Cambios innecesarios e inesperados

Capítulo beteado por Pichi LG, Beta FFAD: www facebookcom / groups / betasffaddiction

Capítulo 12

Sakura POV

No lo podía creer, ¿qué demonios hacía ese idiota en mi casa?

—¿Qué. Haces. Aquí? —pregunté otra vez, remarcando con desprecio cada palabra. La estúpida y arrogante sonrisa me encendió aún más, pero sin humor de desquitarme con el resto, me giré hacia mi hermano e intentando moderar el veneno de mis palabras pregunté de nuevo.

—¿Qué demonios hace él aquí?

—Si tanto quieres saber… Es el hermano menor de Yukito, Yue Tsukishiro, ¿contenta?

Le lancé la sonrisa más fingida y mordaz que tenía. Ahora, pasemos a la segunda pregunta: ¿lo asesinamos o lo echamos? "Asesinamos". ¿Lenta y dolorosa o rápida e indolora? "Lenta y dolorosa".

—Ya... ¿Ya se conocían pequeña Sakura? —La dulce voz de Yukito me sacó de mis macabros planes y, a juzgar por la cara que tenía, podría decir que la mía sería como de casa del terror.

—Sí, y de la más miserable, estúpida y despreciable... forma.

Por el espacio intencionado entre cada palabra y el hecho de que en cada una intentaba fusilar con la mirada al insufrible de Yue, supongo que se dieron cuenta que esos adjetivos no eran específicamente para describir la situación.

Al entender que no hablaría más, mi madre nos invitó a todos a pasar a la mesa, no sin antes darme un beso en la frente como hacía siempre que me exaltaba o me asustaba por algo. Sin embargo, la rabia que tenía por dentro, ni una botellita de amor líquido traído desde algún templo ancestral podría quitármela, estaba que explotaba.

Cuando estuvimos sentados todos en la mesa —con Yue enfrente de mí, por desgracia— dimos gracias por la comida y todos, como personas normales, se dispusieron a conversar y comer tranquilamente mientras yo ideaba mil y una formas de asesinar a alguien con un tenedor o un cuchillo para mantequilla, incluso con una servilleta.

—Como los que comimos en Tomoeda*, ¿recuerdas Sak? —El molesto tono de voz de Yue me sacó de mis asesinos pensamientos provocándome una arcada por el apelativo que usó de mi nombre.

—¿Disculpa? —Escupí mordaz.

—Hablábamos de helados con chocolate y yo recordé que en Tomoeda servían unos deliciosos, ¿recuerdas?

Juro por el cielo y todos los santos que están en el, que si no me lanzaba sobre él y lo apuñalaba con una cuchara era porque el mantel que mi madre había puesto era de un hermoso y pulcro blanco y no valía la pena mancharlo con su sangre.

El muy idiota tenía una sonrisa socarrona, como si ponerme de mal humor fuese la cura del cáncer.

—Sí, eran deliciosos, aunque en estos momentos, dependería de la persona que te acompañe a comerlos —Escupí mientras tomaba un sorbo de agua para intentar calmarme un poco.

—¡Qué daría por llevarte a comer uno en este momento!

¡¿WTF?! Ok, eso había sido el colmo, y para rematar, la risa contraída de Touya. Hubiese esperado un gruñido o algo más parecido a lo que hace con cada respiración de Shaoran, pero no, el muy...

—¿Sabes qué, Yue?... !VETE A LA MIERDA! —grité levantándome violentamente y tirando la servilleta a la mesa para salir corriendo de ahí.

Ok. Sí, eso había sido demasiado. Como la "señorita de sociedad" que era, según mi tía Kaho, no debía decir palabrotas y generalmente no lo hacía, a menos que los chicos estuvieran presentes, y aun así, me ganaba mis palmadas en la cabeza de parte de Tomoyo, pero esta vez no pude aguantarme.

Subí las escaleras sintiendo las lágrimas picar en mis ojos. El idiota había conseguido lo que estaba segura que intentaba lograr, hacerme llorar; y aunque no le di el gusto de verme hacerlo, me conocía lo suficiente como para saber que en esos momentos mis ojos estaban peor que las cataratas del Niágara.

Pero Sakura jamás se deja vencer por nadie, menos por un imbécil del calibre de Yue. Pobre Yukito, tener que emparentar con esa cosa sin sentimientos.

Al entrar en mi habitación, cerré de un portazo, sabía que no debía descargarme con otras cosa y tampoco iba a tumbarme en la cama a llorar como Magdalena. Tomé un short de deportes y una camisa de tirantes, y entré al cuarto de baño a cambiarme.

Cuando salí, até mi cabello en una coleta de caballo, me quité los aretes que llevaba, lavé el maquillaje, me coloqué los guantes de boxeo negros que mi hermano me había regalado en mi último cumpleaños, tomé una toalla y salí hacia el gimnasio que había armado Touya en un cuarto que había quedado vacío, donde había máquinas de ejercicio y cosas para practicar boxeo.

Al pasar por la habitación de mi hermano entré y tomé el auricular que él usaba para hablar por teléfono mientras conducía y salí con la ira aún latiendo en cada poro de mi cuerpo. Bajé las escaleras pues el gimnasio quedaba cerca del jardín sin tener que pasar por el comedor, pero antes de llegar, al final de las escaleras, le marqué a Tomoyo por si acaso estaban en el salón, poder ignorarlos a todos.

—¿Hola? —Había tardado en contestar. A juzgar por la hora, seguro hablaba con Eriol o con las chicas.

—Tomoyo —saludé seriamente.

—Saku, hola, estaba hablando con las chicas, déjame te conecto —dijo mi amiga con exagerada emoción, al menos eso me pareció en ese momento.

—¡Sakura! —saludaron en un grito Chiharu y Rika del otro lado haciéndome sostener la cabeza por el dolor.

—Demonios, chicas, ¿podrían de una buena vez saludar sin hacer escándalo y sin procurarme una sordera? —pregunté con el oído dolorido.

—¡Vaya, pero que genio! —exclamaron las tres al unísono mientras entraba al salón, y como adiviné, todos estaban ahí comiendo helado sentados en los sillones, y a juzgar la cara de mi hermano, aún estaba molesto por lo que había hecho hacia unos minutos.

—Sakura, ven aquí, ahora —ordenó Touya como si fuese mi padre, y como podrán adivinar, lo ignoré.

—Créanme, la noche que he tenido, lo amerita —dije a las chicas pasando de largo a todos.

—¿¡Qué!? Cuenta, cuenta, cuenta.

—Una palabra... Yue.

—¿Yue?

.

Flashback

—Felices dos años —dijo Yue a mi espalda poniendo una cajita envuelta en papel rosa enfrente de mí.

Al girarme, sonreí como la boba enamorada que era. Su cabello plateado y un poco más largo de lo normal debido a la absurda apuesta que había hecho con sus amigos, los ojos un poco más oscuros que su cabello, su tez blanca y su perfecta sonrisa, provocaban más de un suspiro, tanto en mí como en el resto de las chicas del instituto; a pesar de ser del 2do. año, hasta las más grandes suspiraban por mi novio.

Me acerqué a darle un pequeño beso para luego entregarle mi obsequio. Ese día cumplíamos dos años de noviazgo, y a pesar de que todo había sido genial, había algo que luego debía preguntarle.

—¡Oh, por Dios, es hermosa! —exclamé con alegría al ver el brazalete del que pendía una S y un corazoncito de plata. Yo le había regalado algo parecido sólo que en lugar de un brazalete era una cadena de plata con un dije de corazón que atrás decía nuestros nombres.

—Igual que tú —susurró tomándome de la cintura para plantarme un beso.

Luego de eso, cenamos y caminamos en un parque cercano a nuestras casas, el momento perfecto.

—Oye, Yue —llamé tirando un poco su mano que iba entrelazada con la mía.

—Dime, preciosa.

—¿Cuándo me llevarás a conocer a tu familia? Llevamos dos años y las chicas dicen que ya es tiempo de que conozca a tus padres.

Sentí la tensión que había en su cuerpo y el temblor en su voz cuando respondió.

—No te apures, aún tenemos mucho tiempo.

Fin del flashback

.

—El fin de semana después de eso, quise darle una sorpresa y conseguí su dirección con uno de sus amigos. Lo visité con una caja llena de sus pasteles favoritos. Cuando llegué, una chica me atendió, pensé que era su hermana pero cuando le pregunté por él, la chica se puso cabreada y me preguntó para qué llamaba a su novio. El shock y la decepción que sentí en ese momento dieron paso a la ira, por eso cuando él se apareció a ver quién era, le tiré los pasteles en la cara junto con el brazalete, tomé a la chica de brazo y la saqué de ahí para explicarle el por qué de mi reacción.

—Aguarda… Alto… O sea que… ¿esa chica era más importante que tú porque a ella sí la llevó a su casa y a ti no?... —preguntó Chiharu interrumpiendo mi relato.

—Chiharu, déjala terminar... Continúa Sakura —pidió Rika.

—Ok. ¿En dónde iba?... Cuando le terminé de contar todo a la chica, que por suerte no era de esas cabezas huecas que no entienden ni aunque se lo expliques con manzanas y peras, ella se regresó, entró a la casa y salió con sus cosas y con un plato de fideos que le lanzó a la cabeza a Yue quien seguía parado en la puerta. Después de eso, ella y yo nos hicimos amigas, pero a Yue no lo vimos de nuevo porque se había mudado con sus abuelos a otra ciudad.

Hablar con las chicas me había bajado un poco la furia, pero no del todo, así que me levanté del suelo donde me había sentado para estar más tranquila, y me puse a golpear un poco un muñeco de espuma que estaba cerca.

Las chicas se habían quedado calladas, seguro procesando la información.

—¡Es un imbécil! —corearon las tres haciéndome sonreír entre los jadeos que me arrancaba cada golpe.

—No, es un idiota —aclaró Tomoyo.

—Eso le queda corto, hijo de...

—Chiharu! —interrumpimos al unísono Rika, Tomoyo y yo, sabiendo lo que venía después de eso.

—Ya, es que no me pasa. Yo en tu lugar, lo ato y le paso con un tractor por encima, Sakura.

—Créeme que ganas no me faltaron, pero no encontré un tractor a tiempo — bromeé ya de mejor humor.

Las carcajadas de las chicas me contagiaron y terminé tirándome en el colchón de protección a descansar y reír.

—¿Y, qué hiciste cuando lo viste en tu casa? Porque yo lo mando al demonio en ese mismo momento.

—Eh… pues, casi… Primero lo traté como si fuera una rata asquerosa, y cuando el muy idiota se quiso hacer el caballero, fui muy civilizada.

—Pero, por como estabas de molesta, parece otra cosa —inquirió Rika.

—A menos que por civilizada quieras decir...

—Le dije que se fuera a la mierda y me levanté de la mesa hecha un demonio, ignorando los gritos de Touya —dije como si fuera lo más normal del mundo.

Las risas de las tres del otro lado de la línea me hicieron sentir bien. Estaba segura que mis anteriores amigas ya me hubieran regañado por el vocabulario que había utilizado y me hubiesen sugerido disculparme.

—Bueno, queridas, el premio a la más civilizada es para... Sakura Kinomoto, ¡si!...

—Chiharu y sus ocurrencias.

—Gracias, chicas. No sé que habría pasado si no tuviera amigas como ustedes.

—Quizá hubieses quemado la casa —sugirió Rika.

—O incinerado a Yue —le siguió Tomoyo. Todas reímos.

—Por cierto, chicas, ¿a ustedes les llegaron mensajes de Naoko? —preguntó Chiharu un poco seria cambiando drásticamente de tema.

Tomoyo y Chiharu asintieron, y la verdad era que con todo el embrollo de los trajes de Meiling y la no deseada visita en mi casa, ni me había fijado en el celular.

—No lo sé, seguramente si pero con todo lo que ha pasado esta tarde no me ha dado tiempo ni de checar el celular —reconocí con cansancio.

Escuché las puertas corredizas del gimnasio abrirse y supuse a era Touya que venía a reclamarme o a regañarme, así que ni me giré a ver.

—Cariño, ¿podemos hablar? —Me senté de golpe al escuchar la dulce voz de mi madre y ver su delicada figura entrar.

—Chicas, les llamo luego —dije deteniendo las quejas contra Naoko que habían empezado las tres loras del otro lado de la línea—. Claro ma, ¿qué pasa? Aunque si vienes a decirme que me disculpe por lo que dije hace un rato, creo que me conoces lo suficiente como para saber que ni Kami—Sama en persona conseguiría que lo hiciera.

—No cariño, sólo que me gustaría saber ¿cómo conoces al joven Tsukishiro, y por qué le odias tanto?

Lancé un suspiro. Aunque ya lo había contado, la cara de preocupación de mi madre y su dulce voz me hicieron doblegar, así que comencé a decirle la historia tal y como lo había hecho con las chicas.

—Después de eso, fue que me hice amiga de Aki, aunque a Yue no lo vimos pues se había ido de viaje con sus abuelos —terminé de relatar la historia de nuevo—, pero te juro que no sabía que era el hermano de Yukito, son tan diferentes —agregué lastimera sabiendo que era en parte cierto y en parte mentira.

—Lo sé, linda, lo sé. Yo tampoco creí que fueran hermanos —dijo mi madre con una mirada que jamás había visto en ella… ¿maléfica?—. Pero, a juzgar por como te trató, creo que se merece un escarmiento, ¿no crees, cariño?

—Sería genial, pero no tengo idea de cómo hacerlo —respondí emocionada por la chispa de maldad que vi brotar de mi madre.

Generalmente, Nadeshiko Amamiya era una mujer dulce, que no dañaba ni a una mosca, siempre que le hablaban de venganza decía que no era necesaria. La única vez que la vi molesta fue cuando Touya estrelló el auto, y no fue tanto por el auto, si no más bien por que se había roto una pierna. Incluso las cosas más horribles, como despedir a alguien, las hacía de una forma que nadie se iba molesto de la empresa tras un recorte de personal. Sin embargo, esta Nadeshiko que estaba enfrente, tenía la venganza grabada en el rostro, con labial rojo sangre. Seguramente era el instinto maternal… y me encantaba.

—¿Qué propones? —indagué sacándola del mundo en el que se había metido en su cabeza.

—¿Cuándo se van a Fuuwa? —preguntó.

—Este fin de semana, ¿por qué?

—Perfecto —susurró maquiavélicamente.

—Me asustas. ¿En qué piensas?

—Mañana vas a vestirte linda por la mañana, short y ropa fresca, sin dejar de ser chic, y por la noche, te irás de antro con tus amigas y el joven Li; quiero que las veces que salgas, lo llames a él, que venga a recogerte. Vas a actuar seductora en todo momento en el que Yue esté cerca.

—A ver, a ver… Detén el mundo súper mami. Y, ¿como por qué Yue va a estar en la casa?

—Está quedándose aquí. Yukito tiene a unos colegas en casa y no quedó lugar para él, así que le ofrecí quedarse aquí, sólo una semana, tranquila, ok. Sigamos… Esta semana, incluso con el uniforme del colegio actuarás seductora, y cuando el joven Li esté cerca, lo besas, lo abrazas y todo lo que haces con él.

Abrí los ojos como platos dramáticamente. —¿Quieres decir... Todo? —bromeé sabiendo que entendería el sentido de las palabras.

—Sakura, ¡no! No me digas que... —Su pregunta quedó en el aire pues no pude reprimir una carcajada. ¡Oh, sí! Había entendido y había puesto cara de miedo y asco mezclados.

—Oh, vamos, ¿de qué te asustas?... No me digas que tú y papá, ¿no...? —hice un ademán con las manos para indicar lo que quería decir.

El enorme sonrojo que llenó la blanca piel de la cara de mi madre me hizo gracia. A veces parecía que la adulta era yo, me encantaba bromear con mi madre sobre estas cosas, sabía que siempre terminaba alguna de las dos con un sonrojo o un divertido escándalo.

—Ya, pareces un tomate —me reí—. No, ¿cómo crees, mamá? Llevamos unos días saliendo y ¡no! ¡Por Dios, qué mente sucia eres! —Nadie creería que hace unos minutos estaba que armaba la tercera guerra mundial.

—Bueno, ya. ¿Quedamos claras con el plan?

—Ajá, demostrarle a ese pedazo de...

—Sakura —reprendió con voz seria pensando que iba a decir algo malo.

—¿Qué? Sólo iba a decir idiota… ¿Ves que mente sucia tienes? No aprendes a la inocente hija que tienes —bromeé poniendo ojos de cordero.

—Ajá, tú de inocente lo que Touya de adorable —ironizó. Si Touya la escuchara.

—Bueno, bueno, volviendo al objetivo principal, demostrarle a Yue lo que perdió, y obviamente, que jamás volverá a ser suyo.

—Exacto. Ahora, es mejor que te des una ducha y comencemos con el plan "Nadie sabe lo que tiene..."

—"…hasta que lo ve perdido" —completé.

—Ok, mi amor. Me voy a dormir y a contarle a tu papá porque él está confundido por tu reacción. De paso le cuento el plan para que no se extrañe, aunque sé bien que el joven Li ya se ganó su aprobación.

—Gracias súper mami. Te amo. Buenas noches —dije dándole un beso en la mejilla y viéndola desaparecer por la puerta.

Esa era mi madre, mi mejor, mejor amiga. No sé que haría sin ella.

Llamé a Tomoyo para contarle el plan de mi madre y, como buenas chismosas, Rika y Chiharu aún seguían en la línea. Todas estuvieron de acuerdo y los grititos sobre lo angelical que era mi madre no se hicieron esperar.

Luego de despedirme de las chicas me dirigí a mi habitación, tomé un baño y me recosté con un sólo pensamiento, un pensamiento de cabellos chocolate y ojos ámbar. Y, como si lo llamase con el pensamiento, mi teléfono comenzó a sonar. Al ver su foto en la pantalla sonreí como idiota.

—Buenas noches, residencia Kinomoto —bromeé.

—Buenas noches, señorita. ¿Me podría comunicar con la más bella de las Kinomoto, por favor? —pidió con una voz graciosa.

—Depende quien le llama. La joven Sakura ha tenido muchas llamadas esta noche y me gustaría saber quien llama.

—¡Ah! ¿Y, cómo estás tan segura de que tú eres la más bella de las Kinomoto? —preguntó ya usando su voz normal con un tono de diversión.

—Sería el colmo que llames a estas horas para hablar con mi mamá y a mi celular —respondí mientras me sentaba el alfeizar de mi ventana para ver la hermosa luna que iluminaba el cielo de Tokio.

—Que sabremos, pero esta vez estás en lo cierto, no me aguanté y te llamé, quería hablar contigo. ¿Qué tal?

—Me parece genial. ¿Sabes? Te invoqué con el pensamiento —confesé sintiendo un poco de calor en las mejillas, como si pudiese verme.

—Ajá, y ¿se puede saber que tipo de pensamientos tenías conmigo? —preguntó sugerente y ya podía imaginar la sonrisa ladina que tenía.

—Mmm… Creo que podría corromper tu inocente mentecita si te digo en qué tipos de pensamientos estabas —dije siguiéndole el juego.

La carcajada que lanzó me dio a entender que sabía a que me refería con eso.

—Vaya, vaya… No pensé que serías una pervertida, muñequita.

—No te engañes —me reí—, poner a alguien a hacer tu tarea de matemáticas, hasta en tus pensamientos no tiene nada de perver, cariño, o ¿crees que pienso en ti de "esa" manera?

—Podría ser… ¿quién se resistiría a pensarme de "esa" manera? —dijo imitándome— Si estoy como Dios quiere.

—¡Wow! El espejo te tiene muy engañado, cariño.

—Yo diría que son más las chicas que me lanzan miraditas cuando paso por su lado, o la chica del supermercado que me guiña el ojo cada que entro —respondió galante.

Algo en mí se contrajo de celos al imaginarme que otras veían lo que sólo yo debía ver. ¡Sólo yo!... Díganme paranoica, pero ¿qué le vamos a hacer?

—Creo que comenzaré a acompañarte más seguido a hacer las compras, Shaoran.

—¿Celosa? —preguntó.

—Para nada. Oye, ¿me pasas a recoger mañana? Quedé con Meiling de ir a buscar algunas cosas que nos faltan —mentí. Más tarde le enviaría un mensaje a Meiling para contarle todo.

—¿Segura que no es que quieres pasar toda la mañana conmigo?

—La mañana, la tarde… el día entero —respondí dulcemente.

—Bueno, estoy para complacerte, preciosa. Mañana, prepárate, que tendrás Shaoran sólo para ti.

—Me encanta la idea —Y me encantaba por dos cosas, el plan saldría mejor de lo que pensaba y además, pasaría un domingo entero con mi príncipe de ojos ámbar. ¿Cursi? Muchísimo, total.

—¿A qué hora paso a recogerte?

—Después de las 8, cualquier hora.

—Ok. Descansa y sueña conmigo.

—En todo caso serían pesadillas —mentí, mentí enormemente, pero al oír sus carcajadas supe que había entendido—. Piensa en mí.

—¿Y lo dudas? Hoy en la cena, por decir Meiling dije Sakura, y créeme que toda la familia lo notó, bueno, al menos la que sí está en Tokio —supuse que lo decía por Fanren, que seguramente aún no regresaba.

—Vaya, ¿quién lo diría? Shaoran Li pensando en alguien más que no sea él, pero qué interesante —soltó una pequeña risa por mi comentario.

—Te quiero. Descansa —susurró lanzándome un beso por la línea.

—Yo también te quiero. Nos vemos mañana —Al colgar la llamada se me escapó un suspiro. ¡Vaya que me tenía hechizada!

Antes de acostarme, mi estómago recordó que no había hecho más que jugar con la comida antes de levantarme hace un rato, y pedía un poco de atención. Con una mano en el vientre bajé tarareando una canción que había escuchado quién sabe dónde, con los ánimos un poco mejor, aunque no todo es para siempre…

Como si de una broma para el destino se tratara, Yue estaba en la cocina tomando un vaso con agua y sólo con la parte de abajo de un pijama. Parecía absorto en sus pensamientos, pero no pude reprimir el gruñido de frustración que lancé haciendo que volteara hacia mí con una sonrisa.

Ya me había cambiado, iba descalza y estaba usando un corto short celeste haciendo juego con la blusa de tirantes y encajes del mismo color y, como normalmente hacía, llevaba una floja trenza q caía por mis hombros y el flequillo fuera.

—¡Qué sorpresa más grata! —habló girándose sobre el banquillo del desayunador.

Lo ignoré olímpicamente, tomé una caja de barquillos de galleta de la alacena, una lata de crema batida y un tarro de helado de vainilla del refrigerador, una taza y una cuchara, y me dispuse a salir creyendo que me dejaría en paz. ¡Qué equivocada estaba!

Antes de que saliera, me tomó del brazo con suficiente fuerza como para detenerme sin lastimarme, por segundos antes de girarme una fugaz sonrisa se posó en mis labios, el plan de mamá estaba a punto de comenzar.

—¿Qué quieres? —pregunté seria pero sin molestarme.

—Que hablemos... Sabes que lo siento, no debí hacerlo, pero de verdad, contigo es con quien más arrepentido estoy —Ajá sí, como no, y yo soy un elfo ayudante de Santa Claus.

—Tranquilo, ya pasó. Lo de hace rato fue… ¿cómo decirlo?... un episodio —Mi voz era casi un susurro. ¡Demonios que sí sabía como seducir!

—¿Estamos bien, entonces? —Síííí, claro, muy bien. Tan bien como el calentamiento global.

—No. Sólo dije que ya pasó, no que te perdoné ni que estemos bien. Sabes que lo que hiciste no tiene precio y, además... —Me detuve para acercarme a su oído y susurrar lentamente— tengo novio.

Dicho esto, me alejé, le sonreí y le guiñé un ojo al ver lo tenso que estaba. Esto iba a ser más fácil de lo que creí, y mi enorme sonrisa demostraba que en mí, todo estaba más que preparado para dar batalla.

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Los rayos del sol me llegaban de lleno a los ojos, y en medio del sueño que tenía recordé que anoche se me había olvidado cerrar las cortinas. Intenté moverme pero la caja de barquillos y la lata de crema me lo impidieron haciéndome recordar que esa había sido mi cena. Tiré todo al piso.

Extrañamente tenía una flojera del demonio, suerte que era domingo. Miré en el reloj que eran las 8:30, así que aún tenía tiempo de bajar a desayunar, llamé a una de las chicas de servicio que se encargaban de mi habitación y después de lavarme la cara bajé a desayunar.

Ahí estaban mi madre, mi hermano y mi papá, ni rastro de Yue.

—Buenos días —saludé sonriente. Tenía flojera, pero no mal humor.

Mis padres sonrieron y saludaron, Touya apenas me dirigió una mirada sobre su taza de café.

—¿Me haces unos hotcakes, Donan? —solicité al cocinero cuando se acercó a hacerme la típica pregunta de todos los días "¿qué va a comer, señorita?". Asintió y se retiró a preparar mi desayuno, mientras conversaba con mi papá sobre arqueología, su tema favorito.

Yue apareció, con cara de sueño y con lo que me pareció mal humor.

—Buenos días —intentó saludar amable pero fallando miserablemente.

Todos respondimos y tras pedir su desayuno se sentó en la mesa sin decir nada. Quizá era muy temprano para que se despertara y nuestra ruidosa casa no le dejó seguir durmiendo… ¡Qué divertido!

—Mamá, los Li me han invitado a pasar el día en su casa, y en la noche quedamos salir a divertirnos un rato con las chicas, ¿me dejas? —pregunté inocentemente. Mi madre sonrió, casi imperceptiblemente.

—Claro, linda. Sólo que no regresen tarde, mañana debes ir al instituto —respondió mi madre con un dulce tono.

—Por supuesto, súper mami. Además, no creo que Shaoran me deje venir después, lo mas seguro es que venga a dejarme, y ha quedado en recogerme para irnos a su casa —expliqué, mientras veía que mi padre sonreía, como siempre, tranquilamente dándome a entender que me daba permiso.

Aunque el gruñido enfadado que Touya lanzó, me molestó mucho… ¿Por qué era así con Shaoran, y con Yue no? Si sus reacciones debían ser al contrario.

—Voy a prepararme, Shaoran no tardará en llegar —hablé levantándome feliz de la mesa, y dándole un beso en la mejilla a mi padre me dirigí a tomar un baño.

Con la toalla enrollada en mi cuerpo y otra en mi cabello llamé a Tomoyo, de verdad no sabía que ponerme.

—Buenos días, Sakurita… ¿y eso¿ ¿tú tan temprano? —saludó mi amiga.

—Necesito tu ayuda, voy a salir con Shaoran hoy y no sé que ponerme.

—Ok, ¿a dónde van?

—A su casa, y luego no sé… ¡Ah! Por cierto, ¿le avisaste a los chicos de esta noche?

—Sí, nos veremos afuera del "Music Box" a las 9:35, y con respecto a la ropa, supongo que si te lleva a su casa es una parrillada o algo parecido, así que usa algo cómodo… shorts de mezclilla, te recomiendo en blanco, unas Vans que salgan con la blusa holgada, si puedes, de esas que dejan ver tu vientre y uno de tus hombros, una coleta y usa un poco de rimel, delineador negro y colorete, usa maquillaje a prueba de agua pues en casa de los Li hay una alberca, y lleva un bañador del color de la blusa.

—Vaya, gracias. No sé qué haría sin ti —agradecí.

—Lo sé, y regresa a casa a las 7:30 Cenicienta. Te veo ahí para prepararte para la noche.

—Ok, Hada madrina —bromeé.

—Recuerda el plan —dijo antes de colgar la llamada.

Hice todo lo que me indicó, short blanco con un lazo en la cadera, una blusa rosa corta y que dejaba mi hombro derecho descubierto, mis Vans rosas, el maquillaje como me dijo, y el cabello en una coleta de caballo algo floja. Me miré en el espejo y quedé satisfecha con el resultado. En ese instante, unos golpes en la puerta llamaron mi atención.

—Adelante —grité.

—El joven Li la espera abajo, señorita —avisó la chica que había limpiado mi habitación hacía un rato.

—Gracias, dile que ya bajo, ¿sí?

Tomé el bolso, mis gafas y mi teléfono, y rogué al cielo encontrarme a Yue antes de bajar.

—¡Vaya, qué suerte tiene ese tal Li! —¡Bingo!

—Nos vemos Yue —dije sonriendo y bajando un poco las gafas para verlo sobre ellas.

—¿A qué hora regresas? —preguntó serio.

—Creo que ese es el trabajo de mi hermano o de alguno de mis padres, así que a ti eso... no te incumbe.

Bajé lenta y delicadamente contoneando ligeramente más las caderas y sonriendo. ¡Qué buena soy! Sentí los pasos de Yue tras de mí. ¡Genial!

—Súper mami, Shaoran ya llegó, creo que me voy —anuncié entrando a la cocina en donde aún seguían mis padres y mi hermano.

—¡Oh! Dile que al menos entre a saludar —pidió mi madre.

—¿En serio tiene que estar aquí ese mocoso? —Ok, eso era el colmo. Golpeé con ambas manos la mesa a los lados de Touya haciéndolo bajar el periódico que tenía en las manos y quedando cerca de su rostro para hablarle bien.

—"Ese mocoso" se llama Shaoran Li y, quieras o no, es mi novio —comencé remarcando cada palabra— así que si no lo soportas, te aguantas. Además, prefiero irme con él, a quedarme todo el día a amargarme la existencia con la presencia del imbécil que me lastimó en el pasado.

El veneno que mis palabras escupían era el suficiente como para matar a toda Asia. Vi como los puños de Touya se cerraron con fuerza sobre las hojas del periódico. Me alejé de él y me dirigí a mi madre.

—Si quieres saludarlo, mamá, es mejor que salgas o arderá Troya.

Mi madre asintió con una sonrisa, quién sabe por qué, y tomada de la mano con mi papá salió seguida por mí. Pero, por si me hacía falta, Touya me detuvo... ¿Qué era? ¿Flash o algo parecido?

—¿A qué te referías con eso del "idiota que te lastimó"? —Su tono de voz se notaba tenso, estaba cabreado, y muchísimo.

Sonreí con el veneno picando en mi lengua por dispararse.

—¿Por qué no se lo preguntas a tu queridísimo Yue? Después de todo, se ve que te llevas de maravillas con él —le dije todo cerciorándome de que Yue no estuviera cerca, ya había salido antes de la escena de la mesa, y eso me servía de mucho.

Aparté mi brazo de él como si quemara. Si mi hermano quería guerra, guerra tendría. Salí de la cocina intentando recomponer mis ánimos, después de todo, pasaría todo un día con Shaoran Li, ¿no?

Una sonrisa apareció en mis labios tras ese último pensamiento, adherido a que al llegar a donde se encontraba mi novio, lo vi conversando divertido con mis padres. Estaba usando una sudadera gris y unos shorts azules con sus Converse sin calcetines. ¡Maldición! ¿Por qué debía ser tan guapo?

—Espero mostrarle algún día mi colección de historia antigua, joven Shaoran. Al fin alguien que sí comprende la Historia y el Arte como debe ser.

Ya me imaginaba de que hablaban, mi padre era aficionado de la Historia, inclusive para su luna de miel en que viajaron a París, Egipto y Alemania, según mi madre, le prestaba más atención a su alrededor que a ella.

—Oye, eso duele, ¿eh? —dramaticé con una mano en el pecho supuestamente dolida por su anterior comentario.

—¡Oh! Vamos, querida, sabes que eres mi persona favorita para hablar de esos temas, pero es bueno ver que alguien se interesa por la Historia sin tener que hacerlo porque a su padre le gusta.

—De hecho, se llevaría de maravillas con mi padre, señor Kinomoto, a él le encanta mucho el mundo y sus culturas.

Juro que vi en los ojos de mi padre brillar unas enormes estrellas, habían echado el pez al agua.

—¡Oh! Vamos, chico, déjate de formalidades, llámame Fujitaka, y me encantaría poder invitar a tu familia a un almuerzo. ¿Qué te parece si le planteas la propuesta y me avisas con mi bebé? —¡Ay, no! ¿Por qué?

Aunque quiso disimular —y parece que ninguno de mis padres se enteró— conocía muy bien a Shaoran y sabía por el gesto que hacía, que estaba intentando camuflar una carcajada. ¡Idiota!

—¡Papá! —reproché sonrojada.

—No se preocupe señ... Fujitaka, yo le aviso, aunque no dudo que aceptarán gustosos, sólo quedaría esperar el día —contestó con amabilidad.

—Bueno, cariño, el miércoles no está mal, pero ya, no los detenemos más, disfruten su día —dijo mi madre despidiéndose de ambos con un beso en la mejilla.

Por costumbre, al salir le tomé la mano a Shaoran, quien sonrió de lado con arrogancia, y más oportuno no pudo ser, ya que Yue se paseaba por el jardín principal hablando por teléfono. Al parecer discutía pues tenía el ceño fruncido y hacía aspavientos con las manos en el aire; cuando nos vio salir, procuré pegarme a Shaoran lo más que pude y sonreír autosuficiente, cosa que lo detuvo de lo que iba a decir y se quedó viéndonos hipnotizado unos segundo, pues supuse que la persona del otro lado le había dicho algo que lo hizo reaccionar y sacudir la cabeza para seguir con la discusión en la que estaba.

Sonreí muy gratamente. Todo salía de acuerdo al plan, y yo había conseguido un día con los Li, ¿genial, no?

Como la casa Li no quedaba lejos, decidimos caminar. Agradecía la sabiduría de Tomoyo por recomendarme usar mis suaves y deliciosos Vans.

Cuando íbamos llegando, comencé a sentirme nerviosa, no me había detenido un segundo a pensar que en realidad iba a pasar un día con la familia de mi novio, como su novia oficial, o sea, preguntas y la típica primera visita a tus suegros.

Aunque ya había tenido la oportunidad de charlar con Ieran y Hien Li, no se me quitaba el pánico que reinaba en mi cuerpo y mente… ¡En que lío me había metido!

Inconscientemente apreté más de la cuenta la mano de Shaoran, que iba entrelazada con la mía, haciéndolo reír por lo bajo. Me gire a verlo pues en todo el trayecto no hablamos nada, sólo nos dedicamos a prestar atención al camino. Tenía su típica pose de "Bitch please, i'm fabulous", la mano libre en el bolsillo de su sudadera y la cabeza en alto con esa constante sonrisilla arrogante.

No era que yo caminase mal, obviamente la hija del dueño de Kinomoto Corp. debía caminar como lo que era, una señorita educada, pero a diferencia de otras, no destilaba arrogancia y suficiencia hasta por los poros, a menos claro, que hubieran algunas hijas huecas de los socios de mi padre que quisieran humillarme con su fortuna, porque en esos casos… —generalmente reuniones de caridad y eso— mi Sakura arrogante salía a relucir y muy bien.

—Cálmate, pareciera que vas donde asesinos seriales y mafiosos. Si sigues apretujando mi mano vas a hacerla polvo —Las palabras de "aliento" de Shaoran me sacaron de mis maquinaciones "anti-stress" previas a alguna cosa que me pusiera los nervios de punta—. Además, no es como si nunca hubieras tratado con mis padres, y no es que quiera alimentar tu ego, pero ellos te aman.

—Lo sé, lo sé, soy adorable —Intenté relajarme un poco—. ¿Celoso de que mi adorable personalidad acapare la atención de tus padres? —lo molesté.

Sonrió y se acercó a mi oído para susurrar—: Eso quisieras, muñequita, pero a Shaoran nadie le quita atención —Un escalofrío recorrió mi espalda por la sensación de su aliento sobre mi piel tan cerca; ya lo había hecho y, muy a mi pesar, seguía teniendo ese efecto en mí.

—¿Con miedo, cariño? —pregunté tratando de que no me temblara la voz, y él se limitó a sonreír con arrogancia.

Cuando llegamos, pulsó el botón del intercomunicador y la voz de un chico preguntó quién era. Al decirle, asintió y segundos más tarde sonó el estúpido sonido igual que en mi casa al abrirse la reja… ¿Qué todas las casas eran así? La de Kero y la de Tomoyo también sonaban igual y yo no podía odiarlo más.

En la puerta de la casa estaba Meiling con Chisaki en brazos, y la señora Ieran a su lado. Meiling usaba shorts igual que yo, así que me sentí mejor, pensé que sería la única. La señora Ieran en cambio, usaba un vestido no tan formal pero que aún en el se veía que era una señora adinerada.

—¡Tía Sakura, llegaste! —Chisaki fue la primera en saltar de los brazos de Meiling y correr a los míos. La recogí del suelo, la abracé y le deposité un besito en su rosadita mejilla lo cual la hizo sonreír.

—¿Me esperabas? —pregunté cuando la dejé en el suelo y me tomó una mano a mí y otra a Shaoran.

—Todos lo hacen, el abuelo hasta se despertó temprano a soplar esa cosa donde cocina cosas.

—La parrilla, Chisaki —corrigió Shaoran con cariño.

—Esa cosa —respondió la pequeña restándole importancia.

—¡Saku! —Meiling se lanzó, literalmente, sobre mí en un abrazo.

—Ho...hola Mei —saludé intentando respirar un poco.

—Basta, Meiling, vas a ahorcarla —La imponente, pero dulce voz de la señora Ieran hizo a Meiling apartarse de mí dándole paso a su tía para que me saludara.

—Bienvenida, Sakura —dijo abrazándome más delicadamente.

—Muchas gracias —¡Vaya, qué ocurrente, Sakura! ¡Qué ocurrente!

—Pasemos al jardín. Tío Hien ya debe estar cocinando —sugirió Meiling viendo su teléfono.

—Mamá, ¿quién preparó la carne? —preguntó Shaoran con cara de miedo.

—Alfred lo hizo, tranquilo, ni a mí se me ocurre volver a dejar a tu padre cocinar —Lanzó una risita y siguió a Meiling llevándose a Chisaki de la mano.

—¿Por qué preguntaste eso, Shaoran?

—No quieres comer algo preparado por Hien Li, créeme.

Sonreí por el tono de broma que usó Shaoran y entramos. Estaba muy tranquilo, cuando salimos al patio trasero lo primero que vi fue una enorme piscina con el logo de empresas Li en el centro, un jardín muy bien cuidado como el de mi madre, rosas, orquídeas, y margaritas de todo tipo.

Había también una pequeña cabina con una luna grabada en la puerta de la que el señor Li salía con unas bolsas de carbón, llevaba un sombrero divertido de chef y un delantal rojo, bueno, suponía que era rojo pues estaba manchado de carbón, salsa y otras cosas que lo hacían ver gracioso.

Shaoran se soltó de mi mano y corrió a ayudarle a su padre con las dos bolsas de carbón que llevaba manchando su sudadera gris, pero aun así, no le importó mucho pues cuando las llevó cerca de la parrilla se limpió las manos en ella, haciendo reír a su madre y a Meiling negar con la cabeza con desaprobación.

No obstante, rápidamente me di cuenta del brillo malicioso en sus ojos y seguí su mirada, se dirigía a mis shorts. Algo hizo click en mí al darme cuanta de sus intenciones cuando comenzó a caminar hacia mí.

—Espero que no se te ocurra hacer lo que creo que vas a hacer, Shaoran —amenacé tratando de no reírme, era como un niño.

—¡Oh! Vamos muñequita, ese short necesita algo de color —Me sonrojé al escuchar como me había llamado, me decía así solamente cuando estábamos solos, o al menos cuando quería molestarme.

—Shaoran, por favor, no lo hagas, es uno de mis favoritos —supliqué.

La sonrisa que se formó en sus labios me dijo a no iba a detenerse, así que se me ocurrió una idea.

Lancé el bolso hacia Meiling, con cuidado de que no cayera pues ahí iba mi teléfono y mis gafas, cuando estaba en sus manos, comencé a quitarme la ropa asegurándome de que el señor Li no estuviera viendo, afortunadamente estaba concentrado en la parrilla. Cuando me quedé sólo en traje de baño corrí hacia Meiling, le di la ropa y luego me lancé a la piscina.

El agua estaba tibia pues el sol le daba a esas horas de la mañana, cuando salí a la superficie la señora Ieran estaba muerta de risa y Meiling se estaba quitando su ropa preparándose a entrar, el señor Hien seguía peleando con la parrilla, pero Shaoran había desaparecido.

De pronto sentí como alguien me alzaba del agua así que, por supervivencia, aspiré mucho aire, y unos segundos más tarde, agradecí eso.

Shaoran se hundió junto conmigo en el agua azul para que luego de varias patadas y empujones me dejara salir.

—¿Esperabas matarme? —reclamé intentando que más aire llegara a mis estrujados pulmones.

—Pensé que querías estar dentro del agua —dijo riéndose.

Noté que sólo llevaba el short que usaba antes pero no traía camisa. Me descubrí viendo su trabajado cuerpo, su pecho, sus marcados abdominales, el tono bronceado de su piel, sus brazos, su cuello.

—¿Te gusta lo que ves? —La voz grave de mi anterior entretenimiento me hizo parpadear rápidamente intentando enfocarme en sus palabras.

—S...sólo e...es..estaba viendo… Ah, nada, olvídalo —respondí girándome hacia donde estaba Meiling divertida disfrutando del espectáculo.

—Vaya Sak, yo sé que...

—No me lo recuerdes —Más roja que un tomate interrumpí la broma que venía de Meiling.

La risa de ambos Li me hizo enrojecer más, pero cuando Meiling se sumergió en el agua para nadar Shaoran se acercó a mí y me acorraló contra una esquina de la piscina.

—Shaoran… pueden vernos —susurré pues lo tenía muy cerca.

—¿Quién? Mis padres están en la cocina y Meiling no me importa —murmuró sobre mis labios, aprisionando mi cintura entre sus manos.

—Pero y si...

—Sólo para de quejarte y déjate besar de una vez —No pude decir nada más pues sus labios habían eliminado la distancia entre los dos en una caricia hambrienta pero cariñosa.

Nos separamos unos segundos para respirar.

—¿Qué te dio por traer un bañador? —preguntó susurrando Shaoran.

—No lo sé, ehmm… ¿intuición?

—Pues, sólo me queda decir, gracias por la maravillosa imagen que has dejado en mi mente —Me estremecí cuando sus labios bajaron a mi cuello—. Sabes delicioso —su voz grave me provoco un escalofrío.

Pero nos habíamos olvidado de alguien. Escuché una risita que me hizo ponerme roja, así que empujé a Shaoran lejos de mí. Chisaki nos observaba desde la orilla con su bañador rosa puesto esperando a la señora Ieran, quien llegaba con una botella enorme de bloqueador solar. Me giré a ver a Shaoran con el reproche y la vergüenza pintados en el rostro, pero esas dos sensaciones pasaron a un segundo plano para darle paso a la sorpresa y la diversión, Shaoran estaba sonrojado, más que eso, parecía un tomate maduro, y no era por el hecho de que su madre nos viera, más que nada fue porque Chisaki lo hizo.

—¿Qué pasa, Shaoran? ¿No que no importaba nada? —Le molesté ganándome una mirada de "cierra el pico ya".

Me reí, y cuando la señora Ieran, con una sonrisa hacia nosotros, levantó a Chisaki y la llevó a una silla para ponerle bloqueador, rápidamente me acerqué a Shaoran y le di un chupetón en el cuello dejando esa zona de su piel coloreándose rápidamente de un rojo intenso.

—Eso es porque no me haces caso cuando te digo que no —susurré sobre sus labios antes de comenzar a nadar hacia Meiling.

.

Narradora POV

Hien Li miraba como su único hijo se había quedado como piedra durante el segundo en el que su novia le había dado un beso en el cuello antes de decirle algo y retirarse hacia donde estaba Meiling.

Él y su esposa Ieran sabían que Shaoran casi no mostraba sus emociones frente a nadie, y mucho menos se iba a dejar llevar con su novia en su casa, como hace un rato en la piscina. A pesar de estar en la cocina, había visto como ella se negaba, seguramente por ellos, pero él había insistido hasta que a la pobre Sakura no le quedo más que dejarse llevar.

Otra cosa que lo había asombrado enormemente era el notable sonrojo que había subido a sus mejillas por el hecho de que la pequeña Chisaki lo descubriera, siendo que había pocas cosas que hicieran sonrojar a su hijo.

—Esa chica tiene eso que nuestro Shaoran adora, simplemente lo hace actuar mejor, lo hace mostrarse más. Jamás lo había visto tan cariñoso con una chica —le había dicho su esposa cuando observaban la forma en que la miraba desde aquella vez que habían llegado del centro comercial.

Ahora notaba lo que su esposa quería decir, desde que llegó había estado sonriente. La noche anterior había despertado a todos para decirles que ella iba a llegar, cuando anteriormente había llevado dos o tres chicas a presentarlas, su semblante era serio, además de que las otras chicas se esforzaban por caerles bien a ellos y a cualquiera de la familia que estuviera cerca, pero era tan monótono.

Con Sakura era diferente, Chisaki la quería, hasta le decía tía, cosa que con ninguna otra novia de Shaoran había hecho; Meiling la adoraba y, según ella, "si Shaoran la dejaba ir, lo lanzaría desde el Everest"; a su esposa, según ella, le caía muy bien, era una joven dulce y bonita. Por su parte, había notado lo cariñosa que era con todos, y no parecía poner esfuerzo en ello, le salía tan natural, sin mencionar lo cortés que era. Además, era decente, no era de esas que le gustaba enseñar de más, incluso con bañador se veía ese aire de reservada que le gustaba para su hijo.

—Papá, ¿si sabes que la carne debe quedar cocinada, no carbonizada, cierto? —preguntó divertido Shaoran a su padre sacándolo de sus pensamientos y haciendo que se despabilara al ver que la carne que tenía en la parrilla se había quemado.

Hien Li sonrió nervioso, la cocina no era lo suyo.

—¡Ah! Por cierto, los Kinomoto nos han invitado a su casa el miércoles.

—Bien, hijo, ¿tu madre sabe?

—Sí, acabo de decírselo.

—Bien, entonces dile a Sakura que ahí estaremos sin falta.

El castaño se giró para jugar en el agua un rato con su sobrina, pero su padre se dio cuenta de algo que lo hizo sonreír.

—Shaoran —le llamó— vete en un espejo —señaló aún sonriente viendo la marca roja de su cuello.

Como sabiendo lo que su padre quería decir, el ambarino corrió hacia el interior de la casa, y para no correr hasta el salón, tomó una sartén que estaba sobre el lavabo y se miró la parte derecha del cuello donde, en efecto, tenía una marca roja, súper visible, que ni el cuello de la camisa del uniforme taparía.

Pero lejos de molestarse se vio sonriendo como idiota, pasando dos dedos por la zona sabiendo lo que había causado el chupetón que tenía en el cuello. Dejó la sartén y salió de regreso al patio donde su mama regañaba divertida a su padre, quien seguramente habría quemado otra carne. Vio a su sobrina sentada al borde de la piscina mojando solamente sus pies, se acercó a ella y la levantó en el aire, las risas de la pequeña llamaron la atención de las dos chicas que conversaban tranquilamente, una sentada igual que la niña en el borde de la piscina, sólo mojando sus piernas, y la otra en una cama inflable.

Ambas se acercaron hacia el joven y la pequeña que reía y gritaba al mismo tiempo, y comenzaron a correr tras ambos, quienes al verlas sabían que debían huir.

Los dos adultos miraban divertidos la escena donde tres jóvenes parecían chicos corriendo y jugando. Sin duda, la joven castaña era muy, muy, diferente a otras hipócritas y superficiales novias que Shaoran había tenido. Se le veía feliz, y sin el más mínimo interés en el dinero de Shaoran, seguramente porque tenía todo lo que quería. Una vez habían pensado que, después de todo, era una Kinomoto, la hija de uno de los mejores y más grandes publicistas de Tokio y Asia entera, pero al recordar a alguna novia ricachona que su hijo había tenido, descartaron esa posibilidad.

Chisaki estaba ahora en manos de Meiling, y en lugar de ser perseguidas, eran ellas las que perseguían a los dos castaños. Cuando se finalmente se cansaron, Meiling y Chisaki se sentaron en una de las sillas a descansar, y Shaoran y Sakura regresaron al agua, ella a la cama inflable, y él a su lado apoyando sus brazos en las piernas de ella.

—Creo que tendremos que pedir comida a domicilio si mi padre sigue quemando así la carne —bromeó jadeante el castaño empujando a su novia por el agua mientras esta se reía intentando recuperar todavía el aliento, después de haber corrido tanto.

—No lo creo. Ahora es tu mamá la que tiene la espátula y no he visto salir humo negro en un rato.

—Cierto —estuvo de acuerdo.

Estuvieron riendo y hablando un rato más hasta que la voz de Ieran Li indicó que ya podían salir.

Como Sakura sólo llevaba la ropa que se había quitado un rato antes, Shaoran le ofreció su sudadera llena de carbón, pero a ella no le importó mucho y se la puso. Meiling usaba, igual que ella, una sudadera un poco más ajustada, seguramente de ella.

Todos se sentaron a la mesa. Al parecer, la señora Li había salvado casi toda la carne pues enormes filetes dorados esperaban sobre la mesa para ser devorados, junto con algunas tazas llenas de salsas, arroz, y otras cosas más. Todo se veía delicioso.

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Shaoran POV

Ver a Sakura con mi sudadera, las piernas descubiertas y el cabello mojado me hizo imaginarla en una mañana al levantarse junto a mí, usando mi ropa, después de... ¡Basta, no puedes activarte! ¡No ahora, Shaoran! Piensa en flores, piensa en chocolate, piensa en lo que sea pero ¡deja de verla ya!

—Shaoran, ¿me estás escuchando? —La chillona voz de mi prima me desvió, por suerte, de mis no muy... adecuados pensamientos.

—¿Quién no, con esa molesta voz? —respondí serio intentando parecer concentrado en mi comida— ¿Qué quieres?

—Te pregunté si llamaste a Wei para decirle que este fin de semana estaremos por allá.

—Sí, ayer le llamé de casa de Eriol. Por cierto, Sakura —llamé haciendo que dejara de darle de comer a Chisaki y me prestara atención—, a Tomoyo y a ti les toca llevar cosas para comer, y a ti Meiling —agregué— bebidas, en sí, las tres llevaran provisiones.

Sakura asintió y siguió en su labor con Chisaki, pero Meiling no se puede quedar callada una vez, así que…

—¿Y, ustedes qué piensan llevar?

Pensándolo bien, no habíamos considerado eso.

—Lo que haga falta —mentí.

—Tacaños —dijo Meiling por lo bajo llevándose un trozo de carne a la boca.

—Sakura, ¿piensas tener hijos, linda? —preguntó mi madre de golpe haciendo que la aludida girara la cabeza un poco sonrojada.

—Aún no, pero quizá en un futuro, una niña nada más —contestó segura y sonriendo, pero yo la conocía y sabía que la vergüenza que tenía era del tamaño del continente—. Me gustan los niños pero no para tener muchos.

—Es que te ves tan buena con los pequeñines. Vas a ser una maravillosa madre —agregó soñadora mi madre.

Era extraño que sacara a colación ese tema con mi novia. Jamás en la vida lo había hecho con ninguna otra, quizá porque los niños procuraban mantenerse lejos de ellas por lo antipáticas que resultaban ser con ellos, o simplemente porque no les caían bien, pero ver como trataban a Sakura, me daba a entender, que sin mucho esfuerzo, había logrado lo contrario, les agradaba.

El resto de la tarde pasó normal, juegos en familia, risas, gritos y alegría.

Alrededor de las 7:25 había recibido una llamada de Eriol para invitarme a una noche de antro, tenía ganas de salir con los muchachos, de hecho hacía mucho que no salíamos, pero que fuese un domingo no me simpatizaba mucho.

—Shao, creo que debo irme, las chicas y yo vamos a salir un rato y Tomoyo quedó de llegar a ayudarme con algo, ¿vas a salir con los chicos?

—Sí, ¿paso por ti? —pregunté, y vi una sonrisa, creo que eso era lo que quería que le dijera.

—¿A las 8?

—Perfecto —le susurré—. Y me vas a pagar el chupetón que tengo en el cuello, ¡eh! —dicho esto hice exactamente lo mismo que ella pero en un punto más visible, bajo el lóbulo de su oreja, y como intentó alejarse se marcó un poco más que el mío haciéndome reír.

—Touya va a matarme —se quejó buscando un espejo en su bolso.

—¿Sí? Pues los chicos se van a burlar de mí, así que estamos a mano —le dije tomándola de la mano para ir a dejarla a su casa.

Caminamos todo el trayecto bromeando sobre lo que nos iban a decir los chicos. Cuando llegamos a su casa, me pidió entrar un segundo a saludar, y así lo hice. En cuanto abrimos la puerta, una eufórica amatista saltó hacia nosotros.

—¿Qué piensas? Tienes 20 minutos de retraso, los chicos van a pasar a las 8, tenemos una hora y diez minutos —gritaba eufórica Tomoyo haciendo aspavientos con las manos mientras los Kinomoto reían desde atrás—. Pero, ¡¿qué es esto?! —gritó acercándose a la barbilla de Sakura e inspeccionando el chupetón.

—¿En serio quieres que te explique qué es, Tomoyo? —preguntó Sakura divertida.

—¿Sabes lo que voy a tener qué hacer para ocultar eso?

—¿Qué cosa? —Y ahí estaba Touya Kinomoto haciendo acto de presencia, con su típico mal humor.

—Eh… nada. Vamos Tomoyo, adiós Shao. ¿Te espero más tarde, sí?

Me despedí rápidamente de los padres de Sakura y al verle la cara a Touya salí prácticamente corriendo. ¡Pobre Sakura si la descubrían!

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Sakura POV

Tomé a Tomoyo de la mano y salí corriendo escaleras arriba antes de que Touya viera a qué se refería mi amiga. Por suerte, Yue estaba cerca y vio todo, incluso el chupetón, y vaya a saber Dios qué pensó, pero cuando lo pasé tenía cara de pocos amigos.

—No creas que no vi también el chupetón de Shaoran, ¡eh, Sakura! —dijo mi amiga cuando puse el seguro de mi habitación.

—No pienses nada, sólo fueron de venganza... Ambos —agregué sabiendo que lo primero no decía nada.

—¿Qué? Yo no pensaba nada — puso su mejor cara de ángel.

—Ajá, sí claro, pervertida —ataqué riéndome de su actuación.

—Comencemos, entonces.

Las 7:50. Mi cama parecía tiradero, había zapatos y ropa tirados en el suelo, mi tocador era un desastre y yo me veía genial.

Tomoyo se había decidido por un pantalón negro ajustado, unos tacones rojos y una blusa negra que iba por dentro del pantalón, una chaqueta de cuero rojo, el cabello alisado con plancha y alguno que otro rizo distribuido por ahí; había puesto un listón rojo brillante como dejando mi flequillo fuera, y llevaba unos aretes de cristal rojo, eran pequeños, sólo para adornar mis orejas.

El maquillaje era sencillo, polvo compacto, delineador negro por encima y por dentro del ojo, y un ligero toque de sombra roja con brillos, y brillo en los labios.

Ella también usaba pantalón, sólo que en azul metálico, y una blusa blanca con un sólo tirante, tacones blancos y el cabello atado en una firme coleta de caballo, maquillaje sutil, polvo, sombra jugando entre blanca y azul, y delineador negro. Ambas nos vimos en el espejo de cuerpo entero que había en mi habitación y sonreímos. Estábamos hechas una bomba.

Un claxon sonó y luego la voz de mi madre fuera de la puerta.

—Tomoyo, Eriol ha llegado, linda.

—Gracias. ¿Podrías decirle que ya bajo?

—Claro. —Los pasos de mi madre aseguraban que se había ido ya.

—Oye, me vas a ayudar a ordenar aquí, eh. Dejaste un infierno —dije tomando mi celular y metiéndolo en el pequeño bolso negro que llevaba.

—Cualquiera que te escuchara diría que te toca a ti ordenar —respondió riendo.

—Al menos para poder dormir hoy, me va a tocar ordenar la cama, y es un desastre.

—Bien, lo que sea. Los esperamos en la entrada, y asegúrate de que el idiota de Yue te vea —Lo último lo dijo en un susurro porque ya entrábamos al salón.

Mi madre saltó hacia nosotras al vernos, nos abrazó y nos dijo lo bellas que estábamos, antes de que Tomoyo se despidiera de todos al ver a Eriol en la puerta.

—Recuerda lo último que te he dicho, Sak —dijo antes de salir, y yo sólo le guiñé el ojo en respuesta.

Rogaba a Dios que Yue se apareciera antes de que Shaoran llegara.

Me até el cabello en una coleta floja pues tenía calor, y me tiré al sillón quitándome la chaqueta y los zapatos, cuando sentí que el otro lado del sillón se hundió, era Yue.

—Vaya, Sakura, te ves... diferente a como salías en Tomoeda con tus amigas —dijo viéndome de pies a cabeza.

—Soy diferente. Prefiero mi vida en Tokio mil veces a la que tenía antes, tengo mejores amigos, y un mejor novio —remarqué lo último, digo por si no me escuchaba.

—Lo puedo notar. Te ves… ¿cómo decirlo?... feliz.

—Y lo estoy.

El sonido de una motocicleta me hizo arrugar el ceño y ponerme de pie porque medio adivinaba quién era, aunque me extrañaba que llegara en motocicleta. Volví a ponerme la chaqueta y los zapatos, y antes de llegar a la puerta, mi madre ya había abierto.

—Shaoran, cariño, ¡qué guapo estás! —No podía estar más de acuerdo con mi madre.

Casi sincronizados, llevaba un pantalón negro, ajustado lo suficiente para verse bien sin llegar a verse gay; sus perfectamente limpios Land Rover negros, y fuera del pantalón, una camisa de botones roja quemada, con las mangas hasta sus codos y los dos primeros botones sin abrochar dejando ver un poco su pecho, y el chupetón que le había hecho.

Sonreí por eso último y me encaminé hacia donde estaba para irnos de una vez.

—No regresen tarde, recuerden que mañana deben ir al instituto —ordenó dulcemente mi padre dándome un beso en la frente para luego darle la mano a Shaoran.

—Los quiero. Nos vemos más tarde —dije antes de salir.

—¡Qué suerte que te pusiste pantalón! Tenía mucho de no usarla y pensé en hacerlo hoy —habló Shaoran saludándome con un beso cuando salimos.

—¿Y si hubiese usado vestido?

—La hubiera dejado acá, ido a casa a buscar un auto y listo.

—Hubiera sido más fácil que me dijeras para cambiarme y listo —lo molesté subiéndome atrás de él.

Estaba usando una chaqueta de cuero negra que había dejado en el asiento de la moto. Era una pulsar 200 color negra con detalles en verde.

—Me encanta —susurré un poco alto pues Shaoran rió.

—A mí igual —respondió.

Su aroma era delicioso. Antes de que arrancáramos una voz conocida gritaba mi nombre y me giré a ver quién era… Yue venía corriendo con mi bolso en sus manos, debí haberlo olvidado en el sillón.

—Gracias Yue —dije seria soltándome un segundo para cruzarme la correa del bolso al hombro y volviendo a abrazar a Shaoran.

—¿Lista muñequita? —preguntó. No pudo ser mas oportuna la forma de llamarme en ese momento, vi la cara de Yue endurecerse de rabia y reí en mi interior.

—Contigo a donde sea —contesté para rematar de forma dulce y me apoyé sobre mis pies para inclinarme y besar su mejilla.

Finalmente arrancamos dejando atrás a un muy enojado Yue.

La ciudad de Tokio era impresionante por la noche, las luces que la iluminaban, a pesar de ser domingo; los negocios abiertos, la gente paseando, en familia, en pareja, entre amigos, solos.

El "Music Box" era una discoteca enorme, había estado ahí una vez, y no por mucho. Estaba en el centro de la ciudad y mucha gente iba ahí a divertirse, la música, el ambiente y las bebidas eran buenos.

Al llegar, antes de entrar al local, había una reja enorme con el nombre de la discoteca y algunas notas musicales en la parte superior decoradas con lamparitas neón en los bordes, y había una cabina en donde estaba el encargado de revisar los pases y abrir la reja.

Había sido fácil conseguir los pases pues un primo de Kero era gerente del lugar y nos había hecho el favor.

Al enseñar los pases seguimos hacia adentro a buscar un lugar donde estacionar y vimos a los chicos. Estaba Tomoyo, Rika, Chiharu y otras de mi salón que no conocía muy bien, así como Eriol, Yamasaki, Kero, Hikaru y, por supuesto, la gran Meiling Li.

—Hola chicos —saludamos Shaoran y yo al unísono, al bajarnos de la moto.

—Hasta que llegan —Kero se acercó a saludarnos o, más bien, a saludar a la motocicleta—. Tenías tiempo de no usarla, amigo.

—Y qué mejor noche para reestrenarla que con mis idiotas favoritos —respondió Shaoran sonriendo.

—¡Eso! —corearon los chicos alzando la voz.

—¿Vamos a entrar o a una expo de motocicletas? —aceleró Chiharu.

—Vaya… estamos deseosas de baile —molesté dándole un caderazo a Chiharu.

Nos encaminamos hacia la entrada y un tipo grandote nos puso unas pulseras de papel irrompible color naranja.

—Esto es papel de acero, fue inventado por... —La mentira segura de Yamasaki fue interrumpida por la música. Como si fuese costumbre, nos dirigimos a la barra a buscar que beber.

—Queda rotundamente prohibido el alcohol para Eriol, Yamasaki y Shaoran, queremos divertirnos y luego ir al Instituto, no a un funeral, ¿está claro? —La voz amenazante de Tomoyo llegó a nuestros oídos haciendo bufar de frustración a los tres mencionados.

—¿¡Ni un poquito?! —se quejó Yamasaki.

—Ni lo más mínimo.

—Bien.

Con excepción de ellos, todos pedimos algo con poco o mucho alcohol. Yo pedí una mezcla de tres bebidas con un nombre raro, el sabor estaba rico pero en unos minutos mi cabeza se había convertido en una tormenta, deseaba bailar, gritar, y moverme, así que tomé a Shaoran y lo adentré a la pista de baile. Estaba sonando una canción electrónica algo lenta y movida al mismo tiempo, comencé a menearme contra Shaoran sincronizando mis movimientos con el sonido de la música, sus manos bajaron de mi cintura y a mis caderas siguiendo el ritmo con su cuerpo y sus manos, eran movimientos sensuales, sin llegar a lo descarado, como otras parejas a nuestro alrededor que prácticamente estaban teniendo sexo con ropa enfrente de todos.

—Deja de moverte así —Sentí el aliento tibio de Shaoran en mi cuello cuando me habló.

—¿Por qué? —pregunté haciéndome la inocente.

—Si quieres te lo demuestro en otro lugar —Seguía hablando sobre mi piel provocándome cosquillas.

—Nee, en otra ocasión —bromeé.

—Ay, Sakura, no sabes en lo que te está metiendo, muñequita.

—Claro que sé, se llama "tu mente", y es muy divertido saber que no dejará de recordar cada uno de mis movimientos. —Ok, sí estaba ebria y delirando… Buena excusa, ¿eh?

—Vamos a sentarnos —Me tomó de la cintura mientras caminábamos entre el revoltijo de cuerpos sudados hacia la barra.

—¡Noooo! —comencé a protestar tirando del cuello de su chaqueta— Un rato más. —Hice mi mejor cara de cachorrito y Shaoran lanzó un suspiro volviendo a bailar conmigo.

Eran casi las 12 de la madrugada, Tomoyo estaba sobre sus brazos sobre la barra, Yamasaki tenía cara de perro pues Chiharu sólo le había dejado beber un par de cervezas, Kero bailaba muy pegadito a una morena y Eriol miraba su reloj cada cinco minutos, yo estaba sentada en un banco con la cabeza sobre el hombro de Shaoran, tenía un sueño de los mil demonios.

—Shaoran, quiero irme a casa ya —dije lloriqueando.

—Chicos creo que es hora de irnos. Mañana a primera hora tenemos con el profesor de idiomas y juro que si ese viejo me grita por no ponerle atención, voy a golpearlo —se dirigió Shaoran en un grito a nuestros acompañantes.

Todos asintieron y Eriol cargó a una dormida Tomoyo, mientras Yamasaki prácticamente arrastraba a Chiharu.

—Chicos, ¿y Rika? —preguntó alarmado Hikaru viendo para todos lados.

—Dijo baño… búscala y ¡larguémonooooos! —Definitivamente el alcohol y Chiharu no se llevaban.

—Voy a buscarla —anunció Hikaru corriendo en dirección a los baños.

—Eriol, deja en el asiento a Tomoyo y trae a Kero, por favor —pedí poniendo una mueca de asco al ver como Kero y la chica con quien estaba, prácticamente se comían la cara.

Unas horas después íbamos saliendo en fila, el auto negro de Eriol, luego la camioneta de Yamasaki y, por último, Shaoran y yo. Prácticamente estaba dormida sobre la espalda de Shaoran cuando sentí el movimiento de sus hombros dándome a entender que se reía.

—¿Qué es tan divertido? —pregunté somnolienta.

—Tú y tus amigas borrachas. Rika estaba perdida, Tomoyo dormida, Chiharu loca y tú demasiado provocativa.

Quise reírme pero sentí una sensación asquerosa subir por mi estómago. ¡Vaya! Creo que unos meses sin tomar traen consecuencias, sentía unas horribles ganas de vomitar.

—Shaoran… para… para, por favor, si no quieres que te vomite encima.

Rápidamente hizo la motocicleta a la orilla y se detuvo. En cuanto pude, bajé corriendo y poco me importó quién estuviese viendo, y vomité. Sentía que en cada arcada se salía un órgano de mi cuerpo.

—No debí dejarte tomar tanto —Escuché la voz de Shaoran en modo de reproche.

Una vez que dejé de expulsar todo lo que había comido, en al menos dos años, Shaoran me pasó un pañuelo por la cara pues la tenía algo sudada, y luego por mi boca. Sentía el paladar amargo e hice un gesto con la boca al intentar tragar, me sentía débil y casi dormida.

—Ten… es una menta. Se te quitará ese horrible sabor de tu boca.

Tomé la pastillita blanca que me ofrecía Shaoran, y una vez en mi boca me desparrame en sus brazos.

—Lo siento. No debiste ver eso, tenía meses sin tomar y...

—Shh… Creo que es mejor que nos vayamos, no quiero que tu madre me odie.

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—¡Apaguen el sooool! —gruñí tapándome hasta la coronilla con las sábanas. Me dolía la cabeza como el demonio, y no recordaba nada después de cruzar la reja de mi casa.

—Cariño, has despertado —La dulce voz de mi madre se escuchó en toda mi habitación. Me descubrí los ojos para verla, llevaba un vaso con agua y una píldora en la otra—. Anda, levántate, aún tienes media hora para alistarte e irte al Instituto.

Lancé un quejido lastimero y me volví a tapar toda la cara.

—Anda, linda. Mira que el plan está saliendo de maravillas, ayer que el joven Shaoran entró contigo en sus brazos, Yue estaba que echaba humo por las orejas.

—Mamá, ¿sabes que pareces una jodida adolescente vengativa, cierto? —pregunte debajo de mi oscuro y delicioso escondite.

—Anda, linda… arriba. Esto es lo que Touya se toma para quitar la resaca, dúchate y listo.

De mala gana salí de mi "lugar feliz" y me tomé la pastilla amarilla que me daba mi madre, luego ella misma preparó mi uniforme mientras yo, casi a gatas, me metí al baño. Dejé que el agua fría cayera por mi cuerpo sintiéndome aún mejor, casi no tenía dolor de cabeza ni flojera para cuando salí de la ducha.

Mi madre ya no estaba, y aún tenía 20 minutos para salir hacia el Instituto. Estaba poniéndome las medias cuando mi teléfono sonó, lo saqué del bolso de anoche y miré quién me llamaba a estas horas… Tomoyo.

—¡Me muerooooooo! Para mi funeral quiero que digas que fui la mejor, mejorsísima y más sexy chica del Instituto —Los lamentos de Tomoyo fueron tan altos que tuve que apartar el teléfono para no quedarme sorda.

—¿Y si digo que eres la más borracha del Instituto?

—Muy buen humor para un día de resaca —se quejó. Ya podía ver su blanco rostro bajo una compresa de agua fría—. Gracias Kim, prepárame algo de desayuno, por favor —murmuró seguramente a alguien de servicio.

—Mi madre me dio una pastilla que me bajó un poco el dolor y, al menos, puedo andar sin quejarme, aunque con lo tarde que vamos a llegar, el director nos va a devolver el dolor de cabeza.

—Te veo ahí, entonces. Espero que las chicas estén mejor que nosotras.

—Sí, sí, apresúrate, borracha.

Bajé ya lista y, según mi reloj, tenía 10 minutos para desayunar y largarme al Instituto.

—Sus hotcakes, señorita —anunció Donan poniendo un plato con cuatro hotcakes de chocolate bañados en nata de vainilla.

—Te amo, Donan, no lo olvides —bromeé.

Donan era un señor de unos 39 años, la edad ya había hecho cambios en él, era amable, cariñoso y, sobre todo, sabía guardar mis secretos; era algo así como mi mejor amigo de todo el servicio, además de que preparaba los mejores hotcakes del mundo.

La sonrisa que curvó los labios de Donan por mi anterior comentario, me hizo sonreír, y aunque ahora no estaba mareada, con algunos gestos como sonreír, negar o asentir me dolía tanto la cabeza que a veces sentía que la habitación bailaba casi imperceptiblemente.

—Buenos días, cariño —saludó mi padre, dándome un beso en la frente—. Muy bien humor para un día de resaca… ¿píldora amarilla, cierto?

Asentí con un sonido pues tenía la boca llena de hotcakes.

—Si sigues comiendo así vas a atragantarte, monstruo.

—Buenos días para ti también, hermano. Me voy, avísale a mamá por mí, ¿sí? —pedí a mi padre después de besar su mejilla.

Le di un último lametón a la nata, y le saqué la lengua a Touya, que tenía cara de asco. Justo cuando iba saliendo de la cocina, un no muy feliz Yue entraba.

—Buenos días, ¿me dejas pasar? —dije torciendo el gesto por el repentino stop que me di para no chocar con él.

—¿Vas rápido?

—¿Te importa?

—¿Te llevo?

—Me conozco el camino y mis pies están perfectamente, gracias —Insípida, mucho y con ganas, el maldito dolor de cabeza regresaba y ni había visto al director aún.

Una chica de servicio llamó mi atención haciéndome empujar a Yue para poder pasar.

—El joven Li está en el recibidor, señorita —casi susurró.

—Gracias.

Avancé un poco rápido, con una pequeñísima sonrisa y el dolor de cabeza creciendo a la velocidad de la luz.

—Buenos días, señorita Kinomoto —susurró en mi oído cuando me acerqué a abrazarle.

—Joven Li, ¿qué hace tan temprano por acá?

—Digamos que supuse que mi noviecita amanecería con una resaca del demonio, así que quise recogerla para llevarla al Instituto.

—Muy bien, pues qué esperamos. Seguramente Nakata va a incrementar mi dolor de cabeza si llegamos tarde.

Sonrió y me soltó para tomarme la mano, cuando mi madre apareció por la puerta con una bolsita de papel gritando como loca, y papá detrás con una taza de café.

—Tomoyo, Eriol y Kerberos, van tres más, por si acaso, ¿ok? —habló poniendo la bolsa en mis manos.

—Píldoras amarillas "milagrosas" en días de resaca, es lo que me tiene despierta —respondí con cansancio a la confusa cara de Shaoran—, y nos vamos, no quiero un tour por dirección —Jalé a Shaoran como si fuese difícil y cerré la puerta detrás de mí. Cuando salí, la motocicleta de Shaoran estaba aparcada afuera.

—Stop —Le detuve poniendo una mano en su pecho impidiendo que avanzara— ¿En serio?

—¿Qué? Ayer quedó afuera y me dio flojera sacar el auto.

Hice una cara de fastidio y señalé mi cuerpo con mi mano dando a entender que llevaba falda.

—Eso no es problema —Me tomó la mano y me llevó hasta la motocicleta, cruzó su mochila en su hombro y colgó su chaqueta del uniforme perfectamente planchada en el espejo. Me tomó de la cintura haciéndome soltar un gritito y me alzó en el aire, por reflejo, abrí las piernas y acomodé mi falda abajo de mí para que no se levantara con el viento.

—Pudiste haberme dejado subirme sola, ¿sabes?

—No iba a arriesgarme a que se levantara tu falda.

Me reí por lo celoso que era, y dejé que se montara. Total, aunque me negara, siempre iba a serlo.

Antes de arrancar giré mi cara hacia la entrada de mi casa, como si me llamasen, y ahí estaba parado con un gesto de ira, y segundos después, la puerta se cerró de un fuerte golpe. Conocía muy bien a Yue, y sabía que el desplante que acababa de hacerle no lo iba a dejar tranquilo, debía hablar con Shaoran lo más pronto posible.

—¡Mátenme! —Escuchamos el grito lastimero de Tomoyo. Habíamos llegado con unos pocos minutos de tiempo, íbamos corriendo por el pasillo tomados de la mano para poder hacer algo por ellos.

La risa de Shaoran me contagió haciendo que el dolor de mi cabeza incrementara.

Cuando entramos al salón casi nos partimos de la risa, Tomoyo tenía la cabeza entre sus manos, Eriol era más fino y la había metido dentro de su mochila, Chiharu se golpeaba contra la pared contigua a su asiento y Rika, que era la más normal, masajeaba sus sienes con una cara menos destruida, el resto de los chicos no habían ni aparecido.

—No saben el sufrimiento que tuve en la mañana al escuchar exactamente los mismos gritos —Se quejó Eriol sacando la cabeza de la mochila en cuanto llegamos a nuestros lugares.

—¿Tienen agua? —pregunté riendo.

Rika y Chiharu me miraron con cara de pocos amigos, y Tomoyo ni levantó la cabeza, sólo asintieron con un "uh—hum".

Saqué la bolsita de papel de mi bolso y le di una píldora a cada una.

—¿Píldora milagrosa?

—Sí, ¿cómo lo sabes? El inglesito es brujo, corraaan… —bromeó Shaoran molestando a Eriol.

—¡Cállate! —retumbaron en el salón los gritos de las tres agonizantes alcohólicas.

—Quietas fieras.

—Ya basta. Siento que mi cabeza va a explotar en pocos segundos y los gritos de estas locas no ayudan en nada —pedí a los chicos con la poca cordura que me quedaba.

En pocos segundos iba a entrar el profesor y mi cabeza era una bomba de tiempo. Este iba a ser el día más largo de mi vida entera, y quizá de tres vidas más adelante.


=) Holaaaaa, otro capítulo más. Siento hacerles esperar mucho, no es mi culpa, es del tipo sin que hacer que inventó la escuela.

Les juro, de verdad, que sé como se sienten Sakura y las chicas (experiencia propia), bueeeeno, me sorprende que algunas adivinaron quien era Yue... ¿Cómo? No sé, pero lo hicieron... MAGIA NEGRAAAA XD ... Espero que les gustara el capítulo, y nos vemos pronto, quizá ;P

Beshitos :*

Cheskkita16