Se encero en la habitación, tomando la katana que tenia de adorno, supuestamente un arma legendaria de un gran guerrero. Troceo vivazmente su espalda pero esa marca no desaparecía, la marca de araña resultado de las quemaduras de onigumo hace tiempo y que marcaba su cuerpo como un insulso, parte de un ser humano.
-kana- grito llamándola y esta no tardó en aparecer, en silencio con el espejo entre sus manos vestida por completo de blanco. Una más de sus extensiones.-acompáñame-
La guio hacia un risco alejado de todo contacto presente- vigila que su alma este con él-
-…-
Se mal formo su cuerpo en un gran bulbo que se extendió en su mano.-sigue con él-
Asintió, mostrando en su espejo un resplandor blanco
-bien- tiro ese bulbo al vacío. Que a pesar de todo palpitaba por sí mismo.- dile a kagura que lo vigile-se marchó, pensando que así se desasearía de esa apestosa esencia.
-…- camino a la orilla del risco- suerte- se limitó a decir; el gran secreto de naraku se encontraba resguardado en sus manos.
-mmm- palpo su cuerpo, curioso- ¿Quién soy?- se reflejó en el lago, recostado, esperando que la imagen respondiera sus preguntas.
A la distancia escucho unas voces.
-…pero gran sumo sacerdote. ¿Por qué debemos ocuparnos de esto?-
-no preguntes, aun eres un aprendiz. Solo acata órdenes-
-sí, maestro-
-espera- retuvo el paso- aléjate y ocúltate en los matorrales-
-pero…-
-obedece-
Más niño pequeño se refugió cerca de la zona.
-muéstrate-
Salió de las sombras- Dime ¿sabes quién soy?-
-ser demoniaco que te trae a estas tierras- alzo la cabeza que tenía gacha- no tienes rostro- susurro de miedo.
-dime ¿Por qué estoy acá?-
-aléjate ser maligno- desenfundo su báculo- En el nombre de las almas del cielo… – la impregno en la tierra, formando un circulo de exorcismo-…limpia el mal, que se encuentra en nuestra tierra y purifícalo para ser parte de ella- unas lianas lo inmovilizaron, fragmentando su cuerpo.
Un gran humo asosiego los rodeo a ambos y él encarno una sonrisa, -descansa en paz- se disipo y una manos contrajeron su rostro.
-aaahhhhhh- grito horrorizado.
-maestro- se levantó y todo pudo verse con claridad, el cuerpo del sacerdote yacía en el suelo, aquel sujeto sujetaba algo. Encarno sus ojos, con su campo de visión vio sangre por todos lados.
-un rostro…- vocifero gélidamente- ¿este me queda?-
Grito horrorizado por la escena. Ese espectro le arranco su imagen del sumo sacerdote, posándola con la suya.
El sujeto solo se inmuto a dirigirse al lago y lavar la piel.-no me gusta- azoto el lago molesto-¿QUIEN DEMONIOS SOY?-
Vagueo por un tiempo sin rumbo atacando legiones de guerreros robándoles sus rostros para después probárselos- este es feo- un narigón no era de su gusto-perfecto-acepto una buena imagen, le daba buen aspecto, varonil y bello- me quedare con este-
Se lanzó de lleno encima de los cadáveres, como si fuera el suelo.-siento que me falta algo-
Tapándose con una túnica mal atada tapo parte mayor de su cuerpo desnudo - ¿Qué me falta?-
Camino nuevamente errante al mundo mirando alrededor y un pueblo fue atacado por bandidos, el grito y llantos lo complacía de sobremanera, así que los siguió.
-ese pueblo sí que era prospera jefe-
-tienes razón- miro el cargamento- fue una buena jugada, ese pueblerino tenía razón o mejor dicho exiliado, ¿verdad meishu?-
-no mentía cuando decía, que también residían las más hermosa mujeres- detrás de él habían tres carrosas, repletas de temerosas mujeres que se acurrucaban entre si consolándose por su futuro.
-y son tan puras como decías-
-¿quieres probas jefe?-
Se quitó la baba, con el brazo, dirigiéndose a esas rejas - ¿Quién será la afortunada?- revoloteaba una barra de hierro contra las rejas, resonando entre ellas, su ojos temerosos, le excitaba de sobremanera- o quien quiere ofrecerse primero- una pequeña y joven mujer se ocultaba entre las demás cubierta por las túnicas largas de las doncellas, no la hubiera visto si no fuera porque su pie sobresalía, revelando su presencia- será ella, Meishu, dame las llaves-
-va por cuenta de la casa- le tiro las llaves- espero que lo disfrute-
-de eso no tengas dudas- abrió la puerta de reja.
Todas asustadas se apartaban de su cercanía.
-llévame a mí- dijo una de ellas, al ver sus verdaderos propósitos- yo me entrego-
-lo siento cariño, ya elegí. Debías haberlo dicho antes- con una mano la azoto, descubriendo a una muchacha joven de no menos de 18 años, que se abrazaba a si misma.-te gustara pasar tiempo conmigo, tenlo por seguro- la cogió del brazo con fuerza- si no eres pura, créeme que seré muy rudo contigo primor- babeo en su cuello mientras a jalones la atrajo hacia él, cerrando una vez más la puerta.
-NOOOO… YUMIKO-estiro sus brazos
-MADREEEE...- grito en llantos, forcejeando en vano, ese hombre era más fuerte que ella.
-no te preocupes- susurro en su oído- si haces lo que te pido, no le hare nada a menos que no quieras. Ella también se ve apetitosa-
Aflojo sus fuerzas, no quería que nada malo le pasara a su madre- no le pasara nada-
-eso solo depende de ti- se la llevo a cuestas en sus hombros hacia el campamento privado que tenía, tirándola bruscamente del suelo al llegar- desvístete-ordeno.
-si.- sus temblorosas manos apenas y tocaban sus prendas, torpe se le había olvidado como deshacer su kimono.
-te ayudare.- Rasgo las prendas, una tras otra dejándola completamente desnuda- sin dudan tengo buen gusto-
La muchacha se tapó débilmente con sus brazos, a causa de la mirada laciba que recibía del bandido. Más este se lanzó, de manera acechadora, posando su peso contra el suyo- te dolerá-
Se bajó los pantalones y sin cuidado las dirigió entre sus piernas obligándola a que las habrá a su gusto-luego amaras esto- de una estocada, la penetro duramente-
-HYAAAAA- grito de dolor, encarnando sus facciones sin poder evitar llorar y posas sus manos en su pecho, para alejarlo.
-estas muy estrecha, siento como tu vagina me succiona…..- gimió roncamente; lamio su cuello.-… tu cuerpo pide más-
-no…HYA...HYA…HYAAAA- no le daba oportunidad alguna, se introducía rudamente una y otra vez,-HYAAAAAAA- le encantaba escuchar los ruidos proveniente de sus labios. Bajo su boca, sin parar en sus movimientos, hasta llegar a sus pechos y succionarlos con fuerza, mordiendo sin estima, haciéndolo sangrar- duele…ah…ah...hyaaa-
Esas agonías, era parte del placer propio que tenía por ello se convirtió en lo que ahora es un gran bandido, ninguna mujer podía negársele o tenía que albergas las consecuencias de ello. Araño su cuerpo frágil, azotándolo con más fuerza escuchando nuevamente esos gritos de dolor, nada se comparaba a esto, absolutamente nada.
-jefe….-
-NO ME MOLESTEN-
-je...fe….- cayó muerto en la entrada de su campamento- nos atacan-
-MIERDA, ESTO NO HA ACABADO-
Yumiko se mostraba destruida con la mirada en blanco, tirada en el suelo.
Al salir toda su tropa desvaneció en simples cadáveres esparcidos por las sierras. Sintió temor, esto era a causa de un demonio, estaba seguro de ello, tomo su espada y la empuño en modo de ataque.
-demasiado tarde- le corto la cabeza- débiles-
Recorrió todo el lugar orgulloso por su trabajo, complacido por su recompensa. Oro, plata, joyas, rubíes, jades y las telas más finas que jamás hubiera tocado. Luego poso sus ojos en las cuatro jaulas de carroza.
Las mujeres que presenciaron todo lo ocurrido le miraban estupefactas con un temor indescriptible al ver como él se les acercaba.
Curioso, rompió la compuerta. – Salgan- y ellas obedecieron sin rechistar, sabían de lo que era capaz.
No sentía nada al verlas, absolutamente nada, no le veía sentido el por qué aquel sujeto tomo una de esas mujeres como un valioso cargamento pero lo ignoro, no era asunto suyo, las usaría mucho mejor que todos ellos- saben, no tengo un nombre y eso me molesta, digan uno que me agrade-
-kuramara- dijo una, creyendo que con ello conseguiría la libertad pero él tenía otra cosa planeada, la atravesó con la espada. Y las demás, se espantaron.
-como ven, si el nombre no me gusta morirán, así que piensen en uno mejor- las miro con una sonrisa maléfica.
-ee...e...he…-
-habla- ordeno,-o terminaras igual que ella-
-elias.- y se protegió en modo de defensa.
-no- y cayó al suelo inerte, con los ojos abiertos.-otra más-
-otsuma- y así siguió, quedando solo cuatro mujeres en la fila.
-onigume- ese le encanto, se acercó a ella y esta retrocedió.
-has acertado- le lanzo las llaves- hay una carrosa más en el fondo, si quieres puedes liberarlas. Están en tus manos- se apartó, dirigiéndose a su gran botín.
Estaba libre, no moriría, es la mejor noticia que hubiera escuchado en su vida. Ni lo pensó y escapo tirando las llaves de paso, escapando de ese lugar infernal ¿Quién sabe si tendría otra oportunidad? No quería averiguarlo, no se arriesgaría por nadie, ahora solo ella.
-onigume… ...no...Mejor dicho El más grande bandido onigume, el invencible-
Su última oportunidad se fue con ella, todas se are cogían a sí mismas, esperando lo peor.
-me encanta mi nuevo nombre- revoloteo toda la mercancía, pero seguía faltándole algo. Sentía un vacío que non comprendía ¿si ya lo tenía todo? O ¿no?, pensó que revivir los gritos aclararían su mente, tomo una de los troncos de la fogata y lo lanzo al último cargamento de doncellas.- pobres, ser traicionadas. Los humanos son patéticos-
Escucho con placer cada grito y miro con anhelo como sus cuerpos eran consumidos por el fuego, quemando cada capa de piel hasta quedar en huesos negros.-esto no es suficiente ME SIGUE FALTANDO ALGO PERO ¿QUE ES?-
Volvió a lanzarse a las joyas pero nada, no sintió nada se encontró disconforme, tal vez atacando uno o dos pueblos arreglarían este problema.
-¿Cómo está?-
-bien, haciendo de las suyas-
Hizo un ademan para que se retirara y asi lo hizo.
No entendía por qué naraku dejaba libre a unas de sus extremidades, un supuesto hermano. ¿Que conseguía con ello? O ¿que obtendría cambio de ello?, sus dudas acrecían con más fervor así que a espaldas de él, planeo su estrategia. Ese sujeto que se hacía llamar onigume, era muy fácil de controlar puesto él se guiaba por sus impulsos, sus necesidades nada más le importaba. No aprovechar eso, sería una estupidez.
-esto ya no es divertido- se encimo en sus trofeos dentro de una cueva para que nadie azara en robarlos.
-ja…y crees que esto es suficiente-
-¿Quién anda ahí?- lanzo sus dagas más las ráfagas de viento lo desviaron de su objetivo, aquella sombra.
-no soy tu enemiga, agradece, he venido a ayudarte-
-¿cómo lo harías?, si nada me complace, tal vez matarte lo haría-se lanzó de lleno, siendo azotado por una ventisca, alejándolo de ese lugar.
-no seas tan impaciente-, saco una de sus plumas para luego encimarse en ella, meciéndose en la brisa del cielo- Lo que buscas, se encuentra al lado oeste, en un pequeño pueblo- se alejó.
-lado oeste- repitió, haría cualquier cosa para quitarse ese vacío- no perderé nada por intentarlo- alisto sus cosas para prepararse a la nueva casería.
-Tarda demasiado- bufo molesto, cruzando los brazos. Apoyándose en el pozo devorador de huesos- ¿Cuándo llegara?-
-debes de entender que aome tiene responsabilidades también, no te comportes como un niño- dijo inclinado su cabeza, en forma de afirmación.
-shippo-o-o- los coscorroneo fuertemente.
-ya suéltame, que duele….inuyasha-
-retira tus palabras mocoso-
-jamás-, le mordió la mano con la que le retenía- eres más niño que yo,….bleee- le saco la lengua.
-maldito mocoso- lo correteo persiguiéndolo.
-ABAJO-
Cayo al suelo a causa del collar que tenía en el cuello-a. al fin has llegado-
-como te atreves a hacerle eso al pobre de shippo- grito molesta, lo último que quería ver en su llegada era eso.
-aome- se lanzó el pequeño en sus brazos- inuyasha está molestándome-
-todo estará bien- lo consoló arropándolo y acariciando su cabeza- ya estoy aquí-
-hmmm-
-maldito mocoso mentiroso-
-ABAJO- y nuevamente se azoto al suelo-vamos a ver a los demás-
-sí, kaede te extraña-
-aome- se retorció en el suelo.
-es un pueblo tan pequeño, de seguro no conseguiré nada de riquezas ¿por qué hago esto? Bueno me conformare con matar al gentío- pero una voz lo detuvo, ocultándose en los arbustos.
-ese idiota, tener que insultar mi comida. Que insolente, me tomo demasiado tiempo cocinar todo eso además de que me esforcé mucho. IDIOTA¡- insulto, con seguridad de que nadie lo escucharía.
Esa muchacha, su vestimenta era rara pero su bello rostro llego a cautivarlo, era eso lo que necesitaba, ese vacío en su interior se llenaba a cada paso que daba para acercarse a la muchacha.-tú, tu eres lo que necesito-
Volteo hacia donde se dirigía la voz- ¿Quién eres?-
-ERES TU- la tomo de la cintura- contigo me sentiré completo, nada más me bastara-
-suélteme- miedosa pozo sus manos en su pecho purificándolo y deshaciendo parte de él- INUYASHA…-grito desesperada por auxilio.
Un dolor punzante lo golpeo por dentro, como nunca antes había sentido, parte de su vida se iba.- que desgracia- se levantó decidido.-kana, ¿dónde está?-
Le mostro una clara imagen del lugar en el espejo que traía entre manos, ahora se encontraba luchando y por su aspecto, recibió un gran daño.- avisa a kagura que lo respalde-
-…-
-aome ¿estás bien?- se paró delante de ella protegiéndola-dime, ¿te ha hecho algo?-
-estoy bien, gracias por venir-
-MALDITO COMO TE ATREVES A TOCARLA- ese aroma que despedía le era familiar-¿DIME DONDE ESTA NARAKU?-
-LA QUIERO, ELLA DEBE SER MIA- ataco nuevamente y esta vez inuyasha le corto el brazo con la tessaiga- argghhh-
Vinieron a respaldarlos sus amigos, el monje y la exterminadora.
-tengan cuidado- dijo el peli-plateado –es una de las extensiones de naraku-
De pronto unas avispas venenosas se atravesaron en su camino impidiendo que el monje usara su agujero negro-esto es inútil- se enfureció, siempre era lo mismo, ese naraku sabía de su debilidad por el veneno y por lo tanto lo usaba en cada ocasión.
-¿qué es esto? – Los insectos se impregnaron en la extremidad cortada, fusionándose con ella y así recuperando su brazo perdido- que útil- así que agarro la espada, pero al atacarlos la extremidad se extendió a voluntad causando daño a los presentes- estos es nuevo-
-distráelo- he hizo lo ordenado, torturo su alma con unos cuantos recuerdos de su vida.
-TU NO ERES ELLA- se golpeó la cabeza, constantemente- tu, traías una hakama-
-está hablando de kikyo- susurro sango para sí misma
-se llama kikyo, así que ella no es. Debo buscarla, tengo que encontrarla, la necesito- escapo de la batalla alejándose en las arboledas.
-ESPERA- grito inuyasha , temiendo lo peor, no la volvería a perder nuevamente. –AUN NO HEMOS TERMINADO-
-inuyasha- un leve sonido lastimero salió de sus labios, aome sabía porque lo perseguía. Kikyo formaba parte de su pasado pero también su futuro, su corazón aun sentía cosas por ella. Eso la lastimaba.
-señorita aome será mejor que se quede aquí-
-no los acompañare, monje miroku- y anduvieron detrás de ellos.
-TE DIJE QUE ESTO NO HA TERMANADO, VIENTO CORTANTE-
Y la oleada de viento desvió su trayectoria de ataque
-KAGURA-
-nos volvemos a ver hanyo, como te ha ido desde la última vez-
-no tengo tiempo para tus juegos-
-que ironía y yo , que amo jugar- pelearon entre ambos
-al fin te encuentro- salió con su capa de babuino entre las sombras – es hora de que regreses-
-no te entrometas- atraco estirando con sus extremidades y este lo evadió fácilmente – lárgate, debo buscarla-
-a quién? A kikyo, bueno . Ella se encuentra no muy lejos de aquí. En una aldea al medio oeste y es una lástima que no podrás verla-
-desaparece-
Inuyasha intervino, con su viento cortante- naraku al fin te encuentro-
-que conmovedor reencuentro ¿no lo crees así?-
-no estoy para tus burlas- onigume aprovecho la distracción para marcharse , ya sabía dónde estaba lo que realmente buscaba y quería verla.
-¿Dónde crees que vas?- formo una muralla- ella ya está muerta-
-que- dijo impactado- no puede ser-
-TU LA MATASTE …la engañaste para que me odiara-
-es verdad y fue muy entretenido ser testigo de todo ese teatro-
- NO TE LO PERDONARE…..NUNCA- pero su ataque fue esquivado, era muy rápido.
Onigume no se quedó atrás también amaraño sus trucos.
-mal movimiento- absorbió su brazo llevándoselo consigo.
-nos volveremos a encontrar, inuyasha . Tenlo por seguro- desapareció entre las sombras mirando a la lejanía a la muchacha.-no veremos muy pronto-
Sus miradas se cruzaron, una escalofrió de miedo recorrió por el cuerpo de la sacerdotisa.
