Capítulo Uno: La Cita
Wow—expresó sorprendido Daniel— ¿Esta es la guarida de asesinos?
Sí, pero de este distrito—respondió Quentin sin mirar al chico. Estaba absorto en sus pensamientos.
Daniel estaba asombrado por la cantidad de armas, cuadros, libros y armaduras (como un niño en una dulcería) en lo que parecía el salón central de la guarida. La guarida era, desde fuera era una iglesia en ruinas al interior del bosque. Pero activando un interruptor se habría una escalera de caracol. La guarida (o al menos el salón central) estaba iluminada por un tragaluz que por lo que Daniel pensaba, provenía directamente la luz. Lo cierto es que estaba formado por un sistema de espejos, según le explicó Quentin. "Dejar un boquete abierto en medio de las ruinas sería muy notorio para una guarida secreta" le recordó decir "La luz viene de la montaña y se refleja en una serie de espejos, el tragaluz es mera decoración".
—Espera—pensó Daniel—Si ya se está reflejando la luz… ¡Significa que está amaneciendo! Rayos…
—Tranquilo—lo calmó Quentin—no debes preocuparte de la escuela.
—No, no es eso, es que… quedé de hablar con una amiga y… —un tono rojizo se empezaba a notar en las mejillas del chico.
— ¡No se hable más!—gritó Quentin. Con una sonrisa en el rostro, sacó un par de llaves del bolsillo y apuntó a lo que parecía una simple pared con un cuadro. La pared comenzó a temblar y a soltar una buena cantidad de polvo, tan grande que Daniel tosió tres veces seguidas. —Lo siento… no la usamos mucho… lleva al exterior de una forma sencilla. Normalmente y como práctica, trepamos los muros hasta la superficie, pero como eres aún inexperto…
Daniel dirigió una mirada furtiva a Quentin, estaba perdiendo bastante tiempo explicando por qué no usaba esa salida, que, por cierto, aún no se abría del todo cuando se quedó atascada.
—Bah, con eso bastará.
Quentin y Daniel subieron por una escalera empinada. Daniel pudo comprender por qué no usaban tanto esa salida cuando Quentin casi se cayó cinco veces tratando de apagar las antorchas. "Si no las apagamos alguien podría notar este lugar". Parecían que querían poner la discreción ante todo, a Daniel le pareció un poco excesivo, aunque lo dijeran las reglas.
—Ya casi llegamos—dijo Quentin algo cansado. A Daniel le dolía el costado y comenzó a sudar, si llegaba a su "cita" así, probablemente ahuyentaría a la chica, y Quentin no se quedaba atrás.
Quentin y Daniel se encontraban cercanos al claro en el bosque. Ahora, en vez del sonido del follaje, se podía apreciar el cante de aves. Diversos tonos y frecuencias de trinar de las aves se mezclaban con el olor de una mañana veraniega… y el sudor de ambos.
Con el último escalón subido solo faltaba ir al lugar de encuentro. Daniel le preguntó a Quentin si había algún pasadizo o atajo para llegar a la cafetería donde se supone estaría la chica
No…que yo sepa, no hay ningún pasadizo que llegue a ese lugar...—el ánimo del chico empezaba a decaer—Pero si te importa mucho… podríamos usar la motocicleta.
Una motocicleta. Era una de las cosas a las que más temía Daniel, de pequeño, lo habían subido sin previo aviso mientras que jugaba con legos y las cosas no término muy bien que digamos...
—B…Bien, las motocicleta será—se le notaba un nerviosismo en la voz.
Quentin tardó poco más de dos minutos en buscar y llevar la motocicleta al claro.
—Hace tiempo que no la usamos—declaró buscando un paño con el cual sacar el polvo de la motocicleta—Normalmente…
—Sí, sí, vamos por los tejados—le cortó abruptamente Daniel, a él le parecía que Quentin presumía de sus habilidades de alguna forma.
—Perdón…—se retractó.
—Eh, Quentin, tengo una pregunta… siempre hablas de un "nosotros", pero, no he visto ni escuchado a nadie más en la guarida.
—Ah, sí. Murieron. —De repente, los cantos de los pájaros cesaron, dejando detrás un silencio más que incómodo, Quentin había pronunciado esas palabras como si fuera lo más normal del mundo. — ¿A qué viene esas cara, Daniel? Lamento sus muertes, sí, pero ellos mismos sabían que corrían ese riesgo al pertenecer a la orden. Murieron como héroes de nuestra causa.
Daniel decidió no seguir escuchando, él no estaba acostumbrado a esa vida. Decidió ir callado hacia la motocicleta, que era de un color negro con detalles azul oscuro, para Daniel, carecía de estilo. Finalmente se subió después de Quentin, Daniel no sabía manejar una motocicleta.
—Eh, ¿No se ve un poco raro que yo vaya sujetando tu abdomen en una motocicleta? Y ni hablar de tu...eh… ¿Capa?
—Túnica—Le corrigió Quentin. —Tienes razón. Ataño, la hermandad usaba estas túnicas y capuchas para camuflarse con los monjes, pero ahora, no nos sirve de mucho a la luz del día, por tradición las usamos, pero ahora preferimos la noche para actuar.
—Ajá… ¿Y lo de sujetarse también lo hacían hace tiempo?
—Eh, tomaremos un atajo
Finalmente Quentin encendió la motocicleta y condujo por un sendero entre los árboles, que cada vez que hacían más y más frondosos. Daniel ya se había sido golpeado por tres ramas y media. El motor sonaba bastante fuerte, y tenía señales de una posible avería, se notaba el desuso del que hablaba Quentin.
Daniel se empezó a preocupar de su integridad física cuando se rasguñó la pierna con una espina.
— ¿¡Podrías ir más lento!?—gritó Daniel.
— ¡NO TE OIGO!—El motor no sonaba tan fuerte…
—Oh, ¡Sí que lo haces, déjame aquí!
— No pued…
La frondosa vegetación fue dejada atrás por un cielo casi completamente azul, el bosque terminó en un acantilado. Daniel gritó con todas sus fuerzas, no podía morir hoy, no sin ver primero a Alice.
Alice era, como decirlo, el amor platónico de Daniel, cada vez que sus ojos se encontraban en los pasillos de la escuela, no podían evitar sonrojarse y desviar la mirada, para encontrarse nuevamente. Era imposible para Daniel (y muchos otros) no ver los ojos verdes de Alice, que combinaban de manera perfecta con sus pecas y su cabello rojo. Alice y Daniel iban al taller de música juntos, aunque no se dirigían mucho la palabra, levantaban los estuches de sus instrumentos y de inmediato sabían que debían dirigirse al salón del taller.
No podía morir sin escucharla tocar una vez más.
Para su suerte, Quentin sabía lo que hacía, o eso aparentaba, "WUHUU" decía, acompañado de una risa. Daniel fijó la vista en una rampa, ahora entendía por qué iba tan rápido, necesitaba la velocidad adecuada para caer en la rampa, miró hacia atrás y vio una rampa similar en el acantilado.
Daniel y Quentin aterrizaron fuertemente sobre la rampa, a la motocicleta le hacía falta un poco de suspensión.
— ¡POR POCO NOS MATAS!
— No le daría ese placer a los templarios—dijo con una sonrisa en el rostro—Ya casi llegamos. —En efecto, estaban a una cuadra de la cafetería "pain et cirque"*, que cambiaría próximamente el nombre por uno menos arcaico. —Aquí acaba el bosque, te dejo, si necesitas algo te daré mi tarjeta, en realidad es de unas oficinas que nos ayudan en secreto, debes decirles un código, deja que lo escriba. —aclaró Quentin.
Mientras que Quentin trataba de acordarse del código, Daniel oyó un ruido que provenía de la calle a su izquierda, era el sonido de un Violín. "¿Podría ser Alice?" Se preguntaba, "No" se decía a sí mismo, "No toca así de bien" pero, podría haber mejorado.
—El código es Maple122
— ¿Por qué maple?
—Eh, estamos cerca de Canadá—No era cierto.
—Ajá… Adiós, debo irme.
—Cuídate, tu padre me mataría si te ocurriera algo.
Por mera curiosidad Daniel se acercó hacia la fuente del sonido, lo condujo hacia lo que parecía un pequeño jardín público al que apenas le llegaba la luz del sol.
Y ahí estaba sentada ella. Su cabello ni tan largo ni tan corto descansaba sobre la tabla armónica del violín de pícea* barnizado. Mientras que movía lenta y armoniosamente el arco sobre las cuerdas, con los ojos cerrados y oídos atentos al sonido. Una melodía preciosa.
— ¡Ah!—Alice dejó de tocar abruptamente— ¿Por qué siempre fallo en esa parte?—pensaba ella en voz alta.
—Ho…Hola, Alice, ¿Llego en mal momento?—preguntó Daniel, tratando inútilmente de ocultar su sonrojo. Hubo un silencio largo, Alice miraba extrañada a Daniel, como si hubiese olvidado que alguna vez existió.
— ¿Daniel?—Preguntó—Perdón, es que no llegabas y decidí practicar—Alice guardó el violín con cuidado en su estuche negro— ¿Y? ¿Qué dices?—Daniel permaneció callado, siempre lo estaba, la última vez que Alice le dirigió la palabra fue hace mes y medio, y sólo le preguntó si podía correr un amplificador. — ¿Fue horrible cierto? Cada vez estoy empeorando, ¿sabes? Yo…
—Fue hermoso.
— ¿En serio? Bueno… he estado practicando y…
— ¿Podrías volver a tocar?—le pidió Daniel, perdido en los verdes ojos de la chica.
—Claro, sólo déjame sacarlo de nuevo, la compuse yo, y aun así sigo teniendo fallos—explicó
"¿Componía?, nunca lo demostró en el taller, sólo se limitaba a interpretar a otros", pensó Daniel. Alice sacó del estuche que dejó a medio cerrar cuando vio a Daniel, lo hizo con cuidado, por alguna razón trataba a su instrumento con cariño, mientras que Daniel… bueno, su guitarra no es la mejor cuidada.
—Tenla—dijo Alice entregándole una partitura con dibujitos a los lados y notas un poco "deformes"—creo que ya la tengo grabada en mi mente, tenla, así sabrás si me equivoco.
Y Alice tocó. Tocó con perfección cada una de las notas que ella puso sobre el pentagrama, tocó con su alma desde la primera nota hasta la última, el sonido resonaba en los muros alrededor de ellos. Partes tranquilas y lentas, partes endemoniadamente rápidas, fueron aproximadamente 4 minutos de sentimiento, Daniel se limitó a escuchar, no a oír, a escuchar.
La música cesó, Alice miró a Daniel y dijo.
—No sé qué nombre ponerle aun, quizá un café después de tocar me podría dar alguna idea. ¿Vamos a café de l'Europe?—Sugirió con un fingido acento francés. Al parecer era la misma cafetería "pain et cirque"
— ¿Ya le cambiaron el nombre?—preguntó él
—Hace dos días—respondió Alice.
Caminaron una cuadra hacia la cafetería, que de europea no tenía nada, pero era un ambiente cálido, bueno para la conversación.
—Y… ¿Qué has estado haciendo? Además de… ya sabes, componer y eso—preguntó él tímidamente.
—Pues… pasar aburridas horas de "entretención familiar" con mis padres, ¿Cómo están los tuyos?—preguntó ella.
—Pues…
— ¿Ocurre algo?
—Eh… trágicamente, fallecieron hace unos días…
—Oh no, lo siento…no sabía…no quería…—trató de excusarse Alice.
—Tranquila, no es nada— ¿No lo era?—Bueno, si es algo, pero… creo que ya me hice a la idea, ya me lamenté lo suficiente, no creo que ellos quisieran que estuviera triste o algo así
Lentamente la conversación fue muriendo con temas banales como "¿Y tu perro cómo está?" y "¿Qué tipo de café te gusta?", eso hasta que luego de 10 minutos la mesera los atendió.
Llevaba una camisa negra, un delantal negro y una placa con su nombre, "Lottie", diminutivo de Charlotte, pensó Daniel. Traía en sus manos una libreta pequeña y un lápiz, y tenía el pelo tomado en una especie de tomate mal hecho.
— ¿Qué van a pedir?—dijo la mesera con un tono un tanto altanero.
— Un cappuccino, por favor.
— ¿Pequeño, mediano o grande?
— Mediano—respondió Alice con una sonrisa en el rostro.
— ¿Y usted joven?— ¿"Joven"? Ella no aparentaba más de 19 años…
—También. —Respondió Daniel
— ¿Algo más?
—Dos croissants.*—pidió Daniel, hace una año investigó los gustos culinarios de Alice de una manera de la que no podría estar orgulloso.
La mesera se alejó y caminó hacia otra mesa, luego se escuchó
— ¡LA PROMO SEIS PA' LA MESA TRE'!
Esa era "Lottie". Esa era su mesa.
Daniel no aguantó la risa, tampoco pudo Alice, luego ambos suspiraron y dijeron al mismo tiempo.
— ¿Qué…?
Platicaron de música, mayoritariamente de las cosas graciosas (y a veces asquerosas) que ocurrieron en el taller.
— ¿Te acuerdas cuando Bob no podía tocar su oboe?
— ¿Qué pasó? ¿Tenía baba?
— ¡Exacto!, Vi como caían una por una las gotas de baba, fue algo asqueroso, no volví a beber ningún liquido en 2 días.
—Eso pensé, hasta se veían las gotitas—dijo Alice, y ambos rieron.
—Ah, quiero volver al taller, pero comenzarán las vacaciones de verano y saldré lejos con mí…familia. —Alice dudaba sobre decir la palabra "Familia" luego de lo que dijo Daniel.
— ¿Hacia dónde?—preguntó él, mientras que "Lottie" apareció con una bandeja en la que habían dos croissants y dos vasos medianos—Gracias—dijo Daniel.
—Una especie de seminario al que irá mi… papá—de nuevo dudaba—Dice que no estaría segura sola. Pero podría quedarme perfectamente con Dorothy y su hija. —argumentaba Alice. Dorothy era la sirvienta de su familia, famosa por ganar la lotería y seguir trabajando con la familia Cooper.
— ¿Te llevas bien con su hija?
—No he hablado mucho con ella, pero dice que toco bien…sabe tocar también… y me cae bien, Jean es una buena opción con la cual pasar el verano. —Dijo Alice entre sorbos a su vaso de café, ya llevaba casi la mitad.
"Ojala lo fuera yo también" pensó el chico
—Estos vasos son muy pequeños, ¿no crees?
—Eh…sí…oye—dijo Daniel cambiando de tema—Me preguntaba si podríamos…vernos mañana
— ¿Para?—dijo mascando una parte de su croissant.
— Eh… para… eh—Daniel llevaba diciendo "Eh" casi media hora, todo un récord. — ¡Conversar!...sobre tu…eh, ¡Tu canción!—sin duda Daniel era el mejor en eso de titubear.
— ¿Es una cita?
— ¿Lo es? Digo, si tú quieres…
—Es una cita. —dijo con una sonrisa, quizá para ella podría ser un encuentro cualquiera, pero para Daniel, que por cierto, estaba tan rojo como un tomate, sería el mejor momento de su vida. — ¿A qué hora?
— A las seis de la tarde, aquí mismo.
—Pues aquí estaré. —Acto seguido vibró su teléfono, Alice lo miró y la sonrisa en su cara cambió a una mueca de preocupación. —Lo siento, debo irme, ten, para la cuenta.
—No hay problema, yo la pago, ¿Vendrás mañana?
— Dije que aquí estaré, ¿No?, Bueno… adiós, hay algo muy urgente que debo atender ahora mismo.
Alice partió casi corriendo hacia su casa (más bien, mansión), que, por suerte, le quedaba a dos cuadras de la cafetería, al menos una parte de la mansión. Daniel no había tocado su orden, pero cuando Alice desapareció de su vista le entraron ganas de comer todo lo que le pusieran en frente. Bebió su cappuccino, ahora tibio, y terminó su croissant de dos mordiscos. Alice solo dejo la mitad de ambos.
— El mejor. Día. De. Mi. Vida—dijo para sí mismo, luego pidió la cuenta y se fue, llamó al número que le dijo Quentin, que, en efecto, lo envió con un operador, no sabía cómo decirle el código, o si sólo había que preguntarle, pero dijo "Maple122" y lo comunicó con Quentin, el cual respondió al segundo tono.
—Habla Quentin… por Dios, Daniel, suenas como si hubieses tenido una cita con tu enamorada, oh, espera, eso pasó.
—Eres tan gracioso Quentin… necesito que… me vengas a buscar.
—Ahora no puedo, estoy escondiéndome de los guardias de la mansión Cooper.
¡Oh no, oh no, oh no! se repetía mentalmente Daniel
—Acabo de herir a Robert Cooper, pero los guardias llegaron en un santiamén, eran demasiados, me escabullí como pude.
"Por eso se fue Alice tan deprisa. Por dios, qué hiciste Quentin" pensaba Daniel desesperado.
El aire se ponía cada vez más frío, mientras que Daniel pensaba que si Quentin trató de matar al padre de Alice, qué lo detendría para asesinar también a ella… Debía explicarle de inmediato.
— ¿Pasa algo?, Estás muy callado.
— ¿Cómo cuánto te demorarías en llegar?
— Unos… 5 minutos… espera, están cerca, debo…—la llamada se cortó, se oía bastante apurado. Daniel miró alrededor, la oscuridad iba tomando la delantera y los postes de luz empezaban a hacerle frente. Empezó a caminar en dirección a la mansión, podía ver un poco las luces de algunas linternas y ladridos de los pitbull que protegían la casa.
Y a Alice buscando al asesino en el jardín.
Eh…bueno, ya han pasado más de dos semanas y no he actualizado, no tengo excusa, sólo flojera xDD, aunque salí de vacaciones por una semana y eso, creo que ya tengo armada la historia en mi cabeza y pues, quería llegar a las tres mil palabras en este capítulo pero no aguantaba las ganas de subirlo para complacer a único seguidor del fic xD, y eso, seguiré actualizando, pronto terminaré unos dibujos para que puedan hacerse una idea de los personajes ya que no soy el mejor describiendo :c en el próximo capítulo pondré un link a mi Deviant Art.
Para los que no sepan algunas palabras (lo cual me parece raro) pues dejaré un pequeño glosario al final de cada capítulo
*Pícea: Un tipo de árbol cuya madera se usa en la fabricación de violines, guitarras, etc. c:
*Pain et Cirque: La versión francesa de la expresión en latín (:^T) Panem(O panis) et Circenses, que pues significa « pan y circo », que se refiere a "Tranquilizar a las masas dándoles pan y entretenimiento".
*Croissant: un tipo de "postre" conocido como Media Luna en algunas partes, tiene…pues forma de media luna, ¿No xD? Es dulce :3
Eso, pueden dejar sus reviews, consejos, ideas, o preguntas c: .
