padre.

A Natsuki le brillaron los ojos, sonrió con dulzura a la chica y se dirigió a la ventanilla del copiloto. ¿Quién era? O por qué le hablaba tan familiarmente a Natsuki.

—No estoy sola, esta es Fujino Shizuru, Mai.

Se apartó para que su compañera pudiera observarme abiertamente y yo pudiera hacer lo mismo con ella. Mai tenía lindos ojos, a pesar de que la penumbra del auto apenas me dejara admirarlos.

—Soy Tokiha Mai, Fujino-san. Un gusto conocerla.

—También es un gusto. —Sonreí con cordialidad e hice una pequeña inclinación.

Al contrario de lo que esperaba, la chica lucía tensa, como si tuviera mucha prisa de marcharse o como... Como si le molestara que Natsuki estuviera conmigo. Sólo en ese momento, después de semanas de ver y hablar con Kuga, pude ver un brillo especial en sus ojos. Casi chispeante.

—Oh —emití sin querer, muda.

Mi cerebro empezó una revolución de ideas que iban, venían y se estrellaban unas con otras. No por nada, en las entrevistas personales, todos me temían. Podía intuir muchas cosas de las personas. Con sólo verlas, todos tenían algo que los delataba, la magia se encontraba en los ojos y en los gestos. En sus movimientos corporales. Entonces... ¿Tokiha Mai era la pareja de Natsuki? ¿Natsuki era lesbiana? Mi estómago se hizo pequeño y una carcajada mental reinó en mí. ¡No lo podía creer! Hotaru Fujino no lograba una. El hombre había tenido dos hijas en su vida —dos hasta donde yo sabía— y ambas, caramba, ambas le habían resultado lesbianas.

No pude evitar reírme, gesto que disimulé bajando el rostro un momento para guardar la compostura. Natsuki habló de nuevo.

—Te llevaremos al umbral de la mansión, después nos iremos. —Asentí, raramente, con una alegría casi cómica.

Mai hizo una imperceptible mueca y esperó a que me subiera en el asiento del copiloto para poder encender el automóvil. Tardaríamos unos dos minutos para llegar en donde me dejarían, dos minutos que tenía para sacar información que, si bien no me importaba del todo, sí me daba curiosidad.

—¿Vives en Tokio, Tokiha-san? —Mai arrugó el ceño.

—Sí. Desde hace un tiempo.

—¿Qué te ha parecido?— Jugué un poco con mi fingida amabilidad.

—Bien, es decir, no es nada que no conozca ya. Sólo... es raro poder adaptarse después de tanto tiempo.

—¿No estabas en Japón antes?

—Estaba en Australia con Natsu... ki. —Casi pude oírla arrepintiéndose por lo que dijo.

Touché.

—Vinieron juntas entonces. —No era una pregunta.

—Mai vino por asuntos laborales, es guía de turistas, Fujino-san. —Informó Natsuki justo cuando llegamos a nuestro destino.

Eso no contestaba mi no pregunta.

—Ara, eso suena interesante. Tal vez luego pueda recomendarte a unos compañeros que vienen de visita a Tokio. Apuesto a que eres excelente en tu trabajo.

Mi última jugada. A continuación, le guiñé un ojo a Mai, ésta abrió la boca asombrada, como si entendiera... Oh, claro que entendía aquel descarado flirteo.

Salí del al auto y las despedí con la mano. Hoy no había estado tan mal, es decir, me enteré de algunas cosas que nunca nos viene mal en saber. Apuesto a que Hotaru pegaría el grito al cielo cuando supiera que también su Natsuki bailaba por la otra acera.

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Mai arrojó su bolso en el sofá y emitió un grito de molestia. Yo la miré poner las manos en las caderas y, luego, levantar la mano para apuntarme con reproche. No me había dirigido la palabra en todo el camino a casa, suponía que algo así me esperaba.

—¡Debiste decirme que estaría ella! ¡Qué estarías con ella!

—No tenía idea que me acompañaría, ¿ya? —Expliqué sin tomarle importancia.

Mai odiaba a la abuela hace mucho, por todo lo que pasó con mamá. A Shizuru la aguantaba bastante bien, realmente no le importaba nada de ella. Empezó a odiarla hace unos días, extrañamente, así de pronto. Ahora no la soportaba ver ni en pintura. Decía que era… Bueno, no decía nada bueno de ella en los últimos días. Nunca supe porqué, tampoco pedí explicaciones. Me divertía que Mai perdiera las casillas en ocasiones, así me hacía sentir menos culpable por mis actitudes explosivas. Digo, estaba cansada de ser la única en considerar a Shizuru una hija del demonio.

—Es una bruja, ¿has notado lo que hizo?

—No, ¿qué cosa? —Le pregunté después de encender la televisión y dejarlo en un canal de cocina.

—En serio no te diste cuenta que… ¡Ah! Olvídalo, tal vez estoy delirando. —Miré fijamente a Mai, lucía muy cabreada.

—Esa familia hace delirar a todos. ¿Vas a quedarte hoy?

—Ahora sí, no pienso ir a casa en taxi, menos a esta hora. A menos, claro, decidas llevarme.

Le sonreí con burla y me acomodé más en el sofá, subiendo los pies. Por mí que se quedara una eternidad.

—Puedes dormir en mi cama hoy.

—Oh, no te preocupes, me ha ido muy bien el sofá los últimos días.

—Mañana acondicionaremos la habitación que está sin usar, deja tus cosas morales y personales a un lado y ven a vivir aquí de una vez. Sabes que no tengo problemas con eso. No te voy a morder. —Le guiñé un ojo. Mai hizo un mohín y se sentó a mi lado derecho.

Algunas cosas de mi vida estaban muy guardadas, justo en el fondo de un baúl con varios candados y llaves perdidas. Mai, a costo de los años, logró romper varias cerraduras y se infiltró suavemente en mi vida. Yo la quería, la había querido desde que la conocí y ella era consciente de todo y más. Cuando le confesé mis sentimientos no salió huyendo, pero no los acepto. Lo nuestro no pudo ser más que una linda y duradera amistad y así seguiría por siempre; ella no me quería de esa forma, yo la querría así hasta… Hasta no sé cuándo. Al menos, a las dos nos bastaba con lo que teníamos ahora. Éramos mejores amigas después de todo.

—Eso nunca me ha preocupado. Es sólo… quería darte un espacio. —Afirmó.

—Ya tengo el suficiente espacio pasando diez horas de mi vida tras un escritorio, encerrada en muros de cristal.

—Viendo a Fujino. —Terminó.

—Intentamos evitarnos, ¿sabes? —Cambié el canal, daban un anime.

—Ya. Sólo… creo que debes tener los ojos abiertos. Su sonrisa, sus gestos… Ella es rara, Natsuki, ten cuidado. Así como tú has contratado a un investigador, ellos, los Fujino, no son nada compasivos. He investigado, di con varios recortes de periódico y…

Mai tomó mi mano y la apretó con las suyas. Dejé a un lado el mando de la televisión y me senté para verla de frente. Nunca la había visto tan preocupada.

—Voy a tener cuidado, ¿pero desde cuándo te preocupa tanto Shizuru? Antes incluso era sólo un chiste para ti.

—No me gusta nada con lo que me he encontrado.

—¿Y qué te has encontrado?

Mai fue por su bolso y me entregó las copias de ediciones pasadas de periódicos, noticias de internet e incluso anotaciones que ella había sacado de personas que le contaron sobre la familia. En realidad, me sorprendió que Mai estuviera tan ensimismada en este asunto. El corazón se me aceleró, si esto seguía así, descubriría en cosa de un parpadeo que en realidad yo no había contratado a un investigador, sino que a un asesino a sueldo.

Vi los recortes, la mayoría hablaba de desfalcos, de personas que denunciaban o investigaban a los Fujino y terminaban, misteriosamente, muertos después. Entre todo, estaba el accidente que tuvimos mamá y yo. También había uno que llamó mi atención, salía Shizuru con Nagi, era sobre un contrato de beneficencia para ambas partes, despidos masivos con ellos en el poder... La supuesta venta de la empresa automotriz. El recorte era de hace unos meses, ¿qué estaban planeando esos dos? ¡No podía creer que a pesar de tanta evidencia, los Fujino estuvieran caminando por Japón como si nada! Si todo eso era real, los asesinatos, los desfalcos… Esa familia era más peligrosa de lo que creí. ¿Dónde quedaba Hotaru? ¿Qué pieza del juego era? ¿Y si había vivido engañada todo este tiempo por él?

¿Y si yo era sólo un peón en ese tablero?

Tuve miedo por primera vez. Miedo de terminar como mi madre sin poder llevar a cabo mi venganza. Tal vez… Tal vez era mejor acabar con todos, incluso con Shizuru. O no hacer nada y huir, desaparecer, ahora para siempre.

Era más de las dos de la madrugada y yo aún seguía con los recortes. Mai se había retirado ya a dormir desde hace varios minutos atrás. Tenía que buscar a un verdadero detective privado, uno que me ayudara a encubrir todo con Mai. Aunque posiblemente sólo serviría para enredar más la situación. Necesitaba más información de esa familia. Necesitaba información de Hotaru, en todo lo que estaba metido desde el día que conoció a mamá. Y de Shizuru, tenía que saber todo sobre ella.

—Natsuki…

—Mmmh —farfullé adormilada.

—¿Duermes conmigo?

Levanté la vista, Mai se había puesto la pijama y me miraba desde la oscuridad. Tal vez alguien tenía pesadillas esa madrugada. Me levanté enseguida y dejé los recortes sin escorar, ya tenía bastante con eso. Seguí a la pelirroja que me tendió la mano y me dirigió a la cama. Caí con Mai encima, nos reímos un rato hasta que el silencio reinó en la calma. Apenas podía distinguir su rostro en la penumbra, estaba a menos de un palmo de distancia.

—Natsuki…

—Dime… —susurré apenas, acercándome a su rostro.

—¿Por qué tienes un libro de porno lésbico en tu mesita de noche? —Mai soltó una carcajada y yo abrí los ojos sorprendida.

Porque había olvidado arrojarlo a la basura. Maldita K.Y.


Tutivale: gracias por leerme a riesgo de ser sorprendida en tu trabajo XD. Espero que sigas pasándote. Un saludo.

Aurum13: ¡Hey! Gracias. Lamento no haber contestado antes, no he tenido mucho tiempo disponible.

Reira: te dejaré hacer las indagaciones necesarias, ya se irá sabiendo más de la historia de esas dos XD. Cuídate, muchas gracias por leer.

Shizuki27: ¡Gracias! La inspiración me acompaña, pero el tiempo no, aún así intento actualizar cada vez que puedo. Un abrazo.

Fran: gracias a ti por pasarte a leer y dejar un comentario. Nos estamos leyendo.

Danny: estaré actualizando cada vez que pueda. Saludos.

Mafer. trava. 1: jaja por ahí me dijeron que no importaba si era incesto, sólo importaba el hecho de que fuera ShizNat, no sé si todos piensan lo mismo. Nat seguirá perdida, como siempre c: já. Un saludo.

anónimo1: gracias, espero que te haya gustado este capítulo.

MK: ¡hola! Ya sabes que agradezco enormemente que sigas leyendo. Un abrazo.

Sarkyoru: como eran capítulos introductorios, quise poner más explicación que diálogos. Además de que de por sí no se me da mucho plagar el relato con diálogos. Soy más de descripciones y demás. Lo siento, pero muchas gracias por pasarte, en serio.

Anónimo1: oh, no sé si haya atracción, ¿ustedes qué creen? XD. Lo dejaré a su parecer. Gracias por pasarte, un saludo.

Anónimo2: ¡gracias!

Anónimo3: trataré de no demorar en actualizar, diría que ahora llevo un buen tiempo, normalmente tardo siglos XD.

Dussan: trato de que sea agradable a la vista ya que también soy lectora y, así como a muchos, me da problemas leer historias con demasiaados errores ortográficos, trato de que al menos lo que escribo se entienda. Muchas, muchas gracias por pasarte por aquí. Nos estamos leyendo.

Eternally paradox: Lolololo (¿?) XD. Gracias por pasarte.

Anónimo4 (o el que le siga): jajaja me encantó eso de torear, no me lo había planteado así. Intenté todo lo posible para que las personalidades de los personajes sean coherentes, a excepción de Shizuru que se ha salido un poco del canon, pero que enseguida tomará su personalidad normal. Es sólo por las situaciones que se han dado… Espero que entiendan y los fanáticos de estas chicas no se enfaden si de pronto leen algo no normal en ellas.

Anónimo 5 (¿?): gracias por dejar un comentario, nos estamos leyendo entonces.

Okisawa Hinari: XD ¿Es sarcasmo lo de la pelirroja? Es Nao, por si se lo preguntaban.

Anónimo 6: ¡gracias!

Mikyo. nu: muchas gracias, en serio. Traté de que fuera algo largo, pero al parecer fracasé, lamento que sea así, lo compensaré después. Un abrazo.

MK: ¡hola de nuevo! Y gracias, nos estamos leyendo, ¿eh? Saludos.

Creo que ahora sí me alargué, gracias por todo. Hasta la próxima.

Sekai-D