Creo en ti y en este amor
Que me ha vuelto indestructible
Que detuvo mi caída libre
OLVIDANDO EL PASADO
CAPITULO # 10
Por. Tatita Andrew.
-¿Te vas Candy?
La triste mirada de Steven le partía el corazón.
-Sí. Lo dijo apenas audible no quería que el niño sufriera, pero había decidido marcharse unos día antes del plazo que ella misma se había puesto como meta, para que el niño estuviera mejor.
Físicamente estaba mucho mejor, sus piernas mucho más fuertes lograban a veces sostenerlo por algunos segundos, cuando se apoyaba en las dos barras que su padre Albert había mandado a instalar para que el niño pudiera realizar los ejercicios como debía.
-¿Sabías que iba a marcharme?
-No pensé que fuera tan pronto, me mentiste dijiste que te ibas la semana que viene.
Tan dulce y tierno era Steve, lo amaba en verdad, era muy fácil de querer, al igual que su padre, pero no podía decirle que no soportaba estar un solo día cerca de Albert, al verlo quería lanzarse en sus brazos, era como si no tuviera voluntad propia y su corazón le dictará cada uno de sus movimientos, deseaba gritarle con todas sus fuerzas que lo amaba, que haría todo lo que estuviera en sus manos, para que él pudiera quererla tan sola un poquito. Pero hace muchos años él había sufrido y ella dudaba mucho que a pesar de lo tierno y gentil que se comportaba con ella en algunas ocasiones, por dentro nunca le fuera a dar paso al amor, este era un sentimiento con la puerta cerrada en su corazón.
Ahora ni siquiera podía estar en la misma habitación, sin que al verlo le produjera una angustia, al pensar que jamás volvería a perderse en aquellos ojos tan profundos como el cielo, a pesar de que su relación nunca había podido pasar de besos robados, eran como una marca que Albert había dejado en sus labios, donde nunca ningún otro hombre podría borrarla estaba segura de eso, y por eso sufría, por eso necesitaba huir como una cobarde. Si tal vez lo era, había intentado decirle lo que sentía aquella noche, pero él estaba tan ciego, que no se daba cuenta lo fácil que era llegar a amarlo.
Le dolía dejar a Steven, debía seguir su camino muy lejos de allí.
-Lo se cariño, pero entiéndeme no puedo quedarme.
-¿Es por papá?
-¿Tu padre? Claro que no, porque lo preguntas.
-Ya casi no se hablan, lo he notado, sabes que no soy tonto, ya soy casi un hombre, y me doy cuenta de las cosas.
-No, es lo que piensas Steven, yo no odio a tu padre, es muy complicado todo, simplemente…no puedo quedarme un solo día más….por eso debo marcharme.
-¿Pero tú lo amas? Lo sé.
-Con todo mi corazón.
-Entonces que esperas Candy, donde esta lo complicado, él también te quiere, nunca lo he visto así de enamorado.
-No creo que tu padre sienta lo mismo. En eso te equivocas, él mismo me lo dijo, que nunca se volverá a enamorar.
-Es solo que tiene miedo, de salir lastimado.
-Ya basta, Steven, este no es un tema para tratar contigo, ya lo tengo decidido, pero como le dije a Albert puedes irme a visitar cuando quieras te quiero mucho.
Lo abrazo muy fuerte mientras besaba su cabeza, y pasaba las manos en el suave cabello rubio muy parecido al de su padre.
Después de pasar un rato más con el pequeño se fue a su habitación quería dejar su maleta lista. Sabía que estaba huyendo como una cobarde pero era mejor a enfrentarse a Albert. Durmió poco, pasó toda la noche dando vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, había amanecido y ese era el día en que se iba a ir de una vez de la vida de Albert y de su hijo.
-¿Es cierto que te vas? Cuando Steven me lo dijo no podía creerlo.
Allí estaba en el medio de su habitación, mirándola muy enojado, no supo cómo entro ya que no había llamado ni siquiera había escuchado la puerta abrirse.
Sin mirarlo y tratando de mantener las manos ocupadas hizo como que seguía doblando la ropa en su maleta.
-Sí.
-¿Por qué Candy? ¿Por qué te vas?
-Creo que te lo dije la última vez.
-No lo tengo bien claro, ¿Estas huyendo?
-No, tengo razón para huir.
-No, entonces porque no dejas de una vez eso que haces y me miras a la cara.
-Porque, necesito tener mis manos ocupadas en algo.
Se acercó la tomo de la mano hizo que se levantará y la miró a los ojos.
-¿Sé que me odias? Y lo entiendo, pero no te vayas.
-Yo no te odio.
-Claro, que sí, la forma en que te enteraste sobre Ángelo, fue terrible, enterarse de todo de golpe, y sobre todo sabiendo que lo amas.
-¿Qué te hace creer que amo a Ángelo?
-Lo que me dijiste la última vez, sabes lo entiendo fueron novios tanto tiempo, Albert jugaba con un mechón de su cabello que se había soltado de su moño. –Debió dolerte mucho.
-¿Estas completamente equivocado? Ángelo no es la razón por la que me voy.
-¿No? ¿Entonces cuál es?
-Eres tú.
-¿Yo?
-Sí, Albert tú, cuando estoy a tu lado me confundes, a veces me haces sentir como la única mujer en el mundo, y luego te escondes bajo tu coraza donde nadie más puede traspasar solo Steven.
Albert se alejó de ella inmediatamente.
-¿Yo no tengo ninguna coraza? Ante ni, ni ante nadie, soy como soy.
-¿Entonces no tenemos nada más que hablar?
Volvió hacía su maleta y siguió arreglando sus cosas.
Ninguno de los dos decía nada, hasta que Albert exasperado hablo.
-¿Qué quieres que te diga Candy? ¿Qué hago para te quedes?
-Lo quiero todo no lo entiendes, quiero saber qué piensas, quiero conocer tu dolor tus alegrías, pero no me dejas entrar. Háblame sobre la madre de Steven.
-Ese es un tema prohibido en esta casa.
-Ese es el problema, Albert, contigo todo es a tu manera, ¿sabes que Steven sabe lo de su madre?
-Imposible, nunca le he hablado de ella, era muy pequeño.
-Sí, lo sabe, me lo conto todo casi apenas que llegue, si al menos quisieras hablar con él, sabrías que no te culpa por nada del accidente.
-¿Es mi culpa maldita sea? ¿No debí haberle permitido que se lo llevara? Siempre estaba tratando de manipularme, chantajeándome y yo se lo permití, por mi hijo haría lo que fuera.
-Pero no eras feliz, Albert, y Steven tampoco lo era, ¿sabes cuantas noches los escucho pelear? Como trataba de portarse bien para que su madre no se fuera, pero al final igual se iba. Y él pensaba que era por su culpa.
-No puedo creer que Steven pensará eso, él no tenía nada que ver esto al final solo fue la víctima.
-Al igual, que tú.
-¿Por qué te empeñas Candy en remover el pasado? ¿Te vas a ir con Ángelo?
-Para serte sincera, ahora me doy cuenta que nunca he amado a Ángelo, yo también lo utilice como salvavidas para salir de mi casa, y también porque estando con él, no tenía que preocuparme de buscar una relación. Y después de lo que supe jamás podría estar con un hombre como él, un ser mezquino que solo busca su bienestar sin importarle a quien pise en el camino. Y todo te lo debo a ti. Me hiciste abrir los ojos, sé que la última vez te dije cosas muy feas, solo estaba molesta por haber sido tan estúpida y no haberme dado cuenta a tiempo.
-Tú no eres estúpida Candy, eres la mujer más tierna, amable y hermosa que conozco -se había acercado nuevamente hacía ella. La tomo por el rostro y la empezó a besar lentamente al principio, y cuando ella también puso todo su amor en aquel beso, se fueron haciendo más intensos al final Albert tumbó a Candy sobre la cama y él se colocó encima sin dejar de besarla, la tocaba por todas partes, deslizo sus manos primero en sus pezones tocándolos por encima del sujetador, luego fue bajando hacia su abdomen, y mucho más abajo, pero siempre sin dejar de besarla un solo instante. Después de varios minutos continúo.
-Pero también eres, la mujer más testaruda, obstinada que incluso no tiene miedo a enfrentarse a mí y créeme que he conocido a hombres que se lo piensa, dos veces antes de llevarme la contraria pero tú no, pequeña eres obstinada. Le dijo mientras la besaba en la frente.
-Albert… Susurró Candy y le acarició el bello de la pequeña barba que ya asomaba en su cara.
-¿Te vas? Pregunto triste.
-Sí.
-¿Qué tengo que hacer para que te quedes?
-¿Dame una razón para hacerlo? Una razón para quedarme.
-¿los dos nos llevamos bien? Eso es evidente, tú me gustas Candy, y mucho, pero sobre todo quiero que te quedes por Steven.
-¿Steven?
-Sí, él te quiere mucho Candy, se sentirá perdido si te vas.
-¿Y tú Albert? ¿También estarás perdido?
Ella se levantó muy enojada. De la cama, era evidente que Albert la deseaba, pero lo que ella necesitaba era mucho más.
-Claro que sí, te lo estoy diciendo, desde el momento en que llegaste te quise para mí, por eso me volvía loco cuando hablabas de Ángelo y fui capaz de todo para que abrieras los ojos.
-¿Entonces que me propones que sea tu amante?
-Claro que no, jamás te ofendería de ese modo.
-Habla claro, que pretendes, que vivamos en la misma casa, y a ver cómo nos va. Te recuerdo que acabo de terminar con una relación en donde yo no ganaba nada, ahora me doy cuenta que deseo mucho más Albert ¿no lo entiendes acaso?
-Todo lo que quieras yo te lo puedo dar.
-Lo único que quiero de ti es amor. ¿Me puedes dar eso? ¿Puedes amarme como yo deseo? Como yo te amo.
amor pensaba Albert que sabía él del amor, jamás había estado enamorado, solo había pasado sin sabores en la vida, había jurado no enamorarse nunca después de su fracasado matrimonio. Y ahora ella quería amor. Ni siquiera sabía que era sentir amor, como podía darle algo que no tenía.
-Tú no puedes amarme, Candy, no eso no está bien, yo no merezco esto.
-Lo siento, si no es lo que deseas escuchar, créeme, que tampoco lo quise, trate con todas mis fuerzas de no hacerlo, pero al final el corazón siempre es el que manda. Por eso decidí marcharme, y veo que estaba en lo correcto. No tenemos nada más que decirnos.
-¿Candy? Por favor hablemos, no quiero que te vayas así, déjame ordenar mis ideas.
-Adiós Albert, al final solo lastima siento por ti, tú mismo has decidido, yo seguiré con mi vida.
Avanzo hasta la cama y cogió su pequeña maleta. Iba vestida con un sencillo vestido de algodón color menta que le lleva a las rodillas.
-Y deseo de corazón que puedas ser feliz a tu modo. Ah pero ten en cuenta, que si alguna vez, después de pasado un tiempo, llegarás a pensar en mí, y en lo que pudimos haber tenido hazme un favor, no vengas a buscarme, porque no querré saber nada de ti.
Con la barbilla en alto y sin mirar atrás, Candy salió de la casa, que alguna vez soñó que viviría con Steven y Albert para siempre, en la vida a veces se ganaba y otras se perdía, intento abrir su corazón pero Albert estaba demasiado cerrado que no podía ver más allá de la razón. Ahora le tocaba empezar nuevamente.
CONTINUARÁ…
Chicas yo sé que algunas me querrán matar, esta historia pronto llegará a su final saludos a todas mis amigas que me siguen las adoro.
