Las espinas de la rosa
(Para: Greenlilies)
Margaery no quería pensar en lo que hacía, prefería engañar a su ética al decirse que Es solo una aventura de dos jóvenes. Ella de verdad deseaba creer esas palabras, tragarlas y vivir en ese mantra.
Pero lo que había comenzado con un juego terminó en tragedia.
Sansa caminaba por los bosques del reino, se había hecho su lugar favorito luego de todo lo que pasó en estos días, y quería relajarse, olvidar y dejar de soñar las cabezas de sus familiares, dejar de escuchar su propio llanto y despertar con su almohada empapada en lágrimas. No quería imaginar más cosas de príncipes de fantasía o en finales felices…ninguna de esas cosas existía en su mundo y jamás lo harían. Pensaba más que ella estaba allí para sufrir, para pagar por sus utopías y los pecados de la familia, así que no lo temía tanto, no temía nada al juicio final o al castigo que Joffrey le imponga por algo que no merece o hizo.
Lo único que logró sorprenderle en medio de su ensimismamiento, fue un ruido y una suave risa ahogada por una mano.
Levantó la cabeza, dejó de mirar las hojas que pisaba y se encontró con una cara familiar, con una expresión feliz y risueña.
— ¿Mi reina?—Preguntó, aunque obviamente era ella, Margaery Tyrell se encontraba parada en frente, divertida por algo que ella no supo descubrir.
—No, solo Margaery, aun no estoy prometida con el joven rey—Sonrió aun más ampliamente con la cara de desconcierto de la otra.
—Oh…lo lamento. Margaery…uhm, ¿Qué puedo hacer por usted?—Le miró con desconfianza, pues nada que tenga que ver con el trono le gustaba, ni nadie.
—Bueno, primero, puedes hablarme con más cercanía, tanto…física—Con dos pasos largos, se quedó a solo unos centímetros de la chica— Y simplemente de hablar…puedes decir cosas como "por ti", no uses el "usted" conmigo…me haces sentir anciana.
Sansa, quien se había mantenido normal todo el rato, ahora comenzó a sonrojarse, esas blancas mejillas pasaron a un rosado suave.
—Claro, disculpa—Dijo en un susurro inseguro. No le agradaba llamar así a la realeza, menos con quien no quería fraternizar.
—Bueno, responderé a tu pregunta, como la segunda cosa, y es que me gustaría pasar la tarde en tu compañía.
Ese había sido el primer encuentro donde ambas pasarían una tarde solo entre ellas, una en donde no hablasen de Joffrey más que para quejarse o decir verdades amargas del joven, una en donde comenzarían una amistad o lo más cercano a ella. Sansa jamás creería que podía tener una relación así con nadie, menos con alguien que se casaría con el monstruo, pero ahora simplemente sonreía al pensarlo.
Margaery se había tornado más que su amiga…y desearía habérselo hecho saber. Que con cada charla que tenían, ella miraba sus labios, pensaba en abrazarla, o deseaba tener más contacto con la joven, que cada cosa que le contaba le llegaba muy profundo y que su calidez, su cariño, era todo por lo que seguía viva lejos de la venganza a la muerte de su familia…Margaery había sido su cordura.
Pero no pudo…estaba en el barco, y solo pudo sentir la espina de la rosa que Margaery le regaló esa misma mañana…
