Despues de muchos desastres (mudanza, curso preuniversitario, comienzo de clases y viajes) AL FIN! en un ratito estare subiendo el capitulo de RoM! Por ahora, por favor PERDON LA TARDANZA.
Muchas gracias a:
Cloud-bell
Rivaille's wife
srayt
Aranza Leonhardt Aguirre
Koisshi Saotome
D-Henderwhore
Loca Bionica
Kasumi Isumi
Y gracias por darle favorito y a seguir 8D
ACLARANDO CLARESAS CLARAMENTE (?):
"blablabla" son pensamientos
-blblblblaaaa- son dialogos
-_._._._ fue a casa de pedro.- estan diciendo el nombre del lector.
Espero les guste este capitulo!
Disclaimer: Shingeki No Kyojin NO ES MIO, es de Hajime Isayama!
Advertencia: Lenguaje Vulgar, MUY posible OOC y Contenido Sexual Explicito
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-Tenga cuidado, ...-Taichō. Puede lastimarse y él bebe también. Yo lo haré por usted.
¿Cuantas veces habías escuchado esa frase durante esa semana con ese mismo tono taciturno? Ya habías perdido la cuenta, pero estabas a punto de volverte loca.
Suspiraste sonoramente mientras observabas como ella te quitaba el plato con el pescado frito que comerías para el almuerzo, arrancándole toda la espina dorsal y todas sus ramificaciones de un solo tirón -ni idea de cómo lo había hecho con tanta facilidad-, todo aquello delante de las miradas del Comandante Erwin Smith, Eren Jäger y el Lance Corporal Levi, deteniendo tu vista en este último y rogando con los ojos para que intercediera por ti, recibiendo una mirada aburrida que ocultaba un brillo de sádica diversión al verte avergonzarte de esa manera por culpa de la joven oriental sentada a tu lado. Eren a su vez te miraba como si te implorase por perdón al no haber sido capaz de detener el acoso que su hermana adoptiva había vertido en ti desde que habían regresado de la expedición numero cincuenta y tres y que él había intentado detener pero había fallado garrafalmente al no ser capaz de luchar contra la soldado prodigio de la 104 cuando se obsesionaba con algo.
Desde que había salido a la luz tu estado de "Soldado Embarazada", un tiempo atrás, las personas tenían distintos tipos de reacciones ante tu presencia, algunos mirándote como si fueses un ser de otro universo, otros como si fueses un monstruo legendario... Y otros como si fueses un cuasimilagro divino, como Mikasa Ackerman te había visto y te veía desde entonces. Al principio habías creído que era algo natural sentir curiosidad por ti ya que ella no tenía hermanos biológicos, había vivido bastante aislada en los campos de María y ni siquiera estaba cien por ciento segura de cómo se hacían los bebes (ojala y no se le ocurriese la brillante idea de preguntarle a Hange Zoë la respuesta a ello). Pero ahora comenzabas a asustarte con su actitud de guardaespaldas obsesiva y sobreprotectora, comenzando a comprender un poco lo que Eren había tenido que vivir desde que la conocía...
"Pobrecillo..." tomaste tus cubiertos y te disponías a cortar un trozo de tu pescado sin espinas hasta que repentinamente sentiste la mano de la oriental sujetando la que tu utilizabas para sujetar el cuchillo.
-Tenga cuidado, ...-Taichō. Puede cortarse. Yo lo haré por usted.- te arrebato los cuchillos, y mientras tú la mirabas casi horrorizada, ella comenzó a cortar en pedazos muy pequeños el pescado. Escuchaste un sonido ahogado salir en dirección de Levi, pudiendo jurar que había sido el intento de una carcajada, un gruñido avergonzado de Eren y una de las pobladas cejas de Erwin levantarse, muy confundido de la presencia de aquella soldado en la mesa donde se sentaban los altos rangos y el "perro" del Lance Corporal.
-E-espera, Mikasa...- avergonzada, extendiste una mano en amago de detenerla, pero sin atreverte a tocarla. -P-puedo hacer eso sola...
-No quiero que él bebe ni usted corran algún riesgo. Recuerde que está embarazada.- afirmo entonces, mandándote una de sus famosas miradas taciturnas al entregarte el pescado y una cuchara en vez de un tenedor. -Los tenedores son peligrosos, podría tragárselos o lastimarse la boca al comer. Coma con esto, por favor.-
Mientras comenzabas a comer, te preguntaste muy seriamente si aquella niña iba en serio...
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Amable
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Oh, sí que iba en serio.
Secándote el sudor de la frente, dejaste la escoba contra la pared y sujetaste tu cintura con tus manos, observando la habitación reluciente ante ti. Aun te faltaban tres habitaciones más, pero no era como si aquello te resultase un esfuerzo sobrehumano. Tomando la escoba y el balde con los productos de limpieza, comenzabas a caminar hacia la siguiente habitación cuando una extraña brisa agitó apenas tu cabello y tu ropa.
-¡...-Taichō! ¡¿Usted estaba limpiando las habitaciones?!- casi rugiendo, Mikasa Ackerman aparecio junto a ti de la nada, la escoba y el balde que habían estado en tu poder hasta hacia unos segundos ahora yacían en sus manos.
-¡M-Mikasa! ¡¿Qué haces aquí?!- chillaste por el susto. Se suponía que ella estaría entrenando a esas horas, o al menos metida en la biblioteca de Hange, hurgando entre los libros para conseguir libros que hablaran sobre el embarazo y leerlos en uno de sus nuevos y extraños hobbies... -¡Tu capitán va a reprenderte!-
-No puedo dejarle sola, ...-Taichō. Usted es muy terca, siempre se empeña en poner en riesgo al bebe y a usted.- afirmo y sin importarle lo que tuvieses que pensar al respecto, se dio media vuelta y se convirtió de nuevo en el mismo torbellino que te había quitado tus cosas, pasando por el resto de habitaciones sin limpiar... Dejándolas relucientes...
-...Maldición, es buena.
Saltaste en tu sitio al escuchar la voz de Levi a tu lado, llevándote las manos al pecho por el nuevo susto. ¿En qué momento...? -¡L-Levi!-
-Así que era ella quien limpiaba el sótano donde duerme Eren.- como si no hubieses dicho nada, el hablo para sí mismo, mirando al torbellino Mikasa dar vueltas por aquí y por allá, dejando todo reluciente a su paso. -Tch, lo castigare por dejar que una mujer haga su trabajo.-
Confundida, miraste a tu compañero sin tener realmente nada con que responderle. -¿Qué haces aquí?-
-Cuidaba que no fueses a esforzarte demasiado, eso es todo. Leí que no es bueno que una mujer en tu condición haga demasiadas cosas.- afirmo sin mirarte, pareciendo demasiado interesado en ver como Mikasa se estiraba para limpiar por encima de las repisas sin un banco (no como ciertas personas). -Pero veo que ya alguien se me adelanto. Tch, parece que el mocoso y tú ya tienen un perro guardián...-
No pudiste evitarlo, sonreíste burlona mientras te acercabas a él. Su voz había sido incapaz de ocultar cierto dejo de celos. -¿Estas celoso, Fido?- preguntaste, observando sus delgadas cejas fruncirse ligeramente antes de clavarte una mirada que hubiese congelado el agua en dos segundos hasta que algo pareció llegar a su cabeza, un brillo lujurioso surcando su mirada gris, haciéndote borrar la sonrisa.
-Además de cuidar de ti, se hacerte otra cosa al estilo de los perros...- masculló con voz grave, haciendo que tus entrañas se estremecieran y tus mejillas explotaran en llamas... Oh no...
-¡E-espera! ¡Dijiste que te detendrías cuando...!
-Dije "hasta" que tuvieses a nuestro hijo dentro de ti.- sin previo aviso tomo la manga de tu chaqueta, acercándote a él hasta que sus labios estuvieron a punto de rozar los tuyos. -No dije que me detendría...-
Y así, como un fantasma que se desvanece, soltó tu ropa y desapareció por el pasillo, dejándote alborotada en tu sitio... ¡Malditas hormonas de embarazada...!
-¿Taichō?- levantaste la cabeza nerviosa, encontrándote con la joven Ackerman ante ti, ni una gota de sudor en ella a pesar de todo el esfuerzo que había realizado. De la nada su expresión cambio a profunda preocupación, sujetando tus hombros con más fuerza de la necesaria. -¡Su rostro está muy rojo! ¿Se siente bien?-
Tu solo atinaste a asentir con la cabeza, maldiciendo en los tres idiomas que conocías a tu compañero.
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Cuando la puerta de tu habitación fue golpeada un par de veces a la hora de irse todos a dormir, supiste de inmediato de quien se trataba. No habían necesidad de palabras para saber lo que ambos iban a hacer cuando la puerta se cerrara, y habías hablado con Hange para comprobar que podían hacerlo sin que él bebe saliese lastimado. Confiabas en que Levi seria cuidadoso.
Entre besos, la puerta fue cerrada con una patada, apagando la luz de la vela que iluminaba tu cuarto mientras eras guiada por el hacia la cama, suspirando, jadeando. Aun a pesar del tiempo, jamás lograbas aburrirte de como ese hombre era capaz de hacerte sentir con cada caricia en tu cuerpo, ambos desvistiéndose con parsimonia, acariciándose a propósito mientras lo hacían, hasta que ambos estuvieron desnudos, él recostándote en las sabanas con cuidado antes de girarse y regañarte por ser tan desordenada y haber tirado su ropa al suelo, tomándola y doblándola mientras tú le fruncías el ceño. ¿Que no podía dejar sus manías obsesivas compulsivas por al menos esa vez? Tras haber dejado su ropa doblada a un lado, atino a subirse sobre ti como una pantera que acechaba su presa, haciéndote estremecer mientras te atrapaba contra él con sus brazos.
-Ah...
Levi asaltaba sin contemplaciones tu cuello, lamiendo y besándolo con vehemencia mientras tú te sujetabas de la piel de su espalda, clavándole suavemente las yemas de tus dedos, gimiendo bajito al sentirlo rozar entre tus piernas con su rodilla, ambos listos para comenzar con su idilio...
-¿...-Taichō?
Levi detuvo sus besos y tú cerraste la boca, sintiendo un terror poderoso llenarte el cuerpo mientras ambos miraban hacia la puerta. Esa voz fría y monótona era demasiado familiar.
-¿Mikasa?
-¡Taichō! Hange-san paso hace un momento por aquí y escucho ruidos raros, como gemidos. ¿Le pasa algo? ¿Se siente mal?
El pomo tembló y la puerta comenzó a abrirse... Lo último que viste fue la expresión de Levi mostrando el más puro odio antes de que, cual sombra, se escabullera bajo la cama, soltando una maldición dirigida a Hange justo antes de que la puerta terminase de abrirse, mostrando a la joven oriental. Compartías la opinión de Levi, maldita fuera esa mujer y sus bromas pesadas.
-¿Taichō?- sus mejillas se tornaron rojas al notar tu estado, pero habías logrado cambiar la posición comprometedora en la que habías estado hasta entonces, habiendo saltado y fingiendo haber estado desnudándote cerca de la cama. Gracias al cielo Levi no había lanzado muy lejos tu camisa y había doblado y dejado su ropa discretamente sobre una silla de la habitación. -¡L-Lo siento!-
-No pasa nada.- fingiste una sonrisa mientras te cubrías con la camisa, fingiendo sorpresa y rezando porque no notara el sonrojo en tus mejillas. -Estaba preparándome para darme una ducha y los pantalones no me salían, eso es todo.-
Mikasa asintió con la cabeza, avergonzada, y comenzaste a pedirle a las tres santas María, Rose y Sina porque desistiera de entrar. Pero, al igual que la santidad de esos muros, todo se fue al carajo cuando ella pasó y cerró la puerta. -Me quedare aquí a ayudarle entonces.-
Mierda. -¡N-no! ¡No es necesario, solo me daré una ducha!- saltaste al ver que se acercaba demasiado a la cama. No querías que se diera cuenta de quien estaba debajo de ella y que un escándalo se regará como pólvora encendida por la legión. -No va a pasarme na-...-
Pero la mirada vacía que ella te mando hizo que callaras, y su voz resonó en tus oídos aunque apenas si era más alta que un susurro. -Si llegase a caer dentro de la bañera podría lastimarse la cabeza y sufrir amnesia, no recordaría quien es usted o en donde está, y mucho menos recordaría que está embarazada y podría hacer cosas imprudentes y poner en riesgo la salud del bebe. O tal vez podría caer boca abajo y perder al bebe por el golpe, causando una hemorragia que incluso podría matarla a usted... No podemos correr esos riesgos.-
Repentinamente te sentías paranoica. El terror se apoderó de ti mientras llevabas las manos a tu vientre, intentando protegerlo de todo aquello que había pasado por tu mente por culpa de Mikasa, y casi la miraste con desesperación cuando te levantabas casi como muerta en vida y te sujetabas a su brazo. -Por favor, acompáñame...-
La joven parecía casi pagada de sí misma cuando sujeto tu mano y te llevo al baño privado en tu habitación, olvidando por completo que el Lance Corporal yacía desnudo debajo de la cama, una araña pasando muy cerca de su cabeza mientras las partículas de polvo que se habían acumulado durante el día le causaban alergia...
-Maldita sea...
-¿Dijo algo, ...-Taichō?-
Mikasa cerró el agua de la bañera cuando estuvo lista y te miro, al parecer logrando escuchar la maldición que Levi soltó desde la cama. Tú, ni lenta ni perezosa tosiste y fingiste la voz más grave que lograste hacer para imitar la voz de tu compañero. -Maldita sea, debí bañarme en la mañana. Seguro el agua esta helada.-
-Puedo calentársela.- con una diligencia exagerada, ella se levantó de donde había estado arrodillada para cerrar el grifo de agua y comenzaba a girarse para ir a calentar agua a la cocina del castillo cuando notaste que Levi se escurría de debajo de la cama y justamente pasaba frente a la puerta, quedándose paralizado al ver las intenciones de la oriental.
-¡NO!- chillaste, sujetando sus hombros para que detuviese su movimiento, obligándola a mirarte. -¡No te vayas! ¡No me dejes sola!-
Definitivamente eras buena actriz. Mikasa te miro con la más pura empatía. -Pero ...-Taichō, el agua...-
-Hange-san dijo que el agua fría le hacía bien a las embarazadas.- afirmaste fingiendo desesperación. -No me dejes. Necesito que te quedes aquí y me ayudes, por favor.-
No necesito más insistencia. Mientras Levi lograba recoger su ropa y desaparecía de tu campo de visión, seguramente desistiendo de la noche íntima y saliendo de la habitación, la joven soldado te ayudo a entrar en la bañera, tu aguantando un chillido al sentir el agua fría congelarte el cuerpo. ¿Ibas a morir de hipotermia por culpa de esa chica y su extraña obsesión contigo? Suspiraste y te obligaste mentalmente a comportarte de forma amable con ella aun así mientras restregabas tu cuerpo con un paño jabonoso, notando que la joven intrusa tenía toda su atención en ti, pero su mirada lucia lejana, como si su cabeza estuviese en otro lugar...
-…¿Pasa algo?
Ella casi salto en su sitio al escuchar tu voz tras varios minutos de silencio. No habías podido evitar preguntarle aun corriendo el riesgo de que se quedara por más tiempo junto a ti, no cuando la curiosidad era una de tus debilidades... Ademas... Dejando de lado sus arranques acosadores obsesivos... Mikasa Ackerman era en realidad una jovencita amable.
-T-Taichō...- levantaste una ceja al escuchar a la joven soldado prodigio tartamudear, evitando mirarte.
-Luces inquieta.- afirmaste casi de forma maternal, quitándote el jabón con el agua de la bañera, olvidando tu molestia con ella. De cierta forma, ella te recordaba un poco a tu hermana menor, quien debía tener su edad justo ahora. -Sea lo que sea, puedes decírmelo. No es como si no supiese ya todo lo que Levi sabe de ti y de tus amigos.-
Ella tardó un largo minuto en responder, primero sorprendida ante la mención de haber sido nombrada por su cuasiarchienemigo, y luego como si hubiese estado decidiendo, pensando bien lo que debía hacer y que palabras debía usar antes de arrodillarse frente a la bañera, mirando hacia el suelo.
-Yo... Siento mucho lo que pasó en la última expedición...
Vaya. Eso no te lo esperabas. Abriste los ojos y miraste como Mikasa bajaba un poco más la cabeza, demasiado apenada como para mirar a otro lado que no fuese la pared, hundiendo un poco el rostro contra su bufanda roja.
-¿Qué?- preguntaste, completamente confundida. -¿Por qué estas pidiendo disculpas?-
-Fue mi culpa que Levi-Heichō terminase herido...- respondió en voz baja, arrepentida, y entonces lo entendiste. -Ahora él es incapaz de luchar y usted... He pensado mucho desde ese día sobre qué hubiese pasado si las cosas no hubiesen salido tan bien, Taichō. Usted y el niño se hubiesen quedado solos… Yo-…-
-No hay nada que perdonar.- repentinamente te levantaste del agua, sacando el tapón de la bañera antes de tomar la toalla colgada en una de las paredes, sin mirarla, sin subir ni bajar la voz. -Él solo hizo lo que tenía que hacer y gracias a ello ambos están vivos y aquí.-
-Pero Taichō, en ninguna parte dice que debemos cuidar de los demás soldados. Su único trabajo era cuidar de Eren y yo solo estorbe.- Mikasa se levantó mientras tu salías de la bañera, secándote. -De no haber sido por mí, él podría ser capaz de luchar ahora. Incluso pudo haber muerto por habernos salvado... Y uste-...- De nuevo la interrumpiste, esta vez con una mirada, acallándola por completo.
-Si Armin y Eren estuviesen en peligro y tuvieses una pequeña oportunidad de salvarles a ambos a cambio de arriesgarlo todo... ¿Lo intentarías?
Mientras te envolvías con la toalla y caminabas hacia la habitación, la soldado te siguió en silencio, tres pasos tras de ti, hasta que se detuvo al escuchar tu pregunta, en el marco de la puerta. Tú la miraste por el rabillo del ojo, tomando un camisón blanco de la mesa de noche, vistiéndote con parsimonia mientras ella parecía luchar consigo misma para conseguir una respuesta a aquel planteamiento tuyo. Si sus dos preciados compañeros estuviesen en peligro...
-...No me importaría dar mi vida para cuidar de ellos. Son mi única familia ahora... ¡Pero para Levi-Heichō la prioridad debía ser regresar junto a usted, no sacrificarse por extraños como nosotros!-
-Esa es la diferencia entre Levi y yo, Mikasa.
Sus ojos grises como metal fundido se quedaron paralizados sobre ti mientras soltabas el moño en tu cabello, dejándolo caer sobre tus hombros, este habiendo comenzado a crecer con el tiempo sin perder su forma.
-Levi siempre luce frío y desalmado, incluso aterrador. Cuando lo conocí, siempre pensé que no era más que un enano maniático y sin corazón que no sabía lo que significaba tener algo que no querías perder...- mascullaste mientras tomabas tu peine y cepillabas tu cabello lentamente, mirando el reflejo de la joven en el espejo. -Pero cuando comencé a conocerlo, descubrí que en realidad es alguien demasiado amable... Mucho mas amable que yo. Siempre lucha con toda su fuerza para evitar arriesgar de forma innecesaria a sus subordinados, no permite que las muertes de sus camaradas sean en vano y jamás, jamás duda en arriesgarlo todo por algo en lo que cree.
»Yo que solo pensaba en mis propios sueños y en mis seres queridos, me di cuenta de lo egoísta e infantil que era en comparación a él, que a pesar de haber perdido tanto y a tantos sigue luchando incansable, sin perder ni por un instante la fe... Mirando hacia adelante.- Una sonrisa triste recorrió tu rostro mientras decías aquello, recordando el comienzo de todo, cuando no eras más que una quinceañera ingenua e inmadura que no conocía el realmente lo que significaba el sacrificio. -A diferencia de mí que poco me importaba lo demás mientras mis compañeros estuviesen a salvo, él nunca deja a nadie atrás, tanto sea de su agrado como que no lo sea... Y supongo que es esa una de las razones por las que caí enamorada de él.-
La soldado prodigio se mantuvo mirándote en silencio, casi como si intentase comprender lo que decías. Tu solo atinaste a dejar el cepillo sobre la mesa, observando la luz de luna que entraba por la ventana... Pensando...
-Sé que a Levi poco le importa arriesgar su vida y le admiro por eso. Estoy casi segura de que en la balanza yo soy menos importante acabar con los titanes, y estoy orgullosa de ello. Sé que un día él podría simplemente no regresar, y estoy lista para ello. Pero sigo siendo alguien egoísta, y mientras tenga poder para hacer algo, lo que sea, daré mi vida por mantenerlo vivo… Y si un día él llega a irse, yo ya no tendre razon para seguir aqui.
Mikasa no supo que responder, mirándote de una forma extraña... Como si fueses algo increíble, te pareció. Pasaron los minutos en total silencio y eventualmente se excusó para irse a dormir, dándote una reverencia para tu sorpresa antes de hacer un ligero ruido al cerrar la puerta. Tú suspiraste, rascándote la cabeza ante su extraño comportamiento...
"A veces me recuerda un poco a…"
Detuviste la línea de tus pensamientos, girándote en tu sitio. -Las personas más raras... Al parecer también son las más amables.- susurraste, y caminaste hacia el closet, abriendo las puertas de par en par, observando el pequeño ovillo en el que el Lance Corporal se había convertido en el fondo, tú sonriéndole divertida desde tu altura. -¿O no, Levi?-
-Tch... ¿Cada cuantos siglos limpias esta mierda, mocosa? Está llena de polvo también. Asqueroso.- gruño, levantándose de su escondite mientras tu reías por lo bajo. Habías notado que aún permanecía allí cuando un leve estornudo había acompañado el sonido de la puerta cerrándose cuando Mikasa se había retirado. Enano tonto. Extendiste una mano hacia el sin dejar de sonreír, recibiendo una mirada que hubiese congelado de miedo al joven Eren Jäger pero que a ti, de tanto verla, ya solo te resultaba graciosa, incluso tierna, mientras tomaba tu mano y se levantaba con tu ayuda... –Eres una mocosa idiota…
Abrazándote contra él, como si necesitase hacerlo para respirar, apenas tuvo la oportunidad.
-Yo jamás te sacrificaría por nada...- lo escuchaste susurrar contra tu oído mientras te estrechaba contra el con necesidad, su tono profundo dejándote ver que hablaba en serio. -...Ni siquiera por la humanidad, Diamant D'Hiver...-
Tus ojos se abrieron de par en al verte contra su cuerpo, sintiéndolo temblar suavemente por un segundo antes de que, sin previo aviso, comenzase a besar tu cuello. -L-Levi...-
-Tenlo por seguro... Que para mí, eres más importante que cualquier promesa... Que cualquier estúpido sueño.- susurro, y sus manos se sujetaron a tu ropa, casi desesperado... Vehemente. -...Nunca, jamás lo olvides.-
Y sin dejarte decir mucho más, rasgo el camisón que cubría tu cuerpo y te recostó en la cama, retomando sus planes para esa noche.
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Muchas gracias por leer y perdón por lo malo y por la tardanza de milenios T_T! Por favor, si te gusto, si no te gusto, si lo odiaste, si quieres otro capitulo, si tienes una sugerencia para el siguiente capitulo, si crees que merezco morir... POR FAVOR deja un review, sigue o deja de favorita la historia o a mi, la escritora. Eso me ayudaría mucho.
Kurenai Lukia
