SABER RIDER, STAR SHERIFF LEADER.
Eward James McKenzie Greysthwwalthry
FIREBALL, STAR SHERIFF PILOT.
Kenji Shinji Hikari Ariyama
APRIL EAGLE, STAR SHERIFF GUIDANCE.
June Elizabeth Crowley Hunter
COLT, STAR SHERIFF SHOOTER.
Thomas O'Brady Smith.
JESSE BLUE, OUTLANDER COMMANDER
Jeremiah Martens Blue
Memories, Like the corners of my mind Misty water colored memories Of the way we were.
S A B L E D R E A M S A N D M E M O R I E S
Cuando miro hacia atrás pienso, con frecuencia, que los sueños son más poderosos que los recuerdos. Mis sueños son vívidos: mis recuerdos, en cambio, son borrosos y lejanos, historias que sólo recuerdo en fragmentos. En sueños, escucho de pronto la voz de April como si hablase en mi oído, fresca y natural, y la risa de Colt, e incluso a Fireball con su acento japonés masacrando la gramática inglesa en su slang. Vivo, y escucho, y en mis sueños soy yo otra vez, no el pálido yo de estos días.
Lo peor es despertar, y saber que ha sido un sueño y que otro día gris me aguarda: que esos días multicolores y legendarios son leyenda, y son pasado.
Mi nombre es Eward. Eward James McKenzie Greysthwwalthry, Lord McKenzie del Planet Scotia, High Lord del consejo Planetario. Para todos los efectos prácticos, soy un terrateniente entre otros y juez de paz de un planeta en que las tradiciones milenarias del norte de una pequeña isla en la perdida Tierra de nuestros ancestros encontró raíces y fue colonizada. Soy el High Lord más joven de muchas generaciones, y seguramente el más joven que habrá, porque recién he cumplido los treinta años.
Ayudó mucho en las elecciones ser un maldito héroe de guerra.
Hubo una guerra hace diez años. Una guerra con otra dimensión. Los Outlanders aparecieron de la nada, dispuestos a invadir la zona más salvaje de la Confederación Universal: la Frontera, una coalición de planetas escasos e inhóspitos en el extremo más alejado de la galaxia. Trece planetas: Scotia, Rejydan, Clavell, Europe, Boreal, Atlantic Pacific, Capricorn, Westmine, Priest John, Kathay, Calandra y Mandalay, y dos asteroides colonizados, Yuma y Fantasy. El resto de la confederación nos ignoró, hasta que con la destrucción de Clavell por los Outlanders y la consiguiente invasión de Nth Grade, el planeta de los Outlanders, la confederación se vio obligada a defenderse y casi perder la guerra. Fue la primera gran guerra interestelar en siglos, y ganamos... apenas.
La confederación había establecido en cada cuadrante estelar una policía federal, autorizada para intervenir en quince sectores, y que trabajaba en equipos, llamados los Comisarios Estelares. Yo era uno de ellos, nombre clave: Saber, por mi habilidad con la esgrima. Mi compañera, una experta en alta tecnología, April, fue conmigo la más brillante alumna del Comando de Caballería, la Academia de los Comisarios, en Westmine.
Parte del secreto era nunca darnos a conocer, para evitar posibles represalias contra nuestras familias. April era hija de un alto comandante de la Confederación, pero él también había ocultado de su nombre. Se hubiera pensado que esa filiación le ayudaba, pero no era así: su padre era un pacifista convencido muy poco popular. Yo pasé unos años como comisario raso, y April como técnica asistente y finalmente diseñadora espacial en el comando, hasta que estalló la guerra.
Fui uno de los primeros en ver lo que llamamos luego a los " seres de vapor". Estaba de patrulla con otros cadetes recién egresados, cuando vimos algo raro en el radar, en un asteroide deshabitado. Como buenos comisarios, fuimos a ver.
Sólo salí yo vivo. Es un crimen, pero ya ni siquiera recuerdo los nombres de mis cinco compañeros que murieron allí. Uno era una chica.
Mi informe se perdió en papeleo, y muy pocos los leyeron. Pero poco después mientras me recuperaba de mis heridas apareció April en la Unidad Médica Confederada, y recuerdo cuánto me impresionó verla.
Can you feel the thunder inside?
Era alta, casi de mi estatura, y tenía formas esbeltas y delicadas, el pelo rubio sujeto con una bandanna de niña largo hasta los hombros, el uniforme de los Altos clasificados de Yuma haciendo poco para disimular su figura juvenil. Después me enteré cómo odiaba ese uniforme lleno de correas y botones, blanco y verde, que la hacía ver verde también. Fue la única persona que pareció creerme, pero en esa época yo era aún ( en sus palabras) un bastardo sexista y el que mis superiores parecieran no creerme invalidaba el que me importase su
opinión.
Debería haberme importado más, porque cuando me llevaron a juicio, fue su testimonio, tras haber investigado nueve incidentes aislados semejantes, que me salvó de la corte marcial. Ella fue la primera en cotejar los datos y determinar que sí, había una grieta en el espacio tiempo, y sí, algo o alguien había pasado de otra dimensión. Un médico civil amigo suyo, Phillippe Mayerhof había analizado los cadáveres, y sólo entonces nos enteramos del uso de las pistolas de vapor. Eran cápsulas de otra dimensión que al entrar en ti... pues los efectos fisiológicos son francamente vomitivos. Es un modo horrible de morir.
Y trabajando juntos por primera vez, logramos recuperar una. Yo la recordaba vagamente de la academia, donde nunca fuimos amigos, curiosamente porque éramos parecidos: solitarios, estudiosos, concentrados. Sabía que había sido campeona de judo, pero eso no me evitó tratar de protegerla caballerosamente, y para mi shock, aunque muy hábil, me lo agradeció. Lo suyo eran los libros, las matemáticas y la física, aunque era rápida con el gatillo y más rápida en el combate mano a mano. Lo mío era la estrategia y los planos.
Cuando logramos robar una pistola de vapor, razonamos que si ellos creían que hacía daño y la usaban, era probable que también los lastimase.
Y descubrimos que un disparo los mandaba de regreso a su dimensión.
Bingo.
Nos condecoraron cuando los dos y Mayerhof logramos duplicarla. La verdad, ellos: yo no tuve mucho que ver tras el escape. Pero igual me consideraron en el descubrimiento, y hasta recibimos felicitaciones de los países centrales de la galaxia.
Sigo pensando que fue eso lo que nos sindicó como los primeros comisarios en la lista de elegidos para el proyecto Ramrod, aparte de que April fuera uno de los diseñadores jefes. Cuando me dieron la noticia de que había sido elegido, casi me caí de la silla: el proyecto Ramrod había sido trabajado en secreto por años, y nadie creía que vería la luz.
No me entusiasmó cuando lo vi por primera vez: era una nave espacial roja y negra, bastante fea, con forma de una caja de fósforos con nariz, sin sellos ni identificaciones. Si hubiera sabido que sería mi hogar por los próximos ocho años, le habría tenido más respeto. Todos pensaban que lo de los seres de vapor o Outlanders no pasaría de una escaramuza, pero el Comandante Eagle no estaba de acuerdo, y como supe después, April, que era su hija, tampoco.
El corazón de Ramrod eran unas turbinas montadas y remontadas a mano por April y sus técnicos, hasta convertirlas en las más poderosas y modulares, como supimos después, de la galaxia. En ese entonces, sólo interesaba llenar los puestos de pilotos, que eran los mínimos: cuatro, uno para navegación, otro para armamento, otro para mantenimiento y otro para coordinación y comunicaciones que estaban libres.
Me da gusto decir que según los psicólogos, April y yo éramos los únicos incompatibles entre nosotros. La verdad fue que los otros dos pilotos, una bella chica pelirroja que más tarde fue la líder de nuestro escuadrón de apoyo, Madarien, y Taylor, un experto en comunicaciones que mataron un año después, eran imposibles. Pero era lógico: en los primeros vuelos de prueba estábamos confinados en un espacio no mayor que una casa suburbana pequeña, y hasta a mí me enloquecía el encierro. Si dos semanas así nos ponía frenéticos, imaginar vuelos de meses nos daba escalofríos. Ramrod volvió al taller para ser reparado, ampliado y retocado, y yo consideré seriamente mi renuncia al proyecto. No por April: los dos teníamos la habilidad aprendida en la academia de quedarnos quietos por largas horas, pero Madarien y Taylor, no.
Poco después de eso volvimos a las pruebas, y me olvidé de la idea de renunciar cuando vi a Ramrod pasar a modo combate por primera vez. De nave torpe se convertía en una belleza, con un poco de forma de robot, un poco de mantis religiosa, que era una máquina de destrozar enemigos. Sólo entonces me enteré del gusto de los seres de vapor por las máquinas de destrucción masiva que habían cobrado miles de víctimas en los planetas de la frontera, y supe que gracias a la previsión del Comandante Eagle y de April teníamos con qué hacerle frente. La nave también fue rediseñada para ser más cómoda y aerodinámica, y empecé a amar a esa caja roja y negra cuando la probé en vuelo. Era todo un whisperliner, suave y maravilloso de volar.
Sólo me frustraba mi torpeza en el módulo de mantenimiento, porque nunca fui ninguna maravilla en chequear sistemas y dirigir una nave en combate. Nuestro encierro se alivió un poco con habitaciones individuales y un salón de recreo, pero aún así era una locura vivir con Madarien y Taylor. Al final de ese viaje inaugural, Madarien renunció ( y me dio una patada, mientras insultaba a April). Taylor resultó enfermo de los nervios y requirió tratamiento.
Así que fuimos nosotros dos solos los que tuvimos que responder una alerta en Yuma, con sólo cinco horas de vuelo, que fueron un infierno con cuatro manos haciendo el trabajo de ocho, para enfrentarnos a una máquina de destrucción ( las llamábamos robots gigantes, pero no es el término oficial) oculta en Yuma que nos dio una pateadura espectacular. Derrotados, tuvimos que seguirla a pleno centro de Yuma, y allí fue que, por el Destino, la mala suerte, karma o como sea que se llame, dos civiles demostraron lo que sabían hacer.
El famoso corredor de carreras de Kathay, experto en Fórmula 0, y ya legendario ocupó nuestro asiento de mantenimiento: y un buscafortunas de Westmine se sentó en el de armamento.
Es difícil explicar qué sucedió, qué fue lo que nos dijo que habíamos hecho diana. Pero basta imaginarse una rueda seca a la que de pronto le ponen aceite, o un automóvil tratando de andar con el cambio equivocado y que de pronto pone el correcto. Ellos eran novatos y civiles: pero Fireball, como lo llamamos en clave sabía más que yo de sistemas de mantenimiento y dirección como corredor de carreras de alta tecnología, y Colt, el vaquero de Westmine era mejor que cualquier piloto graduado en cuanto a armamento, logrando puntuaciones perfectas.
No se imaginan cuánto tuvimos que rogar, suplicar y arrastrarnos para que les dieran entrenamiento básico y el puesto. Además que Colt y Fireball no eran personas con las que resultara fácil vivir: resentían las órdenes, cuestionaban mi autoridad, y eran ruidosos, impulsivos, desordenados, y francamente bocones. April estuvo a punto de dispararles más de una vez: yo hubiera querido echarlos nave abajo.
Pero los viajes se hacían cortos. Y antes de darnos cuenta, llevábamos meses juntos, y a veces meses de vuelo sin problemas. Taylor fue dado de baja, yo tomé el mando de comunicaciones, April navegación, y lentamente, nos volvimos un equipo, una tripulación ideal. Pasamos un par de años en escaramuzas con los Outlanders, y a veces nos jugamos la vida. Y empezamos a ser más cercanos, más íntimos. Fireball siempre mostraba veleidades por volver a su vida libre y exitosa: añoraba el aplauso, la luz del día. Era sólo un muchacho, sensible, cariñoso, y una vez lloró desesperadamente en mis brazos porque quería ser libre. Y lo hubiéramos dejado, si cada vez que lo intentó no hubiera regresado, no por el deber, no por la Frontera, sino porque éramos sus amigos.
Nunca nadie me había llamado amigo, no como lo fui de ellos. No me dí cuenta hasta años más tarde, en que me vi cocinando para ellos, comprando golosinas, francamente planeando cada viaje largo como se planea una fiesta, aunque quizá íbamos derecho a la destrucción. Fireball y Colt eran alegres: alegres, espontáneos, apasionados, y eso cambió mi rigidez y la insularidad de April en risueña aprobación y serena femineidad. Ellos no hubieran podido seguir si no nos hubiéramos hecho camaradas. Nosotros sí, pero no nos dejaron.
Los amábamos por eso.
Colt era mucho más rudo y centrado que Fireball: había sufrido toda clase de privaciones, era un modesto cowboy, y aunque soñaba con grandes hazañas que llegó a realizar al fin, la verdad era que sólo quería el futuro que hubiera tenido sin salir de su patria: un rancho, unas reses, una esposa, hijos. Tenía una boca y un temperamento que no le dejaban pensar lo que decía y un par de veces casi llegamos a las manos por su insolencia. Por supuesto, Fireball lo secundaba, y la nave se volvía una barahúnda.
Yo tenía que jugar el papel ingrato, es decir, ser la voz de la razón, la voz fría, cual red de contención de ambos, y nos peleamos bastante. Nos dijimos muchas cosas crueles, y no fue hasta nuestro cuarto año juntos que, tras que me enamoré de una maestra de escuela, Sincia, y tuve que abandonarla, ellos cambiaron su actitud. Colt me dijo después que eso lo hizo darse cuenta que era humano, como él, y me dijo que empezó a admirar mi fuerza de voluntad.
Romances? Oh, tuvimos muchos. Después de todo, éramos la primera línea de la nueva frontera, lo más romántico posible, y si me disculpan, los tres éramos bien parecidos: Colt tan moreno y atlético, tan ruggedly handsome, con sus ojos sorprendentemente azules y su castaño pelo rizado. Fireball era delicado y juvenil, pálido, con la tez clara y los ojos rasgados, el pelo como tinta un poco largo ( nunca conseguí que se lo cortara a lo militar) y ese aire pícaro y andrógino. Y yo, todo militar, mi pelo rubio corto y mi aspecto escocés, pues no nos faltaba. Rompimos corazones: nos los rompieron varias veces. Mi asunto más serio fue con Lilah, una cantante pacifista, Sincia, que me conquistó con su ternura, y con Marlen, una ser de vapor que era una espía que me demostró que tenían sentimientos: tuve que mandarla de regreso a su dimensión. Cómo me mimaron los chicos después de eso. Colt tenía una novia en cada puerto estelar: pero la más seria era Robin, que conoció en un caso, y Fireball se enamoró perdidamente de la hija de un corredor rival, Sophie.
Pero siempre volvíamos a Ramrod: era nuestro trabajo. Y el hecho que tuviésemos a April, a la que todos amábamos un poco pero que ninguno se atrevía a dar un paso, era un consuelo.
Cuando nos dejaron vestirnos de civil, y a través de los años, April se volvió una belleza asombrosa. Solía usar jeans rojo oscuro y una camiseta a juego, y se dejó el pelo largo, largo como una cascada de oro por la que babeábamos patéticamente. A veces bromeábamos, pero ella nos trataba con maravillosa camaradería, sin un gesto de coqueteo. Creo. Colt decía que era su manera de coquetear. Como fuera, hacía el papel de hermano de armas/ virgen/ madre/ hermana de un modo que no nos permitía sugerir nada, pero que nos hacía adorarla. Creo que las veces que fuimos más brutales fue cuando ella terminó herida: nos enloquecía que le pasara algo, aunque era tan capaz como nosotros. En particular odiábamos que hiciera de agente encubierta, pero era la mejor de nosotros en eso.
Y tuvimos un nuevo motivo de preocupación cuando apareció Jesse Blue.
No era que April no hubiera tenido sus romances, pero siempre fueron muchos menos que los nuestros. A veces se quejaba de que nadie se interesaba en una comisario estrella siempre de viaje, y supongo que los que nos hacía románticos a nosotros a ella la convertía en un prospecto complicado. Aunque una vez oí de un colega que el problema estribaba en que todos pensaban que encerrada por meses con nosotros, tenía que ser al prometida/ novia / amante de alguno, o de todos, y ninguno quería meterse con nosotros. Heh. No lo desmentimos.
Qué? Éramos humanos. Y celosos.
Pero recuerdo que antes de Jesse hubo un joven poeta que le escribía del que ella estaba algo enamorada: un peluquero que conocimos en un caso, mucho mayor que ella, y también un casanova piloto de skull que le rompió el corazón: los tres queríamos matarlo. Y, por supuesto, el príncipe Randolph, el hijo del rey Jared se enamoró de ella, pero April no le correspondió. Ese romance fue tan bullado porque Randolph era un descriteriado: por muy príncipe que fuera y toda su apostura, no tenía la menor de idea de cómo enamorar a una mujer, menos a April, que era discreta y profesional. Randolph le mandaba flores a las ceremonias, se hacía anunciar y se presentaba en los espaciopuertos con la prensa, demandaba audiencias privadas en los peores momentos... podía ser muy guapo, pero April no era estúpida. Creo que sí la amaba a su manera: noté sus ojos, su mirada, un par de veces, fijos en ella con algo muy parecido al verdadero amor: pero April odiaba ser una celebridad, y sus maneras sexistas la ponían frenética. Si no mal no recuerdo, ni siquiera salió con él, a pesar de que Randolph no se dio por vencido hasta un caso en que estuvo con nosotros en Ramrod y nos vio trabajar. No estoy seguro de qué sucedió, pero me imagino que si no April, los chicos deben de haber tenido unas palabritas con él.
Randolph fue una tontería que usábamos para encocorar a April: Jesse era harina de otro costal. Era un año menor que ella cuando la conoció en la academia. April no le prestó atención, aunque recuerdo que Colt me dijo que ese muchacho se la comería con zapatos si lo dejaban. Dicho y hecho: Colt tenía instinto para esas cosas. Cuando April lo rechazó, él trató de violarla: campeona de judo o no, él era muy bueno, y estuvo en un tris. Humillado, Jesse se pasó a los seres de vapor, convirtiéndose en el primer renegado en servirlos. Si hubiéramos sabido cuánto daño nos - y le- haría ese muchacho atlético de ojos rasgados y cabello largo, lo hubiéramos matado ese día.
Jesse se convirtió en nuestro némesis, y nunca pude dejar de pensar en cuán gran comisario estrella hubiera sido. Era brillante, maquiavélico, experto en todas las áreas, genial en psicología, instintivo, diestro y afortunado. Si no hubiera sido por las disensiones entre los Outlanders, que a veces no confiaban en él por entero, y nuestra propia suerte, nos hubieran acabado media docena de veces. Se burlaba de nosotros, acechaba a April, y dio los golpes más decisivos de la guerra, como el genocidio de Westmine, la destrucción de Clavell, la creación del cañón de cobalto azul, y a menor escala pero más significativo ( para nosotros, más inquietante), la creación de su propia nave, el Renegado, un triunfo del diseño y la tecnología que nos puso en jaque más de una vez.
En esa época ya teníamos naves pequeñas para nuestro uso personal en batallas cuerpo a cuerpo - porque usar a Ramrod a veces era matar mosquitos a martillazos- Corcel para mí, Nova para April, dos cibernéticos saltadores celestiales que por puro humor tenían forma de equinos, Broncobuster para Colt, una estupenda nave cargada de armas, y Redfury, un prototipo de fórmula uno que Fireball también cargó de armas y convirtió en un tanque superveloz.
Pero el Renegado era mejor que cualquiera, y Jesse era casi, casi mejor que nosotros.
Y April sufría. Durante mucho tiempo pensamos que era sólo un sentimiento de culpabilidad por haber sido la causa inocente de la deserción de ese idiota. Pero con el tiempo me di cuenta que April había llegado a amarlo a la distancia, y sufría lo indecible por amar y odiar a la vez a ese genocida. Porque era cruel y hábil, y como diseñador, el campo de April, era un mago. Lo adiviné, pero no dije nada: pero mucho después ella me lo confesó y estalló en sollozos. Y requirió unas largas vacaciones para recuperarse, unas vacaciones sembradas de médicos y antidepresivos, porque casi había dejado de comer: nosotros estábamos tan asustados.
Cómo odiamos a ese bastardo.
Lo odiamos hasta el primer Armisticio, y entonces, cuando él llegó, con su capa roja ondulando, y resultó ser el portador del tratado de paz, casi estallamos. Su desvergüenza. La cara de llamar al comandante Eagle " suegro" .
Sé que, privadamente, le escribió a April, pidiéndole que se fuera con él, y que él dejaría el lado de los Outlanders si ella dejaba la lucha. April no le contestó, sabiendo que era un estrategema.
Y en venganza, Jesse exigió la destrucción de Ramrod y nuestra dada de baja como precio por la paz.
Renunciamos. Nos dispersamos.
Entonces sentí por primera vez ese dolor que ahora es crónico. Nos habían cortado las alas. Habíamos trabajado tanto por la paz, y ahora.
... no son los de Kathay que tienen un dicho que dice cuidado con lo que deseas?
COLT DISTRESS IN TRANQUILITY
Cuando Robin sale con los niños, y las reses mugen en el crepúsculo, a veces, sólo a
veces, miro por la ventana al atardecer polvoriento de Westmine y me pregunto si debo arrepentirme.
Tuve montones de aventuras, no me malentiendan. Mi juventud fue desaforada, divertida, y corrí peligros y arrostré batallas con alegría en el corazón, porque tenía camaradas maravillosos y un motivo justo por el que pelear.
Pero a veces me pregunto si hice bien al irme del rancho, de mi tierra, de mi casa. Y si luego, no me habré equivocado otra vez al volver.
Amo a Robin. La amé desde la primera vez que me abofeteó con esos ojos suyos brillantes de rabia, su melenita al viento, su trajecito de niña episcopal cubriendo ese cuerpo para morirse. Sé que le dije a Fireball: Hermano, te presento a mi futura esposa.
Sé que mamá habría amado como Robin me mantiene la traílla cortita. Yo amo cuando tras su fachada de señorita aparece la mujer de rancho que me daría de latigazos si me pescara mirando a otra mujer. Me fascina cómo disciplina a los niños, con dulzura y firmeza, y recuerdo que cuando la vi con su hermanito me dije: esta es la mujer que quiero como madre de mis hijos.
Y lo era.
Sé que ella conoce todo de mí, incluso mis dudas. Nuestra primera gran pelea fue tras el primer Armisticio, cuando le pedí matrimonio y ella aceptó, pero luego se dio cuenta antes que yo que no estaba listo. No cuando aún ardía de furia por ese sucio tratado que Jesse Azul nos endilgó sólo para vengarse de nosotros y hacer sufrir a April. Sé que me guardaba un odio especial porque, como era el más guapo y el que siempre aparecía abrazando a April... jejeje, cómo odiaba ella eso... todos pensaran que yo era su novio.
Debo reconocer que a mí me encantaba hacer rabiar a Jesse con eso. No le puedo culpar el gusto: mi April era la mujer más bella de la galaxia, y tenía un interior para acompañar su exterior, aún más bella por dentro que por fuera. Sí, gran sorpresa, me daba cuenta! No soy de fierro... excepto en ciertas ocasiones... pero sí, durante mucho tiempo me hubiera encantado que ella fuera mía. Aún hoy, la verdad, aunque sé que Robin me mataría si supiera eso. Si es que no lo sabe.
April era mi niña, y ese hijo de perra la hizo sufrir más que nadie. Bastaba para que yo quisiera su cabeza, pero que hiciera desmantelar a Ramrod, el hijo del genio de mi niña, nuestro hogar... no pude soportarlo, me fui para no tener que verlo. Sé que Sable, con su aguante inhumano, sostuvo y consoló a April, pero yo me fui.
Y Robin se sorprendió que me pusiera violento esa tarde en la feria: mientras ella celebraba mi libertad, yo quería llorar, patear, romperle la cara a alguien. Encontramos un concurso de tiro al blanco y me bastó imaginarme la cara de Jesse... sus cocos...para ganar el trofeo. Y qué?
Robin se enfureció. Dijo que con un arma en la mano me transformaba.
Y como siempre, tenía toda la razón.
A pesar de lo que digan los hombres, nos encantan las mujeres así. Ya somos bastante cegatones a las cosas obvias de la vida.
Peleamos y tras dejarme en la base dio media vuelta y se fue. Me fui a dormir a las barracas, cogí una borrachera y pasé la peor semana de mi vida. Y por las malditas costumbres militares, aunque me enteré de que April había sido destacada a un refugio de guardia en Yuma, y que Sable se ha había ido a su casa, no nos despedimos, y nadie podía decirme dónde cuernos estaban. Yo había vuelto a ser un civil, y sólo Eagle me hubiera dado información: pero no tenía ninguna gana de verlo: aún estaba furioso.
Fui a buscar a Fireball, lo hallé corriendo carreras en Fantasy, y me enteré que se llamaba Ken. Kenji, y podría haberlo llamado Kenny, pero no podía pensar en él como en otra cosa que Fireball. Lo encontré en las carreras a las que era tan aficionado, y llegué justo a tiempo de verlo descrestarse en su nuevo auto de carreras y casi matarse. Mientras convalecía, me confesó que había visto por un momento el espacio, tal como se veía desde su terminal a bordo de Ramrod, y que simplemente había actuado por instinto.
Instinto. Como yo en esa feria.
Estábamos asustados. Empezaron a haber rumores de atrocidades que los Outlanders seguían cometiendo, y empezamos a tener pesadillas. Después supimos que era una neurosis de guerra normal, si puede llamarse normal ese tipo de trastorno, pero que no nos pasaba nada que no le pasara a los soldados desmovilizados desde que existen las guerras.
Fireball me confesó que había intentado declararse a April un día en la playa, que casi la besó (suertudo bastardo!) y que ella se apartó, lo echó a broma, y en suma, se negó a responder. Le hice muchas bromas por eso, pero en el fondo sé que April sentía lo que yo sentía con Robin: no estaba listo. Para nada. Mi vida estaba en suspensivos.
... y si Fireball hubiese desconectado los artilugios recuerdo de Ramrod, en particular el receptor de señales como yo hice de mi Saddle Power, no sé que hubiera pasado. Fue por pura suerte que estaba sentado en Red Fury recordando cuando oyó esa débil señal de llamado: April. April, en Yuma. Su voz, tan amada envuelta en estática.
En un grito de ayuda.
...Fireball, Sable, Colt, si alguno me escucha... nos atacaron... creo que sólo quedo yo... estoy encerrada.
No éramos militares ya. No teníamos derecho.
Creen que dudamos un segundo?
Después le pagué un trago al pobre piloto idiota al que le robamos un carguero de avituallamiento y nos disparamos hacia Yuma con Saddle Power y Red Fury en la rampa. El planeta- capital militar era una ruina: había sido bombardeado brutalmente, y siendo honesto parte de mí se inundó de un sentimiento mitad " se lo dije" y un " Eyeyeye, back in action!" que me llenó de culpabilidad. Pero era horrible, y escapamos apenas de una de esas máquinas de destrucción.
Encontramos a April entre un mar de cadáveres, herida y con el pecho casi aplastado. Los bastardos la habían puesto de coordinadora de cazas de combate, a ella, heroína de una guerra... bueno, al menos eso le salvó la vida. Aunque tuve mis dudas cuando la recogimos, y enfilamos a toda velocidad a Scotia.
Porqué? April era la única que, en un caso, había conocido el hogar y a los padres de Sable. No tenía idea de que fueran tan tradicionalistas: viendo ese castillo enorme con foso y a la multitud de sirvientes uno entendía que Sable fuera como fuera. Fue un revuelo como si hubiéramos aterrizado en un convento: los padres de Sable, poco interesados en dejar volver a su hijo a la guerra no nos pusieron el mejor rostro, y la verdad, la madre poco más y llama zorra a April. Pero cuando vi a Sable con esa estúpida faldita y su cara... no tenía que decir que sentía igual que nosotros. Nos abrazamos, y juraría que a Mr. Palo En El Culo le vi los ojos húmedos. Estaba feliz. Estaba tan feliz.
Y yo. Nunca supe, hasta entonces, cuánto amaba a ese reglamentista bastardo. April tuvo unas semanas para recuperarse, y entonces, nos enteramos, manipulando las comunicaciones, de que Eagle nos estaba buscando, y que estaba en Westmine, el alma mater de los chicos. (ellos lo llamaban así, no tengo idea qué significa)
(Si, ya sé, no soy un tipo culto. )
(En mi planeta, el que escribe y hace cuatro operaciones es culto. Ni siquiera sabía lo que significaba esa palabra, hasta que los conocí. )
Sé que éramos diferentes: los chicos hablan cada idioma de la nueva frontera, April pinta y Sable escribe poemas, y los dos juegan tenis y hablan de autores de libros y escuchaban música clásica mientras Colt y yo aullábamos frente al monitor viendo partidos de fútbol y películas porno. Cuando íbamos al cine, siempre nos separábamos en dos parejas. Pero con el tiempo, empezamos a hacer concesiones. Sable logró que Fireball empezara a leer libros serios (una vez le tiró uno por la cabeza, sollozando tras leer el final, uno de sus libros,... el gran meaulnes, creo... sea lo que sea eso... ) y April me hizo acompañarla a ver películas serias, de las cuales usualmente tenía que explicarme la mitad. Pero nosotros logramos que los dos se sentaran con nosotros las noches de los martes con galletitas a ver Planetary Night Live, y que se rieran, incluso cuando se burlaban de nosotros, y que vieran películas cómicas, y que de vez en cuando incluso comiéramos comida basura en vez de raciones del ejército. Sable acabó leyéndose todos mis números atrasados de Space Cowboy, y comentábamos cada número nuevo: y April empezó a ir a las carreras de autos y a interesarse en el diseño de autos Fórmula cero.
Reunirnos fue como volver a respirar. Hablábamos el mismo idioma: éramos las mismas personas. Y aunque separados de alguna forma dudábamos de nuestra habilidad, juntos éramos más que cuatro comisarios estrella: estábamos acostumbrados a que todo nos saliera bien, a ser héroes. Con ellos me atreví a tomar riesgos que solo no hubiera tomado ni muerto. Y fue mientras nos íbamos en ese pobrecito carguero robado a Westmine que nos atrevimos atacar dos nodrizas de los Outlanders, y las hicimos trizas. Era extraño que nos sintiéramos invencibles?
Aunque recuerdo que rebotábamos por la cabina como pelotas de básquet.
Llegamos a Westmine en tiempo record, y April voló a los brazos de su padre. Recuerdo que pensé que el viejo estaba loco de remate cuando nos dijo que había estado previendo esto. Casi me río en su cara, o lo golpeo.
Pero cuando dijo Ramrod II, creí que me daría un soponcio. Sneaky old bastard!
April se echó a llorar cuando vio los planos que suponía perdidos transformados en un prototipo casi idéntico a nuestro viejo hogar, pero nuevo y reluciente, más grande y mejor, turbinas más poderosas, armamento realmente pesado, artilugios de navegación nuevos. No había sido probada, pero eso no podía importarnos menos: si alguien tenía que probar esa nave, si alguien conocía cada secreto, éramos nosotros. La voz me temblaba cuando ocupé esa nueva terminal, Dios mío, tan idéntica, y respondí " sistemas de armamento, o-k". Podía oír sus voces temblorosas y sin embargo dominantes, firmes. Vibrantes. Todo estaba bien, y cuando nos disparamos al cielo una vez más, grité y lloré de orgullo, de felicidad, de pasión. Estábamos listos. Los Outlanders no sabían a quién se la habían jugado!
Esa noche, nos dormimos en los controles, más seguros que en el vientre materno. Y al día siguiente ya estábamos en combate, luchando como salvajes.
Fueron semanas feroces de liberación de planetas invadidos, esclavizados. Acabábamos agotados, pero los chicos parecían tener una fuerza sobrehumana, un aguante increíble, y aún teníamos fuerzas para hacer bromas con turnos dobles de doce horas. Doce horas que pasaba bromeando con Sable, tonteando con Fireball, y enamorándome de April.
Si, la amé, no me avergüenza reconocerlo. Ella era belleza, era mi ángel, era la que me despertaba por las mañanas con café y que se acurrucaba conmigo cuando nos vencía el agotamiento. Era la que reía de mis bromas, y me felicitaba por cada tiro certero. Y a veces se jugaba la vida confiando en mí, ciegamente, confiando en mi vista, mi pulso, mi habilidad, y yo la amaba por eso, la amaba como se aman las cosas que son libremente tuyas.
Y una de esas tardes, mientras Sable y Fireball dormían, mientras estábamos de turno y reparábamos un alero en la oscuridad, mis brazos la rodearon, la besé, la acaricié, y respondió a mis besos, y le hice el amor tendidos en la suave cobertura de espuma aislante de Ramrod. Apenas podía verla en la penumbra, pero recuerdo la pasión en sus ojos, y su tacto: nunca he tocado nada más suave. Sé que le hice daño, porque era delicada y yo soy muy grande, y me sobresalté cuando al presionar sentí una barrera que cedió bajo mi fuerza. April jadeó, y le aparté el pelo del rostro para mirarla, sin palabras, porque acababa de quitarle la virginidad. Pero ella me sonrió, aunque sus ojos estaban húmedos, y húmeda y suave era también apretándome, y tuve el orgasmo más salvaje de mi vida, un orgasmo que aún hoy al recordarlo me estremezco entero, algo que me inundó la vista de puntos blancos y los oídos de zumbidos, y creo que le grité que la amaba mientras mi cuerpo la poseía.
Sus besos eran dulces, sus gemidos aún más dulces cuando me aseguré de hacerla ver estrellas. Y aún más dulce era su sabor, y su sangre virginal, y cómo se contorsionó bajo mi boca cuando la inundé de placer, y se aferró a mí como una niña. Me besó, y me dio las gracias con voz entrecortada, mientras yo sólo le repetía que la amaba. Pero tras esas horas de pasión, hubo silencio, y supe que ella aún pensaba en Jesse.
Poco después, me hirieron, y me pasé unas semanas en el hospital: aproveché de hacer las paces con Robin.
Entonces nos enteramos para qué había servido el armisticio. Jesse había hecho construir el cañón de cobalto azul, y amenazó con destruir un planeta.
El consejo no le creyó. Yo, que si conocía a ese desgraciado bastardo, sí.
Clavell fue destruido ante nuestros ojos horrorizados, y reemplazado, en la explosión de energía que hizo el Universo casi implosionar, en el planeta de los seres de vapor, un planeta que ubicaba el espacio negativo, sea lo que sea eso. Y con él, vino su líder, Nemesis, y su máquina de destrucción final, que llamaban el Nth Grade.
Sólo nos interponíamos nosotros.
Y estábamos listos para todo, o eso creíamos.
Jesse atacó Yuma, y raptó al Comandante Eagle. Y si hasta entonces lo había odiado, al oír los sollozos nocturnos de April, juré que la última cara que vería ese bastardo antes de morir, sería la mía.
FIREBALL SHOOTING STAR
Retirado a los veintiocho años? Sé que suena una boludez. Me quedan aún varios años para dedicarlos al deporte, muy buenos, y mi mano y mi vista son aún firmes como el acero, cuando algunas veces corro en exhibiciones. Pero soy un jodido héroe de guerra: la gente no va a verme correr porque crean que soy un gran piloto, sino por un sentimiento de lealtad a quien arriesgó el trasero por ellos tantas veces. Y sé que incluso los pilotos rivales no desean competir conmigo, no arriesgarse a derrotarme: eso los haría impopulares. Por eso, es que decidí retirarme: no tiene sentido ser un deportista si no tienes con quien competir.
Es mentira. No: en realidad, me retiré porque el deporte dejó de interesarme. Estuve desconectado de él en los años de la guerra, y me di cuenta que lo que amaba de las carreras no era más que la sombra del amor que sentía por mi verdadera vocación: ser un comisario estrella.
Era el más joven de los cuatro, creo, y también el más ingenuo cuando me uní a ellos. Mi familia tenía dinero, aunque no alcurnia como la de Sable, y creo que lo único que salvó del sexo, las drogas y el rock and roll ennui de Kathay fue mi pasión por las máquinas. Parte de mí despertó como un tigre rugiente la primera vez que me puse detrás de un volante, y desde entonces fue mi única pasión, una pasión que superaba y que sublimó cualquier otro deseo. (Tuve novias en esa época por guardar las apariencias, pero ni siquiera recuerdo sus nombres)
Mi carrera iba en ascenso cuando me vi envuelto en la cadena de sucesos más estúpidos posibles, y acabé sentado en una terminal de un prototipo militar, entre dos tipos inaguantables y una chica frígida. Pero un momento después no me importaba.
Era como haber estado en silla de ruedas y luego ser capaz de correr. En el mismo momento en que aferré los mandos de Ramrod, me enamoré.
Caía bajo su hechizo cuando tenía dieciocho años- a Sable le dije 22- y descubrí que todo lo que había entrenado y pilotado hasta entonces no habían sido más que juguete y ensayo para Ramrod. Con la máquina más potente de la galaxia, me disparé hacia el cielo como una estrella fugaz.
Y como una estrella fugaz, mi gloria fue breve, y nunca volví. Parte de mí sigue allá, perdido entre las estrellas, y no solo; nunca estaba solo. Aunque ahora haya vuelto con honores, y con orgullo, y viva sabiendo que tengo lo que soñé de mocoso: que toda la nueva frontera sabe mi nombre, y que seré leyenda para siempre.
De los cuatro, yo siempre fui el más cool. De los cuatro, soy el que aún vive a la luz de los reflectores: voy a fiestas, hago publicidad, me fotografían y aparezco en revistas, modelo ropa, me llaman de la televisión. El más joven y el más guapo: pero aunque aún no tengo treinta, soy reliquia de una época desaparecida, de esos años feroces, desaforados, apasionantes de la guerra.
Yo soy el campeón que les queda, el más asequible de los cuatro: Sable siempre fue intimidante, Colt un símbolo sexual, April un ideal conmovedor. Era yo el que daba entrevistas en esa época, y si uno de los cuatro era el RRPP, era yo. Simplemente, la gente conocía mi rostro, conocía mi voz, y yo hablaba su idioma.
Fui un ícono inspiracional para una generación, o eso dice la placa que me entregaron hace poco. Pero ahora no queda nadie que me inspire a mí. No queda nada, y nadie, y estoy solo.
Estallé en los cielos hace diez años, y aunque aún ven mi luz, soy una estrella muerta hace tanto.
Me llamaban Fireball. Era el encargado de dirección y mantenimiento: en castellano, pilotaba la nave, revisaba que le quedara combustible, aceite y agua, y ese líquido azul que April llamaba refrigerante, que todos los indicadores estuvieran en azul y verde, y realizaba maniobras que en teoría no se pueden realizar en nada más grande que un caza de combate. Ramrod era más que aerodinámico: parecía fluir bajo mis manos como seda, y era como si yo mismo volase por el espacio, entre los rayos láser, los destellos iónicos y los rayos de vapor. Sé que era bueno: si no hubiera sido excepcional, Sable, tieso hijo de puta que era en esa época, nunca me hubiera dejado volver a pisar esa rampa.
Cuando Colt y yo nos volvimos parte de la tripulación, fueron meses de ajuste. No lográbamos adaptarnos: y a mí me costó aún más que a Colt, que bocón y todo, tenía el apoyo de April, porque él sí que sabía usar el armamento de su adorado Ramrod.
Pero ella, que era la diseñadora, había sido la navegante y piloto original, y no le gustaba nada que un pendejo civil pusiera las manos en su adorado Ramrod: y yo estaba acostumbrado a destrozar autos Fórmula Uno sin que los diseñadores chistaran. Esto era otra cosa: Ramrod era un prototipo único en su género, y además, era algo que April había gestado por años, luchado y sufrido, y al fin dado a luz como a un hijo en un esfuerzo tan grande de su cabecita que no sé cómo pudo hacerlo. Lo diseñó de arriba abajo, desde las turbinas hasta la aleación del los alerones, y yo, que en esa época no lo sabía, fui bastante insensible mientras ella me vigilaba como un halcón.
Después me confesó que había estado esperando lograr sacar los algoritmos adecuados para sustituirme por algún programa de computadoras: aún hoy, me despierto con pesadillas en que sueño que me han reemplazado por una navegador digital, y entonces me doy cuenta que estoy solo.
Es terrible despertar de una mala pesadilla a otra peor.
Sabía que si daba un paso en falso, ella me sacaría fuera de una patada: e inconsciente como era, me encantaba estirar la cuerda y hacerla rabiar. Creo que fue en esos primeros días, en que se la pasaba con los ojos fijos en mí, que me enamoré de ella como un colegial de una profesora estricta. No, ella no tenía ni cuatro años más que yo; pero su frialdad era un turn on innegable. Sin contar con el cuerpo que tenía: Colt hacía bromas sobre que no tenía de donde agarrarse en el momento de la verdad, pero su cuerpo elegante y elástico con el que era tan recatada me hacía salivar. Era un pendejo caliente, eso era todo.
Y no podría decir exactamente cuándo eso cambió en el amor que inundó esos años para mí, por los tres. April ya se lo había ganado cuando se tragó su orgullo y reconoció que por muy buena ingeniera y navegante que fuera, yo era mejor piloto, y me rogó que me quedara una vez que estuve a punto de irme. Después de eso fuimos los mejores amigos: ella diseñaba a mi medida, para mí, Ramrod como un guante en mi mano, y eso me hacía tan único y especial como siempre soñé ser, todo a causa de ella. Colt era mi compinche, y el mejor amigo que un tipo puede tener: primero desafiábamos juntos a Sable, y luego fuimos los dos sus más abyectos servidores, bordeando el servilismo: adorábamos a ese escocés cabezón...
Sable era estricto, era más estricto consigo mismo que con nadie. No sé explicarlo bien, pero había algo en él, en su nobleza de ser, de sentir, que me hizo primero resentirlo, y luego enamorarme por completo. Sin esa calma, esa seguridad suya, me hubiera vuelto aterrorizado, pero a su lado, no sentía que nada pudiera ir mal.
Cuando lo hacía reír, era como si me hubiera ganado un trofeo. Cuando cambió todo? Creo que fue dentro del primer año: Sable me salvó la vida arriesgando la suya, sin decir una palabra, y me quedé tan sorprendido que no fui capaz de darle las gracias. Simplemente, no tenía palabras, cuando lo vi herido y aún cargándome, estoicamente, negándose a dejarme atrás, aunque sangraba como un cerdo. Me le aferré, y sólo recuerdo el alivio al sentir las turbinas de Ramrod, ese alivio maravilloso de la voz de April y la de Colt.
Cuando alguien te ha salvado la vida así, ya no puedes insolentártele demasiado. Si antes había odiado que Sable me diera órdenes, empecé a reconocer que tenía más cerebro que los dos juntos. Y cuando empecé a obedecerlo, él empezó a suavizarse: me tocaba con frecuencia meterme entre él y Colt para que no llegaran a las manos. Cuando Sable se enamoró de una maestra de escuela y tuvo que dejarla, me aforré a Colt personalmente para que no lo molestara.
Obviamente, Colt me dio una paliza.
Supongo que los tres hubiéramos acabado sacándonos los ojos de no ser por Jesse: fue justo en ese año que apareció en nuestras vidas. Colt y yo lo odiábamos parejo: pero si Colt lo odiaba porque hacía sufrir a April, yo lo odiaba por su muy dirigida ira contra Sable. Jesse le tenía alergia, y supongo que no era raro: bastaba ver a April y a Sable juntos para saber que había algo especial entre ellos. Era una cuestión de tiempo que uno de los dos dejara caer un poco su máscara de soldado perfecto, y.
No me pregunten porqué me metí en medio. Menos aún, porqué April correspondió a mi ardor con un flirteo tranquilo, pero definido. Aún hoy me pregunto si ella sabía, si pretendía con ese jugueteo sin trascendencia alargar nuestro interludio de...no sé, statu quo? Inocencia?
Creo que sabía, que si Colt la amaba idólatra, apasionada, desmesuradamente, y que Sable la amaba con toda la ternura y la dulzura que poseía, sabía que yo era el único que la amaba como a una hermana, intensa e incondicionalmente, pero como una hermana. El único con el que estaba a salvo de destrozar su corazón, y no porque no fuera digna de ser amada, sino porque yo ya estaba enamorado de otra persona, aún sin darme cuenta: yo amaba a Sable, y no podía dejar que ellos dos se juntaran, porque sería para siempre, y nosotros quedaríamos solos.
Cruel y mezquino como suena, éramos felices. Éramos felices los cuatro, April una eterna novia, Sable alfa, sereno y gentil, Colt toda la vida y la alegría de nuestro grupo, y yo... yo era el interlocutor, y también el más impulsivo. Si alguna vez casi nos mataron, fue culpa mía: Colt podía ser feral pero estaba lleno de un sentido común apabullante. Yo no. Yo era el kamikaze: pero sobreviví. Incluso bajo la presión más insoportable, incluso en medio de las batallas más salvajes, ellos me retenían, sin dejarme estallar.
Ahora no tengo quien me contenga, quien detenga mi autodestrucción. Pero en esos años, sobre todo después de la destrucción de Clavell, ya en Ramrod II, sabíamos que caminábamos por el filo de la muerte, que éramos la última protección de la nueva Frontera, y aún así, estábamos felices de estar juntos.
Mi romance, o algo así, con April llegó a su fin naturalmente cuando raptaron a su padre: asumo que estaría demasiado angustiada para seguir con juegos y disimulos. No, nunca me acosté con ella, la pregunta inevitable: y no porque no intentase, con una persistencia rayana en la perversión, seducirla: sino porque ella parecía inmune a cualquiera de mis encantos, siempre con una respuesta rápida y alegre, pero absoluta.
Supongo que ella siempre supo porqué estábamos juntos, y que una relación física hubiera enturbiado las cosas. O tal vez simplemente no le atraía: es una conjetura, jamás me hubiera atrevido a preguntárselo.
Como fuera, cuando nos lanzamos al espacio con Ramrod II, nuestros lazos se volvieron casi paranormales. Sabiendo la psicótica necesidad de Jesse de atraparnos, casi no parábamos para aterrizar nunca: repostábamos, a lo mucho nos quedábamos una noche en algún sitio, y luego de vuelta al espacio, a la deriva, encerrados los cuatro. Fueron casi dos años de aislamiento, y durante ese tiempo no recuerdo haber sufrido. Recuerdo haber sido feliz como nunca en mi vida, porque Colt, Sable y April eran mis hermanos, mi propia carne, lo más noble de mí a mi lado, mi familia. Más que mi familia, eran más queridos para mí que la vida. Y daría todo lo que tengo por un mes, un día, de ese período que la Frontera llamó El Terror Cobalto y que para mí son los más felices de mi vida.
Recuerdo a Colt rodeándome con el brazo mientras dormitábamos en una sala oscura. Recuerdo el cabello de April como seda mojada cuando nos cruzábamos saliendo de la ducha, y ella nunca dejaba de acariciarme la cara, y yo nunca dejaba de besarla, en el cuello, una pierna, cualquier sitio inapropiado que la hiciera reír. Recuerdo a Sable, dormido como un príncipe cansado en los controles, y la confianza con que me dejaba arroparlo, la seguridad de su aroma cuando lo abrazaba.
Colt, que era de lo más bruto, zurciendo mis pantalones. April, con los dientes apretados por el esfuerzo, sosteniéndome en brazos cuando estaba herido. Sable, mi orgulloso, noble Sable, cocinando ramen para mí en un wok cuando teníamos turno juntos.
Mucho se ha escrito de nosotros, y nos han llamado desde apartacionistas xenófobos hasta canonizados ángeles. No éramos ni lo uno ni lo otro: pero juntos éramos algo que nadie ha definido aún. Era como magia: como si encajáramos, piezas de un rompecabezas perfecto, cada vez que con Ramrod pasábamos a modo de combate y yo guiaba, los movimientos de Ramrod los míos propios, que April detrás de mí hacía funcionar cada tuerca y cada cable como si la guiara la naturaleza, hasta que Ramrod era un ser vivo: mientras Sable usaba toda su habilidad en los sistemas defensivos y Colt con esa habilidad paranormal suya disparaba, disparaba, sin fallar jamás el blanco, sin parar.
Desde que acabó la guerra, lo he probado todo: drogas, orgías, hasta verdadero amor... y nada ha tenido esa cualidad, esa magia. No era un sueño: nunca he estado más despierto en mi vida, ni siquiera en las nubes de la anfetamina. Era simplemente perfecto: como el mejor orgasmo conjunto, más íntimo que sexo, los cuatro unidos, un solo cuerpo. Estoy seguro que ni siquiera si hubiéramos tenido sexo los cuatro, y hubiéramos tenido un orgasmo al mismo tiempo, Sable en la boca de April, Colt en su vagina y yo en su recto, se hubiera comparado a esa sensación de estallar libres en el cielo.
Y después, estábamos agotados, pero felices, sin ninguna tiniebla post coital. A veces me intimidaba la intensidad de la... bueno, intimidad, de esa conexión. Luego, la disfrutaba.
Broméabamos, veíamos películas, leíamos libros, luchábamos sin parar, a veces hasta que me dormía en una batalla y despertaba en otra. No sé qué reserva de energía nos mantuvo cuerdos, o si en realidad lo estábamos: pero a pesar de las trampas de Jesse, de la angustia por el Comandante Eagle o el encierro, empezamos a ganar terreno, hasta que nos atrevimos, porque nadie más lo haría, a atacar el mismo planeta de los Outlanders. Sospechábamos- Sable y April sospechaban- que su presencia era una vulnerabilidad: que el núcleo de su poder y liderazgo se hallaba allí.
Y además, allí era que Jesse retenía al Comandante Eagle.
No dudamos ni un segundo. De alguna forma, el hechizo nos hacía creernos invulnerables: no tenía miedo, nunca tuve miedo a bordo de Ramrod II: bajo la voz de Sable, nada podía pasarnos. Si antes había tenido veleidades por volverme a las carreras, en ese momento era personal: íbamos por el padre de April, que había sido como uno para nosotros también.
Cuando supimos que era Jesse quien lo tenía, hubiera esperado que April, por muy fuerte que fuera, se colapsara. No era un secreto para mí que algo de Jesse, de ese monstruo, la atraía: quizá fue el conocimiento de ese lado oscuro en nuestra April lo que al fin nos separó, cuando se dio cuenta que sabía su secreto, como ella sabía el mío. Pero April no se colapsó: era más fuerte que eso. Era, a fin de cuentas, mi April. Colt y Sable, que la querían, jamás se hubieran dado cuenta.
Fue en esos días de turnos interminables de viaje al planeta de los seres de vapor, en que posiblemente íbamos a nuestra misma muerte, que tuve mi única, verdadera chance de amor. April y Colt estaban en los controles: Sable y yo nos cruzamos a la salida de una ducha rápida, mi corazón encogiéndose al ver cuán flaco, cuán consumido estaba su pálido cuerpo, más nervudo que musculoso. Sable era recatado, no como Colt, que se paseaba desnudo frente a nosotros dos, orgulloso de ese cuerpazo que tenía y de esa enorme masculinidad a juego: Sable siempre se cubría con una toalla, y estaba envuelto en ella, blanca y espesa cuando salió de la ducha y se encontró conmigo de frente entre el vapor de nuestras duchas, su aroma intenso por el agua caliente, su rostro sonrojado por el calor marcando sus ojeras.
- Es buena idea.- dijo al verme ya desnudo, listo para entrar a la ducha.- se parte la espalda tras tanto en la terminal... lo siento si me tardé demasiado-
No pude aguantar cuando su cuerpo mojado rozó el mío. Mi único consuelo es que si hubiera querido detenerme, pesaba diez kilos y tenía mucha más fuerza que yo, y podría haberlo hecho fácilmente.
No lo hizo. Cuando lo derribé en las blancas baldosas tibias y cubrí mi boca con la suya, hambriento, ansioso, enajenado, sabiendo que sólo tenía chance de un beso- un beso- antes de que mi estoico, moral, homofóbico Gran Jefe me partiera la cara, Sable tomó mi cara entre sus manos, pero no se separó del beso, ni aún cuando le arranqué la toalla, ni cuando mi lengua penetró su boca, ni siquiera cuando mi miembro encontró la juntura entre sus muslos y se frotó contra ellos, que eran tibios y suaves. Sable jadeó y dijo algo, pero no lo escuché, meciéndome desesperadamente, aspirando su olor. Entonces se volteó con toda la fuerza que escondía su cuerpo compacto y quedé bajo él. Jadeé y me retorcí como una perra en celo cuando me besó el pelo, el cuello, y lo aferré de donde pude, abriendo las piernas, ofreciéndomele. Sentía su sexo, duro y caliente, contra mí... cuánto llevaba de abstinencia? Hace cuánto que no tenía una mujer? A Colt le llovían: tenía una en cada puerto, a veces dos... y yo siempre encontraba con quién o con qué liberarme. Pero Sable.
- Hace cuánto que no tienes una mujer?- susurré. El jadeo de Sable cuando volvía a ponerlo debajo mío fue ahogado, los ojos cerrados:
- Diez... años-
Diez años! Diez años de autocontrol: no lo había hecho con ninguna de esas estúpidas chicas que se le colgaron: ni Marlen, ni Lilah, ni siquiera esa estúpida profesora de pendejos que lo había seducido. Mi alegría no conocía límites: si alguna vez había tenido sexo, era prácticamente virgen ahora.
Ansiaba tenerlo. Lo hice venirse en mi boca con toda la dulzura que fui capaz, y cuando lo oí gemir justo antes de estallar fue el sonido más dulce que he escuchado. Se estremeció, y luego estalló, suave y dulce, intentando apartarme, tratando de avisarme, pero lo bebí con ansias, y luego estaba besándolo, acariciándolo con todas las caricias que se había negado a sí mismo...
El repetía mi nombre- mi verdadero nombre, Fireball: no el alias que me pusieron al nacer y que uso ahora- y casi sollozó cuando lo volví a poner rígido, y luego me le ofrecí de rodillas, ansioso, listo para él. Jadeé un por favor, un te amo, mientras sentí sus manos inseguras, su duda, su temblor: pero cuando emitió un jadeo y algo salvaje en su voz me estremeció, supe que había encontrado la juntura de su armadura.
Me penetró con un empuje que me hizo perder apoyo: y me montó con tanta ferocidad como si fuera un potro cibernético incapaz de sentir dolor o resentir el abuso, entrado y saliendo de mi recto con su ardiente sable con tal celeridad que mis rodillas no me sostuvieron mientras sus gritos y jadeos inundaban mis oídos. Era salvaje: estoy seguro que nunca nadie lo había visto así, excepto tal vez los seres de vapor o los renegados cuando acababa con ellos. No sé si yo gritaba, pero él tenía los dedos hundidos en mis caderas, y agitaba las suyas con tanta violencia, que su respiración me ensordecía, junto con el ruido de su entrepierna azotando mis nalgas.
No sé cuánto rato duró: no puede haber sido mucho, aunque a mí me pareció eterno. Finalmente se vino, mucho después de que un orgasmo eléctrico y agónico me destrozara, y se derrumbó sobre mi espalda, abrazándome, temblando.
Me volteé, y lo vi mirándome con los ojos más azules y claros que nunca le vi. Y entonces me abrazó, y se echó a llorar, se echó a llorar como con el corazón roto, hasta que su respiración se calmó, y susurró mi nombre-
No sé que fue: su entonación, su gesto, al sentarse, al llevarse las manos a la cara. Lo supe, y supe que si no hablaba entonces, si no mentía, lo perdería para siempre.
- Perdona.- dije con suavidad.- Fue bueno-
- Sí.- asintió él, sin voz.
- Sable.- dije, levantándome, aunque no sentía las piernas.- Tú sabes que me gustan los hombres. Y la verdad...- añadí, mi mejor voz de travieso mocoso insufrible.-... los dos lo necesitábamos, aquí encerrados en esta caja de fósforos.-
Asintió, aunque su mirada aliviada y dolorida a la vez de que convirtiera esto en un revolcón de barraca me dijo que lo hería.
- Nadie es perfecto.- añadí.- Vamos, era eso o acababas violando a April: no se puede pilotar con callos en las manos-
- Fireball!- dijo escandalizado, aunque sus ojos chispearon, y supe que había vivido con ese hombre siete años, lo había amado, había comido y dormido y luchado con él y no me había dado cuenta de que tras sus ojos había un tigre.
- Amigos, no?- dije, tendiéndole la mano. Cuando me la estrechó, lo besé por última vez. Mi corazón se rompió, cuando sus ojos en los míos de pronto se iluminaron, al darse cuenta que yo ya no estaba con April.
- Amigos.- dijo, y cuando se fue, me encerré en el baño, y lloré.
APRIL NO HARVEST
Fue la publicación de Star Sheriffs: Unauthorized Biography lo que colmó el vaso, al
menos para mí. No es la primera ni será la última estupidez que se escriba sobre nosotros, pero me irritó especialmente el capítulo dedicado a nuestros orígenes. Quien sea que sea esta Mary Jane Watson, no tiene ni la menor idea sobre nosotros, y sus análisis freudianos de nuestras infancias dejan mucho que desear. Me gustaría que Colt y Fireball estuvieran aquí conmigo para soltarles cuatro frescas, pero lamentablemente, lo único que puedo hacer es lanzar algún artículo a un periódico, porque de otra forma comprometería mi incógnito. Y si esta es mi última misión, pretendo hacerla bien.
Mi nombre es June Elizabeth Crowley Hunter, nombre código Baal, antiguo nombre código April. Salí de la academia a los diecisiete, me especialicé en física y diseño aeroespacial a los dieciocho, trabajé dos años en el servicio fronterizo, y a los veinte me hice Comisario Estrella tras el descubrimiento de los seres de vapor. La guerra duró ocho años, y aquí estoy con treinta años, al frente del servicio de inteligencia de Asuntos Internos, y ocupándome del espionaje entre departamentos en persona.
Esta vez, pretendo probar la corrupción de un juez militar, el que aparentemente acepta sobornos y vende información sobre antiguos renegados- humanos que ayudaron a los seres de vapor en la guerra- para dejar escapar a esos criminales de guerra. Dios sabe que ese tema para mí, es muy personal.
Después de este caso me retiraré: pero mientras espero a mi contacto, tengo tiempo para escribir a un periódico sobre esa estúpida biografía, después de que en un arranque de infantilismo tiré el maldito libro al otro extremo de la habitación.
En primer lugar, ninguno de los cuatro fue nunca abusado en su infancia, ni tuvimos grandes carencias. Sable es el hijo único de dos familias importantes de Scotia, y sus padres vivieron para verlo regresar como un héroe: los dos lo adoraban. Colt perdió a sus padres muy joven en un ataque de cuatreros, pero él y sus dos hermanastras vivieron con su tía Raye hasta que Colt dejó a sus hermanas con el rancho y fue a probar fortuna a la ciudad. Y Fireball tenía padres muy consentidores y dos hermanos mayores muy estrictos- el mayor, en particular, Kiyoshi, era el hombre más guapo que he visto en mi vida- que lo adoraban, y siempre lo dejaron hacer lo que quiso.
Y yo? Perdí a mi madre muy pequeña, lo acepto, pero mis abuelos me dieron todo el cariño que quise: nací en Yuma, es verdad, pero me crié en el planeta Calandra, que es una combinación de mar y lagos en donde fui muy feliz, y fue por propia decisión que entré a la academia a los trece, no porque me obligaran. Y no conocía a Sable hasta que lo vi en el hospital donde me mandaron a hacerle preguntas: no, no fuimos ardientes noviecitos en la academia. Ibamos separados por dos años: nunca nos hablamos! Mi virginidad no la perdí hasta siete años después, con Colt, y me enfurece que manchen ese momento mágico con sus enfermizas insinuaciones que me convierten en el juguete sexual de Ramrod, en donde esta desgraciada supone que mi única y verdadera función era hacer de vagina para los chicos.
La mataría!
Pensándolo bien, tengo licencia para matar... mi hombro luce cinco estrellas, no es así?
Seguro que soy la única Almirante-Comandante sin barba blanca y problemas de próstata.
Cómo están todos? Pues bien. Sable es muy respetado en Scotia: no se ha casado, a pesar de que Lilah sigue tratando de pescarlo, y de que no hay una mujer en la Nueva Frontera que no haya sido una colegiala loca por sus huesos hace unos años. Y me incluyo: había algo tan noble y principesco en su actitud, en su sonrisa, en su heroísmo, y siempre se las arreglaba para lucir como todo lo que un caballero debería ser, que le aflojaba las rodillas a cualquiera. Me tomó tres años no quedarme embobada con él, y aún después tenía mis recaídas: afortunadamente, Sable era incapaz de notar esas cosas.
Además, era la única mujer de la nueva Frontera que lo veía muy serio lavando sus propias camisas y que sabía cómo le gustaba su café, aparte de su mamá, por supuesto. Heheh.
Por suerte, Sable nunca se dio cuenta cuán celosa me ponían sus novias. Y eso que tuvo muy pocas: Lilah lo persiguió por espacio y tierra, pero no había forma que una cantante pacifista bocona lograra meterlo al saco, a él que odia la publicidad, aunque tuviera diez kilos más que yo y todos en el pecho. Aún hoy, que ya no usa esos escotes ni los encajes, y está mucho más centrada, podría conquistarlo: es imposible que Sable se quede con una mujer tan diferente a su mamá.
La que sí tuvo una chance, y era igualita a Lady Edith McKenzie, era Sincia, una profesora de una escuelita rural que por pura mala pata raptaron, y a mí me raptaron por ir a rescatarla: éramos un lindo par de damiselas en apuros, una rubia y otra morena. Era muy dulce e inocente, del tipo que cree que se puede llegar a otros planetas caminando: pero a Sable le conmovió, y le regaló su diario de vida. Fireball, Colt y yo estábamos que echábamos humo de celos: Sable compartía con esa desconocida lo que no compartía con nosotros. Pero él no hizo ninguna movida más, y después de eso, ni siquiera le escribió. O al menos dejó de escribirle después de lo de Marlene.
Marlene, esa ser de vapor que lo sedujo y le sacó información sí ameritaba que la matáramos: Sable se sintió tan culpable por ello! Sólo le sacó un par de datos, pero después de eso Sable se mantuvo maniáticamente austero por casi tres años! No era extraño que se volviera neuróticamente desconfiado, pero la muy zorra realmente lo llenó de remordimientos y de vergüenza, algo que sé que aún lo atormenta. Era demasiado estricto consigo mismo, y sé que esa herida jamás sanó del todo. Ni aún ahora: Sable es probablemente el mejor partido de la nueva frontera, pero sigue solo, y me temo que siempre lo estará. No volverá a dejarse conocer y amar por alguien, y él, sobre todo, nunca amará a alguien otra vez.
Colt es muy feliz en su rancho en el extremo de la galaxia, en plena nueva Frontera, en Westmine, con Robin, y ya van por el quinto nene: la tercera, April, es mi ahijada, y hasta nos parecemos, o al menos se parece a cuando yo tenía el pelo rubio: ahora lo llevo castaño, al menos para disimular mi identidad. Pero cuando los voy a ver, y están tan felices, y tomo a April en brazos, me pregunto si no dejé escapar la gran oportunidad de mi vida, y si el sitio de Robin no debería ser el mío. Junto a Colt.
Sí, alguna vez pensé en él de esa forma. No se trataba de que lo amara más o de otra forma que a Sable y Fireball: pero había algo en él, algo en sus ojos cuando me miraba, que nunca nadie había tenido en sus ojos al mirarme a mí. Era una Comisario Estrella, una diseñadora espacial y una comandante militar a los ojos de todo el mundo; pero cuando Colt me miraba, sentía que me miraba como a una mujer, a una niña que cuidar y a proteger, y lo amaba por eso.
Mi amor por él era en gran parte un afecto avasallador, pero no estaba exento de pasión. También me mordía los dedos de celos por él: y él me daba mucho más motivo que Sable, porque volvía locas a las mujeres con ese cuerpazo suyo moreno y atlético, y tenía reputación de ser un auténtico potro en la cama. Pero nunca parecía nada serio: la única con la que mantuvo algo de contacto hasta que se casó fue Emily, que era muy dulce, y luego vino Robin, con la que rompía y volvía al menos seis veces al año.
Cuando la conocí, supe que acabaría casándose con él: Robin podía verse muy dulce pero tenía la voluntad de un bulldog, y tendría a Colt, y en sus términos. Era ver a un potro salvaje laceado, con una mano de acero en un guante de terciopelo: y aunque siempre supe que era la mujer para hacerlo feliz, no pude resistirme, y una tarde en los años del Terror Cobalto, hice lo que llevaba años deseando hacer.
Lo rodeé con mis brazos, y lo reclamé como hombre, más allá de nuestro afecto, nuestras bromas, nuestra unión. Y Colt fue todo lo que pude haber soñado o deseado: descubrí el amor en sus brazos, entre el calor de las turbinas y la blandura de ese hule espuma, y no sentí ni miedo ni dolor, sino una felicidad que me llegaba a los dedos de los pies. Fue mi primer verdadero orgasmo, y supongo que muy pocas chicas pueden decir eso de su primera vez. Cuando acabamos, y él se tomó un largo tiempo para ello, créanme, me dolía el cuerpo por el deseo de tenerlo otra vez, me dolía desacostumbrarme a atenerlo pegado a mí. Aún hoy, hay cosas que para mí aún son Colt, y sentirlas o verlas me hace sentir ese dolor familiar en el estómago, esa ansia de sus brazos: un águila en vuelo, el olor a hierba fresca, el viento en las praderas cuando se cruzan a toda velocidad con la cabeza descubierta.
Pero él era para Robin, y vacilé. En lo que vacilé, Robin lo reclamó, y lo amarró bien firme. Perdí mi oportunidad de amor, para siempre.
Fireball era tan impenitente como Colt, pero si bien Colt jugaba pero nunca lastimaba a las chicas, él rompía corazones y dejaba que se lo rompieran con alarmante frecuencia. Se metía fácilmente en relaciones horriblemente destructivas, y con su habilidad de tomarse todo a pecho, pasaba los días siempre en carne viva, siempre visceral, salvaje: si Saber era Robert Redford y Colt era un dulce John Wayne, Fireball era nuestro autodestructivo, rebelde James Dean. Era un kamikaze sin control, que provocaba tanto dolor como el que sufría. Y yo lo quería. Lo quería tanto que cuando se fijó en mí, vi mi chance de protegerlo y actué.
Me pueden llamar prostituta si quieren. No me acosté con él, pero lo hubiera hecho si lo hubiera creído necesario. Pude protegerlo, pude sostener a mi solitario meteoro, y Fireball maduró con los años hasta ser un hombre maravilloso: si en algo contribuí, ése es mi orgullo. Fireball necesitaba importarle a alguien, importarle de veras, y a nadie podía importarle más que a nosotros: aún hoy, él es nuestro corazón, el más frágil y dulce de nosotros. Lo cuidé, y lo quise con todo mi corazón, aunque sabía que no era más que su mejor amiga. Lo fui, de corazón.
Pero estaba sola. O eso creía. Su amor y su protección me mantuvo cuerda esos años, años en que era un poco novia de todos a la vez que de ninguno: aprendí a necesitarlos, a amarlos, a cada uno en su estilo: a Sable como a un padre, a Colt como a un hermano, a Fireball como a un hijo. Nunca me preocupé del fin de la guerra: parecía demasiado lejos. Y mientras hubiera guerra, ellos volverían a mí, y no estaría sola: sin importar cuántas novias tuvieran, volvían a mí y a Ramrod: al fin del día, estaban conmigo.
Ellos eran todo lo que me importaba, mi pequeño mundo. Y me averguenza decir que cuando acabó la guerra, lloré no de alegría, sino de miedo, porque me temía esto.
Me temía esta soledad.
Incluso hay una canción de rock sobre nosotros que nos escribió el famoso Scrap: The Gold Star.
Can you feel the thunder inside?
Let the light go cracking your way.
Your destiny will lead you.
To where the people need you
Don't let your heart behind you
You have your friends around you now!
La ponían todo el tiempo en las ceremonias de la guerra: aún los antiguos Comisarios Estrella de la consideran su himno. Desde la guerra, ya no existimos: en una Nueva Frontera más civilizada ya no hay lugar para pistoleros dispuestos a todo con poderes casi sin límites, sino para los muy correctos y respetuosos Agentes Planetarios, los A-Plants. Que son tan efectivos como una planta, si me preguntan a mí.
Scrape, que decía que estaba enamorado de mí, el muy fresco- tenía al menos cinco años menos que yo- la compuso cuando lo salvamos de un dopplenganger renegado en Fantasy, y nos mandaba siempre sus discos nuevos gratis: siempre estuvo agradecido de nosotros, aunque creo que también porque es por esa canción que aún se lo recuerda.
Y escribió una sobre mí, que me conmovió hasta el tuétano: ésa todos la han olvidado, pero siempre que la tocan el algún sitio me siento y la escucho, y cada vez me duele más, porque añoro lo que fui, aunque haya sido tan corto tiempo. Porque ahora que estoy sola, daría cualquier cosa, cualquiera, por que alguien me hiciera esa pregunta.
April, what do you mean
Standing alone in the fight
Giving all of us hope
But keeping none for your nights
The space is so cold
And your body is frozen outside
If you come into my arms
I 'll set everything right!
No, no cualquiera, y no ese idiota pero querible Scrape: sólo hay cuatro hombres en la Nueva Frontera a los que he amado, y a los que amo todavía.
Sable. Colt. Fireball. Y Jesse.
Sable está en Scotia, Colt en Westmine y Fireball en Kathay, sus patrias. Pero yo no tengo patria ni vida lejos del ejército, y tras la muerte de mi padre poco después de la desaparición del planeta renegado, el rey Jared me llamó para reestructurar su diezmado gobierno. Fui general en jefe del ejército por dos años, antes de renunciar y ocuparme del servicio secreto.
Y sigo sola. Ninguno de los chicos se quedó en activo, y ahora sé porqué: los problemas de hoy parecen estúpidos, mínimos. No hay pasión ni leyenda: mi vida pasa resolviendo pequeños casos, ridículos casos. Supongo que soy una engreída. Pero con Ramrod II en un museo, - mi casa en un museo!- supongo que nosotros también somos piezas de museo. Los Agentes Planetarios usan los pequeños saltadores celestiales y las exonaves que diseñé basándome en el Renegado de Jesse, y ya no hay necesidad de grandes meganaves, ni cruceros espaciales. La tecnología de teleportación de vapor las hizo obsoletas.
Cuando Jesse destruyó Clavell, el espacio implosionó para absorber la antimateria secundaria que envolvía al planeta renegado, teleportandolo de la zona de vapor a la nuestra, un millón de veces más poderoso que la recepción de un ser de vapor. Ellos necesitaban agua para sobrevivir, una materia muy sencilla para poder mantenerse en esta dimensión, pero el planeta renegado absorbió la materia de un planeta entero, metamorfoseándose de antimateria a materia positiva en segundos. La antimateria al transformarse generó una enorme cantidad de energía, y eso generó corrientes de antimateria A a través del tejido de la realidad, las que ahora podemos focalizar en electrones para teleportarnos.
No, no es una tecnología que yo haya diseñado. La diseñó Jesse, en la cárcel, y por ese avance le recortaron la pena de por vida a cinco años. Cinco miserable años, por un genocidio, todo en secreto por supuesto: la opinión pública los lincharía.
Si los chicos se enteran, lo buscarán y lo matarán. No puedo culparlos: Jesse nos tuvo contra las cuerdas durante seis años. Cuando raptó a mi padre, nos puso en jaque a todos: al gobierno, a nosotros, e incluso a los seres de vapor. Mi padre era el último y único pacifista convencido de la Nueva Frontera, y eso volcó al gobierno a una política más agresiva, a nosotros a una búsqueda frenética, y a los seres de vapor a pasar de la ofensiva a la defensiva, sobre todo cuando destruyeron Clavell.
Mi padre dijo siempre que Jesse lo trató bien, que nunca lo lastimó, e incluso evitó de que los seres de vapor le hicieran daño. Pero nos hizo corretearlo por media galaxia, hasta que nos atrevimos a desembarcar en el planeta renegado, siguiendo su rastro.
Después de que se fue, lo había visto intermitentemente a través de los años: cuando Krista, cuando hizo el tratado en que destruyeron a Ramrod One, cuando me engañó con un llamado en secreto de mi padre. Pero en esa batalla había pasado más de un año, y cuando lo vi cara a cara casi no lo reconocí. Ya no quedaba nada del chico presuntuoso que hacía morritos y tan susceptible que había conocido en el Comando de Caballería. Esa terquedad infantil había desaparecido de sus ojos: su mirada era atormentada, pero también fría, y serena.
Jesse siempre fue muy guapo. Cuando era joven- debe de haber tenido mi misma edad, pero parecía un chicuelo en el Comando de Caballería- tenía una belleza casi femenina, con ese pelo cortado a lo paje de un tono cyan, los ojos alargados y esas facciones suyas de étnica oriental, pero tan diferentes a Fireball. Su cuerpo era joven y fuerte, pero muy delgado: recuerdo lo bueno que era en judo, y sus manos finas pero atenazantes cuando se me fue encima en un pasillo esa fiesta. Lamenté tanto haberlo humillado: años después, cuando creó el cañón de Cobalto azul y destruyó Clavell me odié a mí misma, y creo que me hubiera suicidado si Sable no hubiera intervenido. Por supuesto que yo no fui lo único que envió a Jesse al lado oscuro: pero en ese momento, parecía que yo era la única responsable, por cerrar mis ridículas piernas a ese muchacho. Pero como, cómo podía haberlo sabido?
Cuando descendimos esa vez y recorrimos el planeta renegado, nos estaba vigilando. Seguro que si no hubiera sido porque Colt lo tomó por sorpresa nos habría agarrado: nos escapamos a apenas en una especie de tren interno. Yo lo perdí: les dije que me dejaran, pero los chicos no lo hicieron: hicieron una pasada, y Colt me aferró aunque podríamos haber acabado todos muertos. Sin embargo, nunca dudé de él, sabía que no me dejarían atrás.
Jesse nos siguió, y cuando encontramos a mi padre nos encerró entre sus renegados. Fue una batalla sin cuartel, y una locura cuando en un gesto desesperado mi padre abrió las escotillas al espacio, suicidándose para salvarnos. Gracias a Dios, Sable lo salvó justo a tiempo, mientras Colt se enfrentaba a Jessie y Fireball me salvaba a mí, inmovilizada por mis piernas rotas en la explosión. No recuerdo el dolor: sólo recuerdo la angustia y la adrenalina, luego los brazos de Fireball y los ojos de Jesse. Huimos con mi padre, pero miré a Jesse a los ojos, y es lo último que recuerdo: cuando desperté estaba en Ramrod, con las piernas escayoladas y en los brazos de mi padre. Lloré como una niña, y no fui la única: nos abrazamos todos a mi padre y gimoteamos como niños.
Sable me dio dos semanas para pasarlas con mi padre y curarme. Mientras convalecía, Jessie me envió una comunicación.
Me dijo: todo lo que he hecho, todo lo que he sido, ha sido para volver a verte.
Le dije que era un criminal. Y me dijo que lo era por mí. Que ahora al menos pensaba en él todos los días, y que me iba a forzar a pensar en él el resto de mi vida.
Su furia, su pasión, esos ojos color azul oscuro me persiguieron como una jauría. Aún lo hacen.
Cuando devolvimos a mi padre a Yuma, se nos cayó la cara cuando empezó a hablar de paz. El comando casi vomitó sangre: ya nos habían metido el dedo en la boca una vez. Fue en medio de esas conversaciones para negociar el alto al fuego, que se rompió una y otra vez, que volví a verlo, regularmente. Nunca hablábamos: pero su voz me perseguía. Dejé de comer, dejé de dormir, no podía pensar en otra cosa. Los chicos se preocuparon, pero no fue hasta que Sable me interrogó que le confesé todo y lloré en sus brazos. Estaba tan avergonzada, tan triste, tan desesperada!
Me temía que se enfureciera conmigo, que me odiara, que me llamase traidora. Pero mi Sable- sí, más mío que de nadie- no hizo eso. Me consoló. Me besó, me meció, y guardó mi secreto, y entonces sí me tomé unas largas vacaciones, que podrían haber sido un retiro... si no hubiera llegado la amenaza a Clavell. Cuando me enteré, salté a Nova y volví a Ramrod como un rayo. Mi sentimientos no importaban. Pero tenía que convencerlos de que Jesse sí estaba suficientemente loco como para destruir un planeta.
No nos creyeron.
Cuando destruyó Clavell, nosotros estábamos sólo a unos parsec, y fue horrible. Vimos estallar ese planeta, vimos ese genocidio sin poder hacer nada, y mientras Fireball lloraba y Colt se rompía las manos golpeando acero, le apreté la mano a Sable, y en silencio, sé que nos juramos que eso no volvería a suceder jamás, y que él, Jesse, pagaría por esto, aunque nos costara la vida a los dos.
La batalla los últimos dos años, durante el terror Cobalto, en que toda la Frontera vivía aterrorizado por el genocidio de Clavell fue una guerra con todas las de la ley: no más escaramuzas ni casos aislados en planetas, no más echar a renegados infiltrados: era una guerra, por cada palmo de espacio, la destrucción y la matanza inconcebibles. Nosotros echamos raíces en nuestros puestos de comando: nunca pedimos un día por enfermedad, nunca nos movimos de nuestros terminales, Ramrod pasando días entero en forma de ataque.
Scrap fue quien, en los primeros años de la guerra, grabó los algoritmos vocales de Ramrod para que me "contestara" a órdenes vocales, sin que tuviera que sacar mis ojos de los paneles dinámicos. Pero con el tiempo las grabaciones se convirtieron en la voz de Ramrod para nosotros: era un ser vivo, con personalidad y sentido del humor, y dormíamos en él seguros como en una madre, los cuatro una sola persona con ocho manos cuando pilotábamos. Y cuando pasábamos a modo de combate, la orden la daba Sable, el código modular lo apretaba Fireball, pero era mi voz la que le entregaba el control de navegación a Ramrod, automático.
Entonces, nos volvíamos uno con Ramrod. Cuando lo diseñé nunca esperé esa compenetración, esa magia. Ramrod respondía a mis manos con algo que se parecía mucho a la vida: Fireball lo pilotaba con tal fluidez, con tal habilidad que lograba rapidez, gestos humanos: Colt era tan increíble con los sistemas de defensa que los cañones láser, el barrel del cañón independiente y el peso de las aristas que Ramrod era una máquina de destrucción imparable. Yo mantenía Ramrod por completo funcional, respondiendo a ellos como si respondiera con mi propio cuerpo: y Sable era el estratega de batalla, el que daba las órdenes para que nosotros lucháramos dentro de su estrategia.
Era pura magia. Supongo que no lo aprecié cuando lo tuve: pero luego supe que jamás volvería a sentir esa conexión, esa entrega.
Pero aún en medio de esas batallas, podía sentir los ojos de Jesse en mi nuca, podía oír su voz a veces en las señales interceptadas, y se me subía el corazón a la boca. Me negué, me retorcí, incluso recurrí a bloqueos de yoga: nada lograba que dejara de pensar en él, de atormentarme por él. Incluso visité una tarotista! La muy perra me dijo que había dejado pasar tres las cuatro oportunidades de amor de mi vida, que no dejara pasar la última.
Como si hubiera sido tan fácil.
Jesse había logrado lo que quería, que me enamorara de él: pero supongo que a esas alturas ya no le importaba. Cuando analizaba sus estrategias con Sable, reconozco que lo amaba: amaba esas estrategias, esa inteligencia, esa astucia cruel y áspera que tenía, esa habilidad de meter misterios dentro de misterios, de engañar, concebir, actuar. Era tan capaz como Sable, tan hábil como Fireball, tan apasionado como Colt: y tenía ese algo que era únicamente Jesse, ese desprecio pro las reglas, esa ferocidad fría.
Cuando llegó la última batalla, y nos enfrentamos al verdadero horror: al horror de que Nemesis, el líder de los seres de vapor era una inteligencia artificial capaz de poseer las mentes, y que estaba guardada en una megacomputadora que era el planeta renegado, lista para hacer invadir cada chip de la galaxia, fue Jesse quien finalmente nos salvó sin quererlo cuando comprendimos que la única forma de salvar la Nueva Frontera era hacer estallar ese planeta.
Pero no teníamos ninguna arma tan poderosa.
Jesse sí.
El cañón de Cobalto Azul funcionaba con una mezcla de materias: lo bloqueamos, e hicimos que estallara hacia adentro, creando una nueva implosión, que al chocar con la materia positiva del planeta provocó una supernova que quemó toda la materia en un radio de cinco años luz. Era una misión suicida, pero no dudamos.
Si Jesse no hubiera tenido lista la tecnología de la teleportación y no nos hubiera entregado las coordenadas de su espacio blanco de teleportación, hoy sólo seríamos polvo de estrellas. Aún no sé porqué lo hizo: Fireball siempre dijo que fue para reducir su condena de la pena de muerte a la cadena perpetua.
Me robó un beso antes de susurrarme las coordenadas, en medio de las explosiones. Cuando huimos con Ramrod, con él gritándonos las órdenes para poder huir, supe que todo había acabado al fin. Estaba donde siempre debió estar: en el puente de mando, conmigo.
Por un momento lo imaginé allí, si siempre hubiera estado allí, donde pertenecía: y lo imaginé con nosotros, un complemento a Sable, a mí, otro ingeniero de vuelo, sus manos hábiles en los teclados de mi Ramrod, su facilidad para hacer rabiar a los chicos... hubiéramos sido un gran equipo, y yo jamás hubiera estado sola con él allí.
Pero esa realidad nunca había sido, nunca sería posible, por un terrible error mío. Ahora era tarde: la guerra había acabado. Y cuando lo miré a los ojos, viendo la supernova volver el espacio blanco, y vi su calma, su resignada serenidad, supe que había perdido mi última chance, porque lo amaba, y lo amaría siempre.
Colt lo metió a una celda a patadas: lo entregamos vivo sólo porque Sable me miró a los ojos y lo ordenó. Yo me callé. Él también.
Pero Jesse me miró cuando lo llevaban entre diez, cuando llegamos a Yuma. Me miró, y se me rompió el corazón. Di un paso, y Sable me sujetó.
El sabía.
Me quedé callada y quieta mientras metían al último amor de mi vida en una celda para siempre. Luego de unas pocas misiones, nos dieron de baja. Yo cambié de identidad y seguí con la pacificación, fingiendo que nunca fui April.
Sable se volvió a Scotia: Fireball a sus carreras y ahora es un famoso modelo y patrocinador: Colt está en el rancho, con Robin.
Ahora que voy a mi última misión, me pregunto qué voy a hacer con mi vida. Y no tengo respuestas: todas estaban contenidas en unos ojos azules que, si ya han salido de la cárcel, sé que nunca más volveré a encontrar.
Estoy sola.
Si alguna vez fui April, la primavera, me quedé congelada esperando por el verano y una cosecha no llegó jamás.
... ...
Continúa en " A Thousand Years".
