Disclaimer: Haikyuu y sus personajes pertenecen a Haruichi Furudate.
3rd Years
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Iwaizumi estaba sentado en el banco de los vestuarios, callado, como todos. Matsukawa, apoyado en una de las taquillas —no una cualquiera, la suya, ocupando la mitad de la suya y la de Takahiro, de hecho— solo toqueteaba la florecilla que llevaba colgando del bolsillo del uniforme. Hanamaki miraba el móvil subiendo y bajando en su Timeline de Twitter sin ver nada realmente, lo hacía por hacer algo con las manos, por poner su vista en algo que no fuera ese vestuario. Oikawa daba vueltas, por ese vestuario. A veces en silencio, algunas veces tras pasar por cuarta vez por el mismo sitio recordaba alguna anécdota. Que si «en esta esquina tiró Perro loco la gomina de Kindaichi», «en esta taquilla salió moho en segundo y nunca supimos por qué», «esta taquilla es la de Kunimi, quien diría que usa un champú especial para dejar el pelo ultra liso». Esa y demás anécdotas, comentarios, tonterías varias, eran dichas por el ya ex-capitán del equipo de voleibol de Aoba Johsai mientras el resto solo estaba en silencio.
—Chicos, dejad de haceros los duros, es el ultimo día que pisaremos este vestuario. Id con Oikawa a recordar momentos dando vueltas —pronunció Hajime echando un poco para atrás su espalda mientras tiraba el diploma recién recibido y jugaba a atraparlo en el aire.
La situación era rara y al mismo tiempo normal. Acababan de graduarse. Algunas madres habían llorado, otras reído al ver a sus hijos nerviosos por recibir un diploma, algunas hermanas presumían de hermanos y algunos sobrinos como Takeru se habían dedicado a arrancar flores de los adornos de la sala cuando nadie lo veía para luego tirárselas a su tío.
Pero sin lugar a dudas los alumnos de tercero que estaban en clubs deportivos habían ido a ver sus respectivos gimnasios, canchas, vestuario y hasta sala de materiales. Matsukawa juraba haber visto a algún chico despedirse del aro de baloncesto, Takahiro se había reído, Iwaizumi no se lo creía y Oikawa se callaba el hecho de que quería hacer lo mismo con su red de volei.
La nostalgia se respiraba a cada segundo pero eran demasiado orgullosos como para reconocerlo, todos menos Oikawa. Tooru era raro y a veces inteligible, eso lo tenían muy claro, pues aunque era un chico orgulloso a veces no dudaba en mostrarse tal y como era. Y la prueba estaba ahí, mientras se emocionaba recordando cualquier cosa. Realmente los cuatro estaban igual pero eran algo más coherentes que Oikawa y sabían que si se dejaban llevar acabarían hechos un mar de lágrimas. Y no querían eso, no claro que no. Solo se habían graduado, no se moría nadie. Solo dejaban un instituto en el que crecieron, maduraron, perdieron y ganaron. Llorarían y mucho.
—¿Por qué no lo haces tú, Iwaizumi?
—Estar aquí ya me vale.
—No le creas Mattsun, Iwa-chan rompería a llorar por eso no lo hace.
Takahiro rió y Matsukawa solo cerró los ojos. Eso ya lo sabían todos, él mismo quería llorar de pensar que no volverían a pasar tanto tiempo juntos ni a vestir esa equipación celeste y blanca.
—Cállate Kusokawa, que en minutos estarás en mi hombro y te tendré casi que sonar los mocos.
—Yo diría que más bien se los quitarías de un puñetazo —aportó Takahiro antes de guardar el móvil, que en ningún momento había mirado realmente, y andar hacia Oikawa—. Watari se hizo una brecha en la cabeza al darse con este banco, ¿te acuerdas? A Kindaichi casi le da algo al ver tanta sangre.
—A quien no, parecía que se desangraba vivo.
Hajime había aparecido al lado de Tooru y Takahiro sin que se dieran cuenta. Issei estaba detrás de Iwaizumi. Cuando caía uno era posible resistir, si un segundo abandonaba el barco, todos iban a la deriva. Solidaridad podría llamarse, estupidez y masoquismo según Hajime.
—¿Os acordáis cuando Oikawa se cambió en esa esquina a la bulla porque tenía una cita y llevaba calzoncillos de aliens? —Matsukawa miró a Oikawa y a la esquina respectivamente mientras lo decía. Tooru enrojeció hasta las orejas.
—Molaban y molan, son mis calzoncillos de la suerte. Me los pongo solo en ocasiones especiales.
Iwaizumi rompió en risas seguido de Hanamaki, Oikawa se quejó como un niño pequeño mientras Matsukawa le palmeaba la espalda. Era la última vez que podrían reírse de Tooru en ese lugar y como capitán.
—Un momento —interrumpió Takahiro tras reír un buen rato—, si son tus calzoncillos de la suerte, ¿por qué no los usabas para los partidos?
Issei asintió a la pregunta mientras Oikawa se cruzaba de brazos antes de pensar una escusa que no pudo ser dicha, pues Hajime fue más rápido que él.
—Lo hizo una vez, en primero, y el hecho de que fueran negros con aliens en verde fosforito hizo que se le transparentaran enteros mientras jugaba y más al sudar. Se los tuvo que cambiar en el descanso entre sets.
—¿No jodas?
Los chicos miraron a Tooru con los ojos abiertos de par en par antes de volver a reír mientras comentaban no recordar tal suceso.
—En primero no nos hablábamos tanto. Yo era armador suplente y vosotros ni jugabais.
—Tan agradable como siempre —comentó Hanamaki mientras le daba un codazo—. En primero apenas éramos amigos, eras un chulo además. Siempre «Iwa-chan, Iwa-chan» no parecías fácil de tratar.
—No es fácil de tratar, es un ególatra irremediable pero supongo que te acostumbras. O quizás solo yo que llevo toda la vida con él.
Los demás asintieron mientras Oikawa enfurruñado por ser el centro de bromas se iba a seguir recorriendo un vestuario que no le volvería a verse cambiar. Un vestuario donde no se volvería a poner el protector en la rodilla derecha ante una atenta mirada de Iwaizumi que rebosaba preocupación. Una mirada que siempre iba seguida de un «Precaución, está perfectamente bien». No, ese vestuario sin embargo volvería a escuchar los gritos de Kyōtani cuando el entrenador le castigaba o cuando Yahaba consiguiera hacerle perder los nervios. También volvería a escuchar los tarareos que Kunimi mientras se cambiaba de ropa y que nadie comentaba porque, era demasiado gracioso como para arriesgarse a que lo dejara de hacer. Esa habitación también volvería a ser testigo de cómo Kindaichi se engominaba el pelo de forma perfecta tras cada ducha. Definitivamente ese vestuario seguiría contando con muchas manías de los miembros del equipo y con muchas risas y anécdotas; con lo que no contaría sería con la presencia de los chicos de tercero ni las vivencias y costumbres de estos.
El vestuario no volvería a ver como Oikawa sacudía las manos sin motivo aparente antes de salir a la cancha, donde repetía el movimiento. Tampoco vería como Issei se ataba con dos nudos el tenis del pie izquierdo pero solo con dos el del derecho. Tampoco como Hajime se echaba el desodorante con el olor más atrayente de todos. La marca de nacimiento en la espalda de Takahiro que tenia forma de media luna según Oikawa, de coma según Kunimi y de sabe dios qué más según cada chico; era algo que tampoco volvería a verse en esa habitación.
Los de tercero se iban y con ellos muchas, demasiadas vivencias. Era una perdida para esa habitación y para el club pero aún más para ellos que dejaban atrás una parte de ellos.
Iwaizumi se separó del grupo y fue hacia su taquilla. Los demás le siguieron sin tener nada mejor que hacer. El chico sacó una llave de su bolsillo y abrió ese compartimento sin esperar nada realmente, solo para verla una última vez, sin embargo encontró algo más. Al abrir la taquilla un cartelito colgado acaparó toda la mirada de Hajime el cual no dudó en cogerlo y releerlo, aunque ya lo había leído a una velocidad superior que los aliens de Oikawa que viajaban por el espacio.
«Gracias por todo»
Simplemente eso decía la nota. Aun así Hajime no pudo evitar sonreír con nostalgia y con tristeza. Luego se giró y se la enseñó a los demás que no dudaron en abrir sus propias taquillas para encontrar la misma nota, excepto Oikawa. La de Oikawa incluía un vocablo más, solo uno.
«Gracias por todo, capitán»
Y como ya sabían ellos que pasaría: lloraron. Y quizás empezó Hanamaki fingiendo tener algo en el ojo. Escusa demasiado cliché, algo que no dudó en señalar Matsukawa mientras él mismo mordía su labio intentando controlar el temblor. Luego Tooru pasó de apariencias y demás, y se largó a abrazar a Hajime con la misma fuerza que lo hacía cuando tenían siete años y su madre le regañaba. Iwaizumi tardó menos de un minuto en unirse al resto, no sin antes decirles que eran unos «sentimentales», claro que él era uno más.
Ninguno dijo nada en un rato y solo pudieron maldecir y agradecer a partes iguales a sus kōhais por esas notas. Eran pocas palabras, era un gesto sobrio y simple, pero significaba todo y más. Ese vestuario no los volvería a ver pero su presencia era algo que nunca abandonaría ese lugar.
Ninguno dudaba eso. Ni ellos, ni los alumnos de primero y segundo que tras escuchar los sollozos tras la puerta decidieron irse y dejarles desahogarse antes de despedirse de forma adecuada. Yahaba suspiró conteniendo las lágrimas, realmente todos eran unos sentimentales, era algo que no podía negar mientras revolvía el siempre engominado pelo de un Kindaichi que ya se sorbía los mocos sin poder contenerse.
Lo digo y lo diré siempre, en los mangas deportivos las graduaciones son peor que una muerte joder, destrozan el alma y más. Dios adoro a los chicos de tercero, tan geniales, tan entregados, tan fuertes como vimos en el cap 148... Aish que dolor aún no lo supero. Por cierto las manías me las he inventado todas excepto lo de las manos de Oikawa quien sabe porque pero hace eso varias veces en el manga.
Ahora me iré a llorar con Kindaichi, le sonaré yo los mocos.
