Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuestas
a los Reviews.
Jopito: Je, je... no te preocupes, sé lo que quiste decir sobre los capítulos. En cuanto a Remus y Sirius.. bueno, la verdad es que falta muchísimo para que algo pueda ocurrir, y te soy franca cuando te digo que realmente es MUCHO. Severus y Harry ya van a hablar y créeme, sólo ha pasado un día. Sobre lo que pasó con Harry y la poción, pues... ya lo verás en éste capítulo. No sé, tal vez es que él es así, pero la poción sólo lo desinhibió...
Sandra-sms: Me alegra mucho que te gustaran los tres primeros capítulos y espero que éste no sea la excepción. Sólo puedo decirte que a Draco le falta mucho más para sufrir, como a muchos de los personajes. ¿Si al final lo recompensaré? No lo sé... tal vez... Besitos.
Verito: Me da muchísimo gusto saber que el primer review que escribes ha sido dirigido a mi historia. Eso me da mucho más ánimos para seguir escribiendo. Te aseguro que la historia se pondrá mejor. Saluditos.
Y ahora sí, el cuarto capítulo.
IV
Lo que guarda el corazón.
Ya era casi media noche cuando los alumnos de séptimo de la Casa de Gryffindor salieron del examen de Astronomía. Los compañeros de Harry se habían puesto de acuerdo para armar una pequeña fiesta en la Sala Común, para celebrar los últimos días de exámenes y despedirse del Colegio.
Pero Ron y Hermione vieron la oportunidad de escabullirse y se dirigieron hacia el cuarto de las escobas, de donde tomaron las suyas y salieron a dar un paseo más allá de las Torres.
Y ahora se encontraban uno junto al otro, contemplando la misma luna que Remus observara antes de dormirse.
Habían hechizado sus escobas con el conjuro del almohadón, por lo que la escoba de Ron les servía de asiento, mientras que la de Hermione se hallaba detrás, sirviéndoles de respaldo, de modo que aunque a simple vista parecía que de un momento a otro caerían, en realidad se encontraban bastante cómodos.
-¿Sabes, Hermione? –Ron tuvo la iniciativa de comenzar a tratar el tema que habían dejado pendiente-. Estuve pensando mucho sobre lo que platicamos la última vez. Y verás, yo... creo que fui bastante grosero cuando decidí cambiar el tema de esa manera, y por eso quiero empezar ofreciéndote una disculpa.
-No te preocupes por eso, Ron. –Hermione tomó la mano de su novio-. Si crees que aún no estás listo para dar este gran paso, no te voy a presionar.
-No es eso en realidad. –Interrumpiéndola-. Claro que quiero casarme y todo eso pero... hay algunas cosas que quiero dejar en claro antes de tomar una decisión de esta naturaleza.
-¿Quieres estar seguro si en realidad me amas?
-Claro que te amo, Hermione. –Ron la acercó con lentitud hacia él y la abrazó de forma protectora-. Te amo más de lo que puedas siquiera imaginar. Te puedo asegurar que mi vida no tendría ninguna razón de ser si me llegaras a faltar.
-Entonces, ¿Qué es lo que está impidiendo que te decidas?
-Eso con exactitud, Hermione. –La muchacha lo miró sin comprender-. Es la dificultad que tengo para tomar decisiones.
Hermione sólo frunció el ceño ante la explicación de Ron. Sentía, de alguna manera, que podía entender algo de lo que le decía. Sin embargo, no podía dejar de advertir que algo se le estaba escapando de su comprensión.
Al ver el gesto de su novia, mitad entendimiento y mitad confusión, decidió tratar de explicarse mejor.
-Verás... –El pelirrojo tomó aire, ésta iba a ser una muy larga explicación-. Tú sabes que yo pertenezco a una familia muy numerosa. Y que además, soy el penúltimo de todos mis hermanos.
-Así es.
-Y también recordarás cómo es mi familia. Mis hermanos mayores siempre han sido personas muy emprendedoras y la verdad es que a la edad que tengo, ellos ya eran independientes. –El muchacho suspiró-. No puedo evitar pensar que algo me ha faltado, que ha hecho que no pueda sobresalir como ellos lo han hecho.
-Ron. –Hermione volteó el rostro de su enamorado para que la viera a los ojos-. Ellos son muy distintos entre sí. Tú eres distinto a ellos. Y yo te amo porque eres diferente a los demás.
-Pero no soy todo lo que quisiera ser. –El muchacho desvió el rostro hacia otro lado-. ¿Has notado que de nosotros tres la que siempre toma las decisiones importantes eres tú?
La joven castaña guardó silencio unos instantes, tratando de asimilar la pregunta de su novio.
-Eso es cierto, Ron, pero... –Ahora fue el turno de ella para voltear el rostro hacia otro lado-. Ustedes son los que han pedido siempre mi opinión. Nunca creí que tomaran mis resoluciones de forma imperativa.
Ron se dio cuenta de que la muchacha se había ofendido.
-Y nunca las hemos menospreciado, Hermione. Tú eres la más inteligente y preparada de los tres, y siempre hemos respetado tus decisiones, así como tú lo has hecho con nosotros. Jamás hubiéramos puesto en duda tu capacidad, ni mucho menos tu interés en nuestro bienestar. De hecho, si en todos estos años que Harry y yo nos metimos en problemas, no hubieras estado tú ahí con nosotros, simplemente no hubiéramos llegado al segundo año.
La tomó de los hombros mientras proseguía.
-Y no lo digo sólo por las veces que nos salvaste la vida, sino por todas las ocasiones en que te desvelaste con nosotros para explicarnos las materias que no comprendíamos. Hermione, eres y has sido siempre una persona invaluable para nosotros. Así que no pienses que te consideramos como una metomentodo, como estoy seguro que debes estar pensando.
-Me conoces demasiado. –Hermione sólo atino a sonreír ante la explicación de su novio-. Pero entonces, ¿Qué es lo que tratas de decirme? Porque hasta donde estoy entendiendo, estás hablando sobre tomar decisiones y todo eso...
-Exacto. Verás... –El pelirrojo se pasó una mano por el rostro, tratando de ordenar sus ideas-. En el caso de mi familia, siempre han sido ellos los que toman las decisiones por mí. Y yo lo he permitido durante tanto tiempo, que ahora la sola idea de tener que tomar una decisión por mi propia cuenta y riesgo simplemente me aterra.
-¿Es por esa razón que aún no has podido decidir qué carrera tomar? –El muchacho guardó silencio, dando a entender a su novia que iba por el camino correcto-. Eso, y porque tienes miedo de que, si nos casamos, yo sea la única que tome las decisiones importantes, aún pasando por sobre tus opiniones.
El muchacho bajó el rostro, avergonzado. Esas mismas palabras que antes pensara en sus momentos de soledad, ahora de labios de su novia se escuchaban ridículas en verdad.
-Soy un estúpido, ¿Verdad?
Ahora fue el turno de Hermione de guardar silencio, dando a entender que su novio tenía razón. Era un estúpido.
-A decir verdad, no lo eres tanto. –Después de que la muchacha recapacitara sobre su último pensamiento-. Creo que todo lo que me has dicho hasta ahora tiene mucho sentido.
Hermione se acomodó entre los cálidos brazos de su novio, mientras continuaba con su razonamiento.
-Creo que a ti te ha pasado todo lo contrario que a mí. –En este punto la muchacha cerró los ojos, tratando de que el recuerdo de sus padres muertos no la afectara-. Yo fui hija única, y cuando mis padres se enteraron de mis poderes mágicos, de alguna manera, aunque ellos jamás quisieron admitirlo, me apartaron. De modo que yo quedé prácticamente sola en un mundo en el que nunca encajé.
El pelirrojo no dijo nada, sólo se concretó a estrechar el abrazo en el que tenía envuelto a la joven.
-Por eso, desde muy pequeña aprendí a valerme por mí misma en muchos aspectos. Aunque siempre fui dependiente de mis padres en algunos sentidos, en otros casos traté de no estar tan sujeta a ellos. Así fue como me acostumbré a tomar mis propias decisiones. –Levantó el rostro hacia su novio, mientras lo miraba a los ojos-. Por eso la idea de casarme no me asustó. A decir verdad, yo... sabía que cuando la escuela terminara tendría que volver a la que alguna vez fue la casa de mis padres. Y la verdad es que no quiero regresar y encontrarla vacía, sin ellos.
La muchacha respiró con fuerza, tratando de contener las lágrimas.
-Por eso fue que decidí irme a Italia. Sé muy bien la carrera que quiero cursar, y sé también lo que haré cuando me encuentre allá. Es sólo que... no me agrada la idea de estar sola.
-Jamás estarás sola, mi amor... –Ron pasó sus manos por su alborotado cabello, acariciándolo con ternura-. El que no lleguemos a estudiar en la misma escuela no significa que no volvamos a vernos. Además... aún no he visto todas las opciones de carrera que tengo. Puede que tal vez la carrera que elija sea en el mismo país.
-¿De verdad? –Una chispa de alegría se vislumbró en los ojos castaños-. ¿Quieres decir que también te irías a Italia?
-Bueno... si encuentro una carrera atractiva, no lo sé. Tal vez. –El muchacho de ojos grises agregó-. Cuando salgamos de Hogwarts averiguaré qué carreras puedo cursar allá. Tal vez encuentre algo interesante.
-Me parece una buena idea. –La muchacha lo miró, emocionada-. ¿Ves? No es tan difícil tomar decisiones.
-Es cierto. No me costó mucho trabajo. -Los muchachos guardaron silencio unos momentos-. ¿Sabes? Puede que un día de éstos también me decida a pedirte matrimonio.
-Sólo espero que no te tardes muchos años. Quiero que sea Albus Dumbledore quien nos case. –Ambos rieron-. ¿Cuántos hijos te gustaría que tuviéramos?
-Tres. –El muchacho suspiró-. Tienen que ser niñas, todas con el cabello alborotado y sonrisas pizpiretas. Y muy inteligentes, como tú.
-Pues yo quiero que sean varones. Con los ojos grises...
-Pero que no tengan pecas.
-Y que sean pelirrojos, como tú...
-Está bien... -El muchacho suspiró-. Que sean pelirrojos.
oooooooOooooooo
Harry había logrado escaparse de la Sala Común después de haber visto salir a sus dos mejores amigos. No tenía intención de seguirlos, pues sabía muy bien que ambos tenían asuntos pendientes qué tratar. Así que mientras les deseaba buena suerte, se dirigió de nuevo hacia la Torre de Astronomía, pues sabía que a ésa hora estaría vacía por completo.
Sentado en el mirador con la espalda apoyada contra uno de los telescopios, el muchacho de ojos como esmeraldas, contemplaba el firmamento tachonado de estrellas, perdido en sus pensamientos. Por más que intentaba borrar de su memoria lo acontecido la noche anterior, el recuerdo de las palabras que le confesara a su profesor volvía una y otra vez a su mente, junto con la mirada de unos intensos ojos que se clavaban en su alma como filosas dagas negras.
Sentía una gran opresión en el pecho. Desde que lo viera ésa misma tarde en el comedor, una enorme congoja lo embargaba al recordar que el hombre que tanto ansiaba había pasado de largo frente a él sin tomarse la molestia de mirarlo siquiera.
"No existo para él..." Pensó con tristeza mientras una solitaria lágrima corría por su mejilla. "Lo mejor será arrancarlo de mi corazón."
El muchacho exhaló un largo suspiro mientras susurraba el nombre de la persona que ocupaba sus pensamientos, y que el suave viento de la cálida noche de verano se encargó de llevarse, junto con su exhalación.
-¿No se supone que su examen ya terminó, señor Potter?
El joven de negros cabellos alborotados, tan alborotados como su corazón en ésos momentos, secó con rapidez la lágrima que corría por su piel mientras se ponía de pie.
-Lo siento, profesor. –El muchacho hizo el amago de retirarse-. Hasta mañana.
-¿Al menos no piensa decirme qué hace aquí a éstas horas? –El profesor tomó uno de los hombros de su alumno, impidiendo su retirada-. Tendrá que ser una buena explicación, si no quiere perder puntos.
-Quería estar solo. –Y como la noche anterior, el Gryffindor sintió un estremecimiento cuando advirtió la mano de su profesor sobre él.
Severus aprovechó el momento para hacer que el muchacho se recargara contra uno de los telescopios, mientras él volvía a acorralarlo con su cuerpo. El temblor de Harry aumentó.
-¿Está seguro que desea estar solo? –El aliento del profesor rozó el rostro del moreno, quien no pudo evitar cerrar sus verdes ojos-. Porque si es así, seré yo quien se retire. Ya sabe... para no seguir molestándole.
-No... –El joven sentía el cuerpo de su maestro tan cerca, que estaba seguro de que si daba un paso hacia delante chocaría con él.
-No, ¿Qué? –Severus le hizo ésta pregunta con sus labios pegados al oído del muchacho, haciendo que un suave gemido escapara de sus jóvenes labios.
-Quiero decir... no se vaya. –Harry dio un paso hacia delante mientras levantaba ambas manos y las posaba con timidez sobre los hombros de su profesor-. Se está tan bien así...
Y ante la sorpresa del adusto profesor, "el niño que vivió" recargó con suavidad su cabeza sobre su pecho, mientras cerraba los brazos alrededor de su cuello. Un suspiro escapó de los labios de Severus, mientras Harry levantaba su rostro y lo miraba a los ojos, para después esconderlo, ruborizado, entre los pliegues de su negra capa.
Pasaron varios minutos antes de que alguno de los dos se atreviera a decir o hacer algo más, hasta que Severus cerró sus brazos alrededor de su cintura, para acercarlo más a él.
-Profesor...
-¿Sí?
-¿Qué perfume usa?
Severus se separó un poco del muchacho para mirarlo a los ojos, incrédulo.
-Es que... me gusta mucho. –Trató de justificarse Harry, al tiempo que los colores subían de nuevo a su rostro el cual volvió a ocultar, tímido, entre sus ropas.
-Es un perfume que yo mismo elaboro. –El profesor suspiró-. No encontrarás la misma esencia en otro lado.
El muchacho levantó su vista hacia Severus mientras le respondía.
-No pienso buscarla en ninguna otra parte, profesor.
Severus correspondió al dulce mirar que el muchacho le dirigía, y mientras lo tomaba con más firmeza por la cintura, con una mano acariciaba el suave rostro del joven que le cautivaba.
-Puedo elaborar una esencia especial para usted, señor Potter. –Le dijo mientras trataba de adoptar, en vano, una actitud profesional-. Sólo necesitaré algo suyo.
-¿Algo mío? –El joven trató de aparentar una táctica parecida a la de su profesor, en una clara actitud de coquetería-. ¿Cómo qué?
-Pues... –Severus miró hacia la lejanía, pensativo-. Podrían ser unas gotas de su sudor o... de sus lágrimas. Como la que se secó cuando se dio cuenta de mi presencia.
En ese momento Harry cayó en la cuenta de que su profesor llevaba más tiempo ahí del que se suponía.
-¿Sabe una cosa, Señor Potter? –Severus levantó el rostro de su pupilo para hacer que lo mirara a los ojos-. Para serle franco, prefiero más su sudor a sus lágrimas...
El muchacho se ruborizó con intensidad ante la clara insinuación de su profesor. Pero antes de que pudiera responderle algo más, sintió unos suaves y cálidos labios posarse sobre los suyos, en una sutil caricia, tan ligera y rápida como el aleteo de una mariposa.
Y Harry hubiera creído que había sido sólo imaginación suya, si no hubiera escuchado las palabras de su profesor, tan sugestivas y sensuales como las manos que acariciaban su espalda.
-Pero prefiero mucho más sus besos...
Y volvió a besarlo. Ésta vez con todo el deseo y la pasión reprimida por tanto tiempo, haciendo que Harry no pudiera hacer más que corresponderle con toda la intensidad que su joven cuerpo era capaz de expresarle.
Fue un beso largo, interminable, lleno de toda clase de sentimientos. Un beso en el que ambos entregaron todo lo que guardaban en lo más profundo de sus corazones y que, hasta ésa noche, ninguno de los dos había tenido el valor de expresar.
oooooooOooooooo
-Y no te imaginas el gusto que me dio cuando el profesor Dumbledore me informó que nuestro hijo fue el mejor en la materia de pociones...
Lucius y Narcisa Malfoy se encontraban en la sala de su mansión. Ella se paseaba de un lado a otro, contándole a su esposo sobre su visita a Hogwarts, mientras que el rubio se hallaba sentado en un sillón frente a la chimenea con un libro en las manos.
Seguros de que estarían siendo escuchados, el matrimonio se había puesto de acuerdo sobre qué tipo de conversación entablarían cuando regresaran a casa. Por lo que la conversación que en ése momento sostenían era sólo una actuación.
-Me alegro por Draco. –Respondió Lucius sin despegar la vista de su libro-. Sólo espero que no se le vaya a ocurrir convertirse en profesor de Pociones, como Severus.
Narcisa calló. Ella no le había dicho nada a Lucius para evitar una reacción de ésa naturaleza, ya que sabía que en realidad dedicarse a las pociones era el sueño de su hijo. Y en vez de seguir con la conversación, decidió dar por terminado el asunto. Bostezó fingiendo cansancio.
Después de darle las buenas noches a su mujer, Lucius se quedó un rato más en la sala, leyendo. El libro que sostenía en sus manos llevaba por título "Magia negra. Cómo combatirla." Y el rubio parecía bastante interesado en la lectura.
Peter Pettigrew, en su forma de animago, permanecía escondido en una esquina de la habitación, pendiente de la conversación que el matrimonio sostenía. Cuando la mujer se retiró a descansar la rata respiró, aliviada. El superficial parloteo de la mujer desde su llegada a la mansión no había hecho más que aburrirle.
"Me pregunto qué libro será ése que lee..." se preguntó mientras rodaba sus brillantes ojillos de una esquina a otra, alerta.
En ése momento, Lucius bostezó y siguió con su lectura, hasta que poco a poco el sueño lo venció. La mano que sostenía el libro fue cayendo con pesada lentitud hacia un costado del mago mientras el libro caía al suelo, olvidado.
Colagusano, quien no había perdido detalle de lo ocurrido, se acercó con sigilo hacia el sitio donde el libro había caído, y comenzó a leer las páginas que tenía a su alcance.
-Desmaius.
La rata cayó sobre el libro abierto, sorprendida por el hechizo que Lucius le lanzara. Al estar inconsciente, Peter Pettigrew no pudo seguir manteniendo su forma de animago, por lo que Malfoy pudo ver cómo la rata delante de él se convertía en el mortífago conocido como Colagusano.
Con la varita aún en su mano, Lucius llamó a un elfo, quien en segundos apareció en la habitación donde Narcisa descansaba.
-Perdone señora... –Se disculpó el elfo-. El señor la espera en la sala. Dice que es urgente.
Narcisa Malfoy dejó a un lado el libro que leía y se apresuró a llegar donde su esposo. No se sorprendió al ver a quién apuntaba el rubio con su varita.
-Severus tenía razón. –La mujer se paró a un costado de su esposo-. Habrá que hacerlo hablar.
-Por desgracia no contamos con Veritaserum en casa. –El rubio tomó un puñado de polvos y lo lanzó a la chimenea-. Severus, ¿Estás ahí?
Pero después de un rato más de estar llamando a su ex compañero, y viendo que no había modo de localizarlo, decidieron comunicarse con Albus Dumbledore, quien respondió a través de su chimenea al primer llamado.
-Tenemos a Colagusano. –Dijo el rubio cuando obtuvieron respuesta del director-. Queremos hacerlo hablar, pero no tenemos aquí el suero de la verdad. Y no podemos localizar a Severus.
-No hay problema. Tráiganlo para acá, nosotros nos encargaremos de suministrarle el suero –Tras lo cual agregó-. En cuanto a Severus yo me encargaré de localizarlo.
Cuando la cabeza de Dumbledore desapareció entre las llamas, Lucius mandó a llamar a un elfo, quien levantó el cuerpo inerte del espía y se lo puso sobre el hombro como si fuera un costal de papas. Lanzó un puñado de polvos y después de mencionar el destino, el elfo desapareció con su carga por la chimenea. Momentos después Lucius y Narcisa partían detrás de él.
oooooooOooooooo
-Entonces, ¿Usted cree que debemos estar en alerta?
-Así es. Y Harry, tutéame.
-Lo siento...
Harry y Severus continuaban en la Torre de Astronomía. El profesor se hallaba sentado en el lugar que antes ocupara su alumno, de manera que quedaba recargado sobre el telescopio y Harry se había acomodado de espaldas a él, entre sus piernas, de modo que ambos tenían la misma vista desde el mirador.
-¿Cómo sabes que Voldemort está próximo a atacar? –Durante todo el rato que llevaban en ésa posición, Severus no había perdido el tiempo y se la había pasado besando sus orejas, su nuca, su cuello y sus labios, tantas veces que ya ni siquiera llevaba la cuenta-. ¿Te ha estado convocando?
-Por suerte no, Harry. –Severus aprovechó que el muchacho volteó a verlo para besarlo de nuevo-. Pero han estado ocurriendo ciertas cosas que me hacen suponer que la guerra está más cerca de lo que cualquiera se imagina.
-¿Qué cosas han ocurrido? –Harry cerró los ojos por enésima vez al sentir un estremecimiento causado por un pequeño mordisco en su cuello.
-No puedo decírtelo, pero sí te voy a advertir que una persona cercana a nosotros corre un grave peligro.
Harry se enderezó de la posición en la que se encontraba para ver a su profesor de frente.
-¿Acaso hablas de alguno de mis amigos? –El muchacho mostró verdadera preocupación-. ¿Acaso es Ron o Hermione?
-No, tranquilo. No se trata de ellos. –Severus desvió sus negros ojos hacia el horizonte, incapaz de seguir respondiendo a las preguntas de su pareja-. Pero sí es alguien cercano.
-No estarás hablando de Draco, ¿Verdad? –Y al no recibir contestación-. ¿Es él?
Severus instó a su alumno a que volviera al sitio donde se hallaba antes, mientras le respondía.
-Sí, Harry. Pero no debes preocuparte. –El profesor de pociones acarició el alborotado cabello del joven-. Ya se están haciendo los movimientos necesarios para protegerlo.
-¿Sabes? –Harry recargó su cabeza en el cuello del profesor, mientras recordaba-. Draco me platicó de un sueño que tuvo anoche.
-¿Un sueño? –El profesor prestó toda su atención-. ¿Qué fue lo que soñó?
-Me dijo que había soñado con velas negras y un círculo. Había hombres encapuchados y él estaba en el centro.
-¿Eso es todo?
-Al menos lo que pudo recordar. –El muchacho suspiró en el cuello de su profesor-. También me dijo que había sentido mucho miedo.
Severus se quedó callado ante el relato de Harry. No quiso asustarlo, así que se guardó el pensamiento para sí.
Según tenía entendido, ese sueño de Draco era algo parecido a la magia negra que se utilizaba en ciertas ocasiones para consolidar una unión mágica entre un mago oscuro y un mago de sangre pura. Y tanto Voldemort como Draco cubrían ambos requisitos.
Severus estaba seguro de que esa sería la forma en que Voldemort se uniría a Draco en caso de que llegase a capturarlo, por lo que no tuvo duda alguna en que el sueño de su ahijado había sido premonitorio.
"Tendré que hablar con Albus sobre esto. Si es necesario reforzaremos la vigilancia sobre Draco..."
-¿En qué piensas? –La voz de Harry susurrándole al oído lo hizo volver a la realidad.
-Lo siento. Me perdí por un momento.
-¿Qué clase de peligro corre Draco? –Harry siguió insistiendo sobre el tema-. ¿Sabes? Nos hemos vuelto buenos amigos, y en verdad estoy preocupado por él.
El profesor de pociones suspiró.
-Lo siento, Harry. Pero eso es algo que no está en mis manos contarte. –Lo abrazó por la cintura mientras jugueteaba con su nariz en su cabello-. Pero te prometo que si es necesario que lo sepas, yo mismo me encargaré de informarte de todo lo que ocurra.
-¿Me lo prometes?
-Por supuesto... –Y acto seguido tomó su rostro entre sus manos y lo besó con pasión.
Harry correspondió al beso de su profesor de la misma manera, al tiempo que se daba vuelta para quedar sentando sobre sus piernas de frente a él. Las manos del joven vagaron por el pecho de Severus, quien se estremeció al sentir que una de ellas había traspuesto la barrera de la ropa, lo que hizo que el mago mayor profundizara con más fuerza el beso.
-Ejem... ¡Ejem!
El carraspeo que ambos escucharon prácticamente los hizo saltar. Severus se separó de inmediato de su alumno, quien apenas tuvo tiempo de sacar su mano de donde la tenía metida. Y entre tanto se hacían un lío para ponerse de pie sin pisotearse las capas mutuamente, no repararon en la divertida mirada de su espectador, quien no pudo menos que ocultar una traviesa sonrisa por debajo de su larga barba.
oooooooOooooooo
-Enervate.
Peter Pettigrew volvió en sí con lentitud. Al principio creyó que se hallaba frente a su maestro, pero al recuperarse por completo adquirió conciencia del sitio donde se encontraba. Trató de levantarse, pero la punta de una negra varita sobre su cuello le instó a quedarse en el mismo sitio.
-Lucius, Severus... traidores. –Colagusano dirigió con desprecio su mirada de uno al otro mientras pronunciaba éstas palabras-. Cuando el maestro se entere...
-No hables de traidores, Colagusano. –Albus intervino-. Y tampoco se enterará Voldemort, de eso nos encargaremos nosotros.
Y acto seguido, Lucius levantó con poca delicadeza el insignificante cuerpecillo del animago y lo obligó a quedarse quieto, mientras Severus se acercaba a él con un pequeño vaso con un líquido transparente que el traidor reconoció enseguida como Veritaserum.
-¡No te atrevas a... glup! –Severus aprovechó que Colagusano abrió la boca para vaciarle el contenido de un solo golpe.
-No pensé que fuera tan estúpido. –El profesor de pociones cedió su sitio al Director.
-Peter... ¿Me escuchas?
-Perfectamente. –Respondió el aludido de forma automática.
-Tengo muchas preguntas qué hacerte. Así que quiero que respondas. –El director se aclaró la garganta antes de comenzar-. ¿Qué estabas haciendo en la mansión de los Malfoy?
-Estaba espiando a Lucius y Narcisa Malfoy.
-¿Por qué motivo lo hacías?
-Fui enviado por mi maestro.
-¿Por qué motivo fuiste enviado por tu maestro? –Los presentes lanzaron un largo suspiro, por lo que el anciano se prometió que las siguientes preguntas serían más extensas.
-Fui enviado porque mi señor tiene dudas sobre la fidelidad de los Malfoy.
-¿Qué motivos te dio de sus dudas, y qué era lo que esperaba que averiguaras?
-Él piensa que Narcisa Malfoy está influyendo en sus decisiones. Y quiere que averigüe si es así, o si los dos están en contubernio para desobedecerle.
-¿Había alguien más con ustedes? ¿De qué hablaban?
-Cuando hablamos no había nadie más. Pero cuando iba llegando vi que McEwan se retiraba.
-¿Cómo supiste que era McEwan? –Intervino Severus-. ¿Acaso no traía máscara?
-Sí traía. Pero pude reconocer su voz chillona.
-Eso quiere decir que cuando llegó, ellos aún hablaban. –El director se frotó las manos, listo para otra tanda de preguntas-. ¿Escuchaste que McEwan hablaba con tu señor? ¿De qué hablaban?
-No supe de qué hablaban. Pero alcancé a escuchar las palabras Ministerio y espía.
-McEwan es un espía de Voldemort en el Ministerio. –Severus se dirigió hacia el Director-. Pero no me sorprendería que tuviera otros espías.
-¿Qué interés puede tener Voldemort con los asuntos del Ministerio? –Albus se rascó su larga barba, pensativo, para después dirigirse a los Malfoy-. ¿Acaso sospecharía de sus planes de amparar legalmente a Draco?
-No lo creo. –Narcisa Malfoy intervino-. Lucius y yo no hablamos nunca de ése asunto, hasta ésta mañana.
-Peter, ¿Saliste en algún momento de la Mansión mientras espiabas a los Malfoy? Y si así fue, ¿A dónde te dirigiste?
-No. No salí a ningún sitio.
-¿Hay algún otro espía para los Malfoy en la Mansión, o en algún otro lugar?
-En la Mansión sólo estaba yo. Pero mi señor me dijo que otros informantes los seguirían cuando salieran.
-Entonces Voldemort debe saber que estuvimos aquí. –La Sra. Malfoy se retorció las manos, nerviosa.
-Pero no sabe de la llegada de Severus por nuestra chimenea, ni de nuestras salidas por el mismo medio. –Lucius tomó la mano de su esposa para tranquilizarla-. Además, no sabe el motivo de nuestras visitas. Puede pensar que sólo fuimos a ver a Draco.
-¿Cuánto tiempo llevas espiando a los Malfoy? –Preguntó el Director.
-Desde ésta mañana.
-Bien, ahora sabemos que Voldemort no está enterado de nada de lo que ocurrió en la Mansión. Peter, ¿Cuáles fueron las órdenes específicas que te dio?
-Estaría con los Malfoy desde el amanecer hasta el anochecer, cuando se durmieran. Entonces me presentaría ante el Lord para rendirle mis informes. Después de eso regresaría a la mansión, antes de que ellos despertaran.
-Eso significa que Voldemort debe estar esperándolo en éstos momentos. –Severus se paseó de un lado a otro-. Seguro que si tarda un poco más lo convocará por medio de la Marca.
-Ése será su problema, no nuestro.
-No lo creas, Lucius. Si no halla a su informante se dirigirá directamente a la fuente.
Ambos Malfoy guardaron silencio ante el último comentario de Severus.
-Volviendo a lo del Ministerio... –Albus Dumbledore intervino-. Severus, ¿Conoces a alguien aparte de McEwan, que pueda ser un espía?
Severus se quedó pensando unos momentos. Después movió su cabeza en señal de negación.
-No. –Fue también la respuesta de Pettigrew cuando el Director le hizo la misma pregunta.
-Tal vez deberíamos tomar nuestras precauciones. –El Director se acercó a su Ave Fénix, para verificar que estuviera durmiendo tranquila-. Necesitamos averiguar qué asunto se trae Voldemort con el Ministerio.
Después de asegurarse que el ave estuviera bien, regresó a su lugar frente a Peter.
-Severus, que no te sorprenda si te convoca uno de éstos días. –Y ante la mirada de extrañeza de los Malfoy-. Querrá averiguar qué vinieron a hacer ustedes aquí.
-Debemos ponernos de acuerdo todos, ya que puede ser que los llame a ustedes también. –Severus rodeó a Colagusano, mientras trataba de ordenar sus ideas-. Si me pregunta, le diré que quisieron ver a Draco a solas, pero que el Director se los prohibió debido al nuevo reglamento. Ya saben, el de las visitas.
-Así se hará creíble mi versión de que no he podido tener contacto con él. –Lucius volteó a ver a Severus-. ¿Cómo evitarás que lea tu mente y lo descubra todo?
-No te preocupes por eso. Domino la Oclumancia.
-Ya veo.
Lucius Malfoy comprendió entonces, que el verdadero trabajo de Severus como espía estaba del lado de la Luz, y no de Voldemort, como él mismo creía. Apreció en su interior la situación, ya que eso le garantizaba el bienestar de su hijo. En ése momento, más que nunca, agradeció a su esposa la idea de dejarlo bajo su custodia.
-El verdadero problema... –El director interrumpió los pensamientos del rubio-. Será cuando los llame a ustedes, ya que, como me dijo la Sra. Malfoy, no dominan ésa habilidad.
Todos guardaron silencio unos instantes, hasta que Severus habló.
-Podrían depositar sus recuerdos más comprometedores en un Pensadero. Así, cuando Voldemort lea sus mentes, no podrá obtener mucho provecho. –Todos asintieron ante la idea del profesor de pociones-. Albus, está reaccionando.
Peter Pettigrew se movió mientras sacudía la cabeza de un lado a otro, sorprendido. Cuando pudo enfocar su vista se encontró con cuatro pares de ojos que lo observaban con resentimiento.
-¡No debieron hacer eso... glup! –El mortífago conocido como Colagusano, volvió a quedar en trance bajo los efectos de la poción que Severus volvió a suministrarle.
-Estúpido, ¿Me escuchas?
-Perfectamente.
-¿Qué harás cuanto te liberemos? –Los tres voltearon a ver a Severus, incrédulos, pero él les hizo una señal de que no se preocuparan.
-Iré a ver a mi maestro. Y le contaré la verdad.
-¿Qué le contarás? –Los otros tres lo miraban, preocupados.
-Le contaré que Lucius y tú son unos traidores. También le hablaré sobre lo que ellos hablaron en la Mansión. Y también...
-¿Estás consciente que si Voldemort se da cuenta que fuiste descubierto, se molestará mucho contigo?
-Sí.
El profesor de pociones se paseó delante del mortífago, analizándolo.
-Sabes que le fallaste, ¿Verdad? y creo que sabes muy bien lo que le ocurre a quienes le fallan...
Peter Pettigrew no dijo nada. Entonces Albus tomó el lugar de Severus frente a la rata.
-Peter, eres un fugitivo de la justicia. Has sido perseguido por asesinar a todas las personas por las que inculparon a Sirius Black. –El Director hizo una pausa, esperando que su oyente asimilara lo que decía-. ¿Sabes que con mucho gusto te enviaría a Azkaban?
-Sí, lo sé.
-Entonces... –Severus Snape habló de nuevo. –Tienes dos opciones. La primera, entregarte a la justicia, para que seas juzgado por tus crímenes, con pena de pasar el resto de tu vida en la prisión o... presentarte ante Voldemort, para que después de que te torture, te maldiga y te vuelva a torturar, te mate en medio del más cruel de los dolores.
-No podemos dejarlo ir. –Narcisa Malfoy intervino, pálida en extremo-. Se lo contará todo...
-No te preocupes, Narcisa. –El director trató de tranquilizarla-. Severus no tiene ninguna intención de dejarlo ir. ¿No es así, Severus?
-Cierto. Pero... –El profesor de pociones se acercó a Albus-. Tampoco podemos enviarlo a Azkaban con todo lo que sabe. Hablaría y entonces nos descubriría no sólo ante Voldemort, sino ante cualquiera.
-No hay nada de qué preocuparse. Borraré su memoria de todo lo que recuerde desde ésta mañana, de modo que no podrá decir en absoluto nada de lo acontecido en la Mansión y aquí. –El anciano de larga barba consultó su reloj-. Son más de las tres de la mañana. Lo mejor que podemos hacer es retirarnos a descansar. Mañana muy temprano avisaré al Ministerio para que vengan por él. Mientras, lo mantendré inconsciente y bajo rigurosa custodia, para que no represente peligro alguno.
-¿Cómo manejarás esto ante los medios?
-Hablaré mañana a primera hora con el editor de El Profeta. Cambiaré un poco la versión de los hechos para no involucrarlos a ustedes. –Volteó a ver a Colagusano-. Antes de que pase de nuevo el efecto, ¿Alguien quisiera hacerle alguna otra pregunta?
-Sí, yo. –El profesor de pociones se plantó ante Pettigrew-. Escucha, quiero que me respondas una pregunta, y quiero que lo cuentes todo con lujo de detalles. ¿Verdad que ustedes fueron los que rellenaron los pescados con picante para que cuando yo los lanzara al lago el Calamar gigante se volviera loco?
oooooooOooooooo
Ron y Hermione estaban sentados uno junto al otro en el sofá de la Sala Común. Estaban a punto de despedirse cuando el retrato se abrió dejando entrar a Harry.
-¿Harry? –Ron lo miró, sorprendido-. Pensábamos que ya estarías durmiendo, como todos los demás.
-Ya son casi las dos de la mañana. –Hermione dejó su sitio al lado de su novio para saludar al moreno-. ¿Dónde estabas?
-Fui a dar un paseo. –El muchacho permaneció de pie frente a ellos-. No podía dormir.
-Pero... –Hermione iba a decir algo más cuando le pareció ver, casi escondida entre la tela de la camisa de su amigo, lo que parecía ser una marca roja en su cuello. Lo miró a los ojos, perspicaz.
Ante la mirada de su amiga, el moreno desvió la suya. Y después de disculparse con ellos por no poder quedarse a charlar, se dirigió hacia el dormitorio.
-¿No lo notaste algo raro? –El pelirrojo no despegó la vista de su amigo hasta que hubo desaparecido-. Algo así como... agitado.
-Con seguridad está cansado. –Hermione se acercó a su novio y le dio un beso-. Yo también lo estoy, así que me retiro.
-¿Saldremos a pasear mañana?
-Por supuesto. –Mientras subía los escalones que conducían al dormitorio-. Después de desayunar.
Ron se quedó un momento más en la Sala Común, pensando en la extraña actitud de su compañero.
Desde que se había hecho novio de Hermione, el muchacho había estado observando con detenimiento la forma en que su novia analizaba a las personas que se encontraban cerca. Fue así como aprendió a distinguir cuando el estado de ánimo de sus compañeros era alegre o triste, o como en el caso de su mejor amigo, errante.
Así fue como desde hacía algún tiempo lo había venido notando. Harry actuaba a veces muy extraño. Sólo bastaba con observarlo un momento para darse cuenta de su estado de ánimo. Y aunque nadie se lo imaginara, había descubierto que sus actitudes y cambios de humor en general ocurrían cuando una persona en particular estaba cerca. O cuando se hablaba de ella.
"Creo que ya va siendo hora de que Harry se sincere conmigo, como yo lo he hecho con él. No quiero que piense en ningún momento que no soy capaz de comprenderlo."
Y con estos pensamientos subió con rapidez los escalones que lo conducían a su dormitorio. Cuando llegó se dirigió hacia la cama de Harry. Estaba acostado y cubierto con las sábanas, tenía los ojos cerrados, pero Ron se negó a creer que estuviera dormido.
-Harry... –El pelirrojo susurró al oído de su compañero-. Sé que estás despierto, debemos hablar.
Pero no recibió respuesta.
El muchacho no se dio por vencido y se sentó junto a él. Acercó de nuevo sus labios a su oído y siguió hablándole.
-No sé dónde estuviste, y tampoco lo que hacías, pero creo que sé al menos en quien pensabas...
Las últimas palabras pronunciadas por Ron surtieron efecto, pues las dos esmeraldas que el muchacho tenía por ojos se abrieron de inmediato.
-¡Lo sabía!
-Silencio... –El moreno le tapó la boca-. Vas a despertar a todo el mundo.
-Lo siento... –El pelirrojo se acomodó en la cama junto a su amigo, quien tuvo que hacerse a un lado para que ambos cupieran-. ¿Y? ¿Vas a contármelo?
-¿Contarte? –Harry se hizo el loco-. ¿Qué tendría que contarte?
-Vamos, Harry, ¿Acaso crees que estoy ciego? ¿Crees que no me doy cuenta de la forma en que lo miras?
-Hermione te lo dijo, ¿Verdad? –Harry recargó su cabeza sobre una de sus manos mientras miraba a su amigo.
-¿Hermione? –El pelirrojo se resintió-. ¿Me estás diciendo que ya le contaste cosas a ella que a mí no me has contado?
-No, Ron. Bueno... algo así. –El moreno cambió su posición para quedar acostado bocabajo, con las manos bajo su barbilla-. Ella se dio cuenta. Y ya la conoces, cuando quiere enterarse de algo...
-¿Y bien? ¿Vas a contármelo o no?
El muchacho de ojos verdes suspiró. Sabía que si se quedaba callado era capaz de que les amaneciera, y a decir verdad, estaba muy cansado.
-Está bien, Ron. Pero la verdad no hay mucho qué contar. –Lo miró con sagacidad-. Además, no me has dicho de quién estamos hablando.
-Vamos, Harry, ¿Tengo que mencionar su nombre?
-¿Cómo sé que no es sólo un truco tuyo para que hable?
Ron no pudo evitar sonreír ante la sagacidad de su mejor amigo.
-¿Sabes? Creo que ya te has juntado mucho con él. Si hasta te estás volviendo igual de agudo y desconfiado.
-Ron... ¿Te das cuenta de que estamos hablando de un varón? Es decir... –El moreno dudó un momento-. ¿No te importa el hecho de que sea...?
-¿Gay? –El pelirrojo se encogió de hombros en un gesto que indicaba que no le importaba en absoluto-. Eres mi mejor amigo, casi como un hermano. Eso tiene más importancia para mí que cualquier otra cosa. Además, yo siempre lo he sabido.
-¿Cómo? –Harry se enderezó de su posición y quedó viendo de frente a su amigo-. No recuerdo habértelo dicho nunca.
-No fue necesario. Me bastó con unos comentarios que me hiciste.
-¿Con unos...? –Harry estaba cada vez más intrigado-. ¿Qué comentarios?
-Bueno, una vez me comentaste que... –El pelirrojo se puso colorado-. Oliver Wood tenía unos ojos muy bonitos.
-¿Eso dije? –Ahora fue el turno de Harry de ponerse rojo-. No lo recuerdo.
-Claro que no. Fue durante una visita a Hogsmeade, y paramos en Las tres escobas. –El muchacho de ojos grises hizo un esfuerzo para seguir recordando-. También me dijiste que no eran tan bonitos como los del profesor Snape. Yo no podía creer que me estuvieras diciendo eso. Y te lo pasé porque tenías algunas copas de ron de grosella de más. Pero estoy seguro que de haber estado en tus cinco sentidos lo hubieras pensado dos veces antes de decir semejantes disparates.
-¿Sabes una cosa, Ron? –Harry se sentó, mientras recargaba su espalda contra la cabecera-. Ahora estoy en mis cinco sentidos. Y déjame decirte que no he conocido otros ojos más bellos que los del profesor Snape.
-No sé porque, pero tenía el presentimiento de que me dirías algo como eso. –Ron se acomodó en la cama de la misma forma en que Harry lo hiciera-. Con exactitud, ¿Qué es lo que sientes por él?
-Lo amo.
El pelirrojo se rascó la cabeza, desconcertado.
-¿Y no pudo haber sido otro? No sé... ¿Lupin, tal vez?
-Ron...
-¿O el mismo Wood?
-Ron...
-Es que... no lo sé... el profesor Snape...
-¡Ron!
-Ya, ya... está bien. –El pelirrojo se cruzó de brazos-. Caracoles. Mira que decir que tiene ojos bellos. Sólo falta que digas que es la ternura personificada...
-Eso también. –El moreno lanzó un largo suspiro-. Además, es maravilloso besando...
-¡...!
oooooooOooooooo
-Vamos, Severus. Eso fue hace veinte años, ¿No podrías olvidarlo ya?
-No, Albus. No es algo que se olvide con facilidad. –El ex pupilo enfrentó a su ex profesor-. ¿O acaso ya olvidaste que por esa travesura me la pasé una semana entera aventándole pescado fresco al animal para que volviera a confiar en lo que la gente le daba? ¿Sabes que hasta el día de hoy detesto el olor del pescado crudo? ¿Y todavía te ríes? Si ahora que lo recuerdo, tú fuiste quien me impuso ese castigo...
-Ya, ya... –El anciano intentaba dejar de reír, en vano-. No olvides que yo también fui engañado. Esos merodeadores sí que se las arreglaban para salir airosos de sus travesuras. Ah, qué tiempos aquellos...
-No me los recuerdes, Albus. –El ex mortífago suspiró, apesadumbrado-. Fue una de las épocas más terribles de mi vida.
Severus se recargó en la pared junto a la chimenea. El sólo recuerdo de todo lo vivido en esos desagradables años aún lastimaba su alma y su corazón, al punto de sentir que todo su ser volvía a llenarse de una intensa amargura.
Albus se levantó de su asiento y se acercó con lentitud al hombre recargado en la pared, cuya vidriosa mirada se perdía en la búsqueda de cosas invisibles a través del fuego que crepitaba, como si buscara que las llamas pudieran convertir en cenizas todos esos recuerdos que tanto lo atormentaban.
-Lo lamento, Severus... –El anciano posó con suavidad una mano en el hombro de quien amaba como a un hijo-. Perdona si todo esto no hizo más que despertar esos recuerdos que tanto te has empeñado en enterrar.
-Lo he intentado, Albus. –El hombre vestido de negro apretó los puños con fuerza, mientras los estrellaba contra la pared con tanta furia que sus nudillos comenzaron a sangrar-. ¡Diablos! ¡Sabes que he intentado olvidar! ¡Sabes que cada día que ha pasado desde que me diste aquélla oportunidad no he hecho más que tratar de recorrer paso a paso el camino que me lleve a la redención!
El atormentado hombre ocultó su rostro entre sus manos, mientras una pequeñas gotas de sangre manaban de ellas, manchando el piso sobre el que se encontraba parado.
-Pero cada vez que doy un paso... algo ocurre que hace que retroceda todo lo que ya he andado. Y... mi ser vuelve a llenarse de amargura y resentimiento. Y mientras más me esfuerzo por avanzar, más siento que retrocedo. Albus, yo ya no puedo más... siento que las fuerzas se me están acabando.
Severus volteó su rostro para mirar de lleno a aquél hombre que era como un padre para él. Y se sintió miserable al ver que los siempre brillantes y alegres ojos como el mismo mar, derramaban lágrimas que se deslizaban con lentitud sobre las mejillas del anciano mago.
-Mírate Albus... –Severus secó con una de sus temblorosas manos una de las tantas lágrimas del viejo-. Tú eres la única persona que en realidad se ha preocupado por mí. Tú has sido quien me ha enseñado el camino del bien. Sé que mi vida sería peor que la basura de no haber recibido tu ayuda cuando más te necesité. Y mira cómo te pago... haciéndote llorar. Y ahora mírame a mí. –Severus pasó sus pálidas manos sobre sus secos ojos-. Estoy vacío por dentro. Tan seco que no puedo ser capaz de llorar, cuando precisamente en un mismo día, he visto derramarse las lágrimas de las tres personas que más amo en éste mundo.
Albus Dumbledore tomó entre las suyas las manos de su protegido. Y mientras las acariciaba con ternura conjuró un hechizo que las sanó de inmediato.
-¿Sabes, Severus? –El mago mayor tomó el rostro del profesor entre sus manos-. Ojalá así como pude curar las heridas de tus manos, pudiera curar también las heridas de tu corazón. Pero por desgracia no es así. Y créeme cuando te digo que, en el momento en que más hundido te sientas, siempre habrá alguien junto a ti, para ayudarte a salir a flote.
-¿Estarás siempre conmigo?
-Estaré siempre contigo, Severus. –Y el anciano añadió-. Además, tienes a tu ahijado que te adora. Y... si mi corazón no me engaña, hay un joven Gryffindor de ojos verdes que creo que también haría cualquier cosa por ti...
Severus Snape lo miró, ruborizado por completo.
-Albus, lo que viste en la Torre...
-Lo que vi en la Torre fue una maravillosa muestra de lo que dos personas maravillosas como ustedes pueden ser capaces de hacer si están juntas. –Albus palmeó la espalda de Severus, en un amigable gesto-. ¿Sabes? Ya me estaba preguntando por qué se estaban tardando tanto...
-Escucha... –Severus tomó una pluma de Fawkes, que se encontraba en el escritorio del Director-. No hemos... es decir, sólo lo he besado. No quiero que pienses que...
-Lo sé, Severus. –El anciano lo miró, divertido-. ¿Acaso crees que no me entero de todo lo que pasa en mi Colegio? Pero dime una cosa... ¿Ya le dijiste que lo amas? –Severus guardó silencio ante la pregunta del anciano-. No, por lo que veo.
-Lo amo, Albus. Es sólo que... –Severus titubeó-. Creo que él no se merece que lo ate a mí. Es decir, a alguien como yo.
-¿No crees que eso es algo que debe decidir él? –Albus Dumbledore miró con fijeza a los ojos de su amigo. Y luego agregó.
-A nadie se le dice lo que debe o no hacer. Ésa es la esencia del libre albedrío del que los seres humanos tanto nos jactamos. El corazón de Harry te eligió a ti, y tu corazón lo eligió a él. Nadie tiene derecho a obligar a nadie a permanecer a su lado. Pero creo que tampoco debemos negarnos la libertad de amar y ser amados, con todos nuestros defectos y todas nuestras virtudes. Harry vio algo en ti que lo hizo amarte. Así como tú descubriste en él la razón para amarlo.
Severus bajó el rostro, pensativo. Tratando de asimilar todas y cada una de las palabras que su mentor le decía.
-No te voy a decir lo que debes o no hacer, Severus, ésa es sólo decisión tuya. Pero al menos te pido que tomes en cuenta lo que te digo. No dejes pasar la oportunidad de amar y dejarte amar. Puede ser entonces que el camino a la redención que tan difícil se te hace recorrer solo, no sea tan doloroso si alguien lo camina junto a ti.
De regreso a las mazmorras, Severus Snape recordaba cada una de las palabras que su viejo amigo le dijera. Y mientras se preparaba para dormir, dirigió su pensamiento hacia la que ahora consideraba su mayor razón para no darse por vencido.
Unos verdes ojos como esmeraldas y unos labios rojos y dulces, como cerezas, fueron las imágenes que, junto con las sabias palabras de su mejor amigo y maestro, Severus guardó en lo más profundo de su corazón.
"Puede ser entonces que el camino a la redención que tan difícil se te hace recorrer solo, no sea tan doloroso si alguien lo camina junto a ti."
Continuará.
Próximo capítulo: Destinos marcados.
Notas: Agradezco muchísimo el que sigan el curso de la historia. Les aseguro que conforme avancen los capítulos se pondrá más interesante.
Por otro lado quisiera pedirles un gran favor. Para el siguiente capítulo necesito saber un dato que hasta el día de hoy ignoro. ¿De casualidad alguien sabe de qué color tiene los ojos Oliver Wood? Le estaré eternamente agradecida a la(s) personas(s) que puedan decírmelo. En el caso en que no haya un acuerdo sobre el color de sus ojos, tendré que inventármelo. Espero que no sea necesario.
Por cierto, ésta es una aclaración que olvidé hacer en el capítulo anterior. Sé que Oliver es dos años mayor que Harry, por lo que se supone que debió egresar dos años antes. Tuve que cambiar la edad a un año menos para poder adaptarlo a la trama de la historia.
Gracias a todos los que han seguido el fic, y gracias también por sus reviews. Hasta la próxima.
Besitos
K. Kinomoto.
