Creo en ti y en este amor que me ha vuelto imprescindible

Que detuvo mi caída libre.

Creo en ti y mi dolor se quedó kilómetros atrás.

OLVIDANDO EL PASADO

CAPITULO # 4

Por. Tatita Andrew.

Un día después de muchos intentos por parte de Candy él joven Steve aceptó que lo condujera hasta el jardín, se notaba su nerviosismo al principio pero siguió empujando la silla de ruedas para que pudiera superar todos sus temores.

No dijo nada, tenía que dejar que el chico se acostumbrara al entorno y que él mismo le dijera lo que estaba sintiendo en ese momento.

-Mi madre sembró este jardín, le gustaban tanto las rosas.

Candy sonrió pero no se mostró ansiosa era un gran avance.

-Es el jardín más hermoso que he visto en mi vida respondió ella.

-Así es, continuó el muchacho, lo es ella puso su corazón en cada flor, yo era muy pequeño pero los pocos recuerdos que tengo de ella me veo ayudándola a sembrar cada una de las rosas, y ella era feliz, pero no fue por mucho tiempo.

Ellos peleaban mucho.

-¿Tus padres?

-Sí, yo escuchaba gritos, reproches, por parte de mi madre, mi padre se pasaba todo el tiempo trabajando casi nunca lo veía. De pronto ella dejo de venir al jardín se puso descuidado y marchito. Intenté hacerlo revivir yo mismo, me dedicaba de día y de noche, a podarlo, a plantar más rosas, tuve la ilusión de que si hacía eso las cosas iban a ser como antes.

-No tienes por qué sentirte así, los problemas de los adultos no tienen nada que ver con los niños, y estoy segura que las peleas entre tu padre y tu mamá no era motivo para que pensarás que tú podías hacer algo, eres solo un niño, pero para ellos a pesar de todo tu eres la persona más importante de todas.

-Tampoco eso es cierto lo sé. Dijo tristemente.

-No digas eso Steve. Dijo ella arrodillándose a los lados de su silla de ruedas. Los padres sobre todas las cosas siempre quieren a sus hijos.

-Yo los escuche Candy.

-¿Qué escuchaste dime?

-Las peleas cada día eran más fuertes, yo me iba al jardín para no escucharlos pelear, pero un día estaban discutiendo tan fuerte que pase por allí y no pude evitar oír. Y el niño empezó a relatar todo lo que escuchó.

-Ya estoy harta Albert, de estar en esta casa, tu pasas todo el día trabajando, estoy aburrida, cuando nos casamos me dijiste que íbamos a vivir viajando, conociendo lugares, en fiestas sociales.

-Camila entiende que tengo que trabajar, las cosas no caen del cielo. ¿Quién crees que paga esta casa y la comida? Además de que ahora tenemos un hijo recuerda, todavía está muy pequeño para que andemos de un lugar a otro, dijiste que lo ibas a intentar, que serías una buena madre.

-El niño, el niño todo lo que te importa es ese estúpido niño, y mis necesidades qué, yo quiero disfrutar de mi juventud, la vida se me pasa, creí que era suficiente con tener a alguien que lo cuide, pero ya no puedo más, yo merezco otra clase de vida. Y si no cumples tu palabra te voy a dejar me escuchas un día de estos recojo mis cosas y me largaré de esta maldita casa.

-Puedes hacerlo créeme que no te detendré.

-A ver si piensas lo mismo cuando me lleve a tu preciado hijo conmigo.

-No te atreverías.

-Pues pruébame, teniéndolo conmigo es mi boleto para que me des todo el dinero que yo deseo, y a la vida que yo merezco, pediré la custodia antes un juez, ya que siempre la justicia está a favor de la madre y no te quedará más remedio que pasar una jugosa pensión.

-¿Cómo puedes hablar así, estás hablando de nuestro hijo no de un objeto?

-Un hijo que yo no quería recuérdalo, apenas supe que estaba embarazada lo iba a abortar, pero cuando te enteraste me prometiste que te ibas a casar conmigo, y vi mi oportunidad para tener todos los lujos que siempre he soñado, me prometiste que si continuaba con el embarazo y hacía mi papel de madre, me darías todo lo que quisiera. Pero no has cumplido nada.

-Ya cállate, deja de gritar que Steve todavía está despierto. Mira esta semana tengo unas reuniones importantísimas que no puedo postergar y un viaje fuera de la ciudad la semana que viene, pero después de eso, te llevaré de compras a Londres además de subirte la pensión mensual, para tus gastos personales, pero debes prometer que te comportarás como la madre que debes ser, y tratarás a mi hijo con el respeto que se merece. Ahora iré a buscarlo para darle las buenas noches antes de que se acueste.

Candy no podía creer todo lo que había escuchado, no era posible que Steve hubiera tenido que ser testigo de aquella conversación, era simplemente inhumano que una madre se hubiera expresado así de un hijo.

Aún arrodillada a los lados de la silla lo abrazo para consolarlo que le podía decir para calmar un poco su dolor.

-Estoy segura que tu madre te quería, tal vez solo estaba enojada.

-No la defiendas Candy nadie me quiere.

-En eso te equivocas, tu padre te quiere más que a nadie en este mundo, eres lo más importante para él.

-¿Y tú Candy? También me dejarás. Sé que estas aquí solo por trabajo.

Iba a responderle cuando sintió la presencia de alguien atrás suyo. No tuvo que voltearse para saber quién era su corazón empezó a latir a mil por horas.

-¿Qué pasa aquí? Pregunto molesto.

Se puso de pie rápidamente,

-Estábamos dando un paseo por el jardín.

-Así veo. Steve te llevaré a tu cuarto, espéreme en el estudio Srta. Candy quiero hablar con usted.

Por la expresión sabía que Albert estaba molesto, y la forma en que la había llamado Srta. Candy cuando hasta hace unos días él mismo le había pedido que se tutearan, estaba inquieta en la biblioteca así que se sentó en un sillón frente al escritorio. Pero en esa posición no podía dejar de mover el pie inquietamente, decidió levantarse y caminar de un lado a otro, pero eso fue peor, mejor se dirigió hacia la gran ventana mirando el jardín. Cuando escucho la puerta que se abría tras ella.

-Tome asiento.

Así lo hizo la última vez que estuvo allí fue cuando recién estaba buscando el empleo pero ahora sentía como si hubiera cometido alguna falta grave.

-Le voy a decir algo para que le quede muy claro, no quiero que mi hijo se encariñe con usted. Usted es solo una enfermera que en algún momento supongo cuando se case con ese novio suyo se irá, sin mirar atrás.

-Pero yo…solo.

-Shhh- la interrumpió. - ¿Qué necesidad tenía de llevar a Steve al jardín? ¿Acaso no pensó en las consecuencias? ¿Cree que soy ciego que no iba a notar como mi hijo estaba llorando?

-Él tiene que superar sus temores sino nunca volverá a caminar. Dijo decidida.

-Y ahora usted se cree la experta. Un título no le hace tener la razón, ese era el lugar favorito de su madre, a quien él amaba con toda su alma. Y me dice que no volverá a caminar, ¿Sabe cuántos especialistas lo han visto? Yo mismo intenté llevarlo una vez al jardín y enloqueció.

-Sé que esta vez será diferente. Yo podría…

Se levantó bruscamente y se acercó a ella como lobo a su presa tomándola del brazo.

-Mire no voy a permitir que lastime a mi hijo, no sé qué cosas le habrá dicho pero hoy no era el mismo, escuche claramente cuando él iba a pedirle que se quede y no quiero que le prometa algo que no va a cumplir para después romperle el corazón.

-Yo…

La levantó de la silla y por el movimiento ella quedo muy cerca de su cuerpo tanto que podía ver las líneas de su rostro y sus ojos azules.

-No quiero ser brusco solo le pido que se limite a hacer su trabajo.

-Eso es lo que hago.

-Cualquier se puede dejar conquistar con esa cara que al mirarla promete tantas cosas.

Se alejó rápidamente de sus brazos, un segundo la estaba tratando como una criminal y al otro. No sabía lo que había pasado al otro y que le había querido decir con aquella frase.

-Si no tiene nada más que decirme, me retiro le recuerdo que hoy insistió en que mi novio viniera a cenar y tengo que arreglarme.

-Claro que si, como olvidarlo. Siga adelante tómese su tiempo.

Cuando ya estaba con la mano en el picaporte de la puerta para salir volvió a hablarle.

-Por cierto Candy le pido de favor que haga algo con respecto a su forma de vestirse.

-¿Mi ropa? ¿Pero qué tiene de malo?

-No es lo más conveniente para trabajar aquí, además de que enseña mucho las piernas.

Candy se miró su vestuario, discreto con colores opacos, llevaba una falda más debajo de la rodilla, y una blusa de algodón sin escote, cualquiera que la mirara en aquel momento se daría cuenta que era la mujer menos sexy de la tierra. Y en cambio Albert decía que enseñaba mucho. ¿Pero quién se creía?

-Y puedo preguntar que tiene que ver lo que me pongo con mi trabajo.

-Tiene que verlo todo, recuerde que en esta casa hay un niño, además de personal masculino.

-El único hombre que vive en esta casa es usted. Le dijo irritada y no veo que tenga que ver mi ropa con lo que hago.

-No tiene por qué molestarse tanto era solo una sugerencia. Solo que a veces me desconcentra, que ande por allí vestida así cuando tengo que trabajar.

-Puede darme ordenes con respecto a mi trabajo, y sobre mi trato con Steve, pero no voy a permitir que quiera mandar en la forma en como me visto, si no le parece bien que pena pero no voy a hacer nada. Además del hecho de que posiblemente la forma como me visto, sea más apropiada para una monja. Así que si no tiene nada más que decirme me retiro para prepárame para la cena.

Albert sonrió a pesar de todo, cuando Candy cerró la puerta con tanta fuerza que hizo temblar algunos cuadros. Era una mujer irritante algunas veces, pero debía reconocer que nadie hasta ahora se atrevía a hablarle así. Y eso le gustaba.

Candy dedico mucho tiempo en arreglarse y se puso un vestido celeste por encima de la rodilla, y pegado al cuerpo, quería demostrarle que a pesar de que estaba viviendo en su casa y trabajaba para él, ella decidía sobre su vida y nadie más. Zapatos de tacón color plata y el cabello suelto solo sujeto por una vincha a un lado.

Al bajar hacia la parte de abajo, se escuchaba risas, y la conversación animada de dos hombres.

Cuando apareció estaba su novio Ángelo que sostenía una copa en la mano, y al parecer había bebido más de la cuenta por la forma en que hablaba.

Albert se levantó para ayudarla a sentarse ya que se había quedado de piedra.

-Candy que hermosa esta, pero venga acompáñenos su novio me ha contado cosas muy interesantes sobre su relación.

Candy quiso que la tierra la tragara cuando su novio se emborrachaba hablaba más de la cuenta, y al verlo los dos juntos, no le quedo duda de que el rubio sobresalía en altura en gracia y en belleza que Ángelo.

CONTINUARÁ…

Hola chicas saludos a:

Melisa Andrew, Sayuri1707, Candyfan72, MiluxD, lady Susy, Rose Grandchaster, Quevivacandy, Gatita Andrew, Karina, Paloma, Dreamerburch. Chicas les dejo un saludo general chicas, la verdad agradezco cada uno de sus comentarios que me hacen alegrar y me motivan a terminar con los fic, así que esperen con paciencia.