Hetalia - Axis Powers es propiedad de Hidekaz Himaruya.

Arthur.


Nunca me he considerado particularmente especial, mejor o superior en ningún sentido. No me gusta llamar la atención, tengo la autoestima baja, me acomplejo fácilmente, a veces me siento abrumado por la personalidad de la gente que me rodea. Aun así, siempre termino siendo ese que todos señalan y juzgan sin conocer, al que los demás identifican –seguramente por rumores– y clasifican; termino llamando la atención, haciendo un escándalo al hablar y siendo algo que me da miedo ser. Termino perteneciendo al grupillo que a algún idiota se le ocurrió denominar como populares. Todo por encubrir inseguridades.

Pero existía una persona que no me notaba.

El día que yo noté a aquel sujeto, una sonrisa fue apoderándose de mi rostro sin piedad. Sentí una rara sacudida en el estómago y la alegría me invadía apabullante. Era como descubrir un ser que por su simple existencia mejoraba mis días. No sabía su nombre, edad o gustos; sólo sabía que tomaba clases dos salones más allá del mío; sabía que si tenía suerte lo encontraría en el corredor, cafetería o gimnasio. Sabía que me gustaba.

Con la idea presente de que era todo un acosador investigando por medio de terceros el nombre de aquel rubio de ojos verdes, tuve que preguntarle a Francis –un amigo en común que tomaba clases con él– de la manera menos sospechosa que pude imaginar; Arthur era su nombre.

Durante semanas sólo pude admirarlo, es que era tan para mí. Y yo tan invisible. Arthur no era del tipo de sujetos que llamen la atención, todo lo contrario; era calmado la mayor parte del tiempo, sonreía de una manera casi mágica y su cabello reflejaba a la perfección los rayos del Sol. Nunca le hablé.

Me aterraba la simple idea de acercarme a él, de que me notara y yo no le agradara. Me moría de miedo al imaginar que se enterase que me gustaba y que no me correspondiera. ¡Absurdo! Ni siquiera sabía de mi existencia y yo me desvanecía de amor por él.

Los momentos más íntimos entre él y yo destacan la vez que le pedí una silla vacía a su lado, cuando me preguntó la hora y cuando me vio salir del baño. Sonará como algo que sólo un psicópata diría, pero cada una de esas ocasiones no pude evitar sonreír con más fuerza, gritar más, reír más y actuar como idiota, una forma indiscreta de pedir su atención hacia mí.

Arthur me gustaba muchísimo.

Y un día Arthur rompió mi corazón, porque un jueves a medio día lo vi besando a Francis y esa sonrisa que provocaba en mi desapareció. Entonces Gilbert dijo que ellos llevaban saliendo un mes. Entonces ambos paseaban tomados de la mano por la escuela… y lucían bien juntos. Entonces tuve ganas de llorar.

— Alfred, ¿irás a la fiesta de este viernes? —Me preguntó Mathias.

Al fondo de la cafetería vi a Francis y Arthur sentados en una banca, hablando con una sonrisa en los labios. Parecían felices. Arthur reía con más fuerza y sus ojos brillaban como siempre imaginé que brillarían al verme.

— ¡Claro que iré!

Arthur me gustaba muchísimo. Tanto que dolía.


Fin.

Pia~.