Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.


Respuestas a los reviews.

Zekhen: Muchas gracias por tu opinión, a mí también me encanta la pareja de Severus y Harry. A Ron y Hermione aún les falta mucho por aprender y los Malfoy pasarán por muchas cosas más. Saludos.

Jopito: Je, te juro queme gustaría hacer los capítulos más cortos. Pero como son tantos los personajes involucrados es muy difícil. De cualquier forma espero que los demás capítulos también te gusten, aunque sean igual de largos. Besitos.

III

Planes para un futuro incierto.

Pensaba que nunca llegaría. Jamás, en todos los años que llevaba viviendo en el Castillo se le había hecho tan eterno el trayecto de su oficina al despacho del Director.

Severus llegó ante la gárgola de la oficina de Albus Dumbledore. Después de pronunciar la contraseña tocó ante la enorme puerta, y sin esperar respuesta entró de forma precipitada.

-Albus... –El profesor Snape se plantó frente al Director, quien en esos momentos hojeaba un gran libro-. Ha ocurrido algo de suma importancia que debes saber.

-Puedo imaginarme de qué se trata... -El director dejó a un lado el libro que leía-. La pregunta sería, ¿Cómo te has enterado?

-Lucius Malfoy fue a verme a mi despacho. –Tras decir éstas palabras el abatido profesor se sentó cansado en la silla que siempre ocupaba cuando entraba a ésa oficina-. No sé si estemos hablando de la misma cosa, así que te suplicaré me digas qué es lo que sabes y cómo.

-Narcisa Malfoy vino a verme hace unas horas. –A la sola mención del nombre, a Severus no le quedó otra alternativa más que asentir-. Entonces se trata de lo mismo.

-¿Qué vamos a hacer, Albus? –Severus se pasó las manos por el largo cabello negro mientras continuaba-. No podemos permitir que mi ahijado caiga en sus manos.

-Ni él, ni nadie más, Severus. –En anciano de larga barba se acercó a aquél a quien tanto conocía-. ¿Crees que dicen la verdad? ¿No crees que podría ser una trampa?

-Eso mismo fue lo que pensé. Pero después de ver en su mente supe que era verdad. Lucius no domina la Oclumancia, así que pude leerlo como si fuera un libro abierto.

-Entonces por lo que veo, Lucius Malfoy confía plenamente en ti.

-Deben confiar en mí. Después de todo me eligieron como padrino de su único hijo. Sin importar de qué lado me encuentre.
-Entiendo...

-Lo que no logro entender es cómo fue que no me enteré. En realidad no lo comprendo, Albus. Se supone que yo soy uno de sus servidores de más... confianza. –Y al decir esto dibujó unas comillas imaginarias con sus dedos.

-¿Voldemort sabe que eres el padrino del chico?

-No, Albus. –El hombre vestido de negro suspiró-. Nos encargamos de que nadie lo supiera. Ya sabes, para su protección.

-Es lógico que la razón por la cual no estabas enterado es porque la noche en que Voldemort convocó a Lucius, sólo lo hizo con aquellos que eran padres de familia. –El anciano observó a Severus-. Me imagino que eso tampoco lo sabías.

-Parece que ya no disfruto mucho de su confianza. –Severus se puso de pie y comenzó a pasearse de un lado a otro con las manos cruzadas por detrás de su espalda-. Me pregunto si eso será bueno o no.

-Por ahora lo importante es averiguar qué podemos hacer para evitar lo que Voldemort planea. –El Director le hizo señas al profesor para que volviera a tomar asiento-. ¿Crees que los Malfoy se encuentren en peligro de muerte?

Severus guardó silencio unos instantes, tratando de asimilar la pregunta que el anciano le hiciera.

-Es muy probable. Y no sólo eso... –Severus se mordió el labio inferior, tratando de comparar sus pensamientos con los que Voldemort tendría, en su caso-. Estoy seguro que si no ha leído sus mentes tal vez los mandó a espiar.

-¿Quieres decir que alguien ha estado siguiendo sus pasos?

-No me sorprendería. –Ambos se pusieron de pie al mismo tiempo-. Hay que avisarles que tengan cuidado. Lo más seguro es que en éstos momentos haya alguien en su casa observándolos.

-¿Tienes modo de comunicarte con él?

-Necesito tu chimenea, Albus.

-Tienes que ser discreto, Severus. Si en realidad los están escuchando...

-Lo sé. –Severus tomó un puñado de polvos y los lanzó a la chimenea, y después de mencionar el destino, desapareció entre las verdes llamas. Momentos después se encontraba frente a la estancia de la mansión Malfoy. Y tras sacudirse el polvo de sus negras ropas, invocó la presencia de un elfo doméstico.

-Señor Snape, profesor. –El elfo se apresuró a atender al visitante-. ¿En qué puedo servirle, señor?

-¿Se encuentran tus amos? –Mientras hacía ésa pregunta, Severus recorrió el lugar con la mirada, buscando con discreción algún indicio de estar siendo observado. Pero no logró percibir nada fuera de lo común.

-El señor se encuentra en la biblioteca en éstos momentos, señor. –El elfo se dirigió hacia allá, invitando con cortesía a que el profesor le siguiera-. Pero la señora aún no regresa.

-Entonces, llámalo. –Severus se abstuvo de seguir al elfo. Si Lucius estaba solo en la biblioteca, con seguridad quien lo estuviera espiando estaría con él-. Dile que tiene visitas, pero no le digas quién es.

-Como ordene el señor. –El elfo desapareció y en momentos Lucius Malfoy salía de la biblioteca. Su mirada fue de absoluta sorpresa al ver frente a él a la persona con quien hablara hacía apenas unas horas.

-¿Qué haces aquí, Severus? –El hombre mostró genuina preocupación-. ¿Le ha sucedido algo a Draco?

Severus, que hasta el momento no había pensado en una excusa razonable para sacar a Malfoy de la casa, le agradeció en su interior la idea.

-En realidad sí, Lucius. –Pero antes de que el hombre dijera nada-. Fue un pequeño incidente con... Potter. –Mencionó el apellido como si lo escupiera-. El director lo tiene en retención y necesita que vayas a hablar con él, para avisarte sobre el castigo que le impondrá.

-¿Qué fue lo que pasó?

-Cosas de niños, tú entiendes. Ésos dos siempre se han odiado. –Y antes de que el rubio pudiera pronunciar alguna palabra lo tomó con firmeza del brazo y lo dirigió hacia la chimenea-. Ve tú primero.

Lanzó una porción de polvos y después de que el rubio se marchara fue su turno de seguirle.

oooooooOooooooo

Harry y sus amigos regresaban de la cabaña de Hagrid. Acababan de presentar el examen de Criaturas mágicas y ahora de dirigían hacia su Sala Común.

Desde que Ron y Hermione se vieran esa misma mañana no habían hablado sobre aquél asunto que tenían pendiente. Esperaban –cada uno por su lado-, poder hacerlo con calma al finalizar el día.

En lo concerniente a lo ocurrido la noche anterior con el profesor Snape, Harry –quien recibiera el nuevo día en la Sala Común tendido a los pies del retrato de la Dama-, no parecía acusar señas de recordarlo. Sólo sabía que había ocurrido algo relacionado con su adorado profesor de pociones que había hecho que su corazón latiera desbocado. Todo lo demás lo veía brumoso, como si hubiera transcurrido dentro de un sueño que se negaba a ser recordado.

Caminaban los tres en completo silencio por los pasillos adyacentes al Gran Salón, cada uno perdido en sus propios pensamientos. A doblar una esquina se toparon con Crabbe y Goyle, quienes al verlos trataron de impedirles el paso.

Ninguno de ellos respondió a su provocación, sumidos como estaban en sus propios asuntos se permitieron ignorarlos por completo y siguieron su camino. Los dos gorilas, al ver el desdén con que habían sido tratados intentaron enviarles algún hechizo para molestarlos, pero la voz de Draco Malfoy impidió que lograran su objetivo.

Después de ordenarles que se marcharan, Draco se acercó a Harry y le ofreció una disculpa. El moreno detuvo su andar y se giró para saludar a quien otrora fuera su enemigo. Les hizo señas a sus compañeros de que siguieran adelante y después de despedirse con un movimiento de manos, Ron y su novia enfilaron hacia la Sala Común.

-Hacía un buen rato que no te veía, Draco. –El joven de ojos verdes se recargó en una de las paredes, sus libros sostenidos contra su pecho-. ¿Cómo te ha ido en los exámenes?

-Bien. Hoy tuve examen con Snape. –Y al escuchar eso, Harry se vio a sí mismo recargado en la pared con alguien frente a él, como Draco en ése momento, sólo que mucho más cerca-. ¿Te sientes bien?

-Eh... sí, estoy bien. Sólo que... siento como si esto ya lo hubiera vivido antes. O soñado. No lo sé.

-A veces ocurre. –El rubio se recargó en la misma pared, a un lado de su compañero-. ¿Qué examen tuviste?

-Criaturas mágicas. Me fue bien.

-Harry... –El rubio volteó hacia ambos lados, cuidando de que no lo escuchara nadie más-. ¿Tú has tenido sueños éstos últimos días? Con ya sabes quién...

El moreno frunció el ceño, sorprendido por la pregunta. Pero aún así respondió.

-No últimamente. Parece que las cosas están tranquilas. –El muchacho se acomodó de forma que quedó mirando de frente al rubio-. ¿Por qué la pregunta?

-Es que cuando mencionaste lo del sueño, pues... creí recordar uno que tuve anoche.

-¿Qué fue lo que soñaste?

-No lo recuerdo con exactitud. –El joven Malfoy se removió, inquieto-. Verás... vi muchas personas encapuchadas y yo estaba en el centro de un gran círculo, rodeado de velas negras y sentía mucho miedo... es todo lo que recuerdo.

-¿Se lo has mencionado a alguien?

-No. Ya te dije que apenas acabo de recordarlo.

-Bueno, si lo hubiera soñado yo tal vez significaría algo, ya que a veces mis sueños con él son premonitorios. Pero lo más seguro es que en tu caso sólo se trate de un sueño. –El muchacho de cabellos alborotados trató de tranquilizar a su amigo-. No te preocupes, no creo que seas el único en soñar con personas encapuchadas. Es época de guerra inminente y estoy seguro que la mayoría sueña con eso.

-Tienes razón. Tal vez me estoy sugestionando. –El rubio trató de cambiar el tema-. ¿Ya hablaste con el profesor Snape para el puesto de auxiliar que querías?

-No, Draco. Todavía lo estoy pensando.

-Pues no lo pienses demasiado, no sea que se te adelanten. –El joven de ojos grises delineó con el dedo una pequeña grieta en la pared, y agregó-. Tú siempre fuiste bueno en clases de Defensa y Duelo. Estoy seguro que le serías de una gran ayuda. ¿Sabes? Me ofreció ser su auxiliar en pociones para el año que viene.

-¿En serio? –El moreno se alegró por su amigo-. Te felicito. Siempre quisiste ese puesto. Me da mucho gusto que al fin lo obtengas.

-Gracias.

Hubo un breve momento de silencio, que el joven de ojos verdes rompió.

-Draco... ¿Crees que el profesor Snape acepte que sea su auxiliar en clases de Duelo?

-¿Por qué no habría de hacerlo? –El rubio estaba concentrado en arrancar una piedrita que sobresalía del muro-. A él le conviene tener auxiliares, así la carga de trabajo se aligera un poco. No sé... tal vez su mal genio se deba en gran parte al exceso de trabajo.

-Tienes razón. –El moreno suspiró-. Tal vez si descansara un poco el carácter se le dulcificaría.

-¿Por qué no hablas de una vez con él? –El rubio dejó la piedra del muro en paz y se plantó a mitad del pasillo-. En éstos momentos debe estar en su despacho.

-No lo sé... –El muchacho de pelo negro dudó-. ¿Y si me dice que no?

-No pierdes nada con preguntarle. –Y a modo de reto agregó-. ¿O qué? ¿Acaso le tienes miedo?

Al instante de escuchar al rubio, unas palabras volvieron con nitidez a su memoria.

"¿Acaso me tiene miedo?"

-Por Merlín... –Harry tuvo que sostenerse del muro para no caer-. ¿Qué fue lo que hice?

-¿Te sientes bien? –Draco se acercó a su compañero, preocupado.

-Sí, estoy bien... creo. –Y antes de que el Slytherin pudiera hacer más preguntas, se despidió con cortesía, tratando de evitar que el rubio descubriera el creciente rubor que se apoderaba poco a poco de sus mejillas-. ¿Sabes? Tengo que irme...

-Pero...

-Te veré después. Suerte con los demás exámenes. Adiós.

-Adiós. –El rubio se quedó parado un instante más en medio del pasillo, y después se encogió de hombros y se marchó hacia su Sala Común-. Ése Gryffindor... ¿Qué nunca se puede estar quieto?

Ya en la Sala Común, Harry Potter no hallaba sitio en dónde esconder su vergüenza. "¿Qué fue lo que hice?" Se preguntaba una y otra vez después de que, durante el camino, terminara de recordar lo sucedido la noche anterior con su profesor de pociones. "Fue culpa de la poción. Estaba más dormido que despierto. Sí, eso fue..."

Pero ya no tuvo tiempo de seguir pensando en nada más. En ese momento Ron y Hermione se acercaron y se sentaron junto a él, uno a cada lado.

-¿Qué quería ese rubio desabrido? –Ron no pudo ocultar la antipatía natural que sentía hacia el Slytherin-. ¿Cobrarte lo que le debes?

-No hables así, Ron. –Hermione lo regañó-. Creo que Harry estará de acuerdo conmigo en que lo que Malfoy hizo por él no tiene precio.

-Hermione tiene razón. –Harry volteó a ver a su mejor amigo-. Con nada podría pagarle el haber salvado mi vida.

Ambos sabían que Harry se refería a un suceso ocurrido a finales del año anterior.

Acababan de comenzar las festividades navideñas, y como siempre, Harry había sido el único Gryffindor en quedarse en el Castillo. Aburrido de hacer lo mismo cada fin de año, había quedado con Hagrid en acompañarlo al bosque prohibido a recoger algunas plantas que el profesor Snape necesitaba para elaborar sus pociones.

Pero cuando llegó a la cabaña se encontró con la sorpresa de que no sería el único en acompañarlo. Draco Malfoy se encontraba parado junto a la ventana contemplando la blanca nieve. Parecía estar bastante perdido en sus propios asuntos, ya que no se percató de la presencia del moreno hasta que Hagrid lo saludó con cariño.

-¿Qué hace él aquí, Hagrid? –Le había inquirido el "niño que vivió", pero el guardabosque sólo se había encogido de hombros y después de decirle que luego le explicaría les ordenó que lo siguieran.

Después de caminar durante un buen rato, y cuando los dos jóvenes ya revelaban señales de cansancio, llegaron a una extensa área del bosque que de forma extraña no estaba cubierta de nieve. Hagrid les explicó que estaba hechizada para evitar que la nieve dañara las plantas que sembraba en esa zona.

A continuación dio una muestra a cada uno de las plantas que necesitaba, junto con las instrucciones sobre cómo arrancarlas de raíz sin estropearlas, les pidió que se separaran a una distancia no mayor de ciento cincuenta metros. Después de eso cada uno se dedicó a cumplir con su trabajo.

Para esos momentos, Harry estaba en verdad intrigado de que su más acérrimo enemigo dentro del Colegio no hubiera intentarlo molestarle, o responder a sus provocaciones. Estuvo observándolo con detenimiento para ver si encontraba alguna señal que le indicara que ése no era el verdadero Malfoy, sino una imitación.

Pero por estar tratando de descubrir el hilo negro no se dio cuenta que cerca de él había un enorme agujero de cinco metros de profundidad recién excavado por cazadores furtivos, camuflado por un montón de ramas encimadas, y con enormes estacas de madera clavadas en el fondo.

El muchacho pisó la orilla del enorme hoyo y de pronto sintió que perdía piso. En un acto reflejo logró sostenerse de una gruesa raíz que sobresalía de la orilla mientras lanzaba una exclamación.

Justo en ese momento Draco giraba su cabeza hacia donde se encontraba el moreno, a tiempo para ver cómo el Gryffindor desaparecía de repente mientras gritaba. Miró hacia el lugar donde se suponía que Hagrid estaría, pero no pudo distinguirlo, por lo que supuso que el semi gigante se había alejado más de la cuenta. Y sin pensarlo dos veces corrió la distancia que lo separaba del moreno y se apresuró a llegar a su encuentro.

Grande fue su sorpresa al ver cómo el joven de lentes -ahora sin ellos, pues éstos habían caído al fondo del pozo cubierto de estacas, despedazándose-, luchaba con todas sus fuerzas por sostenerse con las dos manos de la precaria raíz que lo separaba de una muerte horrenda.

Cuando al fin logró reaccionar, dirigió su mano hacia el cinto donde guardaba su varita, pero se dio cuenta que ésta se le había caído al echar a correr. Vio con desesperación los ciento cincuenta metros cubiertos de musgo y hojas y se dio cuenta de que le sería imposible encontrarla.

Tratando de conservar la calma, le dijo a Harry que intentara tomar su varita, pero al querer hacerlo, la única mano que quedó sosteniendo todo su peso resbaló de forma peligrosa, por lo que el moreno desistió de la idea. Entonces, sin pensarlo dos veces, el rubio se agachó cerca de la orilla y extendió su mano hasta que logró cerrarla alrededor de la muñeca de Harry, quien al verse aligerado de su propio peso, se impulsó con la punta de los pies, haciendo que la labor de Draco se facilitara.

Minutos después, cuando Hagrid regresaba de su paseo, se encontró con dos muchachos cubiertos de tierra, sentados uno junto al otro en un estado cercano al shock. Después de tranquilizarlos y hacer que le contaran lo sucedido, rescató los lentes de Harry y los reparó, y luego se dedicó a tapar el enorme agujero con considerables cantidades de tierra y troncos.

De regreso a la cabaña les explicaría que esa trampa clandestina era para matar algún Unicornio, ya que, como ellos bien sabían, su pelo y cuernos tienen multitud de usos mágicos. Después de prometerles que sería más cuidadoso la próxima vez, les ofreció a ambos una bebida de chocolate, que los muchachos no dudaron en tomar. Pero ambos decidieron retirarse a tiempo para evitar comer las galletas que el guardabosque sacaba de su lata en la alacena.

Regresaron juntos hacia el Castillo. Caminaban en silencio, cada uno recordando lo recién vivido. Entonces, antes de llegar a la entrada del Colegio, Harry se detuvo en seco y de pronto, el rubio se encontró envuelto entre los brazos de aquél al que decía odiar tanto.

El abrazo no duró mucho tiempo, sólo el suficiente para que Harry pudiera decirle al oído "gracias". El rubio siguió su camino mientras le respondía.

-No me debes nada.

-Te debo la vida. –El Gryffindor no dejó que el rubio lo dejara hablando solo-. Escucha, Draco. Sé que nunca nos hemos llevado bien pero créeme lo que te digo. –Y en este punto se plantó frente a él y con voz solemne-. Sé que no hay nada en el mundo que pueda hacer para pagarte lo que hiciste por mí, excepto ofrecerte mi amistad. No te obligaré, pero quiero que sepas que si algún día necesitas de un amigo, puedes contar conmigo.

Y diciendo esto último se encaminó hacia el Castillo.

Draco se quedó parado unos momentos, observando al moreno mientras se alejaba. Y antes de que el Gryffindor desapareciera de su vista, el rubio se apresuró a alcanzarlo.

-Entonces no creo que tengas inconveniente alguno en aceptar una carrera de escobas contra mí...

oooooooOooooooo

-¿Se puede saber qué significa esto, Severus?

El profesor de pociones acababa de arribar por la chimenea del despacho de Dumbledore.

-Lo que ves, Lucius. –Después de sacudirse la ropa con clara impaciencia, señal de que viajar por chimeneas no era lo suyo, Severus se dirigió a su interlocutor-. Te mentí. Draco no está aquí.

-Pero... ¿Porqué?

-Verás, Lucius... -Albus Dumbledore tomó la palabra-. Estoy enterado de todo lo que está pasando con respecto a Voldemort y tu hijo. –Lucius Malfoy volteó a ver a su ex compañero de colegio con muy mala cara-. No lo mires a él. En realidad fue tu esposa quien me lo contó.

-¿Narcisa estuvo aquí? –Entonces el rubio lo comprendió-. Ya veo...

-Eso quiere decir que no has hablado con ella. –El Director hizo aparecer un servicio de café y té, y los invitó a sentarse-. Mejor así, porque existe la posibilidad de que los estén espiando.

Lucius se enderezó en su asiento, visiblemente molesto.

-¿Qué te ha hecho pensar que cualquiera puede ir a mi casa y espiarme sin que yo me dé cuenta? ¿Acaso crees que mi mansión no cuenta con los hechizos de protección adecuados? –El rubio estaba cada vez más molesto-. ¿Qué clase de mago de pacotilla piensas que soy?

-Cálmate, Lucius. –Severus intercedió por el Director-. No estamos hablando de cualquier persona. Sabes bien que cuando él se lo propone es capaz de cualquier cosa. Además, ¿No te parece sospechoso que no haya leído sus mentes aún?

Lucius Malfoy tuvo que guardar silencio ante las palabras de Severus. Él se sabía un mago competente, lo suficiente para ser capaz de proteger su propia casa. Pero también estaba consciente que cuando Voldemort se lo proponía, podía romper cualquier barrera de protección que cualquier mago competente utilizara.

-¿Y a quién crees que pudo enviar a espiarnos?

-No lo sé. –Snape hizo un repaso mental-. El único que se me viene a la mente es Peter Pettigrew. Es animago y adopta la forma de una rata. Y una rata puede esconderse en cualquier parte.

-De ser así, habrá que averiguar desde cuándo tienen visitas sin saberlo. –El director se puso de pie.

-No creo que sea de mucho tiempo. Según me contaste, anoche fuiste convocado. –Severus se pasó una mano por la barbilla, pensativo-. Lo que quiere decir que el Lord esperaba noticias tuyas. Por lo que dudo que haya estado espiándolos antes de hoy.

-Lo que significa que quien nos espía escuchó la conversación que Narcisa y yo tuvimos ésta mañana. –El rubio se levantó de golpe de la silla que ocupaba-. Y debe seguir en la casa.

-¿Crees que Narcisa ya haya vuelto?

-No lo sé, Severus. –El rubio se acercó a la chimenea-. Pero voy a averiguarlo.

Momentos después, Lucius entraba por su propia chimenea. Volteó a ver a ambos lados, desconfiado, y se dirigió a la habitación que compartía con su esposa. Al llegar la vio frente a su escritorio, donde guardaba sus documentos más importantes. Ella estaba parada junto al ventanal, mientras terminaba de sacar un documento y lo levantaba hacia la luz. Lucius pudo distinguir la forma del sello del Ministerio, por lo que supuso que se trataba de un papel importante.

Venciendo la tentación de preguntarle qué cosa era lo que hacía, a riesgo de ser escuchado, se acercó con sigilo hacia su esposa y la tomó de la cintura. Ella se sobresaltó, y antes de que pudiera decirle nada él la beso. Después de eso permaneció abrazándola un momento más mientras le susurraba al oído.

-Guarda silencio Narcisa. –La mujer se tensó-. Creo que nos espían.

Al escuchar la última frase pronunciada por su marido, la mujer palideció. Y ante la obvia pregunta en sus ojos, él no pudo hacer más que mover la cabeza en negación. Después de eso la soltó, y con disimulo, tomó el papel que la mujer sostenía entre sus temblorosos dedos. Y al observarlo con detenimiento se dio cuenta de que se trataba del acta de nacimiento de su hijo.

Volteó a verla con mirada interrogante. Entonces ella sacó su varita y hechizó el ambiente con música, mientras abrazaba a su esposo y lo incitaba a bailar con ella. El rubio comprendió sus intenciones y siguió el ritmo de la música, mientras Narcisa le hablaba al oído.

-Fui al Colegio a hablar con...

-Lo sé, Narcisa. –Lucius la interrumpió para evitar que dijera nombres. Acabo de regresar de verlos.

-¿Cómo sabes que nos escuchan?

-No es algo cien por cien seguro, pero su padrino dedujo que podría estar ocurriendo. –El rubio apretó más su abrazo-. ¿Para qué quieres el acta?

-Si algo nos llegara a pasar... –La mujer guardó silencio unos instantes, y después prosiguió-. No quiero que caiga en sus manos. Aún es menor de edad y mientras tanto necesitará protección.

-¿Y a quién propones como su tutor?

-Ambos sabemos quién es la persona adecuada, Lucius. –Ella acarició el largo y sedoso cabello de su marido-. Él lo ama como a un hijo, y no lo desamparará. Además, hablé con el director y solicité su protección.

Lucius suspiró. Jamás en toda su vida se hubiera imaginado que necesitaría la ayuda del viejo Dumbledore. Era más que conocida la antipatía mutua que existía entre los dos, y aunque tenía que reconocer que el mago mayor era una buena persona, el sólo hecho de tener que depender de él para proteger a las personas que amaba le lastimaba demasiado el orgullo.

-Mientras más pronto, mejor. –El rubio tomó a su esposa del brazo y en un gesto de caballerosidad la condujo fuera de la habitación mientras seguía hablándole al oído-. La chimenea está conectada con la dirección. Adelántate mientras subo el volumen de la música para que no escuchen a dónde te diriges. Yo me iré en el carruaje y te alcanzaré.

La mujer asintió, y después de dar un último beso a su marido se dirigió a la chimenea. Cuando estuvo frente a ella, oyó el volumen de la música mucho más alto y entonces aprovechó para lanzar un puñado de polvos Flú y mencionar su destino.

Mientras tanto en la habitación, Lucius Malfoy extraía unos papeles de su escritorio y los guardaba en su porta documentos junto con el acta de su hijo. Después hechizó la carpeta para que nadie más que los Malfoy pudieran abrirla, y la guardó en el bolsillo interior de su capa. Deshizo el hechizo de sonido y se dirigió a la chimenea, a la que desconectó de la Red Flú. Después enfiló rumbo a la salida de la mansión, donde un elfo ya lo esperaba con su carruaje listo para llevarlo a Hogwarts.

oooooooOooooooo

-No sé por qué el examen tiene que ser tan tarde. –Replicaba un siempre inconforme Ron Weasley mientras entraban en el Gran Comedor-. No lo considero necesario, en verdad.

-Pues lo es, Ron. –Hermione se sentó junto a su novio y dejó espacio para que Harry se sentara junto a ella-. Astronomía es una materia que se debe dar en la noche, de lo contrario, no podríamos observar los astros.

-¿Y no pueden hacer lo mismo que aquí? –Preguntó mientras señalaba al cielo nocturno que hacía de techo del sitio donde se encontraban.

-Eso es un hechizo, Ron. Y no, no es lo mismo. Además, no será tan tarde. Apenas al anochecer.

Ron iba a replicar algo más cuando alcanzó a ver a Seamus Finnigan que entraba al comedor con un libro de Quidditch en las manos. El pelirrojo le hizo señas para que se sentara junto a él. Hermione sólo suspiró al ver que su novio se enfrascaba en una conversación sobre su deporte favorito con su compañero. Y después de observarlo durante unos instantes más, se giró a su derecha para ver a Harry, quien parecía dar señas de estar en cualquier parte menos ahí.

-Tu padrino ya debió volver de Francia, ¿No es así, Harry?

-Sí, Hermione. Sirius me dijo que estaría por allá unos dos meses. –El moreno jugueteaba con sus lentes-. Y en éstos días se cumplen.

-No pareces estar muy feliz.

-No es eso... –El muchacho suspiró-. Lo que pasa es que tendré que hablar con él sobre lo de la carrera. Y estoy seguro de que cuando le comente lo que pienso hacer, no le va a gustar mucho la idea.

-Eso quiere decir que siempre sí le pedirás al profesor Snape que te acepte como su auxiliar.

-Así es. Pero no le diré nada a mi padrino hasta que haya hablado con él. –Se puso los lentes después de aplicarle un hechizo de limpieza-. Pero eso no es algo seguro. La verdad es que estoy comenzando a dudar que el profesor me acepte.

-¿Qué te hace pensar eso? –Le preguntó su amiga mientras se aseguraba que Ron siguiera interesado en el Quidditch-. A últimas fechas te llevas mejor con él, así que no veo inconveniente en que te admita.

-Yo no estaría tan seguro. Verás... –El muchacho se retorció las manos, nervioso-. Creo que anoche hice algo muy malo.

La joven frunció el ceño, preocupada.

-¿Qué fue lo que hiciste? –Y después de meditarlo un momento, comprendió-. Saliste de la Torre después de despedirnos, ¿Verdad?

-Así es...

-¿Lo viste? –La chica cambió su rostro de preocupación por uno de curiosidad-. ¿Y? ¿Qué pasó?

-Para serte honesto, éste no es un buen lugar para contártelo. –El muchacho volteó para todos lados-. Lo único que te puedo decir es que la próxima vez que lo vea trataré de esconderme.

-¿Tan mal te fue?

-No con exactitud, ¿Sabes? –El muchacho se acercó a ella y le susurró al oído-. Me le declaré.

-¿¡Que tú qué? –La muchacha de cabellos castaños se sintió enrojecer al ver que todo el Comedor fijaba su atención en ellos-. Lo siento... será mejor que me lo cuentes después.

En ese momento aparecieron los alimentos y los muchachos se dispusieron a almorzar. Harry sentía la mirada de Hermione sobre su persona, y cuando ya estaba empezando a ponerlo bastante nervioso, volteó a verla.

-Te lo contaré después. Así que ya no me sigas viendo así, ¿Quieres?

-Por lo menos contéstame una pregunta. –Hermione se acercó en modo confidencial-. ¿Te corresponde?

-No lo sé, Hermione. –Y al ver el rostro de decepción de su compañera-. De verdad, no lo sé. Estaba más dormido que despierto, así que no lo recuerdo...

La muchacha prefirió ya no seguir preguntando. Y en vez de eso, tomó un plato de oro y pronunció un hechizo.

-Al menos no te descontó puntos. –Le dijo a su compañero mientras señalaba con la vista el contador, que aparecía reflejado en el dorado fondo del plato.

-¿Cómo hiciste eso? –Le preguntó el moreno cuando pudo contemplar frente a él el mencionado contador, el cual registraba más puntos que el día anterior.

-Luego te lo enseñaré.

Harry sólo asintió. Eso era una buena señal, pues significaba que su profesor de pociones no estaba furioso. De haber sido así, habría dejado su Casa sin puntos. Pero eso no lo dejaba tranquilo. ¿Qué estaría pensando Severus de él? ¿Cómo debía actuar ante su presencia? ¿Debería dejar que las cosas quedaran así? ¿El profesor estaría pensando en corresponderle?

Todas esas preguntas y muchas más se atropellaban en la mente del muchacho, quien no se dio cuenta que la persona en quien pensaba iba llegando en esos momentos, hasta que Hermione le dio un codazo. El profesor Snape pasó de largo por donde estaba Harry, sin voltear a verlo y se dirigió hacia Draco Malfoy. Le susurró unas palabras a su alumno y el muchacho se puso de pie y caminó por el pasillo del Gran Comedor, detrás del profesor.

El moreno siguió con la vista a su maestro mientras pasaba de nuevo frente a él, esperando que lo volteara a ver, pero en vez de eso, Severus apuró el paso para salir a toda prisa del lugar.

Harry quedó viendo la silueta del profesor alejarse con rapidez, hasta que salió del comedor. Un desolado suspiro brotó de sus labios mientras sus ojos se humedecían, tristes. Y al percatarse que su amiga lo observaba con atención, trató de sonreírle. Sonrisa que sólo pudo trocarse en una triste mueca de dolor.

oooooooOooooooo

-¿Qué está sucediendo, padrino? –Preguntaba un preocupado Draco, mientras se dirigían a toda prisa hacia la oficina del Director-. No recuerdo haber hecho nada malo.

-No te preocupes, no es nada que hayas hecho. –Severus pronunció la contraseña y entraron. Grande fue la sorpresa del muchacho al ver quienes se encontraban ahí. Pero mucho más grande fue cuando Narcisa Malfoy, sin pensarlo dos veces, se acercó a su hijo y lo abrazó con todas sus fuerzas.

Draco sólo pudo corresponderle, anonadado, mientras volteaba a ver a su padre, quien al advertir la mirada interrogante de su hijo sólo inclinó la cabeza en señal de saludo, para después voltear hacia otra parte.

Cuando el muchacho se vio libre del abrazo de su madre el director habló.

-El motivo de ésta reunión, Draco, es para contarte ciertas cosas muy importantes que han estado ocurriendo. –El anciano le señaló una silla, entre ambos Malfoy, donde el muchacho se sentó, dubitativo-. Es un asunto relacionado contigo y con... Voldemort.

Al escuchar el nombre, el rubio no pudo evitar sentir un escalofrío. De alguna manera presintió que se trataba de algo muy grave. Volteó a ver a su profesor, quien en ese momento lo observaba con intensa preocupación. Todo lo demás que escuchó de labios del Director, de su padrino y de sus propios padres, fue como en cámara lenta. Cuando hubieron terminado de informarle, el muchacho estaba más pálido y tembloroso de lo que nunca lo había estado en su vida.

-Van a entregarme a él. –Draco se levantó de su silla mientras enfrentaba a sus padres, rogando que sus temblorosas piernas pudieran sostenerlo en pie-. ¿Para eso me vinieron a buscar... ¿Verdad?

Tranquilízate, Draco. –Severus se acercó al muchacho y lo sostuvo por los hombros antes de que colapsara, para después conducirlo de nuevo a su lugar, entre sus padres-. Ellos están aquí porque han decidido que no debes ser entregado.

-Pero, ¿Cómo es posible? Es decir, ustedes son... –El rubio prefirió callar, tratando de no enfrentar la mirada de su padre. Pero éste decidió romper el silencio que guardaba hasta el momento.

-Sí, Draco. Eso es verdad. –El rubio se puso de pie y se paró frente a su hijo-. Le hemos servido durante mucho años. Incluso mucho antes de que tú nacieras. Y créenos, hicimos todo lo posible por que pasaras inadvertido para él. –El mortífago respiró con fuerza-. Pero por desgracia, no fue así.

-¿Qué piensan hacer entonces? –Por primera vez en mucho tiempo, el hijo miró a su padre a los ojos-. Porque si se están negando quiere decir que... lo están traicionando. Y si lo traicionan, entonces él...

Pero ante la visión de su propia afirmación, el muchacho se cubrió la cara con las manos y sólo se pudo escuchar en la habitación un suave sollozo-. Va a matarlos...

Narcisa se acercó y abrazó de nuevo a su hijo. Lucius Malfoy observó con fijeza la escena. Su esposa y su único hijo, a quienes muy a su pesar debía admitirlo, amaba con todas sus fuerzas, ambos abrazados lloraban frente a él. Un recuerdo se le vino entonces a la memoria. Uno acontecido hacía más de ocho años. Su esposa, su hijo y él, jugando en medio de la estancia y una voz muy conocida y temida, atravesando su mente.

"Es muy hermoso, Lucius. Esperaremos a que crezca..."

Se dirigió hacia el Director.

-Narcisa y yo queremos asegurarnos que Draco quede en buenas manos. Y por esa razón hemos decidido designarle un tutor... en caso de que le llegáramos a faltar.

Hubo un silencio incomodo, el cual nadie quiso romper, hasta que la voz de Draco se dejó escuchar.

-Ustedes no van a morir, no lo voy a permitir.

Pero Lucius no lo dejó continuar.

-Y por eso hemos traído los documentos necesarios para designarle uno. –Se los extendió al director, el cual los observó con detenimiento-. ¿Hay alguna posibilidad de que el trámite se efectúe hoy mismo?

-Severus, llama a Minerva y a Remus y diles que vengan. También quiero que localices a Arthur y a Molly Weasley. –El profesor Dumbledore se acercó a la chimenea y lanzó un puñado de polvos-. A la oficina de Cornelius Fudge, en el Ministerio... –Después de eso desapareció a través de las llamas.

Apenas se hubo marchado el director, Severus llamó a través de la chimenea a los Weasley, quienes aparecieron instantes después por la misma. Tras una breve explicación al matrimonio de la presencia de los Malfoy, y después de invitarles a que tomaran asiento, el profesor de pociones salió de la oficina. Varios minutos después regresó, solo.

-Minerva y Remus vienen para acá. –Sin dirigirse a nadie en particular.

Momentos después la puerta se abrió y la Profesora McGonagall entró apresurada, y detrás de ella entró Remus Lupin.

-Disculpa la tardanza Severus... –La animaga calló al ver quiénes se encontraban ahí. Después de saludar al matrimonio Weasley volteó a ver a Severus, quien se paseaba de un lado a otro, impaciente.

Remus Lupin no habló. Sólo se concretó a saludar a ambos matrimonios con una inclinación de cabeza y después volteó a ver a Lucius. Pero al encontrarse con los azules ojos de quien alguna vez fuera su amante mirándolo fijamente y con intensidad, desvió la mirada, turbado.

Después de unos minutos más de incómodo silencio originado, por obvias razones, por la inexplicable presencia de los Malfoy, la profesora McGonagall se acercó al profesor de pociones.

-¿Me podrías decir qué está ocurriendo?

-Lo sabrás en unos momentos, Minerva. –Y antes de que Severus pudiera agregar algo más, Albus Dumbledore apareció otra vez por la chimenea. Instantes después entró Cornelius Fudge detrás de él.

-Muy bien, damas y caballeros. –El profesor Dumbledore convocó algunas sillas más, y después de que todos los presentes se hubiesen sentado-. El motivo por el cual los mandé llamar es porque el Sr. Fudge, aquí presente, llevará a cabo los trámites necesarios para designar un tutor para el Sr. Draco Malfoy.

Todos voltearon a un tiempo para ver al muchacho, quien no pudo menos que levantar el rostro, airado.

-Y para eso se requerirá de la firma de dos testigos por cada una de las partes. Ahora bien, en lo que respecta a los Sres. Malfoy, me ha parecido prudente que los Sres. Weasley figuren en el acta como testigos. Claro, si no existe algún inconveniente por su parte.

Los recién mencionados se miraron uno al otro, y después asintieron a la solicitud del director, tras lo cual prosiguió.

-Y por la otra parte he designado a Minerva y Remus, aquí presentes. –El anciano se dirigió de forma amable a ellos-. Por supuesto, si tampoco existe impedimento.

Ambos profesores movieron la cabeza en señal afirmativa, a lo que el anciano director sonrió, satisfecho.

-Bien, pues entonces Sr. Fudge, ¿Procedemos?

-Por supuesto, profesor Dumbledore.

El Ministro sacó unos documentos de su portafolio y los extendió sobre el escritorio. Después escribió los nombres antes mencionados en los espacios correspondientes, dejando sólo un espacio en blanco.

-Muy bien. Una de las partes y sus testigos ya están inscritas en el acta. Pero... –El Jefe del Ministerio volteó a ver a los Malfoy-. Aún no tengo el nombre de la persona a la que quieren designar como tutor del muchacho.

Lucius Malfoy volteó a ver a su esposa, y tras recibir una mirada de apoyo de su parte, respondió.

-Hemos decidido que el tutor de nuestro hijo, sea Severus Snape.

Al escuchar su nombre, el profesor de pociones de enderezó en su asiento, sorprendido.

-Lucius, ¿Estás seguro de que eso es lo que quieres?

-Eres su padrino, Severus. –Narcisa intervino-. Tú siempre te has encargado de suplir nuestras ausencias. Además... –Volteó a ver a su hijo-. Sabemos que él te guarda mucho respeto.

Severus dirigió su mirada hacia el heredero Malfoy, y lo que vio en sus ojos fue algo mucho más profundo que el respeto del que Narcisa hablaba. El muchacho lo miraba con admiración y cariño.

-Será un gran honor para mí ser su tutor, Narcisa. –Respondió sin despegar los ojos de su ahijado.

-Una cosa más... –Intervino Lucius-. Nos gustaría que el nombre de Severus permaneciera en secreto. Nadie debe saber que él será el tutor de Draco, hasta que llegue el momento.

-Tampoco es conveniente que se conozcan los nombres de los testigos. –Recalcó el director-. Voldemort sabe quiénes son cada uno de ellos y se daría cuenta de la maniobra.

-Muy bien. En ese caso, continuemos. –Cornelius Fudge terminó de llenar los espacios en blanco, dejando el nombre de Severus y los testigos bajo un hechizo de restricción. Momentos después tenía listos los documentos para ser firmados.

Unos minutos más tarde todos los involucrados habían firmado los papeles de la custodia de Draco Malfoy concedida a Severus Snape. Después de que el Jefe del Ministerio se marchara alegando la urgencia de dar de alta los documentos en los archivos ministeriales, Albus Dumbledore se dirigió a los presentes.

-Bueno señores, creo que ya no hay nada más que hacer, que proceder a la petición de la Sra. Malfoy, de poner al joven Draco bajo la protección de la Orden del Fénix...

Arthur Weasley quien hasta el momento, al igual que los demás testigos, sólo se había concretado a escuchar con atención, decidió intervenir.

-Me parece Albus, que sería bueno saber qué está sucediendo. –Volteó a ver a su esposa, quien en ese momento asentía a las palabras dichas por el Auror-. Porque si la Orden del Fénix estará involucrada necesitamos saber a qué debemos atenernos.

A pesar de que Remus quería quedarse para enterarse con todo detalle de lo que ocurría, no pudo hacerlo, ya que recordó que debía aplicar el examen final de Defensa a los de último año de la Casa de Severus.

-Señores... –El licántropo decidió despedirse antes de que comenzaran las explicaciones a los Weasley-. Si me disculpan debo retirarme. Tengo un examen que aplicar. –Al recibir la autorización del director, prosiguió-. Draco, si no te encuentras en disposición de presentar el examen...

Pero el muchacho interrumpió al licántropo mientras se levantaba de su asiento.

-Iré a presentar el examen. –Dirigiéndose al director-. Si me disculpa...

-Adelante, Draco.

Y el Slytherin salió de la oficina sin despedirse de nadie.

Remus se despidió de los presentes y marchó detrás del rubio. Pero al salir de la gárgola que conectaba con los pasillos, vio que el muchacho ya no estaba. Pensando que tal vez su estudiante se había marchado corriendo para no llegar tarde al examen, el profesor de ojos dorados se encogió de hombros y se dirigió a su oficina.

Lo que el licántropo no advirtió fue que, escondido detrás de una columna, Draco Malfoy se hallaba encogido, su rostro cubierto de lágrimas y abrazando sus rodillas, mientras se mordía tratando de no dejar escapar un sólo sollozo de sus temblorosos labios.

oooooooOooooooo

-¿Éstos son todos los documentos que te pedí, McEwan?

Lord Voldemort se encontraba parado en medio de su estancia. No pudo evitar una maligna sonrisa de triunfo cuando revisó a detalle los papeles que ésa misma mañana le pidiera a su mortífago.

-Sólo falta su firma para que el documento sea dado de alta, mi señor. –McEwan había movido cielo y tierra para conseguir la firma de algunos ministros que confiaban en él, y sólo necesitaba que Voldemort firmara para darlos de alta en el Ministerio.

-¿Alguien se enteró de éstos movimientos? –Voldemort firmó todos y cada uno de los documentos que McEwan le presentó.

-No, mi Lord. –El mortífago dudó unos instantes-. Sin embargo... me informaron que hoy a mediodía Albus Dumbledore visitó a Cornelius Fudge en su oficina.

Voldemort dejó de lado lo que hacía para volver su atención a su mortífago.

-Continúa...

-Pues verá... –McEwan se aclaró la garganta-. Mi informante me comentó que se encontraba en la oficina del Ministro cuando el Director de Hogwarts arribó por la chimenea. Después de eso le pidieron que saliera, ya que debían tratar un asunto confidencial.

-¿Eso es todo?

-No, señor. Según me enteré, el ministro no salió a comer, por lo que supuse que se había ausentado. Le pregunté a mi informante si había salido por la puerta, y me dijo que no.

-Lo que significa que pudo haber ido a Hogwarts.

-Así es, mi señor.

-Muy bien, McEwan. –Voldemort le devolvió los documentos, ya firmados-. Regresa al Ministerio y date prisa en darlos de alta. Hoy mismo.

-Como usted ordene, mi Lord. –Y antes de retirarse, preguntó-. ¿Quiere que averigüe el motivo de la visita de Dumbledore al Ministerio?

-No, McEwan. El mago oscuro miró con fijeza a su vasallo, quien se estremeció-. Mi espía se encargará de decirme si Fudge se presentó en Hogwarts. Y de ser así, él me informará del porqué. Puedes retirarte.

Después de que McEwan se retiró, Voldemort se dirigió hacia uno de los ventanales que daba al cementerio, de cuyo suelo emanaban fétidos vapores provenientes de las sepulturas que ahí se encontraban y que, bajo la rojiza luz del atardecer, daban una lúgubre imagen a la vista.

"Ya casi será de noche." Pensó el Dark Lord mientras observaba la puesta de sol a través del ventanal. "Colagusano no tardará en llegar, y entonces sabré qué hacer con los Malfoy."

El mago oscuro levantó su mano derecha y observó con detenimiento el anillo que portaba en el dedo medio. "No falta mucho para que quien porte este anillo, sea mi compañero por el resto de su existencia..."

Y levantando ambos brazos hacia el cielo, gritó con una voz tenebrosa que hizo que las aves de rapiña que se encontraban asaltando el cementerio levantaran el vuelo, asustadas.

-¡El día está muy cercano, querido Draco, y no habrá nada ni nadie que pueda impedir que seas mío!

oooooooOooooooo

Un atractivo joven, alto y de suave tez morena se dirigía a toda prisa hacia sus habitaciones.

Hacía ya casi un año desde que Oliver Wood terminara sus estudios en el colegio de Hogwarts, pero deseando ser Medimago, quiso primero averiguar si era lo suficiente apto para estudiar una carrera que no solo era muy exigente, sino que además, requería ser lo bastante templado para poder soportar largas jornadas rodeado de personas, la mayoría de las veces cubiertas de sangre o con algún miembro roto o vísceras expuestas.

Y aunque estaba seguro que como ayudante de Madame Pomfrey en la enfermería, muy rara vez se presentaría con un panorama de esa naturaleza, al menos le serviría para saber si tenía la suficiente fuerza de voluntad para resistir a una parvada de niños de primero quemados con alguna poción mal elaborada, o algún estudiante de último curso herido por algún hechizo mal dirigido.

Así que con ésa intención se dirigió, al día siguiente de su graduación, con el Director Dumbledore para solicitarle el puesto como ayudante de Madame Pomfrey, exponiéndole las razones de su decisión de permanecer como mínimo, un año más en la institución.

Lo que Dumbledore tomó como una excelente idea, ya que en ése tiempo Madame Pomfrey no hacía más que quejarse del poco apoyo que se le brindaba, ya que por ser Severus uno de los profesores que más la apoyaba, éste había tenido que dejarla abandonada para no sólo atender sus clases, sino también las clases extras de Duelo, que se venían aplicando desde principios de ese año, en preparación impartida a los alumnos de último curso por cualquier eventualidad que llegase a ocurrir ante el temido ataque de Voldemort.

Lo que había provocado, como consecuencia, que las visitas de los alumnos de último año a la enfermería se incrementaran de forma considerable, por lo que el director y la encargada de la enfermería no tuvieron ningún reparo en admitirlo, ese año y todos los años que el muchacho quisiera.

-Sólo será un año. –Había aclarado el muchacho antes de que el entusiasmo del director y la enfermera se elevaran a niveles cósmicos.

Y así había transcurrido casi todo un año desde que el chico decidiera ser medimago. Ahora, más que en ése entonces, sabía que la carrera que había elegido era la correcta. Tanto así, que ya había hecho los trámites para entrar a la universidad al siguiente año, y estaba llevando desde hacía dos meses un curso de preparación. Por lo que había negociado con Madame Pomfrey el turno vespertino, de manera que las mañanas le quedaban libres para poder asistir al curso.

Detuvo sus pasos al encontrarse frente a sus aposentos, y conteniendo el aliento por la anticipación abrió la puerta y traspasó el umbral. Pero el ex capitán del equipo de Gryffindor se llevó una sorpresa al encontrarse solo en la habitación donde se suponía que lo estarían esperando.

"Qué extraño..." Pensó mientras se encaminaba hacia el centro de la habitación. "Él nunca falta a nuestras citas."

Y se dirigía hacia su recámara cuando se percató de una pequeña nota que yacía en el suelo, junto a la puerta, y que al llegar no había podido percibir. La levantó del suelo y se dispuso a leerla. Apenas la hubo abierto cuando reconoció enseguida la letra de quien la enviaba.

"Querido Oliver:

Siento mucho haber faltado a nuestra cita de hoy. Ha surgido un problema y me es imposible verte ésta noche. Te prometo que mañana a ésta misma hora te recompensaré.

Quien te ama."

-Lástima... y yo que pensé que nos veríamos hoy.

El Gryffindor guardó la carta en un cajón de su mesita de noche y se dispuso a descansar.

-Mañana haré que me recompense con creces. –Se dijo antes de quedarse dormido.

oooooooOooooooo

Desde la ventana de su habitación, Remus Lupin contemplaba la luna creciente.

"En unos días mas tendré que irme al bosque de nuevo." Pensó mientras pasaba su pálida mano sobre una de tantas cicatrices localizadas en su cuerpo.

No obstante que Severus, con su poción Matalobos había logrado que las transformaciones de Remus fueran menos peligrosas, no había podido eliminar el terrible dolor y las secuelas que cada transformación dejaba en su cansado cuerpo.

Y a pesar de que muy pocos eran los que sabían de su licantropía, los días anteriores y posteriores a la Luna Llena el humilde profesor de Defensa se sentía susceptible a la presencia de cualquier persona, por lo que el licántropo prefería perderse de la vista de todo el mundo hasta que días después reaparecía ojeroso, pálido y con nuevas cicatrices.

"Al menos Sirius me ha ofrecido hacerme compañía durante esos días." Ésa misma mañana, durante el desayuno, el tema de la licantropía de Remus había salido a colación una vez más.

Sirius le había preguntado si se estaba tomando la poción Matalobos. Ante la respuesta afirmativa de su mejor amigo el animago se disculpó por no haber estado con él durante sus dos últimas transformaciones. Y de paso, también por no haberlo hecho durante los diez años que estuvo preso en Azkaban.

-Sólo no se te ocurra disculparte también por el tiempo que permaneciste en el velo. –Le había respondido el licántropo, a lo que Sirius sólo sonrió dando por terminado el asunto de las disculpas.

Remus dejó el lugar que ocupaba junto a su ventana y se dirigió hacia su cama, de donde tomó una caja que mantuvo sostenida un momento entre sus manos. Ésa caja era la tercera que Sirius tomara de la repisa sobre su chimenea. Al principio Remus pensó que se trataba de un regalo de Sirius a su ahijado, como las dos cajas anteriores.

Pero cuál había sido su sorpresa cuando, en vez de abrirla, el animago la extendió hacia él.

-Toma, es un presente para ti. –Le había dicho mientras le entregaba la caja-. Espero que te guste.

Remus volvió al presente mientras contemplaba la elegante capa en un oscuro y hermoso color chocolate, con una filigrana en las orillas tan fina y exquisita como la de la capa de Harry, sólo que en oro amarillo.

El licántropo pasó la fina tela a lo largo de su mejilla, sintiendo su suavidad y calidez. "¿Será así de suave su piel?" Se preguntó mientras volvía a doblar la capa y la guardaba de nuevo en su caja. "No. Su piel debe ser mucho más suave..."

Guardó la caja en la parte superior de su clóset mientras lo analizaba con detenimiento. "Tendré que conseguirme un traje que sea adecuado a ésta capa." Se dijo mientras se desvestía con lentitud para sólo quedarse con un cómodo bóxer azul.

Se metió entre las sábanas y se puso a repasar los sucesos de ése día. Del agradable encuentro con su mejor amigo ésa mañana, sus pensamientos se dirigieron hacia lo acontecido más tarde en la oficina del Director.

"Me hubiera gustado saber qué está ocurriendo con los Malfoy." El licántropo suspiró. "Con toda seguridad debe ser algo muy grave como para que la Orden del Fénix tenga que proteger a su hijo."

De repente recordó su reencuentro con el que alguna vez había compartido su intimidad. Y a pesar de que aquello había ocurrido hacía ya muchos años, no pudo evitar sentir algo especial al volver a verlo después de tanto tiempo.

"Sigue siendo igual de altivo que antes. Sólo que menos joven, al igual que yo. Pero sigue conservando un gran atractivo. Y su mirada sigue siendo igual de enigmática y sus ojos sieguen siendo muy bellos..."

Se dio la vuelta bajo la sábana, molesto consigo mismo por el rumbo que acababan de tomar sus pensamientos. "Pero ahora está casado, tiene familia y poder, y además es un mortífago. Nada puede ya quedar de lo que alguna vez ocurrió entre los dos. Ni siquiera las cenizas."

El licántropo suspiró, desalentado. "Al menos él tiene una familia que lo ama y que lo respeta. Y es un hombre normal, sin problemas como los que yo tengo."

-Ojalá yo tuviera a alguien que me amara... –Murmuró con una voz tan tenue que apenas logró escucharse él mismo. Cerró los ojos y se relajó para recibir al sueño, que ya comenzaba a invadirlo.

El licántropo se dejó arrullar por los brazos de Morfeo, mientras se permitía el lujo de soñar con que Sirius lo amaba, con que él no era un Hombre Lobo, y con que ya nunca más se encontraría miserablemente solo.

Continuará...

Próximo capítulo: Lo que guarda el corazón.

Notas: Gracias a todos los que han seguido el fic, y gracias también por sus reviews. Hasta la próxima.


Besitos

K. Kinomoto.