Necesito de tu ayuda.
Resumen: Cuando John Watson fue dado de baja en el ejercito, creyó que su vida se había acabado allí mismo. Aunque no había pensado en ello verdaderamente, el puesto de detective privado no sería una mala idea.
Serie: Sherlock BBC
Pareja: John-Sherlock.
Clasificación: Romance-Amistad-AU
Advertencia: Lemon.
Capítulos: Prólogo - 02/00.
Palabras: 2.157 (Segunda parte)
Notas:
Fecha: 16/02/2013.
Beta Reader: Pleasy TheYoko Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Sherlock Holmes pertenece a Sir Arthur Conan Doyle.
Necesito de tu ayuda.
Segunda parte.
John detuvo el taxi, dejando pasar primero al joven doctor al interior del mismo.
No se sentía nada mal tener la compañía de alguien mientras viajaba, y ciertamente Sherlock no era un mal acompañante. No parecía estar asombrado por nada de lo que había visto hasta ahora, así que no debía ser alguien que se impresionara fácilmente. Obvio, el joven era médico, habría visto ya bastante situaciones grotescas mientras estudiaba… Los profesores podían llegar a ser muy despiadados en cuanto a querer foguear a sus estudiantes.
—¿Por qué decidiste convertirte en detective? —Preguntó Sherlock, luego de unos largos minutos de silencio. Aún faltaba para que llegaran a la escena del crimen.
—No necesitas muchos requisitos en este oficio. —John sonrió, pensando más en una broma que en una verdadera contestación, lo que puso de mal humor al doctor a su lado. —Bien, no piensas igual… no me sorprende. Entonces, ¿Por qué decidiste ser médico? Digo, pareces estar más versado que yo en este asunto de los detectives e investigaciones.
Sherlock frunció sus cejas sorprendido del comentario; él no había…
—Oh, vamos… Para ser un detective de poca monta, suelo ser bueno en mis investigaciones… Tal vez me falte técnica, pero nadie me puede decir que no pongo empeño en lo que hago.
—Habló con el doctor Stamford de mí… —Sherlock casi acabó dibujando una sonrisa en sus labios, mientras se podía imaginar a un John que no se había ido directamente a casa cuando abandonó su consultorio. —Tiene razón, le doy merito por eso.
John sonrió, viendo hacia el frente mientras el joven a su lado parecía meditar bien sus próximas palabras.
—Mi hermano trabaja en el gobierno… —'¡Él es el maldito gobierno!' había querido gritar, pero no iba a hablar de Mycroft; John le caía muy bien para arruinar tan rápidamente una conversación con el hombre. —Nuestros padres pensaron que seguiría sus pasos, algo así como una especie de modelo perfecto para imitar al pie de la letra… No era ese mi interés, y creo que lo había dejado en claro. Estudié para ser químico, y en algún punto, y solo para desafiar de alguna manera a mi hermano, decidí convertirme en medico…
—¿Como una venganza?.
—Como un recordatorio de que no tiene, ni tendrá poder sobre mis decisiones.
El rubio asintió solemne. Sherlock tenía la expresión de quien hablaba con el rencor atravesado en la garganta, haciendo un esfuerzo descomunal por evitar que saliera de golpe y acabara despedazando a la primera persona en la cual pudiera posarse.
—Eres demasiado inteligente… Mike habló de tus 'deducciones', estoy seguro de que piensas que éste… —dijo, señalándose a sí mismo. —seria más que un buen y merecido puesto para ti. ¿Por qué no lo hiciste?.
—¿Convertirme en detective? ¿Bajo qué motivación?.
John volvió a sonreír. Sí, Mike le había advertido de lo apático que el chico parecía ser con todo.
—No lo sé, yo sólo fui informado de tus maravillosas cualidades. Y si deduces la mitad de bien que tensas un venda… Creo que tendré que pensar en cambiar de rubro.
Sherlock se dignó a sonreír. Lo había hecho varias veces desde que entró al apartamento del 'pseudo detective', y por más extraño que eso fuera, se encontró cómodo con el hecho.
Cuando ambos bajaron del taxi, John los guió hasta las vallas. Lo primero que el detective vio fue la radiante sonrisa de la sargento Donovan yendo en su dirección.
—Sally. —Saludó cortésmente, pero con una obvia familiaridad en la voz.
—John, me alegro de que estés aquí. —La sonrisa en el rostro femenino se ensanchó aun más, algo que Sherlock pensó que era imposible de lograr, y se encontró bufando sonoramente detrás de John.
La mujer no le prestó más atención de la debida, decidida a que John la observara de cerca, y en lo posible, que no pasara de esa noche.
—El Inspector ha estado sobrepasado por este asunto desde la segunda víctima. Es una suerte que puedas prestarnos tu ayuda una vez más. —Las manos delgadas y pequeñas, volaron sobre el brazo de John, sintiendo el tejido del abrigo con sumo detalle… y fue más que suficiente para Sherlock.
Carraspeó lo suficientemente fuerte como para atraer la atención hasta de la vieja metiche que paseaba su perro en la otra esquina del lugar ávida de alguna buena noticia de lo que había pasado en la vieja casa, por lo que rápidamente tuvo ambos pares de ojos sobre si.
John pareció reconocer la presencia de Sherlock en esos momentos, y le sonrió a Sally, presentándole al joven doctor.
—Sally, él es Sherlock Holmes. Está tratando de que no empeore una herida que tengo así que estará al pendiente de mí. —Su sonrisa era radiante y muy zalamera; obviamente estaba acostumbrado a usar ese encanto suyo con asiduidad, según Sherlock.
—Tiene un enfermero propio…
—Doctor. Y es más que obvio que John no está interesado en sus continuos avances, sólo que es muy caballeroso para hacer esa afirmación en voz alta… Más le vale seguir con su actual amante, aunque por lo que grita su desesperación, está tratando de cambiarlo lo más rápido posible…
Los ojos oscuros se clavaron en los claros con tal intensidad, que John pensó que alguno de los dos ardería en cualquier momento por combustión espontánea. Él conocía lo suficientemente bien a Sally como para saber por qué ese comentario le había dolido tanto. Lo asombroso era preguntarse cómo es que Sherlock lo sabía a su vez.
—Creo que mejor voy a ver a Greg. Sherlock ven conmigo. Discúlpanos Sally.
Sin embargo la sargento los siguió hasta la entrada de la casa, siendo el peor momento en que Anderson había elegido para aparecer, pues apenas Sherlock lo vio no pudo reprimir un proverbial gemido de entendimiento.
—Ya veo, con razón está tan desesperada. —Comentó, echándole una mirada fugaz a la mujer por sobre su hombro.
John intentó con todas sus fuerzas tratar de no reírse, mientras Anderson los miraba con cara de no entender qué demonios estaba pasando; más por la expresión de demonio que Sally le estaba dirigiendo al joven detrás del detective.
—No te preocupes, Phill, él está conmigo y no será un problema en la escena. Confía en mí.
El forense asintió, no muy seguro. Pero si no fuera porque John había ayudado tanto otras veces, tal vez hubiera dicho algo al respecto… Claro que eso sería una total pérdida de tiempo, pues si Greg necesitaba a John en la escena, no habría nadie que pudiera decir lo contrario.
Sherlock respiró con dificultad, casi esperando el comentario venir del rubio, pero se relajó un poco cuando John ya no pudo retener la risa.
—Dios, vaya que eres directo. ¿Sirve preguntar 'cómo'?…
El joven doctor suspiró más relajado ahora que John se veía obviamente divertido con su… pequeña desavenencia.
—Es obvio que el que ella llevaba puesto no era su perfume habitual. Este es masculino, y la ropa tiene al menos dos días: no pasó la noche en su propia casa… Pero algo en la velada no salió bien, y está obviamente enojada. Aquel hombre tiene el mismo perfume, son compañeros de trabajo… Demasiado fácil, demasiado obvio. Y él está claramente casado, aprovechó la salida de su mujer para el encuentro. Tal vez ella haya llegado antes, quizás él se niegue a dejarla o a cambiar en algo su relación con la sargento Donovan… —Acabó por escupir el apellido, aún creía que se había exacerbado un poco ante lo que era la acción más descarada en cuanto a flirteo femenino… si bien John no había parecido estar interesado. Afortunadamente.
—Increíble. Realmente fue extraordinario.
—¿Eso crees? —Sherlock apenas retuvo la sonrisa que se dibujo rápida y con inusitada alegría en sus labios. —Generalmente la gente suele mandarme al diablo cuando hago lo mismo con ellos.
—No te preocupes… de seguro a mi me han dicho peor. —John intentó bromear, pero Sherlock estaba decidido a volver con la última parte de su monólogo, esa que John había cortado casi sin proponérselo.
—¿Lleva tiempo intentándolo? —Preguntó, antes de que llegaran a la puerta donde policías entraban y salían de allí con prisa coordinada.
Sherlock se vio en la necesidad de retener a John del brazo para que le contestara con libertad.
—Desde que nos conocemos, prácticamente… Aunque como bien dijiste, no estoy interesado en ella. Por cierto, gracias por eso. No creo que lo vuelva a intentar de ahora en adelante.
—Para servirte. —Fue lo único que Sherlock pronunció, no sin sentirse extrañamente abrumado, y dejándole a John continuar su camino.
Tal vez toda su reacción había parecido como un súbito rapto de celos… Los cuales no tenía ninguna razón para sentir, pues apenas acababa de conocer a John. Y además, ya nada afloraba del descarado flirteo del detective. Es más, Sherlock podía jurar que el hombre que se paró en esa habitación frente al cuerpo inerte de la mujer no era John, no el John que él había conocido.
—Dime… —Murmuró en dirección a Greg, que lo miraba en busca de ayuda.
—Jennifer Wilson. Estamos buscando sus datos de contacto. Unos niños la encontraron.
John asintió, sintiendo a sus dedos deslizarse entre el látex blanco y frio. La mirada azul era tan fría y tan blanca como el mismo material que ahora envolvía sus manos. Sherlock no podía ver en ese hombre rastros del que riera con él en su apartamento.
Ahora, el joven médico tenía una leve impresión de cómo debió de verse John en el campo de batalla. Tan determinado, tan fuerte y seguro de sí mismo… ¡Dios! Por algo todos lo tenían en tan alta estima; ese hombre destilaba 'heroísmo' por cada poro de su piel.
—Sherlock, ven aquí… Dime qué ves, por favor. —La voz se oyó suave, pero seguía sin ser el tono con el que el rubio se había dirigido a él en el hospital y en su apartamento.
Sherlock observó, confundido y mareado, tanto a John como al Inspector que no parecía poner reparo al pedido del rubio.
—Sírvete tu mismo muchacho, haz lo que te dice. —Greg sólo se detuvo a asentir a lo dicho, antes de salir y anunciar a su equipo que tardarían un poco más ahí adentro, para que tuvieran paciencia.
—¿Qué se supone que haga? Solamente iba a hacer un seguimiento de tu hombro…
—Esto es más divertido, Sherlock… —John comentó, pero en sus ojos no se reflejaba la diversión de la que hablaba. —Además, pensé que era esto lo que venias buscando cuando te ofreciste a acompañarme.
Bien, definitivamente el maldito era bastante bueno… Aunque siendo justo, ese había sido su segundo movimiento obvio del día. El primero había sido el ir con Stamford a preguntar directamente por el paradero de su amigo el 'detective', y aún no se definía a pensar que el tercero había sido su rapto momentáneo de celos.
—Bien… sí. Puedo hacerlo.
Sherlock asintió, y bajo la atenta mirada de John comenzó a hacer lo que sabía. Pero su mente no podía dejar de vagar una y otra vez. ¿Este era su sueño? ¿Esto era lo que las novelas policíacas y su pseudo fanatismo por ese detective habían generado en él?.
Tal vez sí…
John tuvo que recordarle a Greg que debía cerrar la boca, cuando luego del monologo de Sherlock el chico dio un largo y profundo suspiro a la espera de una palabra de los hombres que lo miraban.
—¿Quién demonios es este chico, John? ¿Exactamente de dónde lo sacaste?.
—No creas que voy a contarte mi secreto, Greg. Quizás sea mi ayudante, o yo me convierta en el suyo cuando todo esto acabe… Quién sabe. Lo que sí sé es que tendré a tu asesino muy pronto. —Ahora John sí estaba sonriendo, lo cual era extrañamente reconfortante para Sherlock. El detective sólo movió su cabeza, y el joven doctor ya lo estaba siguiendo fuera del edificio.
Ninguno de los dos prestó atención a la mirada de Donovan cuando se alejaron; John muy enfrascado en seguir los pensamientos de su cabeza; Sherlock en no perder de vista a John.
—Vuelve al apartamento, tengo unas cosas que analizar… Te veré allí, Sher. —John estiró su mano, dejando varios billetes de 50 libras en sus manos, con los que seguro debía pagar su taxi de vuelta.
Lo vio perderse entre los edificios, antes de darse cuenta de cómo lo había llamado en una especie de arranque de familiaridad súbita. Sherlock sabía muy bien que muchos habían intentado llamarlo 'Sher', pero sólo en esa ocasión el diminutivo de su nombre no le importaba en lo más mínimo.
Caminó hasta la calle principal, deseoso de encontrar un taxi que lo llevara de nuevo a Baker Street, pero sólo encontró el largo y oscuro vehículo esperando por él. Suspiró con resignación: ya tenía la suficiente experiencia como para saber elegir sus propias batallas. El auto se puso en marcha apenas su puerta se cerró detrás de él.
Continuará.
Notas Finales: Luego de intentar –sin lograrlo– adelantar un poco el fic antes que la ideas vuelen lejos y a regiones más cálidas… o a los brazos de escritores menos perezosos, descubrí que me llevara más de tres capitulo esta historia.
Cosas que pasan… la vida es bella.
Vuelvo a aclarar que esto no es un Sherlock actuando como John, y un John actuando como Sherlock. En esta ensalada de personalidades, ambos tienen sus características divididas a la mitad… Mitad para John, mitad para Sherlock. Cualquier cosa puede pasar.
Gracias.
