Ya no importa cada noche que espere
Cada sueño o laberinto que cruce
Porque el tiempo ha conspirado a mi favor.
Y a un segundo de rendirme te encontré.
Creo en ti y en este amor, que me ha vuelto indestructible
Que detuvo mi caída libre.
Creo en ti y mi dolor, se quedo kilómetros atrás, mis fantasmas hoy
Por fin están en paz
OLVIDANDO EL PASADO
CAPITULO # 11
Final
Por. Tatita Andrew.
Hace varios días que Candy se había marchado y los días pasaban lentos fue a la habitación de su hijo Steven para darles las buenas noches, lo notaba muy triste desde la partida de la rubia.
-¿La extrañas? Pregunto una vez sentado junto a él en la cama.
-Mucho papá, se sentía un verdadero hogar cuando ella estaba aquí. ¿Tú la extrañas?
Sabía que tenía que ser honesto con su hijo.
-Si hijo la extraño.
-¿Y porque no vamos a buscarla?
-No, podemos hijo ella decidió marcharse por su propia cuenta.
-Ella te ama, me lo dijo papá haz algo no la puedes perder, ella no es mamá.
-¿Steven? Ese es un tema del que no quiero hablar.
-Ya es hora padre de hablar sobre eso. Háblame de mi madre, aunque yo siempre los escuchaba.
Y trato de explicarle todo omitiendo cosas que no debía saber un niño de su edad, lo jóvenes que eran, las ganas de ella de viajar por todo el mundo. La noche del accidente.
-Hijo lamento que por mi culpa estés en esta silla de rueda.
-Padre, yo nunca te he culpado de lo que sucedió esa noche, ni siquiera a ella la odio, después de todo era mi madre y era la única que tenía. Lo único que necesitaba era tiempo para tener un motivo para levantarme de esta silla y al llegar Candy a esta casa, me hizo desear levantarme de aquí, sabiendo que me espera grandes cosas en la vida.
Steven no sabía el peso que le quitaba de encima a Albert con aquellas palabras. Y que su hijo hubiera cambiado tanto se lo debía solamente a Candy, ella era él ángel que había llegado a su casa no solo para mostrarle el camino a su hijo también a él y sabía exactamente lo que tenía que hacer.
Se abrazaron fuertemente, nunca hubo un abrazo tan intenso y lleno de tantos sentimientos entre ambos, al fin las dudas del pasado, los remordimientos y los errores cometidos quedaban atrás y Albert estaba seguro, que las cosas para ellos solo mejorarían de ahora en adelante.
Candy regresaba de su casa, después del trabajo ahora ayudaba a un médico de renombre ya retirado, pero que voluntariamente atendía a personas de bajos recursos económicos prácticamente gratis. Era una labor que ella admiraba mucho y le encantaba su trabajo, atender a niños y a personas humildes.
Lo único que lamentaba era que no tenía noticias de Steven y de Albert, a pesar de que habían pasado tres meses desde que abandonará la mansión y ni siquiera la habían llamado o Steven había hecho el intento de visitarla, a pesar de que muy claro le dijo a Albert que si deseaba hacerlo ella lo recibiría con todo gusto.
¿Tan pronto la olvidaron? Se preguntaba mientras se daba un baño se calzaba las pantuflas un short y una blusa para ver la televisión un viernes por la noche. Ella no había podido olvidarlos al pequeño Steven su dulzura y ternura y a pesar de sus esfuerzos al padre. Solo con pensar en Albert suspiraba siempre se reprochaba haber sido muy dura con él, tal vez aún no estaba preparado para asumir sus sentimientos.
El que sin duda no perdió el tiempo fue Ángelo vino a buscarla semanas atrás aduciendo que su relación con su esposa había terminado. No pudo evitar sentir una gran alegría por aquella mujer que le simpatizaba mucho al enterarse de que lo había abandonado para irse a casa de sus padres los cuales decidieron apoyarla sin reproches, cuando se descubrió los juegos, deudas, y mujeres con las que andaba involucrado y por supuesto quería regresar con Candy, pensando que ella lo iba a perdonar como si nada.
Ni siquiera gasto muchas palabras no valía perder su tiempo con una alimaña como esa.
Escucho el ruido en la puerta y se levanto a abrir.
-¿Albert?
Fue retrocediendo de la impresión con la boca abierta.
- Candy puedo pasar.
-Por supuesto que haces aquí.
-Vine a hablar contigo.
-Toma asiento por favor. ¿Es por Steven? ¿Le sucede algo?
-Está vez no he venido por mi hijo sino por mí. Candy.
Ella hizo gesto de hablar pero la interrumpió levantando la mano.
-Déjame hablar por favor, se que la ultima vez me dijiste que si me arrepentía de lo sucedido no te buscará, pero debo hablar y decirte todo esto.
Como una autónoma se sentó mientras Albert caminaba de un lado a otro tomo fuerzas y habló.
-No sé como decirte esto, pero he sido un cobarde y un completo imbécil, me ha tomado casi tres meses, poder venir hasta aquí, cuando me hablaste sobre tus sentimientos yo simplemente creía que no los merecía, no me sentía digno de que me amarás o inclusive que tuvieras cualquier afecto por mí.
-Albert…tal vez…yo…fui muy poco comprensiva.
-No me justifiques Candy, tenía miedo esa es la verdad, desde pequeño he pensado que no merezco el amor de nadie, y cuando estuve envuelto en aquel desastroso matrimonio no quise siquiera pensar en amar a alguien. Pero todos mis esfuerzos fueron inútiles. –la tomo de la mano y la levantó hasta quedar a su altura. – Cuando te vi me arrebataste todas mis defensas y derribaste mis muros. Y creo que dejarme fue lo mejor que pudiste hacer, Candy. Solo al verme sin tu amor supe que debía hacer algo, que tal vez no lo merezca, pero quiero trabajar para merecérmelo. Te Amo Candy, más de lo que puedo expresar con palabras, y si no es demasiado tarde, para que me perdones, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.
Las lágrimas brotaban por el rostro de Candy al darse cuenta que su amor era correspondido, y lo amaba aún más, al saber el enorme esfuerzo que Albert estaba haciendo al ir a buscarla.
-Albert yo también te amo tanto.
Se tiró a sus brazos a llorar contra su pecho.
-¿Candy? No podría ser más feliz, has venido para darme cuenta que los mejor que pude haber hecho es Olvidar mi pasado, y pensar en un futuro contigo y con Steven.
Se fundieron en un beso lleno de amor que los condujo a uno mucho más intenso Albert la empezó a acariciar por todos lados, sabiendo que la vida le estaba dando una oportunidad para ser feliz por primera vez. La amaba y se lo quería demostrar en sus caricias y con su cuerpo.
Sin dejar de besarse llegaron hasta el cuarto, en donde ambos se ayudaron a desvestirse y Albert recorrió con la boca y con sus manos cada rincón de la piel de aquella mujer a la que amaba con toda su alma.
-¡Candy, eres tan hermosa!
Siguió besando por el cuello, descendiendo por los pechos, por su vientre hasta llegar a su punto de femineidad donde también le brindo la misma atención que a sus labios.
Candy lo agarró por la cabeza, para sujetarlo ya que aquella invasión era nueva para ella.
Luego se colocó apoyado de los brazos encima de ella y le dijo.
-No tengas miedo Candy ahora voy a entrar en ti.
Y así lo hizo, sabía que mejor era entrar con un solo movimiento y esperar pacientemente hasta que ella lo albergara en su interior.
Candy sintió la invasión del miembro de Albert, que le causo un malestar, un leve picor y sobre todo las ganas de empujarlo con todas sus fuerzas.
-Tranquila amor, acéptame y todo pasará.
Y así fue poco a poco sintió que las paredes de su sexo se abrían y se acoplaban tan bien que daban paso a nuevas sensaciones placenteras para ella.
Albert pensó que estaba en el cielo, ella era perfecta para él tan estrecha tan suya que no pudo controlarse más y salió para introducirse más profundamente en ella y empezó con embestidas y entraba y salía mientras ambos gemían Albert susurrándole cuanto la amaba y ella también, hasta que los dos alcanzaron un orgasmo explosivo que los hizo alcanzar el cielo.
En la madrugada cuando ambos estaban abrazados charlaban animadamente.
-¿Amor y Steven?
-Quedo con el ama de llaves, y estoy segura que se pondrá contento.
-Ya quiero verlo.
-Lo primero es lo primero, el matrimonio,
-Piensas hacerme una mujer respetable dijo coqueta Candy mientras se montaba encima de él y se restregaba contra su sexo que se alzaba en aquel momento.
-Creo que ahora, antes de hacerte una mujer respetable, voy a tener que demostrarte unas clasecitas de cómo será nuestra luna de miel.
Y se volvieron a amar mucho más lento y con mucho más amor que la primera vez.
Cuando Candy y Albert regresaron a la mansión el pequeño Steven estaba en su silla de ruedas, y Candy al verlo se iba a acercar para abrazarlo.
Pero se quedó de piedra cuando lo vio levantarse de la silla, por un momento tuvo miedo que se cayera, pero camino decidido hasta llegar a Candy.
-Steven, no puedo creerlo. ¿Pero cuando?
-Era una sorpresa dijo Albert desde atrás mientras le guiñaba el ojo a su hijo.
-Estuve trabajando para darte la sorpresa, por eso le pedí a mi padre que no te fuera a buscar hasta que ya estuviera con fuerzas para caminar por mi mismo.
EPILOGO
Un mes después se llevó una boda intima con Steven, su amiga, incluso Candy hizo las pases con su madrastra y su papá la llevo hasta el altar para entregarla a Albert.
Por ahora Candy está embarazada de siete meses esperando una niña a quien pondrán el nombre de Ashley el cual lo escogió Steven.
Quien se toma muy pecho su responsabilidad como hermano mayor y ya está pensando en que no la dejará tener novio hasta los 30 años.
Y Candy también dice que Steven lleva una vida normal, volvió al colegio y ya tiene una noviecita que lo trae de cabezas y enamorado hasta los pies.
De Ángelo Candy no supo nada más, tal vez decidió cambiar, aunque estaba segura que eso era algo imposible. Ella seguiría su vida junto a su familia y esperando ser feliz cada día.
FIN
