Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuesta a los reviews.
Sedex: Jajaja... creo que todas las que amamos a Severus le somos fieles, je... Y es verdad que Blaise no debería estar engañando a los dos, puesto que ninguno de ellos lo ha engañado a él. En cuanto a la reacción de Sirius cuando se entere, pues créeme, no querrás estar en la piel de ellos dos, aunque aún falta un poco para eso. Espero que por lo pronto éste capítulo que viene sea de tu agrado. Besitos.
Mirels: Hola, es un gran placer tenerte por aquí. Aún falta un poco para que Draco se entere del embarazo de Oliver, pero te anticipo que su reacción va a ser la de cualquiera que se encuentre en su situación. Es verdad que los tres se ven lindos, no lo puedo negar. Pero por desgracia uno de ellos quedará fuera, sólo espero que te guste lo que resulte aquí. Muchas gracias por tu review y te mando muchos besitos.
Amazona Verde: Hola preciosa, antes que nada déjame decirte que tu fic me encanta, y me alegra mucho recibir un review tan lindo como el tuyo. Créeme cuando te digo que le estoy poniendo a ésta historia la mitad de mi corazón. Espero verte de nuevo por aquí y muchas gracias. Besitos.
Lia-Snape-Grint: Hola Lia, me alegra mucho que mi fic te guste y que te hayas tomado la molestia de decírmelo, me hace mucha ilusión. Espero que éste capítulo y los demás que vienen también te gusten. Muchos besitos.
Y a todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.
X
Dulces sueños... amor mío.
Blaise acariciaba con dulzura los rubios cabellos del muchacho que dormía en su regazo. Después de descargar su llanto entre sus brazos, Draco se había sumido en un profundo sueño. El castaño no había querido moverse para no despertarlo. Y en cambio, se había dedicado a observar a sus anchas su fino rostro.
Había posado con suavidad la punta de sus dedos y las recorría sobre su superficie, sintiendo su textura como la de un durazno. Y había suspirado, una y otra vez, mientras contemplaba sus ojos cerrados, coronados por largas pestañas.
"Espero que algún día puedas perdonarme..." Pensó mientras acomodaba con mucho esmero el cuerpo de Draco sobre la superficie del colchón. Era hora de marcharse.
Se levantó con cuidado y buscó una sábana para cubrirlo. Era increíble el frío que llegaba a sentirse en las mazmorras. Tomó en sus manos el retrato de Draco y lo besó. Cuando lo dejó en su sitio, vio entonces un estuche de terciopelo verde que no había visto antes. Lo abrió y descubrió con sorpresa que se trataba de una esclava de oro con su nombre y el de Draco. Sin pensarlo dos veces se la puso.
Cogió la cadena con el dije que aún permanecía en la mesita de noche, y la colocó sobre el retrato. Permaneció un momento más parado junto a la cama, contemplando con amor al muchacho que aún dormía. Se acercó con lentitud y depositó un suave beso en sus labios.
-Que tengas dulces sueños... mi hermoso Draco.
Le susurró al oído para después dar la media vuelta y salir en silencio de la habitación.
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Harry caminaba deprisa hacia donde los carruajes esperaban para llevar a los estudiantes a la estación. Mientras se acercaba a sus amigos, no dejaba de rondarle en la cabeza la conversación que acababa de tener con Remus.
"Jamás me imaginé que estuviera enamorado de él." Pensó mientras levantaba una mano, saludando a Ron. "Me pregunto si de verdad Sirius se molestaría al saberlo. ¿Sería posible que terminara su amistad con él? Si así llegara a ser, no quiero ni imaginar lo que pasaría conmigo..."
-Hola, Harry. –El pelirrojo se acercó para rodear sus hombros-. Pensamos que no nos alcanzarías. Un minuto más y ya no nos encuentras.
-Lo siento, Ron. –El moreno miró a sus amigos mientras se disculpaba-. Me entretuve hablando con Remus y Sirius.
-¿Sobre qué quería Sirius hablar contigo?
-Quería informarme que no me iré con él. Tendré que quedarme aquí.
-Es una lástima. Estabas muy ilusionado. –Hermione se acercó a su amigo-. ¿Te dijo por qué?
-Cuestiones de seguridad. –Suspiró-. Dumbledore piensa que aquí estoy más seguro que con él.
-Eso significa que el ataque de Voldemort ya es inminente.
-Y hablando de eso... –Ron intervino-. ¿Qué fue lo que sucedió anoche?
Harry volteó para todos lados. Estudiantes iban y venían en un río interminable. Todos corriendo de un lado a otro, intentando encontrar sus carruajes.
-Lo siento... –Respondió en voz baja mientras procuraba que nadie lo escuchara. Ginny se acercaba en esos momentos para alcanzar a su hermano-. No se los puedo contar aquí.
-Dijiste que era algo muy grave. –Ron se hizo a un lado al ver llegar a su hermana, dándole a entender que subiera al transporte de una vez. La joven saludó a Harry con un movimiento de cabeza, que el joven correspondió-. ¿Es algo relacionado con el hecho de que tengas que quedarte?
-Algo así. Aunque no tiene que ver directamente conmigo... aún.
-Harry... –Hermione comenzó a ponerse nerviosa-. Prométenos que en cuanto puedas nos contarás qué sucedió. Y si te encuentras en peligro no dudes en avisarnos.
-Claro que sí, Hermione. –La abrazó mientras se despedía de ella-. No dejen de avisar en cuanto lleguen.
-Por supuesto que no. –Hermione subió al carruaje y se sentó junto a Ginny.
-Nos veremos pronto, compañero. –Ron estrechó a su mejor amigo en un cálido abrazo-. Te extrañaré.
-Y yo a ti, Ron. –Miró hacia dentro del carruaje-. Cuídala mucho. –Refiriéndose a Hermione.
-Así lo haré, Harry. –Subió y antes que el carruaje partiera-. Te avisaré cuando haya tomado una decisión sobre mi carrera.
Harry levantó una mano en señal de despedida. La cabellera pelirroja no dejó de verse hasta que el carruaje se encontró bastante lejos.
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-Voy a extrañarte, Blaise...
-Y yo a ti, Oliver. –Blaise sacó un papel de entre sus ropas y se lo extendió al moreno-. Como me comentaste que habías perdido mi dirección, aquí te la anoto de nuevo. Prométeme que en cuanto tengas oportunidad me visitarás.
-Ten por seguro que así lo haré. Aprovecharé las vacaciones para verte más seguido. –Acarició su rostro-. Te amo...
-Yo también te amo...
Blaise tomó entre sus brazos el delgado cuerpo de su pareja y lo besó con toda la dulzura que era capaz de inspirarle.
-¿Puedo pedirte un favor?
-El que quieras.
-¿Me podrías enviar una lechuza para avisarme cuándo será el sepelio de la señora Malfoy?
Oliver frunció el ceño, extrañado por la petición del castaño.
-Sí, claro. Pero... ¿Por qué te interesa saberlo?
-Draco es... una persona a la que aprecio mucho. Y además fue mi compañero durante siete años. –Su mirada aceitunada se entristeció-. Me gustaría estar presente.
-Entonces te avisaré en cuanto me entere. –Lo miró a los ojos-. ¿Deseas que te acompañe?
-¿Podrías?
-Sabes que sí. –Acarició las hebras castañas y se dio cuenta que unas lágrimas amenazaban con salir de esos ojos que amaba-. ¿Por qué estás llorando?
Blaise no respondió. Sólo rodeó la cintura de Oliver y refugió su rostro en su cuello. Suspiró mientras dejaba que Oliver siguiera acariciando sus cabellos. Algún día encontraría el valor para decirle la verdad. Pero aún no era el momento.
-Debo irme...
Oliver soltó con lentitud el abrazo en que lo tenía preso. Y mientras veía al muchacho subir al carruaje, no pudo evitar sentir una punzada de tristeza atravesar su corazón.
El transporte se puso en marcha y Blaise aún tuvo tiempo de asomarse y lanzar un beso al aire. Oliver sonrió mientras simulaba atraparlo. Poco después se dirigía al interior del castillo. Su guardia en la enfermería había terminado y deseaba retirarse a su habitación para dormir algunas horas.
En el carruaje, Blaise permanecía con la mirada fija en el paisaje. No hizo caso a la conversación que sostenían algunos de sus compañeros. Sólo cerró los ojos al mismo tiempo que evocaba en su mente el sabor de unos dulces labios y unos ojos grises, mientras las lágrimas recorrían un camino, bastante conocido ya, en el triste rostro del muchacho.
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Severus se encontraba en su área de trabajo, concentrado en preparar una poción. Desde que entrara a su oficina dispuesto a hacer tiempo para ir a desayunar, se había ensimismado tanto en su trabajo, que no se había dado cuenta del transcurrir de las horas.
La puerta del cuarto se abrió con lentitud al tiempo que un joven de cabellos rubios entraba en él. Severus volteó hacia donde el muchacho se encontraba, mientras suspendía por un momento lo que estaba haciendo.
Pudo ver que su ahijado aún tenía puesto su pijama. Y tenía los ojos hinchados, señal de que había llorado, y mucho. Draco se quedó parado en el mismo sitio, temiendo algún reproche por parte del profesor. Pero éste se acercó poco a poco y cuando estuvo a unos centímetros de distancia lo rodeó con sus fuertes brazos. Draco sólo cerró sus grises ojos y suspiró mientras dejaba que Severus lo envolviera en ese cálido abrazo que tanta falta le hacía.
-Perdóname... –Le dijo mientras recargaba su barbilla sobre el hombro de su padrino-. No debí golpearte.
-Está bien... –Severus susurró mientras seguía abrazándolo-. Me lo merezco.
El muchacho alzó su mirada y se enfrentó a los negros ojos del profesor.
-No. No es así. –Draco se separó de Severus al tiempo que tocaba su rostro sobre uno de los golpes. –Sé que si te hubieras opuesto, también te habría matado. Y... mi padre no estuviera vivo. Y entonces... no estarías conmigo ahora.
-Sé... que hubiera podido hacer algo. –Draco movió la cabeza, negando-. Si yo me lo hubiera propuesto...
-No, padrino. –Draco caminó hacia la mesa de trabajo, donde la poción comenzaba a echar vapores-. Jamás te hubiera perdonado el que te sacrificaras en vano. –Suspiró-. Con la muerte de mi madre fue suficiente. Sólo quisiera saber algo...
-¿Qué deseas saber?
-¿Ella... sufrió mucho?
-Sí, Draco. –Severus volteó hacia otro lado, tratando de distraer su mente de los recuerdos de la noche pasada.
-¿Qué fue lo que le hizo?
-Draco...
-Por favor... quiero saberlo.
Severus movió la cabeza de un lado a otro, mientras trataba de resumir lo ocurrido en unas cuantas palabras.
-La... torturaron. –Vio en los ojos de Draco que éste esperaba toda la verdad-. También fue ultrajada... varias veces.
Draco se recargó en la orilla de la mesa al sentir que sus piernas se doblaban. Tuvo que sentarse en una silla.
-¿Estás bien? –Severus se reprochó a sí mismo-. No debí decirte nada.
-¿Cómo... murió? –Ante la mirada de aprehensión del profesor-. Por favor...
Severus lanzó un largo suspiro, mientras se sentaba en otra silla frente al muchacho.
-Le lanzaron el Kedavra.
Draco cerró los ojos al tiempo que sentía un escalofrío recorrer su cuerpo. Apretó los puños con fuerza mientras trataba de evitar llorar otra vez.
-¿Quién la mató? –Dirigió su mirada hacia su padrino-. ¿Fue... él?
-Sí... y no.
-¿Qué quieres decir?
-Él fue quien dio la orden... pero no quien la mató. –Severus se puso de pie y se acercó con paso cansado hacia el caldero, mientras veía cómo la poción burbujeaba. No estaba consciente de la poción. Su mirada estaba en ella, pero su mente estaba en lo acontecido la noche anterior-. Escucha, Draco. No podré decirte nada más, hasta que haya hablado con tu padre.
-¿Por qué?
-Porque me parece lo más adecuado. –Severus suspiró al ver cómo la poción se convertía en un fracaso. Apagó el fuego y apartó el caldero-. No quiero que pienses que te oculto información. Pero creo que él debe ser el primero en saber lo que ocurrió.
Draco no dijo nada, sólo asintió mientras suspiraba. Permaneció sentado en la silla y dejó que su vista vagara por todo el lugar. Había calderos de diferentes tamaños tapizando una de las paredes. En otra había estantes llenos de frascos de ingredientes de todos tipos. En la pared frente a él se encontraba un estante lleno de frascos de pociones ya elaboradas. Draco no pudo evitar preguntarse cuántos años de trabajo habría invertido su padrino en ese impecable laboratorio. Regresó a la realidad.
-Quiero verlos...
-¿Estás seguro?
Mientras el joven asentía con un leve movimiento, Severus no pudo evitar pensar en lo sereno que estaba, dadas las circunstancias. Supuso que Zabini había tenido que ver con eso. Y entonces llegó a la conclusión que ese muchacho debía significar mucho para su ahijado, ya que muy pocas personas lograban influenciar en el rubio de esa manera.
-De acuerdo... –Respondió mientras se dirigía a la puerta-. ¿Por qué no te das un baño mientras pido el desayuno? Así haremos tiempo para ver si tu padre ya ha despertado.
Draco asintió a las palabras de su padrino y mientras éste llamaba a un elfo, se dirigió de nuevo a su habitación. Dudó un poco en entrar, ya que a pesar de que Blaise había recogido, aún había muchas cosas rotas desperdigadas por todo el piso. Suspiró mientras invocaba un hechizo para limpiar. No tenía ganas de levantar nada y mucho menos de ver la fea cara de ningún elfo haciéndole preguntas fuera de lugar.
Cuando terminó de desparecer todo objeto roto que hubiera a la vista, se sentó en la cama y se puso a pensar en Blaise. Después de llorar abrazado a él, se había quedado dormido sin darse cuenta. Cuando despertó ya no estaba ahí. Y en vez de eso, la cadena con el dije que Blaise le dejara dos noches atrás, estaba puesta con cuidado sobre su retrato. También notó que la esclava que él pensaba regalarle ya no estaba, por lo que supuso que Blaise se la había llevado como recuerdo.
Draco se había negado a tomar la cadena. No quería pensar en lo que con toda seguridad era una despedida. Y en vez de eso había salido de la habitación para disculparse con su padrino.
El rubio volteó a ver la alhaja que aún permanecía en el mismo sitio. Suspiró mientras la tomaba y, en vez de ponérsela, la guardó en el estuche y la depositó en el fondo del cajón, dispuesto a seguir adelante con su vida.
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-Buenos días, Poppy...
-Hola, Severus. –La enfermera dejó lo que estaba haciendo para recibir al profesor y al joven rubio que, dudoso, se había quedado parado en el marco de la puerta.
Severus rodeó los hombros del muchacho para animarlo a entrar. Éste dio un respingo cuando la mujer volvió a hablar.
-Me imagino que vienen a ver a los señores Malfoy... –Severus asintió-. Él está por aquí. –Mientras señalaba la habitación-. Por favor, síganme.
Severus apretó el hombro de Draco para instarlo a seguirle. El muchacho suspiró mientras caminaba con lentitud detrás del profesor. Llegaron a la habitación, la cual seguía protegida con contraseña.
Después de que la enfermera abrió, dejó paso a Severus y detrás de él entró Draco. El muchacho no pudo evitar cerrar sus grises ojos cuando vio las condiciones en que su padre se encontraba. Sintió un profundo escalofrío al imaginar el dolor tan grande que las heridas en su cuerpo debieron causarle. Maldijo a Voldemort por eso.
-¿Tardará mucho en despertar? –El rubio acercó con lentitud su mano y la posó sobre la frente de Lucius. La sintió húmeda y fresca y supuso que le habían estado aplicando compresas-. ¿Tenía fiebre?
-Tuvo un poco. Hace unas horas. –Poppy revisó que todo estuviera en orden mientras continuaba-. Pero Oliver se encargó de quitársela.
Draco no pudo evitar fruncir el ceño en clara molestia al escuchar ese nombre.
-Calculo que en unas cuatro horas más estará despierto, y entonces podrán hablar con él. –Poppy no reparó en el gesto del muchacho mientras proseguía-. Mientras tanto... Severus...
-Sí, claro... –Severus se acercó al muchacho y tocó su hombro-. ¿Quieres ver a tu madre ahora?
-Sí... –Draco se alejó de la cama y tras una última mirada se dispuso a seguir a la enfermera.
Momentos después se encontraba frente a la misma puerta que Blaise había visitado horas antes. Y al igual que él, no pudo dejar de percibir el intenso frío al entrar en la habitación.
-¿Por qué hace tanto frío? –Preguntó mientras se frotaba los brazos.
-Es para conservar el cuerpo de tu madre, Draco. –Severus suspiró mientras permitía que Draco se fuera acercando.
-Los dejo solos... –Poppy se dirigió a Draco mientras le palmeaba el hombro con suavidad-. Lo siento mucho...
Draco asintió y cuando la enfermera salió volteó a ver a Severus.
-¿Por qué no lleva mortaja? –Preguntó mientras observaba que su madre estaba cubierta por una sábana blanca.
-Albus y yo creemos que Lucius es el indicado para elegirla. –Draco volvió a asentir mientras posaba su mano sobre la cubierta de cristal-. Era muy hermosa.
Draco guardó silencio tras el último comentario de Severus. Éste decidió respetar su mutismo.
-Si no te importa... quisiera estar un momento a solas...
-Por supuesto. Estaré en la habitación de tu padre. –Severus salió cerrando la puerta con sutileza. Draco se quedó parado un instante más en el mismo sitio. Después se acercó poco a poco y contempló el rostro de la mujer que le había dado la vida.
-Siempre serás hermosa para mí... –Le susurró mientras levantaba la tapa de cristal. Extendió su pálida mano y logró tocar su suave rostro durante unos instantes-. ¿Sabes? A pesar de que casi nunca pude verlos, siempre pensé que me querían. Pero jamás me imaginé que me amaran... no al grado de arriesgar su vida para protegerme. Nunca podré olvidar lo que han hecho por mí. Y por eso... siempre les estaré agradecido, madre... por lo que me quede de vida.
El muchacho volvió a cerrar la urna mientras suspiraba. Estaba en paz con su madre y eso le daba un gran consuelo. No lloró. No porque ya no tuviera lágrimas para hacerlo. Sino porque creía que si sus padres habían sido lo bastante fuertes para soportar el sufrimiento a manos de Voldemort, entonces él también debería ser capaz de serlo.
-Seguiré adelante con mi vida. Y lo haré por ustedes. –Le dijo antes de acariciar la urna por última vez, para después dar la media vuelta y salir de la habitación, cerrando con suavidad la puerta tras él.
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-Entonces... ¿No hay forma de cambiar el nombre de Severus por el mío?
-Lo siento, profesor Dumbledore. –Cornelius Fudge colocó un pergamino sobre el escritorio del director-. Aquí dice con toda claridad, que sólo pueden ser cambiados los nombres con la firma de los padres. En éste caso en particular, de Lucius Malfoy.
Ésa misma mañana muy temprano, el jefe del Ministerio había recibido la carta urgente que el mago le enviara por medio de Fawkes. En ella le ofrecía disculpas por perturbar su día de descanso, pero que era necesaria su presencia para tratar algunos asuntos de suma urgencia.
Ante la petición apremiante del director de Hogwarts, el Ministro ahora se encontraba en la oficina del director, discutiendo la posibilidad de cambiar el nombre del tutor de Draco.
Ante ésta petición, Fudge había sido muy claro al mencionar que los papeles no podían ser manipulados por fuera de la ley bajo ninguna circunstancia, ya que los archivos ministeriales rechazaban de forma automática los documentos que eran alterados por fuera de toda vía legítima.
Así que entre los tres habían estado buscando algún modo de introducirse en algún hueco que la ley les permitiera, y así poder ganar tiempo para evitar que Voldemort supiera que Lucius Malfoy estaba vivo.
-Si lo único que hace falta es la firma de Lucius, entonces sólo debemos esperar a que despierte.
Severus acababa de llegar de la enfermería. Después de que Draco viera a su madre, le había dicho que se iría a su habitación a descansar. Al profesor le hubiera gustado hacer lo mismo, pero por desgracia aún tenía muchos asuntos que atender. Por lo que después de despedirse de su ahijado se había encaminado a la dirección, no sin antes pedirle a Poppy que le avisara en cuanto Lucius despertara.
-Ojalá fuera así de fácil, Severus... –Le informó el director-. Pero sucede que mañana mismo se revelarían los nombres de los implicados, y si llegara a figurar la firma de Lucius en los nuevos documentos... bueno, creo que sabes muy bien lo que pasaría.
Severus suspiró. De alguna forma u otra parecía que no había modo de evitar que la verdad se supiera. Si se quedaban sin hacer nada, el Ministerio no revelaría los nombres, lo que haría saber a Voldemort que Lucius estaba vivo. Y Severus sería el primero en salir perjudicado.
Si se cambiaba el nombre del tutor, iba a necesitarse la firma de Lucius. Y al momento de revelarse el nombre de Albus como tutor, también figuraría la firma de Lucius. Los archivos ministeriales actualizaban a diario la documentación recibida, por lo que Voldemort compararía fechas y se daría cuenta que Lucius estaba vivo.
Y si lograban hallar el modo de que los nombres se revelaran, sería mucho peor. Ya que el nombre de Severus saldría a la luz como el tutor del chico. Voldemort se daría cuenta que los Malfoy habían confiado en Severus para protegerlo. Y se enteraría de su traición.
Y en todos estos casos, Severus sería el primero en salir perjudicado.
-Bien, bien, bien... –Fudge sacó un enorme libro de su portafolio y lo abrió-. Busquemos el famoso hueco por el cual se nos pueda permitir la entrada. Estoy seguro que hallaremos algo que nos pueda ser útil.
Albus se levantó de su lugar y comenzó a buscar en los estantes de su biblioteca. Sacó el mismo título que tenía Fudge y se lo entregó a Severus, mientras él seguía buscando en otro libro aparte.
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Harry tocó con suavidad a la puerta de la habitación de Draco.
-¿Estás ahí? –Se oyó respuesta del otro lado-. ¿Puedo pasar?
-Adelante...
El moreno entró a la habitación y encontró al Slytherin recostado en su cama. Éste se sentó cuando su amigo entró, mientras lo invitaba a tomar asiento a su lado.
Harry hizo lo que el rubio le indicaba y después lo abrazó con cariño.
-Siento mucho lo ocurrido, Draco... –Le susurró mientras continuaba abrazándolo.
-Gracias, Harry. –El rubio correspondió al abrazo de su amigo-. ¿Severus te lo dijo?
-Sí. –Se separó de él y lo miró a los ojos-. ¿Estás bien? Te noto bastante tranquilo. Bueno... en comparación con ésta mañana.
-Estoy bien, Harry. Gracias.
El Gryffindor recorrió la habitación con la vista.
-Veo que te has deshecho de algunas cosas.
-No tenían reparación. –Respondió el rubio mientras se encogía de hombros. Harry rió con ligereza.
-Me alegra verte mejor. –Le palmeó el hombro-. ¿Has podido dormir?
-Sólo un poco. La verdad es que tenía sueño, pero cuando llegué aquí se me fue por completo.
-Me ha ocurrido muchas veces. –Harry balanceó sus pies mientras continuaba-. El que me preocupa es Severus.
-¿Por qué? ¿Le ocurre algo?
-Nada de eso. –Harry se puso de pie y comenzó a curiosear por la habitación-. Es sólo que no ha dormido muy bien. ¿Sabes que me obsequió un perfume elaborado por él mismo? Estoy seguro que desde esa noche no ha dormido nada.
-¿Cuándo fue eso?
-Hace dos días.
-Hum... –Draco permaneció pensativo unos instantes-. Se requieren varias horas para elaborar un perfume. Si lo hizo por la noche ten por seguro que no durmió.
-Así fue. Cuando desperté en la mañana el perfume estaba junto mí.
-Y anoche tampoco durmió. –Recalcó el rubio.
-Ni anteayer. Ni siquiera durante el día de ayer. Y desde que amaneció hasta ahora, habrá dormido como una hora. Nada más.
-Entonces tendremos que obligarlo. O si no se enfermará.
-Tienes razón.
Draco se levantó de la cama y se puso los zapatos. Después caminó hacia la puerta.
-¿Adónde vas? –El moreno también se levantó y lo siguió.
El Slytherin salió de la habitación y se dirigió al cuarto de trabajo de su padrino. Harry entró cerrando la puerta tras él.
-¿Qué hacemos aquí? –Preguntó con algo de nerviosismo-. Si Severus se da cuenta...
-No te preocupes. –Draco abrió el estante de los ingredientes y comenzó a buscar entre ellos-. Él siempre me permite que haga prácticas aquí. No hay problema.
-Si tú lo dices... –Harry arrimó una silla y se sentó mientras observaba a Draco tomar un caldero y comenzar a elaborar una poción-. ¿Qué estás haciendo?
-Ésta mañana mi padrino estaba elaborando ésta poción. Pero yo entré y lo distraje. Él no me dijo nada, pero me di cuenta que mi presencia hizo que se arruinara.
-¿Intentarás hacerla tú? –El moreno lo miró con curiosidad-. ¿Sabes qué poción era?
El rubio le señaló un pergamino que estaba en la mesa de trabajo de Severus. Harry ya no dijo nada. A cada ingrediente que el rubio agregaba al caldero iba explicándole sus propiedades. Draco no sabía si Harry le estaba poniendo atención, sólo lo hacía por gusto. El moreno se dio cuenta de ese detalle y dejó de asentir a cada palabra del Slytherin.
"Se ve que ama las pociones, tanto como Severus..." Pensó mientras seguía observando a su amigo. "Me imagino que Severus debe estar muy orgulloso de él..."
-Si todo sale bien, en unas horas estará lista. Y entonces Severus no tendrá pretexto para venir a encerrarse y no dormir.
-Buen punto, Draco. –Harry levantó el pulgar en señal de aprobación mientras sonreía.
-¿Vas a verlo hoy?
-Sí. Quedamos de vernos ésta misma tarde en el lago. –Harry recargó los codos sobre la mesa y bostezó, mientras continuaba observando a su amigo.
-¿Qué harás ahora?
-Creo que trataré de dormir un poco. Si me necesitas estaré en la habitación de Severus.
-¿Dormirás ahí?
-He dormido ahí las tres últimas noches. –El rubio sólo movió la cabeza mientras sonreía-. Te veré más tarde.
-Que descanses. –Cuando el Gryffindor desapareció tras la puerta, Draco se concentró en el caldero que tenía frente a él.
Mientras el rubio esperaba el momento oportuno para agregar otro ingrediente, no pudo evitar pensar que no sólo estaba ahí para que Severus no trabajara ésa noche. También estaba consciente que necesitaba estar ahí porque era el único lugar que podía hacerlo olvidarse de sus problemas... aunque fuera por unas horas.
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-¡Lo tengo! –Albus y Severus levantaron la vista del libro que leían mientras Fudge señalaba un párrafo en el suyo-. Creo que ya encontré el modo de retrasar los trámites.
-¿De qué se trata? –El director dejó el libro a un lado mientras dedicaba toda su atención al ministro. Éste carraspeó mientras trataba de ordenar sus ideas.
-Hay una manera de evitar que el nombre del profesor Snape se revele. Y es que el menor, en este caso el joven Draco Malfoy, interponga un reclamo contra el nuevo tutor. Y así tendré que nombrar un defensor judicial.
-¿Qué es un defensor judicial? –Preguntó Severus.
-Es la persona nombrada, en éste caso por mí, para ejercer las funciones de amparo y representación del menor de forma transitoria en ciertos casos...
-Como el que Draco no estuviera conforme con el tutor que sus padres le asignaron.
-Exacto. Entonces podría nombrarlo a usted. –Refiriéndose a Dumbledore-. Como defensor judicial.
-¿Cuánto tiempo llevaría efectuar el trámite? –Preguntó el director.
-Dentro del plazo de quince días a contar desde que el joven Malfoy tuviera conocimiento del nombramiento, o cuando acontezca la causa en caso de ser sobrevenida.
-¿Eso ayudará a que Voldemort no descubra que Lucius está vivo?
-Así es, profesor Snape. Porque mientras el nombramiento esté en trámite, los nombres de los implicados seguirán manteniéndose en reserva. Que a final de cuentas es lo que buscamos.
-Quince días son más que suficientes para evitar que Voldemort descubra a Severus. –Albus se dirigió al Ministro-. ¿Qué es lo que debemos hacer?
-No deben hacer nada. -Fudge extrajo unos papeles de su portafolio y les aplicó un hechizo. Después se los entregó al director-. Sólo necesitaré la firma del joven Malfoy para justificar el nombramiento.
-Pero... –Severus dudó-. ¿Crees que Draco esté de acuerdo en interponer un reclamo en mi contra?
-Le diremos que es por tu propio bien, Severus. –Albus se acercó a su protegido mientras palmeaba su hombro-. Sólo es para ganar tiempo. Estoy seguro que Draco comprenderá.
Albus le extendió los documentos a Severus quien, después de observarlos durante un momento, suspiró y los guardó en el bolsillo de su túnica.
-¿Para cuándo debemos devolverlos ya firmados?
-Lo más pronto que puedan. –Fudge se puso de pie-. Si es posible mañana a primera hora deberé darlos de alta en los Archivos ministeriales.
-Entonces te los entregaré en tu oficina, en persona. –El director acompañó al ministro hacia la chimenea-. Envíale mis saludos a tu esposa.
-Con gusto. –Cuando Fudge se fue, Albus volteó a ver al profesor. Éste permanecía sentado en el mismo lugar, su rostro reflejando una gran preocupación.
-Puedo imaginar que tu inquietud no es debida a estos engorrosos trámites.
Severus se encogió de hombros mientras respondía.
-Nada de eso servirá, Albus.
-Vamos, hombre de poca fe. –El director se dirigió a Fawkes. El ave lo saludó con un suave gorjeo-. ¿Acaso no confías en la ley?
-No se trata de eso... –Severus se levantó y comenzó a recorrer la espaciosa oficina-. Aún no te he dicho todo lo que ocurrió anoche.
-¿Hay algo más que deba saber?
-Cuando me retiraba de la mansión Riddle con Lucius... Voldemort me dijo algo que me dejó muy intranquilo.
-¿Qué fue lo que te dijo?
-Me dijo que estuviera muy al pendiente de Draco y de Harry... –El profesor de pociones se paró frente al director, mientras lo miraba directo a los azules ojos-. Porque la próxima vez que me llame, tendré que llevarlos conmigo.
Albus dejó de acariciar al ave en cuanto escuchó las últimas palabras del profesor.
-¿Cuándo piensas que podría llamarte?
-No lo sé, Albus. –Severus se sentó de nuevo en la silla y se masajeó la sien-. Puede ser cualquier día de éstos. No olvides que piensa unirse a Draco en los próximos días.
-¿Qué vas a hacer si te convoca?
-No pienso llevarlos conmigo. –Severus movió la cabeza en señal de negación-. De ninguna manera pienso entregarle a Voldemort a las dos personas más importantes de mi vida.
-Y yo no pienso permitir que te presentes así nada más. –El anciano mago suspiró mientras se alisaba la barba, pensativo-. Podríamos utilizar todo esto a nuestro favor.
-¿Qué quieres decir?
-Es obvio que la batalla contra Voldemort es inminente. Y no hemos hecho más que esperar y atenernos a que sea él quien dé el primer paso. –Observó a Severus, cuyos ojos comenzaban a destellar comprensión-. ¿Captas lo que trato de decir?
-¿Me estás proponiendo que los lleve conmigo y así poder ejecutar un ataque sorpresa?
-Tú mismo podrías ayudarnos a desestabilizar las barreras de protección. –El anciano parecía pensar en voz alta-. La Orden del Fénix estaría detrás de ti para penetrar las barreras y atacaríamos por sorpresa.
-No es tan fácil, Albus. Voldemort tiene a un ejército de mortífagos y Dementores protegiendo las barreras. Los atacarán apenas perciban su presencia.
-Pues pelearemos. –El director se mostró decidido-. Si Voldemort te convoca, no se esperará que llegues acompañado por todos nosotros. Te daremos tiempo de entrar a la mansión con Harry y entonces daremos a conocer nuestra presencia.
-Y entonces Harry tendrá que enfrentarlo...
-Tendrá que hacerlo, Severus... tarde o temprano.
Severus iba a decir algo cuando la voz de Poppy se escuchó a través de la chimenea.
-Albus... ¿Está Severus contigo?
-Así es, Poppy. –Severus se aproximó a la chimenea-. ¿Qué ocurre?
-Es Lucius. Ha despertado.
Severus y Albus se miraron el uno al otro.
-Gracias, Poppy. Voy para allá.
-¿Quieres que te acompañe? –Preguntó el director.
-Te lo agradezco, pero no será necesario. –Tomó un puñado de polvos-. Conozco a Lucius, y sé que preferirá que no haya nadie más presente.
-Entiendo...
Severus lanzó el puñado de polvos y poco después se encontraba en la enfermería.
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Los azules ojos de Lucius Malfoy se abrieron con desesperante lentitud. Al principio, el mago no supo dónde se encontraba. Por puro instinto se puso a la defensiva y trató de incorporarse, pero hubo algo que se lo impidió. Cayó de espaldas sobre el colchón mientras profería un quejido. Al mismo tiempo, un dolor agudo lo recorrió de arriba abajo por toda su espina dorsal.
-Tranquilo, Lucius... –La voz familiar de una mujer, junto con su mano posándose sobre su brazo, pareció tranquilizarlo un poco-. No te preocupes, Severus vendrá muy pronto. Trata de no moverte mucho.
Lucius no entendió todo lo que la mujer le dijo. Aún acostado, sentía que la habitación le daba vueltas. Cerró los ojos y se relajó cuando, en medio de aquéllas palabras, alcanzó a escuchar el nombre de Severus.
-¿Dónde... estoy? –Preguntó con mucho trabajo. Sus labios estaban tan resecos que apenas podía hablar.
-Estás en Hogwarts. –Poppy le acercó un vaso con agua. Lo ayudó a levantar la cabeza mientras el rubio bebía-. Estás a salvo.
-¿Narcisa...? –El hombre no recibió respuesta-. ¿Dónde...?
Poppy estaba a punto de responder cuando alcanzó a escuchar la voz de Severus, que acababa de llegar.
-Lucius... –Severus entró a la habitación y se acercó a la cama-. ¿Cómo te sientes?
Por toda respuesta, el rubio volvió a cerrar los ojos.
-Ahora vuelvo. Por favor, trata de no cansarlo. –Poppy salió del cuarto para buscar algunas pociones que debía administrarle, dejando espacio a los dos hombres para que pudieran hablar con tranquilidad.
-Narcisa... ¿Cómo está?
Severus suspiró mientras se sentaba en la cama, a un costado del rubio.
-Lo siento, Lucius... –Le respondió mientras lo miraba a los ojos.
-¿Ella está...? –El profesor asintió.
Lucius desvió su mirada azul de la de Severus. Giró la cabeza hacia el otro lado mientras apretaba los labios con fuerza. Un largo momento de silencio reinó por todo el lugar. Silencio que Severus no se atrevió a romper.
-¿Cómo...? –El rubio siguió mirando hacia otro lado, incapaz de enfrentar la mirada de compasión del hombre junto a él-. ¿Quién fue...?
-Bellatrix Lestrange... –Severus puso una mano sobre el hombro del rubio. Éste no se movió-. Con un Kedavra.
-Bellatrix... –La voz del rubio se oyó como un susurro. Severus creyó escuchar en su tono de voz algo muy extraño que no alcanzó a descifrar.
El hombre trató de incorporarse, pero de nuevo algo se lo impidió. Volteó a ver a Severus.
-¿Por qué no puedo... levantarme? –Severus guardó silencio-. ¿Severus?
El hombre enfrentó la mirada de su ex compañero. Si tenía que saberlo, mejor decírselo de una vez por todas.
-Los cruciatus de Voldemort... te hicieron daño. –Lucius lo miró sin comprender.
-¿Qué... quieres decir?
-Algunos huesos de tu columna resultaron atrofiados... –Ésta vez el hombre comprendió.
-¿No podré... volver a caminar?
-Poppy dice que podrás volver a hacerlo. Pero necesitarás terapia y mucha constancia.
Lucius desvió la vista y apretó las sábanas con tanta fuerza que sintió que podría fundirlas. Una mueca de frustración se dibujó en su cansado rostro mientras volvía a cerrar los ojos.
-Draco... ¿Lo sabe?
-Está enterado de todo, Lucius. –Suspiró-. Lo único que no sabe es... quién mató a su madre.
-¿Cómo está?
-Al principio se alteró mucho. Pero ahora está mejor. –Severus se sentó en una silla para que Lucius estuviera más cómodo.
-¿Dónde está... Narcisa?
-Aquí mismo. En una habitación especial.
-Quiero verla...
-Espera un momento... –Severus se levantó-. Preguntaré a Poppy si es conveniente moverte.
Lucius no respondió. Sólo asintió con la cabeza y observó cuando Severus salió de la habitación. Intentó mover las piernas, pero vio con frustración que no le obedecían. Lo estuvo intentando una y otra vez, sin ningún resultado. A cada intento, las punzadas en la espalda dolían mucho más. Con un suspiro de decepción, el rubio dejó lo que hacía y se concretó a esperar que Severus volviera.
-¿Qué es eso? –Preguntó cuando vio venir a Poppy con un objeto que le pareció muy extraño. Severus venía detrás de ella.
-Es una silla de ruedas. –Le respondió la enfermera-. Es un invento muggle. Pero hace años la medimagia lo adoptó con algunas modificaciones. Te servirá para trasladarte de un lado a otro. Son muy útiles, te lo aseguro.
Lucius volteó a ver a Severus, quien sólo se encogió de hombros.
-Me niego a subirme a esa cosa... muggle. –Susurró con desprecio.
-Pues no te queda otra opción, Lucius. –Repuso Poppy-. Es eso, o quedarte en cama. Tú eliges.
El rubio volvió a mirar a Severus. Éste permanecía impasible, en espera de una respuesta. Con un bufido, el rubio no tuvo otra opción que aceptar. Entonces Severus lo ayudó a moverse de la cama para sentarse en la silla.
Momentos después llegaban a la habitación donde reposaba Narcisa. Intuyendo que el rubio desearía estar a solas con ella, Severus había preferido retirarse.
-Iré a avisarle a Draco que ya has despertado. –Le había dicho antes de cerrar la puerta.
Y ahora Lucius se encontraba contemplando la urna donde su esposa descansaba. Extendió un brazo para rozar con sus dedos el transparente cristal, pero vio con frustración que no podía alcanzarlo. Maldijo en su interior mientras trataba de encontrar la manera de acercar la silla lo suficiente para alcanzar su objetivo. Pero vio con sorpresa que con sólo pensarlo, la silla parecía obedecerle.
Se sostuvo con fuerza de ella mientras el objeto se elevaba unos centímetros, hasta que Lucius estuvo a la altura que deseaba. Con cuidado, levantó la tapa de la urna y entonces pudo contemplar el rostro de su esposa en todo su esplendor.
"Parece dormida. Como si soñara..." Fue su primer pensamiento mientras acercaba su mano y la posaba sobre su rostro. Lo acarició con lentitud mientras cerraba los ojos. A su memoria vinieron fragmentos de lo ocurrido la noche anterior, y no pudo evitar sentir una intensa ira inundar sus venas.
-Sé que debí protegerte... era mi deber protegerte... –Le susurró mientras acariciaba con ternura sus largos cabellos-. Perdóname por no haber sido lo bastante fuerte para lograrlo. Perdóname...
Una silenciosa lágrima se deslizó por la pálida mejilla de aquél hombre que casi nunca expresaba su sentir. Lágrima que nació para morir antes que otra se atreviera a salir de sus azules ojos.
-Pagarán por esto, Narcisa... –Le prometió mientras seguía contemplando el hermoso rostro de la que fuera su esposa. Apretó sus puños, que temblaron debido a la fuerza impresa en cada una de sus palabras-. Pagarán el haber mancillado tu cuerpo. Aquellos que se atrevieron a tocarte no volverán a tocar a nadie más.
Cerró los ojos mientras atesoraba en su mente la firme promesa que nacía de sus labios. Promesa que, estaba seguro, no descansaría hasta ver cumplida.
-Y en cuanto a Voldemort y a Bellatrix Lestrange... –El rencor trasluciendo en cada una de sus palabras-. No importa cómo ni cuándo... pero te juro, mi querida Narcisa, que llegado el momento de mi venganza desearán no haber nacido nunca...
Lucius Malfoy permaneció unos minutos más, contemplando en silencio el sereno rostro de aquélla que había sido su compañera en las buenas y en las malas, durante muchos años.
-Padre... ¿Estás ahí? –La voz de su hijo del otro lado de la puerta lo hizo salir del trance en que se encontraba. Con un suspiro, el rubio acarició por última vez el rostro de Narcisa mientras susurraba con dulzura.
-Que tengas dulces sueños... mi querida esposa.
oooooooOooooooo
Harry se encontraba frente al lago, esperando a su pareja mientras arrojaba piedritas al agua.
"¿Cuánto tiempo más tendré que esperarlo?" Se preguntó mientras veía cómo los pequeños objetos arrojados provocaban ondas. "No puede ser que a unas horas de no verlo ya lo extrañe tanto..."
De pronto sintió que unos fuertes brazos lo enredaban al tiempo que unos suaves labios se posaban sobre su cuello.
-¿Llevas mucho tiempo aquí? –Le preguntó el profesor mientras continuaba besando su cuello. El muchacho se estremeció pensando hasta donde estaría ese hombre consciente de lo que su cercanía le provocaba.
-El suficiente para extrañarte. –Le respondió al tiempo que cerraba sus verdes ojos y se dejaba arrullar por esos brazos que lo enloquecían-. ¿Dónde estabas?
-En muchas partes. –El profesor suspiró mientras se deleitaba con el aroma de su pareja. Lo tomó de la mano y lo condujo hacia un árbol. Después de sentarse y ponerse cómodos, decidió contarle sobre su visita a la enfermería.
-Entonces Draco está con su padre ahora...
-Así es. –Severus hundió sus labios en los alborotados cabellos del muchacho-. Lucius se lo ha tomado con mucha calma. Podría decirse que con demasiada calma, hasta para ser él.
-Tú que lo conoces bien, ¿Qué crees que pueda significar ésa actitud?
-No lo conozco tanto como crees, Harry. –El profesor envolvió las manos del joven entre las suyas mientras lo abrazaba por la espalda-. Pero me atrevería a pensar que no significa nada bueno.
-¿Crees que esté planeando alguna especie de venganza?
-Tenlo por seguro. –Suspiró-. Y no lo culpo. Si alguien se atreviera a dañar a las personas que amo... creo que haría lo mismo que él.
-Tienes razón. –Harry recargó su cabeza sobre el pecho de su pareja. Miró al cielo, donde una tonalidad rojiza anunciaba la llegada del ocaso-. Debe ser terrible perder a alguien con quien se ha vivido por tanto tiempo.
-Así es, Harry.
-¿Sabes? Cuando perdí a Sirius... pensé que jamás me recuperaría de su pérdida. Pero a pesar de todo siempre mantuve la esperanza de que no hubiera muerto. Algo dentro de mí me decía que estaba vivo, y que me necesitaba. –Volteó a ver a su pareja, quien lo miraba con atención-. Y al final tuve razón y pude recuperarlo.
-Eso es verdad, Harry. Pero... –Severus sostuvo la barbilla del joven mientras seguía mirándolo-. Este caso es diferente. Narcisa está muerta. Lucius y Draco tendrán que sepultarla y darle un último adiós. Aquí no hay incertidumbre sobre si volverá o no. Simplemente no lo hará.
-Y... ¿Qué se debe hacer en estos casos? –Harry frunció el ceño mientras miraba los profundos ojos negros del hombre que amaba-. ¿Cómo aceptar que esa persona ya no estará jamás con uno?
Severus contempló los verdes ojos de su pareja. ¿Quién era él para responder esa pregunta?
Él, que había sido un temible mortífago y había segado tantas y tantas vidas, dejando a tanta gente con esa misma sensación de pérdida que ahora una de sus personas más amadas sufría. Sintió incrementarse más que nunca dentro de su pecho la sensación de culpabilidad que siempre lo acompañaba.
Cerró los ojos para no seguir contemplando a esa criatura que se refugiaba entre sus brazos, como si él pudiera protegerlo de todos los males del mundo.
Él sabía que Narcisa ya había pagado aquélla terrible noche todo el daño que había hecho en su época de mortífago. Y estaba seguro que Lucius estaba aún pagando el precio. Pero... ¿Y él? ¿Cómo pagaría él todo el daño hecho?
-¿Severus? –Harry sintió las emociones que bullían en el corazón del hombre que lo abrazaba-. Por favor... no hagas eso.
Severus volvió a la realidad al tiempo que enfocaba su vista en los verdes ojos frente a él. Lo miró de forma interrogante.
-¿Qué cosa?
-No debes seguir sintiéndote culpable. –Severus resopló al darse cuenta de lo que ocurría. Se le había olvidado por completo con quién se encontraba.
Harry giró su cuerpo para encontrarlo de frente, al tiempo que tomaba su rostro entre sus manos.
-Te lo dije antes y te lo repito ahora... no me importa lo que hayas hecho en el pasado. –Lo besó con ternura mientras continuaba hablando-. Te amo por lo que eres ahora. Y no habrá nada ni nadie que logre cambiar esto que siento por ti.
Severus sintió una cálida sensación recorrer todas sus venas. Lo estrechó con fuerza entre sus brazos mientras sentía una gran paz inundar su corazón.
-Resignación... y tiempo. –Le susurró al oído mientras Harry lo miraba con extrañeza-. Sobre la pregunta que me acabas de hacer...
El muchacho pareció comprender, porque sonrió mientras se giraba de nuevo y volvía a refugiarse entre sus brazos, en la misma posición que se encontraban antes. Ya no hablaron, sólo permanecieron abrazados mientras contemplaban el ocaso.
Y mientras Harry admiraba el atardecer en todo su esplendor, Severus no pudo dejar de pensar en las palabras que una vez Albus le dijera.
"Puede ser entonces que el camino a la redención que tan difícil se te hace recorrer solo, no sea tan doloroso si alguien lo camina junto a ti".
Él estaba consciente que aún estaba muy lejos de llegar al final del camino que lo llevaría a la redención. Pero no pudo dejar de negar que Albus tenía razón. Recorrerlo en compañía de Harry estaba resultando menos doloroso.
oooooooOooooooo
Draco dejó su negra capa sobre una silla del bar, y se sentó en el sillón de su padrino. Su mirada se perdió entre las llamas de la chimenea mientras su mente se perdía en lo que había pasado en la enfermería.
"Sé que mi padre está muy mal... lo sentí con sólo mirar sus ojos". Pensó mientras reclinaba su cabeza en el respaldo. "La muerte de mi madre le ha afectado más de lo que pensaba".
Suspiró cuando recordó la actitud tan pasiva que Lucius adoptó mientras Draco lo abrazaba para confortarlo. Aunque en realidad el muchacho nunca sabría quién había tratado de consolar a quién, pues se había vuelto a sentir alterado ante la presencia de su padre en silla de ruedas.
Se llevó la mano a la cabeza. Un creciente dolor comenzaba a molestarlo. Le había dicho a su padre que buscarían cuanto antes un tratamiento para su parálisis. Le recordó que necesitaría ser perseverante y que tendría que comenzar cuanto antes. Lucius sólo se había encogido de hombros y le había dicho que estaba muy cansado, que necesitaba dormir. Draco no había insistido y, en cambio, se había quedado con él hasta que logró quedarse dormido.
El rubio se levantó del sillón y comenzó a pasearse de un lado a otro, mientras seguía recordando.
Acababa de salir de la habitación de su padre cuando chocó de frente con la persona que menos se esperaba.
Oliver Wood se disculpó con educación para luego seguir su camino. Draco notó que llevaba en su mano una poción que con toda seguridad era para su padre.
-Se ha dormido. –Le dijo con todo el desprecio que era capaz de poner en sus palabras-. Así que no lo molestes.
Oliver sólo frunció el ceño y, sin importarle lo que el rubio le dijera, terminó de entrar a la habitación. Antes de que la puerta se cerrara, Draco lo tomó del brazo con brusquedad y lo encaró con furia.
-¿Qué no acabas de escucharme? –Sus ojos grises ardiendo de rabia-. Déjalo en paz.
Oliver se soltó de la mano que lo apresaba mientras respondía.
-Lo siento, Malfoy. Yo sólo cumplo con mi trabajo. –Se dio la media vuelta para seguir su camino-. Si tienes alguna queja, habla con Madame Pomfrey.
El rubio se quedó parado en su lugar, viendo cómo el ex capitán de Gryffindor se acercaba a su padre y lo despertaba con delicadeza. Pero se sorprendió al ver que lejos de enojarse, su padre se había tomado la poción sin protestar, cuando apenas unos minutos antes, él casi había tenido que rogarle para que comiera algo.
Dispuesto a no seguir viendo el rostro de quien era el causante de su ruptura con Blaise, Draco había bufado con indignación y había salido furioso de la enfermería.
El rubio dejó sus pensamientos a un lado cuando escuchó la puerta abrirse. De inmediato reconoció las voces de Harry y su padrino.
-Hola, Draco. –El moreno se quitó la capa y la dejó por ahí-. ¿Acabas de llegar?
El Slytherin asintió mientras veía a Severus, el cual se acercó a él.
-¿Estás bien? –Severus hizo esta pregunta mientras tomaba del brazo al muchacho, y lo instaba a tomar asiento en el sillón. Draco volvió a asentir. Sin esperar una invitación, Harry se sentó junto a su pareja, quedando el profesor en medio.
-Estuve hablando con Albus... –Le dijo al tiempo que sacaba los documentos que el director le entregara en su oficina-. Sobre la situación de Lucius y todo esto de la tutela.
-¿Hay algún problema? –Preguntó el rubio, mientras ponía toda su atención en él.
-Como verás, se suponía que tras la muerte de tus padres tu custodia pasaría a mis manos.
-Así es. –Draco se enderezó en el sillón-. Esa fue la decisión de mis padres.
-Exacto. Y como también recordarás, los nombres de los implicados quedaron bajo un hechizo de reserva. Los cuales serían revelados en el momento en que la tutela se hiciera válida.
-Pero... –Harry, quien hasta ese momento había escuchado con atención las palabras del profesor, decidió intervenir-. La tutela no puede ser válida, ya que el señor Malfoy está vivo.
-Tienes razón, Harry. –Severus volteó a ver a su pareja para después regresar su mirada hacia Draco-. Por lo tanto, el Ministerio seguirá sin revelar los nombres.
-¿Y eso qué significa? –Preguntó el rubio. Al instante, Harry se levantó del sillón y se paró frente a ellos. Draco pudo advertir que el muchacho se había puesto pálido-. ¿Harry?
-¿No lo entiendes, Draco? –El Slytherin negó con la cabeza-. Voldemort cree que tu padre está muerto. Él piensa que Severus lo mató. Si para mañana no se revelan los nombres entonces se dará cuenta que Severus le mintió.
Draco volteó a ver al profesor, sus ojos reflejando una gran preocupación.
-¿Es cierto eso, Severus? –El hombre asintió-. ¡Pero él no debe saberlo! ¡Si se entera te matará!
-Tranquilos... –Severus pudo observar que ambos muchachos comenzaban a alterarse-. Fudge encontró una solución temporal a todo esto.
-¿Cuál es? –La pregunta salió al mismo tiempo de labios de ambos jóvenes. Severus no pudo evitar sonreír. Desdobló el documento que tenía en sus manos y se lo entregó a Draco.
-Sólo tienes que firmar aquí.
-¿Qué es esto? –El rubio frunció el ceño mientras tomaba el papel. Después de unos momentos levantó su mirada gris hacia él-. ¿Por qué dice aquí que no estoy de acuerdo en que seas mi tutor? Eso no es cierto.
-Ya lo sé, Draco. –El profesor suspiró-. Sólo es para ganar tiempo. Mientras la demanda contra mí esté en trámite, el Ministerio seguirá sin revelar los nombres. Sólo saldrá a la luz el nombre de Albus como defensor judicial.
-¿Qué es eso? –Preguntó el moreno mientras volvía a sentarse junto a su pareja.
-Quiere decir que mientras el Ministerio no resuelva el nombramiento de otro tutor, Albus será el tutor temporal de Draco.
-Cuando Voldemort se entere se enfurecerá...
-Sin duda alguna. –Volteó a ver a Draco-. Necesitaré que los firmes ahora mismo. Albus se los llevará a Fudge mañana a primera hora.
-¿Es necesario? –El rubio bajó su rostro, reflejando tristeza-. Sé que mientras mi padre viva no necesitaré que seas mi tutor, pero... eso no hace que deje de sentirme mal. Si algo le llegara a pasar no quiero quedarme con el director, sino contigo.
Severus rodeó los hombros del muchacho, el cual levantó su mirada para ver los negros ojos de su padrino.
-Estoy seguro que tu padre estará mucho tiempo más con nosotros. Y no debes preocuparte por tener otro tutor. Jamás permitiría que te alejaran de mi lado.
-Pero existirá ésta demanda como antecedente.
-Para cuando todo esto acabe, ya habrás cumplido la mayoría de edad, y todo este asunto de la demanda no tendrá ningún significado.
-Severus tiene razón. –Harry recargó la barbilla en el hombro del profesor para entrar en el campo de visión del rubio-. No olvides que esto es sólo para ganar tiempo y que Voldemort no sepa que tu padre aún vive.
Se levantó y se dirigió al bar, donde se puso a jugar con las copas de cristal.
-Además... no falta mucho para que ese monstruo y yo nos veamos las caras. Y para cuando llegue el día de mi cumpleaños, él ya habrá dejado de existir.
Severus y Draco se miraron el uno al otro, sorprendidos por la seguridad en las palabras del Gryffindor. El respeto que el rubio siempre había sentido hacia quien ahora era su amigo, se vio fortalecido ante su determinación.
Severus se levantó del sillón y abrazó a Harry por la espalda. El muchacho se estremeció al sentir que su aliento chocaba contra su oreja, mientras el profesor le murmuraba:
-Jamás he escuchado palabras más osadas. Pero quiero que sepas que creo en ellas más que en cualquier otra cosa. –Lo giró con suavidad para mirarlo de frente-. Y te puedo asegurar que ésta noche me siento más orgulloso de ti, de lo que nunca lo he estado antes, por nadie.
Harry sonrió ante las palabras de su pareja. Rodeó su cuello con sus brazos y lo besó sin importarle la presencia de Draco.
-¿Alguien quiere cenar algo? –El rubio, rojo hasta las orejas, no encontró mejor excusa para que ésos dos dejaran de dar función frente a él-. Porque yo ya tengo hambre.
Severus y Harry sonrieron mientras se separaban.
-Entonces será mejor que llamen a un elfo para que nos traiga la cena. –Acarició el rostro de su pareja para después dirigirse a su habitación-. Mientras iré a darme un baño.
Cuando el profesor desapareció por la puerta de su habitación, Draco volteó a ver a Harry, quien seguía parado junto al bar, ésta vez inspeccionando las botellas.
-¿No piensas ir con él?
Harry dejó lo que hacía para ir a sentarse al sillón, junto al rubio.
-Me encantaría, Draco. Pero... –El moreno se rascó la cabeza, indeciso-. Una parte de mí me grita que vaya y lo convenza de hacer todo lo que quiera conmigo. Pero por otro lado...
-¿Qué? ¿Hay algún problema?
-Aún soy menor de edad. Ya de por sí tendremos muchos problemas cuando Sirius se entere. –Suspiró mientras recordaba su última conversación con Remus-. Si tenemos relaciones íntimas ahora... Severus estaría infringiendo la ley y no quisiera que tuviera problemas legales por mi culpa.
-¿Crees que tu padrino sería capaz de enviarlo a Azkaban?
-No lo sé, Draco. Lo conozco y sé que tiene un carácter bastante... explosivo. Pero más que eso, lo que me preocupa es la aversión que siempre ha habido entre ellos. Creo que ésa sería la principal razón para que no aceptara lo nuestro. Por eso no queremos arriesgarnos. Tal vez con otra persona no reaccionaría tan mal. Pero tratándose de Severus... creo que la situación empeoraría.
-Entiendo... –Draco llamó a un elfo. Después de darle instrucciones y el elfo despareciera, se dirigió de nuevo a su amigo-. ¿Sabes? Yo no soy nadie para aconsejarte, pero... creo que hay algo que deberían tomar en cuenta. Los dos.
-¿Qué cosa?
-Hace unos momentos dijiste que para cuando cumplieras los dieciocho, Vold...
-Voldemort.
-... ya no existiría.
-¿Qué tiene eso que ver con Severus y conmigo?
-No quiero decir con esto que no lo vayas a hacer, pero... ¿Qué tal si no llegaras a lograrlo?
Harry guardó silencio ante este último comentario.
-¿Te das cuenta de que han estado aguardando un momento que tal vez nunca llegue? ¿Que tal vez durante este último enfrentamiento contra... él, uno pierda al otro?
-No lo digas...
-No quiero asustarte, Harry. –El rubio tomó el hombro de su amigo mientras proseguía-. No quiero que les pase nada, a ninguno de los dos. Pero quiero que tomes una cosa en cuenta... nadie tiene la vida comprada. Hoy podemos estar aquí, disfrutando de la compañía de la persona que amamos y mañana... ya no.
Al decir éstas últimas palabras, Draco no pudo evitar que una lágrima recorriera su mejilla. Se había prometido no ser débil pero era inevitable. Harry se acercó a él y lo estrechó entre sus brazos.
Draco cerró los ojos mientras evocaba en su mente el bello rostro de su madre, a la que nunca más volvería a ver. Deseó con toda su alma haber tenido más tiempo para decirle cuánto la amaba. Pero ya era demasiado tarde para eso.
Permanecieron abrazados un instante más hasta que el elfo volvió con el pedido. Y mientras la cena era servida, ninguno de ellos se percató que la puerta de la recámara principal se cerraba en silencio.
oooooooOooooooo
Remus Lupin abrió con suavidad la puerta de la habitación de Lucius. Dio unos cuantos pasos para poder distinguir su rostro, iluminado con sutileza por la luz de la luna creciente que se asomaba por el ventanal. Lucius permanecía con los ojos cerrados. Remus suspiró sin atreverse a dar un paso hacia la cama, pues temía despertarlo.
-¿Piensas quedarte ahí parado toda la noche? –Remus dio un respingo cuando escuchó la voz de quien creía dormido.
-No quería despertarte.
-No estaba durmiendo. –El rubio le hizo señas con la mano para que se acercara. Después de un segundo de duda, el licántropo se decidió. Se acercó con paso lento hasta quedar a un paso de la cama.
-Lamento lo ocurrido... –Posó su mano sobre la mano del rubio-. De verdad lo lamento mucho...
Lucius cerró los ojos al tiempo que apretaba la mano del hombre junto a él. Movió la cabeza en afirmación aceptando sus condolencias.
-¿La viste? –El profesor de Defensa asintió-. ¿Verdad que era muy bella?
-Lo era, Lucius. –Suspiró-. Muy bella.
-Mañana temprano será el sepelio. ¿Vendrás?
-Ahí estaré.
Remus desprendió su mano de la del rubio y acercó una silla para sentarse.
-Siento no haber podido venir a verte antes... pero supuse que querrías estar solo. –El rubio sonrió con pesar al escuchar esas palabras.
-Veo que a pesar de tantos años no has olvidado cómo soy. –Remus no respondió-. Yo tampoco he olvidado cómo eres.
Hubo un largo momento de silencio. Como si con esas palabras, el rubio hubiera abierto una ventana al pasado, haciendo que los recuerdos se asomaran a la memoria de cada uno. Remus movió la cabeza en negación.
-No somos los mismos, Lucius... –El licántropo de puso de pie y dejó que su vista se perdiera en el cielo nocturno-. Muchas cosas han cambiado desde entonces.
-¿Qué tanto has cambiado? –Lucius no despegó su mirada de la figura de Remus, contrastante a través de la luz que irradiaba desde el ventanal.
-He crecido... he madurado. –Remus dio media vuelta para enfrentar los azules ojos del hombre frente a él-. Tú también lo has hecho.
-Tal vez crecí... –El licántropo pudo distinguir un dejo de tristeza en las palabras de su ex amante-. Pero sin duda no maduré... no lo suficiente. Todas las malas decisiones que alguna vez tomé en mi vida ahora se vuelven contra mí.
-Todos nos equivocamos, Lucius. –El licántropo suavizó su expresión mientras volvía a acercarse a él-. Después de todo, somos humanos. –Sonrió, irónico, ante su propia afirmación-. Bueno... algunos más que otros.
Lucius comprendió la alusión y miró a los dorados ojos del hombre lobo.
-¿Sigues visitando ese lugar? –Remus frunció el ceño un segundo, para después responder cuando entendió la pregunta del rubio.
-Voy cada mes... desde que volví a Hogwarts.
-Nunca... quisiste que fuera contigo. –El tono de reproche en la voz de Lucius no pasó inadvertido por el licántropo.
-Nunca fue un lugar muy agradable... –Se encogió de hombros mientras continuaba-. Además... era peligroso.
-Severus me comentó alguna vez que desarrolló una poción para ti.
-La poción Matalobos. –Remus volvió a tomar asiento mientras pasaba sus manos por su rostro. Era incómodo para él hablar de eso-. No me curó, pero me vuelve inofensivo.
-Falta poco... –Afirmó el rubio mientras su mirada azul se posaba en el ventanal. Remus siguió la mirada del rubio y asintió.
-Once días...
-¿Sigue siendo doloroso?
-Mucho. Aún con la poción.
-Siento escuchar eso. –Lucius se quedó callado un momento. Volteó a ver al licántropo quien a su vez lo miraba con atención-. Me gustaría verlo... algún día.
Remus movió la cabeza, sin dar crédito a lo que oía.
-Te puedo asegurar que no es nada agradable. –Recordó cuando Sirius le contó sobre su transformación frente a los muchachos y la cara de terror que ellos pusieron al descubrir que era un hombre lobo-. ¿Por qué querrías presenciar algo como eso?
-Porque fue lo único de ti que no pude conocer.
Remus comprendió y no pudo evitar sonrojarse ante el profundo significado de esas palabras. Se puso de pie.
-Será mejor... que te deje descansar.
-¿Ya te vas?
-Sí. Bueno, yo... –El licántropo hizo el intento de caminar hacia la puerta, pero la voz de Lucius se lo impidió.
-¿Por qué no te quedas? –Remus lo miró, sorprendido-. Sólo un momento más.
El licántropo suspiró mientras volvía al lugar donde se encontraba antes.
-Sería bueno que trataras de dormir.
Lucius extendió su mano, invitando a Remus a posar la suya sobre ella.
-¿Sabes que he quedado paralizado de las piernas? –Remus apretó su mano con fuerza mientras respondía.
-Lo sé. Y también sé que podrás recuperarte si te lo propones.
-Tal vez, cuando vuelva a caminar... entonces haga muchas cosas que no hice antes.
-¿Cómo cuáles?
-Llevaré a Draco a muchos lugares que aún no conoce... invitaré a Severus a cenar más seguido, aunque a veces no es una compañía muy grata. –Remus sonrió-. Siempre terminamos peleando... ¿Sabes que le debo la vida?
-Sí. También lo sé...
-Y también... iré a ese lugar a verte...
-Basta, Lucius... –Remus siguió sonriendo mientras apretaba su mano aún con más fuerza-. ¿Sabes que a veces se me olvida tomarme la poción?
-No me importa...
Lucius cerró los ojos mientras continuaba sosteniendo la mano de la persona que a pesar de tantos años aún seguía amando. Suspiró mientras recordaba el tiempo vivido a su lado. Remus seguía acariciando su mano con suavidad. Él a su vez recordaba.
El sueño lo venció poco a poco. Remus permaneció acariciando por un momento más la mano de quien alguna vez fuera su amante. Cuando se percató que se había quedado dormido la depositó sobre su pecho y lo cobijó con cuidado para no despertarlo. Era hora de su cena con Sirius y debía marcharse.
Permaneció un momento más parado junto a su lecho. La luz de la luna continuaba alumbrando sus facciones dándole un matiz etéreo, casi angelical. Posó sus dedos sobre su rostro maduro y lleno de laceraciones, pero terso aún, mientras susurraba:
-Que tengas dulces sueños... mi querido Lucius.
Continuará...
Próximo capítulo: Besos, flores y adioses.
Notas:
Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.
Besitos.
K. Kinomoto.
