Disclaimer: Harry Potter y sus personajes pertenecen a J. K. Rowling, la presente historia no pretende infringir en los derechos de autor ni obtener lucro o beneficio alguno.
Nota previa: Ambientada en el sexto año de Hogwarts. Un poco de AU (Voldemort fue vencido por Potter en el encuentro frente a su tumba), otra pizca de OoC y definitivamente clasificación M por lo que está por narrarse.
Las canciones en que se basa esta historia son las siguientes:
"Por debajo de la mesa" y "Ese momento" Autor: Armando Manzanero. Intérprete: Luis Miguel.
"Romance sin límites"
Aleksast, 2015
Track II: Ese momento
La vio llegar a su encuentro, tan espléndidamente bella que parecía radiar más que el resto de chicas que estudiaban en el colegio. Draco sabría explicarse a sí mismo esperando que llegase a la que, en otro tiempo, aborrecía por insufrible, pero siendo sinceros, la odiaba antes por no ser sangre pura, por no poder estar a su lado con libertad, por no haberla presumido a sus padres como la siguiente señora Malfoy… ahí estaba con esos ojos brillantes, esa sonrisa que desmesuradamente mostraba al mundo como ganadora que era, esos rojizos labios que los sentía exclusiva, egoístamente suyos.
Draco POV
Soy un enfermo adicto a sus palabras, a cada minuto de su compañía… sólo espero ese momento cuando ella va acercándose, cuando aparece a transformar mi mundo con sólo verla, y me siento tan necesitado de conquistarla que no mesuro mis actos, mi recompensa es su calor, su sentir, que es morir un poco para sentir la gloria de renacer entre sus brazos… y me siento de ella, y la siento mía a cada instante, soy un maldito enfermo que, abnegado en el desprecio del resto de mortales encuentro en ella el sublime consuelo que acelera mis latidos, que estremece mis sentidos, que me vuelve en ángel con piel de demonio. Ella… ella sí es un ángel, uno que está dispuesto a quedarse aunque le digas mil cuatrocientas veces que se largue, porque si te ve herido, va a estar ahí aunque tú no lo quieras, y luego, quizás después de cierto tiempo te des cuenta de que simplemente te has encadenado a su ser, a su dulzura y cariño. Sí… ese momento en que está conmigo se vuelve el mejor de mi propia existencia.
Ella se acerca con esa alegría tan propia, esa que tras la guerra no se murió, esa que… desde niña siempre ha expresado a quienes quiere… Draco no entiende cómo Potter no cayó enamorado de su mejor amiga, si es la mujer con el alma más bondadosa y serena que hay… entiende, de algún modo, que Ronald haya sido un fiasco, no hay que pensárselo mucho para pensar que Hermione era demasiado para un hombre inmaduro que de ninguna forma la haría feliz. Tomó su mano lentamente y la besó como a una doncella, lo era ante sus ojos, la virgen de su ermita, la santa mujer de su devoción, su complemento.
–Buenos días, Granger… no puedo creer que voy a pasar un buen tiempo sin ver esa condenada sonrisa frente a mí– le saludó, para luego besarle en los labios –. No sabría qué hacer de vuelta a casa sino extrañarte… y eso, para ser sinceros, no me agradaría en lo absoluto.
–Sólo serán un par de semanas– le dijo al oído, mientras le abrazaba tiernamente –, después tendrás el privilegio de ser el primer novio que conozcan mis padres.
–Vaya tortura– dijo con ironía, aspirando del delicioso aroma de su piel, para memorizarlo y tenerlo presente a solas, en los momentos que se dedicara a consolarse con el recuerdo.
–Todavía hay tiempo, Harry y los demás bajarán hasta que sea hora de partir– le susurró, mientras con una mano recorría su espalda.
Entonces no hubo espacio para más palabras, de la mano la condujo hacia la sala de menesteres, con tanta ansiedad que no se percató que un intruso, cubierto por una capa de invisibilidad, se había colado. Con delicadeza le retiró cada una de las prendas, y ahí estaba ella, recostada como modelo de cuadro renacentista, como diosa en su lecho, siendo admirada por su más fiel feligrés.
– ¿Qué tienes? – le preguntó ella, al ver que todavía no se había terminado de desvestir y estaba anonadado al contemplarla.
–Hermosa, simplemente hermosa– dijo Draco, con el calor llenándolo por dentro. Comenzó a acariciarla tiernamente, depositando tiernos besos en su piel, Hermione se sentía única, adorada, idolatrada y querida en sus manos. Ambos comenzaron a explorarse de nuevo, como dos desconocidos, pero al mismo tiempo sabiendo los lugares y formas exactas de tocarse, no importaba el tiempo, para ellos era un acto de entrega que no precisaba de definirse en minutos. Se tocaban como músicos a su instrumento favorito, creando armonías bajo un sutil compás, con una ternura y ansia sin igual, era para ellos un acto de arte, no de pasión sin sentido.
–Hermosa siempre… la mujer más hermosa que podrías encontrar– pensó Harry, mientras sentía también por dentro una fiebre que no podía contener, guardaría silencio aunque verlos fuese la peor tortura, pero… ver a Hermione de nuevo estallar en éxtasis, ver ese cuerpo divino que había hecho suyo la noche anterior era un privilegio por el cual estaría dispuesto a pagar cualquier cosa, la vida misma incluso, si volviese a recorrer palmo a palmo esa tersa piel, sentir esa humedad, degustar ese fino sabor de su boca… estaba mal, reconocía, pero no le importaba más, sería capaz de volverse un maldito prófugo con tal de tenerle otra vez.
Enfebrecidos, el calor de sus cuerpos cobijaba su nido, cubiertos apenas por una sábana ambos se miraban. Uno sentía otro sabor en ella, como si notara otras huellas que no eran las suyas, pero el mismo amor a final de cuentas, correspondido. Ella sentía la necesidad de serle honesta y al mismo tiempo, de protegerlo de la verdad, que probablemente le heriría en lo profundo. En la rémora de saber qué hacer, en contra de las consecuencias de cada alternativa, prefirió callar… después podría ver claramente una mejor forma de resolverlo. Potter se recargó en la pared, silenciosamente tramando el siguiente encuentro.
Horas después en el vestíbulo ambos regresaban, encontrándose a Harry conversando amenamente con Luna y Ron, como si no hubiese presenciado nada. Se despidió de Draco, quien se dirigía a los vagones de Slytherin, a reencontrarse con Theodore Nott, de los pocos amigos que todavía conservaba. El trío dorado, nuevamente juntos, se dirigía de nuevo a casa.
