Vale, vale, la mitad de ustedes quiere asesinarme, la otra mitad perdió las esperanzas en mi retorno. No tengo excusas, y al mismo tiempo tengo muchos porqués. Una de las principales es que me fugué y empecé a escribir otras historias en otros fandoms ya que esta historia me colapsó. No tuve inspiración. Lo siento demasiado. No puedo prometerles que ahora sí estaré actualizando sin demora, porque eso sería una mentira gigante.
Como método para seguir esta historia, y ya lo podrán notar, seguiré con mi idea original de hacer los capítulos cortos, porque resulta ser la única forma de que este fic continúe. No puedo escribir tanto y forzar la narrativa, así que haré lo posible por entregarles los capítulos (sí, cortos) pero sin demorarme un año en actualizar (literalmente).
A quien quiera seguir la historia, estará publicada en mi blog (la dirección la pueden encontrar en el capítulo 7 –que en realidad no es un capítulo-) y también aquí, están bienvenidos. Si se rindieron, también es válido. No estoy ofendida.
Muchas gracias a todas esas personas que me dejaron mensajes dándome ánimos. A las que me dejaron notas asesinas, igual, el amor viene en diferentes presentaciones (¿?). Gracias, chicos, sin más.
El día que me quieras
Capítulo 7
Tiempo de calidad
—No puedo creer que le hayas dicho eso. ¡Es el colmo! Shizuru, sabes que Natsuki cree que tu familia asesinó a su madre, ¿cómo se te ocurre amenazarla de esa forma?
—Ya pasó, fue hace una semana.
Miré enfurruñada a Reito. Tenía muchos puntos a su favor, pero mi padre me había sacado tanto de mis casillas con sus estúpidas reglas infantiles, que tan sólo quería desquitarme con la que empezó todo ese alboroto. Admito mi culpa ahora, fui demasiado imprudente y agresiva con Natsuki. ¡Lo admito! Aquí en mi mente, pero jamás a ella. Se lo merecía.
Realmente no entendía a Kuga. Yo la odiaba, y tenía toda una lista de porqués muy bien elaborada, pero el odio de que ella nos tenía… Bien, tal vez me lo merecía, le había hecho la vida imposible desde el día en que la conocí, ¿pero por qué odiar incluso a nuestro padre cuando lo había hecho todo por ella? ¡Cuando le había dado un futuro! Papá en verdad la quería, y era una de las cosas por las que terminaba de odiarla un poco más. ¿Y la abuela? La abuela podía ser todo, después de todo, se había valido de varios medios para llegar a tener todo lo que ahora representaba a nuestro negocio. ¿Pero una asesina?, ¡era ridículo! Nadie de mi familia se atrevería a caer tan bajo. Natsuki sólo estaba profundamente dolida.
—Shizuru, ¿me estás escuchando?
—Sí, Reito. Te he escuchado el mismo sermón por una hora. Y no, no me disculparé con nadie.
Me levanté de la silla en la que estaba sentada y recogí unos papeles que había regado por todo el escritorio de Reito. Aún me quedaba un interminable día por cubrir. Primero estar con mis pesadillas echas mujer y, luego, informar al tío Nagi de lo que mi padre planeaba para mí. Nuestros planes de asociación tendrían que suspenderse hasta nuevo aviso. Hasta lograr sacar de nuestras vidas a Kuga.
—¿Dónde vas?
—¿No es obvio? A pasar más tiempo de calidad con tu noviecita.
Tomé la comida que había llegado hace unos minutos y miré con resignación los envoltorios de papel. Lo último que escuché al salir de la oficina fue la risita empalagosa del inútil de Reito.
Natsuki me esperaba en la sala de juntas que sólo usábamos cuando íbamos a tratar temas muy delicados que tenían que ver con la empresa e involucraban, de alguna u otra forma, la estabilidad familiar. Es decir, la sala sólo era usada por la abuela, mi padre y yo.
—Llegas tarde —Natsuki dijo, dejando rebotar una pelota de goma en la mesa rectangular.
—Llego exactamente a la hora indicada. Llegaste temprano. Traigo comida.
Natsuki dejó lo que estaba haciendo y me miró con los ojos abiertos, casi ilusionados.
—¿Es eso comida?
—Creí que no habías comido.
—¿Y me trajiste el almuerzo?
—Para las dos.
—Hamburguesas.
—Sí, hamburguesas —contesté dejando caer sin gracia la comida. Natsuki hizo una mueca de dolor al escuchar a la comida morir bajo la gravedad—. Servida.
—No sabía que te gustaba la comida rápida.
—No me gusta —respondí sin gracia.
—¿Por qué la compraste entonces? —Se estiró en su asiento y alargó un brazo para acercar a ella la bolsa. Tomó una hamburguesa entre sus manos y empezó a quitarle el papel. La mayonesa y los demás condimentos sobresalían de los bordes, mostrando una especie de caldo bastante desagradable, ¿y me preguntaba por qué no me gustaba?
—Eso es asqueroso, Kuga—dije, cuando le dio un mordisco y la comisura de sus labios quedó manchado de cátsup.
—No me veas entonces. Come, es mejor probarlo que criticarlo.
—Creo que se me ha ido el apetito.
—Como gustes. Comeré tu parte.
Natsuki alcanzó mi hamburguesa y cuando la iba a acercar a ella le di un manotazo que terminó por hacer que soltara la envoltura y me mirara indignada. Nadie dijo nada, yo estaba ensayando mis siguientes movimientos y Natsuki me miraba como si viera la cosa más sorprendente del mundo cuando me vio desenvolver el contenido que estaba en mis manos. El aroma de la grasa, la carne rostizada y demás ingredientes golpeó mi nariz. El estómago me dio un vuelco. Kuga levantó una ceja, desafiante; y yo le devolví el gesto.
Dentro de mí estaba soltando muchos insultos para Reito, que había sido la mente malévola tras la idea insana de querer comprar esta comida para la reunión infame con Natsuki. El pan mojado de algún raro ingrediente tocó mis labios, contuve una arcada y abrí la boca unos dos centímetros, hasta tener una porción de esa masa amorfa dentro. Natsuki estaba sonriendo incluso con los ojos y, por un momento, creí que se pondría a aplaudir.
Masqué un par de veces, tratando de contener la respiración para que al menos el gusto de las grasas no me hiciera vomitar todo. Cuando tragué y dejé la hamburguesa a un lado, miré mis manos manchadas. No me estaba gustando para nada.
—No fue tan malo, ¿o sí? —preguntó Kuga sosteniendo su cabeza con el dorso de su mano derecha.
La miré con ingenuidad.
—Creo que necesitaré cubiertos.
Después de comer le había empezado a enseñar a Natsuki algunas fotos que tenían que ver con el inicio de la empresa, era vital que supiera un poco de la familia si quería hacerse cargo, después, de algunos socios y demás. Y servía para que se diera cuenta que la empresa no estaba conformada por ladrones y asesinos como posiblemente creía; no era un lugar en el que la mafia reinaba. También le entregué un teléfono celular.
—Un celular.
—Lo vas a necesitar —le indiqué, sentándome a su lado.
—Tengo uno.
—No, no, ese es para llamarme a mí o a mi padre. Son los únicos números guardados. Me pidió que te lo diera por cualquier emergencia… Y no, no ese "tipo" de emergencias —hablé, antes de que dijera algo en mi contra—. Nadie piensa hacerte daño hasta donde sé.
—Claro, y voy a creerte.
Nos miramos por un segundo. Quería levantarme y sacarla del edificio, sacarla a patadas, claro. Pero me contuve y dejé escapar un suspiro de resignación. Tenía que hacer algo bien si quería avanzar. Quedarme atascada entre peleas con una insolente como Natsuki no me llevaría a ningún lado.
—Mira, lo que pasó el otro día… No volverá a suceder.
—¿Es eso una disculpa?
—Tómalo como quieras. No quiero discutir más, no me sirve, ¿entiendes? Voy a ayudarte en lo que necesites, sólo hasta que puedas cubrirte por ti misma. Luego de eso, será la guerra… Natsuki.
—Y ya que me empezabas a agradar.
—No quiero agradarte. Tú no me agradas. Ni un poco, te detesto, no quiero que lo olvides. Cada vez que haga algo correcto contigo, tenlo en cuenta: nunca será por ti o para ti, que te quede claro. Siempre será para mí y para mi familia. Y tú no eres parte de ella.
Una media sonrisa se formó en la comisura de la boca de Kuga. Me veía como si le hubiera declarado un amor de siglos. No estaba entendiendo. ¿Acaso me había escuchado?
—¿Puedo invitarte a una copa, Shizuru?
—¿Qué?
—Un trago, alcohol, ¿cómo lo llaman aquí?
—Sé de lo que me hablas —dije exasperada—. ¿Pero por qué?
—Eso no importa. Si te animas, llámame. Hoy tendré una noche divertida en un bar, una discoteca o… lo primero que encuentre.
Natsuki se levantó de su asiento y me guiñó un ojo. Disimulé mi confusión con una cara de póker hasta que oí que la puerta se cerraba y de pronto ya me encontraba sola. Esa chica estaba mal. ¿Me había invitado a una cita?
—¿Y crees que va a ser tan tonta como para aceptar? Ella te odia, Natsuki.
—Voy a hacerla hablar a como dé lugar, Mai.
—¡Ya lo sé! Y eso es lo que más me preocupa —Alejé el celular de mi oído para no seguir escuchando el parloteo de mi amiga.
No podía ver los gestos de la pelirroja, pero estaba segura que estaba dando vueltas por todo el departamento como cada vez que se exasperaba por alguna de mis idioteces del momento. Esta era una, medianamente. Esta era una justificada al menos.
—¿Y crees que vas a lograr emborracharla y ya está, soltará todo? ¡Vamos Natsuki! No puedes ser más ingenua si crees que eso va a funcionar. Ni siquiera sabes si va a querer reunirse contigo.
—No pierdo nada, ¿ya? Regresaré a casa si no logra picar el anzuelo.
—Vas a estar aquí antes de las diez.
—¿Es eso una apuesta, Mai?
—Sí, la comida de una semana. Vas a divertirte de lo lindo cuando tengas que pagar mis tres comidas en ese restaurant de lujo.
—Ya veremos quién le paga la comida a quién.
—Diviértete con su majestad Fujino, Natsuki.
—Siempre.
Colgué. Mai tragaría sus palabras cuando Shizuru me hablara.
Shizuru no me habló. Eran casi las diez y por supuesto ya había perdido la apuesta pero aún no estaba lista para aceptarlo. En la barra, uno de los meseros que me atendían se acercó a mí con una sonrisa y me preguntó si deseaba algo más. Por supuesto que deseaba algo, por ejemplo, todos esos yenes que gastaría pagando la comida de Mai si regresaba al departamento con las manos vacías.
—¿Cerveza? Es muy raro que una chica beba cerveza en un lugar como este.
Mis ojos viajaron hacia la persona que había hablado. Reito, el perrito faldero de Shizuru, me sonreía con una de esas sonrisas encantadoras e idiotas que lo caracterizaban. Sé a lo que se refería, estábamos en un lugar muy lujoso como para beber sólo cerveza, pero no estaba segura de qué lugar elegir si Shizuru pensaba aceptar mi invitación. Además, en todos esos años de colegio y universidad, nunca había sido fanática de bebidas costosas y preparadas, posiblemente, con oro líquido "no tóxico", como si aquello se pudiera comprar como las crayolas o la masa para hacer figuras que usaban los niños pequeños. Este mundo, de alguna forma, era completamente distinto al mío, y sólo estaba deseando que las horas se fueran para que pudiera regresar a mi vida normal, sin tener que pensar que unos pares de asesinos a sueldo me seguían la pista donde sea que fuera.
—No estaba segura del lugar al que podía ir sin resultar ser extorsionada o asaltada al salir —dije en tono burlón.
Reito rio ante mi comentario y se acomodó en el lugar vacío al lado de mí.
—Es un buen lugar, pero conozco uno mejor. ¿Quieres ir? Estoy muy seguro que el dueño puede darnos un trato preferencial.
Levanté una ceja con sospecha.
—¿Qué haces aquí?
—Siempre vengo después del gimnasio —Mostró una pequeña bolsa deportiva a sus pies—. Tengo mis porqués, Kuga-san… —Me indicó con la mirada a una chica de cabello negro que servía una copa a un hombre—. Pero son guerras perdidas. Como sea, ¿aceptas mi invitación? A menos, claro que estés esperando a alguien.
Miré mi reloj de pulsera. Si iba, al menos me divertiría antes de que sufriera un despojo de bienes por parte de Mai.
—Te sigo —dije.
Reito me sonrió y se levantó de su sitio mientras yo dejaba unos billetes en la mesa como pago de mis bebidas. La música seguía sonando tranquila y todos parecían estar en sus pequeños mundos mientras bebían vino y picaban guisos extra caros. Por un momento agradecí que Shizuru no hubiera llamado, sólo iba a ser capaz de invitarle a una copa y luego lloraría sobre mi cartera vacía.
—¿Kuga? —Mis ojos enfocaron a la persona que tenía frente a mí.
—Oh, Shizuru. ¿Qué tal? —saludé con una sonrisa forzada. Lo de las bebidas ya estaba cancelado, ¿no es así?
—¿Qué es lo que…? —Miró a su amigo, que estaba a mi lado. Reito escondía la curvatura de sus labios tras ese porte real que a mí me parecía tonto—. Eres un idiota. —le dijo Shizuru. Eso es lo que yo pensaba.
Un móvil empezó sonar. Los tres buscamos hasta que Kanzaki obtuvo el suyo y nos enseñó que era el de él.
—Lo siento chicas, es mi padre. Al parecer una emergencia familiar. Shizuru, ahora que estás aquí, ¿por qué no llevas a Natsuki a conocer a Tate-san? Justo estábamos yendo hacia ahí.
Shizuru entrecerró los ojos. Lo iba asesinar, estaba bastante segura.
—Tú y yo vamos a tener una charla muy larga después —aseguró, antes de halarme de un brazo y llevarme hacia el estacionamiento.
Las piezas iban encajando mientras Shizuru aún me sostenía; yo pensaba que tenía un agarre demasiado fuerte como para tratarse de una chica que parecía una damisela en apuros.
—Él te invitó, ¿no es así? No esperabas verme. Él quería dejarnos al propósito. Tú nunca me llamaste —le dije con simplicidad—. ¿Por qué?
—Porque él también piensa que tenemos que tomarnos un tiempo de calidad.
—Eres la única que no lo piensa así.
—No empieces.
Me soltó con brusquedad y se dirigió a lo que parecía ser su automóvil.
—¿Voy a tener que seguirte con el auto?
Shizuru no contestó. Se metió a su nada despreciable automóvil deportivo y lo encendió. Sí, bueno, estoy bastante segura que no me quería con ella, no es que hubiera dejado mi propia lata de sardinas de cualquier forma. Me metí en él y, cuando al fin pude salir del estacionamiento, la castaña ya me llevaba una calle de distancia. Quizá sólo estaba escapando, de cualquier forma no perdía nada con seguirla.
Todos los errores/horrores son míos.
¡Feliz año!
