Disclamier: Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer y su editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece.
Advertencia: esta historia es de rated M, contiene escenas de sexo y vocabulario explícito.
Two Shot Beteado por Flor Carrizo
Beta Élite Fanfiction. www. / groups / /
NOTA: Hola, hace mucho tiempo que no actualizo. Sin embargo, les traigo este TS con el cual concurse en el Contest "New Year's Élite Contest" del grupo de Facebook Élite Fanfiction, sacando el tercer lugar, muchas gracias a las que votaron por mi, gracias a Sool por decirme de concurso, a Flor por betearlo. Muchas gracias a todas.
.
Sorpresa de año nuevo
.
Segunda parte
.
No sé qué hacer ni qué decir, me he quedado completamente muda. Rápidamente, suelto la manilla de la puerta, me acerco a ellos y tomo a Jane en mis brazos.
—¿Qué haces aquí, Edward? —pregunto.
Él duda, sin saber qué responder. ¿Por qué ha vuelto? ¿Quiere hacernos más daño aún?
—He venido... Tengo que hablar contigo —dice mientras mueve nerviosamente sus manos.
—¿En año nuevo? —cuestiono—. No es un buen momento ahora, Edward —termino de decir.
—Tenemos que conversar, Bella, esto no puede quedar así.
Toma su bolso y entra a la casa como si nunca se hubiese marchado. Mientras tanto le quito el test a Jane y lo dejo en mi bolsillo trasero, sin mirar el resultado. Por primera vez necesito que Edward se marche lo más pronto posible, no puedo con la angustia de saber si realmente estoy embarazada o no. Estoy segura y sé que no me quedaré tranquila hasta que vea el maldito palo de plástico.
Cierro la puerta más fuerte de lo que estoy acostumbrada, todos nos quedamos en silencio e, inevitablemente, se escuchan los vítores en la calle que indican que es medianoche.
—¿Esa es mi camiseta? —pregunta.
Me siento enrojecer, es su camiseta y yo ni siquiera llevo brasier. Sin embargo, no respondo.
—Bella, tengo miedo —dice sentándose en el sillón.
Quiero preguntarle de qué tiene miedo, pero no me salen las palabras.
—Ese día en que Jane me llamó papá fue algo tan nuevo para mí, no sabía qué hacer... Nunca antes había estado con un bebé alrededor de mí, ni siquiera había tenido una relación formal, sólo chicas al azar en alguna noche cualquiera. No estaba preparado para la magnitud de sentimientos que me recorrieron, estaba asustado y a la vez muy feliz. Yo ni siquiera sabía qué sentía, sólo que tú me gustabas y que tu hija era un pilar muy importante en lo que nosotros teníamos. Por eso me fui. Estaba asustado. Estoy asustado.
»Esa noche, cuando llegué a mi casa, sólo pude pensar en cómo habían cambiado las cosas. Una noche, hace unos meses atrás, me encontraba tratando de llevarme una chica a la cama y después estaba cambiando pañales y haciendo dormir a un bebé. Sé que es la excusa más tonta de la vida, pero no sabía qué hacer. Pero ahora lo sé… Bella, estoy enamorado de ti, sé que te amo, quiero estar contigo y que formemos una familia. Amo a Jane y no me quiero separar de ella. Quiero que estemos juntos.
Sus ojos están inundados de lágrimas y yo quiero llorar junto a él. Acaba de decirme que está enamorado de mí, que me ama, que ama a Jane.
—Edward —pronuncio su nombre que sale como un gemido agónico.
Sé que estoy llorando, porque Jane lo está haciendo conmigo. Trato de parar, mas no puedo.
—Tranquila, bebé —le digo a mi hija y beso su mejilla.
Edward se acerca a nosotras y nos abraza. Oculto mi cara en su pecho y lloro hasta que no puedo más, él me espera paciente. Acaricia mi cabeza y me besa sobre ella repetidas veces.
Jane sigue abrazada a mi cuello, pero ya no la siento llorar. Me separo lentamente de Edward, no quiero hacerlo, miro a mi hija y veo su carita roja de tanto llorar, se ha quedado dormida.
—Tengo que ir a acostarla —susurro, Edward asiente y me deja ir.
La llevo directo a mi habitación, no quiero que duerma sola. Le saco la ropa y la dejo con la camiseta que lleva debajo y sus medias blancas. Arroparla por la noche es lo que más me gusta, dejo a su lado una gran almohada para evitar que se caiga mientras duerme.
Salir a enfrentarme a Edward me tiene nerviosa, pero sé que tengo que hacerlo, no tengo nada que perdonarle. Él ni siquiera me engañó, insultó o maltrató, sólo me dejó y puedo comprender su miedo.
Cuando vuelvo, él está sentado en el suelo, su cuerpo afirmado en el respaldo del sillón y tiene la otra caja del test de embarazo en sus piernas. No se ve nervioso, al parecer tampoco tiene miedo.
Me siento a su lado e, inmediatamente, su mano toma la mía y acaricia mis dedos, del mismo modo que lo hacía antes.
—Dime que me amas, por favor —ruega—. Sólo dímelo.
Sus ojos están rojos, ha llorado mientras no estaba, y cuando lo noto sólo quiero besarlo.
—Dime que me amas como lo hacías antes, cuando yo no te respondía. Nunca te diste por vencida, a veces tenía unas ganas inmensas de responderte, pero no sabía cómo.
Su mano se posa en mi mejilla, está tibia y su tacto me hace sentir completa.
—Jane te extrañaba —confieso.
—¿Y tú, también me extrañabas? —pregunta—. Yo lo hice todo el tiempo, las extrañé como un loco.
—También lo hago, también te extraño.
Se acerca a mí, me besa y, como siempre, siento esas cosquillas en el estómago, ese aleteo que hace que mi corazón se acelere.
—Te amo, déjame entrar de nuevo en sus vidas.
Sin poner evitarlo, lo beso.
—No hagas que me arrepienta, Cullen —le digo, él sonríe y sus ojos se iluminan.
—Nunca te vas a arrepentir.
Nuestros besos siguen, me emocionan, me siento como una adolescente de 15 años besando por primera vez a su novio. Se siente tan bien.
De un momento a otro me encuentro sentada a horcajadas sobre él. Edward toma mi cintura, me abraza sin dejar de besarnos, sus manos bajan hasta llegar a la curva de mi trasero y lo siento... el palito de plástico está ahí, haciendo presión, por un momento lo había olvidado.
—Edward, para… —digo separándome de sus labios.
—¿Qué pasa? —pregunta. Sus labios se fruncen—. Quiero besarte —declara.
—Yo también quiero hacerlo, pero tenemos que hablar de algo importante.
Estoy nerviosa, nunca antes tuve que decirle a alguien que iba a ser papá. No sé cómo empezar y tengo un poco de miedo de la reacción de Edward. ¿Él siquiera ha pensado alguna vez en ser papá?
—¿Te acuerdas cuando Jane hizo aquello?
Su ceño se frunce, al parecer no me entiende.
—Cuando escondió mis píldoras...
Edward se ríe.
—Fue muy graciosa tu cara, debí haber filmado cuando por fin las encontraste.
—Pues eso ahora me tiene bastante complicada —replico.
Por su cara puedo saber que él ya sospecha todo, pero se está haciendo el ignorante. Saco el test de mi bolsillo trasero, aún sin mirarlo, y lo pongo en la mano de Edward.
—No he visto el resultado.
—¿Por qué? —pregunta acercándose a mi pecho.
—Tengo miedo.
—Cariño, mírame —ordena tomando mi barbilla—. Estamos juntos en esto, nada nos va a separar, sea cual sea el resultado... Quiero una vida contigo, quiero una familia y mientras más grande sea mejor. Te amo, pequeña, no lo olvides.
Lágrimas descienden por mis mejillas.
—Te amo —respondo a su declaración.
—Bien, porque yo igual… Ahora vamos a ver este resultado y salir de todas las dudas, después vamos a comer porque muero de hambre y, finalmente, cuando el amanecer llegue te voy a hacer el amor, ¿ok?
Asiento sonriendo.
Edward toma la caja que está a su lado y lee las instrucciones.
—Bueno, dos rayas es positivo.
—Tú primero —digo.
Asiente y mis rodillas comienzan a doler por estar en esa posición. La cara de Edward no me revela absolutamente nada, hasta que al final me mira.
—Bien. —Me toma de la cintura y la aprieta—. Voy a ser papá.
—¿Qué? —pregunto, aunque ya tenía la certeza y sólo me faltaba la confirmación, el resultado no deja de sorprenderme.
Nos abrazamos y lloramos. Estamos juntos nuevamente, vamos a ser una familia, vamos a tener un bebé.
—Me haces muy feliz, Bella, nunca pensé en tener hijos y ahora tú me haces el hombre más feliz del mundo. Te amo, niña, te amo mucho.
Edward nos gira y, de repente, estoy acostada en el suelo; él se acerca, me besa y levanta la camiseta. Une nuestros labios en otro beso y siento sus dedos desabrochar mi pantalón. Pienso que me va a hacer el amor, pero lo que hace me sorprende, se acerca a mi vientre y lo besa repetidas veces, lo toca con sus dedos en una pequeña caricia.
.
.
—Esto está muy rico —exclama Edward—, parece que han pasado años desde la última vez que comí tu deliciosa comida.
Estamos sentados, Edward está comiendo lasaña y yo lo miro mientras me tomo un vaso con leche.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —pregunto cuando la curiosidad me gana, iba a esperar a que él me dijera, pero no pude hacerlo.
Edward esboza una sonrisa, sabe qué estoy pensando.
—Salí del país.
Deja el tenedor al lado del plato, se recuesta en la silla y me mira.
—Venía dispuesto a ponerme de rodillas con tal de que me aceptaras. Me di cuenta a penas me fui de aquí que te amaba, pero antes tenía cosas que hacer. Primero, fui a hablar con tu hermana y me fui a España. Te confieso que fue horrible estar ahí y no saber qué hacer, no entendía el idioma y no sabía dónde estaba parado.
Bien. Había ido a España.
—Fui donde tus padres, Bella. Estuve tres días con ellos.
—¿Qué?
—Después fui a Londres, a casa de mis padres a buscar algo. Y ahora estoy aquí, junto a ti.
Edward se levanta de la mesa y se arrodilla junto a mí, de su bolsillo saca una pequeña caja de terciopelo azul.
Abre la caja y dentro de ella se encuentra un precioso anillo de diamantes. Joder, es un anillo precioso, tiene un diamante ovalado y su alrededor otros más pequeños que seguían por la banda hasta perderse bajo aquel acolchado que lo mantenía en su lugar. Es hermoso.
—Bella, sé que llevamos muy poco juntos, que aún tenemos que conocernos y aprender uno del otro, pero cuando descubrí que te amaba lo único que podía pensar era en tenerte a mi lado para siempre, formando una familia. Bella, mi amor, ¿quieres ser mi esposa y la madre de todos los hijos que tendremos? —pregunta mirándome a los ojos.
Por un momento, simplemente, estoy muda.
—Oh, Edward, no me hagas llorar más —suplico, finalmente—. El bebé nacerá con cara de angustiado —digo con una sonrisa y él sonríe—. Claro que me quiero casar contigo, cariño, te amo.
—Me haces el hombre más feliz, Bella, tenemos una hija, estás embarazada y nos vamos a casar; una mejor vida no puedo pedir.
Edward desliza el añillo en mi dedo y este se ve perfecto.
Me levanto, envuelvo las piernas a su alrededor y nos besamos.
—Hazme el amor, Edward, olvidemos estas últimas semanas —pido.
Edward me mira a los ojos, en cada parpadeo parecía que me enamoro más de él. Me lleva al sillón y me deja acostada en el.
—Jane está en la habitación.
Edward asiente y va a verla, mientras tanto me saco las zapatillas.
—Ugh, malditos cordones.
—¿Qué pasa? —pregunta Edward sobresaltándome—. Lo siento —se disculpa.
Termino de sacarme las zapatillas y sigo desabrochando mis pantalones. Al deslizarlos por mis piernas, me deshago también de mis calcetines en el proceso.
—Me encantas.
Abro mis piernas para que se acueste entre ellas y la sonrisa de Edward es deslumbrante, sus besos adictivos y su sabor también. Él empieza besando mi cuello y eso me da cosquilla.
Siempre pensé que por la mala experiencia que había tenido nunca más iba a poner tener relaciones sexuales con un hombre, pero estaba equivocada. Estaba muy nerviosa cuando hice el amor por primera vez con Edward, pero en cuanto estuvo dentro de mí, todo fue bien y me di cuenta de que no tenía que tener miedo de nada. Sabía lo que había pasado la noche que concebí a Jane, pero no había ningún recuerdo que me hiciera querer morir, sólo el de despertar desnuda y con semen por todos lados. Luego de esa noche, por una parte me alegraba de no ser virgen, tal vez ahí lo hubiera pasado peor.
Edward continúa besando mi cuello hasta levantarse y sacar su camiseta.
—Amo como se ve mi camiseta en ti. Eres una pequeña traviesa, sin brasier, ¿eh? —pregunta—. Eres una chica mala.
Sus labios van directo a mis pechos. A él le encantaba succionarme los pezones muy fuerte y a mí también, eso hacía que se sintiera realmente bien.
—Con amor, Edward —le pido, él me mira de forma extraña—. Me duelen los pezones.
Él asiente y besa mi pecho tiernamente. Sigue bajando hasta llegar a mi vientre, deja un par mimos ahí hasta que sus manos dan con la orilla de mis bragas de abuelita. Las toma de la orilla y las hace descender por mis piernas. En este momento agradezco estar siempre depilada y abro mis piernas para que me vea.
Sus manos suben por mis piernas y las separan aun más, recorre mis muslos hasta llegar a mi entrepierna que está húmeda y él puede sentirlo. Pasa sus dedos separando mis labios y esparce mis fluidos, deslizando un dedo en mi interior. Suelto un gemido más fuerte de lo que esperaba y su pulgar acaricia mi clítoris en pequeños círculos.
—Oh, Edward, ven aquí —ordeno.
Él sube por mi cuerpo, hasta llegar a mi rostro y besarme. Desabrochar su camisa nunca me había costado tanto como ahora, pero al parecer los botones tienen vida propia. La saco de su cuerpo como puedo e, inmediatamente, me voy a desabrochar su pantalón.
Edward se endereza apoyándose en sus rodillas e, inmediatamente, bajo los pantalones junto a su bóxer. Su polla queda frente a mis ojos, es fantástica. La tomo entre mis manos, es suave y a lo largo tiene una vena muy marcada. La aprieto con mis dedos y Edward gime; la punta de su polla brilla con el líquido preseminal, así que llevo mi dedo y esparzo aquel fluido por todo su glande, que está descubierto por su excitación.
—¡Oh, Bella! —exclama él—. Se siente tan bien.
—Siéntate, quiero probar algo.
Edward termina de sacarse los pantalones y los lanza al suelo, se sienta nuevamente y me mira.
—Me gustas desnudo, debería dejarte así para el resto de nuestras vidas.
Mis manos se dirigen directo a su polla como si fuera un imán. Aún estoy sentada a su lado y la idea de hacerlo vuelve a mi mente, me siento caliente. Empiezo a masturbarlo cada vez más rápido y Edward deja que su cabeza se recueste en el sillón; su boca entreabierta buscando algún rastro de oxígeno que entre en él.
—Edward, quiero chuparte la polla —susurro en su oreja.
Sus ojos se abren de golpe y siento que ha dejado de respirar. Él me mira y puedo ver la duda en sus ojos.
—¿De verdad quieres hacerlo? —pregunta emocionado.
—Sí.
Edward me había comentado otras veces algo sobre sus anteriores encuentros, por así decirlo, casi siempre cuando nos habíamos encontrado con una de sus ex amantes, porque él era una persona muy sexual. Edward sabía cómo había quedado embarazada de Jane y, por eso, no me presionaba para mantener relaciones sexuales. Él era gentil, bondadoso y nunca me exigía, siempre era yo primero. Y, obviamente, nunca le había hecho sexo oral, a él ni a nadie.
—Vale —acepta, finalmente.
Me paro del sillón y me dejo caer en el suelo.
—Desde aquí se ve más grande —comento.
—Bien, cariño, no dejes que te intimide.
Tomo su miembro y paso mi mano por él. Me acerco aun más y tentativamente paso mi lengua por su glande. No tiene mal sabor y su tacto es suave, chupo la punta y en realidad no sé cómo hacerlo. Me separo y me siento en mis rodillas, y puedo sentir el sonrojo invadir mis mejillas.
—¿Qué pasa? —pregunta.
Me da un poco de pena que al intentarlo él no lo disfrute.
—Yo nunca he hecho esto. —Me señalo y luego toco con mi dedo su polla.
Edward se queda mudo y no dice nada. De repente siento que me toma de la cintura y me deja a horcajadas.
—¿Sabes cómo me pone eso? Ahora me siento como un cavernícola, me gusta mucho saber que seré el primero. Oh, joder. Ya no aguanto más.
Su polla está debajo de mí y siento como se mueve entre mis pliegues. Me penetra un centímetro y se siente tan bien que esté entrando en mí.
—Pero, Edward, yo quería…
—Ya lo haremos, tenemos toda la vida.
Sentirlo dentro de mí después de tantos días es una sensación tan placentera que me hace preguntarme por qué no lo hacemos constantemente. Siento una pequeña molestia cuando mis paredes se acoplan a él, su polla es bastante grande o eso creo, nunca he tenido el placer de muchas y menos de tan cerca.
Edward me besa y yo me pego a su pecho. Sentir su torso pegado al mío, mis pezones erguidos casi rozando su clavícula es lo mejor. Él agacha su cabeza y chupa mis pezones de manera suave, pero no por eso deja de ser menos excitantes. Deja un rastro de saliva en ellos y sopla después, eso envía por mi columna una descarga eléctrica y mis paredes se contraen.
Edward gime y comienza a moverse despacio, tratando de prolongar el placer.
—Han sido muchos días, no creo que dure mucho —me dice avergonzado.
—No importa, te tengo aquí conmigo.
Edward empieza a embestir con más fuerza y rapidez, a estas alturas comienzo a gemir más fuerte.
—Ugh, más, Edward.
Pongo mis manos en sus hombros y Edward, al tener las suyas en mi cintura, me ayuda a moverme sobre él. De repente, se corre y queda sentado más a la orilla del sillón, una posición que me deja casi acostada sobre su cuerpo y él tiene más libertad para mover sus caderas. Mi clítoris choca con su cuerpo en cada embestida y tengo que morderme el labio para que los pequeños gritos no salgan de mi boca. Tengo el cuerpo sudoroso, mis dedos se entrelazan en la nuca de Edward y juego con su pelo.
Una especie de nudo se forma en mi vientre y sé que estoy a punto de llegar a la cima.
Un par de embestidas más y lo siento. Es lo más asombroso que he sentido en mi vida. Mis paredes se contraen a su alrededor y siento como se corre.
—Ha sido genial —digo después de unos minutos. Nuestras respiraciones se han normalizado y ambos estamos abrazados en la misma posición.
—He quedado muerto —responde con los ojos cerrados, su pecho vibra tras su pequeña risa—. Estoy viejo.
Me río.
—Edward tienes 28 años, no estás viejo... Lo que pasa es que han sido muchas emociones, vienes llegando de un largo viaje, pero ahora sólo nos queda descansar. Ya verás que mañana volverás a ser el mismo hombre fuerte que conocí.
—Te amo —susurra, besando mi frente.
.
.
Estamos acostados al lado de Jane. Después de bañarnos me ha secado el pelo y dado muchos mimos. La cama está pegada a una de las paredes y Jane está al lado de la pared, yo estoy al medio y Edward a la orilla; estamos de lado, nuestras piernas se entrelazan y su mano está en mi vientre.
—Estoy emocionado —dice—, quiero verte ya con la panza grande.
—Para eso falta, campeón —le respondo.
Estira su mano y quita un mechón de pelo de la frente de Jane, es tan hermosa mientras duerme, siempre hace soniditos extraños y mueve la boca como si hablara.
—¿Cuándo aprendió a caminar? —pregunta.
—Pues no lo había hecho, creo que quería que tú la vieras. Había intentado todos estos días y no hubo caso, llegas tú y apenas te ve corre hacia ti.
—Vaya —dice sorprendido—. ¿Cuándo te diste cuenta del retraso, has tenido alguna cosa rara de esas que las embarazadas tienen? —cuestiona después de un rato.
—No he tenido grandes síntomas, sólo he estado algo sensible y tengo los pezones algo adoloridos, nada más... Fue hace algunas horas, antes de que llegaras, si no fuera por Jane no me hubiese dado cuenta aún.
Giro mi cabeza y él me mira pidiendo una explicación más adecuada.
—Cuando he ido a lavar a Jane después de cenar, me ha mojado y mientras me cambiaba de ropa se ha puesta a revolver los cajones del lavado... Tengo tres cajas de tampones sin usar.
—Joder —dice y eso me recuerda a Jane.
—No podemos decir más joder, a Jane se le ha pegado.
Edward se ríe y me abraza aún más fuerte.
No sé en qué momento me quedo dormida, sólo sé que estoy muy abrigada y no quiero abrir los ojos.
—Papá —grita Jane.
—Sh, princesa —la hace callar Edward—. Mami está dormida aun.
Eso hace que se me escape una sonrisa. Abro los ojos y giro en la cama. Jane está acostada en el pecho de Edward y están abrazados, ella está con el pelo revuelto en todas direcciones, tanto que llega a ocultar sus ojitos.
Edward me mira y estira su brazo, me acerco y dejo mi cabeza en su hombro.
—Las amo —dice y luego nos besa a ambas en la frente—. Ahora son mi vida.
