No me pertenece KHR
No tenia pensado hacer otro capitulo, pero los comentarios y la inspiración me llagaron (? Bueno este seria la parte de Tsunayoshi, y por ultimo esto no termina bien ¡Están advertidos!
Quería forzar el destino. Aunque su dedo no estaba amarrado con el hijo rojo, no le importaba, si tenía que someter al destino lo haría. No dudo usar su tasser, no dudo desnudarle, no dudo ver su cuerpo desnudo inconsciente con ternura. Quizás está haciendo todo mal, pero así demostraría su amor, porque amar siempre es irracional.
Ya lo conocía, lo miraba todas las mañanas cuando iba a trabajar, se bajaban en la misma estación, al salir de la estación se separaban, sin antes de ver su espalda alejarse. Quería ser como él. Un hombre que con solo una mirada podía ser intimidante, quería tener esa espalda ancha y esos brazos que protegidos por su saco eran fuertes.
Se convenció que era el destino, que ellos estaban destinados a vivir juntos para siempre. Se engañó muchas veces. Solo fue una coincidencia que al ser despedido de su anterior empresa fuera contratado por la misma empresa que trabaja él. Solo fue una coincidencia que el fuera su jefe. Solo eran coincidencias no era el destino, pero Tsunayoshi se convenció que era destino, el hilo rojo los unía.
Cometía errores, muchos errores, sin embargo Hibari nunca lo mordió hasta la muerte. No era bueno hablando con las personas, tampoco lo era Hibari. Tenían tanto en común, o eso era lo creía, porque su amor era solo de un lado.
Fue muy duro llevar el cuerpo inconsciente de Hibari por las escaleras del ático. Sin embargo no importaba porque Hibari estaba en su casa, porque nadie más miraría los ojos hermosos de Hibari, nadie más sonreirá. Solo lo miraría él, era suficiente, no hay necesidad de nadie más, solo basta con su amor.
— ¿Qué crees que estás haciendo? ¿Por qué estoy aquí?
Pregunto cuando lo vio entrar al ático. Sintió más pesada la bolsa del supermercado, quizás fueron los ojos de Hibari al mirarle.
—Te traje aquí conmigo, mi casa, para que vivas conmigo para siempre.
—Quítame estas cadenas herbívoro.
—No… si lo hago será capaz de golpearme y poder huir. Hibari-san yo siempre lo he admirado, sin darme cuenta lo empecé amar.
Era bien conocido lo violento y lo fuerte que es su jefe. Por eso tuvo que esperar tanto para poder llevarse a Hibari a su casa. Cuando se encontrara vulnerable sería capaz de cumplir su plan.
—Deja de decir tanta mierda. ¿Por qué me amas me tienes aquí? No me jodas.
Se estremeció. Era doloroso escuchar esas palabras, todo lo hacía porque lo ama, Hibari solo tendría que devolver ese amor para que todos fueran felices.
Los días pasaban, en la oficina todo era un desastre. Nadie sabía del paradero de Hibari, todos le preguntaba si sabía algo. Por supuesto que nunca dijo nada, solo dijo que ayudo a Hibari regresar a su apartamento antes de regresar su propia casa. Cada vez que Kusakabe hablaba de su preocupación por Hibari, sentía gran felicidad, nadie sabía dónde estaba, nadie más podía verlo, era suyo; Hibari era suyo.
Era preocupante que Hibari no comiera, dejaba su desayuno sin probar y la cena. Trato de persuadir, sin embargo Hibari nunca lo escucho. Cada vez que regresaba lo encontraba sentado junto la pequeña ventana del ático o acostado en el catre viendo hacia el gasto techo. Le dolía porque lo ama. Desearía quitar esa amargura de Hibari, la única forma era dejarlo en liberta, porque Hibari era como un ave que vuela entre las solitarias nubes. ¿Qué debía hacer con ese amor que no se apaga? Aunque le duela, no lo dejara ir nunca de su lado.
Hibari estaba desesperado por un baño, era arriesgado dejarlo andar libre por su casa. Quería hacer feliz a Hibari, decidió llevar una manguera y ofrecer un baño. Hibari no se negó, con timidez cubrió el pañito de jabón y lo paso por su cuerpo. La espalda ancha que antes solo observaba alejarse, podía tocar los brazos fuertes que eran protegidos por el saco, pudo sentir sus piernas, quería tocar más allá, pero no quería asustarlo. El agua era fría como pedazos de hielo cayendo en la piel pálida de Hibari. Lo estaba disfrutando.
Estaba teniendo su cena, cuando Hibari pregunto algo tabú.
— ¿Voy a salir algún día de aquí?
Por supuesto que jamás saldría. Estarían juntos para siempre, si Hibari quería correr cortaría sus piernas, si Hibari quería gritar no importa estaban demasiado lejos de los demás. Todos querían a Hibari pero nadie como lo amaba él.
Esa noche no pudo dormir ¿por qué Hibari quería marcharse? ¿no era feliz? quería penetrar el corazón de Hibari ¿acaso estaba pidiendo mucho? Solo quería su amor.
Su inseguridad, su miedo de que Hibari pudiera irse de su lado lo empujo a violarlo. Esa mañana amaneció con el cuerpo ardiendo, con su corazón palpitando más rápido de lo normal, ver el cuerpo desnudo flaco por falta de alimentos, aquellos ojos desafiantes iguales lo obligaron a tomarlo. Hibari lucho, empujo y grito, pero en su cabeza solo había una cosa: quería probar ese cuerpo. Abrió sus piernas sin preparar empujo su pene que dolorosamente palpitaba. La respiración de Hibari era trabajosa, le estaba doliendo lo sabía, no era un idiota sin embargo era incapaz de parar. Siguió embistiendo, mareado por el olor a sexo y los golpes obscenos de los cuerpos chocando.
—Lo siento, lo siento, por favor no me odie.
No se atrevió mirarlo. Postrado completamente en el suelo suplico por perdón, su corazón dolía ver el estado de Hibari, su semen escurría desde la entrada mezclándose con sangre. Fue una bestia, aunque lo amaba ha terminado hiriéndole; lo hizo porque lo amaba tanto.
Los días pasaron y el cambio de estaciones también seguía. El otoño llego, cambiando las hojas verdes brillantes por colores opacos. Hibari se enfermó.
Su única petición fue que le devolviera su ropa. No quería, si tiene ropa puede escapar, puedo irse de su lado. Le trajo su ropa, le ayudo a ponérsela, le encadenó el otro pie para sentirse más seguro.
Se preocupaba por la salud de Hibari, porque lo amaba tanto que podía morir por el bien de Hibari. La cita con el cliente había sido rápida, tenía tiempo suficiente para ir a su casa para ver si su fiebre había bajado. Nunca se esperó que Hibari se abalanzara a sus brazos, si era una broma de su cabeza, si era sueño no le interesaba. Hibari quería que conectara su cuerpo con el suyo lo haría. Haría cualquier cosa para que Hibari sea feliz, menos su liberta.
No podía evitar sonreír, mientras lo embestía, era feliz, no lo podía ocultar. Hibari quería hacer el amor por primera vez, no tuvo que obligarlo abrir sus piernas, no tenía que limpiar el rastro de sangre por entrar a la fuerza. Era feliz haciendo el amor.
Una brutal mentira, no estaba haciendo el amor.
Estaba tan feliz que no dudo más en dejarlo ir al inodoro, compro ropa y un abrigo para que no sufriera más por lo fríos de las madrugadas. Corto su cabello para poder seguir viendo esos fascinantes ojos azul destellantes; sus ojos eran lo más hermoso, desafiantes y fríos.
—Hibari-san ¿has empezado amarme aunque sea un poquito? —pregunto guardando la tijera que uso para cortar el cabello de Hibari.
—Ni un poco. —fue una respuesta tan directa, tan venosa que hizo gritar agonizante a su corazón.
¿Por qué no lo podía amar? Estaban en el tercer mes de estar viviendo juntos, y todavía no era amado. Trato de sonreí, tendría que ser más paciente para que Hibari le dijera que lo ama. Porque ellos estaban unidos por el hilo rojo.
Mentira.
—Solo quiero libros y algo para poder escribir. Algo que me mantenga lo suficiente ocupado, mientras no estas.
Si hubiera sabido, para que quería los libros y los lapiceros, jamás se lo hubiera dado. Ese día no tomo el tren, sino saco su automóvil que era de su padre, estaba camino de regreso a su casa cuando encendió la radio. La noticia que Hibari estaba siendo liberado lo golpeo. Giro bruscamente en la carretera, escuchando que la alerta de su confiscación estaba escrito en numerosos libros. Se sentía tan engañado. Le dolía el pecho, Hibari lo engaño para huir de su lado.
Solo quería que lo amara. Se aparcó cerca de la calzada de la playa, miro el cielo que estaba empezando a cambiar de color, busco en la guantera algún disco para escuchar antes de decidir qué hacer. Estuvo un buen rato escuchando música y observando como el cielo cambiaba de rojizo a negro. Salió de su automóvil, deshizo el nudo de su corbata, se dirigió hacia la playa. A esa hora se encontraba desierta, con cada paso que daba se aleja de la grave voz Janis Joplin cantando Maybe.
La arena se metía en sus zapatos poco le importaba. Lo único que quería era que Hibari lo amara. Recordó las palabras de Hibari «nunca te amare» en ese momento no las tomo enserio, con algo de tiempo. Más tiempo Hibari lo amaría.
Todo era una sucia mentira.
Si regresaba, seria arrestado. Viviría en una celda, lejos de Hibari, sin poder amarlo, solo viendo barrotes. Sonaba tan aterrador. El agua cubría sus rodillas, el agua estaba fría, el agua no era azul si no negra. El mar seria el lugar donde guarde la memoria de su amor. El agua cubría su pecho no se detuvo, sin Hibari al regresar a su casa, no valía la pena regresar.
El mar se tragó el amor Tsunayoshi. El mar trajo paz a ese corazón que nunca fue amado.
—Encontramos su cuerpo. Intuimos que fue un suicidio. —Reborn informo a Hibari, varios días después de encontrar el cuerpo Tsunayoshi.
No sentía tristeza, odio ni felicidad. Solo un vacío que jamás seria llenado. Se dio la vuelta y se alejó de Reborn tenía trabajo que terminar cuando llegara a su casa.
Biien, al final Tsuna se suicido. Lo siento por si querían un final feliz!
