¡Hola!
Bueno, aquí está el capítulo. Espero que os guste.
Yo solo quería una cosa:
que su forma de ser no cambiara.
Porque estaba claro que yo no
sería nunca como su mejor amigo,
que no me querría igual...
Pero, aún así, ¿por qué me trataba de tal forma?
Me llamo Armin Arlet y las pesadillas empezaban a afectarme demasiado...
Chapter 4: Su mejor amigo.
Hoy era un día diferente. Hacía calor y el sol brillaba plenamente en lo alto. Además que se oía a una bandada de pájaros cantar alegremente. El solo hecho de mirar por la ventana me hacía recordar mis veranos de cuando era niño. Aquellos en los que no tenía preocupaciones. Aquellos en los que solo quería saber qué había detrás del muro. Aquellos en los que, pasara lo que pasara, siempre era feliz.
Y, de repente, me sentí lleno de vitalidad. Tenía ganas de entrenar. De enseñarle al mundo quien era. Solo quería mostrar que nunca más sería una carga para el equipo.
Porque hoy me esforzaría al máximo. Daría lo mejor de mí.
Así que, muy bien decidido, me quité de golpe la venda de mi cabeza. Estaba completamente curado; incluso mejor que eso. También me vestí deprisa y, por un momento, noté el orgullo recorrer mi cuerpo al ver el parche de la Legión de Reconocimiento puesto sobre mi pecho e, inevitablemente, hice el saludo. Me llevé el puño derecho al corazón, y el izquierdo a la espalda.
Estaba feliz. En esos momentos no pensaba en ningún triste hecho del pasado. Me veía envuelto en un aura de energía, del cual no saldría hasta que no comenzáramos las prácticas. Por hoy, mostraría que verdaderamente valgo la pena.
Cuando salí del cuarto el pasillo estaba plenamente vacío. Seguramente estaban todos desayunando o alguno ya habría salido a empezar el entrenamiento. Y es que ese era nuestro día a día. Pero lo que llegó a extrañarme es que Eren no hubiera ido a buscarme. Quizás me había levantado más pronto que de costumbre. Aunque mi idea fue negada cuando oí unos pasos acercándose hacia mí. Seguro que ese era E…
-¿Jean?
Paró en seco y me miró directamente a los ojos. Era evidente que no esperaba encontrarse conmigo, al igual que yo no esperaba encontrarme con él.
-Armin… Eh… -llevó la vista al techo, luego al suelo y después otra vez a mí-. Yo…
Realmente me estaba extrañando su comportamiento. Parecía más nervioso que nunca, como si fuera a decirme un secreto o algo por el estilo. Y yo, sin poder evitarlo, solté una pequeña carcajada. Cuando Jean se fijó, observé que sonreía cortamente. De repente noté mis mejillas calientes.
-El capitán Rivaille ha decidido que hoy no harás entrenamiento.
Toda la felicidad que tenía en el cuerpo se fue de golpe.
-¿¡Qué?!
-Ya ves –dijo sonriendo. Al parecer creía que esa noticia me alegraría-. ¿Es raro, eh? Ese hombre parece un sujeto sin corazón, pero en el fondo se preocupa por su equipo… Bueno, como sea, que hoy puedes quedarte descansando en la cama.
-Pero…
-Solo venía para decírtelo.
No sabía que decir. Jean se iba a dar la vuelta y yo me mantenía rígido y apretando mis puños; más enfadado que nunca.
-¡Estará de broma! –elevé la voz, llamando su atención-. ¡No pienso volver a ser un lastre! ¡Hoy daré lo mejor de mí en el entrenamiento y nadie me lo va a impedir!
Estaba muy decidido y con esa idea en mente empecé a caminar. Iba a pasar de largo al lado de Jean pero hubo algo con lo que no contaba. Justo cuando estaba más cerca de él. En ese preciso instante que ya iba a pasar por su derecha… Él estiró el brazo y con sus dedos índice y pulgar me dio un pequeño golpe en la frente.
No me hizo daño pero di un paso hacia atrás y me llevé las manos a la frente. Lo miré sorprendido, pero lo que más me extrañó es que él llevaba una juguetona sonrisa en su boca. Aunque me había cabreado ese golpe, no pude evitar sentir calor en mis orejas. Incluso creo que llegué a sonrojarme.
-¿A dónde te crees que vas? –dijo, intentando poner tono serio-. Ya te he dicho que hoy te toca descansar.
-¿De qué vas? –dejé de tocarme la frente-. ¡Ya te he dicho que hoy voy a entrenar! ¡Y tú no me lo vas a…!
De golpe, mi boca se vio atrapada por la suya. Un profundo beso que hizo sonrojarme por completo. Noté que su mano agarraba mi barbilla y que, por un poco, mis pies estaban de puntillas. Al separarnos yo sabía que mi cara estaba completamente roja, pero Jean solo mostraba una victoriosa sonrisa. Lentamente se acercó a mi oído.
-Estás rojo… -susurró-. Seguro que tienes fiebre; vuelve a tu cuarto.
No era dueño de mis actos. No podía controlar mi cuerpo. Y así me di media vuelta y caminé directamente hacia donde Jean me había dicho.
Al abrir la puerta fui sin rodeos a sentarme en la cama. Estaba completamente hipnotizado. Como en una burbuja. La cara me ardía y los ojos los tenía entrecerrados. Sentía que mi pecho iba a estallar y, por suerte, estaba sentado, porque las piernas me temblaban tanto que no podía mantenerme de pie.
Y es que, aunque en esos momentos no era consciente de ello, algo en mi interior empezaba a crecer. Jean estaba haciendo que yo me encontrara de esa forma. Lo peor de todo era que, en verdad, no resultaba ser tan malo.
ººººººººººººººººº
Sentí un pequeño pinchazo y luego abrí los ojos. ¿Me dormí? Ni si quiera recordaba en qué momento me había tumbado en la cama. Pero aún así, era obvio, después de estar con Jean yo…
Jean…
Noté como mis mejillas se calentaban lentamente. Y no me sorprendí lo más mínimo.
Jean…
Ese beso…
Su mano rozando mi piel…
El susurro en mi oreja…
Jean…
Demonios. Ya había olvidado por completo esos momentos en los que no paraba de llorar por la misma persona que ahora recorría mis pensamientos. ¿Por qué de repente había cambiado completamente su actitud? En cierto modo, estaba muy feliz, pero la preocupación de que Jean volviera a hacerme daño no se iba de mi cabeza. Me sentía en una montaña de emociones y… ¡Me frustraba! ¿Acaso yo era una chica con la regla o algo por el estilo? ¡Maldición!
-¡Estoy agotada!
Ese gran suspiro que oí procedente del pasillo hizo que volviera a la realidad. No sé ni cómo lo hice, pero en seguida me vi abriendo la puerta de mi cuarto y cruzándome cara a cara con Connie y Sasha. Estos pararon en seco notablemente sorprendidos. Sinceramente yo no me quise centrar en ellos. Muy en mi interior estaba deseando ir a ver a alguien en concreto, pero al parecer a los dos presentes les gustaba mucho interrumpir mis planes.
-¡Armin! –dijo Sasha, colocándose justo en frente de mí-. ¿Qué tal, amigo? ¿Cómo te encuentras?
-Yo… Eh, bien, muy bien.
Intentaba por todos los medios salir de esa situación, aunque Connie y Sasha no me lo dejaban tan fácil.
-Te ves mucho mejor –siguió él-. ¿Y te quitaste la venda? Wow, no pensaba que te recuperarías tan rápido.
-Sí… Eh…
-¡Cierto! –Sasha sonrió abiertamente-. Has tenido suerte de no ir hoy entrenar…
-¡Ni me lo recuerdes! –las manos de Connie fueron directas a su cabeza-. Lo de las vueltas alrededor el cuartel casi me destroza…
-Chicos…
-¿Y las flexiones? ¡Eso sí que fue horrible!
-Chicos…
-¡El capitán Rivaille se ha pasado!
-¡Chicos! –alcé la voz sin quererlo-. ¡Necesito ir a ver una cosa! ¿Nos vemos luego, si?
Mis dos amigos se miraron entre ellos para luego sonreír.
-Claro, compañero –soltó la castaña-. ¿Querrás ver cómo está Jean, verdad?
La cara se me calentó de golpe.
-Eh… ¿¡Qué?!
-Sí… -Connie sonrió pícaramente-. Se ve que le tienes mucho aprecio, eh Armin…
Lo hubiera negado. Mil y más veces. Pero, además de que las palabras se me habían atragantado en la garganta, mi sonrojo fue el gran delatador.
-¡No-o! ¡Yo-o no!
-Mírale cómo se sonroja…
-Armin, Armin…
Ya no podía más. Iba a estallar. Por lo que, sin poder decir ninguna palabra, empujé a Connie hacia un lado con el codo y seguí mi camino. Ya hasta se me había olvidado por qué me alegré tanto al oír gente en el pasillo. ¿Qué demonios les ocurría a esos dos? ¿De qué iban? Es que… ¿Acaso se me notaba que a mi Jean…?
Negué rápidamente con la cabeza.
Apreciaba a Jean, pero no como ellos pensaban.
No así…
Cuando me quise dar cuenta, ya me encontraba en el gran comedor. Todos estaban notablemente agotados, y aún así se tomaban la molestia de saludarme, preguntar por mi salud, incluso sonreír abiertamente… Ellos sí que merecían descansar. Ellos sí que merecían estar un día entero en la cama. Ellos sí que merecían estar cómodos. Por ello me sentía como un gran peso en el equipo. ¿Realmente yo era útil?
-¡Armin! –enseguida noté como un brazo rodeó mis hombros-. ¿Cómo te encuentras, amigo?
-Eren… -llevé mis ojos directamente al suelo-. Más importante, ¿cómo estás tú? ¿El entrenamiento fue duro?
-Bueno… -notaba su cansancio, su respiración costosa y su sudor; aún así él sonreía-. Hoy se ha centrado en la resistencia… Además de que no me han hecho transformarme en titán. La verdad, Hanji-san no ha vuelto a mencionarme el tema.
-Qué extraño…
-Eh –lo miré a los ojos. Su boca mantenía la sonrisa-, ¿qué te ocurre?
-No es nada, Eren.
-Vamos –se colocó en frente de mí, agarrándome los hombros con sus manos-. ¿Somos mejores amigos, no? Puedes contármelo… ¿Es por lo de anoche? ¿Sigues molesto por lo de Jean?
-No… Yo…
De repente, haciendo que mi frase quedara incompleta, Jean entró al comedor. No llevaba la cara seria de siempre. Sonreía. Sonreía de una manera la cual hacía mucho que no veía. Y era porque no venía solo. Justo a su lado estaba él. Con el que él siempre sonreía de esa forma. Con el que su mal humor nunca parecía estar presente. Su mejor amigo. Marco. Mi cara en ese momento era imposible de describir; sentía que mis ojos y mi boca no se podían abrir más, además de que las piernas me empezaron a temblar repentinamente. Imposible. Lo que veía era imposible.
Estaban los dos, como siempre habían estado. Entablando una de sus conversaciones en las que Marco sonreía risueño y Jean mostraba una cara de comodidad y felicidad que solo había visto cuando estaba con el de pecas.
El pecho comenzó a dolerme de manera punzante.
-¡Hola chicos!
Marco nos saludó abiertamente, pero yo solo podía mirar a Jean, el cual lanzó una mirada de asco a Eren y, posteriormente, clavó sus ojos en mí. Unos ojos oscuros, sin sentimientos, dolorosos. Porque eso era lo que me hacían sentir. Dolor. Eran los mismos ojos con los que me miraba tiempo atrás. Cuando apenas nos conocíamos. Cuando su mejor amigo era su único acompañante.
-¡Hola Marco! –saludó Eren-. Y… Cara caballo.
-Ojos de moho…
Y como vinieron; desaparecieron. Cerrando la puerta tras de sí.
-Bueno, ¿y qué me estabas…? ¿Armin?
-Mar… Marco…
Eren apretó sus manos que se encontraban en mis hombros. Sabía que me estaba mirando a los ojos, pero yo solo podía observar por donde se habían ido esos dos. Me encontraba tan mal que ni si quiera tenía ganas de llorar. Apenas sabía qué hacer. Qué pensar.
-¿Qué pasa, Armin?
Apenas oía la voz de Eren…
-¡Armin responde!
Apenas notaba como me balanceaba…
-¡Armin, por favor!
Apenas podía ver…
-¡ARMIN!
Apenas notaba mi corazón…
.
Y me incorporé. Sentía una gran presión en el pecho, un sudor en mi frente y una respiración agitada. Entonces comprendí que todo fue un sueño.
Y qué sueño…
Hasta aquí el capítulo.
Bueno, la verdad es que no sé si borrar esta historia. Al principio estaba muy entusiasmada por escribirla y esas cosas... Pero ahora ya no creo que sea tan buena como pensaba. No sé... Supongo que ya veré lo que hacer.
¡Un saludo!
