Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuestas a los Reviews:

Sandra: Hola, en este capítulo conocerás la reacción inicial de Draco, pero nada más... no hablarán hasta el siguiente. Aunque Sirius no se tomó tan mal lo de la carrera, no será lo mismo cuando se entere sobre su relación con Severus, aunque aún falta mucho para eso. A mí también me da pena Draco, pero creo que es el personaje que más sufrirá. Créeme, aún le falta mucho por sufrir. Espero que este capítulo sea de tu agrado. Besitos.

VII

Grandes Ilusiones, profundos Deseos.

Oliver Wood entró a la oficina de la enfermería y, como siempre, se puso su bata blanca para comenzar con su guardia. Esperaba que ese día fuera más tranquilo que el anterior, ya que quería dedicar un poco más de tiempo a estudiar sus apuntes del curso de introducción a la medimagia que tomaba por las mañanas. Así que con ésa intención, sacó su libreta de entre sus cosas y se dispuso a repasar sus apuntes.

Pero después de unos minutos de intentar concentrarse en su lectura en vano, cerró los ojos mientras hacía memoria de lo ocurrido unas horas antes en ese mismo lugar, cuando entre Madame Poppy y el profesor Snape, se habían encargado de darle la maravillosa noticia de que pronto estaría esperando un bebé.

"El profesor me dijo que la poción tenía un noventa y ocho por ciento de efectividad". Pensaba el moreno, sin poder evitar entusiasmarse. "Lo que significa casi el cien por ciento de posibilidades de que me embarace..." Suspiró, ilusionado. "Ya quiero ver la cara de Blaise cuando le dé la noticia. Con toda seguridad se desmayará".

Sonrió con diversión al imaginarse la cara que su pareja pondría cuando llegara a enterarse. "Pero no debo precipitarme, tendré que esperar a que sea algo seguro. No quisiera hacerme ilusiones demasiado pronto".

Dejó de lado sus pensamientos para concentrarse de nuevo en sus apuntes. De repente, alguien llegó por detrás y tapó sus ojos. Oliver sonrió al reconocer el aroma de Blaise. Tomó las manos del castaño entre las suyas y después de besarlas giró su cabeza para besarlo a él también.

Blaise le correspondió al tiempo que se acomodaba de forma que quedó sentado sobre el escritorio, frente al moreno, quien aprovechó para abrazarlo por la cintura, mientras que profundizaba el beso y comenzaba a recorrer con suavidad el pecho y el torso del muchacho de cabellos castaños.

-No tuviste suficiente con lo de anoche, ¿Verdad? –Le preguntó su pareja mientras gemía con deleite dentro del beso.

-Nunca tendré suficiente contigo, Blaise... –Le respondió el Gryffindor mientras volvía a besarlo.

Cuando se separaron, Blaise levantó un instante el rostro por sobre la cabeza de Oliver, cuando le pareció distinguir de reojo una cabellera rubia. Sobresaltado, levantó de nuevo la cabeza para descubrir con enorme sorpresa que Draco Malfoy se encontraba parado en la puerta de la oficina, mirándolo con sus iris grises refulgiendo en ira. Se puso de pie de inmediato.

Pero antes de que pudiera hacer nada más, Draco giró sobre sus talones y, tan rápido como le fue posible salió de la oficina y de la enfermería, dejando atrás un Blaise demasiado preocupado.

-¿Sucede algo, Blaise? –Oliver se sorprendió ante la reacción de su pareja. Volteó hacia la puerta para ver si alguien los había descubierto, pero no vio nada-. ¿Estás bien? –Le preguntó, preocupado, al ver la creciente palidez en el rostro del castaño.

-¿Sabes? Tengo que irme... –Blaise se dirigió hacia la puerta.

-Pero...

-Te veré después ¿Está bien? –Le dijo con voz temblorosa mientras se alejaba.

-Está bien. –Oliver se encogió de hombros ante la actitud de su pareja, pero dejó de darle importancia y después de unos momentos más se dispuso a proseguir con su lectura.

Afuera, Blaise Zabini alcanzaba corriendo el pasillo principal que conectaba a la enfermería con el resto del Castillo. Miró hacia uno y otro lado, tratando de adivinar hacia dónde se había ido el rubio. Pero después de correr de un pasillo a otro, se dio cuenta que le sería imposible dar con él.

Sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia las habitaciones del profesor Snape, con la esperanza de que al rubio se le ocurriera ir a parar ahí. Y mientras caminaba rumbo a las mazmorras, no podía dejar de pensar en la mirada que su pareja le dirigiera al descubrirlo, y sabía que estaba en extremo furioso.

Pero lo que más le preocupaba de todo aquello, era el hecho de que lo conocía tan bien, que estaba seguro que esa mirada de ira sólo estaba ocultando un sentimiento mucho más doloroso. Y el sólo hecho de saber que él era el causante de ese dolor hacía que su corazón se encogiera hasta el punto de dificultarle la respiración.

oooooooOooooooo

Draco Malfoy corría con todas sus fuerzas por los pasillos de Hogwarts. Ni siquiera sabía hacia dónde se dirigía, sólo estaba consciente de que necesitaba correr y alejarse lo más pronto posible de la escena que momentos antes había tenido la desdicha de presenciar.

Sentía cada vez más fuerte en su pecho la dificultad para respirar, pero aún así no se detuvo, hasta que las piernas le fallaron y calló de bruces sobre el frío piso de piedra de lo que le pareció era un sitio que jamás había visto antes.

Se puso de pie con dificultad y trató de enfocar su nublada vista a su alrededor, encontrándose en medio de una habitación que al parecer tenía muchos años de no ser visitada. Caminó tambaleándose por el mareo que le provocaba la penumbra del lugar y cuando se pudo detener sin trastabillar tomó su varita y convocó un "Lumus".

La estancia se iluminó un poco más, descubriendo ante los ojos de Draco una habitación del todo vacía, a excepción de un enorme objeto que abarcaba casi toda la pared del fondo, y cubierto por una gran sábana que alguna vez había sido blanca.

Draco se acercó con precaución al objeto y con suma cautela levantó una de las esquinas inferiores de la sábana, dejando a la vista un gran espejo con un grueso marco en oro puro. Abrió muy grandes sus ojos, sorprendido por el descubrimiento.

-¡Pero si es el Espejo de Oesed! –El rubio tapó de inmediato la esquina del espejo que acababa de descubrir-. Creí que Dumbledore lo había escondido muy bien.

El muchacho dio la media vuelta hacia la salida, dispuesto a informar al director de su hallazgo, pero una chispa de curiosidad lo hizo volver sobre sus pasos.

-Sólo quisiera saber qué será capaz de reflejar si yo... –Disculpándose a sí mismo por su atrevimiento, el muchacho terminó de quitar toda la sábana que cubría el gran espejo, haciendo que al caer al piso la sucia tela levantara una pequeña nube de polvo.

Draco se sacudió la ropa y las manos para librarse del polvo adherido a ellas, cuando levantó su vista y vio algo que hizo que su corazón se acelerara sin remedio.

A espaldas de su propio reflejo, se alzaba una encantadora campiña. Una construcción en medio de ella, pequeña pero pintada de alegres colores y rodeada por un extenso y verde jardín cubierto de hermosas flores de todas las variedades.

Abrió la boca por la impresión, mientras observaba con detenimiento su propia imagen reflejada en el enorme espejo. Él vestía una elegante túnica de color gris claro, con grandes botones de plata y en su mano llevaba un objeto que no pudo reconocer en el instante.

Intentó enfocar su fascinada vista sobre el objeto que su reflejo sostenía, pero de pronto apareció alguien que lo tomó por la cintura mientras lo abrazaba con ternura. Blaise Zabini tenía puesta una túnica blanca por completo. Tan blanca que su reflejo le lastimaba la vista. El muchacho de cabellos castaños le sonrió mientras le susurraba palabras al oído. La imagen del rubio esbozó una sonrisa de felicidad.

Draco cerró los ojos y cuando volvió a abrirlos, se vio en la oscura habitación en lugar de la hermosa campiña. Lo que su reflejo parecía sostener en su mano no era más que su varita iluminando todo a su alrededor. Él llevaba su uniforme de Slytherin en vez de la elegante capa gris. Y Blaise...

Blaise no estaba detrás de él abrazando su espalda. Blaise se encontraba en esos momentos abrazando otro cuerpo que no era el suyo y besando otros labios que no eran los suyos.

Cayó de rodillas, sus grises ojos anegados en tibias lágrimas que resbalaron por sus suaves mejillas, empapándolas. Se abrazó a sí mismo con la esperanza de sentir, como en su reflejo, la calidez de los brazos del muchacho que a pesar de todo seguía siendo el dueño de su ahora destrozado corazón.

-¿Por qué, Blaise? Ah... ¿Por qué?

Preguntó mientras se recostaba en el frío y duro piso, haciéndose un ovillo frente al espejo que con ironía seguía reflejando la imagen que su profundo deseo invocara. Y cerrando los ojos poco a poco se dejó llevar por el cansancio, mientras pronunciaba entre sollozos la misma pregunta y trataba de cerrar su mente y su corazón para no sentir el intenso dolor que su triste realidad le provocaba.

oooooooOooooooo

-Entonces, ¿Te irás de aquí?

-Sí, Severus. Sirius me pidió que me fuera a vivir con él. Y acepté.

-Entiendo...

Harry y Severus se encontraban en el cuarto de trabajo del profesor. Terminando de almorzar le había pedido que lo acompañara a calificar las pociones que los de su Casa elaboraran en el examen del día anterior. Y ahora Harry se hallaba sentado en una silla frente a él, mientras veía cómo el profesor aplicaba diferentes sustancias a unas muestras tomadas de los frascos que sus alumnos le entregaran.

-¿Para qué son ésas cosas? –Le preguntó el muchacho, sin poder resistir la curiosidad.

-Ésas cosas... –Le respondió el profesor mientras continuaba con su trabajo-. Se llaman fermentos y sirven para verificar la reacción de las pociones. Si le aplico unas gotas a una poción, ésta tendrá una reacción que me dirá si está elaborada correctamente.

-Pero... ¿No se supone que a primera vista se ve si está bien hecha?

-A primera vista sólo se puede ver si su color, olor y consistencia son las correctas. Pero hay muchas pociones que pueden ser físicamente idénticas. Y los fermentos sirven para verificar que cumplan el propósito para la cual fueron elaboradas.

-Es decir... –Harry frunció el ceño, tratando de entenderlo-. Que con éstos fermentos tú te aseguras que al beber la poción, la persona obtenga los resultados esperados.

-Así es.

-Creí que la poción sólo se tomaba, y ya. –Harry recargó sus codos sobre la mesa, interesado en lo que su pareja le decía.

-Sólo si la elaboras en el momento, y a la perfección. –Severus tomó un pergamino e hizo unas anotaciones-. Yo no me bebería una poción elaborada por nadie más, a menos que antes comprobara que fue elaborada con eficacia.

-Ya veo. Pero... –Harry aún no lo entendía del todo-. ¿No se supone que cuando uno se equivoca en un ingrediente o algo por el estilo, el caldero explota y ya?

-¿Tienes idea de cuántos ingredientes existen en el mundo? –Harry sólo asintió-. Considera todas las posibilidades que pueden darse de que un ingrediente equivocado no provoque una explosión y quien elabore la poción no note la diferencia.

-Es verdad...

-Además... –Severus dejó a un lado el pergamino y siguió con su trabajo-. Yo manejo demasiadas pociones. Tengo mis gavetas repletas de frascos. Muchos de ellos parecen idénticos, pero en realidad no lo son. Así que debo tener cuidado al clasificarlos y etiquetarlos.

-Y eso... –El joven jugueteó con uno de los frascos que estaban sobre el escritorio-. ¿También lo vimos en clase?

Severus quedó viendo a su alumno de una forma que le hizo recordar viejos tiempos.

-No, señor Potter. Ésta es una materia de estudio aparte y sólo se ve en Pociones Superiores. Además... –Y mientras le quitaba el frasco de la mano-. Dudo mucho que si lo hubiera enseñado en clase, usted fuera capaz de recordarlo. Si mi memoria no me falla, durante mis lecciones usted tenía su alborotada cabeza en otra parte, menos en lo que yo le enseñaba.

-Ups... –Harry se ruborizó por completo.

-¿Eso es todo lo que tiene que decir? ¿Ups? –Severus siguió mostrando su actitud de profesor odioso, lo que hizo que el muchacho se sonrojara más.

-Lo siento... –Harry se puso de pie y se acercó a Severus-. He sido un niño muy malo... creo que merezco un castigo... –Y diciendo esto tomó su varita y se la extendió al profesor, el cual no supo por qué la tomó. Y acto seguido el muchacho le dio la espalda mientras se inclinaba sobre la silla y se levantaba la capa, al mismo tiempo que alzaba el trasero-. Estoy a su disposición para el castigo que usted merezca pertinente, profesor.

El rostro de Severus cambió de color en cuestión de segundos, mientras asimilaba lo que su pareja le proponía. Pero con lo que Harry no contaba era que a Severus Snape no se le hacía sonrojar sin pagar el precio. Y el profesor levantó la mano con la varita en ella, dispuesto a darle su merecido castigo.

Y lo hubiera hecho, de no haber sido porque en ese preciso instante alguien tocó a la puerta. El profesor se detuvo a medio camino, mientras Harry se enderezaba de su sitio y regresaba a su lugar en el escritorio.

-Quédate aquí. –Le ordenó el profesor mientras le devolvía su varita-. No salgas bajo ninguna circunstancia, y no toques nada.

Harry sólo asintió mientras guardaba su varita en el cinturón. Severus salió del laboratorio y se dirigió a la puerta.

-Profesor Snape... –Blaise Zabini se encontraba parado en el marco de la puerta, su rostro colorado por haber corrido tanto-. ¿De casualidad se encuentra Draco por aquí?

-No, señor Zabini.

-Oh... –Blaise se secó una gota de sudor de la frente mientras volteaba a ver a su profesor-. Si de casualidad llegara, ¿Podría decirle por favor que estoy buscándolo?

-¿Es muy importante? –El profesor se cruzó de brazos mientras miraba con fijeza a los ojos color aceituna de su alumno-. Porque a menos que se trate de una cuestión de vida o muerte, no pienso servir de recadero de nadie.

-Lo siento, profesor... –Blaise intentó acomodarse la desarreglada capa-. En realidad no es nada de vida o muerte, pero sí es algo importante.

-Bien. Le daré su recado. –El profesor cerró la puerta dejando a su alumno con la palabra en la boca.

-Pero si no hablo con él, tal vez entonces moriré... –Balbuceó el abatido muchacho mientras se retiraba con tristeza de los aposentos de su Jefe de Casa.

-¿Quién era? –Preguntó Harry cuando vio llegar a su pareja.

-Zabini. Un alumno de mi casa. –El profesor tomó otra muestra mientras proseguía con su trabajo-. Quería hablar con Draco. –Y en tono confidencial-. ¿Sabías que son novios?

-¿En serio? –Harry se sorprendió ante la confesión de su pareja-. Jamás me lo hubiera imaginado.

-Ni yo. Lo supe por casualidad. Una noche me los encontré en la Sala de los Menesteres. Ambos dormían juntos, y lo único que tenían encima era una sábana muy delgada.

-Ah, vaya... –El moreno no pudo evitar sonrojarse ante la imagen de él y Severus en esas mismas condiciones.

-Sólo no le digas que yo te lo dije. –Severus lo señaló con el dedo índice en señal de advertencia-. No quiero que piense que soy un chismoso.

-Lo prometo. –Harry levantó su mano derecha para darle más acento a su promesa.

El moreno se quedó en silencio mientras observaba trabajar a su pareja. El profesor estaba concentrado en su trabajo y el muchacho no pudo evitar pensar en lo mucho que había cambiado en todos esos meses.

"Ya no se ve tan amargado. Y a pesar de que sigue siendo una persona de carácter difícil, parece que ahora disfruta mucho más haciendo las cosas. Bueno, creo que siempre le ha gustado su trabajo, es sólo que yo no me había dado cuenta... cómo me hubiera gustado haberlo conocido con más profundidad desde mucho antes. No hubiéramos perdido tanto tiempo en peleas y discusiones sin sentido".

Observó con detenimiento a su pareja mientras proseguía con sus pensamientos.

"Está tan abstraído en su trabajo, que creo que ni se ha de acordar que estoy aquí. Ah... Severus... cómo me gusta cuando tiene ése gesto de concentración. Entrecierra sus ojos y eso hace que se ven más largas sus negras pestañas. Y frunce los labios de una forma que me dan ganas de besarlos. Eso me recuerda a cuando lo vi el sábado en el lago..."

-Severus... ¿Puedo preguntarte algo?

-¿Hum...? –El profesor contestó sin levantar la vista de lo que hacía-. ¿Qué pasa?

-El sábado pasado, en el lago... –Severus levantó su vista hacia el muchacho-. ¿Qué era lo que hacías?

El profesor frunció el ceño mientras procesaba la pregunta de su pareja. Por lo que Harry decidió ser más concreto.

-Lo que pasa es que cuando mis amigos y yo llegamos, tú estabas recostado en el pasto. Y vi que mirabas con insistencia hacia el cielo.

-Ah, eso... –Severus recordó de repente-. No estaba haciendo nada. En realidad sólo observaba las nubes.

-¿Observabas...? –Harry se mostró en verdad sorprendido ante la respuesta del profesor-. ¿Buscabas algo en particular?

-No. –El profesor hizo algunas anotaciones mientras respondía-. Sólo trataba de encontrarles forma. Ya sabes... formas específicas.

-Ah... no sabía que te gustara hacer eso.

-Lo he venido haciendo desde hace algunos meses. –Severus dejó a un lado lo que hacía y se sentó en una esquina de su escritorio-. En realidad fue por recomendación de Albus. Él piensa que estoy demasiado tenso y me recomendó algunos ejercicios de relajación. Observar las nubes recostado en el césped en completa soledad fue una de las cosas que más me recomendó.

-Ya veo. –Harry se apoyó con los codos sobre el escritorio-. ¿Y te ha resultado?

-No lo sé. –Respondió el profesor mientras se ponía de pie y se acercaba a su pareja-. ¿Tú qué crees?

-Pues... yo creo que sí. –Harry también se levantó y lo abrazó, mientras Severus acercaba su rostro al suyo para besarlo-. Aunque debo admitir que extraño un poco tu faceta sarcástica.

-Bueno... pórtate mal y la volverás a ver. –Severus se sentó en la silla mientras atraía a Harry para hacerlo sentarse sobre él-. Creo que tenemos un castigo pendiente... Harry, ¿Estás bien?

El muchacho se llevó la mano al pecho mientras jalaba aire con dificultad. Sin saber por qué, sintió una gran congoja en su corazón, y no pudo evitar derramar algunas lágrimas.

-¿Qué me pasa?

El profesor, quien sólo le había limitado a observarlo, acercó el rostro del muchacho al suyo mientras lo miraba a los ojos.

-¿Qué te sucede, Harry? –Preguntó mientras secaba algunas lágrimas del muchacho-. Por favor, dímelo.

-Siento... una gran tristeza en mi corazón. Como si estuviera sufriendo mucho por... no lo sé. –Miró a Severus, asustado-. No sé por qué me siento así.

-Tranquilo... –El profesor condujo al muchacho hacia la sala y lo hizo sentarse en el sofá-. Cierra los ojos y trata de concentrarte.

-¿Concentrarme? –Harry levantó la vista hacia su maestro, intrigado-. ¿Concentrarme para qué?

-Trata de averiguar el origen de ésa emoción. Piensa en las personas que son cercanas a ti y trata de ver si el sentimiento aumenta al pensar en una persona en particular.

-¿Por qué me estás pidiendo eso?

-Sólo hazlo, ¿Quieres? Después de lo explicaré.

Harry sólo asintió y cerró los ojos mientras repasaba en su mente la imagen de las personas que conocía, y que consideraba cercanas a él. De pronto una persona se le vino a la mente y Harry sintió aumentar su tristeza de forma considerable.

-Draco...

-¿Draco?

-Sí... –Harry se puso de pie-. Algo le pasa a Draco. Siento... que mi tristeza aumenta al pensar en él.

-¿Está en peligro? –Severus también se levantó del sofá y se dirigió hacia la puerta-. ¿Crees que es Voldemort?

-No lo sé... –Harry siguió a su profesor por los pasillos del colegio-. No me parece que esté en peligro. Sólo... siento como si estuviera muy triste.

Ambos se dirigieron a toda prisa a la Casa de las Serpientes, con la esperanza de encontrarlo ahí. Cuando llegaron, Harry prefirió quedarse afuera esperando al profesor, quien después de pronunciar la contraseña entró de manera precipitada. Minutos después, Severus salía con una intensa cara de preocupación.

-No está en la Casa. Y nadie lo ha visto desde la hora del almuerzo.

-¿Y Zabini?

-Tampoco está. Pregunté por él, pero nadie lo ha visto desde esa misma hora.

-¿Tú crees que Zabini esté con él? –Harry caminó a grandes zancadas para ir a la par de su pareja.

-Me dijo que quería hablar con él, que era algo importante. –Severus enfiló hacia la oficina del Director-. Lo que quiere decir que no están juntos. Será necesario movilizarnos para buscarlo por todo el colegio. Y roguemos porque Voldemort no tenga nada que ver con su desaparición.

oooooooOooooooo

-Muy bien, entonces colocaremos a veinte Aurores en las inmediaciones del Colegio, para vigilar que las barreras de protección no sean traspasadas. Arthur, ¿Podrías encargarte de designar a los más adecuados?

Albus Dumbledore tenía visitas en su oficina. Alastor Moody, Amos Diggory, Cornelius Fudge, Mafalda Hopkirk, Peasegood, Percy Weasley y algunos otros miembros del Ministerio. También estaban presentes Arthur y Molly Weasley, Minerva McGonagall, Remus Lupin, Sirius Black y Rubeus Hagrid, así como algunos otros Aurores de los más importantes dentro de la Orden del Fénix. Desde muy temprana hora, habían estado planeando con detalle la nueva estrategia de defensa contra Voldemort.

-También será necesario vigilar el Expresso. No queremos sorpresas desagradables a la hora en que los alumnos regresen a sus casas. –Recalcó el director-. Señor Peasegood, confío en que usted podrá apoyarnos en este caso.

-Por supuesto, profesor Dumbledore. –Respondió el Jefe del Ministerio de Accidentes-. Tengo a la gente apropiada para vigilar la seguridad del tren antes, durante y después del viaje.

-Hagrid... –El anciano se dirigió al guardabosque-. Tendrás que vigilar con mucha atención los límites del Bosque Prohibido. Sobre todo aquéllos sitios que sirven para practicar apariciones.

-Sí, profesor. –El encargado del Cuidado de Criaturas infló el pecho, orgulloso por la misión a la que había sido encomendado.

-Bien, señores... –El director se puso de pie-. Creo que eso es todo por ahora. Les pediré que informen a Arthur y Molly sobre cualquier cosa que ocurra durante éstos días. Voldemort se ha manifestado y atacará de un momento a otro, por lo que les pido que estén preparados para ello.

Uno a uno los presentes se fueron retirando por la chimenea, hasta que solamente quedaron Remus, Sirius y Minerva.

-Bien, como ya les expliqué con anterioridad, la seguridad de los alumnos Harry Potter y Draco Malfoy es primordial, así que deberán estar muy pendientes de que ninguno de ellos inflija las reglas de seguridad de este Colegio. –Dirigiéndose a la subdirectora-. Minerva, te pediré que vigiles a estos dos muchachos desde ahora. Ambos tendrán que quedarse en el Castillo, por lo que tendrán que seguir cumpliendo con las reglas aunque estén en vacaciones de verano...

-Un momento... –Sirius Black intervino-. Albus, todo esto de la seguridad en el Castillo me parece bien, pero... le prometí a Harry que se iría a Grimmauld Place conmigo cuando se graduara. ¿Cómo le voy a salir ahora conque se va a tener que quedar aquí?

-No creo que a Harry le moleste demasiado tener que quedarse. –Albus se acomodó sus anteojos de media luna sobre la nariz-. Además, no se quedará solo. Tendrá la compañía de Draco y podrás venir a visitarlo cada vez que quieras.

-Pero... –El animago trató de objetar-. También mi casa es un sitio seguro. Incluso tú mismo acabas de asignarla como cuartel general para la Orden del Fénix.

-Por ése mismo motivo, Sirius. –En anciano mago trató de hacer entrar en razón al animago-. En tu casa será donde se concentren la mayor parte de los Aurores que lucharán contra Voldemort. Si llegara a haber alguna fuga de información, ése será el primer lugar donde Voldemort podría atacarnos por sorpresa. Las defensas del Castillo son mucho más fuertes, estoy seguro que Harry estará más protegido aquí, que en Grimmauld Place.

-Creo que Albus tiene razón, Sirius. –Remus decidió intervenir-. Tienes que entender que Harry no podrá salir del Castillo. Así que, ¿Cómo podrás tenerlo en tu casa, a sabiendas de que no podrás llevarlo a ningún otro sitio? ¿O piensas tenerlo encerrado durante todo el verano, como lo hicieron los Dursley durante todos estos años?

-¡Por supuesto que no! –Sirius se mostró ofendido-. Jamás le haría a mi ahijado algo como eso.

-Al menos aquí podrá distraerse. –Minerva apoyó a Remus-. Tendrán mi autorización para que exploren ciertas zonas del Castillo que aún no conocen y que no considero peligrosas. Se entretendrán tanto que no verán correr el tiempo.

Sirius se quedó unos momentos pensando en las últimas palabras de la animaga. Por una parte tenían razón. No podía arriesgar a Harry a un ataque sorpresivo a su casa. A pesar de estar bien protegida, no contaba con defensas tan poderosas como las de Hogwarts. Tampoco podía tenerlo encerrado todo el día. Harry era un muchacho al que no le gustaba quedarse quieto en un solo sitio, y sólo de imaginar que tendría que obligarlo a hacerlo, le hacía sentir en realidad miserable.

-Está bien. –Sirius tuvo que admitir que tenía todo en contra-. Harry se quedará aquí, pero sólo con una condición. Que se me permita viajar por polvos Flu para venir a verlo las veces que yo quiera.

-Bien, así será. –El profesor Dumbledore tomó la palabra-. Remus, ¿Tendrás algún inconveniente en utilizar tu chimenea para tal propósito?

-Por supuesto que no. –El corazón del licántropo saltó de alegría-. Será un placer para mí recibir tu visita cada vez que quieras, Sirius.

-Gracias, Remus. –Sirius colocó una mano en el hombro de su amigo, en señal de agradecimiento.

En ese momento la puerta se abrió dando paso al profesor de pociones y a Harry, que venía detrás de él.

-¿Sucede algo, Severus? –Preguntó el director al reconocer la cara de preocupación de su amigo.

-Es Draco. –Severus trató de sonar lo más normal posible-. El señor Potter cree que le ha sucedido algo.

-¿Harry? –Sirius se acercó a su ahijado-. ¿Cómo puedes saber algo como eso?

El muchacho no dijo nada. Sólo se encogió de hombros haciendo entender a su padrino que él tampoco lo sabía.

-Creo que eso podremos discutirlo después. –Albus se acercó a Severus-. ¿Ya buscaron a Draco?

-Preguntamos por él en su Casa, pero no lo han visto desde la hora del almuerzo. Sugiero una búsqueda inmediata por todo el Castillo.

-Por supuesto que sí, Severus. –El anciano se dirigió a los presentes-. Minerva, ¿Podrías buscarlo en la zona Norte del Castillo?

La animaga asintió al tiempo que se dirigía hacia la puerta.

-Yo lo buscaré en el lado Este. –Remus salió detrás de la subdirectora.

-Sirius, ¿Me harías el favor...?

-Sí, Albus. –El animago enfiló hacia la salida-. Yo lo buscaré en los sótanos.

-No te preocupes, Severus. Ya aparecerá. –El director se dirigió al joven Gryffindor-. Harry, ¿Qué fue lo que sentiste?

-Una gran tristeza. –El muchacho movió la cabeza, negando-. No creo que esté en peligro. Más bien siento como si estuviera sufriendo por alguna razón.

-Ya veo...

-Profesor, ¿Me pueden explicar qué está pasando?

-Por supuesto, Harry. –Severus lo tomó del brazo mientras lo guiaba hacia la salida-. Pero primero tú te irás a tu Torre, y cuando sea el momento entonces te lo explicaré todo, ¿De acuerdo?

-Pero... –Harry se mostró renuente a irse-. Yo también quiero buscarlo.

-Nada de eso. –El profesor se mostró inflexible-. No quiero que después tengamos que buscarlos a los dos. A tu Torre. Y que no se diga más.

Después de que el muchacho partió a regañadientes, Severus se puso de acuerdo con el director y poco después se dirigía hacia el lado Oeste del castillo, deseando con todo su corazón que una de las tres personas a las que más amaba se encontrara bien.

oooooooOooooooo

Remus Lupin llevaba casi tres horas recorriendo los pasillos, y entrando y saliendo de cada habitación y pequeño resquicio que se encontraba en su camino, a lo largo y ancho del ala Este. Con un "Nox" apagó su varita y se recargó sobre una de las paredes para descansar un momento.

-¿Dónde se habrá metido ese muchacho? –Se preguntó mientras volvía a encender su varita y se enderezaba para continuar con su búsqueda. De pronto, un pequeño resplandor a lo lejos llamó la atención del licántropo, quien a grandes pasos se dirigió hacia el sitio de donde provenía la luz. El mago vio cómo se adentraba poco a poco hacia un sitio que se le hizo desconocido.

"Qué lugar tan helado..." Pensó mientras se recuperaba de un escalofrío. De pronto se halló frente al tenue resplandor y abrió grandes los ojos al descubrir a Draco Malfoy hecho un ovillo en el frío piso, con su varita en su mano, aún encendida.

-Pero, ¿Qué...? –El licántropo se acercó con rapidez al cuerpo inerte del muchacho e inclinándose sobre él iluminó su rostro con su varita. A primera vista el joven parecía inconsciente y su pálido cuerpo se sacudía por leves temblores.

El profesor apoyó sus dedos sobre la yugular del rubio, y vio con alivio que aún respiraba. Lo sacudió con suavidad y el muchacho emitió un leve murmullo, lo que le hizo darse cuenta que en realidad no estaba desmayado, sino más bien dormido.

"Menos mal..." Pensó mientras sacudía su cuerpo con más firmeza para terminar de despertarlo. "Está temblando de frío..." El mago de ojos dorados invocó un "Lumus Solem" y el lugar se iluminó por completo mientras se sentía mucho más cálido. De pronto, el licántropo vio de reojo que había alguien más en la habitación. Se sobresaltó cuando alzó la vista y se vio a sí mismo en el espejo frente a él.

-¡Pero si es el Espejo de los Deseos! –Exclamó mientras se ponía de pie para observar el marco con más detenimiento-. Pensé que Albus se había deshecho de él.

Volteó a ver a su alrededor para descubrir que era el único objeto en toda la habitación.

–Me imagino que lo intentó. Pero en definitiva no pudo deshacerse de esta cosa endiablada...

Y antes de sucumbir ante el destructivo objeto, como pensó que con seguridad le había ocurrido al Slytherin, levantó la sábana llena de polvo y con algo de trabajo logró taparlo de nuevo.

Suspiró, aliviado, mientras cerca de él escuchaba un leve gemido, proveniente de los labios del muchacho acostado en el piso. Se apresuró a agacharse para ayudarlo a despertar.

-Hum... –Draco abrió con lentitud sus grises ojos, aún hinchados por tanto llanto, mientras trataba de enfocar su vista hacia el rostro de la persona frente a él-. ¿Blaise?

-No, Draco. –Remus se sintió más tranquilo cuando vio que el muchacho parecía no estar herido-. Soy el profesor Lupin. ¿Te encuentras bien?

-¿Dónde estoy? –El rubio miró a su alrededor, al parecer aún aturdido y en medio de las nieblas del sueño.

-En alguna parte del Castillo, al Este. –Remus lo tomó del brazo para ayudarlo a levantarse. Después anuló el "Lumus Solem" y convocó un "Lumus"-. ¿Qué estabas haciendo aquí?

-Pues... no lo sé. –El muchacho se llevó la mano a la cabeza, aturdido-. No lo recuerdo.

-Entonces será mejor que salgamos de aquí y te lleve derecho a la enfermería.

-¿La enfermería? –El muchacho recordó de repente-. ¡No! ¡No iré a ese lugar nunca más!

-Pero... –Remus tuvo que correr detrás del rubio, quien había salido huyendo apenas lo hubo escuchado-. ¡Espera!

Cuando al fin logró a alcanzarlo lo detuvo del brazo para que no volviera a escaparse.

-¿Tienes idea de cuántas personas te buscan en éste momento? –Le preguntó el licántropo, bastante molesto por la actitud de su alumno.

-¡No me importa! –El rubio se soltó del brazo del profesor y siguió su camino-. ¡Jamás volveré a poner un pie en ese lugar!

-Si no quieres ir a la enfermería no vayas... –Remus trató de tranquilizarse. No quería utilizar la fuerza en contra del rubio-. Pero entonces tendré que llevarte a la oficina de Dumbledore.

Draco se detuvo de repente mientras volteaba de un lado a otro, desorientado, lo que hizo que Remus se diera cuenta que el muchacho no sabía el camino de regreso.

-Te conduciré hacia la salida.

El Slytherin no dijo nada. Sólo levantó la cabeza, orgulloso, mientras dejaba que el licántropo se adelantara para guiarlo.

-Pero no iré a la enfermería. –Le dijo mientras caminaba detrás del profesor-. Ni tampoco a la oficina de Dumbledore.

Remus no tenía idea del porqué no deseaba ir a la enfermería, pero sí sabía que el muchacho no tenía pensado dar ninguna explicación, y que por esa razón no quería enfrentarse al director.

-Te lo plantearé de ésta manera... –Le dijo el profesor mientras seguía caminando-. Si no quieres ir a la enfermería y tampoco con el director, entonces tendrás que irte a tu Casa y esperar a que Dumbledore y tu Jefe de Casa vayan a buscarte hasta allá. Y créeme, ninguno de los dos va a estar muy contento después de haberte buscado durante tantas horas.

El rubio guardó silencio tras el comentario del profesor. En realidad no le convenía regresar a su Casa, ya que con toda seguridad tendría que ver a Blaise, y aún no se sentía preparado para eso. Sin considerar que además tendría que enfrentarse a la ira de su padrino, a quien lo más probable fuera que no le importara ponerlo en su lugar aún delante del resto de sus compañeros. Se tuvo que resignar.

-Está bien... –Tragándose su orgullo-. Iremos con Dumbledore.

Y diciendo esto último, ambos apresuraron sus pasos rumbo a la oficina del director.

Mientras, Draco trataba de pensar en alguna excusa convincente para evitar tener que contar toda la verdad. Que había sido engañado por la persona a la que más amaba, que había derramado lágrimas por esa razón, y que aquél espejo le había mostrado una ilusión que, ahora estaba seguro, jamás se haría realidad.

oooooooOooooooo

-¿Lo encontraron?

-No, Albus. –Minerva McGonagall se sentó en una silla, visiblemente cansada-. Recorrí todo el lugar y no encontré señales de él.

-Yo tampoco. –Intervino Sirius-. Aún en mi forma de animago no logré hallar ni un solo rastro del muchacho. Sólo encontré cosas y más cosas, la mayoría de ellas inservibles. Esos sótanos necesitan una buena limpieza.

-Hum... –Albus se rascó la barba, pensativo-. Esperemos noticias de los demás. No olviden que aún hay dos profesores buscándolo. En lo que a mí respecta, tampoco pude hallar nada que pudiera guiarme hacia él. Ni Filch lo vio jamás en los pasillos que frecuenta, ni Hagrid lo vio rondando por los terrenos. Y no pudo haber salido ni caminando ni volando, de lo contrario las defensas se hubieran activado en el momento. No cabe duda de que sigue en el Castillo.

La puerta se abrió en ese instante dejando ver a un pálido y, bastante cansado, profesor de pociones, el cual se sentó en la primera silla que encontró mientras miraba a los demás de forma alternativa. Movió la cabeza en negación al encontrarse con los ojos del director.

-Bien, aún falta Remus. –Se acercó a Severus mientras depositaba una mano sobre su hombro-. Estoy seguro que él nos traerá buenas noticias.

Acababa de decir eso, cuando la puerta se abrió de repente dejando pasar al profesor de Defensa.

-¿Lo encontraste? –Preguntó el animago, al tiempo que el licántropo asentía con la cabeza. Todos respiraron, aliviados.

-¿Dónde está? –Demandó el profesor de pociones mientras se ponía de pie.

Detrás de la capa del profesor se dejó ver la delgada figura del rubio, quien al ver el rostro de genuina preocupación de los presentes, se sintió bastante avergonzado.

Severus se acercó con rapidez hacia su protegido, mientras contenía las ganas de abrazarlo y golpearlo al mismo tiempo.

-¿Está usted bien, señor Malfoy? –Le preguntó tratando de comportarse lo más frío posible. El muchacho sólo asintió mientras bajaba la cabeza frente a su Jefe de Casa. Sabía lo que vendría y consideró muy en serio el irse preparando para ello.

-Bien, señores... –Albus consideró pertinente que no hubiera tanta gente presente, pues también sospechaba lo que se avecinaba-. Les agradezco mucho su apoyo, y mis más sinceras disculpas si les robé su valioso tiempo.

-No hay problema, Albus. –Respondió la profesora de Transformaciones. Los demás asintieron mientras se dirigían hacia la puerta-. Si me necesitas para algo más no dudes en avisarme.

-Gracias, Minerva. Remus, Sirius... –Después de que los mencionados se retiraron, el profesor Dumbledore se dirigió hacia Severus y Draco, mientras les hacía una señal de que tomaran asiento.

-Sr. Malfoy... –Le espetó el director-. Espero que tenga una buena excusa para justificar su desaparición, y el hecho de que todos estuviéramos tan preocupados por su bienestar.

-No la tengo, profesor Dumbledore. –Respondió el rubio con la mirada fija hacia algún punto detrás del director-. Estaba explorando algunos pasajes del Castillo y me perdí. Eso es todo.

Ambos profesores se dieron cuenta que el muchacho estaba ocultándoles algo.

-Por cierto... –El rubio prefirió desviar la atención de los dos adultos sobre su persona-. Encontré el espejo de Oesed.

Ambos profesores se miraron, sorprendidos.

-¿Estuviste en las cámaras del ala Este? –Le preguntó Severus mientras se levantaba de la silla y contenía de nueva cuenta las ganas de golpearlo-. ¿Se puede saber qué hacías ahí, cuando sabes bien que está prohibido rondar esos pasajes?

-Cálmate, Severus. –El director también se puso de pie-. Estoy seguro que el muchacho tiene una muy buena explicación, ¿No es así, señor Malfoy?

Draco se quedó callado, señal de que no iba a decir nada más.

-Bien. –Al ver que ya no iban a sacarle más información, el director decidió dejar la situación en manos del profesor de pociones-. Severus, será mejor que lleves a Draco a tus aposentos. Necesita un descanso y después, como Jefe de su Casa, tendrás que aplicarle el castigo que corresponda de acuerdo a la falta cometida. Señor Malfoy, deberá entender que transgredió algunas reglas de seguridad y arriesgó su vida.

-Estoy consciente de eso, profesor. –Draco prefirió aceptar el castigo que le correspondía, antes de permitir que supieran que la verdadera razón por la que había terminado en ése lugar, había sido por que atravesaba por un momento de debilidad.

-Por cierto... –El director se dirigió a Severus-. Acabo de tener una junta con algunos miembros del ministerio y de la Orden de Fénix. Te daré los detalles mañana temprano.

-Por supuesto.

Momentos después, profesor y alumno salían de la oficina del director rumbo a las mazmorras. Severus no le habló durante todo el camino, lo que el muchacho interpretó como una señal de que aún faltaba mucho para que ese terrible día terminara.

oooooooOooooooo

-¿Cómo piensas que fue a parar ahí?

-No lo sé, Sirius. Cuando llegué estaba dormido frente al espejo.

Después de que salieran de la oficina del director, Remus había invitado a Sirius a sus habitaciones mientras esperaban la llegada de Harry, a quien le habían mandado a avisar con Dobby que su padrino estaba en los aposentos del profesor de Defensa. Y ahora se encontraban los dos magos sentados en la pequeña mesa del licántropo mientras éste servía una copa al animago.

-No sé cómo pudo creer Dumbledore que podría ocultar ese espejo en un sitio tan obvio. –Comentó Remus-. Si ahora que lo recuerdo, la habitación no tenía ninguna cerradura. Es más, ni siquiera era una habitación, más bien era como una cámara sin puertas ni nada.

-Si mal no recuerdo, es una de las zonas prohibidas para los estudiantes. –El animago trató de recordar-. Si mi memoria no me falla, alguna vez estuvimos merodeando por esos lugares. Pero siempre tuvimos cuidado de no ser atrapados.

-Es verdad. –Remus no pudo evitar sonreír al recordar esa época-. Todavía sigo sin saber cómo fue que pudimos hacer tantas cosas y no ser descubiertos.

-Éramos chicos listos. –Respondió Sirius, ufano.

-Éramos inmaduros. –Recalcó Remus-. Tuvimos suerte de que no nos ocurriera algo malo.

En ese momento tocaron a la puerta y Remus se apresuró a abrir. Harry entró tras saludar a su profesor de Defensa, mientras que Sirius le hacía un sitio en la mesa para que se sentara junto a él.

-¿Encontraron a Draco? –Preguntó Harry después de tomar asiento en la mesa-. ¿Se encuentra bien?

-Sí, Harry. –Remus le acercó un vaso de jugo de calabaza-. El muchacho está bien, pero parece que tendrá que dar muchas explicaciones.

-¿Quién lo encontró? –Harry bebió un poco de jugo mientras observaba a ambos adultos. Fue Remus quien respondió.

-Yo lo encontré. Estaba dormido en una cámara del ala Este.

-Pero... –Harry lo miró, sorprendido-. Es una zona prohibida, ¿Qué estaba haciendo ahí?

-Eso mismo nos estábamos preguntando. De hecho, Remus me estaba comentando que lo encontró dormido al pie del Espejo de Oesed.

-¿El Espejo de los Deseos?

-Exacto.

-Hum... el profesor Dumbledore me dijo que se desharía de él. –Replicó el joven Gryffindor-. Parece que no existe un escondite lo bastante bueno para ocultarlo, después de todo.

-Me pregunto qué podría ser capaz de reflejar si me parara frente a él... –Dijo el animago, sus azules ojos refulgiendo en curiosidad-. Se dice que ese objeto refleja nuestros más profundos deseos.

-Exacto. –Harry decidió bajarlo de la nube-. Pero el director me explicó que lo que el espejo refleja no significa que se vaya a cumplir. Así que hay muchas personas que se obsesionan pensando en que su deseo se realizará, cuando a veces no es así.

-A mí me parece que no es necesario reflejarse en ese espejo para saber nuestros más profundos deseos. –Intervino Remus-. Basta con que estemos conscientes de ellos.

-Puede ser... –Sirius jugueteó con su copa mientras observaba a su ahijado y a su mejor amigo-. Harry, ¿Cuál es tu mayor deseo en el mundo?

El muchacho casi se ahogó con el jugo. La pregunta de su padrino lo había tomado por sorpresa.

-Pues... –Después de que se repuso-. En realidad tengo muchos deseos, Sirius.

-Pues haz una lista y ordénalos por prioridades. –Le insistió el animago.

El muchacho se quedó callado un largo momento mientras hacía un recuento mental de todos sus deseos.

En primer lugar, estaba su relación con Severus. Aunque pareciera a primera vista algo puramente hormonal, en definitiva su deseo más profundo era hacerle el amor a su pareja.

Por otra parte, estaba su deseo de derrotar a Voldemort, y sobrevivir en el proceso. Hasta antes de saber que amaba a Severus, ése había sido uno de sus más grandes deseos, pero no estaba seguro si era el más importante.

Pues estaba el deseo que siempre tuvo desde niño, y que alguna vez se reflejara frente al Espejo. Que sus padres estuvieran con él. Pero ese era un deseo que jamás se le haría realidad. Así que decidió descartarlo.

Por otro lado existían los mejores deseos para las personas que apreciaba, como sus amigos y profesores que lo estimaban, como Ron y su familia, Hermione, Draco, Remus, Dumbledore, Hagrid y la profesora McGonagall. Pero eso no entraba en sus deseos personales. Así que también los descartó.

Entonces sólo le quedaba hacerle el amor a Severus y derrotar a Voldemort. Sí, esos eran sus deseos más importantes y con seguridad ocupaban un espacio prioritario en su vida. Y estaba dispuesto a realizarlos a como diera lugar. Sobre todo el primero. Y sin duda alguna no pensaba decirle a su padrino que su más grande deseo era hacer el amor con uno de sus más odiados enemigos.

-¿Entonces? –Le preguntó un impaciente Sirius, quien había empezado a creer que el muchacho se había quedado dormido con los ojos abiertos.

-Pues... derrotar a Voldemort. –Le respondió el moreno mientras se ponía de pie y se dirigía hacia la puerta-. Sí, ese. Por cierto debo irme, tengo algo qué hacer. Ah, y gracias por el regalo, me encantó la túnica. Y las mancuernillas, y los zapatos... adiós.

Y después de que el muchacho se despidió con cierta urgencia de hacer realidad su primer deseo, Remus y Sirius se quedaron viendo el uno al otro.

-¿Y el tuyo?

-¿El mío, qué?

-Tu deseo, Remus. –Preguntó el animago, lleno de curiosidad-. ¿Cuál es tu mayor deseo en el mundo?

Remus guardó silencio unos instantes mientras miraba con detenimiento los intensos ojos del animago.

-Creo que me conoces lo suficiente como para saber cuál es mi mayor deseo, Sirius. –Le respondió mientras le llenaba otra vez la copa.

-Por supuesto que sí, Remus. –El animago correspondió a la mirada dorada de su amigo-. Y espero que algún día encuentres el remedio que pueda curar tu licantropía.

Remus no le dijo nada. Sólo sonrió con ligereza ante la respuesta de su amigo. Si bien era cierto que dejar de ser un hombre lobo era uno de sus más grandes deseos desde que se convirtiera en uno, el licántropo no lo consideraba el más importante. La mayor parte de su vida había cargado con esa cruz, y se podría decir que después de tantos años se había vuelto una costumbre.

"No deseo que me correspondas, Sirius. Sería demasiado pedir..."

Pensó el profesor mientras observaba a su amigo beber de su copa en pequeños sorbos, deseando en esos momentos convertirse en esa copa para poder conocer el sabor de sus labios.

"Sólo deseo un poco de valor para confesarte lo que siento, y que no tenga que perderte por eso".

oooooooOooooooo

Severus Snape entró a sus habitaciones seguido de cerca por Draco. Éste permaneció parado en medio de la habitación mientras observaba a su padrino quien, después de despojarse de su pesada capa, dirigió su mirada hacia su ahijado.

Por un instante, el rubio creyó que su padrino lo golpearía. Tal era la mirada de furia que refulgía en los negros ojos del profesor de pociones. Pero éste se acercó con lentitud mientras el rubio daba dos pasos atrás, por seguridad.

-Voy a preguntártelo una última vez... –Le lanzó mientras miraba con fijeza los grises ojos del muchacho-. ¿Qué hacías en ese lugar, cuando sabes muy bien que no está permitido que los estudiantes ronden por ahí?

-Ya te lo dije. –El muchacho insistió en su anterior excusa-. Estaba explorando y me perdí. No sé cómo llegué...

-¡No me mientas! –El rubio brincó en su sitio, sobresaltado-. ¿Acaso crees que no me di cuenta que nos estabas engañando? ¿Crees que por ser mayores también lo es nuestra estupidez?

-No, padrino...

-¡Tres horas! –Severus no se apartó de su lugar, mientras exigía a su estudiante que no desviara su vista de la suya-. ¡Cinco personas te estuvieron buscando durante tres horas sin descansar, y sin contar con las horas que estuviste desaparecido antes de que nos diéramos cuenta!

El profesor se pasó una mano por su negro cabello, tratando de tranquilizarse.

-Ya casi es de noche. ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba?

Draco bajó la vista, nublada por las ganas de llorar.

-Lo siento...

-¿Lo sientes? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? –Severus apretó los puños con furia mientras proseguía-. Pensé que te habían secuestrado. Pensé que Voldemort al fin había logrado su propósito...

-Tal vez... –La tristeza de Draco no lo dejaba pensar-. Sería mejor eso que...

¡Plaf!

El rubio no vio de dónde vino la bofetada. Por instinto cubrió su lastimada mejilla mientras veía a su padrino con la mano levantada.

-Padrino... –El muchacho permaneció parado en el mismo sitio, mientras sus lágrimas formaban surcos húmedos por todo su rostro, mojando también su temblorosa mano-. ¿Por qué...?

-Nunca... nunca más vuelvas a decir eso. –Severus le dio la espalda mientras apretaba con fuerza los puños-. Jamás vuelvas a decir que prefieres estar con él. Tú no sabes... lo que él hace a aquellos que caen en sus manos. Tú no has visto lo que yo... y jamás lo verías ni en tus más espantosas pesadillas. Así que nunca más vuelvas a decir algo como eso.

Hubo un silencio pesado, donde sólo podían escucharse los sollozos entrecortados del muchacho.

-Ve a tu habitación. –El profesor siguió dándole la espalda-. Después hablaremos sobre el castigo que te impondré. Le pediré a un elfo que te traiga la cena, no saldrás hasta mañana. Para entonces ya habré decidido tu castigo.

Draco no dijo una sola palabra. Con la mano aún en su adolorida mejilla, se dio la vuelta mientras se dirigía con lentitud hacia su habitación.

Severus escuchó la puerta cerrarse y permaneció unos momentos más parado en el mismo sitio. Después se acercó a la chimenea y se agachó frente a ella mientras apretaba en un puño la mano con la que antes golpeara el rostro de su ahijado. Y sin pensarlo dos veces la extendió en dirección a las llamas mientras cerraba los ojos.

Esperaba sentir el ardor mientras el fuego hería su piel. Pero en vez de eso sintió la tersura de una mano que cubría la suya mientras el calor se alejaba. Abrió los negros ojos para descubrir los verdes ojos de Harry, bañados en lágrimas, al tiempo que el muchacho lo ayudaba a ponerse de pie.

El joven no le dijo nada, sólo se abrazó a él mientras el profesor lo estrechaba con todas sus fuerzas. Él pudo sentir cómo su pareja se estremecía mientras sollozaba con tristeza entre sus brazos. Se sintió culpable porque sabía que el dolor que en ese momento él sentía, también Harry lo estaba sintiendo, con la única diferencia que el muchacho sí podía expresarlo con lágrimas. Muy en su interior lo envidió por eso.

Pasaron largos minutos antes de que el profesor pudiera tranquilizarse, tiempo que el Gryffindor permaneció abrazado a él sin querer separarse. Cuando al fin pudieron hacerlo el profesor condujo a Harry hacia el sillón y después se sentó junto a él.

-No te oí llegar... –Le dijo mientras perdía su mirada oscura entre las llamas-. ¿Lo viste todo?

Harry sólo asintió en respuesta. Él había llegado poco después, y antes de que ellos se percataran de su presencia, el muchacho había preferido pasar al despacho para dejarlos hablar a solas. Pero al final, el dolor que sentía en el pecho por la empatía hacia ambos pudo más que su discreción. Él no había escuchado nada, pero sí había alcanzado a ver cuando el profesor lo había abofeteado. Y había sentido las emociones de ambos.

-Nunca lo había golpeado... –Le confesó el profesor, bastante molesto consigo mismo-. No sé qué me ocurrió. –Miró con detenimiento sus manos mientras las abría y las cerraba, una y otra vez-. He lastimado a tanta gente. He hecho tanto daño con éstas manos...

Sin pensarlo dos veces, Harry tomó las manos de su pareja entre las suyas, mientras cerraba sus verdes ojos y las guiaba con lentitud por todo su rostro y su cuello, al tiempo que con voz queda le murmuraba:

-No me importa lo que éstas manos hayan hecho en el pasado. –Las acarició con ternura y besó cada uno de sus largos y pálidos dedos mientras lo miraba a los negros ojos-. Para mí, Severus, son las manos más suaves que he conocido en mi vida...

El profesor no dijo nada. Sólo tomó el rostro de su alumno y lo acercó al suyo para besarlo con desesperación.

oooooooOooooooo

En otra parte del Castillo, en una habitación decorada con los colores de Slytherin, un joven de cabellos castaños se hallaba recostado sobre el sillón de la salita que muchas noches compartiera con su pareja en el Salón de los Menesteres.

Blaise Zabini sostenía entre sus dedos una cadena de oro con un dije, el cual refulgía con destellos dorados a la luz de las velas encendidas a su alrededor. Era el regalo que tenía planeado entregarle la noche siguiente, después de la graduación.

"Mañana cumpliríamos un año..." Pensaba con tristeza mientras cerraba los ojos recordando cada uno de los gestos de su adorado rubio cuando hacían el amor. "Yo tuve la culpa. Si desde un principio no los hubiera engañado..."

Recordó el número de veces que estuvo tentado a decirles la verdad. Él tenía la ilusión de presentarlos e ir dejando que se conocieran poco a poco. Trataría de involucrarlos sutilmente hasta que lograra hacer que se enamoraran. Después les confesaría a ambos que los amaba y si ellos así lo querían, se involucraría en sus vidas.

El muchacho secó una lágrima que corría por su mejilla, le dolía el corazón al saber que la mitad de él, que la mitad de su vida, había salido lastimado por su causa.

"Debe estar sufriendo..." Pensó mientras se abrazaba a un cojín, cerrando los ojos e imaginando que ese era el suave cuerpo de Draco. "Debe creer que ahora estoy con Oliver..."

Un escalofrío de preocupación recorrió su columna al imaginar que Draco podría decirle algo. Que él se hubiera enterado y perderlo lo lastimaba demasiado. Pero el sólo hecho de pensar en perderlos a los dos hacía que su corazón se paralizara de temor.

-Ellos son mi vida entera. –Dijo con voz queda entre sollozos-. No puedo vivir sin ellos...

Se levantó del sillón y se dirigió hacia la puerta. No sabía lo que haría ni cómo lo lograría, pero lucharía con todas sus fuerzas por recuperar el amor y la confianza de una de las dos personas a las que tanto amaba.

"Tal vez me dé una oportunidad..." Pensó mientras se dirigía a las mazmorras, su corazón latiendo deprisa y lleno de ilusión. "Tal vez si yo le explicara cuánto lo amo..."

Apuró el paso hacia su destino mientras sostenía con fuerza el regalo entre sus dedos. Un dije con la forma de la mitad de un corazón con su nombre y el de Draco, juntos.

oooooooOooooooo

-¿Cómo dices que se llama?

-Empatía, Harry.

-Hum... con razón pude saber lo que Draco y tú sentían. ¿Y dices que sólo me ocurrirá con las personas más cercanas a mí?

-Según Albus, sí.

El profesor acababa de contarle a Harry sobre su nuevo don, y después de explicarle con lujo de detalles lo que horas antes el director le explicara a él, Severus se dio cuenta que el muchacho lo había tomado con más tranquilidad de la que esperaba.

-Ahora podré saber cuando Ron o Hermione se encuentren tristes. O felices.

-Exacto.

-Pero... –Harry volteó a ver a su profesor, mientras jugueteaba con una botella de brandy en miniatura que adornaba el bar-. También sabré lo que sienta el profesor Dumbledore... y Hagrid, y Sirius y Remus, y los Weasley y... oh cielos... ¿Te imaginas? Voy a volverme loco...

-Tranquilo, Harry. –El profesor se levantó del sofá mientras se acercaba a su pareja-. No tendrás que sentir por necesidad todas sus emociones, ni mucho menos las sentirás a la vez.

-¿Entonces? –El muchacho dejó la pequeña botella en su lugar mientras acariciaba el pecho del profesor.

-Sólo sentirás aquéllas emociones que sean lo bastante intensas como para que puedas percibirlas en el momento.

-¿Como la tristeza de Draco?

-Así es.

-Ya entiendo... –El muchacho respiró, aliviado-. No quisiera imaginar lo que sucedería si todos ellos experimentaran una emoción intensa al mismo tiempo.

-No creo que exista esa posibilidad, Harry. –Severus lo abrazó mientas continuaba-. Además, cada vez que sientas una emoción tendrás que pensar en las personas que conoces y así sabrás de quién proviene el sentimiento. Supongo que al principio te costará trabajo, pero con el tiempo irás adquiriendo práctica. Y así, cuando veas a una persona, podrás intuir su estado de ánimo sin permitir que te afecte directamente.

-Eso espero. –Harry se sonrojó-. No me gusta eso de estar llorando todo el tiempo.

-Me imagino.

-¿Sabes? –El muchacho cerró los ojos mientras pensaba en el hombre que se encontraba frente a él-. Creo saber lo que sientes ahora.

-¿En serio? –Severus lo miró mientras se concentraba en el sentimiento que le provocaba-. ¿Qué estoy sintiendo ahora?

-Unas intensas ganas de besarme...

-¿No cree que es bastante presuntuoso de su parte, señor Potter? –Le reclamó el profesor mientras reprimía una sonrisa.

-¿Lo es?

El profesor apretó más contra sí el delgado cuerpo del muchacho mientras acercaba sus labios a los suyos.

-No... – Y lo besó con ardor mientras apretaba su cuerpo con más fuerza, lo que hizo que Harry gimiera dentro del beso-. Pero supongo que no era el único que lo quería. –Le dijo después de romper el contacto.

-En realidad... –Harry acarició al profesor por encima de la ropa mientras se pegaba más a él-. Yo quiero mucho más que un beso.

Y acto seguido volvió a besarlo mientras sostenía el rostro del profesor entre sus manos. Lo besó con fuerza, mordisqueando su labio inferior mientras profundizaba el beso. Ésta vez fue el profesor quien gimió.

Harry no quiso perder más tiempo. Sabía que le había prometido a Severus que esperaría, pero en realidad tanta espera ya lo había terminado de impacientar. Así que sin pensarlo dos veces acarició de manera íntima a su pareja, quien se tensó en el instante, y antes que el profesor pudiera replicarle nada, el muchacho pegó su cuerpo contra el suyo para hacer que Severus se excitara más.

Severus condujo a Harry hacia el sofá mientras comenzaba a acariciarlo, haciendo que su pareja se tendiera de espaldas con el profesor sobre él. El muchacho gimió en respuesta cuando el hombre besó su cuello mientras con la otra mano trataba de desabrocharle la camisa.

Él aprovechó para seguir acariciando sobre el pantalón del profesor. Abrió el cierre e introdujo su mano hasta que encontró la suave piel, cálida y húmeda, lo que hizo que Severus suspirara con intensidad al sentir la fría mano de Harry en ese sensible lugar.

-Severus... –Una voz femenina proveniente de la chimenea hizo que ambos se detuvieran en el acto-. ¿Estás ahí? ¿Severus?

-No le respondas... –Harry trató de continuar con lo que hacían, pero el profesor se levantó haciendo que el muchacho bufara de frustración.

-¿Sí, Poppy? –Severus se acomodó la ropa y se subió el cierre del pantalón-. ¿Se te ofrece algo?

-Te estuve llamando hace unas horas, pero al parecer no te encontrabas. –El rostro de la enfermera se vislumbraba a través de las llamas-. ¿Irás siempre a Hogsmeade?

-Es verdad... –El profesor se llevó una mano a la frente al tiempo que trataba de acomodarse el cabello, alborotado por los dedos de Harry-. Lo había olvidado por completo. Voy para allá.

Cuando el rostro de la enfermera desapareció se dirigió a Harry, el cual se encontraba aún recostado sobre el sillón, mirándolo con sus verdes ojos ardiendo de deseo.

-Lo siento. –Severus tomó su capa y se la puso. Después se acercó al muchacho para darle un ligero beso en los labios-. Quedé con Poppy para unas diligencias en Hogsmeade. Lo había olvidado.

-¿Te irás? –Harry se sentó en el sillón mientras observaba a Severus tomar un puñado de polvos-. ¿Me dejarás así?

-Harry... –El profesor lo miró con seriedad-. Ni siquiera debimos haber comenzado.

-Lo sé. –El muchacho suspiró, pesaroso-. Pero es que... te deseo tanto.

-Y yo a ti. –Severus se agachó para quedar frente a él mientras con la mano libre acariciaba sus negros cabellos-. Pero no debemos permitir que el deseo nos nuble otra vez. Ya te expliqué nuestra situación...

-Pero... –Un ligero sonrojo se reflejó en su rostro alabastrado mientras respondía-. Me duele. Ya sabes... quedarme así.

-A mí también. –Severus trató de sonreír pese a la dolorosa molestia que sentía-. Y estoy peor que tú, créeme.

-Entonces déjame ayudarte.

–Harry...

-Está bien. –Harry se levantó del sofá y se abrochó los botones de la camisa-. ¿Puedo esperarte aquí?

-Por supuesto, no tardaré mucho. Así podrás estar pendiente de Draco hasta que vuelva.

-Sí, claro. –Le dio un suave beso y dio un paso atrás-. Cuídate.

-Bien. –El profesor se paró frente a la chimenea y lanzó los polvos para ir a la enfermería.

Harry se quedó unos momentos más parado frente al lugar donde su pareja desapareciera, y con un largo suspiro de resignación se dirigió hacia la habitación de Draco. Entró sin hacer ruido, sólo para distinguir que el rubio estaba acostado en su cama, sumido en un sueño muy profundo.

-¿Qué le habrá ocurrido? –Se preguntó mientras lo observaba dormir, su rostro aún húmedo por las lágrimas que derramara. Salió de forma tan silenciosa como entrara y cuando se dirigía a la habitación de Severus, alguien tocó a la puerta.

-¿Quién será? –Se preguntó el Gryffindor mientras se acercaba para abrir.

-¿Potter? –Blaise Zabini se sorprendió cuando vio a quien le abrió la puerta-. ¿Qué haces en las habitaciones del Jefe de mi Casa?

-Eh... pues... –Harry se reprendió en su interior por el descuido, pero logró reponerse-. ¿Se te ofrece algo?

-¿Está el profesor? –Preguntó el castaño restándole interés al asunto, pues tenía cosas mucho más importantes en qué ocuparse.

-No. –Harry agradeció por dentro que el Slytherin frente a él no insistiera.

-Y... ¿Draco?

-Sí, pero está dormido.

-Necesito hablar con él.

Harry recordó que Severus le había comentado que ellos dos eran una pareja, por lo que no halló inconveniente alguno en dejarlo pasar.

-Está bien. –Se hizo a un lado y el castaño entró-. Pero no tiene permitido salir de aquí.

-Entiendo. –Zabini pensó que Harry se refería a cuestiones de seguridad, por lo que no hizo más preguntas. Y en vez de eso se dirigió hacia la puerta que el moreno le señaló, con el corazón encogido por la incertidumbre.

Después de que el muchacho de cabellos castaños entró y cerró la puerta, Harry se quedó pensativo unos momentos más. Se encogió de hombros y entró a la habitación de Severus, y tras ponerle un hechizo silenciador se dirigió hacia la cama. Aún tenía un gran dolor en su bajo vientre y necesitaba pronto alivio.

oooooooOooooooo

Narcisa Malfoy se miraba al espejo mientras se probaba el vestido nuevo que usaría en la graduación de su hijo. Después de todo, al final Lucius y ella habían decidido salir a la luz. Ambos extrañaban los lugares que frecuentaban, y aunque no pudieran estar todo el tiempo donde ellos quisieran, al menos se habían dado la libertad de visitar algunas tiendas de ropa para elegir el atuendo que usarían al día siguiente.

Lucius entró a la habitación y no pudo disimular una mirada de asombro al ver la belleza de su mujer. Tenía que reconocer que a pesar de que ya no era tan joven, aún conservaba un elegante atractivo que al paso de los años, se acentuaba mucho más.

-¿Cómo me veo? –Le preguntó su esposa mientras daba una vuelta completa, consciente de la buena impresión que le había causado a su esposo-. ¿Te gusta?

-Te ves hermosa, Narcisa. –El rubio se acercó a su esposa mientras la abrazaba por la cintura-. Eres la mujer más bella y elegante que he conocido en mi vida.

Ella agradeció con coquetería el cumplido, con un ligero beso en su mejilla. Después se quitó el vestido rojo con lentitud mientras que Lucius no la perdía de vista. Sabía los puntos débiles de su marido, y uno de ellos era que a él le gustaba mucho observarla mientras se cambiaba de ropa.

Cuando hubo terminado, se sentó en la cama junto a él mientras lo abrazaba.

-¿Crees que todo saldrá bien? –Le preguntó mientras acariciaba sus largos mechones rubios.

-Espero que sí, Narcisa. –Lucius recorrió con su mano el rostro de su esposa mientras le respondía-. Draco estará seguro en Hogwarts. Siempre lo ha estado.

-Entonces... ¿Por qué siento ésta opresión en el pecho que no me deja respirar? -Su esposo la abrazó al escuchar su confesión-. Lucius, tengo mucho miedo.

-Tranquila, Narcisa.

El hombre suspiró. Sabía que el temor de su esposa era justificado. Ellos conocían a la perfección la manera en cómo pagaba un infiel a Voldemort, y estaban conscientes que, desde el momento en que decidieron proteger a su hijo de él, se habían convertido en traidores.

–Tratemos de olvidarnos de todo por ahora. No tiene caso que vivamos temerosos todo el tiempo. Cuando llegue el momento de rendirle cuentas lo enfrentaremos. Todo va a salir bien, ya lo verás. Y cuando todo esto acabe, te prometo que nos iremos a pasar el verano a nuestra casa en Berna.

-Y llevaremos a Draco con nosotros.

-Por supuesto. Además, me gustaría que visitara la Universidad, para que vaya pensando en la carrera que elegirá.

-Lucius... –Narcisa se dio cuenta de que era el momento de hablar-. Hay algo que debes saber. Verás... Draco ya eligió la carrera que estudiará.

-¿En serio? –Lucius se mostró complacido-. ¿Cuál fue la carrera que eligió?

-Estudiará Pociones Superiores.

El rubio guardó silencio unos instantes.

-Me lo suponía. Y me imagino que querrá que Severus lo apoye en el desarrollo de su carrera.

-Así es. Además... ha decidido quedarse un año más en Hogwarts como su auxiliar. Él piensa que puede estudiar y apoyar a Severus al mismo tiempo. ¿Sabes? Creo que Draco en realidad quiere ocupar un puesto como profesor de pociones.

-Pero... –Lucius Malfoy no se mostró muy complacido a ése respecto-. ¿Por qué tiene que ser profesor? Existen muchas otras áreas donde un experto en pociones se puede desempeñar. Podría... no lo sé, poner un laboratorio o un negocio o...

-Pero no podemos obligarlo, Lucius. –Narcisa se puso de pie mientras se paseaba por la habitación-. Le hemos faltado muchos años. No hemos sido en realidad unos padres ejemplares para él. Y creo que ninguno de los dos tenemos el derecho de exigirle nada, cuando no hemos sido capaces de darle todo lo que él ha necesitado de nosotros.

Lucius se aproximó a su esposa mientras la abrazaba por la espalda.

-Tal vez tengas razón, Narcisa. A veces pienso que Draco quiere más a Severus.

-Y no lo culpo. –Narcisa dejó escapar un profundo suspiro mientras enfrentaba a su esposo-. No hemos sido lo que él ha esperado, mientras que Severus se ha esforzado todos estos años por suplirnos. Sería lo más lógico que lo quisiera a él más que a nosotros.

Lucius acercó a su esposa a su cuerpo y la abrazó por un largo momento.

-Pero todo eso va a cambiar, Narcisa. Si todo sale bien y logramos resolver nuestros problemas, nos encargaremos de que Draco recupere su confianza en nosotros.

-Eso espero, Lucius.

El rubio besó con total deleite a su mujer mientras la recostaba sobre la cama.

-¿Podríamos olvidarnos por ahora de los problemas? –Acarició con suavidad los tersos brazos de su esposa mientras deslizaba los delgados tirantes del camisón de seda de color borgoña que ella acababa de ponerse-. La noche es larga...

Narcisa sólo cerró los ojos cuando sintió las hábiles manos de su esposo rozando con delicadeza la piel del cuello, mientras terminaba de bajar el camisón. Ella se estremeció al sentir sus cálidos labios sobre su fría piel, al tiempo que enredaba sus dedos entre las largas hebras rubias. Él fue recorriendo con húmedos besos cada centímetro hasta llegar a sus senos, donde besó y lamió mientras estrujaba con deleite cada uno de ellos, haciendo que su esposa gimiera en aprobación.

Las manos de su esposo acariciaban con habilidad cada parte de su cuerpo. Sus labios hacían otro tanto y Narcisa recorría con la punta de sus dedos su cálida piel. El rubio descendió poco apoco hasta ubicarse entre sus piernas, al tiempo que perdía su cabeza entre ellas.

Narcisa dejó atrás todo rastro de temor mientras se entregaba a las caricias de Lucius, quien ahora saboreaba con deleite el agrio sabor de su sexo, demasiado conocido por él después de tantos años de matrimonio. Ella abrió más las piernas, solícita, para permitirle más acceso. El rubio introdujo dos de sus largos dedos en su interior mientras le procuraba placer con la lengua. Ella sólo cerró los ojos mientras se dejaba llevar por las olas de placer que la envolvían.

Su esposo se dio cuenta que ella estaba próxima a su orgasmo y aumentó sus movimientos. Narcisa apretó la cabeza de su esposo entre sus piernas en un acto reflejo, lo que hizo que Lucius intensificara la fricción de su lengua sobre su zona más sensible. Ella sólo gimió con intensidad en respuesta al tiempo que todo en su interior se estremecía.

Lucius siguió acariciando a su esposa mientras ella trataba de recuperar poco a poco la respiración. Y antes de que terminara de reaccionar la giró hasta dejarla boca abajo y se colocó entre sus torneadas piernas, para introducirse dentro de ella con suavidad y de una sola embestida. Narcisa se sostuvo sobre la cama con brazos temblorosos, resistiendo los embates de su esposo sin dejar de estremecerse.

A ella le gustaba que su esposo le hiciera el amor de esa manera, sin dejarle un solo instante para respirar. Él entraba y salía de su interior con la experiencia propia de sus años vividos. Ella nunca había querido averiguar dónde había aprendido Lucius a amar de esa forma, pero en su interior le agradecía a la persona que le había ayudado a obtener ésa experiencia, y que ahora ella disfrutaba con el que era su marido.

Poco tiempo después, ambos se encontraban exhaustos, uno junto al otro. Lucius se sentía mejor por haber hecho olvidar a su esposa su preocupación, aunque fuera sólo por unos momentos. Ella se mantenía abrazada a él mientras acariciaba su amplio pecho. Ninguno de los dos hablaba, cada uno de ellos se encontraba sumergido en sus propios pensamientos.

Narcisa no quería decirle nada a su esposo, pero aún después de haber hecho el amor todavía sentía esa opresión en el pecho que hacía que se le dificultara respirar. Y aunque trataba de cerrar su mente y alejar el temor, éste había hecho nido en su corazón, haciéndole sentir demasiado vulnerable. Como jamás en su vida se había sentido antes.

Y es que estaba muy consciente de que ellos eran mortífagos que habían osado traicionar a Voldemort, y sabía muy bien que sus horas estaban contadas.

Continuará...

Próximo capítulo: Sangre, sudor, lágrimas.

Notas: Gracias a todos por sus reviews, y a quienes siguen la historia.

Besitos.

K. Kinomoto.