Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews.

Hola Sedex. Me da mucho gusto volver a ver tus reviews por aquí. No te preocupes por eso de que ya deliras, creo que todas las que amamos a Severus deliramos por él. Como puedes ver, Narcisa ya murió y a Lucius no le está yendo muy bien. Parece que eres algo malita con Blaise, pobrecito, él sólo cometió el error de enamorarse de dos a la vez, ¿A que no son lindos? ¿Tú no te enamorarías de ellos también? Más adelante verás cómo se arregla el asunto de la tutela con Lucius vivo. Espero que éste capítulo te guste y muchas gracias por tus comentarios. Besitos.

IX

Déjame llorar por ti.

Segunda Parte.

Severus salió del baño con las huellas de los golpes aún en su rostro. Acababa de dejar a Draco en su habitación, tras asegurarse que el muchacho durmiera tranquilo. Después de eso le había entregado su ropa a un elfo doméstico para que se la lavara. Curó lo más que pudo las heridas que los puños de Draco le dejaran y ahora se deslizaba con sigilo entre las sábanas procurando no despertar a su pareja.

Después de acomodarse lo mejor posible abrazó con suavidad el cuerpo delgado de su ex alumno y suspiró. Absorbió el aroma de sus cabellos despeinados, desparramados con exquisito descuido sobre la almohada. Jamás se cansaría de oler esa fragancia que despertaba sus instintos más primitivos. Había sido un gran atino la elección de ese perfume.

Movió su mano para posarla sobre su cintura, y cuando se sintió más cómodo cerró los ojos. Trataría de dormir unas cuantas horas. Harry sintió el peso de la mano de Severus sobre él y despertó poco a poco, sus verdes ojos abriéndose y encontrándose con los profundos ojos negros de quien hasta ésa noche fuera su profesor de pociones.

-¿Qué hora es? –Preguntó el joven mientras terminaba de despertarse.

-Acaba de amanecer... –Severus acarició la lozana piel de su rostro-. Sigue durmiendo.

En ese instante Harry vio los golpes en la cara de Severus.

-¿Qué te ocurrió? –Le preguntó alarmado mientras se sentaba y lo observaba con detenimiento, buscando alguna herida de consideración.

-No es nada, no te preocupes.

-¿Cómo te hiciste esos golpes?

-Fue Draco. –Harry frunció el ceño en clara molestia-. No le sentó bien la noticia. Ya sabes...

-Ya veo... –Harry acarició cada uno de los golpes en el maduro rostro-. Pero eso no le da derecho a golpearte. ¿Por qué lo hizo?

-Está desconsolado, Harry. Y muy molesto conmigo. Él sabe que yo estuve ahí y... bueno...

-No me digas que te culpó por lo ocurrido... –Harry movió la cabeza de un lado a otro, bastante molesto-. Eso no es justo. Tú no eres responsable de la muerte de su madre. Pero va a escucharme...

-No harás nada de eso, Harry. –Severus tomó su rostro entre sus manos mientras continuaba-. Debes comprender que está pasando por un momento muy doloroso. Acaba de perder a su madre. Y su padre... un cruciatus le provocó que no pueda volver a caminar.

-Lo siento... –El muchacho se sintió apenado-. No lo sabía.

-Por supuesto que no. Poppy nos dio la noticia cuando terminó de atenderlo. Dijo que tal vez pueda volver a hacerlo, pero que necesitará mucha atención y perseverancia.

-¿Entonces hay esperanzas?

-Supongo que sí.

-¿Dónde está Draco?

-En su habitación, durmiendo. Albus tuvo que lanzarle un hechizo. –Suspiró mientras recordaba lo ocurrido-. Estaba muy alterado. Espero que más tarde esté mejor, para que pueda ver a sus padres.

Harry volvió a recostarse entre los brazos de Severus mientras éste bostezaba, bastante cansado.

-¿Por qué no tratas de descansar un poco? –Harry lo arropó con la sábana lo más que pudo-. No has dormido nada en varias horas.

-Me gustaría... –Severus se movió quedando Harry más unido a él-. Pero creo que a tu lado lo que menos me apetece es dormir.

Harry sonrió con ligereza mientras permitía que los labios de Severus se adueñaran de los suyos, en un beso profundo y lleno de sentimientos que lo subyugaron. Gimió con suavidad cuando sintió las hábiles manos recorrer todo su cuerpo por encima de su pijama.

El joven correspondió posando sus manos sobre sus hombros y deslizándolas con lentitud por sus brazos, sintiendo su firmeza bajo la suavidad de la tela que los cubría. Suspiró cuando los labios maduros probaron el sabor de su cuello y recorrieron de forma traviesa la parte debajo de su barbilla, produciéndole deliciosas cosquillas.

Harry rió con suavidad en el oído del profesor, lo que provocó que el otro suspirara y se apretara más a él. El muchacho deshizo los botones de su pijama e introdujo sus manos mientras la abría por completo, dejándole ver su pecho, pálido y con algunos vellos oscuros que comenzaban en sus pezones y se perdían en la parte baja de su estrecha cintura.

Temblando por la visión tan exquisita que se le presentaba, Harry acercó sus labios y besó cada centímetro de esa piel que palpitaba, cálida y suave, bajo sus caricias. Sintió los dedos de Severus enredándose en sus cabellos mientras él probaba por primera vez el sabor de esa piel clara y deliciosa. Severus suspiró, estremecido, cuando uno de sus pezones fue absorbido y mordisqueado, para después ser humedecido y besado con deleite. Cerró sus negros ojos cuando su otro pezón comenzó a recibir el mismo trato.

Harry se dio el lujo de perderse por un momento en la suavidad de su estómago. Subiendo hasta el palpitante cuello y besando otra vez esa deliciosa boca. Lo observó por un breve instante, queriendo perderse en la negrura de sus bellos ojos. Severus seguía con los ojos cerrados. A Harry le fascinó la visión de ese hombre, a menudo parco y serio, con el rostro sereno y sonrosado y una suave sonrisa en sus labios.

Volvió a besarlo, deseando sentir su lengua cálida y firme explorando cada rincón de su boca. Pero no sucedió. Harry volvió a intentarlo, pero Severus no se movió.

-¿Severus? –Harry esperó una respuesta por parte de su pareja, pero con genuina sorpresa vio que se había quedado dormido-. No puede ser... no puede ser...

Recargó su rostro sobre su pecho y sintió la respiración, suave y pausada, del hombre que tanto amaba. Se separó de él y abrochó de nuevo los botones de su pijama mientras suspiraba. Terminó de abrigarlo con la sábana y se acomodó junto a él.

-Está bien... –Le dijo en un susurro-. Tenemos todo el tiempo del mundo para esto.

Terminó de taparse con la sábana y le dio un último beso antes de acurrucarse lo más cerca posible, sintiendo su calor.

-Pero la próxima vez me aseguraré que hayas dormido por lo menos una noche entera...

oooooooOooooooo

Ron abrió sus ojos grises cuando sintió el calor del sol tocando su rostro. Se estiró, mientras se desperezaba, y volteó a ver a la persona a su lado. Hermione se hallaba dormida junto a él, su cabeza recargada sobre su hombro y una de sus manos sobre el pecho del muchacho.

Durante el baile de la noche anterior decidieron romper las reglas por última vez y escaparse. Habían encontrado meses atrás una sala oculta detrás de la prefectura. Desde entonces la habían adoptado y acondicionado como suya, y muchas veces habían recibido la luz del día en ésa que ya consideraban como su habitación privada.

Ellos sabían que a partir del momento en que regresaran a la Madriguera, muy pocas veces iban a tener la oportunidad de estar a solas. Así que habían decidido aprovechar el tiempo y estuvieron haciendo el amor durante toda la noche, hasta que cayeron rendidos.

La muchacha comenzó a despertar al sentir que la mano de su novio acariciaba su rostro. Después del beso de buenos días ella se estiró como una gatita y al hacerlo quedó a la vista del muchacho su, ya bien formado, cuerpo de mujer. Él suspiró al sentirse afortunado de tenerla entre sus brazos.

Contemplaron la claridad del día a través de la ventana, en completo silencio, cada uno disfrutando de la compañía del otro. Hasta que la voz de él se dejó escuchar en el silencio de la habitación.

-¿Crees que ya se habrá servido el desayuno?

Hermione sonrió. Su novio nunca cambiaría.

-No sé que hora es. –Se acercó más a él para refugiar su rostro en su cuello-. ¿Quieres que ya nos vayamos?

-Claro que no. Me encanta estar así. –Ron envolvió la estrecha cintura y la acercó más a él-. Es sólo que quiero hablar con Harry. No olvides que nuestro carruaje saldrá dentro de unas horas y todavía no sabemos qué va a pasar con él.

-Es verdad... no lo hemos visto desde anoche.

-Tal vez se fue a dormir a las mazmorras. –Dejó ir una pequeña risa mientras continuaba-. Con toda seguridad que ya se le hizo con Snape...

-¿Tú crees? –Hermione no pudo evitar reír con él.

-¿Sabes? Nunca me imaginé que el profesor se hiciera tanto del rogar. Mira que siendo tan feo y Harry como un bobo por él...

-Eso no es cierto. –Hermione decidió contradecir a su novio-. Snape no es feo. A mí me parece que es un hombre interesante. Tiene una personalidad muy fuerte y atrayente. Tiene un... algo, que hace que las miradas se dirijan a él a su paso.

-Ya, ya... –El muchacho se estaba poniendo celoso-. ¿De cuándo acá le pones tanta atención?

-Dejémoslo así, ¿Quieres? –Hermione pasó un dedo por los labios de su novio. No quería prolongar una discusión que no venía al caso. Si bien era cierto que a ella, como a muchas otras jóvenes del Colegio, el profesor Snape le parecía un hombre muy interesante, eso no significaba que tuviera que gustarle. A ella le gustaba el joven que ahora estaba a su lado y no tenía pensado cambiarlo por nadie.

Y más cuando el joven en esos momentos acariciaba su piel como sólo él sabía hacerlo. Hermione suspiró mientras se entregaba a sus caricias y permitió que una vez más la hiciera suya. Quién sabe cuándo volverían a estar así, y quería demostrarle que lo amaba, de la misma forma en que él ahora se lo demostraba.

A partir de ese momento a ninguno de los dos le importó la hora. Ron se olvidó del desayuno y de Harry, mientras ella se olvidaba hasta de su propio nombre.

oooooooOooooooo

Blaise Zabini caminaba por los pasillos del Colegio. Ésa mañana se había levantado muy temprano con la intención de ir a ver a Oliver a sus habitaciones, antes de presentarse a desayunar. No habían hablado sobre dónde se verían después de que él se fuera. Y no quería marcharse sin dejar el asunto resuelto.

Pero al llegar a la habitación de su pareja, se había encontrado con la sorpresa de que no estaba. Pensando que tal vez aún siguiera en la enfermería, desvió su camino y se dirigió hacia allá. Cuando llegó se encaminó hacia la oficina de Madame Pomfrey. Lo encontró muy concentrado leyendo un libro. Se acercó a él y lo besó en la mejilla, sorprendiéndolo.

-Hola... –Le besó el moreno mientras cerraba el libro que leía-. ¿Qué haces aquí? Te hacía en el Gran Comedor.

-Fui a buscarte a tu habitación. –Blaise se sentó en una silla frente a él y empezó a curiosear el libro que el otro acababa de dejar-. Quería ponerme de acuerdo contigo para vernos después de que me vaya. ¿Buscarás departamento o volverás a tu casa?

-No puedo volver a casa. Mi padrastro sigue viviendo en ella.

-¿No puedes correrlo aún?

-Puedo hacerlo mediante una demanda ante el Ministerio... pero tendría que enfrentarme a él en un juicio. –Negó con la cabeza-. No quiero tener ningún contacto con él. Mientras menos nos crucemos en el camino, mejor. –Suspiró-. Hablé con el director y me autorizó quedarme durante las vacaciones hasta que encuentre un departamento.

-Cuando lo encuentres no te olvides de enviarme una lechuza. Quiero conocerlo.

-Cuenta con eso. Blaise...

-¿Sí?

-No... nada. –Oliver prefirió callar. Le hubiera gustado mucho poder decirle lo de su hijo, pero todavía no era algo seguro y decidió que se lo diría cuando fuera el momento. Además, él quería pedirle que se mudara con él cuando encontrara departamento. Blaise vivía solo y Oliver no quería que siguiera haciéndolo. Y tampoco él quería vivir solo.

Se acompañarían el uno al otro y, si Blaise así lo quería, esperarían juntos a su hijo y formarían la familia que siempre había soñado. Él sabía que Blaise lo amaba y que no pondría objeción alguna en irse a vivir con él. Y mucho menos cuando se enterara que tendrían un hijo.

"Pero eso será después. Aún faltan unos cuantos días para saber si la poción funcionó, o no. No le diré nada hasta entonces..."

-Y dime... ¿Se puede saber qué haces aquí todavía? –Le reprendió Blaise con suavidad mientras acercaba su rostro al de su pareja, alejándolo de sus pensamientos-. ¿No crees que Poppy está abusando demasiado de tu buena voluntad?

-Tranquilo... –Oliver lo miró a los ojos color aceituna-. Estoy aquí porque sucedió algo en la madrugada.

-¿Ah, sí? –Blaise frunció el ceño, la mirada interrogante-. ¿Algo grave?

-Bastante. Escucha... –Oliver se puso de pie y cerró la puerta de la oficina-. Lo que te diré es algo muy confidencial y no debe salir de aquí.

-¿De qué se trata? –Preguntó el joven de pelo castaño, mientras se enderezaba en su asiento, poniendo toda su atención.

-Verás, anoche... trajeron el cuerpo de una mujer. Había sido torturado y después parece que le lanzaron el Kedavra.

-¿La conocías?

-Sólo de vista. Y creo que tú también. –Ante la mirada interrogante de su pareja-. Era la madre de uno de tus compañeros.

-¿Quién? –Blaise sintió que algo se atoraba en su garganta. Tenía un mal presentimiento.

-La señora Malfoy.

El muchacho bajó la cabeza, aturdido, mientras seguía escuchando la voz de Oliver, que cada vez le parecía más lejana.

-La trajeron envuelta en una capa y con una máscara blanca, la que usan lo mortífagos... Madame Poppy la estaba examinando cuando en ese momento llegó el profesor Snape. Tenía otro cuerpo en sus brazos. –Blaise seguía escuchando-. Estaba cubierto por una capa. Creíamos que también estaba muerto. Pero el profesor Snape dijo que estaba muy malherido. Cuando le quitó la capa vimos que era el señor Malfoy...

-Dices... que el señor Malfoy... –Blaise sacudió la cabeza, bastante turbado por la noticia-. ¿Él también murió?

-No. Madame y yo pudimos curar sus heridas. Pero... sufrió un trauma muy serio en la espalda y parece que no podrá caminar... al menos durante un buen tiempo. Pero ¿Sabes? Creo que si el profesor no lo hubiera traído a tiempo, no se hubiera salvado... Blaise... ¿Estás bien?

-¿Dónde... están?

-Ella está en una habitación especial. La tienen en una especie de urna. Transparente, de cristal.

-Quiero verla.

-Pero... –Oliver dudó-. Blaise, no creo que sea conveniente. Si Madame llegara...

-Por favor... –El moreno vio con sorpresa la súplica impresa en la mirada de su pareja. Accedió.

Hizo que lo siguiera hasta el fondo de la enfermería, donde una puerta franqueaba el paso. El muchacho pronunció un hechizo y la puerta se abrió. Entraron y de inmediato Blaise sintió un frío intenso. La habitación había sido encantada hasta tener una temperatura bastante baja. Se frotó los brazos mientras se iba a cercando con lentitud a la urna.

Se quedó unos momentos en silencio, mientras contemplaba el rostro de la madre de Draco.

-¿Verdad que era hermosa?

-Mucho. –Suspiró mientras dejaba que Oliver lo abrazara por detrás-. ¿Dónde está su padre?

-Vamos...

Salieron del lugar, no sin que antes Blaise pasara una tímida mano sobre la urna a la altura del bello rostro. Como una despedida.

-Te advierto que no será muy grato lo que verás. –Le comentó el moreno mientras se acercaban a la habitación-. Llegó en muy mal estado y aún hay heridas visibles en muchos lugares. Sobre todo en su rostro.

Blaise asintió mientras lo seguía de cerca. Después de que Oliver volvió a pronunciar una contraseña la puerta se abrió. Blaise entró después que él.

-Aún no despierta. Madame dijo que tardaría varias horas.

El castaño observó al hombre postrado en la cama, mientras trataba de encontrar en ese rostro lastimado, algunas facciones de quien alguna vez conociera como el padre de Draco.

-¿Su hijo... ya lo sabe? –Preguntó mientras seguía observando el rostro dormido del señor Malfoy.

-Supongo que sí. Escuché decir al profesor Snape que hablaría de una vez con él. –Oliver verificó los signos vitales y después se dirigió a la puerta. Blaise lo siguió.

-¿A qué hora fue eso?

-Casi al amanecer. –Volvieron a la oficina, donde Oliver volvió a tomar asiento. Blaise se quedó parado en la puerta-. ¿Irás a desayunar? ¿Por qué no me esperas y nos vamos juntos? Madame Poppy no tardará en llegar.

-¿Sabes? Tengo que irme. Yo... te veré después. ¿Vendrás a despedirme?

-Claro, pero...

Blaise se acercó a él y le dio un beso. Acarició su rostro y después de decirle que lo amaba se marchó.

-Pero... quería que desayunáramos en mi habitación.

Oliver habló a la nada mientras volvía a tomar su libro. Después de un largo suspiro se dispuso a esperar la llegada de la enfermera para poder irse a desayunar.

oooooooOooooooo

Remus abrió sus dorados ojos para encontrarse con la imagen más sugerente que había visto nunca. Sirius acababa de salir del baño después de una ducha y ahora se encontraba con sólo una toalla rodeando su cintura.

-Bueno días, Remus. –El animago levantó su mano en señal de saludo-. Disculpa el abuso de confianza, pero tuve ganas de darme un baño y pensé que sería una grosería irme a mi casa sin avisarte. Además, no quería despertarte.

El licántropo sólo atinó a mover la cabeza mientras lo observaba vestirse sin ningún pudor.

-No creas que está sucia. –Le señaló el bóxer rojo que estaba por ponerse. Remus sintió la sangre dirigirse hacia abajo-. Le pedí a un elfo que lavara toda mi ropa mientras me bañaba. Me la tuvo lista enseguida. ¿Sabes? Los elfos de éste Castillo sí son eficientes. Los míos a veces son unos holgazanes...

Remus permanecía sentado en la cama, la delgada sábana cubriendo apenas su creciente erección. Sirius se retiró la toalla y entonces el licántropo pudo apreciar ese cuerpo que durante años había deseado, en todo su esplendor.

Él recordaba el cuerpo del adolescente, delgado con algunos músculos marcados bajo una piel blanca y sin marcas. El cuerpo del hombre que ahora tenía enfrente era muy diferente. Sus músculos estaban mucho más desarrollados, su cintura seguía siendo estrecha y su piel seguía siendo clara. Más clara aún que antes por los años que estuvo encerrado en prisión. Y tenía algunas marcas de cicatrices aquí y allá, aunque no tantas como él.

-¿Y? ¿Piensas quedarte toda la mañana en esa cama? –El animago terminó de vestirse sin tener idea del efecto que ese simple acto provocaba en su mejor amigo-. Porque ya es la hora del desayuno. Además, tengo que hablar con Harry.

-¿Por... por qué no me esperas en la sala? –Remus se tapó aún más con la sábana-. Saldré en un momento.

-De acuerdo. –El animago salió de la habitación. Remus alcanzó a oír su voz antes de levantarse de la cama-. Pero date prisa. Me muero de hambre.

Remus suspiró aliviado mientras se retiraba con suavidad la sábana que cubría su miembro adolorido. Se levantó con esfuerzo y se dirigió al baño. Abrió la llave del agua fría mientras maldecía al animago, por provocativo.

-Y eso que no lo hace a propósito... –Se dijo mientras temblaba bajo el chorro helado-. ¿Qué sería de mí si se lo propusiera?

oooooooOooooooo

¡Crash!

Harry despertó sobresaltado al escuchar ese ruido. Vio que Severus aún dormía. Puso atención para ver si podía escucharlo otra vez.

¡Crash!

Ésta vez Severus también lo había escuchado. Ambos se levantaron a toda prisa para ver de dónde provenían. Cuando salieron a la sala se dieron cuenta que procedían de la habitación de Draco.

Severus puso una mano en el picaporte de la puerta y trató de girarlo. Pero se dio cuenta que estaba cerrada. Levantó su varita y trató con un "alohomora", pero la cerradura no cedió. Harry se asomó por debajo de la puerta y se dio cuenta que el rubio había atravesado un objeto detrás de ella, trabándola.

-No podremos abrirla. –Le informó a su pareja, quien aún seguía intentándolo-. Está trabada por dentro.

-Draco... ¡Draco! –Severus golpeó la pesada madera al escuchar que el rubio seguía estrellando objetos.

-¡Déjenme en paz! –Otro ruido volvió a escucharse, ésta vez había sido estrellado contra la puerta.

-Cálmate, Draco. –Harry trató de razonar con él-. Sé lo que estás sintiendo. ¿Por qué no me dejas entrar para que hablemos?

-¿¡Qué no entienden? ¡Quiero que me dejen tranquilo! ¡Déjenme en paz! ¡No quiero hablar con nadie!

Otro ruido de cristales rotos se dejó escuchar al mismo tiempo que alguien tocaba a la puerta. Severus bufó ante la interrupción mientras se dirigía hacia ella. Pagaría quien se atrevía a molestar a horas tan inoportunas.

-¿Otra vez usted? –Preguntó el profesor cuando vio a Blaise Zabini frente a él-. ¿Qué no tiene una vida?

-Lo siento, profesor... –El muchacho se mostró muy apenado-. Sé que aún es muy temprano, pero necesito ver a Draco. ¿Puedo hablar con él?

En ese momento se escuchó otro ruido de cristales rotos y la voz alterada de Draco. Miró al profesor, su rostro lleno de preocupación.

-Le permitiría verlo, pero como se puede dar cuenta... no está en condiciones de recibirlo.

-¿Qué es lo que ocurre, profesor?

-Eso, señor Zabini, no es de su incumbencia. Así que si nos disculpa...

-Por favor, profesor. –El muchacho puso la mano sobre la puerta para evitar que se cerrara-. Déjeme ver si logro tranquilizarlo.

-¿Qué le hace pensar que yo no puedo hacerlo?

-No quise decir eso, señor. –Blaise comenzaba a desesperarse-. Es sólo que lo conozco bien y bueno... creo que puedo ayudarlo.

Severus se quedó pensando unos momentos. Otro ruido se escuchó y entonces tomó la decisión.

-De acuerdo. –Le dejó pasar-. Pero le advierto que no me haré responsable de lo que pueda pasarle dentro de ésa habitación.

-Gracias, profesor. –Blaise se dirigió hacia la habitación de Draco y se detuvo frente a la puerta. Pareció no importarle ver a Harry en pijama junto a él. El rubio aún seguía gritando y Blaise levantó la voz por sobre los gritos del rubio.

-Draco... Draco, soy yo... Blaise... –Los gritos dejaron de escucharse-. ¿Estás bien?

-¿Qué es lo que quieres? –Aunque Draco no dejó de gritar, su voz se escuchó un poco más calmada.

-Hablar contigo. ¿Me dejas entrar?

-¿Para qué?

-Para que hablemos. –Blaise seguía recargado en la puerta. Harry se hizo a un lado y fue a pararse a unos prudentes metros de distancia, junto a Severus.

-Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. –El rubio siguió rompiendo diferentes clases de objetos-. ¿Por qué no te vas con tu enfermero y me dejas en paz?

Harry y Severus se miraron al escuchar ésas palabras. Un brillo de comprensión cruzó ambas miradas mientras Blaise seguía intentándolo.

-¿Sabes una cosa, Draco? –Silencio del otro lado-. Mi carruaje está por salir y pronto me iré. Y si no me dejas pasar entonces jamás podré responderte aquella pregunta que me hiciste.

Harry y Severus volvieron a mirarse, frunciendo el ceño mientras ponían atención. Ellos querían saber a qué pregunta se refería el castaño. Pero se sorprendieron cuando, en vez de escuchar los gritos de Draco, oyeron que la puerta se abría, dejando pasar a Blaise.

Harry tomó de la mano a Severus y lo condujo hacia su habitación. Lo que ésos dos quisieran arreglar, tenían que hacerlo a solas.

-Tengo hambre. –Le dijo Severus mientras se sentaba en la cama, junto a él-. Y ya que no pudimos ir al Comedor, ¿Te parece bien si pedimos el desayuno?

-¿Quieres que desayunemos aquí, solos?

-Así es... –Le respondió mientras mordisqueaba el lóbulo de su oreja.

-Severus... –La voz de Albus Dumbledore los interrumpió.

-¿Qué ocurre, Albus? –Severus se puso de pie y se encaminó a la chimenea. Harry se recostó en la cama, esperando a que Severus terminara de hablar con el Director.

-Disculpa que te moleste, pero... ¿De casualidad se encuentra Harry contigo?

Harry se levantó de un brinco cuando escuchó su nombre. Y se apresuró a responder.

-Sí, profesor. Aquí estoy.

-Hola, Harry. Me alegra encontrarte. –El director hizo una pausa-. ¿Dormiste bien?

-Eh... sí, profesor. Gracias.

-Qué bueno, porque Sirius te está esperando. Dice que quiere hablar contigo.

-¿Sirius? ¿Aún sigue aquí?

-Así es, Harry. Y te sugeriría que te dieras prisa. Te está esperando en el Comedor.

-Está bien. Voy para allá.

Cuando el rostro del director desapareció entre las llamas, se miraron, la frustración reflejada en sus rostros.

-Será mejor que te des prisa.

-¿Me dejarás bañarme aquí?

-No sería la primera vez que lo hicieras. –Severus buscó las ropas del muchacho y las dejó sobre la cama-. Sería buena idea que pasaras primero a tu Casa a cambiarte. No querrás darle explicaciones de porqué tienes puesta la misma ropa de noche.

-Tienes razón. –Harry se quitó con lentitud la parte superior del pijama-. ¿Por qué no te bañas conmigo?

Severus sonrió ante la provocación de su pareja, pero no se dejó intimidar.

-Gracias por tu invitación, pero tendré que declinarla. –Lo empujó con suavidad hacia el baño-. Yo ya me bañé.

Cuando el muchacho entró, Severus sacó de su clóset una camisa y un pantalón. Se quitó el pijama y comenzó a vestirse. Por un instante se sintió tentado a seguir a Harry, pero en vez de eso se dio prisa en terminar de arreglarse y salió a la sala a esperarlo.

Mientras esperaba que Harry terminara, se sentó en su sillón frente a la chimenea y se puso a pensar en lo que estaba ocurriendo entre ese muchacho y su ahijado. Le extrañó no seguir escuchando ruido de objetos rotos, lo que indicaba que las cosas no iban tan mal. Pero había algo en todo aquello que no dejaba de intrigarle.

Recordó entonces que la noche anterior vio a Zabini bailando de forma comprometedora con el auxiliar de Poppy.

"¿Será Zabini la pareja de quien hablaba el señor Wood?" Se preguntó mientras se recostaba en el sillón y miraba con fijeza hacia las llamas. "Si es así, entonces él debe ser el padre del bebé que con seguridad esperará. Hum... no quiero ni imaginar la reacción de Draco cuando se entere..."

Movió la cabeza de un lado a otro, al tiempo que un pensamiento cruzaba su mente.

"Wood estará esperando pronto un hijo de Zabini gracias a la poción que el mismo Draco elaboró. Eso sí que es irónico... me pregunto en qué irá a terminar todo esto".

-Estoy listo. –Severus se levantó del sofá mientras observaba a Harry, recién bañado, frente a él.

-¿Por qué no mandas a volar a ese perro y te quedas conmigo todo el día? –Lo abrazó mientras acariciaba sus húmedos cabellos.

-Me encantaría, pero... –El muchacho jugueteó con los botones de su túnica-. Si el director tuvo que localizarme es porque Sirius tiene algo importante qué decirme.

-Con toda seguridad se trata de lo que te conté anoche.

-Yo también lo creo. –Lo besó con dulzura-. ¿Saldremos a pasear ésta tarde?

-Por supuesto. –El profesor lo estrechó más contra él-. ¿Te parece bien si nos vemos en el lago?

-No te burles de mí... –El muchacho hizo un mohín-. Sabes que no puedo salir del Castillo.

-Todo lo que está en los límites de las barreras de protección pertenece al Castillo. El lago está en los terrenos del Castillo, Harry. Por lo tanto será como si no salieras de él.

-Está bien. –Lo besó durante un largo momento-. Nos veremos después.

Cuando el joven se retiró, Severus se quedó un momento más observando hacia la habitación de su ahijado. Suspiró hondo y se dirigió a su despacho. No tenía ganas de ver la cara de Black, así que haría algo de tiempo antes de presentarse en el Gran Comedor.

oooooooOooooooo

-Hola, Harry...

-Buenos días, Ron. –El pelirrojo se hizo a un lado para dejar espacio a que su amigo se sentara. Harry volteó hacia la mesa de los profesores y alcanzó a ver a Sirius, charlando muy animado con el director. Estaba sentado en el lugar de Severus. Levantó su mano, saludándolo.

-Ha estado preguntando por ti. –Le dijo Ron, mientras señalaba con la cabeza hacia donde Harry saludara momentos antes-. Como no sabíamos dónde estabas, Hermione y yo le dijimos que te habíamos dejado dormir un rato más.

-Te lo agradezco, Ron. –El moreno bebió un sorbo de jugo y se sirvió un pan untado con mantequilla-. ¿Ya tienes tus cosas listas?

-Así es. –El joven de ojos grises lo observó con detenimiento-. Tienes ojeras, ¿Dormiste bien?

-Hum... para serte honesto, no. –El muchacho miró hacia donde estaba sentada Hermione. Ella estaba platicando con una compañera, ajena a la conversación de ellos dos-. Anoche sucedió algo...

-No me digas que Snape y tú al fin... por favor, dime que sí o perderé la apuesta con Hermione. –El moreno movió la cabeza de un lado a otro en un gesto de negación-. ¿Entonces?

-Hubiera querido que fuera eso pero... –El muchacho hizo una pausa para mordisquear el pan, sin muchas ganas-. Por desgracia, no. Escucha... no podemos hablar aquí. Y como tengo que ver a Sirius, dudo mucho que pueda contárselos. Pero en cuanto haya oportunidad lo haré.

-¿Es algo serio?

-Más de lo que te imaginas. –Harry vio que Sirius se acercaba a la mesa-. Luego hablamos. Hola, Sirius.

-Hola, muchachos. –El animago palmeó el hombro de su ahijado-. Cuando termines de desayunar te espero en el despacho de Remus.

-Claro. Ahí estaré.

Cuando Sirius se retiró, ellos volvieron a su desayuno. Ron siguió observando un rato más a su compañero, quien apenas probó bocado. Poco después Harry se ponía de pie.

-¿Ya terminaste? –Le preguntó su amigo, sorprendido-. Pero si no has comido nada.

-No tengo mucha hambre... –Aún seguía rondando en la mente del muchacho la pesadilla de la noche anterior, lo que le provocaba náuseas-. Será mejor que vaya con Sirius.

-De acuerdo. Te veré más tarde, cuando nos vayamos a la estación.

-Por cierto... –Harry recordó de repente-. No iré a la estación con ustedes.

-¿Y eso? ¿Por qué? –Preguntó Hermione, quien había visto a Harry levantarse para salir del Comedor.

-Les contaré más tarde. –Les dijo mientras se alejaba-. Pero iré a despedirlos.

Ron y Hermione se miraron el uno al otro, extrañados por la actitud esquiva de su amigo. Lo observaron hasta que desapareció por la puerta y después siguieron con su desayuno.

Harry caminó por los pasillos hasta llegar al despacho de Remus, donde tocó antes de serle permitida la entrada. Sirius se hallaba sentado en el escritorio, en el lugar del licántropo, quien seguía desayunando.

-¿Harry? –Sirius lo miró, extrañado-. Pero si no tardaste nada.

Harry se encogió de hombros y se sentó en una silla, frente al animago.

-No tenía mucha hambre. –El hombre lo observó de pies a cabeza, evaluándolo. Harry volteó hacia otro lado para que no viera sus profundas ojeras. Deseó en ese momento haberle pedido a Severus una poción o algo para ocultarlas.

-Parece que no dormiste bien. –El muchacho suspiró, derrotado-. ¿Fue por lo de anoche? ¿Lo de los Malfoy?

-¿Cómo te enteraste? –El joven lo miró, interrogante. De pronto recordó-. Tú estabas ahí. Lo siento, lo había olvidado.

-Sin embargo, tú no. –Sirius comenzó a hacer memoria. De pronto lo miró con suspicacia-. Se supone que de la oficina de Albus te fuiste a tu Torre, y que acabas de salir de ella. ¿Cómo es que sabes lo que ocurrió?

-Eh... pues... –Harry tuvo que confesar parte de la verdad-. Lo soñé.

-¿Lo soñaste? –El animago se preocupó-. ¿Qué soñaste con exactitud?

-Muchas cosas... –Harry cerró los ojos mientras sacudía la cabeza-. Pero no quiero hablar de eso ahora. ¿Para qué querías verme?

Sirius lo observó por un instante y después se relajó. Cruzó las manos sobre el escritorio mientras lo miraba a los ojos.

-Harry... sé que hace tiempo te prometí que cuando salieras de aquí te llevaría conmigo. Pero... mucho me temo que no podrá ser así. Al menos no por ahora...

-Lo sé, Sirius. –El muchacho suspiró-. Sé que debo quedarme aquí.

-¿Cómo lo sabes? –El animago frunció el ceño-. No me digas que también lo soñaste.

-Claro que no. –Harry sonrió ante la pregunta de su padrino. –Anoche fui informado.

-¿Ah, sí? ¿Quién te lo dijo? –El muchacho se quedó callado-. ¿Harry?

-Pues... la verdad... –El joven Gryffindor estaba a punto de responder cuando Remus apareció en la puerta-. Hola, Remus.

-Hola, Harry. –El hombre lobo se acercó y haló una silla para sentarse junto a ellos-. ¿Ya le dijiste que podrás visitarlo cuantas veces quieras?

-Ah, es verdad. –El animago olvidó la pregunta que le hiciera para responder la del licántropo-. Albus autorizó a Remus para habilitar la chimenea en la Red.

-¿De verdad? –Harry se mostró entusiasmado-. Me alegra mucho, Sirius. Así podremos vernos más seguido.

-Sí, bueno... al menos podré hacerte compañía de vez en cuando. –El animago se recargó en la silla-. No me agrada mucho la idea de que te quedas solo.

-No estaré solo. El director siempre se queda. También Remus y la profesora McGonagall. –Hizo una pausa-. Además, Draco Malfoy también se quedará.

-Y Snivellius. –Harry frunció el ceño al escuchar el apodo con que su padrino lo llamaba-. Me atrevo a asegurar que aprovechará la situación para hacerte el verano imposible. Todavía no me convence mucho la idea de que seas su auxiliar. ¿No hay forma de que cambies de opinión?

-Lo siento... –El muchacho negó con la cabeza-. Ya quedé con el profesor Snape. Además, es una idea que me entusiasma mucho.

-No entiendo por qué. –Sirius se puso de pie y comenzó a pasearse de un lado a otro, señal de que comenzaba a ponerse de mal humor-. Tú y ése nunca se han llevado bien. ¿Por qué entonces tanta insistencia en trabajar con él?

-Ya te lo dije, Sirius... –Harry se pasó una mano por el cabello, deseoso de cambiar el tema-. ¿No podemos dejar este asunto por la paz?

-Creo que Harry tiene razón. –Remus se levantó y pasó un brazo sobre los hombros de su amigo, con la intención de tranquilizarlo-. Ya tomó una decisión. Ya dio su palabra y tú ya firmaste. Me parece que ésta discusión no los va a llevar a ninguna parte.

Sirius respiró varias veces mientras escuchaba la calmada voz de su mejor amigo. Siempre actuaba como un sedante para su mal humor. Se preguntó si alguna vez lograría reprimir su mal carácter con la misma facilidad si no lo tuviera a su lado.

-Creo que tienes razón. –Cedió al fin-. Lo mejor será que me vaya. No me he aparecido por la casa, y desde que Albus la asignó como cuartel ya no tengo idea de cómo estén las cosas por allá. ¿Vendrás a cenar ésta noche?

-¿A cenar? –Remus se mostró sorprendido, su corazón latiendo desbocado-. Por supuesto.

-Bien. –Se dirigió a la puerta-. Hasta la noche. Te veré después, Harry.

-Adiós, Sirius. –Cuando el animago se fue, se volvió hacia el licántropo-. ¿Y bien? ¿Me dirás qué fue eso que sentiste?

-¿De qué hablas? –Remus no comprendió la alusión del muchacho.

-¿Sabías que tengo un don, que hace que lo que algunas personas cercanas a mí sientan, yo también llegue a sentirlo?

-No lo sabía. –El licántropo lo miró, receloso-. Es una broma... ¿Verdad?

-No, Remus. No lo es. –El joven siguió insistiendo-. ¿Desde cuándo sientes esto por él?

Remus suspiró, dándose por vencido.

-Desde que éramos jóvenes. En el Colegio.

-¿Y nunca se lo has dicho? –Harry se mostró sorprendido ante su respuesta negativa-. ¿Por qué?

-Porque lo conozco. Y sé que no reaccionaría bien. –El licántropo se paró junto al ventanal. El sol que iluminaba gran parte del despacho se posó sobre su piel dándole un aspecto bronceado. Harry, que lo observaba desde el escritorio, no pudo evitar pensar en lo atractivo que se veía-. Él tiene una idea bastante... cómo decirlo... conservadora, de lo que son las relaciones sentimentales. Él tiene mal concepto de las personas que se enamoran de otras de su mismo sexo.

Volteó a ver al muchacho, quien tenía toda su atención puesta en sus palabras.

-Él nunca ha aceptado las relaciones de ese tipo. Y temo perder su amistad si él llegara a saber sobre mis preferencias sexuales.

-Si Sirius valora tu amistad sobre cualquier cosa, entonces no tienes por qué temer perderla por el hecho de que lo sepa.

-No es tan fácil, Harry. –El licántropo se alejó del ventanal para acercarse al joven-. Veámoslo de ésta forma. Tú llevas manteniendo una amistad de toda una vida con una persona que de buenas a primeras te confiesa que no sólo es homosexual, sino que además, ha estado enamorado de ti toda su vida. A eso, añádele el que tú seas homo fóbico.

Harry se mordió el labio inferior, meditando en las palabras del licántropo.

Homo fóbico era un concepto bastante crudo para aplicarse en alguien como Sirius, pero era la realidad. Realidad a la que estaba comenzando a temer cuando llegara el momento de enfrentar su relación con Severus.

-Tal vez estás exagerando, Remus. –El muchacho trató de restarle importancia al asunto-. No creo que Sirius sea tan retrógrada ni de mente tan cerrada como para no estar abierto a las posibilidades. De hecho, creo que en todo esto, lo que más llegaría a molestarle sería que no le hayas tenido la suficiente confianza, como para decírselo antes.

-Quiero creer lo mismo que tú.

-Lo que no me explico es... ¿Cómo has podido guardar éste sentimiento por tantos años? ¿No sientes que te carcome? ¿No te hace infeliz?

-Mucho, Harry. –El licántropo suspiró-. Pero lo perdí dos veces. Y prefiero seguir callando a perderlo otra vez. Y con toda seguridad para siempre.

-¿Jamás te has enamorado de alguien más? Es decir... que tuvieras la oportunidad de olvidarlo... de seguir adelante.

-Una vez... –Sus dorados ojos perdidos en los recuerdos-. Pero fue hace muchos años. No lo amé. No como a Sirius. Pero sí llegué a quererlo.

-¿Qué sucedió?

-Tomamos caminos distintos. –Sonrió con melancolía-. Creo... que no hubiera funcionado de haber seguido juntos. Éramos muy diferentes.

-¿Has vuelto a verlo?

-Una vez... pero sólo fue por un momento. –Su voz sonó lejana, tanto como sus recuerdos-. Pero él ya tiene su vida hecha. Y yo, pues... de alguna manera también tengo la mía. Si a esto se le puede llamar vida...

Harry pudo sentir una infinita tristeza en el corazón del hombre frente a él. Se acercó con lentitud y sin pensarlo dos veces lo envolvió en un cálido abrazo. Remus se sobresaltó, pero de inmediato correspondió a él.

Ninguno de los dos habló. El profesor se dejó envolver por el abrazo del joven mientras permitía que una lágrima tan solitaria como él resbalara por su mejilla, mojando sin querer el hombro del muchacho. Harry no la sintió, pero pudo adivinarlo por la respiración profunda del hombre al que abrazaba con tanto cariño.

-Una vez oí decir que siempre hay alguien especial para cada uno de nosotros. –Se separó de él mientras lo miraba a los ojos-. Tal vez encuentres a ésa persona especial cuando menos te lo imagines.

-Eso espero, Harry. –El licántropo suspiró, las lágrimas contenidas en sus dorados ojos-. Eso espero...

-Bueno... creo que será mejor que me vaya. Los carruajes están por partir y quiero despedirme...

-No irás a ninguna parte, Harry. –El muchacho lo miró, sorprendido, mientras Remus recobraba la compostura y enfrentaba su mirada a la de él-. No, hasta que me expliques desde cuándo mantienes una relación con Severus.

Los verdes ojos se abrieron en franca sorpresa al escuchar las palabras del profesor.

-Remus... yo no...

-No trates de engañarme, Harry. –Le advirtió el licántropo-. Los vi anoche, en uno de los pasillos.

El muchacho se sonrojó hasta la raíz al imaginarse lo que Remus pudo haber visto. De pronto recordó los pasos que Severus había escuchado.

-Eras tú... –Dijo más para sí mismo que para el hombre frente a él.

-¿Y bien? –Insistió el profesor-. Estoy esperando.

-Verás... –El moreno tomó aire mientras volvía a tomar asiento, incapaz de seguir manteniéndose de pie-. Fue apenas hace unos días... ¿Se lo dirás a Sirius?

-No me corresponde a mí decírselo. –Respondió al ver la mirada suplicante del muchacho-. Pero ten por seguro que aunque no se lo diga se enterará, tarde o temprano.

-No es momento aún... –Harry se retorció las manos en un gesto nervioso-. Necesitamos tiempo.

-Harry... –Remus se acercó al muchacho y lo miró con fijeza a los verdes ojos-. ¿Están tomando esa relación en serio o sólo...?

-Lo amo, Remus. –El muchacho suspiró-. Él siente lo mismo que yo. Por eso queremos esperar un tiempo. Aún soy menor de edad, y si Sirius se enterara ahora, Severus podría tener serios problemas.

-Eso está muy bien. Y se oye muy bonito, pero... seamos realistas, Harry. –Los ojos dorados puestos sobre el muchacho-. Están muy lejos de ser una pareja convencional. La pregunta es... ¿Están conscientes de eso?

-Lo estamos, Remus.

-¿Y también están conscientes que Sirius no se quedará de brazos cruzados cuando se entere?

-Lo enfrentaremos. Cuando llegue el momento.

Remus suspiró mientras movía la cabeza.

-No es tan sencillo, Harry. –Lo tomó del brazo para que siguiera mirándolo-. Conozco a Sirius mejor que nadie. Y cuando te digo que no se quedará de brazos cruzados, es porque hará hasta lo imposible por verte lejos de él.

Harry frunció el ceño al escuchar las palabras del licántropo. Se levantó mientras enfrentaba la mirada dorada de quien fuera amigo de sus padres.

-Pues será mejor que no lo haga, Remus. –Le encaró mientras sus verdes ojos revelaban su determinación-. Porque el día en que se atreva a separarme de Severus, me habrá perdido para siempre.

oooooooOooooooo

Draco se hallaba parado junto a la puerta mientras observaba a Blaise. Éste se encontraba recogiendo algunos trozos de vidrio que habían logrado desperdigarse por varias partes de la habitación, volviéndola insegura.

En parte era su preocupación porque el rubio no cometiera alguna locura con ellos, y en parte, el no querer enfrentar su mirada gris. No quería ver en ella los rastros de rencor que a últimas fechas veía con frecuencia.

-¿Por qué no dejas eso y hablas de una buena vez? –Blaise lo miró con preocupación-. No tengo todo tu tiempo.

El castaño dejó lo que hacía y se acercó a Draco.

-Supe lo que ocurrió... lo de tus padres. –Miró hacia el suelo, nervioso-. Lo siento mucho...

Draco se cruzó de brazos, con evidente ansiedad, mientras le miraba con el ceño fruncido.

-¿Quién te lo dijo? –Blaise se quedó callado, sin saber qué responderle-. ¿De casualidad no habrá sido tu enfermero?

El muchacho bajó la cabeza. Draco suspiró al darse cuenta que no se había equivocado.

-Será mejor que te vayas.

Blaise cerró la distancia que había entre ellos, queriendo abrazarlo. Draco intentó rechazarlo al tiempo que trataba de golpearlo. Pero Blaise fue más rápido y lo evitó tomándolo por ambos lados mientras cerraba su abrazo.

Ambos forcejearon, Draco tratando de soltarse mientras que Blaise lo estrechaba con más fuerza. Ambos cayeron sobre la cama, el castaño encima. Draco trató de rechazarlo pero en vez de eso Blaise apretó mucho más.

-Lo siento, Draco... –El rubio se quedó quieto mientras Blaise seguía hablando-. De verdad lo siento.

Hubo un momento de silencio. Ninguno de los dos se atrevió a hablar hasta que Draco decidió romperlo.

-Ella murió por su culpa.

Blaise se tensó ante el comentario del rubio.

-¿Por culpa de quién? –El castaño aflojó el abrazo y Draco se sentó. Blaise permaneció sentado junto a él.

-De Severus. –El muchacho de grises ojos suspiró-. Murió por culpa de él.

-¿Por qué dices eso?

-Él estuvo presente cuando... –Draco calló, temiendo pronunciar el nombre de Voldemort-. Él estuvo ahí y no hizo nada para evitarlo. Dejó que la mataran frente a él y no le importó.

-Draco, mírame... –El rubio alzó su triste mirada para encontrarse con esos ojos aceitunados que tanto amaba-. ¿De verdad eso es lo que crees?

-¿Qué quieres decir?

-Porque si es verdad que a él no le importaba, entonces... ¿Por qué se molestó en salvar la vida de tu padre?

-¿De qué estás hablando? –El rubio lo miró con la duda grabada en su pálido rostro.

-¿Él no te lo dijo? –Blaise suspiró al no encontrar respuesta-. Verás... Oliver me contó... por favor, no me mires así... me dijo que en la madrugada, cuando acababan de llevar a tu madre, el profesor Snape llegó con el cuerpo de tu padre. Estaba muy malherido.

Draco frunció el ceño mientras seguía escuchando las palabras de Blaise.

-Llegó casi muerto. Él me dijo que si tu padrino no lo hubiera llevado a tiempo, no hubiera sobrevivido.

-Yo... no lo sabía. –Se cubrió la cara con las manos-. ¿Cómo iba a saberlo si no lo dejé hablar? Si sólo me dediqué a golpearlo. Qué vergüenza, ¿Con qué cara voy a disculparme con él ahora?

-No tienes porqué avergonzarte. –Blaise acarició sus rubios cabellos con ternura-. Estoy seguro que él entenderá. Sólo tienes que hacer lo que tu corazón te dicte. ¿Irás a verlos?

-No estoy seguro... de querer verlos... aún.

-Nadie te obligará a hacerlo. Lo harás cuando estés listo para eso. –Blaise se acercó al muchacho y lo abrazó. Draco trató de separarse.

-Por favor, Draco... déjame hacerlo. –Le dijo susurrándole al oído-. Mi carruaje está por partir y no quiero irme sin antes decirte cuánto te amo.

Draco lo miró a los ojos tratando de buscar la verdad en ellos.

-Si de verdad me amas... entonces déjalo.

Blaise le sostuvo la mirada.

-A él también lo amo.

-No... –El rubio sacudió la cabeza-. Esto no puede ser...

-Dame una oportunidad, Draco. Déjame demostrarte cuánto soy capaz de darte... de darles a ambos.

-Será mejor que te vayas si no quieres perder tu carruaje. –El muchacho trató de levantarse para que Blaise no viera las lágrimas que comenzaban a asomar en sus grises ojos. Pero el castaño volvió a impedírselo mientras volvía a abrazarlo.

Draco ya no pudo aguantar más. Se estremeció entre sus brazos mientras dejaba que las lágrimas brotaran sin encontrar resistencia.

-Por favor... vete.

Pero en vez de eso, Blaise besó sus mejillas humedecidas por las lágrimas.

-Por favor... no llores... –Levantó su rostro mientras lo acariciaba con dulzura-. No me gusta verte así...

-Déjame hacerlo... –Respondió Draco entre sollozos-. Deja que llore. Por mi padre, por mi madre... por ti.

-No, Draco... por favor... –Blaise se enderezó y lo atrajo hacia él mientras lo abrazaba con ternura-. No llores por mí... yo no merezco tus lágrimas.

-Sé que no las mereces... –Draco escondió su rostro en el cuello del muchacho que a pesar de todo aún amaba, mientras su voz se quebraba-. Pero déjame hacerlo. Déjame llorar por ti... aunque sea por última vez.

Blaise lo abrazó con más intensidad al tiempo que las lágrimas fluían de sus aceitunados ojos. Mientras las últimas palabras del rubio rebotaban en su mente una y otra vez, haciendo que su corazón se encogiera por el dolor tan grande que le causaban.

"Aunque sea por última vez..."

Continuará...

Próximo capítulo: Dulces sueños, amor mío.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

K. Kinomoto.