Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuestas a los Reviews:
Sandra: Hola, me da mucho gusto ver que sigues la historia. Qué bueno que te gustó el beso porque a partir de ahora habrán muchos como esos. Que disfrutes el siguiente capítulo.
V
Destinos marcados
Primera Parte
Los tenues rayos de sol del nuevo día se filtraron a través del ventanal del dormitorio donde Harry descansaba. Los verdes ojos se abrieron poco a poco al sentir la punzante molestia de la luz sobre sus sensibles párpados dormidos.
Lanzó un prolongado bostezo mientras se sentaba en la orilla de la cama, mareado aún por los restos del sueño de tan pocas horas que había podido disfrutar. Se talló los ojos con fuerza para terminar de espantar los rastros de la modorra y se levantó para dirigirse al baño.
Se miró unos momentos en el espejo mientras dejaba que el agua de la regadera terminara de templarse. Sentía una extraña alegría, de ésas de las que han sido tan intensas, que aún después de mucho tiempo de haberlas experimentado, dejan una sensación de cosquillas en la barriga.
Frunció el ceño tratando de recordar a qué podía deberse semejante sensación de felicidad. De pronto creyó notar una extraña marca en su cuello, que no había visto el día anterior. Medio ciego, pues no tenía puestos los lentes, tuvo que pegar la nariz en el espejo para poder distinguir con claridad de qué se trataba.
Un intenso rubor cubrió sus facciones cuando supo qué cosa era, y en forma automática los recuerdos de la noche anterior se agolparon en su mente. Una enorme sonrisa se dibujó en los labios del joven de cabellos alborotados al recordar los momentos pasados en la Torre de Astronomía con su profesor de pociones.
Se metió a la regadera, y mientras dejaba que el agua caliente entibiara su cuerpo se puso a recordar, una a una, las cosas que sucedieron. El joven de ojos verdes jamás se imaginó que su noche terminaría de ésa forma, compartiendo un beso más que apasionado con el hombre que amaba, y su mano metida entre sus ropas, acariciando el suave pecho de su profesor.
Rió de manera tonta, al recordar también la forma en que habían sido interrumpidos. Profesor y alumno no hallaban dónde meter su rostro cuando vieron al Director frente a ellos, al parecer bastante pasmado como para pronunciar palabra alguna.
Después de que al fin habían podido desenredarse y ponerse de pie, ambos se habían parado frente al anciano, y antes de que alguno de ellos pudiera decir algo, Albus Dumbledore se había disculpado por haberles interrumpido, pero tenía que tratar algo muy importante con Severus. Por lo que después de dar las buenas noches al muchacho había permitido que éste se marchara a su Torre demasiado confundido por la reacción de su Director.
"¿Qué le habrá dicho a Severus?"
-Severus... –Todavía la mención del nombre de pila de su profesor le hacía sentir cosquillas. Le parecía tan extraño y a la vez tan familiar. Era como si estuviera tratando a alguien que conociera de toda la vida, pero después de no haberle visto durante muchos años.
Terminó de bañarse y se enrolló una toalla en la cintura. Se dirigió a su dormitorio y sacó la ropa que se pondría ése día.
-Buenos días, Harry.
-Buenos días, Ron. –Harry se sorprendió al ver a Ron vestido y listo para bajar a la Sala Común, pues cuando se levantó el pelirrojo aún seguía dormido-. Pero... ¿Cómo?
-Te tardaste tanto en la regadera que creí que ya nunca saldrías. –El muchacho de ojos grises lo miró con picardía-. ¿Qué tanto era lo que hacías?
-Nada que tu mente cochambrosa piense. –Harry se colocó la ropa interior y después los calcetines. Era extraño, pero desde que ellos dos se conocieran siempre se vestían delante del otro sin sentir ninguna clase de vergüenza, cosa que no ocurría con el resto de sus compañeros.
-¿Qué eso que tienes ahí?
-¿Qué cosa?– El muchacho se miró a sí mismo, sin encontrarse nada extraño-. ¿Dónde?
-En el cuello. –Harry trató de ponerse la camiseta a toda prisa, pero tarde. El pelirrojo se había dado cuenta-. Pero... ¿Qué no es un...?
-Deja. –Harry retiró la mano de su compañero, la cual se dirigía hacia la marca.
-Vaya... ese hombre sí que es agresivo. –Su amigo comenzó a reírse-. Ya sé porqué te tardaste tanto. Severus... ah... Severus.
-¡Ron! –El muchacho de verdes ojos no hallaba como aplacar a su compañero-. No hice nada de lo que piensas.
-¿Ah, no? –Ron se sentó en la orilla de la cama mientras cruzaba los brazos-. Yo te escuché mencionar su nombre.
-¿Me estabas espiando?
-¡Por supuesto que no! –El pelirrojo se mostró ofendido-. Yo jamás haría una cosa como ésa.
-Entonces ¿Cómo sabes...?
-Me metí a la regadera de al lado. Te oí cuando pasaba, por casualidad.
-Veo... –El moreno terminó de ponerse la camisa-. Pero no hice nada de lo que piensas. Sólo recordaba...
-Sí, sí, como digas...
Ron esperó a que Harry terminara de vestirse, y después de embromarlo otro rato más, se dispusieron a bajar a la Sala, donde Hermione ya los estaba esperando.
-Vaya, creí que nunca bajarían. –La muchacha dejó a un lado el libro que leía-. Estaba a punto de irme sola al comedor.
-Lo siento mucho, Hermione. –Harry se adelantó hacia el retrato-. Fue por mi culpa.
-¿Te levantaste tarde, Harry?
-No. –Respondió el pelirrojo-. Se tardó mucho en el baño.
-Ya deja eso, Ron. –Harry comenzó a ponerse rojo.
-Pero si no estoy diciendo nada.
-¿Se puede saber de qué hablan?
oooooooOooooooo
-Buenos días, Severus. ¿Cómo amaneciste?
-Buenos días, Albus. Bien, gracias.
El profesor de pociones se sentó en su lugar habitual en el Gran Comedor. Y tras dar un largo sorbo a su café se dirigió hacia el Director.
-¿Llamaste a los del Ministerio?
-Así es, Severus. –El anciano recorrió el comedor con la vista-. Llegaron poco antes del amanecer.
-Entonces, ¿Ya está preso en Azkaban?
-Aún no. –Albus Dumbledore entrelazó sus manos bajo su barbilla mientras colocaba sus codos sobre la mesa-. En éstos momentos deben estar enjuiciándolo. Si mis cálculos no me fallan a más tardar a mediodía estará en Azkaban.
-¿Crees que vayan a llamar a testigos?
-Al único que llamarían en un momento dado, sería a Sirius. –El anciano miró hacia la mesa de Gryffindor, donde observó que Harry aún no llegaba-. No olvides que fue a él a quien se le involucró de manera injusta en todo.
-Y ya que fue declarado inocente y su nombre limpio, su testimonio será de gran peso para condenarlo.
-Exacto. Severus... ¿Crees que sería conveniente decirle antes de que se entere por los medios?
-¿A quién? –El profesor volteó hacia donde la vista del director señalaba. Harry iba entrando en esos momentos-. Creo que sería lo más conveniente. Por cierto, ¿Qué fue lo que arreglaste con El Profeta?
El director se acomodó en su asiento mientras levantaba su taza de té.
-Ya te enterarás, Severus. Por lo pronto déjame decirte que tuve que tergiversar algunos hechos. Por cierto, le pedí al editor que publicara el artículo hasta mañana.
-¿Por qué?
-Porque no es conveniente que Voldemort se entere de nada, hasta que Colagusano se encuentre en Azkaban. Eso reduciría las probabilidades de intentar un escape.
-Entiendo. –El profesor tomó una cereza del postre y se la llevó a la boca. "Los labios de Harry saben mejor." Pensó mientras lo miraba con fijeza.
A lo lejos, el Gryffindor de pronto sintió una mirada sobre su persona. Y volteó hacia la mesa del director, a su lado Severus lo observaba con intensidad. El muchacho no pudo evitar ruborizarse ante el ardor de su mirada.
-Cielos, Harry. Pareces un tomate maduro. –Ron, que no había perdido detalle de lo ocurrido no pudo evitar fastidiarlo-. Procura no caerte, no vaya a ser que revientes como uno.
-Ya basta, Ron. –Volteó a ver a sus compañeros, para ver si alguien más se había dado cuenta-. ¿Sabes qué le pasa a Neville?
-No lo sé, Harry. –Ron tomó un trozo de chicharrón y se lo metió a la boca-. Desde que llegamos lo he notado así.
De hecho, cualquiera que estuviera a una corta distancia de Neville Longbottom, se daría cuenta de que el regordete muchacho estaba tan pálido y ojeroso, que parecía que en cualquier momento colapsaría.
Harry se dirigió hacia su compañero, tratando de ser discreto.
-Neville... –El muchacho levantó su apagada mirada hacia quien le llamaba-. ¿Te sientes bien?
Pero en vez de responderle, Neville sólo se encogió de hombros, para después seguir jugueteando con la comida.
-Lo que pasa es que... –Seamus Finnigan, quien estaba sentado junto a él, respondió por su afligido compañero-. Se encuentra así por el examen de hoy.
A la sola mención del asunto, Longbottom no pudo evitar un profundo escalofrío, que no pasó desapercibido para el resto de sus compañeros.
-Es verdad... –Harry parpadeó un par de veces, asintiendo-. Hoy tenemos el examen de pociones con Seve... el profesor Snape.
-Exacto. –Seamus pasó su mano por el cabello revuelto de su compañero de al lado, tratando de tranquilizarlo-. Y ya saben lo que sucede cuando Neville tiene que presentar un examen con él.
-Neville... –Hermione, quien hasta el momento sólo se había concretado a escuchar, decidió intervenir-. No tienes porqué preocuparte. Piensa que es el último examen que presentas con él. Trata de dominar tu miedo y repítelo. "Es mi último examen con él".
El asustado muchacho tomó aire y se dispuso a seguir el consejo de su compañera.
-Es mi último examen con él...
-Eso es. –Seamus le aplaudió, emocionado-. Repítelo otra vez.
-Es mi último examen con él.
-Exacto. –Ron también trató de animarlo-. Otra vez.
-¡Es mi último examen con él!
-¡Sí...!
Albus Dumbledore y el resto de los profesores voltearon hacia la mesa de Gryffindor para identificar a los alborotadores.
-Basta, basta. –Hermione tuvo que tranquilizarlos-. Creo que con eso es suficiente. Neville, ¿Te siente mejor ahora?
-Creo que sí. –El muchacho suspiró, ya más calmado, el color volviendo poco a poco a su rostro-. Gracias muchachos.
-De nada, Neville. Para eso son los amigos. ¿O no?
-Por supuesto. –Respondieron todos a la vez.
-Y para demostrar que ya no hay nada de qué preocuparse, hagamos un pequeño experimento. –Seamus tomó una copa vacía de un compañero y la puso delante de Neville, quien lo miró intrigado. Después tomó otra copa y tras llenarla con agua se la entregó a su extrañado amigo.
-Esto es lo que haremos. –Seamus miró a su compañero, asegurándose que tuviera toda su atención-. Quiero que cierres los ojos por un momento y pienses que el lugar donde ahora te encuentras es el laboratorio de pociones.
El muchacho asintió.
-Bien. Ahora imagina que estamos presentando el examen y que esto... –Señalando la copa vacía-. Es tu caldero. Y ésta... –Señalando la copa llena-. Es el ingrediente para elaborar una poción. ¿Comprendes?
-Creo que sí.
-Bien. Ahora... –Seamus tomó la mano de su compañero, ocupada con la copa llena, y la dirigió sobre la copa vacía-. Imagina que tienes que verter con mucha delicadeza el ingrediente de la poción dentro del caldero. Por lo que debes tener mucho cuidado de que no se te escape una sola gota. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
-No olvides que tendrás al profesor Snape detrás de ti en cualquier momento. Debes estar alerta. ¿Hecho?
-Hecho.
-Adelante.
A éstas alturas, la mayor parte de la mesa estaba al pendiente de lo que ocurría. Por lo que se había formado un círculo alrededor de los muchachos, quienes esperaban que Neville comenzara.
El muchacho tomó aire varias veces y se dispuso a verter el líquido dentro de la copa. Lo hacía con el mayor de los cuidados. Todos guardaron silencio al ver el estado de concentración en el que el moreno se encontraba.
-¡Longbottom!
La voz de Seamus Finnigan, imitando a la perfección la voz de su profesor de pociones, hizo que el pobre muchacho saltara de su sitio, asustado, mientras la copa que sostenía se le soltaba de las manos, haciendo que el agua se desparramara por todos lados.
Todos los presentes lanzaron un largo suspiro de decepción, mientras Hermione trataba de tranquilizar a Neville ofreciéndole un vaso con agua, que el muchacho se bebió de un solo trago.
-Desastre total... –Auguró Seamus Finnigan, resignado, mientras todos los demás ocupaban de nueva cuenta su lugar.
Mientras tanto, en la mesa de los profesores, Severus Snape había levantado la vista, asombrado. Al parecer había escuchado su propia voz en alguna parte del Gran Comedor.
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Los alumnos de séptimo de la Casa de Hufflepuff salían poco a poco del aula de Defensa, donde el profesor Lupin acababa de aplicarles su examen final. Mientras el salón se vaciaba, el licántropo se concentraba en tratar de imaginar cuál había sido la verdadera razón de la visita de los Malfoy el día anterior.
"Estoy seguro que la firma de los documentos que señalan a Severus como tutor del muchacho es sólo la punta del iceberg. Creo que Lucius debió tener una razón muy importante para hacer algo como eso. No lo sé. Tengo la impresión de que estaba algo... desesperado. ¿Estará en problemas?"
-Profesor Lupin...
-¿Sí, señorita Olsen?
-Perdone mi atrevimiento, profesor pero... –La muchacha se encontraba algo ruborizada-. Me preguntaba si de casualidad le gustaría salir a cenar éste fin de semana.
Remus levantó una ceja, mostrándose sorprendido.
-¿A cenar? ¿Con usted?
-Sí, profesor.
-Eh... pues verá, señorita Olsen... –Remus no hallaba la forma de negarse-. Lo que pasa es que... no acostumbro salir con mis estudiantes.
La muchacha esbozó una traviesa sonrisa.
-Pues por eso no se preocupe, profesor. –Se acercó con lentitud al licántropo, quien tuvo que retroceder un paso-. No olvide que a partir del domingo yo ya no seré su alumna.
-Pues... eso es verdad pero...
-¿Qué le parece si lo piensa? –La muchacha se dio la media vuelta y se dispuso a salir-. El sábado, en la graduación esperaré su respuesta. Que tenga buen día.
Y salió del aula de Defensa, dejando a su profesor sin palabras. Tuvieron que pasar algunos momentos para que el licántropo se recuperara de la sorpresa. Se rascó la cabeza, pensativo.
"Cielos, ésa muchacha debería haber ido a Slytherin. ¿No se habrá equivocado el sombrero?"
-Así que te la pasas conquistando alumnas en tus ratos de ocio. –Sirius Black se encontraba de pie apoyado en el umbral, mientras lo miraba de forma divertida-. Y parecías bastante seriecito eh, picarón...
Remus movió la cabeza de un lado a otro, tratando de pasar por alto el comentario de su amigo. Se acercó a él para saludarlo, pero se vio sorprendido otra vez cuando fue estrechado por sus fuertes brazos.
-Vaya, parece que me extrañaste. –Remus correspondió al abrazo con la misma efusividad-. Pero si nos vimos apenas ayer...
-Lo sé, Remus. Es sólo que... –Sirius miró con fijeza a los dorados ojos de su amigo-. Hoy hay una razón especial para celebrar.
-¿Ah, sí? –Remus invitó al animago a entrar al aula, tras lo cual la cerró, lanzando un hechizo silenciador-. ¿Y se puede saber qué es lo que hay que celebrar?
-Me imagino que aún no te has enterado...
Remus lo miró con interés.
-¿De qué debería estar enterado?
-Hoy mismo por la mañana, Peter Pettigrew fue sometido a juicio. –Y ante la mirada de incredulidad de su amigo-. Es en serio, Remus. Yo mismo asistí como testigo para el Fiscal.
-Por favor, Sirius... –La dorada mirada del licántropo se cristalizó-. Por favor dime que se demostró su culpabilidad.
-Y no sólo eso... –Sirius tomó entre sus manos las de su gran amigo de juventud-. Fue condenado a cadena perpetua en Azkaban. Yo mismo me quedé en el portal viendo cuando lo ingresaban.
Se volvieron a abrazar, muy emocionados.
-¿Te das cuenta, Sirius? –Susurró al oído de su amigo-. Al fin se está haciendo justicia.
-Esto lo tiene que saber Harry. –Se separó del licántropo-. Estoy seguro que se alegrará mucho al saber la noticia.
-Espera, espera... –Remus lo detuvo tomándolo del brazo-. ¿No crees que ésta es una noticia que debe darse con cierta calma?
-Pues sí, pero...
-Sirius, Harry tiene un examen muy importante ésta tarde. Y no podemos permitir que se desconcentre.
-¿Qué examen tiene?
-Pociones, con Snape.
-¿Snivellius? –Sirius no pudo evitar el comentario despectivo-. Lo bueno es que está por salir del Colegio. Ya no tendrá que ver nunca más su macilento rostro.
-Por favor, Sirius... –Remus suspiró, agotado-. ¿Cuántas veces más tendré que pedirte que dejes esos cometarios? No puedes seguir comportándote como un niño.
-Lo siento, Remus, pero no puedo evitarlo. –Sirius acercó una banca al escritorio y se sentó-. Molestar a Snivellius ha sido unos de los motivos que han regido mi vida.
-Sí. Lo sé. –Remus tomó asiento en su escritorio-. Y odiarte ha sido uno de los principales motivos de él. Dime... ¿Has pensado en que tal vez Harry decida no irse a Francia, y en vez de eso, quedarse en Hogwarts?
-¿Por qué dices eso? –Sirius se enderezó en su asiento, receloso-. ¿Acaso te ha dicho algo?
-Pues... –Remus trató de sonar neutral-. Verás... en los últimos años, algunos egresados han decidido quedarse un año más en Hogwarts mientras deciden por qué carreras optar. No te sorprenda si Harry decide hacer lo mismo.
-Pues yo espero que no. –Sirius se removió inquieto en su asiento-. Mientras estuve en París visité varias universidades. Algunas de ellas imparten la carrera de Auror. Incluso traje folletos para que Harry pueda escoger entre las que más le interesen. ¿Sabes que hay algunas que son impresionantes?
-Sirius...
-No te imaginas las materias que imparten. Algunas tienen profesores especializados que se encargan de...
Remus prefirió guardar silencio y permitir que su amigo se desfogara en planes para su ahijado. Debía comprenderlo. Harry era lo único parecido a una familia que le quedaba al animago, y no podía permitirse el lujo de romper su corazón revelándole que una de las intenciones de su ahijado era la de quedarse un año más en Hogwarts.
Y mucho menos sería él quien le dijera que Harry quería ser auxiliar, precisamente, del hombre que Sirius más odiaba después de Voldemort y Colagusano: Severus Snape.
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-Draco me contó ayer que le ofreciste el puesto de tu auxiliar en pociones.
-Así es. No tienes idea de lo feliz que se puso.
-Me alegro mucho.
Severus y Harry se encontraban en las habitaciones del profesor. Ésa misma mañana, cuando sólo quedaban unos cuantos alumnos de Gryffindor en el comedor, entre ellos Harry, el profesor se había acercado a él y le había entregado un pequeño pergamino, y después había seguido su camino hacia la salida. El muchacho lo abrió con disimulo y cuando lo leyó esbozó una gran sonrisa. De inmediato se puso de pie y salió del comedor, en dirección hacia las mazmorras. En el pergamino decía que el profesor lo esperaba en sus habitaciones.
Y ahora se encontraban los dos sentados en el sillón favorito de Severus, donde precisamente dos noches atrás el profesor se debatía entre sus propios sentimientos. El sillón era de dos plazas, por lo que ambos se hallaban sentados uno muy cerca del otro. Harry estaba recargado sobre su pecho, mientras que el profesor lo abrazaba de la misma manera que la noche anterior. El muchacho sostenía su libreta de apuntes mientras repasaba algunos conceptos de pociones, por lo que Severus se encargaba de corregirle y aclarar sus dudas.
-¿Sabes? –Harry cabeceó sobre el cuello de su pareja-. Me quedé pensando en la reacción del profesor Dumbledore cuando nos vio.
-No te preocupes. –Severus acarició los alborotados cabellos de su alumno-. No está molesto ni nada de eso.
-Pero... –Harry volteó el rostro para mirarlo a los negros ojos-. Debió comentarte algo. Es decir... no creo que con todo lo que vio se haya quedado callado.
-Claro que no, Harry. –El profesor suspiró, recordando con melancolía lo sucedido la noche anterior, y con ello, las juiciosas palabras que le dirigió-. Lo único que te puedo decir es que él nos tiene en muy alta estima, y piensa que nuestra relación ha sido lo mejor que nos pudo pasar.
-¿Eso te dijo?
-No exactamente con ésas palabras, pero así fue. –Severus acarició con ternura el rostro como de alabastro de Harry, quien cerró sus ojos mientras se dejaba hacer-. Quédate tranquilo. Tenemos su bendición.
El muchacho sonrió mientras volvía a recargarse sobre su profesor. De repente sintió algo de frío y su cuerpo lo exteriorizó con un leve temblequeo.
-¿Quieres que encienda la chimenea? –El profesor sacó su varita y la encendió con un hechizo-. ¿Mejor?
Harry sólo asintió mientras se acurrucaba más cerca del cuerpo de su maestro, quien lo abrazó de forma protectora.
-Severus...
-Dime.
-Tengo entendido que necesitas un auxiliar para las clases de Duelo. –Ante la respuesta afirmativa de su pareja-. He estado pensando y... creo que ya tomé una decisión sobre lo que quiero hacer al graduarme.
-¿Qué es lo que deseas?
-Quiero ser tu auxiliar. –El moreno jugueteó con una de las mangas de la camisa de Severus-. Claro, si tú me lo permites.
-¿Estás seguro de eso, Harry? –El profesor instó al muchacho para que se sentara derecho y lo miró con fijeza-. Yo no soy un profesor muy condescendiente. Me conoces. Seré muy exigente contigo, hasta el cansancio. Así como lo he sido con Draco, durante todos éstos años.
-Estoy consciente de eso, Severus.
-Además... –Severus acarició la barbilla de su pupilo-. Sólo podrás ser mi auxiliar durante un año. Después ¿Qué harás?
-Para entonces ya sabré lo que quiero ser en realidad. Auror, o profesor.
El profesor Snape guardó en silencio unos momentos, pensativo.
-¿Ya le comentaste a tu padrino de tus intenciones?
-Le comenté que quiero ser Auror, pero con total honestidad, no le he dicho sobre lo otro.
-¿Y cuándo piensas hacerlo? –Y ante el silencio de su alumno-. No es por presionarte pero... oficialmente las clases terminan mañana, y si tú quieres ser mi auxiliar el año que viene, tenemos que hablar con Dumbledore y dejar establecido todo por escrito. No olvides que ya no estarás en el colegio como estudiante, sino como becario, por lo tanto deberás portar un permiso especial.
-¿Y sólo tengo hasta mañana para hacer todo eso?
-No es la gran cosa, Harry. –Severus volvió a abrazarlo-. Sólo es cuestión de hablar con Albus, y lo demás es automático. Sólo que hay un pequeño detalle.
-¿Cuál?
-Que aún eres menor de edad, y para eso necesitarás la autorización de tu tutor. Y si mal no recuerdo...
-Mi tutor ahora es Sirius... –El muchacho de ojos verdes suspiró, abatido-. Entonces sólo tengo dos días para hablar con él...
-No sólo eso, Harry... –Severus miró en dirección a sus verdes ojos-. ¿Tú crees que Sirius dará su autorización para que tú seas mi auxiliar? Tú sabes que él y yo no nos llevamos bien, y no creo que le guste mucho la idea de que renuncies a tus estudios como Auror, para terminar siendo sólo mi ayudante. Y precisamente mío, que es lo peor.
Harry se rascó la cabeza, confundido.
-Pero... –Sus ojos se iluminaron por un momento ante una idea-. ¿Y si mejor espero a cumplir la mayoría de edad? Los cumplo a fines del mes, así que para entonces no necesitaré su autorización por escrito. ¿No podríamos pedirle al profesor Dumbledore que me aguante los trámites hasta entonces?
-Estoy seguro que con él no habrá problema. –Severus lo miró con insistencia-. Pero... aún sabiendo que para entonces tu padrino no pudiera hacer nada al respecto, de las decisiones que tú llegues a tomar por tu cuenta... ¿Estarías dispuesto a desobedecerle? ¿A enfrentarte a él sólo para poder estar conmigo?
Harry se enderezó en su lugar, y tomando entre sus manos el rostro del hombre que amaba, le respondió con voz firme.
-Con tal de estar contigo, Severus, soy capaz de enfrentarme a él... o al mismísimo Voldemort.
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-¿...y te acuerdas cuando el Profesor Lupin nos enseñó a enfrentar al Boggart?
-Sí, ésa fue una de las clases más divertidas que hemos tenido.
Ron y Hermione se encontraban sentados en la orilla del lago, debajo de un árbol que les proporcionaba buena sombra. Apenas terminaron de desayunar, se disculparon con su amigo y se fueron a pasear. Querían aprovechar el tiempo lo más que pudieran antes de que llegara la hora del examen de pociones.
-Sí, me acuerdo cuando Neville invocó al profesor Snape. Y luego, cuando pronunció el hechizo para ridiculizarlo...
-Se veía muy gracioso vestido como su abuelita. –Ron no pudo evitar soltar la carcajada.
-¿Recuerdas lo que apareció cuando le tocó el turno a Harry?
-¿Cómo olvidarlo? –Ron sintió un escalofrío al recordarlo-. Para entonces no sabíamos a qué era lo que más temía, pero hubiera preferido no saberlo...
-Sí... –Hermione acarició la mano de su novio, la cual se encontraba rodeando su estrecha cintura-. No quisiera nunca tener que enfrentarme a alguno...
-Ni yo. –Ron frunció el ceño, preocupado-. Los Dementores son los seres más horribles que puedan existir. Se roban los más bellos recuerdos de la gente y los dejan locos de por vida...
-¿Sabes qué pienso, Ron? –Hermione jugueteó con una flor que había caído junto a ellos-. Que aquéllas personas que son besadas por uno de ellos aún pueden tener esperanza.
-¿Qué te hace pensar eso? –Ron volteó a ver a su novia, sorprendido ante su declaración-. Todos sabemos bien que nadie se ha podido recuperar nunca de un beso de Dementor.
-¿Cómo puedes estar seguro de ello? –La muchacha lo miró, interrogante-. Nunca hemos tenido contacto con alguna persona besada por uno de ellos. Así que, ¿Cómo podemos estar seguros de que no hay alguno que pudiera recuperarse?
-No lo sé... tal vez porque si así fuera, ya hubiera salido en las noticias, ¿No lo crees?
-Pues no sé si te has dado cuenta, Ron, pero los diarios se interesan más por las malas noticias y las cosas terribles que ocurren. Pero la mayor parte de las veces se olvidan que también existen las buenas nuevas. Ningún diario que se respete gastará tinta y papel en dar a conocer una buena noticia. No vende.
-¿Ni siquiera cuando se trata de algún avance médico?
-Para eso existen las revistas y los artículos médicos. –La muchacha se sentó firme, adoptando su actitud de estudiante aplicada-. Hace algún tiempo estuve leyendo...
-Oye, mira... –Ron la tuvo que interrumpir-. ¿Qué no son ésos Remus y Sirius?
-¿Dónde?
-¡Remus! ¡Sirius! ¡Aquí...! –Ron levantó una mano y llamó a los dos hombres, quienes voltearon hacia donde los muchachos se encontraban. Ambos se dirigieron hacia allá.
-Hola muchachos. –Sirius se sentó junto a Hermione-. ¿Cómo han estado?
-Muy bien, gracias. –Hermione respondió al saludo del animago-. ¿Cuándo volviste?
-Hace dos días. –Le hizo señas a Remus para que se sentara junto a él, cosa que el licántropo no pensó dos veces-. Le estaba comentando a Remus que visité algunas universidades para Harry...
-Sirius... –Remus lo interrumpió-. ¿En qué habíamos quedado?
La razón por la que los dos hombres se encontraban de paseo, se debía a que Remus vio a Sirius tan entusiasmado hablándole de las universidades, que creyó conveniente sacarlo a tomar poco de aire, alegando que debía relajarse y dejar el asunto de la carrera de Harry por unos momentos, hasta que pudiera ver a su ahijado y tratar el asunto con él.
Y ante la insistencia de Sirius de ver a Harry en ése momento, Remus tuvo que convencerlo de que lo dejara tranquilo, por lo menos hasta que el muchacho terminara su examen de ése día, y que después de eso podría hablar con el de todo lo que quisiera.
-Por cierto... –Sirius interrumpió los pensamientos de su amigo-. ¿En dónde está mi ahijado? ¿Por qué no está con ustedes?
Ron y Hermione se miraron por un instante, sin saber qué decir.
-Pues verás... –Fue Ron quien decidió responder-. La última vez que lo vimos fue en el Gran Comedor. Con seguridad debe estar en la sala común, estudiando.
-Sí, eso. –Secundó su novia, deseando que Sirius dejara en paz el asunto.
-Si, puede ser. –El animago miró a uno y otro mientras cruzaba los brazos-. Ya supe que hoy tiene examen con ese...
-Sirius...
-Está bien... lo dejo. –Ambos muchachos suspiraron, aliviados. A ninguno de ellos le hubiera gustado que Sirius se enterara de lo que su ahijado debía estar haciendo en esos momentos, y mucho menos con quién.
-¿Sabes, Sirius? –Ron decidió reiniciar el tema que dejara con su novia-. Hermione y yo precisamente estábamos discutiendo sobre las probabilidades que una persona besada por un Dementor tiene de recuperarse.
-¿En serio? –Sirius y Remus prestaron mucha atención a los muchachos-. Me parece un tema muy interesante.
-Sí, sobre todo porque hoy día no dejamos de preguntarnos cómo fue que pudiste huir de Azkaban, estando rodeado por todos ellos.
-Bueno... -Sirius se rascó la barbilla, mientras pensaba en una respuesta-. Lo que pasa es que, si les soy honesto ni yo mismo lo sé. Sólo sé que muy dentro de mí, deseaba con todas mis fuerzas mi libertad, y me sentía tan deseoso de ella que creo que emané una especie de aura, que en vez de atraerlos, los ahuyentó.
-¿Algo así como un Patronus? –Preguntó Remus.
-Creo que sí pero... no lo invoqué nunca, así que no fue con exactitud uno.
-Entonces fue como un Patronus mental. –Ahora fue el turno de Hermione-. Supongo que tu mente imaginó con tanta fuerza el deseo de libertad, que tu aura fue tan fuerte como la luz que brota de la varita de quien realiza el Patronus.
-Podría ser... –Remus intervino-. Todos sabemos que los Dementores son ciegos y se guían de las emanaciones mentales. Tu emanación mental debió ser tan fuerte que la confundieron con un Patronus.
-Sin embargo... –Ron no quiso quedarse con la duda-. Tengo entendido que son precisamente las emociones positivas las que ellos absorben, así que ¿No es una contradicción?
-Pudiera ser que ésas mismas emociones actuaran contra los Dementores, así como un veneno actúa como antídoto contra él mismo.
-¿Qué quieres decir con eso, Hermione?
-Tomemos como ejemplo el antídoto contra el veneno de una serpiente. –Todos pusieron atención a la muchacha-. Todos sabemos que para crear un antídoto se empieza por capturar a la serpiente, y después se le ordeña el veneno de forma periódica...
-Así es...
-Y después se toma a algún animal mamífero, la mayoría de las veces un caballo, para inyectarle el veneno en dosis pequeñas, de modo que a la larga le crea una especie de adicción. El caballo tendrá que recibir dosis cada vez mayores, hasta que se vuelve por completo inmune al veneno de ésa serpiente.
-Exacto...
-Ahora bien. Cuando el caballo ya es inmune al veneno, se extrae su sangre y es la que se utiliza para crear el antídoto. ¿Estamos? Entonces... tomando el caso de Sirius...
-Por favor, Hermione... –Remus la interrumpió, emocionado-. Déjame explicarlo para ver si entendí tu analogía.
Hermione extendió su mano hacia el profesor, asintiendo. –Por favor...
-En el caso de Sirius... –Remus tomó aire, tratando de ser lo más claro posible-. El veneno serían sus pensamientos positivos, los cuales guiarían a los Dementores en dirección hacia él. Pero Sirius tuvo diez largos años para alimentar esos pensamientos hasta hacerlos tan fuertes, que sus emanaciones mentales resultaron el equivalente a un Patronus. Todos sabemos que para invocar un Patronus debemos concentrarnos en aquello que nos hace muy felices, por lo que al escapar, Sirius se concentró tanto en su deseo de libertad, que era lo que lo hacía feliz, que se convirtió él mismo en un Patronus contra los Dementores.
-Exacto.
-Todo eso está muy claro. –Dijo Ron-. Ahora bien, ¿Cómo podría eso ayudar en algún momento a una persona que ya fue besada, y a la que se le extrajeron todas las emociones positivas?
Todos quedaron en silencio unos instantes, mientras trataban de razonar una respuesta.
–Sabemos que las emociones positivas tienen que ver con los recuerdos que una persona guarda en su mente. –Ahora fue el turno de Sirius-. Es decir, son los recuerdos felices de la gente los que hacen positivas sus emociones. Es por eso que cuando el beso del Dementor las absorbe, deja a la persona en un grave estado de depresión, que lo puede conducir a la locura.
-Así es. –Remus asintió a las palabras del animago-. Pero creo que también nos estamos olvidando de algo muy importante. Los recuerdos son regidos por nuestra mente, pero nuestras emociones son regidas por nuestra alma. Y el beso del Dementor también se roba el alma de la víctima, dejándola reducida a un zombi. De modo que un Dementor puede borrar de nuestra mente nuestros recuerdos, así como borrar las emociones de nuestra alma. Pero cuando un Dementor está besando a su víctima, y de pronto es ahuyentado con un Patronus, en ocasiones el Dementor no tiene tiempo de dar el beso completo, por lo que a veces sólo se roba los recuerdos, pero no las emociones.
-¿Como me ocurrió cuando aún era un fugitivo, y Harry los ahuyentó con su Patronus?
-O cuando Harry fue atacado en el tren. –Respondió Remus-. Y durante el partido de Quidditch. Pero en todos éstos casos, el Dementor no tuvo tiempo ni siquiera de robarles sus recuerdos, mucho menos sus almas. Ahora estamos hablando de una víctima a la que se le absorben todos sus recuerdos.
-¿Estás hablando de que podríamos recuperar nuestros recuerdos perdidos, y volver a implantarlos en nuestras mentes? –Preguntó otra vez el animago.
-Sólo en el caso en que el Dementor haya absorbido nuestros recuerdos, no nuestra alma. Cuando se absorbe el alma, ya no hay posibilidades de recuperación.
-Pero... ¿Cómo saber cuando ocurre una cosa o la otra?
-Fácil, Ron. –Contestó Hermione-. Hay que observar el estado de la persona. Si es depresivo, es que no logró absorber su alma, pero si es un zombi, entonces lo hizo.
–Pero... –Sirius observó a Remus con profundo interés-. Es nuestra mente la que almacena todos los recuerdos. El alma se resume sólo al sentimiento. De modo que para que una persona pueda recuperarse, deberá recordar con detalle lo vivido, para poder asimilarlo con la mente y con el alma a la vez. Y... ¿Cómo recordar algo que nos fue arrebatado por completo? ¿Cómo volver a plantar algo que nos fue arrancado de raíz?
-Tal vez no sea del todo así. –Todos voltearon a ver a Hermione-. Tal vez en realidad no son arrancados de raíz. Todos sabemos que a lo largo de nuestra vida guardamos en nuestra memoria todas nuestras experiencias, buenas y malas. Pero el beso de un Dementor sólo se lleva las experiencias buenas, de modo que las experiencias malas que nos quedan, son las que originan la depresión. Si un Dementor absorbiera todos los recuerdos buenos y malos, no nos deprimiríamos. En vez de eso nuestra mente quedaría vacía por completo, dejándonos muertos en vida, como cuando se roba nuestra alma.
-Entonces... –Remus intentaba comprender las palabras de su alumna-. Si los malos recuerdos quedan en nuestra mente, podría decirse que nos queda una base sobre la cual recomenzar. Quedarían en nuestra memoria los lugares, cosas y personas que alguna vez conocimos, pero de las cuales sólo guardaríamos los malos recuerdos. De modo que se podrían crear buenos recuerdos sobre la base de los recuerdos ya existentes.
-Pero estaríamos hablando de implantar recuerdos falsos. Ya que nadie sabe más que uno mismo lo que en realidad hay, o en su caso, hubo en nuestra mente.
Guardaron silencio unos momentos, meditando en las últimas palabras dichas por Ron.
-Puede ser, pero... –Remus decidió romper el silencio-. ¿Qué es mejor? ¿Hacer que una persona recuerde cosas felices que la saquen de la depresión y la lleven a la recuperación, aunque ésos recuerdos sean falsos? O... –Y en éste punto miró a los ojos a cada uno-. ¿Permitir que ésa persona permanezca sometida a la depresión y a la locura por lo que le reste de vida?
oooooooOooooooo
Severus caminaba deprisa por los pasillos que conducían a la enfermería. Llevaba en su porta pociones, colocado en el cinturón, el encargo que madame Pomfrey le hiciera.
Todavía llevaba en sus labios el sabor de los labios y la piel de Harry. Ése sabor dulce y a la vez salado que le robaba los sentidos. Aún no sabía cómo había podido reunir toda su fuerza de voluntad para no hacerle el amor ahí mismo, en el sofá.
Y es que el muchacho emanaba pasión en cada fibra de su ser. Hasta al cerrar sus verdes ojos el Gryffindor destilaba sensualidad en cada uno de sus poros. Y aunque él estaba dispuesto a no hacer suyo al chico de revueltos cabellos, hasta que cumpliera la edad de la responsabilidad legal, parecía que Harry tenía otras intenciones en su alborotada cabeza... y muchas hormonas igual de alborotadas.
Podía sentir el dolor latente en su bajo vientre mientras caminaba. Estaba haciéndole preguntas sobre sus apuntes cuando de pronto Harry le arrebató la libreta. Después levantó su varita y con un hechizo parecido al "incendio", una pequeña llamita había surgido de ella, que el muchacho colocó sobre el cuaderno mientras escribía algo en él. De pronto y sin previo aviso, lo había besado con ansias mientras se abrazaba a la cintura de su profesor, que asombrado, sólo atinó a corresponder al beso de su alumno.
Pero eso no era lo que había puesto al adusto profesor en ése estado de excitación. Mientras lo besaba, Harry se había deslizado con lentitud de su lugar y se había montado a horcajadas sobre las piernas de su maestro, sin importarle que su libreta de apuntes cayera al suelo, acariciando de paso su pecho y recorriendo su abdomen hasta llegar a sus muslos. Los había acariciado por encima de la ropa y deslizando sus traviesas manos, había osado apretujar lo que alcanzaba de los glúteos del mayor, quien para entonces pensaba en serio tomarlo entre sus brazos y llevarlo hacia su habitación.
Y así hubiera sido de no ser porque la cabeza de Madame Pomfrey apareció en la chimenea, llamándolo, y haciendo que ambos tuvieran que interrumpir lo que hacían.
Severus dobló una esquina y respondió al saludo de un catedrático, al cual no le extrañó que el adusto profesor llevara encima una mirada de frustración. Él siempre tenía ésa mirada, aún sin tener una razón. Pero en ése momento las razones le sobraban.
-Madame...
-Ah, Severus. –Madame Pomfrey se encontraba en su oficina, sacando varias pociones de su gaveta-. Disculpa que te haya molestado, pero mañana a mediodía tendré la cita con los pacientes que estoy tratando, y necesito llevarles la poción.
-No hay problema. –Severus extrajo de su cinturón la poción de color verde jade que Draco elaborara-. Necesitaré que me avises si la poción funcionó.
-Por supuesto, Severus. Por cierto... –La mujer miró el frasco por todos lados, sin encontrar ninguna etiqueta que indicara lo que era-. ¿Qué nombre le pusiste a la poción?
Severus frunció el ceño, no se le había ocurrido ningún nombre.
-Podrías llamarle Vitaserum. –La mujer decidió por él-. ¿Qué te parece?
-Es un buen nombre. Está bien. –Y antes de retirarse-. No se te olvide ponerle la etiqueta con el nombre.
-No te preocupes, en cuanto la encuentre entre todo este desastre, se la pondré.
-¿No ha llegado tu auxiliar?
-No tardará en llegar. –La enfermera siguió sacando frascos de la gaveta-. Le toca el turno de las dos de la tarde hasta la medianoche. ¿Ya encontraste a los auxiliares que necesitarás para el próximo año?
-Así es. –Severus se encaminó a la salida-. Uno de ellos ya está confirmado. El otro aún está por confirmar.
-Me alegro mucho por ti. Ya era hora de que pudieras descansar un poco.
El profesor levantó una mano en señal de despedida y salió de la enfermería. Instantes después Oliver Wood llegó y después de saludar Madame Pomfrey se puso su bata blanca y se acercó para ver en qué podía ayudarla.
-Llegaste más temprano. –La enfermera lo miró con detenimiento-. ¿Te sientes bien?
-Sí, Madame, no se preocupe. Es sólo un pequeño dolor de cabeza. –El joven tomó asiento frente a ella-. Ya se me pasará. ¿En qué desea que le ayude?
-Estoy haciendo limpieza de la gaveta. –La mujer cedió su lugar al muchacho-. Pero voy a aprovechar que llegaste temprano. Tengo que ir a la dirección a arreglar unos asuntos con el Director, y ya no regresaré hasta mañana. ¿Podrías terminar de limpiarla?
-Por supuesto. –El muchacho comenzó con la faena-. ¿Quiere que haga alguna otra cosa cuando termine?
-Lo mismo de siempre. –La mujer se quitó la bata blanca y la colgó en un perchero-. Atender a los infortunados estudiantes de pociones, y cosas por el estilo. Hasta mañana. –Y antes de que la mujer se retirara volteó a ver a su auxiliar-. Y si el dolor de cabeza persiste, hay una poción llamada Cefalserum. Es de color verde. No se te olvide.
-Gracias Madame, lo tomaré en cuenta.
-Ah, se me olvidaba... –La mujer regresó a su escritorio y tomó una etiqueta. Después de escribir algo en ella, la pegó en el frasco que el profesor de pociones le entregara, y lo dejó junto a los demás-. Después de que limpies la gaveta, guarda otra vez las pociones en su lugar.
-Así lo haré, Madame.
Apenas hubo salido la enfermera, el muchacho se concentró en su trabajo mientras las horas pasaban. Cuando llegó la hora de comer, el muchacho dejó lo que hacía y se dirigió al Gran Comedor.
oooooooOooooooo
-Es mi último examen con él... es mi último examen con él... es mi último...
-Neville...
-¿Sí, Seamus?
-¿Podrías callarte de una buena vez? –Neville se puso rojo-. Me estás poniendo nervioso.
-Lo siento.
Se encontraban sentados en sus respectivos pupitres, con su caldero a un lado, esperando la llegada del profesor Snape. Hermione verificaba que sus instrumentos de trabajo se encontraran en orden, mientras Ron y Harry mantenían una conversación para relajarse.
-¿Que Sirius ya está aquí? –Harry no cabía en sí de la emoción-. Entonces, ¿Por qué no ha venido a hablar conmigo?
-Con toda seguridad fue porque Remus no se lo permitió. –Ron terminó de acomodar su caldero sobre su mesa de trabajo-. ¿Sabes que estuvimos charlando un buen rato los cuatro en el lago?
-¿Ah, sí? –Harry volteó a ver a su compañero-. ¿De qué hablaron?
-De muchas cosas. Hablamos de cómo pudo haber sido que huyó de Azkaban sin que lo atacaran los Dementores. –Y al ver el estremecimiento de su amigo-. Lo siento. También hablamos de otras cosas. Harry, Sirius nos comentó que visitó varias universidades en Francia...
-¿Eso dijo? –Harry se retorció las manos, nervioso-. ¿Sabes, Ron? Ya le pedí a Severus que me deje ser su auxiliar.
-¿En serio? –Ron se recargó sobre el escritorio de su amigo-. ¿Qué te respondió?
-Me dijo que sí. Pero que debo cumplir ciertos requisitos. –El muchacho suspiró, abatido-. Y uno de ellos es la autorización de mi tutor.
-Sirius es tu tutor. Harry... ¿Crees que vaya a dar su autorización para que seas auxiliar del profesor?
-No lo sé, Ron. Tú sabes cuánto se detestan ésos dos. –El moreno se sentó en su lugar mientras se pasaba las manos por el rostro-. Estoy preocupado, ¿Sabes? Creo que Sirius ya da por sentado que éste mismo año comenzaré mis estudios como Auror.
-Pero tú mismo me dijiste que no sabías si querías serlo. También dijiste que querías ser profesor.
-Exacto. ¿Tienes idea de cómo se pondrá cuando le diga que no sólo quiero ser auxiliar de Severus, sino que además no estoy seguro de qué carrera elegiré?
-Harry... –Ron se movió del lugar donde se encontraba y se agachó a la altura de su amigo para mirarlo a los ojos-. Yo creo que no deberías preocuparte por ninguna de ésas cosas. Preocúpate... cuando tengas que contarle sobre la relación que mantienes con él.
Harry sintió que el alma se le iba a los pies. No había pensado en eso y la sola idea de decirle a Sirius que amaba a Severus, simplemente lo aterrorizaba.
-¿O piensas mantener tu relación con él en secreto?
-Por supuesto que no, Ron. –Harry volteó a ver a su profesor, que llegaba en ésos momentos-. No tengo motivos para esconderme, y mucho menos para ocultar lo que siento por él. Y si para poder estar con Severus sin ocultarme tengo que confesárselo a Sirius, entonces lo haré.
-Pues entonces te deseo mucha suerte, Harry. La vas a necesitar. –Y diciendo esto, Ron se fue a sentar a su lugar para comenzar el examen.
-Espero que hayan estudiado, porque la poción que elaborarán no admite errores.
La voz del Profesor Snape hizo que todo el mundo guardara silencio, y mientras se disponía a repartir los pergaminos para el examen, Harry no dejaba de pensar en las últimas palabras de su amigo. "En definitiva necesitaré mucha suerte para que Sirius acepte a Severus como mi pareja."
Entonces una mano blanca y de largos dedos se posó sobre su pupitre mientras dejaba el pergamino del examen. Harry alzó al vista para encontrarse con los profundos ojos negros de su profesor, quien al mirarlo le guiñó un ojo con disimulo mientras le susurraba despacio "buena suerte".
El muchacho sonrió con alegría mientras comenzaba a responder las preguntas del examen. En ese momento tuvo el presentimiento de que si tenía que enfrentarse a Sirius para sostener su relación con Severus, no estaría del todo solo, y esa única idea lo hizo sentirse más tranquilo.
El tiempo fue transcurriendo en el recinto, hasta que llegó el turno de elaborar la poción. Todo iba en completa calma hasta que se escucho un estruendo.
-¡Longbottom!
Todos voltearon a ver al muchacho, quien sostenía en su mano un pedazo de palo de lo que antes había sido una cuchara y miraba al profesor con cara de profundo terror. Sus ropas estaban agujereadas por todos lados, sus manos cubiertas de lo que parecía ser carbón y residuos de la explosión pintaban su cara y su cabello, antes lacio, ahora por completo en punta y con todos los colores del arco iris.
-Longbottom... Longbottom... Longbottom... –El profesor de pociones no hacía más que repetir el apellido del infortunado muchacho como si fuera un Mantra-. ¿Cuántos años lleva como mi alumno? ¡Responda!
-Si... siete...
-Siete años. Siete... ¿Y cuántas veces logró hacer de forma correcta una poción?
-No... no lo sé, señor.
-¡Nunca! ¡Nunca en toda su inútil vida en éste Colegio ha logrado hacer algo bien!
El profesor de pociones iba a agregar algo más, cuando percibió con el rabillo del ojo que alguien lo miraba con insistencia. Volteó su rostro para ver quién era, y se topó con Harry, quien le miraba con una profunda tristeza dibujada en sus claras facciones, mientras sus verdes ojos brillaban como si de un momento a otro fueran a derramar lágrimas.
La furia que el profesor sentía se desvaneció con rapidez, al darse cuenta de que su arranque de ira no sólo había asustado a su incorregible alumno, sino también al resto de la clase, y lo más importante, al muchacho que tanto quería.
Severus respiró varias veces, tratando de controlar el volumen de su voz mientras se dirigía hacia el causante de tantos estropicios.
-Vaya de inmediato a la enfermería para que le atiendan. Tiene veinte minutos para ir y regresar. Intentará elaborar otra vez la poción. Y más le vale que ésta vez le salga bien, o tendré que reprobarlo y entonces me veré obligado a darle clases de regularización por lo que reste del verano.
A la sola mención de éstas palabras, el regordete muchacho multicolor salió disparado hacia la enfermería, mientras el profesor volteaba a ver de nuevo a su pareja, quien ésta vez lo miraba con ojos brillantes y una enorme sonrisa que al profesor le pareció encantadora.
Continuará...
Próximo capítulo: Destinos marcados. Segunda parte.
Notas:
Lamento mucho el retraso. Se me vinieron las vacaciones encima y ni siquiera pude disfrutarlas porque mi nenita se enfermó. Pero gracias a Dios ya está mejor y brincando por todos lados como un chapulín.
Espero no tardar demasiado en subir la segunda parte. Me hubiera gustado enviarlo todo junto pero ya no quise hacerles esperar más, pues éste capítulo me saldrá el doble de largo que los demás.
Gracias a todos los que han seguido el fic, y gracias también por sus reviews. Hasta la próxima.
Besitos
K. Kinomoto.
