Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuestas a los Reviews:
Sandra: Me alegra que te gustara el capítulo. Aún falta mucho para que Sirius se entere, pero ten por seguro que lo hará. Blaise sí está con Draco, pero aquí te va éste capítulo para que sepas lo que sucede en realidad. Besitos.
Sedex: Espero que la conversación sobre los dementores no te haya aburrido. Tendrá su importancia cuando llegue el momento. Con problemas y todo, pero Neville sí pasó el examen. . Supongo que ya te diste cuenta que Sirius no reaccionó tal mal con lo de la carrera, pero bueno... no será lo mismo cuando se entere de lo otro.
También quiero agradecera Anna Potter, Chibi-Kaisie, TercySScloe, Zekhen, Jopito, Verito.
Y a todos ustedes que siguen el curso de la historia. Muchas gracias.
Que disfruten el siguiente capítulo.
VI
Protegiendo lo que se ama.
Blaise abrió con pereza sus ojos cuando la claridad del día se hizo presente a través del ventanal de la habitación de Oliver. Se enderezó con ligereza mientras se sostenía sobre uno de sus codos, observando al joven que dormía junto a él.
"Es tan hermoso..." Pensó mientras pasaba una de sus manos por su negro cabello, procurando no molestarlo. Delineó con suavidad su boca mientras suspiraba. "Tan hermoso como Draco... pero con una belleza tan distinta".
Respiró con fuerza mientras trataba de recordar la forma en cómo había terminado enamorándose de Oliver. Fue durante un partido de Quidditch, un año y medio atrás, cuando Oliver era el capitán del equipo en su último año como estudiante del Colegio.
Recordó que ése día estaban jugando uno de los partidos más difíciles que recordara. Era invierno y nevaba. Draco y Potter se la habían pasado persiguiendo a la snitch dorada la mayor parte del tiempo, sin éxito alguno, por lo que el partido corría en tiempo normal. La visión era tan poca que en muchas ocasiones habían chocado incluso, contra sus mismos compañeros.
De pronto, Blaise sintió que chocaba con fuerza contra alguien, al grado de perder el control de su escoba. Perdió el equilibrio y hubiera caído de no haber sido porque una tibia mano, fuerte y suave, había sostenido la suya a tiempo para evitar que cayera.
Levantó la vista para ver quién había sido el compañero que lo había salvado de una caída segura. Pero se sorprendió cuando a través del espeso manto de nieve, distinguió los colores de la Casa de Gryffindor. Trató de enfocar al dueño del uniforme y logró distinguir unos hermosos ojos marrones que lo miraban de forma vivaz.
Pero también se preocupó cuando descubrió un hilillo de sangre que manaba de la nariz de su contrincante y salvador. Y se ruborizó con intensidad cuando descubrió que en todo ese tiempo, el Gryffindor no había soltado su mano en ningún momento.
Blaise volvió al presente mientras se levantaba con cuidado, para no despertar a su pareja. Lo cubrió con la sábana y se dirigió al baño. Mientras el agua recorría su cuerpo siguió recordando.
Ése mismo día, al concluir el partido, Blaise se dirigió hacia la enfermería. Quería saber si la herida del Gryffindor no era de consideración. Cuando llegó lo encontró sentado sobre una de las camas mientras esperaba a que Madame Pomfrey lo asistiera. Se escondió detrás de una gaveta para poder verlo sin ser descubierto.
Observó durante unos momentos al muchacho, pues quería saber que tanto lo había lastimado al chocar contra él. Pero se tranquilizó al ver que el Gryffindor parecía estar bien. Estaba a punto de retirarse cuando escuchó un quejido en la cama contigua a la del moreno, mientras veía cómo el joven se levantaba para ir a ver qué pasaba.
Escondido detrás de la gaveta, Blaise observó cuando Oliver se acercaba a un niño de segundo año que parecía estar muy enfermo, le colocaba la mano en la frente y parecía comprobar que tenía fiebre. Entonces el Gryffindor tomó una compresa que estaba junto a la cama del enfermo y la mojó en agua fría, para luego ponérsela sobre su frente.
Blaise no quiso moverse del lugar en donde estaba. Siguió observando mientras el Gryffindor repetía una y otra vez la operación, hasta que notó que la fiebre bajaba. El moreno arrimó una silla y se sentó junto a la cama del enfermo, tomó su mano y comenzó a cantarle muy despacio.
El joven de cabellos castaños permaneció parado detrás de la gaveta, escuchando el armonioso canto del muchacho de negros cabellos. Cerró los ojos mientras se dejaba arrullar por esa voz tan bien afinada que el muchacho poseía. Cuando Oliver dejó de cantar y notó que el niño ya se había dormido, se puso de pie y se dirigió hacia la oficina de la enfermera.
Blaise, quien no había querido moverse de detrás de la gaveta hasta que el Gryffindor dejara de cantar, aprovechó para emerger de su escondite y salir de la enfermería. En el camino hacia su Casa, el muchacho de cabellos castaños se hizo la firme promesa de volver a ver esos hermosos ojos cafés y escuchar esa melodiosa voz, que había quedado grabada a fuego en su corazón.
Blaise salió de la ducha y comenzó a vestirse despacio. Oliver aún dormía. Cuando terminó, el joven se sentó en la orilla de la cama mientras lo observaba con sus ojos aceitunados llenos de un infinito amor. Tan grande y poderoso como el mismo que sentía por su rubio de grises ojos.
Después de aquél día en la enfermería, el Slytherin no había perdido oportunidad para encontrarse "de casualidad" con el moreno. Le coqueteaba con descaro cuando había oportunidad, lo que lograba sacar uno que otro rubor en el Gryffindor. Sus encuentros con él se volvieron más frecuentes hasta que, al terminar ése año escolar, estaba seguro que sentía algo por él.
Pero, también en aquél entonces, su relación de amistad con su compañero Draco Malfoy se estaba volviendo algo mucho más profundo. Y el joven de cabellos castaños estaba muy confundido con respecto a sus sentimientos.
La noche de la graduación de Oliver, Blaise estaba brindando con sus compañeros cuando Draco lo invitó a pasear. Blaise deseaba estar a solas con el rubio, porque quería asegurarse de que aquello que estaba sintiendo fuera real.
Aquélla noche con Draco, Blaise la recordaría como una de las más hermosas de toda su vida. Y mientras el rubio lo hacía suyo con la ternura y pasión que Blaise tanto amaba de él, se hizo la firme idea de que era a él a quien amaba, y que lo que sentía por Oliver Wood era producto de una simple atracción, que con el tiempo olvidaría.
Pero con lo que el castaño no había contado, era con que Oliver Wood regresaría al año siguiente como auxiliar en la enfermería y que, cuando Blaise volviera a verlo, sentiría renacer en él aquél sentimiento que había pensado que podría desechar con facilidad de su corazón.
Desde entonces, Blaise había dividido su vida y su alma en dos pedazos, iguales de importantes para él. Draco Malfoy: un rubio Slytherin de carácter indomable, vanidoso y arrogante. Apasionado y dominante. Exigente y calculador. Y Oliver Wood: un moreno Gryffindor de carácter dulce, sencillo y paciente. Amoroso y sumiso. Tolerante y generoso.
En definitiva, dos polos opuestos. Dos seres por completo ajenos el uno del otro con una sola cosa en común: el amor de Blaise Zabini.
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Severus fue despertando poco a poco cuando su reloj biológico le indicó que ya era la hora. Se puso de pie y se despojó de la negra pijama que lo cubría, quedando solamente en un ajustado bóxer del mismo color. Se estiró con pereza y abrió la puerta del baño para darse su ducha matutina.
Acababa de entrar y cerrar la puerta, cuando vio con sorpresa que alguien se había adelantado a sus planes. Detrás de la cortina podía escucharse el ruido del agua cayendo, pudo percibir con claridad el aroma de su shampoo mientras una ligera nube vaporosa se condensaba por todo el lugar.
De forma instintiva llevó su mano hacia el lugar donde siempre portaba su varita, pero recordó que sólo traía puesta su ropa interior. Tratando de no hacer ruido, el profesor se acercó con lentitud hacia la cortina que dividía la ducha del resto del ambiente y se asomó con mucho cuidado. Enorme fue su asombro cuando pudo distinguir a través del vapor, a la persona que se encontraba ahí.
Harry jabonaba a conciencia su cabello del color del azabache, mientras dejaba que el agua corriera por todo su delgado y níveo cuerpo. Con sus verdes ojos cerrados para no irritarlos, tanteó la pared de la ducha hasta que dio con la barra de jabón, la cual comenzó a deslizar con gracia por sus suaves brazos.
A esas alturas, Severus ya había cobrado conciencia de la razón por la cual su pareja se encontraba ahí. Y habiéndose recobrado de la sorpresa inicial se dedicó a analizar a descaro el perfecto y sinuoso cuerpo que sin saberlo, se ofrecía completo ante su visión. Y lo que vio le causó una muy grata y excitante impresión.
El joven debajo de la ducha paseó sus blancas manos alrededor de su cintura mientras se enjabonaba con una tranquilidad que a Severus le pareció muy atrayente. Sus largos y finos dedos recorrieron con lentitud sus suaves pectorales, coronados por dos rozados pezones que al contacto con las manos del moreno, parecieron volverse de piedra.
Por puro instinto, Severus levantó su mano derecha y la posó sobre su pecho, acariciándolo de la misma forma en que su pareja lo hiciera, mientras que Harry, ajeno por completo al escrutinio del que era objeto, deslizaba su mano hacia su abdomen, rozando su ombligo y posándose sobre su intimidad, la cual frotó con firmeza para terminar de asear. El profesor se mordió los labios para reprimir un gemido.
Lavó con habilidad sus extremidades, recorriendo de arriba para abajo y viceversa la longitud de sus ágiles piernas, que a su pareja le parecieron muy bellas. Al agacharse para restregar sus tobillos y pies, el muchacho le obsequió a su espía la más sugestiva imagen de su pequeña y virgen entrada, que a primera vista parecía suave y en extremo delicada, y que hizo que Severus casi perdiera la conciencia.
Cerró los ojos mientras trataba de mantenerse sobre sus dos temblorosas piernas. Cuando decidió que ya había invadido su privacidad lo suficiente, se dio la media vuelta para salir, pero volvió a su sitio cuando le pareció escuchar que el joven gemía con suavidad.
Venciendo a sus escrúpulos, el hombre volvió a entreabrir la cortina que lo separaba del objeto de sus deseos, y lo que presenció lo llenó de gran excitación. Harry acababa de tomar una generosa porción del shampoo de su pareja y ahora lo embarraba sobre su naciente erección. Severus contuvo la respiración.
El Gryffindor acarició con voluptuosidad la delicada zona que acababa de ungir con el shampoo y emitió un profundo gemido que a Severus le erizó los vellos de todo el cuerpo, e hizo que de forma involuntaria llevara su mano en dirección hacia su propia ingle, la cual comenzó a acariciar por encima de su ropa interior.
El muchacho recargó su mano izquierda contra la pared mientras que con su otra mano se procuraba placer. Tenía los ojos cerrados y su respiración acelerada salía entrecortada de sus carnosos y temblorosos labios. Severus no podía despegar sus ojos de la hermosa visión ante él. Harry despegó la mano de la pared y embarró sus dedos con el exceso del shampoo, para dirigirlo hacia su entrada. Severus abrió sus piernas también.
El dedo más largo del joven tanteó la virginal entrada, para hallar camino dentro de ella hasta que logró introducir la mitad. Gimió con dolor ante su propia intromisión, pero lejos de detenerse, el moreno dio paso a un segundo dedo. Severus metió la mano bajo su ropa interior.
Los delgados dedos del muchacho entraban y salían hasta donde su dueño podía, mientras con la otra mano atendía su dolorosa erección. Severus movía su mano al mismo ritmo que el de su pareja, mientras enfocaba su vista hacia su pequeña entrada, la cual latía trémula, señal de que el muchacho estaba muy cerca.
Harry emitió un profundo gemido, y luego unos cuantos más, mientras repetía una y otra vez el nombre de Severus con la voz entrecortada y su esencia salpicaba su abdomen y su mano. Severus gimió en silencio mientras se liberaba por debajo de su ajustada prenda.
El muchacho cayó de rodillas cuando sus piernas ya no pudieron sostenerlo más, al tiempo que dejaba que el agua limpiara su cuerpo. Severus había tenido que sostenerse del marco que soportaba la cortina. Cuando el joven se recuperó, se levantó y entonces su pareja aprovechó para salir del baño, cerrando con lentitud la puerta tras él.
Severus se quedó un momento más recargado contra la puerta, mientras terminaba de recuperar la respiración. Después de eso localizó su varita y realizó un hechizo de limpieza sobre su persona. Se cambió de ropa de inmediato y antes de que el muchacho terminara de bañarse, salió de la habitación.
Mientras tanto en el baño, y parado frente al espejo, Harry no dejaba de preguntarse cómo había podido contenerse de ésa manera. En verdad su maravillosa pareja era un hombre con una admirable fuerza de voluntad.
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Draco acababa de dejar las habitaciones del profesor Snape y se dirigía hacia el Gran Comedor, cuando en el camino se encontró con sus dos guardaespaldas.
-Draco, espera... –Goyle corrió detrás del rubio para alcanzarlo, ya que éste había huido con presteza al ver acercarse a Crabbe. Desde que se hubo enterado del problema entre Voldemort y sus padres, no había querido tener contacto alguno con ningún hijo de mortífagos.
-Hola Goyle... Crabbe. –El muchacho trató de aparentar su frialdad de siempre, mientras buscaba con la vista alguna posible vía de escape, por si las dudas-. ¿Qué hay?
-Eso es con exactitud lo que queremos saber. –Crabbe caminó hasta situarse junto al llamado príncipe de Slytherin-. Anoche no estuviste en la Casa, ni tampoco dormiste ahí, ¿Por qué?
-Sí, es verdad. –Goyle secundó a su compañero mientras se ubicaba del otro lado del rubio-. Estuvimos preguntando a algunos compañeros si sabían la razón, pero nadie nos pudo decir nada.
-¿Y se puede saber cuándo les di mi permiso para que me estén investigando? –El rubio dobló por uno de los pasillos-. ¿No creen que deberían mejor ponerse a estudiar y no estarse metiendo donde no les llaman?
-Nosotros sólo queríamos saber si te encontrabas bien. –Goyle sacó un pastelito de entre sus ropas y se puso a mordisquearlo-. Además... ñam, ñam... no fuiste el único que no durmió en la Casa... ñam...
-¿Y eso qué? –Draco entró al Comedor y se dirigió a su lugar-. ¿Acaso piensan que me importa quién duerma y quién no en las habitaciones?
-Sólo lo decíamos porque a últimas fechas, cuando tú no duermes en la Casa, ésa persona tampoco lo hace-. Crabbe le quitó un pedazo de pastel a su compañero.
Draco, quien en ese momento veía entrar a Ron y Hermione, dirigió toda su atención hacia su compañero.
-¿De quién estás hablando?
-De Zabini.
Draco sintió una punzada en su corazón, sin embargo, su rostro siguió tan imperturbable como siempre.
-¿Dices que no llegó a dormir?
-Estuvo un rato platicando con algunos compañeros. –Goyle picoteó la comida, que ya estaba servida-. Pero alrededor de la media noche se despidió. Pensé que subiría hacia el dormitorio, pero en vez de eso salió de la Casa, y ya no regresó.
Draco se quedó callado mientras sus compañeros se lanzaban hacia los diferentes platillos que llenaban la mesa. Dirigió su vista hacia el lugar donde su pareja acostumbraba a sentarse, pero no estaba. Recorrió con la mirada todo el Comedor, pero no había señales de él.
"¿Dónde se habrá metido?" Se preguntó el mortificado rubio mientras jugueteaba con la comida. "Tendrás que darme una muy buena explicación, Blaise Zabini..."
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-¿Estás seguro de que no sospechó nada?
-Así es, Albus. Tomé la poción inhibidora antes de presentarme ante él.
Severus se encontraba en la oficina del director. Acababa de dejar a Harry cerca del Gran Comedor después de que, con ayuda de Dobby, el muchacho consiguiera su uniforme y sus cosas para no tener que ir hasta la Torre. Y ahora se encontraba frente a un preocupado Dumbledore, luego de contarle lo ocurrido la noche anterior con Voldemort.
La poción a la que Severus se refería, había sido elaborada por él mismo para cuando fuera convocado por el mago oscuro, y hubiera el riesgo de que su mascota, Nagini, se encontrara presente. Dicha poción inhibía la secreción de cierta clase de sustancias químicas que el cuerpo despedía cuando una persona se encontraba en situación comprometida, como en el caso de que estuviera mintiendo. Sustancia que el fino olfato de muchos animales, entre ellos los ofidios, podían detectar con mucha facilidad.
-¿Dices que te pidió que averiguaras sobre Fudge?
-Así es. –Severus se sentó frente al director mientras cruzaba los pies-. Relacionó la visita de los Malfoy a Hogwarts con la tuya al Ministerio, y sospecha que hubo algo más que una entrevista familiar.
-Hum... –El director acarició su barba, pensativo-. Si ya te llamó, no me sorprendería que un día de éstos también convocara a los Malfoy.
-Así es. Él dijo que se encargaría de ellos cuando llegara el momento.
-¿El momento de qué?
-Supongo que se refería al tiempo que falta para el día que tiene planeado unirse a Draco. –Severus suspiró, preocupado-. Y no falta mucho para ello.
-¿Cuánto tiempo queda para ése día?
-Lucius me informó que lo tiene todo planeado para el primero de agosto.
-Eso sólo nos da tres semanas. –El anciano mago se rascó la barba, pensativo-. Considerando que ésta semana prácticamente ya se ha ido. Severus... –Albus Dumbledore se puso de pie y se plantó frente al profesor-. Creo que ya va siendo hora de que toda la Orden del Fénix esté al tanto. Necesitaremos reforzar la vigilancia sobre el Colegio y sobre Draco, y estar preparados para un ataque que se puede dar en cualquier momento. Por fortuna las clases terminan hoy, mañana será la graduación y el domingo la escuela quedará vacía. ¿Tienes bien ubicados a los alumnos de séptimo que están dispuestos a apoyarnos en la lucha?
-Así es. La mayoría son hijos de Aurores, que quieren serlo también. –Negó con la cabeza-. No los recuerdo a todos, pero te haré una lista después de que hable con ellos.
-Tendrás que reunirlos mañana muy temprano. Y debes procurar que no haya futuros mortífagos entre ellos. No quiero que Voldemort sepa antes de tiempo que nos estamos preparando.
-No te preocupes, yo me encargaré. –Severus observó a su mentor con el ceño fruncido-. ¿Crees que Voldemort sea capaz de atacarnos para obtener a Draco, y no sólo secuestrarlo y ya?
-Si hubiera tenido la autorización de Lucius y Narcisa desde un principio, ni siquiera estaríamos enterados. Sin lugar a dudas ése era el primer plan de Voldemort. Pero ahora las cosas son distintas. Con toda seguridad cuando lea el diario y se dé cuenta de que perdió a uno de los suyos, sospechará que tenemos las manos metidas en esto. Se dará cuenta de que Draco no será suyo con tanta facilidad, y recurrirá a otros métodos. También habrá que estar al tanto de los sueños premonitorios de Harry.
-Por cierto... –El profesor de pociones recordó de repente-. Anoche Harry tuvo una pesadilla. Soñó con el momento en que yo me encontraba frente a Voldemort.
-Entonces supongo que vio todo lo ocurrido.
-No con exactitud... –Severus se esforzó por recordar las palabras de su pareja-. Me dijo que su sueño no se había enfocado en las acciones de Voldemort, sino en los sentimientos por los que yo estaba atravesando en ésos momentos.
-¿Qué quieres decir?
-Verás... cuando estaba frente a él, al principio sentí preocupación por que no sabía el motivo por el cual me había llamado. –Volteó a ver a su director-. Siempre me pasa, desde que decidí ser espía para el lado de la Luz. Es el temor natural que siento cada vez que pienso que puedo ser descubierto.
-Entiendo...
-Después, mientras me interrogaba, apareció Nagini. –Severus se frotó los brazos-. Cada vez que la veo siento escalofríos. Estuvo olfateándome, por lo que supuse que investigaba si estaba mintiendo.
-Menos mal que te tomaste la poción.
-Y cuando Voldemort me informó sobre sus planes con Draco, sentí una gran ira inundar mis venas, y unas intensas ganas de matarlo.
-Ya veo... –Dumbledore se acercó al profesor-. Entonces todas esas emociones que sentiste, ¿Harry las vivió también en su sueño?
-Así es.
-Hum... –El anciano se acercó a su librero y sacó un ejemplar, bastante viejo y amarillento, y lo abrió localizando una página-. Con seguridad lo que está sucediendo es que, debido a la relación tan cercana que ha surgido entre ustedes, Harry ha... ¿Cómo decirlo? Conectado, de alguna manera, sus sentimientos con los tuyos.
-Explícate.
-Sabes que Harry siempre ha sido un mago muy especial. El sólo hecho de que haya sobrevivido a la maldición imperdonable lo prueba. –El director tomó asiento mientras colocaba el libro sobre su escritorio-. Por lo que no me sorprendería que tuviera el don de la empatía.
-¿El don de la empatía?
-Las personas que poseen éste don, son aquéllas que logran captar las emociones de los demás como propias. Algunas ocasiones el don es tan grande, que pueden percibir los sentimientos de cualquiera que se encuentre cerca de ellos. –El mago recorrió con sus dedos una línea de la página-. Pero en algunos otros casos, y éste podría ser el de Harry, sólo se reduce al círculo de personas con los que tiene mayor contacto. Es decir, amigos, familiares, amantes... e incluso hasta enemigos.
-¿Ésa podría ser una razón por la que en sus pesadillas con Voldemort se conecta con él? –Preguntó Severus con genuino interés.
-Eso... y el hecho de que comparte algunas cosas suyas, las cuales le pasó al momento de lanzarle la maldición. Como el hablar parsel, por ejemplo.
-Entiendo. –Severus se levantó de su sitio y se colocó a un lado del director, para estudiar el antiguo escrito-. ¿Crees que sólo le ocurra con Voldemort y conmigo? ¿Y solamente cuando sueña con alguno de nosotros?
-Podría ser. –El director lo meditó unos instantes-. Voldemort es la persona a la que él mas odia. Y tú la persona a la que más ama. Aunque no me sorprendería si también llegara a intuir los sentimientos de Ron o de Hermione... y no es necesario que tenga que soñar con ustedes. Conforme el tiempo pase, podría llegar a ser que estando despierto intuya los sentimientos de los demás.
–Lo que no entiendo es... ¿Por qué no se había manifestado ésa empatía con anterioridad?
-Harry debió haber nacido con ese don. Pero no se manifestó hasta ahora, con toda certeza porque necesitaba un disparador. En este caso fuiste tú.
-¿Por qué yo?
-Porque tal vez nunca antes había experimentado un sentimiento tan fuerte. –El anciano trató de explicarlo-. Verás, para que una persona desarrolle cierto grado de empatía, se necesita que a lo largo de su vida pueda reconocer las tres emociones que el ser humano posee de forma innata. La Ira, el Miedo y el Amor. En el caso de Harry, él ya había conocido los dos anteriores, La ira hacia Voldemort y el miedo a los Dementores, pero no el último. Hasta ahora.
-Pero... –Severus trataba de comprender lo que el anciano le explicaba-. Si me estás diciendo que sólo necesitaba de un disparador, entonces el miedo o la ira debieron ser suficientes para disparar su don.
-Sin embargo no fue así. –Albus sonrió por debajo de su barba-. El hecho de que su don no se haya manifestado antes, mi querido amigo, se debe a que ni la ira ni el miedo pudieron ser demasiado fuertes como para detonarlo. Y el hecho de que haya ocurrido hasta ahora, sólo puede significar una cosa. Que el amor que Harry siente por ti es mucho más fuerte que el odio y el miedo que alguna vez haya sentido.
Severus trató de asimilar las palabras del anciano. ¿Cómo era posible que el amor que su pareja sentía hacia él fuera así de grande? ¿Qué había hecho él para merecerse ese amor? ¿De qué forma podía él, un hombre tan parco y seco, corresponder a ese amor de la misma manera?
-Ya veo... –El profesor de pociones se dirigió hacia la puerta. El director también se puso de pie-. Tendré que explicárselo. Espero que pueda entenderlo.
-Lo entenderá, no te preocupes por eso.
El director retomó el tema anterior mientras se dirigían hacia el Gran Comedor.
-Severus... tendrás que informarle también sobre el riesgo de un enfrentamiento con Voldemort en los próximos días.
–Albus, sabes que... existe la posibilidad de que éste sea su último combate contra él. El decisivo y más peligroso.
-Así es, mi querido Severus. –El mago mayor tomó con suavidad el hombro de su pupilo-. Pero no debes preocuparte por eso. Harry está más que preparado para enfrentarlo.
Severus guardó silencio unos momentos.
-Tienes razón, Albus. –Respondió mientras caminaban hacia el Gran Comedor-. Además... él no estará solo en esto. Yo estaré ahí para protegerlo, si es necesario, con mi propia vida.
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-Buenos días...
-Hola, Harry. –Ron se hizo a un lado para dar cabida a su compañero-. ¿Se puede saber dónde te habías metido?
-Estaba en las habitaciones de Severus. –El moreno tomó un sorbo de jugo de calabaza y comenzó a llenar su plato-. Ahí dormí anoche.
Ron casi se atragantó al escuchar las palabras de su amigo. Después de unas cuantas palmadas por la espalda que le propinó el "niño que vivió", pudo volver a hablar.
-Vaya compañero... –El pelirrojo se sirvió más tocino-. Ustedes dos van pero que vuelan...
-Nada de eso... –El niño de oro suspiró con languidez-. Qué más quisiera yo.
-¿Me estás diciendo que dormiste en las... habitaciones de tu profesor...? –Esto último lo dijo en voz muy baja, mientras volteaba a ver a Hermione, la cual se encontraba enfrascada en una conversación con una compañera sobre los peinados y maquillajes que usarían al día siguiente para la graduación, por lo que el pelirrojo supuso que por única ocasión, su novia no metería su cuchara en la conversación con su amigo-. ¿Y no hicieron nada de nada?
-Exacto.
-No me digas que es... –Ron bajó aún más la voz-. Es decir... que no puede...
-¿Que no puede, qué?
-Pues... tú sabes... eso.
-¡Claro que puede! –Harry se puso muy rojo-. Ya lo creo que puede. Es sólo que... no quiere.
-¿No le atraes lo suficiente?
-Por supuesto que le atraigo. –El joven de ojos verdes empezó a hacerle agujeritos al pan con el tenedor-. Lo que pasa es que él piensa que es algo incorrecto, por el hecho de que soy su estudiante y porque soy menor de edad.
-Hum... –El pelirrojo lo meditó por unos instantes-. Por un lado le doy la razón. Me imagino que para él ya debe ser bastante el estar con alguien mucho menor. Quebrantaron uno que otro reglamento de Hogwarts. Supongo que no ha de querer quebrantar también la ley.
Guardaron silencio durante un rato, el cual dedicaron a ingerir su desayuno. En ése momento comenzaron a llegar las lechuzas trayendo el correo.
Harry se apresuró a tomar el ejemplar de El Profeta, el cual había caído justo frente a él. Quitó el lazo que ataba el rollo y temblando de anticipación lo abrió. En la primera página pudo apreciar la noticia en grandes letras negras.
"PETER PETTIGREW CONDENADO A CADENA PERPETUA EN AZKABAN"
Y en letras más pequeñas.
"El mortífago y fugitivo conocido como Colagusano, fue juzgado ayer por el Ministerio. Más información en la Pág. 18".
-Harry... –Hermione mostró al moreno el ejemplar del diario que tenía en su mano-. ¿Lo estás leyendo?
-Sí, Hermione. –Harry se apresuró a buscar la página 18, y cuando la encontró leyó con avidez.
-"El fugitivo Peter Pettigrew fue juzgado ayer por la mañana en el Ministerio, por su complicidad en una serie de asesinatos ocurridos hace dieciséis años. El mortífago conocido como Colagusano se ocultó de la ley durante todo el tiempo que Sirius Black, inculpado por dichos homicidios, permaneció encerrado en Azkaban hasta su huída. Según fuentes confiables, el mortífago permaneció todo el tiempo oculto en su forma de animago hasta que fue descubierto en el seno de una familia, de la cual se han omitido los nombres para proteger su intimidad..." Ron, se refieren a tu familia.
-Sí, Harry. Sigue leyendo...
-"La fuente que nos dio la información, sólo se concretó a decir que el mortífago había sido encontrado inconsciente por dos Aurores en el callejón Knocktum. Después de ser reconocido como el fugitivo buscado por la ley, fue trasladado al Ministerio. Durante los interrogatorios de rigor, el mortífago no pudo recordar cómo llegó al callejón, ni tampoco lo que había ocurrido durante ése día. Se sospecha que pudo haber sido víctima de un "obliviate", dado que todo lo ocurrido antes lo recordó a la perfección. Se trató de revertir dicho hechizo, pero al parecer el mago que lo realizó es muy poderoso, ya que todos los intentos por anularlo fueron infructuosos..."
"Por supuesto que no pudieron. –Pensó Harry-. Si fue Dumbledore quien se lo hizo".
-"Durante el juicio, Pettigrew no quiso contratar a un abogado, por lo que se le otorgó uno del mismo juzgado, respetando sus derechos. La fiscalía llamó a Sirius Black, cuyo testimonio fue crucial, mientras que la defensa no llamó a ningún testigo. El juicio sólo duró unas horas, por lo que a mediodía le fue dictada la sentencia de prisión en Azkaban, donde el mortífago pasará el resto de sus días."
"Me hubiera gustado estar presente. –El muchacho apretó el diario entre sus manos-. Me hubiera gustado ver su feo rostro cuando se le dictó la sentencia..."
-Harry... –Ron interrumpió sus pensamientos-. Continúa.
-Es todo, Ron. –Harry cerró despacio el diario-. Se acabó.
Sus dos mejores amigos entendieron muy bien la alusión, y sólo guardaron silencio mientras Ron pasaba un brazo sobre sus hombros y Hermione lo tomaba de la mano.
Harry volteó hacia la mesa de los profesores. Dumbledore sostenía también un ejemplar del diario, mientras movía su cabeza hacia el muchacho en señal de saludo. Miró a Severus, el cual sólo cerró los ojos y suspiró. Harry entendió que esa era una silenciosa promesa de que más tarde lo abrazaría con todas sus fuerzas.
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-¡Estúpido Colagusano!
El ejemplar de El Profeta que Lord Voldemort sostenía en su mano fue a parar hacia la chimenea, ardiendo de inmediato. Nagini, que se encontraba a su lado, prefirió ir a enroscarse al otro lado de la habitación.
-Le dije que tuviera cuidado. –El dark lord se paseaba de un lado a otro, furioso en extremo-. Le dije que el hechizo lo protegía de no ser detectado por las barreras de Lucius, no para que no fuera descubierto. ¡Maldición!
Sin darse cuenta había hablado en parsel, de manera que Nagini lo había entendido a la perfección. Aún ella, acostumbrada a escucharle hablar en su lenguaje, no pudo evitar sentir un escalofrío. Cualquiera que hubiera escuchado al mago en ese momento habría sentido lo mismo.
-No me creo nada eso de que lo encontraron en el callejón. –Se acercó con lentitud a su serpiente, la cual se enroscó sobre sí misma, por instinto-. No creo en lo absoluto nada de lo que dicen ahí. Estoy seguro que el viejo Dumbledore tuvo que ver en esto.
Acarició la cabeza de la serpiente, la cual siseó en respuesta, lo que poco a poco fue calmando al mago oscuro.
-Pero, ¿Sabes, Nagini? –La serpiente volvió a sisear, dando a entender a su amo que lo estaba escuchando-. No me importa mucho lo que pase en la Mansión. Mi decisión de hacer mío al heredero Malfoy ya está tomada. Y ni Lucius ni Narcisa serán un problema para mí a la hora de tomarlo. Sólo deberé esperar a que Draco salga de Hogwarts y regrese a la casa paterna, y entonces me lo llevaré de ahí sin ninguna dificultad.
Nagini levantó la cabeza y la colocó sobre el brazo del mago, que aceptó que el animal comenzara a reptar por su cuerpo.
-En lo que respecta a Colagusano... –Y en éste punto la serpiente volvió a ponerse en guardia-. No haré ningún intento por sacarlo de Azkabán. Se quedará encerrado ahí por el resto de su inútil existencia. Lo mataría, pero sólo le estaría haciendo un favor. Ése será su castigo por haberme fallado.
-Y en cuanto a Albus Dumbledore... –Los purpúreos ojos del maligno ser se entrecerraron hasta convertirse en dos pequeñas rendijas, semejantes a dos líneas de un ardiente color carmesí-. Pagará el haberme provocado. No descansaré hasta que ese anciano y su niño de oro yazcan muertos a mis pies... así tenga que perder a todos mis mortífagos para lograrlo.
El lord oscuro caminó de prisa hacia sus aposentos. Era hora de tomarse la poción que preparaba con base en el veneno de Nagini, y que le permitía seguir manteniéndose con "vida" dentro de aquello a lo que con muchas reservas podía considerarse como un cuerpo.
"Deberé esperar a encontrarme lo bastante fuerte para enfrentarlos". Pensaba mientras se bebía la poción. "No podré tomar al hijo de los Malfoy si no tengo los poderes suficientes, y para obtener esos poderes tengo que matar primero a Harry Potter. Debo reunir a todos los mortífagos que sean necesarios, así como a los Dementores que siempre me han servido. La batalla está muy cerca, y ésta vez no habrá nada que pueda detener el momento en que el hijo de los Potter y yo nos volvamos a ver las caras. Y ésta vez, seré yo el vencedor".
Poco a poco, Lord Voldemort se quedó dormido, mientras Nagini vigilaba su sueño. La fiel servidora del oscuro mago sabía que debía luchar con él para protegerlo. Y estaba a todas luces consciente de hasta dónde sería capaz de llegar para lograrlo.
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-¿Dónde está?
El escritorio de Madame Pomfrey estaba lleno de frascos de diferentes pociones con sus respectivas etiquetas, que la enfermera leía una tras otra por enésima vez.
-Oliver debió guardarla aquí. –La encargada de la enfermería buscaba por aquí y por allá, pero no lograba encontrar la poción que Severus le entregara el día anterior-. Y lo peor es que no regresará hasta dentro de tres horas, y se me hace tarde para mi cita con mis pacientes.
Resignada a no encontrarla, y dado que Oliver estaba en esos momentos en su curso, tuvo que recurrir de nueva cuenta al profesor de pociones. Tomó un puñado de polvos Flu, y metió la cabeza dentro de la chimenea mientras lo llamaba.
-¿Sí, Poppy?
-Severus, disculpa que te moleste pero... –La enfermera cruzó los dedos-. ¿De casualidad no tendrás otra poción de Vitaserum entre tus reservas?
-¿Y la poción que te di ayer?
-Verás... –Poppy tuvo que ser sincera-. La verdad es que no sé dónde la dejó mi auxiliar y ya se me está haciendo tarde para mi cita.
-Dame un minuto... –Severus desapareció del radio de audición de la enfermera, para regresar un minuto después-. Hazte a un lado, voy para allá.
Madame Pomfrey obedeció y unos segundos después Severus salía por la chimenea de la enfermería.
-¿Dónde está tu auxiliar?
-Está en la universidad. Toma un curso de preparación por las mañanas.
-Y si vas a salir a tu cita, ¿Quién va a quedarse en la enfermería? –Severus extrajo de su cinturón la poción que tenía de reserva, la que él mismo elaborara la noche en que decidió examinar a Draco con ella.
Poppy se llevó una mano a la cabeza, preocupada.
-Oh... no había pensado en eso. –Miró al profesor frente a ella, con cara de súplica-. Si no estás muy ocupado... ¿Podrías cuidar la enfermería por mí?
-¿Tienes idea del lío en que me metes? –Severus se cruzó de brazos-. Estoy calificando exámenes.
-Por favor, Severus, te prometo que no tardaré nada.
-Lo haría con mucho gusto. Pero el caso es que... –Se rascó la cabeza con negligencia-. Ésta misma tarde tenía planeada una visita a Hogsmeade. Estaba pensado en comprarme una túnica nueva. Ya sabes... para mañana.
-Oh... ya veo. –La enfermera bajó la cabeza, resignada.
-Sin embargo... –El profesor comenzó a curiosear los diferentes frascos vacíos que se encontraban en el lavabo de la enfermería-. Si para ésta misma tarde no estás ocupada y me acompañas a escoger una túnica, pues entonces podría arreglármelas para calificar los exámenes y vigilar la enfermería al mismo tiempo.
-¿De verdad? –El rostro de la enfermera se iluminó-. Por supuesto, Severus. Será un gran placer para mí. Conozco un lugar donde venden unas túnicas que...
-Poppy... –La enfermera no escuchó que el profesor la llamaba, y siguió hablando.
-...También hay algunas de colores muy bonitos, podrías comprarte una que no fuera negra y...
-Poppy... ¡Poppy!
-¿Sí?
-¿Qué es esto? –El profesor le enseñó un frasco vacío que tenía en la mano, y que había encontrado en el lavabo que curioseaba.
La enfermera tomó el frasco y leyó la etiqueta.
-Es Cefalserum. –Lo miró intrigada-. ¿Por qué?
-¿Estás segura? –El profesor examinó el frasco con cuidado-. Porque según recuerdo, el color del suero para el dolor de cabeza es de color verde agua.
-Así es. –Poppy comenzó a hacer memoria-. Ahora que lo recuerdo, ayer Oliver me dijo que tenía dolor de cabeza. Yo le dije que si el dolor persistía, que tomara Cefalserum.
-¿Quieres decir que tu auxiliar se bebió éste frasco?
-Con toda seguridad. –La enfermera comenzó a ponerse nerviosa-. Severus, ¿Qué está ocurriendo?
-Observa bien éste frasco. –La enfermera lo hizo-. ¿De qué color es el residuo en el fondo?
Madame Pomfrey sintió que las piernas se le aflojaban, mientras que con la voz quebrada por la preocupación respondía.
-Es verde... jade.
-Exacto. Pero... ¿Por qué dice Cefalserum?
-Por Merlín... –Se llevó una mano a la boca-. Severus, creo que cometí un grave error. Me equivoqué al etiquetar el frasco. –Lo observó de nuevo con detenimiento-. Verde jade. Severus... Oliver se tomó el Vitaserum.
El profesor frunció el ceño mientras dejaba el frasco en su lugar.
-No debes preocuparte, Poppy. –Severus se frotó la barbilla, pensativo-. Si la poción no surte el efecto deseado, con seguridad se diluirá en su organismo sin hacerle daño.
-Uf, qué alivio...
-Sin embargo... –Y en éste punto fue el turno de Severus de cruzar los dedos-. Será mejor que roguemos porque tu auxiliar no tenga novio. Porque anoche no haya mantenido relaciones con él y porque no haya sido el pasivo de la relación... o tendremos que explicarle que muy pronto estará esperando un bebé.
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-¿No crees que deberías dejar eso ya?
-Pero es que... ¿Por qué tiene que ser con él? ¿Por qué no tú? O McConagall o...
Remus no hacía más que observar cómo su amigo iba y venía dentro de su propia oficina. Había recibido su visita hacía una hora y desde que el animago llegara, no había dejado de despotricar en contra del profesor de pociones y de la decisión que su ahijado tomara la noche anterior.
-Sirius... –Al licántropo ya le estaba comenzando a doler la cabeza-. Si estás tan en contra de eso, ¿Por qué diste entonces tu autorización a Harry para que lo hiciera?
-¿No lo recuerdas? –Sirius se detuvo frente a su amigo mientras lo señalaba-. Yo era el único que estaba en su contra. Nadie me apoyó, ni siquiera tú. Dumbledore no dijo nada, pero él jamás se opondría a una decisión de Harry. Y Snivellius, ese... le hará la vida imposible, como se la hizo durante todos estos años. No, no, no... Harry no sabe en lo que se mete.
Remus suspiró. Ya era suficiente.
-De acuerdo. –Se levantó de su asiento-. Tuviste la oportunidad de negarte y no lo hiciste. Ya firmaste, ahora aguántate. Harry ya es lo bastante mayorcito para saber qué es lo que más le conviene. Y creo que nadie tiene el derecho de decidir por él.
-Lo sé, Remus. Es sólo que... –Sirius tomó una tiza de la pizarra y se sentó en la silla que su amigo ocupara. Comenzó a garabatear sobre el escritorio del licántropo-. Sabes que quiero a Harry como si fuera mi propio hijo. Yo sólo quiero lo mejor para él. Quiero que tenga un futuro seguro, una vida tranquila. Quiero que tenga una esposa, muchos hijos y una vida plena y feliz.
-Sirius... –El licántropo se colocó a sus espaldas, mientras lo tomaba por los hombros-. Todos los que amamos a alguien queremos lo mejor para esa persona. Pero a veces, desearle lo mejor no significa imponerle lo que uno crea que lo hará feliz, sino dejar que la persona elija aquello que lo haga feliz.
-¿Sabes? No me opongo a que Harry elija la carrera que quiera. –Sirius dejó la tiza a un lado y se sacudió las manos. Remus tomó asiento frente a él-. Es sólo que... no me parece bien que esté cerca de Snivellius.
-Snape, Sirius. –Lo corrigió el licántropo-. ¿Y se puede saber por qué no quieres que Harry esté cerca de él?
-¿Es necesario que te lo diga? –El animago recurrió a lo obvio-. Se trata de... Snape. Un... Slytherin.
-¿Y...?
-¿Y...? –Sirius miró a su amigo como si no entendiera-. Es una serpiente.
-¿Y...?
-¿Cómo que "y"? –El animago estaba perdiendo la paciencia-. Remus, Harry es un Gryffindor, y Snape un Slytherin. Lo que significa que esos no deberían llevarse bien. Ni siquiera deberían dirigirse la palabra.
-Las cosas ya no son así, Sirius. –El licántropo se recostó en el asiento, para estar más cómodo-. En nuestra época tal vez, pero durante las últimas generaciones, las cuatro Casas han tratado de mantener una mejor relación entre ellas. Y aunque Gryffindor y Slytherin siguen teniendo sus diferencias, ahora hay muchos que han preferido hacerlas a un lado en aras de una buena amistad.
-No me digas... –Sirius se puso de pie y comenzó a pasearse de un lado a otro-. Ahora me vas a decir que esos dos se han vuelto amigos.
-Bueno... tanto como amigos, no. Pero... –El licántropo tomó uno de los exámenes y comenzó a revisarlo-. En los últimos meses han tratado de no hacerse la vida imposible. Hasta me atrevería a pensar que se han esforzado por llevarse mejor.
-Estoy seguro que Snivellius trama algo. –Sentenció el animago, receloso.
-No seas tan desconfiado, Sirius. No le veo nada de malo que se lleven mejor. Después de todo estarán juntos durante todo un año escolar, trabajarán hombro con hombro. Y será necesario que para eso mantengan una buena relación.
-Si, sí, sí... –El animago levantó ambas manos, dando a entender que dejaba el asunto por la paz, al menos por el momento-. Y hablando de relación, dime... ¿Qué hay entre ésa chica de séptimo y tú?
-¿Qué chica?
-La chica con la que te vi ayer. La que te invitó a cenar. –Remus sólo movió la cabeza-. Vamos, cuéntame. ¿Hay algo entre ustedes?
-No.
-¿En serio? –Sirius se paró a un lado del licántropo mientras le arrebataba el pergamino que calificaba-. Pues no te creo.
-No hay nada entre esa muchacha y yo. –Tomó otro pergamino y siguió con su trabajo-. Ni siquiera la conozco.
-¿Sabes, Remus? –El animago jugueteó con el papel que tenía en la mano-. En todos los años que tengo de conocerte, jamás he visto que salgas con alguien. Dime, ¿Es que acaso nunca te has enamorado?
El licántropo dejó lo que estaba haciendo, y le contestó a su amigo sin levantar la mirada del examen.
-Sí, Sirius. Una vez.
-Nunca lo supe. –Sirius se sentó de nuevo frente al licántropo, dispuesto a enterarse de todo-. ¿Acaso era Gryffindor?
Remus, quien hasta entonces no había levantado la vista, decidió enfrentar la mirada del hombre frente a él.
-Sí, era Gryffindor. –Y mientras fijaba sus dorados ojos en los azules de Sirius prosiguió-. Y aún sigo amándole.
-¿Sabes una cosa? –Sirius tomó la mano de su querido amigo mientras colocaba en ella el pergamino que le había quitado antes-. Ésa persona debe ser muy afortunada.
-No lo creo, Sirius. –Remus rogó porque el animago jamás retirara su mano de la suya-. Ni siquiera lo sabe.
-Pues entonces deberías decírselo. Total, no pierdes nada. –Sirius se puso de pie y se dirigió hacia la puerta-. Nos veremos después.
Remus se quedó solo en su oficina con el pergamino en la mano, en la que aún podía sentir el calor de la mano de Sirius.
-Tal vez lo haga... –El licántropo bajó la vista hacia el examen-. Y entonces perderé lo más valioso que tengo... a ti.
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Lucius Malfoy se encontraba parado junto a un gran ventanal que daba hacia el invernadero de su mansión, mientras observaba a su esposa esquejando diferentes clases de plantas.
Él mismo le había aconsejado que se ocupara de su jardín como una distracción para no seguir pensando en Voldemort y los problemas que tenían. No habían querido presentarse en ningún lugar público desde que visitaran a su hijo. Los dos presentían que de un momento a otro les atacarían, así que habían preferido quedarse en su mansión en donde ambos se sentían un poco más seguros.
Por una parte, Lucius estaba tranquilo al saber que, en el caso de que a ellos dos les ocurriera algo, su hijo estaría seguro en manos de Severus. Pero por otro lado no podía evitar sentir preocupación al pensar que, de ser convocados por el Dark Lord, él iba a poder hacer muy poco o nada por el bienestar de su esposa. Y el solo pensamiento hacía que unas líneas de intensa preocupación surcaran su, la mayor parte del tiempo, imperturbable rostro.
Levantó una mano en saludo al ver que su esposa lo observaba desde el sitio donde se encontraba, mientras esbozaba una sonrisa.
Verla sonreír era muy extraño. Narcisa Malfoy era una mujer vanidosa y de un carácter muy poco afable, excepto con aquéllas personas cercanas a ella, como su esposo y su hijo, sin exceptuar a Severus, a quien, desde que lo conociera, le había tenido en gran estima. De ella había sido la idea de nombrarlo como padrino de su hijo.
Aún después de tantos años de matrimonio, a Lucius le era todavía difícil acostumbrarse a los estados de ánimo de la mujer con la que compartía su vida. Un día podía encontrarla alegre y vivaz, llena de energía, y otras ocasiones no había manera de sacarla de su habitación, donde se encerraba por horas pidiendo no ser molestada. Era una mujer muy voluble. Pero, aún así como era, había llegado a respetarla y amarla.
"Nunca pensé que a pesar de casarnos tan jóvenes, llegaríamos a sostener nuestro matrimonio. Aún cuando en un principio sólo fue una farsa".
Todavía recordaba cuando sus padres lo habían presentado con la familia de Narcisa y con ella, y a bocajarro les habían informado que en dos meses se casarían. Tanto Narcisa como Lucius habían fingido estar de acuerdo con la decisión de sus padres, porque sabían que ninguno de ellos admitiría una negativa de su parte.
Pero desde el primer momento en que pudieron encontrarse a solas, durante un paseo en el que Lucius debía mostrarle la mansión en la que pronto tendrían que vivir, Narcisa había sido clara con él, y le había dicho que no lo amaba.
-Pero si tú estás dispuesto a permitir que nos conozcamos, estando ya casados, y decidieras que vale la pena intentarlo, entonces no tendré inconveniente alguno en esforzarme porque las cosas marchen bien-. Le había dicho la que en ése entonces ya era su prometida.
-Te diré la verdad, Narcisa. –Lucius trató de ser tan sincero como había sido ella-. Hay una persona con la que me veo, pero definitivamente no pienso sacar a la luz esa relación, por lo que estoy de acuerdo contigo en intentarlo. Dejaré de verle. No volveré a tener un encuentro con él, y cuando nos casemos, te seré siempre fiel. Sólo espero lo mismo de tu parte.
-Entonces, es un trato. –Narcisa había tomado su mano y lo había acercado hacia ella para darle un ligero beso en los labios. A Lucius le gustó la iniciativa de ella, pues eso significaba que en verdad estaba interesada en que las cosas resultaran bien.
Nadie se enteró del acuerdo de aquél día, y nadie sospechó jamás que se casaban sin amarse, pues el día de su boda ambos lucieron radiantes y felices, como dos novios que en realidad se quisieran.
Lucius volvió al presente mientras veía a su mujer regando sus flores. Se cercó a su escritorio y con un hechizo, un cajón pequeñito apareció en una de sus orillas. Lucius pasó sus dedos sobre él y el cajoncito se abrió. El rubio dudó unos instantes, pero después de pensarlo, introdujo su mano y sacó el único objeto que tenía guardado dentro de él.
"Pero a pesar de todo no he dejado de amarte, Remus. Aún después de muchos años no he logrado olvidar la tersura de tu piel y el sabor de tus labios..."
Cerró los ojos para evocar la última vez que lo vio, en la oficina de Dumbledore. Cómo latió con rapidez su corazón cuando Severus lo mencionó. Y cómo fue que no pudo despegar su azulina mirada de su persona cuando lo vio llegar.
"Tiene algunas canas y se ve algo cansado. Debe ser por su licantropía. Pero sus ojos siguen siendo como el oro puro, brillantes y hermosos. Y su piel, ¿Seguirá siendo igual de tersa? Y sus labios... por Merlín, no sé cómo pude contenerme para no besarlo ahí mismo".
Acarició la fotografía mágica del joven de dorados ojos que tenía frente a él, recorriendo con delicadeza cada una de las líneas de su rostro. El retrato pareció responderle, ya que una hermosa sonrisa se dibujó en las facciones de quien alguna vez fuera su amante.
-Ojalá me hubieras amado como yo a ti, Remus. Y entonces tal vez hubiera encontrado el valor suficiente para protegerte de mi propia familia, y luchar por nuestro amor.
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Draco dejó sus libros sobre la cama de la habitación que ahora ocupaba. Se quitó la capa y se recostó mientras observaba con detenimiento la lámpara antigua que pendía del techo. Acababa de regresar de un paseo por el lago con Blaise, después de salir del examen de transformaciones con la profesora McConnagall.
Ésa misma mañana, cuando terminó de desayunar, había salido con presteza hacia el salón con la esperanza de que Blaise ya se encontrara ahí. Y no se equivocó. Su pareja era el único estudiante que se encontraba en el aula, así que cuando éste lo vio venir, se levantó de su asiento y lo besó con pasión.
Después del beso, el rubio lo interrogó sobre el por qué de su ausencia en el dormitorio la noche anterior. Y aunque en el momento Blaise pareció sorprenderse por la pregunta no esperada, enseguida se repuso, y le comentó que sólo había pasado la noche estudiando en la Sala de los Menesteres, ya que había demasiado escándalo en la Sala Común y no podía concentrarse.
Draco se mostró conforme con la explicación de su pareja y pronto olvidó el asunto, platicaron un rato más y cuando la Jefa de la Casa de los leones llegó, tomó asiento para presentar el examen, sin darse cuenta de la mirada de inmensa culpabilidad que surcaba el rostro del muchacho de cabellos castaños.
"La escuela termina hoy. Y después de mañana ya podremos vernos tan seguido". Pensó el rubio mientras suspiraba. "Pero voy a procurar conseguir la autorización de mi padrino para que él pueda venir a visitarme durante las vacaciones".
Se levantó de la cama y salió hacia la sala. Curioseó en el bar las botellas de coñac que su padrino guardaba, y después de comprobar en primera persona que eran de una gran calidad, se dirigió a su habitación para recoger su capa. Pero antes de llegar, la puerta de entrada se abrió.
-¿Harry? –Draco se acercó al Gryffindor mientras se cruzaba de brazos-. No sabía que ya tuvieras la contraseña de las habitaciones de Severus. Por lo que veo las cosas entre ustedes van en serio.
-Hola, Draco. –El joven de ojos verdes respondió al saludo del rubio, mientras dejaba sus cosas sobre el sofá-. ¿Y Severus?
-No lo sé. –El Slytherin se encogió de hombros-. Pensé que estaba contigo.
Harry negó con la cabeza mientras se dirigía hacia el sillón frente a la chimenea.
-¿Qué es eso? –Le preguntó el rubio mientras Harry tomaba un pedacito de pergamino, que estaba pegado en el botecito donde Severus guardaba los polvos Flú.
-Parece ser un recado de Severus. –El moreno lo abrió-. Dice que estará en la enfermería supliendo a Madame Poppy por unas horas. Y que no te tomes su coñac.
El Slytherin se puso rojo mientras se dirigía hacia su habitación para, momentos después, salir de ella con su capa puesta.
-¿Ya te vas? –Le preguntó el moreno mientras dejaba el pequeño pergamino en su lugar-. ¿No lo vas a esperar?
-Ya tengo hambre. –Le respondió el rubio de ojos grises mientras se dirigía hacia la puerta-. Además... no quiero estorbar.
Ahora fue el turno del moreno de ponerse rojo.
-¿No te molesta? –El rubio lo miró, intrigado-. Me refiero a lo nuestro.
-No. –Draco se acercó al moreno mientras proseguía-. Él ha hecho mucho por mí. No tengo ningún derecho a oponerme a ninguna de sus decisiones. Sólo una cosa sí te advierto. No lo lastimes, porque si lo haces, entonces conocerás mi ira.
-No te preocupes, Draco. –Harry se despojó de su capa y la dejó sobre el sofá-. Jamás le haría daño a la persona que más amo en este mundo.
El rubio sólo asintió con la cabeza y salió de la habitación para dirigirse hacia el Comedor. Harry se quedó sentado un rato más frente a la chimenea. No tenía intenciones de presentarse en el Gran Comedor, pues tenía otros planes en mente para ellos dos.
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Severus dejó a un lado la pluma, ya sin tinta, mientras se estiraba sobre la silla en la que se hallaba sentado. Volteó a ver el reloj colgado en la pared, a su izquierda, que le indicaba, al igual que su estómago, que ya era la hora de comer.
De pronto sintió dos suaves manos posándose sobre sus hombros mientras le obsequiaban un delicado masaje, que en momentos lo relajó. Harry le dio un fugaz beso en la mejilla al tiempo que con una de sus manos acariciaba su pecho.
-¿Cómo supiste que estaba aquí? –Severus sintió un estremecimiento cuando la lengua traviesa del moreno se paseó con lentitud por toda su oreja.
-Estuve en tus aposentos. –Harry dejó lo que hacía para sentarse en las rodillas del profesor y rodearlo con sus brazos-. Vi el pequeño recado que dejaste en la chimenea.
-Ya veo... –Severus paseó sus diestros dedos a lo largo de uno de los muslos de su estudiante, haciendo que éste soltara un gemido-. ¿Me acompañas al Comedor?
-Tengo una mejor idea... –Le respondió mientras se ponía de pie y se dirigía de nuevo hacia la chimenea-. Cuando termines te estaré esperando en tus habitaciones. Quisiera que comiéramos juntos.
-De acuerdo. –Cuando Harry desapareció, Severus volvió a tomar la pluma y la mojó en la tinta para seguir calificando los exámenes. Esperaría unos momentos más a que Poppy o su auxiliar llegaran, y después se iría a sus habitaciones para comer a gusto con su pareja.
El profesor estaba en mitad de ésos pensamientos cuando escuchó que la puerta de la oficina se abría, dejando pasar a una apurada Madame Poppy.
-Disculpa la tardanza, Severus. –Se excusó la enfermera mientras se despojaba de su capa y la colgaba en un perchero, para después colocarse la bata blanca-. ¿No ha llegado Oliver?
Severus iba a responder cuando se oyó otra vez la puerta. Ambos se miraron, sabiendo que la pregunta había sido respondida.
-Buenas tardes, Madame. –Saludó el muchacho mientras entraba a la oficina. Y al ver a Severus-. Profesor...
El profesor de pociones movió la cabeza en señal de saludo, mientras se ponía de pie. Madame Poppy miró a uno y a otro, y se dispuso a hablar.
-Oliver... –El Gryffindor, quien en ése momento se estaba colocando su bata blanca volteó al escuchar su nombre-. Creo... que hay algo que es necesario que sepas. Y es preciso que nos respondas unas cuantas preguntas.
-Claro, Madame. –El joven observó con atención a los dos adultos frente a él.
-Señor Wood... –Severus se adelantó-. ¿Tiene novio?
La pregunta lo tomó tan de sorpresa, que el joven sólo atinó a observar al profesor como si de repente le hubieran salido antenas.
-Perdón... ¿Cómo dice? –Volteó a ver a la enfermera-. ¿Madame...?
-Tranquilo, Oliver. –Poppy volteó a ver al profesor con el ceño fruncido-. ¿No puedes ser más... sutil?
-Debemos ir al grano, Poppy. –El profesor sólo se cruzó de brazos mientras continuaba-. Además, ya tengo hambre.
Poppy sólo lanzó un resoplido en respuesta, mientras que Oliver, recién salido de su asombro, se dirigía a ella.
-Madame... ¿Qué está sucediendo?
-Verás... –La enfermera instó al muchacho a que tomara asiento mientras trataba de explicarle-. ¿Te acuerdas cuando ayer me comentaste que te dolía la cabeza?
-Así es.
-¿Tomaste la poción que te recomendé? -El muchacho asintió-. ¿Recuerdas de qué color te dije que era?
-Sí, Madame. –El muchacho hizo memoria-. Me dijo que era verde. –Se quedó pensando unos momentos-. Dijo que se llamaba Cefalserum. ¿No es así?
-Eso es correcto, Oliver. Pero... –Poppy se acercó al lavabo, donde Severus encontrara el frasco ésa misma mañana-. ¿No notaste algo extraño?
-Pues... no. –El muchacho se rascó la barbilla, pensativo-. La poción que yo me tomé se llamaba Cefalserum. Y era verde, tal y como usted me lo dijo.
-¿Verde agua?
-No, profesor... –Oliver lo miró con sospecha-. Era más oscura.
-¿Verde jade?
-Exacto. –El muchacho se removió, incómodo-. ¿Qué está sucediendo?
-Vuelvo a preguntarle. –Severus insistió-. ¿Tiene usted novio?
-Responde, Oliver. –Le pidió Poppy.
-Pues... –Al ver el semblante serio de ambos profesores, no tuvo más remedio que responder-. Sí. Tengo novio.
-¿Ha tenido usted relaciones con él en las últimas horas?
-Sí, señor. -Oliver se puso muy rojo, pero no tuvo más remedio que contestar-. Anoche.
-Y dígame... –Continuó el profesor de pociones-. ¿Usted fue el activo, o el pasivo de la relación?
Oliver abrió grandes sus ojos al tiempo que volteaba a ver a Poppy, quien a su vez lo miró con profunda seriedad, mientras con un gesto le pedía que respondiera la pregunta.
-Fui... el pasivo.
Poppy y Severus se quedaron un momento en silencio. Ambos habían deseado que no existiera tal casualidad, pero por desgracia la había. Ahora tendrían que enfrentar las consecuencias de un simple descuido.
-¿Alguno de ustedes podría explicarme a qué se debe este escrutinio a mi intimidad? –Preguntó el joven Gryffindor, bastante mosqueado por el interrogatorio tan personal al que había sido sometido.
-Verá, señor Wood... –Severus fue quien decidió tomar la palabra, al observar la palidez de su colega-. La poción que usted se bebió no era en realidad Cefalserum.
-¿Que no era...? –Oliver sintió que las piernas se le aflojaban-. ¿Qué cosa fue entonces lo que me tomé?
-Una poción que yo mismo perfeccioné, y que Madame Poppy tuvo el tino de llamarle Vitaserum.
-¿Y eso qué es? –El moreno se puso pálido-. ¿Acaso me voy a morir?
-Claro que no, Oliver. –Madame Poppy se acercó al muchacho y lo tomó por los hombros.
-Usted no. –Dijo Severus en voz baja-. Pero su pareja sí... cuando se entere.
-¡Severus!
-¿Qué quiere decir con eso? –Oliver estaba cada vez más pálido y ahora temblaba.
-No le hagas caso, muchacho. –La enfermera convocó un vaso con agua y se lo ofreció al tembloroso joven-. Nada de eso ocurrirá.
-¿Entonces? –El moreno tomó el vaso de manos de la enfermera, pero no bebió nada.
-Verá, señor Wood. –Severus decidió ir al grano-. La poción que usted bebió ayer, se llama Vitaserum. Y como su nombre lo indica, es una poción de fertilidad.
Severus apenas tuvo tiempo de sostener el vaso que en ese momento caía de las manos del muchacho, mientras que Poppy lo obligaba a tomar a siento de nuevo. Después de unos minutos de silencio que a ambos colegas les pareció eterno, el muchacho se atrevió a balbucear.
-¿Qué posibilidades...? –Tragó saliva-. Es decir...
-Perfeccioné la poción con un noventa y ocho por ciento de efectividad. –Respondió el profesor a la pregunta que adivinaba, saldría de los labios de su ex alumno.
El muchacho se puso de pie y comenzó a pasearse por toda la oficina.
-No estaba en mis planes, ¿Saben? –Se sostuvo de la orilla del escritorio mientras agachaba la cabeza-. No estaba en los planes de ninguno de los dos.
Madame Pomfrey no dijo nada. Sólo se concretó a depositar una mano sobre el hombro de su auxiliar.
-¿En cuánto tiempo lo sabré? –Preguntó el joven mientras seguía sosteniéndose del escritorio.
-Una semana. –Respondió el profesor de pociones-. A más tardar.
-Es demasiado tiempo.
-¿Demasiado tiempo? –Severus lo miró, extrañado.
-Sí... –Oliver volteó a ver a ambos adultos, los cuales se sorprendieron sobremanera cuando pudieron distinguir una radiante sonrisa en el rostro del muchacho.
-Pero... –La enfermera balbuceó, asombrada-. Creíamos que esta noticia te sentaría mal.
-¿Está bromeando? –Respondió el Gryffindor mientras colocaba sus manos de forma protectora sobre su plano abdomen-. No niego que me ha impresionado, y mucho. Pero la verdad es que ésta es la noticia más maravillosa que he recibido en toda mi vida. Ya quiero ver la cara de mi pareja cuando se entere de que pronto estaremos esperando un bebé.
En un arranque de alegría, Oliver abrazó a la enfermera, quien correspondió al abrazo del emocionado joven mientras lo felicitaba con anticipación por su futuro feliz embarazo. El profesor sólo movió la cabeza de un lado a otro, con talante aburrido, mientras se daba la vuelta y desaparecía por la chimenea.
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Draco Malfoy tomó asiento en su lugar acostumbrado en el Gran Comedor. Goyle y Crabble hicieron lo mismo, uno a cada lado del rubio, quien al verlos sólo suspiró, mortificado. Era agradable saberse el líder de su pequeño grupo, pero el hecho de que sus guardaespaldas anduvieran pegados a él como sanguijuelas todo el tiempo estaba comenzando a fastidiarlo.
Blaise llegó en ese momento y acaparó la atención del rubio quien, olvidándose por completo de sus guardaespaldas, le dirigió una mirada seductora que hizo que el castaño se sonrojara al instante. Zabini tomó asiento frente a Draco y después de unas cuantas miradas más se dispusieron a almorzar.
Habían transcurrido algunos minutos, cuando Oliver Wood hizo entrada en el comedor. Blaise, quien en ese momento lo vio llegar, no pudo dejar de notar un brillo muy especial en sus ojos cuando su otra pareja pasó justo frente a él, lo que hizo que lo siguiera con la mirada hasta que el Gryffindor tomó asiento en la mesa de los profesores, junto a Madame Poppy.
Pero el castaño no se dio cuenta que su mirada había sido estudiada todo el tiempo por Draco, quien tuvo que girarse para ver a quién observaba su novio con tanta insistencia. Frunció el ceño cuando descubrió que a sus espaldas acababa de pasar el ex capitán de los leones. Volteó a ver otra vez a Blaise, y no pudo evitar sentir una punzada de celos al ver que su compañero no había dejado de observarlo hasta que el auxiliar de la enfermería se hubo sentado.
El rubio siguió con su almuerzo como si nada hubiera pasado. Pero en el fondo se le quedó clavada la espina, y en ese momento se prometió que trataría de averiguar a qué se debía esa inquietante sensación de sospecha.
El almuerzo transcurría con tranquilidad. La mayor parte del tiempo los estudiantes se dedicaron a hablar de lo que cada uno tenía pensado hacer después de graduarse. Draco escuchó que muchos de sus compañeros aún no sabían lo que harían, y se sintió orgulloso de que en su caso él sí supiera qué era lo que quería en realidad.
Durante todo ese tiempo, el rubio había estado observando las ocasionales miradas que su novio dirigía hacia la mesa de los profesores, por lo que no podía evitar voltear él también, atrapando en muchas ocasiones al moreno mientras correspondía a las miradas de su pareja, situación que ya lo tenía bastante molesto. Pero como todo buen Slytherin, simuló que nada pasaba y siguió comiendo con aparente indiferencia.
De repente, el rubio advirtió cuando el ex capitán se levantó y se dispuso a salir del comedor. Observó de nuevo a Blaise y con verdadero disgusto se dio cuenta que nada de lo ocurrido con anterioridad había sido su imaginación. Pero lo que más acrecentó sus sospechas fue el hecho de que, poco tiempo después de que el muchacho saliera, Blaise se levantó también y sin despedirse de él, salió con rapidez del lugar.
Draco no lo pensó dos veces y se levantó detrás de su pareja. La semilla de la incertidumbre que ésa misma mañana fuera sembrada estaba comenzando a echar raíces, y el rubio no pensaba quedarse con la duda.
Continuará...
Próximo capítulo: Grandes Ilusiones, profundos Deseos.
Notas: Gracias a todos por sus reviews, y a quienes siguen la historia.
Besitos.
K. Kinomoto.
