Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuestas a los Reviews:
Sedex: Gracias por tus comentarios, y el detalle tan lindo de dejarme uno por capítulo. Espero que éste también sea de tu agrado. Besitos.
V
Destinos marcados
Segunda Parte
-Ay...
-Tienes que quedarte quieto si no quieres que te duela más...
Oliver Wood se encontraba sentado en una silla, junto a una de las tantas camas que llenaban la enfermería, la mayoría de ellas ocupadas por niños de primer año de las Casas de Gryffindor y Slytherin.
El motivo por el cual el ex capitán del equipo de Gryffindor se encontraba tan ocupado, se debía que, al terminar el examen de Criaturas mágicas, Hagrid había dado la instrucción de que se dirigieran de inmediato a sus respectivas Casas. Pero durante el camino, uno de los alumnos de Gryffindor había encontrado una especie de planta compuesta por cientos de espinas.
Movidos por la curiosidad, los niños de ambas Casas se congregaron alrededor de la plantita, y uno de ellos trató de arrancarla con la intención de llevársela a la profesora Sprout. Pero grande fue su sorpresa al darse cuenta que no se trataba de una plantita, sino de una de las nuevas mascotas de Hagrid, quien al verse amenazada, lanzó sus pequeñas espinas hacia todas direcciones, dando en el blanco de la mayoría de los niños que se encontraban ahí.
Al escuchar los gritos, el guardabosque había salido de inmediato para ver lo que ocurría, y después de tomar con mucho cuidado al animalito y devolverlo a su lugar en una esquina de su cabaña, había tomado a dos de los niños, y había corrido a la enfermería haciendo que todos los demás niños lo siguieran también.
Y después de hora y media de estar arrancando espinitas de brazos, piernas y muslos de los inquietos niños, el muchacho de cabellos negros y ojos marrones sentía que la cabeza le estallaría de un momento a otro. Y aún le faltaban algunos cuantos más para terminar, cuando de repente Neville Longbottom hizo su aparición corriendo desesperado y se plantó frente a él.
-¿Neville? –El aspirante a medimago miró a su ex compañero de la cabeza a los pies-. ¿Volvió la moda Punk? Ja, ja, ja...
-Ja, ja... qué gracioso... –El muchacho de cabellos, ahora iridiscentes, lo tomó por los hombros y lo hizo levantarse-. Necesito que me atiendas, es urgente.
-¿Se puede saber qué te ocurrió? No, no me digas. Pociones.
-Por favor Oliver. –El muchacho se mostraba desesperado-. Sólo me quedan quince minutos para volver, o si no me reprobará... ¿Estás bien?
Neville hizo ésta pregunta al notar cómo el muchacho se llevaba las manos a la cabeza y se masajeaba en las sienes.
-Es éste maldito dolor de cabeza. Creí que se me quitaría pero ya vi que no...
-Oye... –El regordete muchacho de pelos parados lo reprendió-. Hay niños...
-Lo siento.
-Si quieres te puedo ayudar. Conozco un hechizo que mi abuelita me enseñó...
-¡No! –Y al ver el rostro abatido de su compañero-. Es decir... no te molestes, no es necesario. Madame Pomfrey me recomendó una poción que me lo quitará con rapidez.
-Oye, oye... –Neville volteó a ver su reloj-. Antes que nada por favor, dame la poción para las quemaduras y después me la pondré. Ahora tengo que irme.
-No puedes irte así. –Oliver lo condujo hacia una de las camas desocupadas-. Necesito examinarte con la varita para ver si no sufriste otras lesiones y...
-Señor Wood... –Uno de los pequeños lo interrumpió-. Me duele mucho. ¿Podría quitarme la espina de una vez?
En ese momento los cinco niños que faltaban por ser atendidos comenzaron a llorar, pidiendo lo mismo.
-Ya, ya... –El muchacho respiró, tratando de mantener la calma-. Tranquilos, los atenderé en un momento. –Volvió a masajearse la sien-. Éste dolor...
-Si quieres dime el nombre de la poción y te la traigo. –El muchacho se levantó de la cama-. Mientras quítale la espina a ese niño para que ya dejen de llorar.
-Se llama Cefalserum, y es de color verde... ¿Neville?
-Cefalserum. Verde. Cefalserum... –Canturreaba el muchacho de ropas desbaratadas mientras se dirigía hacia la gaveta-. Cefalserum... Cefalserum... Verde ¡Aquí está!
Y antes de un minuto Neville estaba de vuelta con la poción en la mano.
-Me dijiste Cefalserum, ¿Cierto?
-Sí, Neville. ¿Es verde? –Preguntó el muchacho, mientras se concentraba en sacar la espina del niño Slytherin-. Pequeño, tienes que quedarte quieto. Eso es... así está mejor. Listo, ya te puedes ir.
-Toma, aquí está. –Neville extendió el frasco hacia su ex compañero quien después de examinarlo se lo bebió de un solo trago.
-Ugh... está muy amarga.
-¿Ya te sientes mejor? –Preguntó Neville después de unos momentos.
-Sí. –El muchacho volvió a conducir a la cama a Neville-. Acuéstate para que pueda examinarte.
Oliver tomó su varita y mencionó un hechizo, que le permitió ver si su compañero tenía alguna herida de consideración.
-Estás bien. –Después de examinarlo-. Sólo tienes quemaduras leves en las manos.
Y después de aplicarle la pomada para las quemaduras, y arreglarle la ropa y los cabellos con un "reparo", lo dejó ir. Neville se fue corriendo hacia las mazmorras mientras el joven continuaba atendiendo a los niños que quedaban.
oooooooOooooooo
Severus Snape observaba uno a uno, a los muchachos de Gryffindor mientras éstos iban depositando su poción resultante sobre su escritorio.
-Aquí tiene mi poción, profesor... –Neville Longbottom depositó su frasquito sobre el escritorio. El profesor Snape sólo le dirigió una inexorable mirada, lo que hizo que el muchacho saliera casi corriendo del recinto. Severus sólo movió su cabeza. Nunca entendió porqué ése muchacho le tuvo tanto miedo.
-Menos mal que es su último examen conmigo. –Expresó entre dientes, mientras veía que una suave mano depositaba un pequeño frasco. Y supo enseguida de quién se trataba.
-Necesito que te quedes un momento más. –Le dijo en voz muy baja, para que nadie más lo escuchara-. Hay algo muy importante que debes saber.
-¿De qué se trata? –Preguntó el joven de verdes ojos.
-No te lo puedo decir. –El profesor guardó silencio mientras el último alumno le entregaba su poción-. No me corresponde a mí. ¿Me ayudas a guardar las pociones? Las calificaré más tarde.
-Por supuesto. –El muchacho lo miró intrigado, pero decidió no hacer más preguntas y se dedicó a ayudar a Severus. Cuando terminaron, Severus cerró la gaveta con un hechizo y después de darle un beso, salieron de su despacho.
Harry caminó detrás del profesor mientras se dirigían hacia la Dirección. A pesar de que la curiosidad lo mataba, no se atrevió a hacer preguntas, ni mucho menos a caminar junto a Severus, ya que durante el camino se toparon con muchos estudiantes que, al igual que él, terminaban de presentar sus exámenes.
Llegaron a la gárgola y después de que el profesor pronunció la contraseña, subieron con calma por las escaleras movedizas de caracol. Harry estaba a punto de hablar cuando él se le adelantó.
-¿Ya pensaste muy bien lo de querer ser mi auxiliar? –El muchacho movió la cabeza en señal de afirmación-. Te lo pregunto porque ése va a ser uno de los temas a tratar con Albus.
-Estoy seguro, Severus. –El joven iba a agregar algo más, pero en ese momento llegaron a la puerta del despacho, y entraron. No bien hubo traspasado el umbral, cuando unos fuertes brazos lo estrecharon con mucha fuerza. Tanta, que el muchacho sintió que se asfixiaría.
-Harry... –Sirius permaneció abrazado a su ahijado unos momentos más-. Qué gusto me da verte. ¿Cómo has estado?
-Bien... Sirius... podrías...
-¿Sí?
-Soltarme por favor... me estás asfixiando...
-Oh, lo siento. –El animago soltó al muchacho, quien tuvo que aspirar aire muchas veces para recuperar el color.
-Harry... –Albus Dumbledore tomó la palabra-. Le pedí a Severus que te trajera, porque tenemos algo muy importante qué contarte. Por favor, tomen asiento.
Mientras Harry se sentaba en la silla que el director le señaló, logró divisar con el rabillo del ojo las miradas intensas de odio que su padrino y su pareja se dirigieron. Sirius estaba a punto de soltar unas palabras, cuando Remus, quien también se encontraba en el despacho, se le adelantó y lo tomó del brazo, obligándolo a tomar asiento.
Severus se dirigió hacia Albus y se quedó parado a su lado, de modo que su ángulo de visión alcanzaba a cubrir a las tres personas frente a él.
-Harry, el motivo por el cual te pedí que vinieras, es que ha ocurrido algo de suma importancia, y es necesario que lo sepas, antes de que los medios lo publiquen.
-¿De qué se trata, profesor?
Sirius tomó la mano de su ahijado mientras lo miraba a los ojos.
-Ésta misma mañana, Peter Petrigrew fue juzgado, y condenado a cadena perpetua en Azkaban.
El joven Gryffindor no dijo nada. Sólo se levantó de su lugar y se dirigió hacia un rincón, con los ojos nublados por las lágrimas que, poco a poco, comenzaron a recorrer sus mejillas.
Remus Y Sirius también se pusieron de pie, y ambos se acercaron al muchacho, quien, al sentir la cercanía de los dos mejores amigos de sus fallecidos padres, no pudo evitar abrazarse a ellos, mientras continuaba llorando en silencio.
Severus Snape, quien no se había movido de su sitio, sólo pudo apretar los puños con fuerza, mientras trataba de controlar las ganas que tenía de ir y abrazarlo con todo el amor que era capaz de profesarle. Pero no podía hacerlo, y eso provocó que el profesor frunciera el rostro en una inequívoca muestra de dolor.
Albus Dumbledore tomó con suavidad el brazo del profesor parado junto a él, lo que hizo que Severus volteara a mirarlo, tranquilizándose ante los transparentes ojos de su mentor.
Pasaron unos minutos más, donde el silencio sólo fue interrumpido por algún leve sollozo del muchacho, quien más tranquilo, se soltó del abrazo del que era preso y se dirigió de nueva cuenta a su lugar, frente al director.
-¿Cómo ocurrió? –Harry terminó de secar sus lágrimas mientras se dirigía hacia el anciano mago-. Es decir... ¿Cómo pudieron atraparlo?
Albus volteó a ver a Severus y éste le dirigió una mirada afirmativa.
-Verás, Harry. –El director se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro-. Es una larga historia y, como Sirius y Remus son parte de la Orden del Fénix, me parece conveniente que también estén enterados del asunto. Comenzaré por decirles que lo que saldrá publicado mañana en el Profeta es sólo una, digamos... manipulación de los verdaderos hechos y que, aunque a primera vista parezca una mentira, en realidad fue hecho para proteger la identidad de algunas personas, cuya vida peligraría si la verdadera información llegara a oídos de Voldemort.
Harry volteó a ver a Severus, quien desde que el muchacho se sentara, no había dejado de observarlo en ningún momento. Éste adivinó la pregunta muda del muchacho y asintió.
-¿Voldemort tuvo que ver con que atraparan a Colagusano? –Preguntó el animago.
-Algo así. –Albus tomó asiento de nuevo-. En concreto, las personas que atraparon a Colagusano, fueron Lucius y Narcisa Malfoy.
Sirius, Harry y Remus se miraron unos a otros, incrédulos. Todos dirigieron sus asombradas miradas hacia el director y el profesor, de forma alternada. Y ante la obvia seriedad de ambos, no les quedó más remedio que creerlo.
Harry comprendió entonces a lo que su pareja se había referido la noche anterior con respecto a que Draco corría peligro. Y estaba seguro que lo que habían hecho los Malfoy tenía mucho que ver con ello.
Remus, por su parte, aclaraba una de tantas dudas que tenía con respecto a la visita de los Malfoy el día anterior, aunque aún le quedaban algunas otras. Por lo que enderezó en su asiento, dispuesto a enterarse de todo lo que el director les contara, detalle a detalle.
oooooooOooooooo
En las habitaciones del profesor Snape, Draco Malfoy se encontraba curioseando por aquí y por allá.
Acababa de llegar de su Casa, con la mayor parte de sus cosas empacadas. Ésa misma tarde, el Director lo había mandado a llamar para informarle que a partir de ésa noche, el Slytherin se mudaría a las habitaciones de su padrino. Y ante las preguntas que el rubio le lanzó, el mago sólo se concretó a responder que era por razones de seguridad.
Draco suspiró. Después de que Blaise lo ayudara a empacar, éste le había dado un beso diciéndole que lo iba a extrañar. Draco le había dicho que sería sólo hasta que se supiera que su seguridad no estaba en riesgo y que, además, sólo faltaba un día para que se graduaran, tras lo cual podría entonces visitarlo en el Castillo cuantas veces quisiera.
No había querido comprometerse prometiéndole que se encontrarían en otros lugares, ya que dada la situación que estaba viviendo, veía muy difícil que Severus le diera su autorización para poner un pie fuera del Colegio.
-Ahora entiendo la posición de Harry. –Meditaba el rubio, mientras se recostaba en el sofá preferido de su padrino-. Y yo que pensaba que exageraba cada vez que se quejaba de que no podía ir a ningún sitio que se le antojara, y todo porque no le pasara nada.
El rubio se concentró en borrar una pequeña mancha de tinta que se dejaba ver en uno de los lados del sillón. Pero después de un momento dejó la mancha en paz y siguió con sus pensamientos mientras dirigía su mirada gris hacia la chimenea.
"¿A qué hora irá a regresar mi padrino? Quiero saber la razón exacta por la cual estoy aquí. No me convenció la respuesta del viejito."
Y estaba a punto de levantarse del sofá, cuando un objeto que sobresalía debajo de él llamó su atención.
-¿Qué es esto? –El rubio metió la mano debajo y logró sacar por completo lo que parecía ser un cuaderno. Grande fue su sorpresa cuando leyó en la pasta el nombre de su propietario.
-¿Qué está haciendo aquí una libreta de Harry? –Se preguntó el rubio mientras la examinaba por detrás y por delante-. ¿Y por qué estará quemada? –Entonces la abrió-. Pero... ¿Qué demonios...?
Dentro de la libreta, en cada una de las hojas en limpio que aún le quedaban, se encontraba escrito en letra de su propio dueño y con marca de fuego de color café, un corazón con los nombres de "Harry y Severus" en el centro.
oooooooOooooooo
-Vaya, vaya... –Decía Sirius Black, todavía asombrado cuando terminó de escuchar la historia completa que el director les contara-. Jamás me imaginé que los Malfoy fueran a hacer algo así. ¿Tú que crees, Remus?
-Con toda honestidad a mí no me sorprende, Sirius. –Respondió el licántropo con mirada ausente-. Creo que si yo también tuviera un hijo, haría lo que fuera para protegerle.
-Remus tiene razón. –Harry se puso de pie y se dirigió a Fawkes, quien gorgojeó contento al ser acariciado por su amigo-. Creo que todos haríamos lo que fuera para proteger aquello que amamos.
Y diciendo esto, volteó a ver a Severus, quien sólo cerró los ojos dándole a entender que lo había comprendido.
-Es verdad, Harry. –Dumbledore también se puso de pie y se dirigió al muchacho-. Sin importar si se es un hijo, un amigo, un hermano o nuestra pareja, no podemos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo le hacen daño a los que amamos. Es por eso que debemos estar preparados en todo momento, para que podamos protegerlos cuando se haga necesario.
-Sí. Y ya que hablamos de preparación... –Sirius interrumpió al director mientras sacaba de su capa unos papeles. Remus suspiró-. Estuve visitando algunas universidades en Francia, para que elijas en cuál de ellas quieres estudiar la carrera de Auror.
Un pesado momento de silencio siguió a las palabras del animago. Harry dejó de acariciar a Fawkes y se acercó con lentitud a su padrino, mientras éste continuaba hablando de sus planes de estudio para él.
-Sirius...
-... Y en ésta otra imparten también la materia de Fuerzas Oscuras Avanzadas. Sólo que ésta se encuentra en un lugar llamado...
-Sirius... escucha. –Harry tomó del brazo a su padrino, haciendo que el animago dejara lo que hacía y le prestara atención-. Verás, yo... no entraré éste año a la universidad.
-¿Cómo dices? –Sirius dejó los folletos sobre el escritorio del director-. ¿Eso significa que te tomarás un año de descanso? Eso está bien porque así nos dará tiempo de visitarlas en persona y...
-No, padrino. –Harry caminó con firmeza hacia su pareja mientras continuaba-. He decidido quedarme un año más en Hogwarts.
-¿Quedarte aquí? –Sirius se puso de pie y Severus en guardia. Remus se levantó y se colocó detrás del animago, pues sospechó lo que vendría-. ¿Y se puede saber qué piensas hacer todo un año aquí?
-Seré auxiliar en la materia de Duelo. –Harry comenzó a sentir que las manos le sudaban.
-Auxiliar en la materia... –El animago volteó a ver a Remus, sin entenderlo del todo-. ¿No dirás Defensa?
-No, Sirius. Duelo.
-Y... ¿Se puede saber qué profesor imparte ésa dichosa materia, que no puede solo con ella?
-Soy yo... Black. –Severus, quien hasta el momento sólo se había concretado a escuchar, se adelantó a la respuesta de su pareja y respondió con desprecio palpable en cada una de sus palabras.
Por unos largos momentos nadie dijo nada, en absoluto. Remus se acercó más por detrás de su amigo, mientras Harry, quien había quedado detrás de Severus, se colocó entonces a su lado.
-¿Es cierto eso, Harry? –Sirius miró de forma alternada a alumno y profesor, para asegurarse de que las palabras dichas por Snape fueran ciertas. Harry sólo bajó la cabeza en señal de asentimiento. El animago comenzó a pasearse de aquí para allá, como un león enjaulado-. ¿Y no pudo haber sido otro?
-¿Otro? –Harry lo miró sin entender.
-Sí, otro. Es decir... –Volteó a ver a su amigo-. Remus, por ejemplo.
De alguna manera que el muchacho no comprendió, sintió como si eso ya la hubiera vivido antes.
-Me parece que el señor Potter ya está lo bastante grandecito como decidir qué es lo que quiere sin que su perro guardián esté detrás de él en todo momento-. El profesor de pociones no se pudo guardar el comentario.
-Pero, ¿Qué...?
-Además, yo no necesito un auxiliar en Defensa. –Respondió Remus antes de que el animago se lanzara hacia el profesor.
-Gracias por ayudarme, ¿No? –El licántropo sólo levantó ambas manos mientras les daba la espalda y se situaba al lado del director. Ya había hecho suficiente. Se puso a jugar con Fawkes.
-¿Y se puede saber para qué necesitas a Harry de tu auxiliar? –Dirigiéndose a Severus-. Pudiste haber elegido a otro.
-No fue así, Sirius. –Harry intervino-. Fui yo quien se ofreció a ser su auxiliar. El profesor imparte dos materias y además tiene una labor como miembro de la Orden, que es la de proporcionar información sobre Voldemort. Y además...
-Sí, sí, sí... –Sirius no lo dejó terminar-. Ya te entendí. Ahora la pregunta es... ¿Por qué tú, que tanto dices odiarlo, ahora quieres auxiliarlo en su materia?
-Porque quiero saber si estoy capacitado para impartirla... –Harry volteó a ver a Severus mientras terminaba de hablar-. Como profesor.
-¿Me estás diciendo que dejarás a un lado tus planes de estudiar para Auror, para convertirte en profesor? –El animago estaba perdiendo la paciencia-. ¿A qué estamos jugando entonces, Harry?
-No estoy jugando, Sirius. –Harry se cruzó de brazos, tratando de aparentar ante su padrino un aplomo que estaba muy lejos de sentir-. La verdad, es que no estoy muy seguro de querer ser Auror, o profesor. Eso es lo que pasa. Por eso quiero quedarme un año más aquí. Quiero saber si la enseñanza es lo mío. Y si no es así, entonces me iré a Francia y estudiaré para Auror.
Sirius lo miró de forma tentativa, tratando de analizar las palabras dichas por el muchacho.
-De acuerdo. –El animago se sentó en su lugar, resignado-. Te quedarás aquí el año que viene. Pero... –Y en éste punto señaló en dirección a Severus-. Será tu responsabilidad que a mi ahijado no le pase nada malo, ¿Está claro?
-Ésa siempre ha sido mi responsabilidad, Black. –Respondió Severus con ironía mientras se cruzaba de brazos y volteaba hacia otro lado-. Si no estuviste aquí para verlo no es mi problema.
Albus Dumbledore, quien ya había visto y oído demasiado sin abrir la boca, decidió que ya era suficiente y resolvió dar por terminado el asunto.
-Bien, bien. –El anciano mago se ajustó los lentes y tomó un papel de su escritorio-. Como Harry es aún menor de edad, necesitaré que firmes éste documento, en el cual das tu autorización para que Harry sea auxiliar del profesor Severus Snape, en la materia de Duelo, durante todo el año escolar que se aproxima.
Sirius tomó en su mano la pluma de Fawkes que el anciano le ofreció y firmó, no sin antes dirigirle una mirada asesina al profesor de pociones. Éste a su vez volteó a ver a Harry, quien no pudo menos que corresponder a la mirada de su maestro con una sonrisa triunfal.
oooooooOooooooo
-Después de todo no fue tan difícil como pensábamos. –Decía Harry a su pareja mientras se dirigían a la Torre de Gryffindor.
-Así es. –Severus tomó con disimulo la mano de su alumno, para después soltarla-. Hubo un momento en que pensé que se me echaría encima.
-Sí... yo también. –El muchacho se detuvo de repente y lo empujó hasta quedar detrás de una columna, donde lo besó con pasión.
El profesor contestó al beso del joven mientras éste lo apretaba con fuerza entre la columna y su cuerpo, haciendo que sus caderas se rozaran. Ambos gimieron.
-Por favor, Harry...
-¿Qué cosa? –El muchacho no rompió el beso, y en cambio, lo profundizó mucho más.
-No hagas eso... o no podré controlarme.
-Pues no quiero que te controles... –Harry metió su mano bajo el cinturón y acarició su abdomen por debajo de su ropa. Severus se estremeció al frío contacto de la mano de su atrevido estudiante.
-Espera... –Severus detuvo su mano-. Aquí no. Podrían vernos.
-Entonces vamos a otro sitio.
Severus tomó ambas manos de su pareja y lo miró a los ojos.
-Harry, no podemos hacerlo.
-¿Acaso no me deseas? –Harry bajó su mirada, llena de pesar.
-Claro que te deseo. ¿Acaso no lo has notado? –Respondió el hombre mientras volvía a rozarse contra él, haciendo que el muchacho sintiera su dureza contra la suya. Harry cerró los ojos-. No se trata de eso.
-¿Entonces? –Harry sacó sus manos de entre las de Severus y acarició con lentitud su pecho-. ¿Cuál es el problema?
-El problema es que aún eres mi estudiante.
-Dejaré de serlo dentro de dos días. –El muchacho lamió el lóbulo de su oreja.
-Aún entonces... –Severus volvió a estremecerse-. Seguirás siendo menor de edad.
-¿Y eso qué?
-¿Cómo que "y eso qué"? –Severus tomó la barbilla del muchacho e hizo que lo mirara a los ojos-. Harry, esto no es ningún juego de niños para mí. Sé que no te lo he dicho y ahora te lo diré. Te amo. Te amo y te respeto, y no quiero que por un arranque de pasión terminemos metidos en problemas legales o algo por el estilo. Además, no quiero ni imaginar lo que te haría tu padrino si se llegara a enterar de que te tomé siendo apenas un niño. Ya bastante tendremos con que se entere de lo nuestro.
-No soy un niño.
-Legalmente lo eres. –El muchacho suspiró, mientras asentía a las palabras de su profesor-. Por eso no quiero llegar a estos extremos contigo, hasta que tú también estés preparado. Y... –Antes de que Harry lo interrumpiera-. No me refiero a que tu cuerpo no esté listo, porque estoy seguro de que ya lo estás. Creo que ya sabes a qué me refiero.
-Sí. Creo que sí. –Harry se separó de su profesor, quien sintió frío de repente-. Estoy dejándome llevar por mis hormonas. Y creo que si quiero estar contigo, debo estar consciente de lo que eso implica.
-Exacto. –Severus tomó el rostro de su alumno y lo besó en la frente-. Me alegra que lo entiendas.
-Sí, lo entiendo, pero... –El joven de ojos verdes suspiró-. Eso no hace que deje de desearte.
-Ni yo a ti.
Se abrazaron por un largo momento, cada uno disfrutando de la cercanía de aquél que amaban. Hasta que Harry rompió el abrazo para mirarlo a los ojos.
-¿Sabes? –Acarició su rostro con ternura-. Yo también te amo. –Lo besó con intensidad-. ¿Me acompañas a mi Casa?
-Será un placer.
Y después de
besarlo una vez más, el profesor adelantó sus pasos
haciendo que su alumno lo siguiera. Cuando llegaron frente al
retrato,
Severus volvió a besarlo antes de que la Dama
despertara, tras lo cual se despidió para dirigirse hacia las
mazmorras.
oooooooOooooooo
Severus pronunció la contraseña de entrada a sus aposentos, después de pasar se despojó de su capa y la dejó sobre una silla. Se sirvió una copa y se sentó en su sillón, frente a la chimenea.
Acababa de dejar a Harry en la entrada de la Torre, y después de despedirse con un beso, el profesor se había dirigido derecho a las mazmorras. Estaba cansado, y ahora lo único que quería hacer era dormir.
"Mañana calificaré los exámenes." Pensó mientras daba un sorbo a su bebida. "Ahora lo único que deseo es darme un largo baño y dormir."
Pero, ¿Cuándo los deseos de un simple mortal se han visto cumplidos en su totalidad?
Draco apareció detrás de él y le tocó el hombro, lo que hizo que el profesor, quien no esperaba a nadie, se levantara de su sillón poniéndose en guardia.
-Tranquilo, padrino, soy yo. –Draco levantó las manos en defensiva ante la varita del profesor-. ¿Podrías guardarla ya, por favor?
-¿Se puede saber qué haces aquí? –Preguntó el profesor mientras guardaba su varita en su lugar-. ¿No deberías estar en tu Casa?
-¿Acaso no estás enterado?
-¿De qué debo estar enterado?
-El Profesor Dumbledore me pidió que fuera a verlo a su oficina. Me dijo que por razones de seguridad debía permanecer aquí.
Severus frunció el ceño durante unos momentos, de repente recordó su conversación sostenida ésa misma tarde con el director, y entonces entendió lo que pasaba.
-Le dije que sospechaba que podrías correr peligro en las inmediaciones del Colegio, pero no le dije que debías venir aquí. Con toda seguridad pensó que en mis habitaciones estarías más seguro.
-¿Y? ¿Entonces no lo estoy?
-Por supuesto que sí. –Severus se sentó de nuevo en su sillón.
-Padrino... –El rubio rodeó el sillón para sentarse junto a él-. ¿Con exactitud por qué tengo que estar aquí? Por que el viejo... perdón, el profesor Dumbledore no me lo quiso explicar.
Severus volteó a ver a su ahijado, y durante unos momentos lo observó. ¿Cuántos años tenía? ¿La edad de Harry? Unos cuantos meses menos que él. Pero a diferencia de su pareja, su ahijado tenía una mirada avezada que daba a entender que no se le podía engañar con tanta facilidad.
-Alguien... –El profesor no quiso profundizar-. Me dijo que podrías estar teniendo pesadillas con Voldemort. Y aunque tus sueños nunca han sido premonitorios, no quisimos arriesgarnos.
-¿Alguien? ¿Se puede saber quién?
-¿Acaso importa? –Severus trató de restarle importancia al asunto, y bebió otro trago más.
-No habrá sido Potter, ¿Verdad?
Severus se puso de pie y dejó su copa en el bar.
-Creo que es hora de dormir. Tienes un examen mañana temprano, ¿No es así?
-Así es. –Draco también se puso de pie-. Pero antes de que me vaya a dormir, hay algo que quisiera saber.
-¿Qué es?
-¿Desde cuándo están juntos?
-¿Cómo dices? –Severus detuvo su andar hacia su habitación al escuchar la pregunta de su ahijado.
-Creo que sabes a lo que me refiero...
-Pues no. No lo sé.
-Entonces supongo que tampoco sabes... –Y mientras sacaba de entre sus ropas la libreta de Harry-. Cómo es que vino a dar esto aquí. –Y mientras la abría-. Y también me dirás que no fue él quien hizo esto.
-¿De donde la sacaste? –Severus se apresuró a tomar la libreta de manos de su ahijado.
-La encontré tirada debajo del sofá. –Le respondió el rubio mientras señalaba el lugar-. ¿Qué significa esto, padrino?
-¿En realidad quieres que te lo diga? –El profesor revisó la libreta de Harry, mientras veía con resignación que ya no podía hacer nada para negar lo obvio-. Porque creo que eres demasiado listo como para haber sacado ya tus propias conclusiones.
-Eso es indiscutible. –Draco se acercó con tranquilidad a su padrino, quien al ver al muchacho cerca, prefirió regresar al bar y servirse otra copa-. ¿No estás bebiendo demasiado?
-Ésta es la segunda. Y además, la necesito. –Se la bebió de un trago-. Bien. Con toda certeza, ¿Qué es lo que quieres saber?
-Ya te lo pregunté. –Draco se cruzó de brazos mientras observaba a su padrino-. ¿Desde cuándo?
-Desde anoche.
-¿Lo amas? No, no me lo digas. –Señalando la libreta que el profesor aún sostenía, ahora contra su pecho-. Es más que innegable que así es. Pero dime... ¿Él te ama?
-Sí, Draco. –Severus colocó la libreta en una esquina del bar-. Tanto como yo a él.
-¿Alguien más lo sabe?
-Albus. Nadie más.
-¿Los amigos de Harry no lo saben?
Severus se quedó pensativo unos instantes.
-No lo sé. Pero no me sorprendería que lo supieran. Considéralos a ellos también.
-Sí, claro. –Draco jugueteó con su bufanda color verde y gris-. Una persona más que lo sepa y ya se enteró todo el Colegio.
-Ni lo digas... –Severus dejó la copa en su lugar-. Donde Black se llegue a enterar...
-¿Acaso piensas mantenerlo en secreto?
Severus miró con fijeza a su ahijado, su mirada revelando indignación.
-¿Por quién me estás tomando? ¿Acaso crees que voy a tener a Harry escondido sólo para que ése perro no lo llegue a saber? –Tomó aire varias veces para controlarse-. Por el momento es preferible no decirle nada. Harry aún es menor de edad. Pero cuando cumpla la mayoría de edad y decida decírselo a su padrino, yo seré el primero en apoyarle.
Draco ya no dijo nada más. Y en vez de eso palmeó el hombro de su padrino.
-Será mejor que me retire a descansar. –Mientras se dirigía a su habitación-. Mañana tendré examen de transformaciones y no quiero llegar tarde.
-¿Como cuando tuviste examen conmigo? –Severus esperó a que su ahijado lo volteara a ver-. No debes preocuparte por eso. Si veo que ya es tarde yo mismo te despertaré. Además, estarás en mis habitaciones... no en la Sala de los Menesteres.
Ante las últimas palabras de su padrino, el muchacho palideció por unos instantes.
-¿Cómo sabes...? Severus... ¿Estás bien? –Preguntó Draco al ver que su padrino torcía el rostro en una mueca de dolor, al tiempo que se tocaba el brazo izquierdo.
-Tranquilo... estoy bien. –Severus se enderezó tratando de mantenerse sereno, mientras empujaba a su ahijado hacia su habitación-. Será mejor que te vayas a dormir. Ya es tarde.
-Pero...
-Pero nada. Ve a dormir y no te quiero ver rondando por aquí.
Cuando el muchacho se retiró, Severus fue hacia su gaveta y extrajo dos pociones. Después tomó su capa y salió directo hacia las afueras del Castillo. Cuando localizó el límite de las barreras de protección sacó uno de los frascos y lo bebió, mientras el otro lo escondía en su cinturón. Instantes después desapareció.
oooooooOooooooo
-Mi Lord...
-Pasa, Severus. –Voldemort le hizo una señal con la mano para que se acercara-. ¿Cómo has estado?
-Bien, mi señor. –Severus hizo una reverencia cuando se encontró frente a él-. ¿En qué puedo servirte?
-En realidad, siempre me has servido de mucho. –El mago oscuro entrelazó los dedos de las manos mientras lo miraba con fijeza-. Sin duda hoy no me defraudarás.
-Tú dirás, mi Lord...
-Como estoy seguro que no te has enterado, te lo diré en unas cuantas palabras. He decidido incorporar nuevos elementos a mis filas para cuando se gradúen de la escuela del viejo Dumbledore. Ya hablé con sus respectivos padres y todo va muy bien. Salvo una excepción.
Severus contuvo el aliento. Sabía lo que vendría.
-Dime una cosa, Severus... –El Dark Lord se levantó de su asiento y comenzó a caminar alrededor de él-. ¿De casualidad los Malfoy han estado de visita en el Colegio en éstos días?
-Sí, mi Lord. –Respondió Severus bajo la máscara que cubría su rostro-. Ayer mismo en la mañana.
-¿Qué fueron a tratar y con quién hablaron?
-Narcisa Malfoy llegó primero. –Severus hizo una pausa-. Estuvo hablando con su hijo.
-¿De qué hablaron?
-Hablaron sobre sus estudios.
-¿Y Lucius?
-Llegó un poco más tarde. También pidió hablar con Draco. Los dos estuvieron hablando con su hijo en la oficina de Dumbledore.
-¿Hablaron a solas con él en algún momento?
-No, mi Lord. –Severus decidió poner en marcha el plan de la noche anterior-. El nuevo reglamento de visitas impide que los padres hablen a solas con sus hijos, si una autoridad del plantel no está presente.
-Ya veo... –Voldemort volvió a tomar asiento, lo que hizo que Severus se sintiera más tranquilo-. Entonces... ¿A qué hora se retiraron?
-No sabría decírtelo, señor. –Severus rogó en su interior porque el mago le creyera-. Dumbledore me envió a unas diligencias, y cuando llegué, ellos se habían retirado.
-Entiendo. –El mago oscuro acarició a su serpiente Nagini, quien había salido debajo del sillón del Lord-. Tengo entendido que el viejo visitó el Ministerio.
Severus guardó silencio. No sabía hasta dónde tenía conocimiento del hecho el oscuro mago, y prefirió dejar que siguiera hablando.
-¿Sabes si Cornelius Fudge estuvo en Hogwarts?
-No, mi Lord. –Severus contuvo el aliento-. Jamás vi a Fudge en las instalaciones del Colegio.
-Sin embargo... –Y en éste punto el Lord dejó de acariciar a su serpiente-. El que tú no le hayas visto no significa que no haya estado ahí.
-¿Desea mi Lord que averigüe si fue así?
-Por supuesto, Severus. –El Dark Lord dejó que su mascota se trepara por su brazo. Severus no pudo evitar un escalofrío al verla-. Y además, quiero que investigues cualquier conexión que haya entre Dumbledore, Fudge y los Malfoy. Tengo el presentimiento que hay algo mucho más profundo en todo esto que una simple reunión familiar.
-¿Puedo hacerte una pregunta, mi señor?
-Adelante...
-¿Puedo saber el motivo por el cual has decidido investigar a los Malfoy?
-Pensé que nunca me lo preguntarías. –Nagini terminó de enroscarse alrededor del cuello de su dueño-. Verás... he decidido unir mi vida a un mago de sangre pura y procrear un heredero. Y para ello he elegido al hijo de los Malfoy.
Severus contrajo una mueca de rabia, que el Lord no pudo distinguir gracias a la máscara que lo cubría.
-Pero da la casualidad de que Lucius me ha estado dando largas en el asunto. Pero el tiempo se acaba, así como también mi paciencia. Envié a uno de los nuestros para que me informara de los movimientos del matrimonio dentro de la Mansión, pero por desgracia no se ha reportado conmigo.
-¿Deseas que haga algo al respecto, mi Lord?
-No, nada de eso. –Voldemort se puso de pie mientras Nagini olfateaba al profesor con total descaro-. Yo mismo me encargaré, pero aún no es el momento. Puedes retirarte.
-Sí, mi Lord.
-¿Qué te pareció, Nagini? –Cuando Severus salió, el mago oscuro acarició la cabeza de su mascota mientras le hablaba en parsel-. ¿Crees que me dijo la verdad?
-Mi señor, yo no pude olfatear alguna señal de que mintiera. –Siseó la serpiente.
-Cuando la luna deje de estar llena, Draco Malfoy será mío. Y entonces, mi querida Nagini, Lucius y Narcisa Malfoy pasarán a ser parte de sus recuerdos.
oooooooOooooooo
Severus suspiró, cansado. Se quitó de nuevo la capa y la arrojó ésta vez sobre el sillón. Se dirigió al bar y se sirvió la tercera copa de la noche. Estuvo tentado a dejarla, pero se dio cuenta de que sus manos temblaban, por lo que decidió bebérsela de un solo trago.
-Es la tercera de la noche, padrino. –Draco se encontraba detrás de él, traía puesta su pijama-. ¿Qué fue lo que te dijo?
-No sé de qué me hablas. –Severus se sentó en el sillón y se cubrió la cara con las manos-. ¿No deberías estar dormido?
-Lo estaba. –Draco le quitó la copa de la mano y la colocó de nuevo en el bar-. Sé que te llamó. Por favor, dime qué fue lo que te dijo.
-Escucha... –Severus lo tomó del brazo y lo hizo sentarse junto a él-. Ahora no puedo decirte nada. Es tarde y estoy muy cansado.
-¿Es algo relacionado conmigo?
-Ve a dormir, Draco. No tiene caso que te duermas tarde. –Severus se puso de pie-. Mañana hablaremos. Que no se diga más.
-Pero...
-Draco...
-Está bien... hasta mañana.
-Que descanses.
-Por cierto, tuviste visitas.
Severus levantó la vista hacia su ahijado, mostrándose preocupado.
-No te asustes. –Draco lo tomó del hombro para tranquilizarlo-. No es nadie de temer. A decir verdad... aún está aquí.
Severus volteó para todos lados, pero no vio a nadie. Draco comenzó a reírse.
-Escucha, Draco... –Severus se puso de pie y se sostuvo de la repisa sobre la chimenea. Se sentía algo mareado-. No estoy de humor para tus juegos. Dime de una buena vez quien estuvo aquí o...
-Harry.
-¿Cómo?
-Dijo que soñó con él... y contigo. –Draco se situó al lado de su padrino-. ¿Por qué no me dijiste que te estaba llamando?
-¿Qué hubieras ganado con saberlo? –Severus se pasó una mano temblorosa por el negro cabello-. ¿Qué más te dijo?
-Estaba muy preocupado. Creía que te había convocado para hacerte daño. Dice que percibió tu sentimiento y eso lo asustó mucho.
-¿Dices que aún esta aquí?
-Quería retirarse a su Torre después de que logré tranquilizarlo un poco. Pero le dije que tú me matarías si te enterabas de que lo había dejado marcharse solo a éstas horas de la noche. Yo lo hubiera acompañado, pero creo que hubiera sido peor.
-Hiciste bien. –Severus se dirigió a su gaveta y guardó la poción que le había sobrado-. ¿En dónde está?
-En tu habitación.
-¿En mi habitación?
-¿Querías que lo dejara dormir incómodo en éste sillón?
El profesor guardó silencio unos instantes.
-Lo acompañaré a su Casa. –Severus se dirigió a su cuarto.
-¿Lo despertarás? –Draco se le adelantó-. ¿Por qué no lo dejas dormir aquí? ¿Qué tiene de malo?
-No es correcto.
-Vamos, padrino. –El rubio lo miró de forma pícara-. Aunque quisieran hacer algo incorrecto no podrían, yo estaré en la habitación de al lado. A menos que...
-Ni lo menciones.
-Bueno... allá tú. –El muchacho se encaminó a su habitación-. Hasta mañana.
-Hasta mañana. Y... Draco...
-¿Sí?
-No te preocupes. Todo va a salir bien.
El muchacho sonrió a su padrino antes de desaparecer por la puerta de su habitación. Severus permaneció unos momentos más en la sala, y luego se dirigió a su recámara. Cuando entró, lo recibió la imagen más tierna y a la vez seductora que hubiera visto en toda su vida.
Harry se encontraba acostado en su cama, su pijama del color de su casa contrastaba a la perfección con las sábanas de seda negra que la cubrían. Se hallaba acostado de lado abrazando una almohada, con su nariz perdida en ella, como si se hubiera dormido aspirando su aroma. Estaba encogido en posición fetal, con otra almohada entre las piernas.
Severus se acercó muy despacio y acarició con su mano los cabellos desordenados que se desparramaban, traviesos, sobre la almohada. Después la dirigió hacia su rostro, donde se embriagó con su tersura. Y los verdes ojos se abrieron con suavidad, para deleite de su espectador.
-Severus... –Harry dejó la almohada que abrazaba para lanzarse a los brazos del profesor-. ¿Estás bien?
-Tranquilo... –Severus también lo abrazó, tratando de serenarlo-. No pasa nada.
-Soñé contigo. –El muchacho se sentó y atrajo hacia sí a su pareja-. Pude sentir lo que estabas sintiendo.
-¿Qué fue lo que sentiste? –El profesor permaneció abrazado a él, al tiempo que con una mano acariciaba su rostro.
-Al principio fue temor. –Harry cerró los ojos tratando de recordar-. Después sentí ira. Como si quisiera matar a alguien...
Severus se dio cuenta de que Harry describía con exactitud sus sentimientos mientras estuvo con Voldemort.
-Tendremos que hablar de esto con Albus mañana. –Se puso de pie-. Por ahora es mejor que te lleve a tu Casa, para que descanses.
-Pero... –Harry bajó la cabeza, contrariado-. Creí que me dejarías quedarme aquí, contigo.
-Harry... –Severus lo miró con aprehensión-. ¿En qué habíamos quedado?
-No haremos nada. –El muchacho se cubrió con la sábana mientras se hacía a un lado para dejar espacio-. Sólo quiero dormir a tu lado. De verdad.
Ante la firme promesa del muchacho, Severus no pudo seguirse negando.
-Pero que conste que sólo dormiremos.
-De acuerdo.
Severus se perdió un momento y cuando apareció traía puesto un pijama negro. Cuando lo vio venir, Harry hizo a un lado la sábana y el profesor se deslizó dentro de ella.
-Severus...
-Dime.
-¿Todas tus ropas son negras?
-Sí. –El profesor se acomodó de lado, quedando de frente a él-. ¿No te agradan?
-Por supuesto que sí. –Harry se acurrucó más cerca-. No te puedo imaginar con otro color que no sea ése. Aunque supongo que también deben quedarte otros colores.
-¿Como cuáles?
-Azul, por ejemplo.
-Podría ser. –Bostezó-. Hasta mañana, Harry.
-Hasta mañana, Severus.
Harry se acomodó más cerca de su profesor y pasó un brazo sobre su pecho, mientras Severus rodeaba su cintura. Unos minutos después ambos dormían profundamente.
oooooooOooooooo
Eran las tres y media de la mañana, dentro de cuatro paredes pintadas de colores claros con fotografías de estilo muggle que las adornaban, únicas testigos de lo que ocurría dentro de la habitación.
Un joven de ojos aceitunados saboreaba centímetro a centímetro la piel de quien se encontraba debajo. Los ojos marrones cerrados, con largas pestañas que, temblorosas por la pasión, regalaban al autor de las caricias la viva imagen del deseo.
Oliver susurraba el nombre de su amante entre cada gemido, mientras éste recorría con lentitud sus labios por cada uno de los rincones que lo hacían estremecerse. El joven dominante bebía con fruición cada una de las gotas de sudor que el otro emanaba, embriagándose con su sabor.
El muchacho de negros cabellos no se quiso quedar atrás. Se giró sobre sí mismo y el otro quedó debajo. Lo besó con intensidad mientras con sus manos acariciaba su pecho. Lamió sus pezones haciéndolo estremecer. Besó su estómago y se entretuvo en su ombligo, provocándole suaves cosquillas que lo encendieron más.
Metió la erección a la boca y el otro gimió con urgencia en respuesta, mientras con sus dedos preparaba el camino que lo llevaría a la gloria. Lo sintió duro y regresó a su boca, para regalarle otro apasionado beso mientras se montaba a horcajadas sobre él, atendiendo a sus deseos.
Su amante ya no quiso esperar más. Tomó las caderas del ex capitán y lo instó a que él mismo se empalara. Oliver cerró los ojos mientras se sentía invadido con suavidad y lleno por completo. Como la primera vez. Como todas las demás veces en que ambos habían podido hallar un espacio en sus horarios y en sus vidas para poder estar juntos.
Se meció sobre su amante con placidez, de atrás hacia a delante, de un lado al otro, tratando de encontrar él mismo el punto donde al ser tocado se estremecía. Al encontrarlo aumentó la velocidad de sus vaivenes haciendo que el otro gimiera en respuesta, mientras que con una mano acariciaba su erección y con la otra sostenía sus caderas, rojas por la fuerza con que lo mantenía pegado a él.
Oliver ya no pudo más. Gritó el nombre de su amante mientras dejaba que el éxtasis lo alcanzara con total intensidad. Su compañero dejó de respirar por unos segundos mientras se dejaba llevar por el mismo camino, junto a él.
Momentos después ambos descansaban, Oliver sobre el pecho de la persona que amaba.
-Te extrañé. –Le dijo mientras besaba con dulzura la comisura de sus labios.
-Y yo a ti. –El otro correspondió al beso y lo abrazó con estrechez, como no queriendo dejarlo ir nunca más-. Has estado incansable toda la noche. Ya lo hemos hecho tres veces.
-¿Ya te cansaste? –Oliver volteó a ver a su compañero, mientras con sus dedos retiraba los suaves cabellos que estorbaban su visión-. Porque aún quiero más.
-Jamás me cansaré de ti. –El otro lo tomó de la cintura y lo besó con fogosidad-. No lo olvides. Nunca me cansaré de amarte, Oliver.
-Ni yo tampoco. –El moreno sintió renacer su pasión cuando el otro comenzó a recorrer de nuevo su sudoroso cuerpo-. ¿Me amas?
-Te amo con toda mi alma, Oliver.
-Yo también te amo, Blaise. Yo también.
Continuará...
Próximo capítulo: Protegiendo lo que se ama.
Notas: Gracias a todos los que han seguido el fic, y gracias también por sus reviews. Hasta la próxima.
Besitos
K. Kinomoto.
