Ohayo!

Ya sé, tardé milenios entraerles este último capítulo, gomene ;-; Esper les guste 3 aviso que no soy buena escribiendo finales xD

Después de finalmente conseguir de vuelta la voz de Suga, las muchachas habían regresado al museo con mucho cuidado de que Suga no las descubriera.

Llegaron al museo poco antes de que lo hiciera Suga y entraron. Gracias a la obsucridad del lugar él no pudo verlas cuando entraban a su oficina y tomaban una copia de las llaves de su habitación.

Cuando estuvieron de vuelta en el dormitorio cerraron la puerta con cuidado y se acostaron de inmediato en la cama. Escucharon unos pasos a través de la puerta, luego esta se abrió y un rayo de luz las iluminó. Suga sostenía su linterna y verificaba que las niñas siguieran ahí. Luego cerró la habitación de nuevo y Shiori y Sakuma intercambiaron miradas en la obsuridad.

—¿Crees que lo haya notado?— preguntó Sakuma en un susurro.

—Seguramente, no revisaría la habitación por nada— respondió Shiori mirando a la ventana—, pero ya todo está hecho, mañana entregaremos el medallón a Suga-kun.

—En unas cuantas horas, más bien— ambas sonrieron, faltaba poco para que amaneciera—. Además, esta podría ser una prueba, ¿no es cierto? De la existencia de la Kotori Obake, por supuesto.

—No lo había pensado de esa manera, ¿será suficiente para convencer a ese viejo gordo?

—Siempre existe la opción de patearle el trasero.

Pronto el cansancio se fue apoderando de ellas y sin siquiera proponérselo se quedaron dormidas.

A la mañana siguiente, Shiori se despertó por los gritos provenientes del primer piso. Se sentó en la cama y se talló los ojos. No sabcuánto había dormido, pero definitivamente fue muy poco. Volteo a ver la cama de su amiga sólo para darse cuenta de que estaba vacía.

De un salto salió de la cama, agarró el medallón, que lo había colocado bajo la almohada, y bajó a toda velocidad las escaleras con la misma ropa que llevaba la noche anterior.

Al pie de las escaleras se encontraba Sakuma aferrándose a una de las estanterías del salón principal. Le dio la impresión que también acababa de levantarse y que llevaba poco escuchando. En la entrada estaba de nuevo el trabajador del gobierno con sonrisa triunfal y frente a él estaba Suga, cabizbajo, escribiendo notas con toda la calma de la que era capaz.

—Nadie necesita informarse de esos cuentos infantiles, este museo ha llegado a su fin, no hagas esto más difícil, ni tú ni tus amigas— volteó a ver a las chicas.

Shiori sostuvo con fuerza el medallón y avanzó hacia el trabajador de gobierno con paso decidido. El ambiente se volvía cada vez más tenso. En el rostro de Suga podía ver que le decía "no, Shiori", pero ella no hizo caso y siguió avanzando.

De pronto sintió una corriente de aire, pero la puerta y las ventanas estaban cerradas. Los viejos periódicos de la mesa volaron de su lugar y el cabello de Shiori comenzó a agitarse. La corriente se convirtió en un remolino.

Desde algún lugar lejano escuchaba los sollozos y los gritos de la Kotori Obake. Los papeles revoloteaban alrededor de la habitación y el medallón en la mano de Shiori comenzó a brillar.

Sentía como su mano empezaba arder y tuvo que soltar el medallón, que se quedó brillando en medio de la sala. El resplandor y el viento impedía a los presentes observar lo que sucedía, y los gritos, cada vez más fuertes, sólo empeoraban la situación.

Pronto todo quedó en silencio, los papeles dejaron de volar por la habitación y el medallón cayó al piso haciéndose añicos.

Tanto Shiori como Suga cayeron de rodillas jadeando, el hombre del gobierno se sostenía en la pared con el pecho subiendo y bajando a toda velocidad y los ojos abiertos como platos, y Sakuma seguía aferrándose a la estantería con los ojos cerrados.

Shiori logró ponerse en pie, pero Suga tenía una mano en el cuello.

—¡Suga-kun!— instintivamente corrió junto a él y se arrodilló.

—¿Qué... diablos fue eso?— decía el hombre de gobierno aún sin creer lo que había pasado.

—¿Acaso no se lo dijimos?— Sakuma avanzó hacia el hombre—, la Kotori Obake es real.

—N-no...— más que negarlo, intentaba recordarse a sí mismo de que no era así—, no, no es verdad, la Kotori Obake sólo es un cuento para asustar a los niños...

—L-lo e-es— habló una ronca voz masculina, como si llevara años sin hablar. El hombre de gobierno se sorprendió. Sakuma y Shiori sonrieron: Suga había recuperado su voz—. E-exis...— le costaba mucho poder hablar, Shiori puso una mano en su hombro.

—No te esfuerzes demasiado— en su cara se notaba el alivio.

—S-Shii-chan...— su voz era débil, pero ella pudo escucharlo.

—N-no, ¡no!— se llevó las manos a la cara, tratando de alejar la realidad de su rostro.

—Ya se lo hemos demostrado— dijo Sakuma con voz firme—, las personas que habitaron este lugar, antes de convertirse en museo, fueron los protectores de la villa, la protegían de la Kotori Obake. ¡No puede cerrar este museo, significa mucho para la villa! ¡Para nosotros!— las lágrimas amenazaban con salir.

El hombre del gobierno salió del museo dando traspiés, primero asustado, después más tranquilo. Se quedó parado en la entrada recuperando el aliento. Los trabajadores esperaban fuera la señal que les indicara el derrumbe del edificio.

—Entiendo— dijo dándole la espalda a los muchacho—. El museo permanecerá en pie.

Al escucharlo decir eso los tres sonrieron ampliamente y se abrazaron, lo habían conseguido.

Los trabajadores se encogieron de hombros, recogieron sus materiales y se fueron en los camiones. Realmente no les importaba mucho lo que sucediera con el museo.

—Gracias— Shiori no pudo evitar soltar una lágrima que recorrió su mejilla izquierda.

—Suerte con el museo— fue su única respuesta antes de subir a un lujoso auto y abandonar el lugar.

La calma regresó. Los tres entraron de nuevo al edificio. Shiori se sentía especialmente feliz porque, además de proteger el museo, la casa de sus padres y su abuelo, el lugar donde había crecido y donde había conocido a Suga, por fin había cumplido su promesa, protegerlo, devolverle su voz.

—S-Shii-chan— escuchó que lo llamaba con su ronca voz, débil pero audible—, g-gra-gracias— alcanzó a decir antes de que se le cortara.

—No tienes por qué agradecerme, Suga-kun, después de todo prometí que te cuidaría— le dedicó una sonrisa al muchacho.

De repente sintió que unos brazos la rodeaban, primero temerosos, pero cada vez la abrazaban más fuerte, con más confianza. Suga colocó su cabeza en su cuello y dejó escapar un suspiro. Shiori respondió al abrazo sonriendo con más alegría.

—Ustedes dos si que son tiernos— dijo Sakuma interrumpiendo el momento. De alguna manera le había molestado que la hubieran dejado de lado—, pero ahora, ¿qué harán con el museo?

—Yo...— Shiori no podría quedarse, las clases iniciarían dentro de nada— no me quedaré, debo volver a casa— dijo mirando al suelo, su sonrisa se había desvanecido.

—N-no— trataba de decir Suga, sujeto a Shiori por los brazos. Aunque hubiera recuperado su voz, necesitaba volver a aprender a hablar. Aun así, la castaña podía leerle la expresión a la perfección.

"No te vayas... No quiero volver a perderte..."

~:~

Las clases ya habían comenzado. Shiori iba de camino, de camino a una humilde escuela que había en la villa. Suga se había quedado cuidando del museo, como había hecho desde que el abuelo de Shiori había fallecido.

Sakuma llegaba todas las tardes a comer con ellos, aunque la comida de Suga no resultara apetitosa, ¿y quien más la iba a preparar si Shiori estaba en la escuela hasta tarde?

Los fines de semana decoraban carteles invitando a la villa a pasar por el museo, cosa que tuvo éxito, ya que el museo recibía cada vez más visitas. Llegó el punto en que la pequeña villa se convirtió en un lugar turístico y se realizaban expediciones en el bosque, tratando de encontrar el "hogar" de la Kotori Obake.

A Suga y a Shiori les hacía feliz ver a los niños asombrarse por las piedras brillantes azules. El azabache incluso abrió un taller para enseñar a los pequeños como realizar bonitos collares, como aquel que le había dado a Shiori en aquella ocasión.

Ambos vivieron felices, manteniendo el museo en pie y avivando la imaginación de las personas con aquella leyenda.

~:~

Años después, Suga y Shiori se encontraban en una cita, habían cerrado el museo e ido de la villa. Cenaban en un restaurante, no precisamente lujoso, con buena comida y un ambiente animado.

—Es asombroso— decía Shiori, se había dejado el cabello castaño suelto y lo rizó especialmente para esa ocasión—, nunca me hubiera imaginado que terminaría el museo tendría tantas visitas— giraba el dedo alrededor de la copa.

—Todo es gracias a ti— le dijo Suga. Desde que había recuperado la voz se había empeñado en volver a aprender como utilizarla, y lo había logrado. Ya no tratamudeaba, ni se le iba, ni sonaba ronca o débil, era como si nunca se hubiera ido—. A decir verdad— buscó un objeto en el bolsillo de su saco negro—, hay algo que quiero decirte— lo encontró, una pequeña caja negra.

—¿Qué pasa?— preguntó la castaña dando un sorbo a su bebida.

—Shii... Shiori, no creo que esto sea realmente un secreto, yo sé que tú conoces mis sentimientos a la perfección— la fémina se ruborizo, deseó que no fuera tan notorio—, y no quiero decir que yo conozco los tuyos, más bien deseo conocerlos, deseo pensar que sé lo que tu sientes... estoy diciendo cosas sin sentido, ya lo sé— puso una mano en su rostro como queriendo ocultar su vergüenza, luego se puso en pie y caminó junto a ella, se arrodillo y le mostró la cajita—. Shiori, lo que quiero decir es que... yo te amo y...— abrió la caja mostrando un anillo de plata con una piedra incrustada— ¿me harías el honor de ser mi esposa?— lágrimas asomaron en el rostro de Shiori.

—S-Suga-kun...

—Tú has sido la razón por la que mantuve el museo, esperaba el día en que regresaras, maldiciendome por esperar aquel día, porque eso significaría llevarte a un lugar peligroso, pero quería volver a verte...— su voz se cortó, él también luchaba contra el llanto— tú me protegiste tantas veces, ¿cómo voy a pagártelo?

—Calla ya— dijo Shiori dejando caer las lágrimas, se arrodillo junto a él y lo abrazó—, hemos quedado a mano, no deberíamos volver a tratar ese tema nunca más— susurró en su oído, sollozando—, y sí, si quiero casarme contigo, Suga-kun...

~:~

—Y ahora, yo los declaro marido y mujer...

Se miraban con amor, Suga con un smoking negro y Shiori con un vestido blanco con encajes, y una tiara con un velo, el cual Suga retiró de su rostro y la besó con todo el amor que sólo él podía darle, y ella le respondió de igual manera.

Sakuma, que era la madrina, lloraba como magdalena, sintiéndose feliz por sus amigos.

Después de la noche de bodas llegó la luna de miel, viajaron alrededor del mundo conociendo varios lugares en América, Europa, Asia, etcétera, y llegaron con una noticia que alegró mucho la peliazul.

—¡Kya! ¡Shiori está embarazada!— decí dando saltitos por todo el salón principal.

—S-Sakuma...— intentaba detenerla su amiga.

—¡Oye! ¡Yo soy el emocionado aquí!— reclamaba Suga.

—S-Suga-kun...

El azabache y la peliazul comenzaron una pelea infantil, lo que a Shiori pareció divertirle.

Nueve meses después, la castaña cargaba con un pequeño niño en brazos, envuelto en una cobijita amarilla con el dibujo de un oso. Su cabello era castaño y alborotado, tenía sus ojitos cerrado, pues su madre lo estaba arrullando. Lo dejó en su cunita y su esposo y su amiga se acercaron para ver al pequeño.

—¡Es tan mono!— gritaba/susurraba Sakuma emocionada.

—A que sí, ¿verdad?— Suga se cruzó de brazos, sonriendo.

—Es porque es el hijo de Shiori-chan.

—¡Oye! También es mi hijo— fingió estar molesto.

—Por cierto, ¿cómo lo han llamado?

—Toushiro— respondieron al unísono.

—Hmm el pequeño Toshi— los tres sonrieron.

Así, los cuatro llevaron una vida feliz en el museo, después de varios años pudieron estar seguros de que ya no habría nada sobrenatural que pudiera generarles problemas.

Y llegamos al final :D

Lo siento si es un poco horrible :( son libres de lanzarme tomatazos n.n

Gracias por seguir el fic n.n/

Nos leemos 3