¡Hola!
Bueno, como podéis pensar mi imaginación no está por la labor y, la verdad, me costó bastante escribir este capítulo. Aún así, espero que os guste, y perdón por la tardanza.
Muchas gracias a Guest y Maru-chan por sus reviews. Y muchas gracias a todos los que siguen la historia.
Chapter 5: Solo quiero ser como él.
Era de noche. No se oía absolutamente nada en todo el cuartel. Solamente mi pecho, subiendo y bajando por lo que me costaba respirar en ese momento. Me sequé el sudor de la frente con el brazo y tragué saliva. Me encontraba incorporado en la cama y algo me decía que no iba a poder volver a conciliar el sueño.
Maldita pesadilla…
Y ya que no podría dormirme, me levanté para ir al baño. Para ello salí de mi cuarto y empecé a caminar por el oscuro pasillo. En otras circunstancias, ahora tendría miedo. Pero, sinceramente, no podía. Mi mente estaba envuelta por el sueño que acababa de tener. Entonces no podía pensar siquiera en la poca luz que había.
Al llegar al cuarto deseado, fui directo al grifo de agua para mojarme la cara. Tan concentrado estaba en refrescarme que ni si quiera oí la cisterna de unos de los retretes. Sentí un gran escalofrío y como el alma se me bajaba a los pies. Al final sí que iba a pasar algo de miedo…
-Así que eras tú…
Nunca había sentido tanto alivio al ver salir a alguien de un baño.
-Ah… Jean… ¿Qué haces aquí?
-¿Enserio? –alzó una ceja-. ¿Qué crees que voy a estar haciendo en el baño?
En otra ocasión me habría sonrojado o puesto nervioso. Pero no sabía qué me pasaba. No sentía… Nada. Solo quería volver a mi cuarto. Relajarme al tumbarme en la cama. Olvidar aquella pesadilla.
-Bueno, pues me vuelvo a mi habitación –dije, dándome media vuelta-. Te dejo que hagas las cosas típicas que se hacen en un baño.
-¡Un momento!
De repente, cuando me quise dar cuenta, me encontraba acorralado entre los brazos de Jean, con la pared a mi espalda. Obviamente me había sorprendido ese gesto. Pero era completamente diferente a las anteriores veces. Ni notaba mis mejillas arder, ni mi pulso acelerado… Nada.
-Se me están ocurriendo más cosas que hacer en un baño –dijo sonriéndome pícaramente-. Pero voy a necesitarte…
-Jean –mi tono hizo que se pusiera serio-. Estoy cansado, solo quiero irme a dormir.
Se quedó callado durante unos segundos, que parecieron horas. Veía a sus ojos analizarme lentamente, hasta que al final se dignó a hablar.
-¿Qué te ocurre?
Su voz había sonado tan seria… Tan preocupada y verdadera, que me sorprendió mucho más que el hecho de cuando me arrinconó contra la pared.
-No es nada.
Su ceño se frunció con cabreo.
-Dímelo.
De repente, y con esa simple palabra, noté la tristeza de golpe. Todo lo que se me había acumulado anteriormente ahora había salido a flote. Mis ojos estaban comenzando a inundarse y sentía una presión en el pecho muy angustiante. No. No le iba a dar el gusto de verme llorar. No lo quería volver hacer. Quería ser como segundo atrás. Insensible. No notar nada cuando se me acercara. Ser más… Como él. Y, aunque sabía que eso era imposible, seguí reteniendo mis lágrimas.
-¡He dicho que no es nada!
Lo empujé con tal fuerza que me sorprendió. Y, por su cara, no era al único. Pero su cabreo volvió en un abrir y cerrar de ojos.
-Sígueme.
Casi sin darme cuenta me llevaba a rastras por el pasillo, mientras me agarraba con fuerza de la muñeca. Intentaba frenarle como pudiera, pero era imposible. No solo contaban la cantidad de centímetros que Jean me sacaba, sino que él era mucho más fuerte que yo y, además, estaba bastante enfadado. Así que, de tal forma, fue como llegamos a su cuarto. Él abrió la puerta con rapidez y me tiró a la cama. Cuando quise darme la vuelta Jean ya me había bloqueado entre sus piernas y sus brazos. Y no sé por qué, pero mis mejillas no ardían como siempre.
-¿Me lo vas a contar ya?
Sus ojos castaños brillaban por la luz de la luna que entraba por la ventana. Sentía que si los seguía mirando le contaría todo, así que simplemente giré mi cabeza. Pero mi gesto fue interrumpido cuando Jean llevó su mano a mi barbilla y me obligó mirarle a la cara. Y aún así, no estaba avergonzado por esa situación. Más bien estaba algo enfadado.
-Jean –sus ojos se centraron en los míos-, no me ocurre nada. Ahora, ¿puedo irme ya?
-Tsk…
A penas oí su chasquido de lengua cuando sus labios ya estaban pegados a los míos con lujuria. Lentamente metió sus manos por debajo de mi camiseta y se deshizo de ella arrojándola al suelo. Llevó su boca a mi estómago plantando pequeños besos por este. Ahora sí que mis mejillas empezaban a tener calor y, además de eso, mi cuerpo no reaccionaba, me sentía completamente a su merced. Entonces fue cuando llevó su mano derecha a mi pezón. El cual empezó a retorcer con lentitud haciéndome soltar un pequeño gemido.
-Je… Jean…
De repente, se incorporó un poco. Abrí los ojos para observar cómo se quitaba su camiseta de pijama y dejaba al aire su cuerpo moldeado por el duro entrenamiento. Él seguía concentrado en mí y, rápidamente, llevó su boca a la mía, juntando nuestras lenguas en pequeños movimientos. Yo sentía mi cuerpo sudar, mis mejillas arder y mis ojos cerrados de manera brusca, además del pectoral de Jean rozando con el mío. Sus labios jugaban con los míos como si de un baile se tratase.
Después llevó sus manos a mis mejillas y empezó a besarme la oreja, la barbilla, la nariz… Y yo solo permanecía con los ojos cerrados, dejándole que hiciera todo lo que quisiera. Mientras mi pulso crecía por segundos.
-Yo… no…
-Cállate… maldito…
Noté como bajaba su mano. Con lentitud. Recorriendo cada parte de mi cuerpo. Hasta que llegó a las piernas y, sin yo darme cuenta, me quitó el pantalón y los bóxers. Dejándome completamente al descubierto. No pude evitar llevar mis manos a la cara, sintiéndome completamente avergonzado. Pero en seguida Jean los apartó, haciéndome mostrar mi cara frente a la suya. Al abrir los ojos pude ver que él también tenía las mejillas coloradas y su sudor bajaba por la frente.
De nuevo bajó su mano lentamente a mi pierna. Y, mientras con una mantenía mi mano izquierda alejada de mi cara, con la otra agarró con cuidado mi miembro. Lo primero que noté fue que apretó con fuerza la mano que él sujetaba y, después, un fuerte placer cuando empezó a masajearme en mi intimidad.
Unos minutos de vaivén ahí abajo para que posteriormente Jean se deshiciera de su ropa, quedando al descubierto como yo. Dejando ver su, me consta decir, miembro más grande que el mío. Sentía el líquido preseminal acumulándose.
-Agñ… Je… Jean…
Entonces separó mis piernas con rapidez. Él se mantenía entre medias hasta que con la mano sujetó su pene. Noté la punta en mi agujero y sentía que lo que seguía me iba a doler. Como las veces anteriores. Aún así, yo me mantenía sumiso. Entonces, lentamente, su miembro fue introduciéndose en mí, haciéndome soltar grandes gemidos. Porque, para ser sinceros, notaba una gran satisfacción y excitación en todo mi cuerpo.
-¡Agh…! ¡No! ¡Je…!
-Relájate… Estás muy… estrecho…
Cuando ya estaba completamente dentro de mí, Jean colocó mis piernas en sus hombros y, de manera más brusca, empezó a moverse. Oía su respiración agitada, y por no hablar de mis gemidos. Cada embestida que él me daba hacía que mi boca soltara ruidos de placer. Intentaba por todos los medios morderme el labio inferior y así mantenerme callado, pero era imposible.
Más y más embestidas…
Más y más liquido…
Llevé mis manos a cada lado y agarré con fuerzas las sábanas, mientras que oía también algún que otro gruñido de Jean. Entonces, sorprendiéndome levemente, este llevó sus manos a mis caderas y me aferró a él con fuera, rodeándome con sus brazos. Su miembro seguía introducido dentro de mí, por lo que, mientras me abrazaba, sentía más embestidas. Ahora los dos soltábamos cortos gemidos. Notaba su pecho sudoroso contra el mío, además de cómo el líquido iba aumentando en mi pene.
-No… No puedo… Más…
Él me apretó más a su cuerpo.
-Ahora… Los dos… Juntos…
Y, casi sin poder evitarlo, solté todo lo que había acumulado ahí abajo. Sintiendo una gran excitación recorrerme por todo el cuerpo. Caí tumbado en la cama con Jean a mi lado. Los dos respirando costosamente y con las mejillas rojas, además de todo el sudor y semen que se había desparramado por la cama. Él sacó su pene de mí, el cual había olvidado por completo de lo concentrado que estaba en mi excitación. Entonces noté algo nuevo. Un líquido salía de mi orificio.
-Me he corrido… Dentro de ti…
Ahí estaba la respuesta. Por eso esa sensación. Por eso tanta excitación. Jean nunca… Nunca se había corrido dentro de mí. Siempre que yo iba a soltar mi semen, él sacaba su miembro y lo echaba también. Nunca hizo lo que había hecho esa noche.
-Armin…
Oía que nuestras respiraciones iban al unísono. Entonces me giré como pude para mirarle a los ojos.
-¿Qué es lo que te ocurría?
Noté que la satisfacción se me bajaba de golpe, y dejé de mirarle.
-Nada.
Entonces, agarrando mi barbilla con su mano, Jean hizo que nuestras caras quedaran a centímetros, para después introducir su lengua en mi boca. Uniéndonos en un profundo beso.
-Sea como sea… Acabarás confesándolo todo.
Y aunque estaba más excitado que nunca y apenas podía pensar, sentí algo de miedo ante esas palabras. ¿Y si Jean llegaba a saber cómo me sentía en realidad? ¿Y si mi tristeza salía delante de él alguna vez? ¿Cómo reaccionaría?
Diablos Jean… Solo tú
podías hacerme sentir
de esta manera…
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Vale, soy MUY MALA escribiendo las partes lemmon, lo siento, ¡intentaré mejorar!
¡Un saludo!
