Capítulo beteado por Manue Peralta.
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Cumpleaños de Elizabeth
BPov
Había transcurrido prácticamente un mes desde mi desastroso aniversario de bodas, en el cual mi hija, de casi tres años, y yo nos habíamos esmerado tanto todo el día en la decoración y la cena. Tanto trabajo, ¿para qué? Para que mi marido, mi confidente, mi amigo, mi único amor, mi Edward nos dejara plantadas por segundo año consecutivo.
Toda la familia se había molestado con él. Esme y Carlisle habían llegado dos días después, ella le había dado una buena cachetada y Emmett, que si no hubiese sido por Jasper, lo hubiese molido a golpes. Carlisle fue más recatado y lo condujo hablar en privado a su despacho, pero Edward salió de allí muy afligido. Me dolía verlo sufrir de esa forma, pero más dolida estaba yo por su desplante.
Le daba gracias a Dios que Jacob y Seth no se enteraron de nada o no hubiera habido nadie que salvara a mi Edward de una golpiza por parte de mi hermano mayor y mi primo. Seth es sobrino de mi padre Charlie, hijo de mi tía Sue al igual que Leah, mientras que Rose y Jasper lo son mi madre Renée, hijos de mi tío William. Los seis habíamos crecido como hermanos, éramos las tres chicas con hermanos mayores sobreprotectores, hasta que se nos unió Alice. Para ella era peor, ya que tenía dos hermanos mayores, sinónimo de doble sobreprotección. Rose y Jasper siempre discutían, puesto que Jasper es mayor que ella solo por dos minutos, pero esos dos minutos marcaron la diferencia para Rose.
Esa noche fue una noche de revelaciones, ahí me di cuenta que a Edward le era más importante su trabajo que su esposa e hija. Sé que es así a pesar que él lo niegue y aunque me duela. Luego de nuestra discusión, una discusión en silencio porque por mi niña no podía alzar la voz, durmió una semana completa en la habitación de invitados, una semana que él llegó temprano a casa, una semana que nos consintió a ambas, una semana que me pegué como sanguijuela a mi princesa para no caer en la tentación de buscarlo.
Recuerdo perfectamente cada momento de ese día hasta nuestra discusión, lo he repasado infinidades de vez en mi mente.
Llevaba varios minutos de estar despierta, no había querido moverme de mi lugar a pesar de las protesta de mis músculos agarrotados. Era ya rutina que me despertara a esta hora para consentir a mi marido antes de que se marchara a la agencia, pero esta mañana era diferente, esta mañana no lo quería ver ni mucho menos hablarle, la furia aún seguía intacta en mis venas y no quería decir algo de lo cual después me arrepienta.
Sentí movimiento fuera de la habitación, luego un tímido golpecito en la puerta y cómo se giraba la perilla sin llegar abrirse, aún no le había quitado el pestillo. Me mantuve inmóvil y tratando de respirar acompasadamente por un par de minutos, hasta que lo escuché bajar las escaleras.
Pasaron unos cuantos minutos y oí nuevamente, esta vez subiendo, cómo pasaba frente a la puerta y entraba a nuestra habitación. Luego de varios minutos bajaba de nuevo las escaleras. Pasó casi una hora cuando lo volví a escuchar subir, intentó de nuevo abrir la puerta, Lizzy se removió pero gracias a Dios no se despertó. Caminó hasta nuestra habitación para salir nuevamente segundos más a pasos apresurados, haciendo que chillara la madera del último escalón. Con lo despistado que debe andar, lo más seguro que no lo había notado. Regresó a subir entrando directo a nuestra habitación. Allí duró entre veinte y veinticinco minutos antes de escucharlo en la puerta.
—Amor —llamó en un susurro que apenas pude oír. No respondí, aunque la lengua me picara por hacerlo. Debía ser fuerte—. Ya me voy, las amo. —la voz le falló al final. No pude evitarlo y comencé a llorar silenciosamente, acariciando la espaldita de nuestra princesa. Me dolía mucho que para él ayer no significara nada, pero más me dolía su abandono.
Mi princesa se despertó una hora más tarde con sus bellos orbes esmeraldas llenas de tristeza e hinchados, sus mejillas con un rastro seco de lágrimas. Fue en ese momento que me permití moverme de mi lugar.
Besé su frente mientras ella introducía su dedito en su boca y me sonreía ladinamente. La senté en la cama para poder tener más facilidad de quitarle el vestido. La tomé en mis brazos y salimos hacia la habitación de Edward y mía. Me sorprendí al verla limpia y ordenada, pasé directo al cuarto de baño, el cual también estaba limpio. Nos dimos una ducha rápida, me vestí con una leggins elástica de ajuste con mini falda falso de dos piezas de color gris negro tipo capris, un top negro manga larga cuello en V con lentejuelas. Unas botas Gucci de doce centímetros de tacón color negro. Alisé mi cabello y lo dejé suelto, secándose naturalmente. Fuimos de nuevo a la habitación de mi princesa y la vestí con un conjunto de camiseta cuello redondo manga larga de Mini Mouse, con mini falda de tutú de color rosado con negro, más una Leggins negra ajustable y unas bailarinas negras.
Bajamos tomadas de las manos, observamos como el recibidor estaba completamente limpio, seguimos sin decir una palabra hasta la cocina que se encontraba en iguales condiciones que el recibidor y nuestra habitación. Solo restaba limpiar la de mi princesa. A simple vista había una nota, la leí en voz alta para que nuestra princesa escuchara lo que había escrito su padre. Acomodé todo en la barra del desayuno y comimos en silencio, lo cual no era propio de Elizabeth. Al terminar, luego de lavar, secar y guardar todo, ya que la señora Smith no viene sino hasta el lunes, partimos hacia la casa de Rose.
Llegué allí media hora más tarde, sorpresivamente Valerie no había ido al colegio ya que la noche anterior había tenido malestar estomacal, —Rose me aviso a través de un mensaje de texto—, por lo que en cuanto cruzamos la puerta principal, se llevó a Lizzy a su habitación.
En lo que me vi sola con Rose, no soporté más la opresión en mi pecho y rompí a llorar. Ella me apretó fuerte entre sus brazos y nos arrastró a ambas hacia el sofá más cercano, me permitió llorar hasta quedarme seca, me acarició la espalda y me murmuró palabras cariñosas. No sé exactamente cuánto tiempo había pasado pero ya no derramaba lágrima alguna, solo hipeaba.
— ¿Mejor? —susurró Rose mirándome cariñosamente.
Asentí tímidamente.
—Gracias —musité, sonándome con el pañuelo que me pasó.
—No llegó, ¿no es cierto? —preguntó acariciando mi mejilla.
Asentí con un nudo en la garganta y comencé a llorar de nuevo. Me abrazó y enterró su rostro en mi cabello.
Pasamos lo que restaba del día allí. Lizzy y Valerie se bañaron hasta que se cansaron en la piscina. De comer, pedimos comida mexicana. Gracias al cielo no volví a llorar.
A eso de las cinco de la tarde, nos despedimos y volvimos a la casa. Para cenar, Lizzy pidió pollo frito con papitas. Comimos entre risas, ella ya no se veía triste. Me contó cómo se había divertido con su prima hermana. Me avisó que Valerie la invitó a pasar el fin de semana allá. Solo le dije que hablaría con Rose, aunque a ese par nadie le niega nada.
Cuando ambas terminamos de comer, lavé los trates, extendí un paño y los coloqué encima. Tomé a Lizzy en mis brazos y subimos a darnos una ducha en mi cuarto de baño, puse a llenar el jacuzzi mientras nos despajamos de la ropa, le coloqué esencias de vainilla y de rosas, gel de ducha para hacer mucha espuma. Ambas nos introducimos, Lizzy con los brazos repletos de animales de hules, las Barbie sirena y un yate, cortesía de Alice. Estábamos en pleno juego cuando escuché una voz aterciopelada desde la puerta del baño. Una voz que reconocería incluso si estuviera inconsciente.
—Disculpen, mis bellas damas, pero, ¿me puedo unir a ustedes? —me tensé, no lo esperaba tan temprano. No esperaba que Lizzy estuviera presente cuando estuviéramos frente a frente.
Había pasado el día pensando qué le diría.
Elizabeth volteó con un movimiento brusco. En cambio, yo me di mi tiempo, respirando profundo para no soltar palabra en este momento. Al acabar de voltear, Edward se arrodilló frente a nosotras.
—Lo siento, perdónenme, por favor. Les prometo, no, les juro que no se volverá a repetir —pidió caminando arrodillado hasta el borde del jacuzzi y brazos extendidos. En sus manos traía dos hermosos ramos de rosas, uno para cada una, y nuestros chocolates preferidos.
—Edward, por favor, levántate —dije mirándolo a los ojos. No me gustaba verlo así. Me dolía.
Negó con la cabeza.
—Es lo menos que me merezco, mi castigo será caminar de rodillas frente a ustedes —declaró haciendo una mueca—. Hasta que consiga su perdón.
—Edward... —comencé, pero me detuvo.
—Sé que por lo que hice ayer no gano su perdón. Pero, por favor, perdónenme —suplicó extendiendo las flores y los bombones—. Es para ustedes, las dos son todo para mí y, por supuesto, que la fecha de ayer significa mucho para mí.
—Están hedmosas, papi —susurró mi princesita y volteó a verme. ¿Qué más podía hacer? Sabía que ya se había ganado a Elizabeth, pero conmigo estaba equivocado, por lo que solo asentí—. Te perdonamos, papi —expresó Lizzy con una enorme sonrisa. De pronto, Edward estaba sobre nosotras abrazándonos.
—Gracias, gracias, ustedes son la razón de mi existencia, las amo más que a nada en el mundo —apuntó antes de llenarnos la cara de besos.
—Edward, te vas a mojar —indiqué sobre sus labios. Esos riquísimos labios. "Sé fuerte, Bella", me reprendí mentalmente. Pero la imagen de él completamente desnudo…—. ¿Por qué no te bañas con nosotras? —pregunté antes de poder pensar con claridad.
—Sí, papi —me secundó Lizzy muy entusiasmada.
Mierda, ¿qué había hecho?
"No, no, no. Dios ayúdame para no caer en la tentación", rogué mentalmente.
Dejó las flores y la caja de los bombones sobre la barra donde están los lavamanos y se quitó la ropa en tiempo récord, quedándose solo en bóxer. Dios, ese cuerpo fue esculpido por los mismos ángeles. "Oh Dios, me está dando calor".
En lo que se acomodó a un lado de nosotras dentro del jacuzzi, Lizzy saltó a sus brazos. Edward la rodeó con sus brazos sin ser consciente que ella no llevaba sus braguitas y a él nunca le ha gustado verla desnuda. Cuando la estrechó contra su pecho, pude ver aparecer una mueca en su bello rostro, solté una carcajada; él me miró suplicante.
—Nena, ven con mamá un ratito —la llamé con una sonrisita en los labios. Él me la tendió de inmediato—. Allá está su ropa interior. —señalé la pila de ropa a un lado de la puerta.
Saltó fuera del agua tan rápidamente que no pude evitar soltar otra carcajada. Recogió la prenda y me la pasó, la recibí sin dejar de reír. Entró de nuevo con nosotras y, cuando mi nena tuvo puesta su braguita, la atrajo con sus brazos hacia su pecho.
Seguimos el juego donde habíamos quedado. Yo luchaba internamente para no saltar a sus brazos y comenzar a comérmelo a besos, para terminar haciendo el amor en el jacuzzi. Pero Edward no me hacía la tarea fácil, no sé si fue sin querer o a propósito, pero me rozó el muslo y sentí un latigazo directo a mi intimidad "Tú puedes, Bella", me animé. "No caigas en la tentación, no caigas en la tentación" me repetí como mantra en la mente. Por el rabillo del ojo vi cómo se movió para quedar justo frente a mí. "Dios dame fuerzas, por favor", pedí mentalmente. Lo sentí comenzar acariciar mi pierna, empezando con el tobillo, la pantorrilla. "Por favor, que no siga subiendo; por favor, que no siga subiendo". La rodilla. "Detenlo, Bella", me dijo una vocecita en mi cabeza. "Recuerda que estás enojada".
—Edward —repliqué deteniendo con mi mano su avance y fulminándolo con la mirada.
— ¿Qué? —preguntó haciéndose el confundido e inocente.
—Basta —demandé mirándolo ceñudo, me sonrió torcidamente alejando su pie. Continúe el juego que estaba jugando mi niña. Y fue muy tarde como para detenerlo cuando ya estaba acariciando mis pliegues con sus dedos. Lo fulminé con la mirada. ¿Cómo se atrevía hacer esto delante de la nena? Me acarició muy lentamente, despertando todas mis terminaciones nerviosas. "Dios, ¿es que acaso no me quieres?", pensé cuando se abrió paso entre ellos e hizo círculos en mi clítoris.
—Edward —gemí suavemente sin poder evitarlo. Este hombre tenía un no sé qué que me volvía loca.
—Mami. —la voz de mi princesa nos trajo a ambos a la realidad. Edward se detuvo de inmediato. Lizzy me miraba fijamente con expresión confundida, tragué saliva tratando de tranquilizarme para luego fulminarlo con la mirada.
"Debes resistirte a la tentación, Bella, sal ahora mismo."
—Es hora de salir, princesa —informé colocándome de pie completamente desnuda.
Lo vi recorrer mi cuerpo con la mirada y noté sus ojos oscurecerse de deseo. Oh Dios, yo también lo deseaba, pero eso no debía ser ya que estaba enfadada. "Sé fuerte, Bella", me volví animar. Tomó mi codo enviando descargas eléctricas a todo mi cuerpo. Nos dejó estabilizadas para luego buscarnos las toallas. Sostuvo a Lizzy contra su pecho mientras le yo le quitaba su braguita, para después envolverla en la toalla dejando solo su hermosa carita afuera. Me pasó una a mí, la envolví en mi cuerpo y recibí a Lizzy de sus brazos y saboreé el casto beso que dejó en mis labios.
"Sé fuerte, Bella"
Se paró delante de mí y me sonrió pícaramente al bajarse el bóxer. Tragué saliva y me relamí los labios. Quería pasar mi lengua por todo su pecho y bajar por el camino que indicaba esos vellos cobrizos.
"No lo mires, no lo mires. Imagina que es Emmett o Jacob, Charlie o Carlisle." "No lo mires."
Tomó la toalla de mi mano y se la envolví en sus caderas. Agarró a Lizzy y la dejó en su brazo derecho mientras que reposaba la mano izquierda en mi baja espalda. Sentí el calor de su mano por todas partes.
"Céntrate, Bella".
Salimos del cuarto de baño hacia la habitación de mi princesa. Colocó a Lizzy cabeza abajo sobre su hombro y le dio una suave nalgada.
—Papi —chilló nuestra hija entre risas, Edward se rio con ella y me sorprendí cuando su mano se estampó contra mi trasero.
— ¡Oye! —me quejé con una sonrisa. Me atrajo hacia su pecho apretándome fuerte y me besó, un beso cargado de pasión y de amor. Nos separamos luego de unos minutos. "Sé fuerte, Bella. Sé fuerte, Bella." Pero la verdad, quería lanzármele a sus torneados brazos y tener sexo salvaje. "Concéntrate, Bella", me reprendí.
—Papi, sigo aquí —reprochó mi princesa moviéndose. Entonces él le dio otra suave nalgada, y ella soltó otra risita.
—Me encanta tu trasero —susurró en mí oído dándole un apretón. "Y a mí el tuyo", pensé. "No, Bella, debes ser fuerte". Le di un golpe en el brazo y corrí a la habitación de Elizabeth riéndome a carcajada. Parecía una delincuente huyendo de un oficial, pero la verdad era que huía de la tentación.
—No te olvides de mí, mami —aseveró Lizzy. Pero no podía volver, sino me lanzaría sobre su padre olvidándome de ella por completo.
—No, princesita, usted se queda con su papi —habló Edward y luego escuché mi niña chillar y reír.
Entré a la habitación de mi princesa y en el armario le busqué un pijama de shorts y camiseta de algodón de color blanco con corazones rosados. De la cómoda, tomé una braguita blanca con una mariposa amarillas, más unas medias rosadas. Mientras que yo vestía a nuestra princesa, Edward buscaba un cuento en la pequeña librería, un pequeño estante de madera con cuatro compartimientos pegado a la pared a una altura considerable a un lado de la cómoda. Se recostó junto a ella en la cama, acostándola sobre su torneado pecho. Me senté frente a la cama en uno de los banquillos y los observé interactuar padre e hija. Me dieron unas enormes ganas de llorar, tuve que inspirar profundo varias veces. Al cabo de un rato, lo vi darle un beso en la frente y moverse con cuidado hasta dejarla acostada en la cama. Me acerqué a ella, besé su mejilla y la arropé bien.
Salí de allí con Edward pisándome los talones, entré a nuestra habitación directo hacia el armario. No debía estar más tiempo desnuda, me sentía vulnerable. Tomé un short y una blusa de tirantes de algodón de color violeta. Salí del armario y me dirigí hacia la cómoda por una braguita. Edward solo estaba vestido con un bóxer de color negro que se adhería a su piel tan malditamente sexy, dejando nada a la imaginación. "No lo mires, Bella", me dije mentalmente. Me vestí bajo su atenta mirada, seguía cada uno de mis movimientos, pero no había nada sensual en su mirada, él esperaba mí explosión en cualquier momento. Terminé de vestirme y me crucé de brazos parándome a unos tres metros de distancia de donde se encontraba sentado.
—Y bien, Edward, ¿hay algo que quieras decirme? —pregunté lentamente sin dejar de mirarlo.
—Yo… yo lo siento, lo siento mucho de verdad. No sé qué me pasó, sé que no es excusa, pero solo tenía en mente la misión que se llevaría a cabo para encontrar una buena información y acabar de una vez por todas con la mafia Vulturi —expuso con la mirada abajo—. Llevo trabajando en eso más de dos semanas, era información del próximo movimiento de los Vulturi que tendrá lugar dentro de un mes y se me pasó por alto nuestro aniversario. —cuando dijo eso, sentí cómo mi corazón hizo crack.
—Edward, ¿te importa más tú trabajo que tú familia? —cuestioné calmadamente, aunque por dentro estuviera gritando y con ganas de golpearlo. Nunca había sido violenta, pero este momento me sobrepasaba. Quería gritarle tan fuerte como pudiera, aventarle todo lo que se me cruzara por el camino, pero no quería que mi nenita se despertara y presenciara eso.
— ¿Cómo? —preguntó confundido, levantándose de la cama.
— ¿Te importa más tú trabajo que tú familia? —volví a preguntar.
—Bella —susurró negando con la cabeza.
—Necesito que me respondas, Edward —aseveré alejándome de su toque. Bajó la mano con expresión de dolor en el rostro.
—Elizabeth y tú son lo más importante de mi vida, Bella —aseguró, halándose los cabellos.
—Pues no parece, Edward —repliqué con lágrimas en los ojos.
—No, no, no, Bella, por favor no pienses eso. Ustedes son mi vida, la razón de mi existencia —declaró negando con la cabeza y tratando de abrazarme.
—No me toques, Edward —expresé colocando mis manos delante de mi cuerpo y retrocediendo dos pasos. Si dejaba que me tocara, me rompería en mil pedazos.
—Bella, por favor —suplicó con la voz rota. Sabía que ambos estamos sufriendo por esta situación. Me partía el corazón verlo sufrir.
—No, Edward —susurré negando con la cabeza—. Deberás demostrarme que ambas te importamos. Al primer fallo, tomo a Elizabeth y me voy de tu vida, Edward. Así podrás ser libre y dedicarte a tú trabajo sin que te estorbemos. Me voy a dormir con la niña.
—No, yo iré a dormir al cuarto de invitados —murmuró con voz rota, abrazándome fuertemente. Me tomó toda la fuerza de voluntad no correspondérselo—. Perdóname, Bella. Te amo. Las amo a las dos y no quiero perderlas. —besó mi frente con un profundo suspiro.
—Yo también te amo —susurré antes de que abandonara la habitación. Comencé a llorar tan pronto como la puerta estuvo cerrada. Como pude, logré meterme en la cama, hecha un ovillo seguí llorando hasta quedarme dormida.
—Bella, trae eso para acá —Esme me sacó de mis pensamientos. Vi cómo me señalaba un lugar en el mesón donde colocar el bol con más pasa palos. Vendrían alrededor de veinte o veinticinco niños. Toda la decoración era de La Sirenita.
—Valerie, Elizabeth, no corran —gritó Alice pasando a mí lado con su enorme barriga de seis meses. Gaspar Andrés nacería para los primeros días de diciembre. Las nenas estaban jugando y Alice no quería que se arrugaran el vestido ni se dañaran el peinado.
— ¿A qué hora llegan Charlie y Renée? —me preguntó Rose cuando llegué a la mesón para dejar el bol.
—Mis padres no vendrán, Rose —respondí antes de meterme un dulce a la boca—. Charlie se cayó ayer cuando iban saliendo y se fracturó la cadera, por lo que no pueden viajar.
—Oh Dios, espero que se mejore pronto —declaró tomando un poco de refresco.
—Mami —chilló mi princesa luchando con un enorme regalo. Jacob venía detrás de ella riéndose a carcajadas.
—No puedes, enana, deja que el fuerte de tú tío Jake lo lleve —dijo antes de cargarla con todo y regalo.
—Hola, guapo. Mucho tiempo sin verte —lo saludé llegando a su lado para abrazarlo—. Te extrañé.
—Yo también te extrañé —habló abrazándome fuerte—. ¿Dónde está Cullen?
—Jacob, hoy no, por favor. Hazlo por Lizzy —susurré en su oído. No quería ver a dos, de los seis hombres más importantes de mi vida, pelearse a golpes como salvajes. Eso no lo podría llegar a soportar.
—Está bien, no le haré nada. Lo hago por ti y Elizabeth —dijo con una sonrisa—. Te quiero presentar a alguien —contó moviéndose a un lado y dejando ver a una chica muy hermosa que hasta ese momento no me había percatado de su presencia—. Ella es Vanesa Wolfe, mi novia.
—Mucho gusto —dije tendiéndole mi mano—. Isabella, pero me puedes decir Bella.
—Igualmente, a mí me puedes llamar Nessie. Jake me ha hablado mucho de ti —denotó con una sonrisa. "Quisiera decir lo mismo", pensé. Miré a Jake con una ceja levantada. Me sonrió abiertamente.
Negué con la cabeza.
—Tío Jake, ¿me puedes bajad? —musitó mi princesa removiéndose en los brazos de Jake.
—Claro que sí. Pero antes, Elizabeth, ella es Vanesa, mi novia —reveló Jacob haciendo que Lizzy mirara a la chica.
—Mucho gusto, soy Lizzy. Ahoda bájame, tío —aseveró removiéndose. Los tres nos reímos. La dejó sobre sus pies y ella corrió hacia donde se encontraban los demás niños.
— ¡Tío Jake! —gritó Valerie corriendo a sus brazos.
—Hey, pioja —dijo cuándo la atrapó en sus brazos. Se escuchó la risa de Valerie.
La fiesta comenzó a las seis de la tarde y llevaba unas tres horas, todos los invitados ya había llegado. Solo faltaba Edward, Jasper y Emmett. Seth no había podido venir, se presentó una emergencia en una de las empresas de Londres y él se ofreció ir en lugar de Jacob.
— ¿A qué hora van a llegar? —inquirió Esme con el ceño fruncido. Hacía más de diez minutos todos estábamos tratando de comunicarnos con ellos y ninguno de los tres contestaba. Jacob estaba furioso. Él y Nessie estaban tratando de distraer a las niñas, Elizabeth no quería participar en ninguno juego y solo miraba fijamente la puerta.
—No otra vez, Edward. Por favor, no lo hagas —susurré para mí.
— ¿Nada? —preguntó Alice. Miré y era a Carlisle.
—No, me envía directo al buzón —respondió abrazando a Esme que estaba a punto de llorar.
—Mami, ¿a qué hoda va a llegad mi papi? —me preguntó Lizzy de pie delante de mí. La tomé en mis brazos.
—Está por llegar, bebé, no te preocupes —respondí abrazándola fuerte contra mí pecho. Ella escondió su carita en la base de mí cuello.
— ¿Y mi papi, mami? —le preguntó Valerie a Rose.
—No sé, Vale. No responde el celular —respondió Rose acariciando sus bracitos.
—Lizzy vamos a jugar —dijo Valerie extendiendo su mano. Mi princesa solo negó con la cabeza—. Está bien.
—Yo mato a Cullen —murmuró Jacob con la mandíbula apretada. Lizzy y yo nos estremecimos.
—Amor, contrólate. Alterarás a la nena —manifestó Nessie, abrazándolo.
—Ven con tía Leah, Lizzy. —Mi prima Leah trató de tomarla en sus brazos, pero Lizzy se apretó más contra mí. Leah me miró y yo negué con la cabeza. "Ok", dijo sin articular palabra y se volvió hacia su novio Embry.
Dos horas más tarde
—Yo mato a Jasper Hale —exclamó Alice caminando como león enjaulado.
—Lo siento, Esme, pero te quedarás sin un hijo —pronunció Rose con una Valerie dormida en sus piernas.
—No se preocupen, que de los tres me encargo yo —aseguró Esme con una expresión que me dio terror.
—Alice —llamé.
— ¿Sí? —ella detuvo su avance.
— ¿Podrías, por favor, comprarme dos boletos a Seattle? En el despacho de Edward está una laptop con conexión a internet —pedí cambiando a Lizzy de posición. Mi princesa se había quedado dormida llorando en mis brazos. Leah y Nessie se encargaron de despachar a los invitados hacía más de una hora y media.
— ¿Qué vas hacer, Bella? —preguntó Carlisle mirándome fijamente.
—Se lo advertí, Carlisle, hace menos de un mes. Si me volvía a fallar, me iba. Así que... me voy por un tiempo. Y, ¿qué mejor que a Forks, con mis padres, por unas cuantas semanas? Edward debe aprender a valorarnos —expliqué tragando el nudo de mi garganta.
—Yo me encargo del equipaje —dijo Leah poniéndose de pie.
—Un equipaje ligero, Lee, allá compraré lo que me haga falta —murmuré antes de que subiera las escaleras.
—Mamá y papá están en Port Ángeles, por si quieres visitarlos —informó Rose acariciando la cabellera rubia de Valeria.
Asentí. Me iría bien ir de compras con mi tía Lilliam.
—Voy a encargar los billetes para que salgan hoy en la noche —susurró Alice con lágrimas corriendo por sus mejillas.
— ¿Qué pasó? ¿Esto no era una fiesta? —exclamó Emmett de pie en el umbral de la puerta, con Jasper parado a su lado, mirando a todo el mundo confundido. No sé cómo se levantó Rose tan rápidamente con Valerie en sus brazos y le estampó la mano en la mejilla a Emmett, se volvió hacia Jasper e hizo lo mismo.
— ¡¿Qué mierda?! —vociferó Jasper sobándose la mejilla. Esme llegó en ese momento e hizo lo mismo con ambos.
—Auch —se quejó Emmett—. ¿Ahora por qué nos golpean?
— ¿Dónde está Edward? —preguntó Carlisle, robándome las palabras de la boca.
—¿Eh? —susurraron los dos mirándose confundidos.
— ¿Edward no está aquí? —cuestionó Jasper repentinamente serio.
—Si estuviera no te estaríamos preguntando, Jasper —respondió mordaz Jacob fulminándolo con la mirada.
—No puede ser. Le dijimos que se viniera hace cuatro horas y media. Llegamos tarde, fue por eso, nos hicimos cargo de la agencia hasta ahora. Preferíamos llegar tarde nosotros que él —explicó Emmett tratando de acercase a Rose y a la niña—. Dámela, Rose, ella pesa mucho —pidió en un susurro. Rose vaciló, pero al final permitió que la tomara.
—Papi —murmuró Valerie rodeando su cuello con los brazos.
—Shhh, vuelve a dormir, amor —susurró Emmett acariciándole la espalada.
—No entiendo —musité—. Si le dijeron que se viniera hace cuatro horas, ¿por qué no ha llegado? —me puse de pie, mirando a todo el mundo.
Llevo trabajando en eso más de dos semanas, era información del próximo movimiento de los Vulturi que tendrá lugar dentro de un mes.
Dentro de un mes.
Dentro de un mes.
Repentinamente escuché la voz de Edward en mi mente.
―Lo hiciste de nuevo —susurré con lágrimas en los ojos, apretando a Lizzy contra mí. Jake vino abrazarme.
—Shhh, no llores que esto no te hace bien —dijo en mi oído.
—Bella —me llamó Alice, separé la cabeza del pecho de Jacob y la miré. Ella estaba en los brazos de Jasper—. El vuelo sale mañana a las siete de la mañana.
—Gracias, Alice. —recosté mi cabeza de nuevo contra Jake.
—El equipaje ya está listo, Embry, ¿podrías bajarlo? —Leah estaba al pie de las escaleras.
—Con permiso —murmuró Embry, antes de subir junto a Leah.
—Rose, ¿podemos quedarnos en tu casa esta noche? No quiero estar aquí cuando Edward regrese.
—Claro que sí, Bella. —me abrazó fuerte como pudo, ya que me encontraba en los brazos de Jake.
—Cuídate, Bella, por favor —pidió Esme y me separé de Jake para que me pudiera abrazar—. Y a mí hermosa princesita.
—Claro que sí, Esme. Nos estaremos hablando por Skype.
—Ten mucho cuidado, hija. —Carlisle me dio un beso en la frente. Tomó la mano de Esme, se despidieron de los demás y se marcharon.
— ¿En qué coche colocamos las maletas? —preguntó Leah bajando las escaleras.
—En el mío, yo la llevaré —respondió Jacob tendiéndole las llaves.
—Voy por mí bolsa. —me separé de Jake, dejando a Lizzy en sus brazos y subí las escaleras en un mar de llanto.
Fui directo hacia nuestra habitación y, con la vista borrosa, busqué en el cajón de mi cómoda el pasaporte de Lizzy y el mío. Tomé mi bolsa, verifiqué que todas mis tarjetas estuvieran en su lugar y salí sin mirar atrás. Si me quedaba más tiempo allí, no podría irme. Aunque yo no quisiera debía hacerlo. Edward debe establecerse, es su familia o su trabajo. Pasé por la habitación de mi princesa, tomé su caja de música y su oso favorito, aquel que Edward me regaló antes de pedirme ser su novia. Bajé tropezando las escaleras, al final de éstas, me alzaron unos fuertes brazos. Enfoqué mi vista borrosa en esa persona.
—Oh E-Emmett —susurré con voz entrecortada enterrando mi cara en su pecho.
—Shhh ya, pequeña. —me apretó más fuerte contra él.
Solo fui consciente de que me dejó en el asiento del copiloto del coche de Jake y que mi princesa iba acostada en el asiento trasero con Nessie a su lado. Así partí de mi casa, dejando mi corazón destrozado en ella.
