Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews.

Ailuj: Hola, ¿de verdad lo leíste de corrido? Vaya, eso debió ser muy cansado, jeje. Por supuesto que voy a continuarlo, por lo pronto aquí tienes el siguiente capítulo, y espero que te agrade. Sabrás a quién le cayó el rayo. Muchas gracias por tu review y muchos besitos. Rebeca.

Nan: Hola, Nan, me alegra que te haya gustado este capítulo. Lupin sufrirá mal de amores durante un buen rato más. Y Sirius, pues bueno, más adelante conocerás su razón de ser. Espero que éste capítulo también te guste y muchas gracias por tu comentario. Besitos. Rebeca.

Y a todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XII

Si no existiera un mañana.

Severus caminaba deprisa por los corredores que conducían hacia una de las salidas del Castillo. Desde que dejara a Lucius en su nueva habitación, la inminente llegada de la tormenta de verano lo había hecho apurar sus pasos, con el pendiente de los dos muchachos sobrevolando las altas Torres.

Él sabía que bajo una lluvia normal, ellos no corrían peligro alguno. Pero la cosa cambiaba cuando había tormenta eléctrica. Ni los voladores más experimentados se arriesgaban a sobrevolar los cielos sobre una escoba bajo una tormenta de ese tipo. Esperaba que los muchachos hicieran uso de su buen juicio y ya hubieran descendido.

-Pido demasiado... –Se dijo cuando, al salir al patio central, vio a los dos recorriendo la Torre Norte-. ¡Hey! ¡Ustedes! ¡Bajen de ahí ahora mismo!

El profesor movió ambos brazos acentuando su petición, pues sabía que a esa altura, y con el viento y la lluvia aumentando, era casi imposible hacerse escuchar. Se consideró afortunado cuando al levantar los brazos los muchachos lo descubrieron.

Tras un amistoso saludo que Draco le dirigió desde lejos, ambos jóvenes enfilaron sus escobas en picada hacia él. Severus se cruzó de brazos esperando a que los muchachos terminaran de descender, y entonces ya lo escucharían.

Estaba en mitad de esos pensamientos cuando un rayo lo cegó por un instante. Alcanzó a escuchar el ruido del trueno y, muy leve, lo que le pareció que era un grito. Abrió sus negros ojos sólo para ver cómo la escoba de Harry volaba en pedazos mientras el muchacho era lanzado varios metros hacia atrás.

-¡Harry!

El hombre corrió los metros que lo separaban de su pareja con todas las fuerzas que pudo reunir, mientras Draco terminaba de descender, incrédulo ante lo que acababa de presenciar.

Jamás había sido tan largo ningún camino, ni tan eterno el tiempo que le tomó llegar a donde el joven yacía, inconsciente. Severus se arrodilló ante el muchacho y palpó su muñeca para tomarle el pulso. No lo tenía.

-No... –Severus sabía que no podía levantarlo para llevarlo a la enfermería en esas condiciones. No sabía si tenía alguna fractura de consideración. Pero todo eso había pasado a un segundo plano. Lo primero era resucitarlo-. ¡Draco! ¡Ven aquí! ¡Rápido!

El rubio, que temblaba sin saber qué hacer, reaccionó al escuchar la enérgica voz de su padrino.

-No me dejes... por favor... –Susurró Severus mientras acariciaba el rostro empapado de su pareja.

Draco corrió para alcanzar a Severus, quien para entonces se hallaba dándole respiración boca a boca. Después de unos segundos, el hombre se colocó a la altura de su pecho y comenzó a masajear su tórax, tratando de reanimar su corazón.

-¿Ves cómo lo hago? –El rubio asintió, aún tembloroso-. Hazlo cuando te lo indique.

Severus volvió a la respiración boca a boca mientras Draco se inclinaba a la altura de su pecho. Al escuchar la orden, repitió el procedimiento que su padrino le indicara.

Ninguno de los dos supo cuánto tiempo pasó. Pudieron ser segundos que a ambos le parecieron horas. El pecho de Harry se elevó mientras el joven abría su boca dentro de la de Severus, buscando aire. Su pareja se separó de él para dejarlo respirar, mientras el muchacho tosía repetidas veces.

Lo tomó entre sus brazos y lo acurrucó contra su pecho, sin hacer caso a sus heridas. El muchacho había vuelto a nacer para él y era lo único que le importaba.

-Sev... –Harry abrió sus verdes ojos con lentitud. Una mueca de dolor cruzó sus claras facciones y su cuerpo se aflojó. Había perdido el sentido.

-Aquí estoy... tranquilo... –El hombre acunó el delgado cuerpo mientras besaba sus cabellos, para después tomarlo con suavidad entre sus brazos-. Estarás bien. Todo estará bien.

Se encaminó lo más rápido que pudo hacia la enfermería. Draco corrió detrás de él, aún temblando. Regada por todo el patio central, la Saeta que Sirius le regalara yacía hecha pedazos, la lluvia apagando el fuego que la consumía.

oooooooOooooooo

Lucius Malfoy ignoraba el terrible dolor que punzaba su espalda. Con todas sus fuerzas impulsaba las ruedas de su silla para llegar lo más pronto posible. Por el tiempo transcurrido desde que presenciara la caída del rayo hasta ése momento, calculaba que Severus ya se encontraba en la enfermería con los muchachos. Así que con ese pensamiento se dirigió hacia allá.

Al doblar por uno de los pasillos chocó de frente contra Remus, quien fue a dar contra el piso mientras torcía el gesto en una mueca de dolor.

-Auch... eso dolió... –El licántropo se levantó mientras se tallaba con fuerza la pierna derecha, que había recibido la mayor parte del golpe-. ¿Se puede saber por qué tanta prisa?

Lucius no respondió y, en vez de eso, aumentó la velocidad de su silla. Entonces Remus supuso que algo pasaba.

-¿Estás bien? –Corrió con rapidez hasta alcanzar los asideros de la silla-. ¿Qué ocurre?

-Los muchachos... tuvieron un accidente. –Lucius dejó de maniobrar al darse cuenta que el licántropo ya lo hacía por él-. En las Torres.

-¿Qué les pasó? –El profesor de Defensa aumentó la velocidad de la silla. Ahora sabía hacia dónde se dirigía el rubio-. ¿Están bien?

-No lo sé. –Lucius movió la cabeza en señal de negación-. A uno de ellos le cayó un rayo.

Al escucharlo, Remus sintió que el alma se le iba a los pies.

-¿Cómo...? ¿Quién?

-¡No lo sé! –Respondió Lucius, ya alterado-. No pude distinguirlos muy bien.

Remus ya no siguió haciendo preguntas. Y en vez de eso, aferró la silla y corrió por los pasillos en dirección a la enfermería.

Cuando llegaron, lo primero que vieron fue a un Draco Malfoy, empapado por completo y temblando de pies a cabeza, mientras se paseaba de un lado a otro del largo pasillo de la enfermería.

-¡Draco! –Lucius sintió un gran alivio al ver a su hijo al salvo. Al escuchar su nombre, el muchacho corrió hacia los dos hombres, sus grises ojos surcados por una sombra de preocupación-. ¿Estás bien?

-Sí. Pero Harry... –Remus dejó solos a los Malfoy mientras corría hacia el interior de la enfermería-. Pasó algo horrible...

-Lo sé, Draco... –El hombre tomó del brazo a su hijo mientras continuaba-. Lo vi todo.

-¿Cómo...?

-Lo vi por casualidad. –El muchacho seguía temblando. Pasó una mano por todo su brazo para tranquilizarlo-. No vi a quién le cayó el rayo. Temí que hubieras sido tú.

-Le cayó a Harry.

-¿Cómo está?

-Ahora ya respira. Pero cuando cayó de la escoba no tenía pulso. –Se estremeció al recordar a Severus tratando de reanimarlo-. Severus lo revivió.

-¿Está con él ahora? –El muchacho asintió-. No debes preocuparte. Estoy seguro que Poppy hará un buen trabajo con él.

-Cuando llegamos Poppy no estaba. Su... auxiliar tuvo que localizarla. Pero ahora ya lo está atendiendo.

-Entonces no podemos hacer más que esperar.

Una silenciosa lagrima resbaló por la mejilla del muchacho. Volteó el rostro para que su padre no lo viera. Pero Lucius ya lo había visto.

-Estará bien. Ya lo verás. –Draco se sorprendió ante el gesto de su padre. En otras circunstancias le habría recordado que sus lágrimas no eran dignas de un Malfoy.

-Yo tuve la culpa... –Draco se abrazó a sí mismo para protegerse del frío que sentía.

-¿Por qué dices eso? –Lucius frunció el ceño ante la declaración de su hijo.

-Él dijo que era suficiente. Que debíamos bajar. –Suspiró-. Pero yo no le hice caso y en vez de eso lo reté a otra carrera.

-Draco...

-Si yo no hubiera insistido nada de esto hubiera pasado. Y entonces Harry... él estaría bien.

-Fue un accidente, Draco. –Lucius tomó la mano de su hijo e hizo que lo mirara a los ojos-. Así como le ocurrió a él, le hubiera podido pasar a cualquiera. No debes sentirte culpable por eso. Estoy seguro que Potter no te culpa.

-¿Tú crees?

-Te lo puedo asegurar.

El muchacho guardó silencio ante las palabras de su padre. Volteó hacia la puerta donde Severus y Remus esperaban noticias de Harry y deseó con todas sus fuerzas que su amigo se encontrara bien. Tomó nota mental de que le ofrecería una disculpa si se recuperaba. Tembló de nuevo. La pesada capa empapada no lograba darle calor.

-Creo que deberías ir a cambiarte de ropa. –Le sugirió su padre mientras lo observaba.

-No quiero irme. –El muchacho negó con la cabeza-. Primero quiero saber cómo se encuentra Harry.

-No sabemos cuánto tiempo pasará hasta tener noticias. No tiene caso que te arriesgues a que te dé una pulmonía. Te secaría con un hechizo, pero no puedo. Y no te recomiendo que lo hagas tú, estás tan nervioso que podrías matarte.

-Lo sé. –El rubio suspiró, resignado-. Tampoco quiero pedírselo a Severus. Debe estar furioso conmigo.

-¿Quieres que se lo pida yo?

-No. Está bien... –El muchacho se dirigió hacia donde se encontraba su padrino-. Se lo pediré yo.

Draco entró con cautela por la puerta de la habitación donde Severus y Remus esperaban, impacientes. El licántropo se paseaba de un lado a otro, demasiado preocupado para reparar en la presencia del rubio. Severus se encontraba parado junto a la chimenea. Sus negros cabellos cubrían su rostro de manera que Draco no pudo apreciar su estado de ánimo. Pero supuso que no era nada bueno. Suspiró. Sería mejor quedarse empapado.

Albus Dumbledore traspasó el nicho de la chimenea, sobresaltando al rubio, que no lo esperaba.

-¿Qué fue lo que pasó? –El director se dirigió a Severus-. ¿Por qué me has llamado con tanta urgencia?

Draco permaneció parado en una esquina mientras escuchaba a Severus relatándole al director lo ocurrido. El rostro del anciano mago se llenó de preocupación conforme lo escuchaba.

-¿Estás seguro que su corazón volvió a latir?

-Sí, Albus. –Severus se frotó los brazos. Hasta ese momento, Draco se dio cuenta que él también tenía la ropa mojada-. Mencionó mi nombre antes de perder el sentido.

-Bien, bien... eso es bueno. –Miró hacia la habitación donde Poppy atendía a Harry. Estaba cerrada, señal de que la enfermera no quería que nadie los molestara-. Entonces no nos resta más que esperar.

El profesor de pociones asintió mientras suspiraba. Dejó que su mirada volviera a perderse entre las llamas de la chimenea.

-Severus... –El tono serio en la voz del director hizo que tanto Severus como los demás fijaran su vista en él-. Sabes que tengo la obligación de informarle al tutor de Harry, ¿Verdad?

Severus resopló mientras asentía con la cabeza. Sabía que esto no iba a gustarle nada al animago. El director tomó un puñado de polvos y los lanzó mientras mencionaba el nombre de la mansión de Black. Remus tomó aire. Sabía lo que vendría.

Momentos después, Sirius Black emergía de la chimenea de la enfermería. Sus azules ojos puestos con fijeza sobre el director.

-¿Qué ocurre, Albus?

Draco sólo cerró los ojos mientras volvía a escuchar la historia, ésta vez contada de voz del director. Tuvo la certeza de que esa noche tendría pesadillas. Si es que acaso lograba dormir.

La alterada voz del animago lo hizo emerger de golpe de sus pensamientos.

-Cálmate, Sirius... –La voz de Albus se escuchó poco después.

-¿¡Cómo quieres que me calme? ¡Me acabas de decir que a mi ahijado... a mi niño, le ha caído un rayo! ¡Y quieres que me calme! –Volteó a ver a Draco-. ¿No se supone que Hooch les enseñó que no deben volar bajo relámpagos?

El muchacho asintió para después bajar la cabeza, intimidado por la intensa mirada del animago.

-¿Y entonces? ¿¡En qué diablos estaban pensando?

-¡Es suficiente! –La voz de Severus se dejó escuchar con claridad-. No voy a permitirte que le hables de esa forma.

-¡Tú no te metas! ¡No tienes derecho a reclamar nada! –Lo señaló con el dedo índice mientras continuaba-. ¡Estaba bajo tu responsabilidad! ¿¡Qué basura te pasó por la cabeza para autorizarlo a volar en esas condiciones?

Severus estuvo a punto de responder, pero Remus intervino.

-Él no es el responsable de lo que ocurrió. –Sirius volteó a ver al licántropo-. Yo fui quien dio la autorización para que volaran. Es mi responsabilidad.

-Eso no es cierto. –Todos voltearon a ver al muchacho-. No pedimos permiso. Y en todo caso, yo soy el culpable. Yo le insistí a Harry para que siguiéramos volando a pesar del mal tiempo.

-Está bien. Es suficiente. –Albus decidió aclarar las cosas-. Draco, fue un accidente. Remus, nadie es responsable de nada. Y Sirius... sólo para que lo sepas, Harry dejó de respirar por un momento, y fue Severus quien lo volvió a la vida.

-¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Agradecérselo?

-No espero tu agradecimiento, Black. –Le respondió Severus con todo el desprecio que pudo reunir-. No espero nada de ti.

-¡Pues qué bueno! ¡Porque no pienso agradecerte cuando se supone que si dejé a mi ahijado en este Colegio fue por su seguridad! ¡Seguridad de la que tú y Minerva estaban a cargo!

-No metas a Minerva en esto. Ella ni siquiera está aquí. –Severus se acercó al animago mientras continuaba, tratando de aparentar una frialdad que estaba muy lejos de sentir-. Para tu información todos aquí tenemos una vida. No podemos estar vigilándolos las veinticuatro horas del día. Te lo dije una vez y te lo repito, él ya está lo bastante grandecito para hacer de su vida lo que se le venga en gana.

-¡Lo que pasa es que a ti no te importa lo que le ocurra a Harry! –Severus lo miró, incrédulo-. ¡Siempre lo has odiado y tengo la seguridad de que si Draco no hubiera estado ahí lo habrías dejado morir! ¡No me extrañaría que estuvieras esperando el momento preciso para eso!

-¡Tú no sabes nada! –Severus lo tomó por la solapa de la túnica mientras lo zarandeaba-. ¡No hables de lo que no tienes ni idea!

-¡Suéltame! –Sirius apretó las muñecas de su enemigo de juventud para librarse de su agarre. Albus y Remus se acercaron para tratar de separarlos.

-¡Basta! ¿¡Quieren callarse los dos de una buena vez? –Todos voltearon a ver a Draco, quien se pasó una mano por sus rubios cabellos, aún mojados, mientras recobraba la compostura-. Harry está en la habitación de al lado, ¿No se han puesto a pensar que puede estar escuchándolos? En vez de estarse gritando deberían tratar de calmarse. No olviden que él también siente lo que nosotros estamos sintiendo.

Severus soltó de inmediato a Sirius, quien se apresuró a acomodarse la túnica. El animago fue a pararse a un lado de Remus, quien lo miró con sus dorados ojos, conciliadores. Eso logró tranquilizarlo un poco.

Lucius Malfoy, quien había escuchado la discusión de principio a fin, entró al cuarto, mientras miraba a su hijo con una creciente admiración al ver la madurez con la que había actuado ante las circunstancias. Frunció el ceño al ver que aún estaba empapado.

Severus volvió a su lugar junto a la chimenea. Cerró sus negros ojos mientras pensaba en Harry. Un suspiro escapó de sus labios al tiempo que se concentraba en todos los sentimientos que su pareja le provocaba. Si Harry podía sentir en ese momento sus emociones, entonces él haría todo lo posible por transmitirle todo el amor que era capaz de profesarle.

oooooooOooooooo

Los relámpagos que surcaban el cielo caían sin piedad, una y otra vez, sobre el cementerio enclavado detrás de la Mansión Riddle. La intensa luz que irradiaban a su paso iluminaba por momentos las antiguas y ajadas lápidas, cuyos nombres de quienes descansaban bajo ellas el tiempo mismo se había encargado de borrar.

A través del enorme ventanal, Los purpúreos ojos de Lord Voldemort observaban con deleite el irónico contraste entre aquéllas deslumbrantes luces y la negrura total, moradora permanente del lúgubre lugar. Tan lúgubre y oscuro como sus mismos pensamientos. Como su mismo corazón.

-¿Tienes lista la información que te pedí, McEwan? –El Dark Lord no se tomó la molestia de voltear a ver al recién llegado. El mortífago permaneció en silencio unos instantes, sin poder evitar sentir un escalofrío al ver a su Señor. Venía del Ministerio, por lo que las noticias que llevaba no eran buenas-. ¿Y bien?

-Mi señor... –McEwan se retorció las manos, nervioso-. No pude hacer las averiguaciones que me solicitó. No... se revelaron los nombres del tutor y los testigos.

El mortífago se preparó para lo peor. Lord Voldemort despegó su perversa vista del ventanal para posarla sobre el recién llegado. El hombre comenzó a temblar.

-¿Se puede saber por qué?

-El joven Malfoy... interpuso una demanda contra el tutor que sus padres nombraron... y el Ministerio la aceptó.

-¿Quieres decir que no está conforme con el tutor que le asignaron?

-Eso parece... mi Lord. Pero eso no es todo... el Ministerio nombró un defensor judicial para el muchacho.

-¿Qué significa eso?

-Quiere decir que... tendrá un tutor temporal hasta que se le asigne uno definitivo... al menos hasta dentro de quince días, que será cuando se revelen los nombres.

-¿Quién es?

-Albus... Dumbledore.

Los purpúreos ojos se entrecerraron mientras el mortífago esperaba la reacción violenta de su Señor. Se sorprendió cuando, en vez de eso, el Dark Lord habló con voz calmada.

-Muy bien, McEwan. Ahora que sé que Draco está bajo el amparo de Dumbledore, no me cabe la menor duda que los Malfoy pidieron la intervención de la Orden del Fénix para su protección. ¿Sabes lo que eso significa?

El mortífago guardó silencio.

-Significa que tendré que recurrir a medidas más drásticas para obtener lo que deseo. Olvídate del Ministerio, todo este asunto de la tutela y demás estrategias sólo es para hacerme perder el tiempo. Tiempo del que ya casi no dispongo. Puedes retirarte.

Cuando el mortífago se fue, dando gracias a Merlín por no haber sido el centro del desquite de la ira de su Lord, éste se volvió de nuevo hacia el ventanal.

Afuera había dejado de llover. Pero cualquiera que mirara en ese momento a los ojos del Dark Lord, se daría cuenta que dentro de ellos no había dejado de relampaguear.

oooooooOooooooo

"Muerte..."

Sentía un gran vacío en su interior. Una negrura completa taladraba sus sentidos hasta volverse una tortura insoportable. Trataba de abrir sus ojos sólo para descubrir que en realidad ya los tenía abiertos y que, por más que lo intentara, sólo podía distinguir oscuridad...

"Ira..."

Sentía dos garras sujetando su cabeza, una a cada lado. Trataba de librarse del doloroso agarre y lo único que conseguía era volverlo más doloroso. El espacio vacío se convirtió en risas macabras y ojos centellantes de odio y maldad. Destellos plateados y verdes que herían su visión y lo hacían cerrar los ojos, sólo para encontrarse de nuevo con la oscuridad y el vacío...

"Miedo..."

Su aliento escapaba de su boca sin poder evitarlo. Un frío repentino lo envolvía haciendo que su cuerpo temblara sin remedio. Visiones sobre cosas terribles y dolorosas desfilaban en procesión, haciendo que deseara cerrar sus ojos para no volver a abrirlos nunca más. Lágrimas saladas brotaban de ellos sin que él quisiera, ni pudiera detenerlas.

"Amor..."

El sonido de una amorosa voz hizo que el vacío desapareciera. Unas suaves manos acariciando su rostro lograron que las garras que sujetaban su cabeza lo dejaran, haciendo que el dolor se alejara. El contacto de unos tibios labios contra los suyos le devolvió el aliento y desvaneció el frío y las imágenes dolorosas se fueron con él. Abrió los ojos y en lugar de la oscuridad, se encontró con un ángel de pupilas negras.

-Sev...

Un agradable calor como el que nunca antes había sentido le devolvió las ganas de vivir. Volvió a cerrar sus ojos. Ahora ya no existía el vacío, ni la ira, ni el miedo. Un sentimiento hermoso movió cada fibra de su ser y entonces se sintió protegido. Seguro. Amado...

oooooooOooooooo

-Ha despertado.

Severus abrió los negros ojos al escuchar las palabras de Poppy. Dejó su lugar junto a la chimenea y apresuró sus pasos hasta quedar plantado frente a ella.

-¿Cómo está? –Las palabras se dejaron escuchar sin que él moviera sus labios. Alguien más hacía la misma pregunta que él.

-Sobrevivirá. Diría que está vivo de puro milagro, pero creo que no es así por necesidad.

-¿Qué quieres decir? –Fue la pregunta que brotó de labios del director.

Poppy se quitó la bata blanca con total calma, mientras trataba de ordenar sus ideas. La colocó en el perchero sin percibir la angustia latente en cada uno de los que se hallaban con ella.

-Verán... hay dos maneras de que un rayo llegue a golpear a una persona. La directa y la indirecta. –Miró a los ojos de cada uno, percibiendo su total atención-. Cuando un rayo golpea directo a una persona, las posibilidades de que sobreviva son casi nulas. Cuando golpea de forma indirecta hay más posibilidades de sobrevivir, puesto que el rayo golpea primero a un objeto y después rebota sobre la víctima, provocándole menos daño.

-¿Cuál de las dos le ocurrió a Harry? –Ésta vez fue Sirius el que preguntó.

-No lo sé con certeza, pero dada la situación de sus heridas, me atrevo a pensar que el golpe fue indirecto. Estaba descendiendo de la Torre Norte en su escoba, ¿No es así? –Todos asintieron-. Con toda seguridad el rayo golpeó primero la Torre.

-Poppy... –Severus se adelantó a cualquier pregunta-. ¿Cómo explicas que su escoba se destrozara y ardiera?

-No lo sé... –La medimaga dudó-. No estoy muy informada sobre inventos Muggles, pero... supongo que la escoba actuó como una especie de pararrayos. Eso hizo que la mayor parte del golpe cayera sobre ella antes que sobre Harry. Lo supongo por las quemaduras leves en sus manos. Me imagino que ocurrieron mientras aferraba la escoba.

-¿Quieres decir que la escoba lo protegió? –Preguntó Remus.

-De alguna manera. –Movió la cabeza, confundida-. Como ya les dije, no lo sé con certeza. Lo único que sé es que está vivo, y bien.

-¿Puedo verlo? –Preguntó Severus, su negra mirada reflejando ansiedad.

-Podrán verlo, pero antes debo advertirles que no será muy grato. No se asusten, no es nada grave. Las personas sobre las cuales ha caído un rayo a menudo reportan varios síntomas debilitantes.

-¿Cómo cuáles?

-Pues... algunas sufren pérdida de la memoria, dificultad para concentrarse, problemas de sueño, mareos, debilidad, temblores...

-Espera, espera... –Sirius comenzaba a asustarse-. ¿Todo eso le está ocurriendo a Harry?

-Claro que no, Sirius. –La enfermera lo tomó del brazo con afecto-. Harry tuvo mucha suerte. Las únicas molestias que tendrá que soportar serán algunos mareos y debilidad. Nada que no puedan curar una poción y un buen descanso. También notarán algunos temblores en su cuerpo y hablará con algo de dificultad. Pero sólo será por un corto tiempo. Supongo que no habrá secuelas a largo plazo.

-Quiero verlo. –Sirius dio un paso adelante.

-Yo también. –Severus se interpuso entre la puerta y el animago.

-Un momento... –Poppy vio que una discusión se avecinaba y prefirió tomar una decisión-. Podrán pasar dos a la vez. Dejaré que Albus pase primero y que él decida quién pasará con él.

-Gracias, Poppy... –Sólo Severus pudo notar el tono de no-me-ayudes-mucho en la voz de su mentor. Confió en que él fuera el elegido-. ¿Habría algún problema si Severus entrara conmigo?

-Siempre y cuando no lo agoten demasiado. No olviden que debe descansar.

Los dos hombres entraron a la habitación, sin darle tiempo a Sirius de protestar. Pero antes de cerrar la puerta, Severus se tomó la molestia de voltear a ver al animago, dándole a entender con su negra mirada que él había ganado esa partida.

-Ése... –Sirius se cruzó de brazos, su mirada revelando indignación-. ¿Por qué no me lo pidió a mí?

Draco movió la cabeza de un lado a otro, divertido, mientras su padre lo observaba sin entender. Remus sólo se encogió de hombros al tiempo que miraba hacia el techo. Él sabía la respuesta, pero no estaba dispuesto a revelarla. Le había hecho a Harry una promesa y estaba dispuesto a cumplirla.

oooooooOooooooo

Severus permaneció parado junto a la puerta mientras observaba a Albus acercarse y saludar a su pareja. El muchacho movió la cabeza mientras entrecerraba los ojos. No se había percatado de la presencia del profesor de pociones.

-Hola, Harry...

-Do... fesod Dube... Duble...

-Tranquilo, no hables. –El muchacho volvió a cerrar sus ojos. Un temblor sacudió su cuerpo de manera incontrolable. Severus se apresuró a acercarse para sostener sus hombros hasta que los temblores pasaron-. Nos diste un buen susto, muchacho.

-Lo... sien... do. –Ambos hombres se dieron cuenta que el sólo acto de hablar lo fatigaba. Volteó a ver a su pareja y una débil sonrisa se dibujó en sus labios-. Se... vedus...

Fue en ese instante que Albus se percató que el profesor estaba empapado. Sacó su varita y con un hechizo secó sus ropas. Severus se lo agradeció con la mirada. Él ni siquiera lo había notado por la preocupación.

-Aquí estoy... –El hombre se sentó en la orilla de la cama y tomó su mano-. No te esfuerces. Trata de descansar.

-¿Qué suc... suce...?

-¿Qué sucedió? –El muchacho asintió. Severus lo miró con la sorpresa dibujada en el rostro-. ¿No lo recuerdas?

-No...

Ambos hombres se miraron uno al otro. Severus tomó aire y se decidió a relatarle lo ocurrido. La sorpresa se dejó ver a través de los verdes ojos del muchacho conforme su pareja le contaba lo que le había pasado.

-No... duedo... de... edlo. –La sorpresa en sus ojos cambió a una de preocupación-. ¿Daco... esdá...?

-Draco está bien. No te preocupes. –Acarició su rostro mientras se perdía en su mirada verde-. A él no le pasó nada. Y tampoco nosotros podíamos creerlo.

-¿Do qué... no... duedo... habad... bien?

-No puedes hablar bien porque es la consecuencia del golpe del rayo. –El profesor Dumbledore revolvió los cabellos del muchacho-. Pero Poppy dice que será por un corto tiempo. Pronto estarás como nuevo.

-¿Cuán... do...?

-¿Cuándo saldrás de aquí? –El director se rascó la barbilla, pensativo-. Supongo que pasarás aquí la noche.

-No... sodo.

-No te preocupes. El director sonrió por debajo de su barba-. Habrá de sobra quienes querrán quedarse contigo. ¿No es así, Severus?

-Así, es. Pero por desgracia, dudo que Black quiera cederme su lugar. –El director asintió a las palabras del profesor.

-Esdá... bien. –Al muchacho le hubiera gustado que fuera su pareja quien se quedara con él. Pero también estaba seguro que Sirius no lo permitiría. Se tuvo que resignar.

-Bueno, Harry... –Albus palmeó la mano del muchacho-. Hay más personas que quieren verte. Poppy nos advirtió que no debemos fatigarte, así que será mejor que nos retiremos. Severus, te espero afuera.

El profesor asintió mientras el director salía de la habitación. Apenas se hubo cerrado la puerta, abrazó con delicadeza el delgado cuerpo de su pareja.

-Harry... –El muchacho sintió el calor agradable del cuerpo del hombre que lo abrazaba, y quiso que nunca más se separara de él-. Temí tanto por ti.

-Lo... siend...

-Deja de decir que lo sientes. –Acarició su rostro con su mano-. Lo importante es que estás bien.

Un nuevo espasmo muscular se apoderó del joven cuerpo. Severus permaneció abrazándolo con firmeza hasta que el acceso pasó.

-Es... feo. –Severus sonrió con ligereza ante la afirmación del muchacho.

Harry levantó su mano para acariciar el rostro de su pareja, pero a medio camino la debilidad lo venció. Severus, que lo observaba, adivinó sus intenciones y tomó su mano para ponerla sobre su rostro. Harry sonrió mientras lo acariciaba con sus dedos. Los paseó por su frente y siguió el arco de sus cejas y de sus negros ojos. Su dedo índice se posó sobre la punta de su nariz para seguir su camino por el contorno de su boca. Severus aprovechó para besar la palma de su mano.

Ninguno de los dos habló. Sólo permanecieron mirándose en silencio al mismo tiempo que entrelazaban sus manos. Severus se perdió en el abismo verde de sus ojos mientras se preguntaba cómo había sido capaz de odiar alguna vez a quien ahora amaba con toda su alma.

-De... amo... –Se oyó la voz de Harry en un susurro. Severus amó más que nunca el tono de esa joven voz, que le contaba en la soledad de aquélla blanca habitación su más profundo secreto.

-Yo también te amo, Harry... –Le respondió con el mismo tono, haciendo que el cuerpo del muchacho se estremeciera-. Te amo con toda mi alma.

Tomó con suavidad el rostro de Harry y acercó sus labios. Los labios jóvenes lo recibieron con sed y se entregaron por completo a la pasión del beso. Todo lo demás dejó de existir. Sólo eran ellos dos, y aquél beso que cada vez se hacía más profundo. El muchacho gimió y el profesor apretó más el abrazo en que lo tenía preso.

El beso terminó y ambos se separaron, casi sin respiración. Rieron con nerviosismo al darse cuenta de dónde se encontraban y de lo que ocurriría si alguien entraba.

-¡Snivellius! ¡Quiero ver a mi ahijado! –El animago tamborileó la puerta. Ellos dos rieron aún con más fuerza al darse cuenta de lo cerca que ambos habían estado de ser descubiertos.

-¿Quieres dejar esa puerta en paz? –La voz de Remus se dejó escuchar instantes después-. Y no es Snivellius. Es Severus ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

-¡Quiero verlo! ¡Quiero verlo!

Severus suspiró mientras se separaba del muchacho.

-Será mejor que me vaya o ese idiota de tu padrino derribará la puerta.

-¿Ven... dás a... veme?

-Claro que sí. –Lo besó otra vez mientras se ponía de pie-. Trataré de escabullirme para venir a verte. Aunque ya estés dormido.

-Sí... –Harry sonrió mientras Severus se acercaba a la puerta. Se despidió con la mirada y salió de la habitación. Un segundo después Sirius y Remus ocupaban el lugar que Albus y su pareja ocuparan momentos antes.

Y mientras el animago lo abrazaba hasta casi romperlo, Remus pudo notar la sonrisa y el suave rubor que iluminaban el rostro del muchacho, impropios para quien está convaleciente de un rayo.

oooooooOooooooo

Severus se despojó de su negra capa y se dirigió al baño. Después de una rápida ducha se vistió con un pijama y se sentó en su sillón favorito, frente a la chimenea. Estuvo varios minutos sin moverse de su sitio, hasta que recordó el libro de pociones que Albus le prestara, y que guardara en la capa que se acababa de quitar.

Sacó el libro de la prenda y después de examinarlo decidió aplicarle un hechizo para secarlo, pues también se había mojado. Después de cerciorarse que quedara en buenas condiciones regresó a su lugar y se dispuso a leerlo. Le sorprendió encontrarse con pociones de las que jamás había oído hablar.

-¿Cómo no lo vi antes? –Se dijo mientras continuaba hojeándolo-. Aquí hay pociones que podrían ser útiles para muchas cosas que hasta ahora no tienen remedio.

Se enfrascó tanto en su lectura que no sintió el paso de las horas. El ruido de la puerta abriéndose y los pasos de Draco lo sacaron de su abstracción.

-Hola, padrino... –Severus levantó su mirada del libro para posarla sobre el muchacho. Éste se había quedado parado a un lado del sillón, sin atreverse a acercarse-. Mi padre me enseñó sus aposentos. ¿Es cierto que me mudaré?

-Sí. Es verdad. –El profesor cerró el libro mientras proseguía-. Creí conveniente que estuvieras con él. En sus condiciones le será muy difícil valerse por sí mismo. Y creo que sabes tan bien como yo lo orgulloso que es. No aceptará la ayuda de nadie más.

-Sólo es por eso o... ¿Ya no deseas que siga aquí?

Severus frunció el ceño mientras escuchaba a su ahijado. Lo observó con detenimiento y se dio cuenta que el muchacho no se atrevía a aproximarse a él. Desde que llegaran a la enfermería no habían tenido oportunidad de hablar. Supuso que si su ahijado no se había acercado era porque pensaba que estaba molesto con él. Si era así entonces tenía que aclararlo cuanto antes.

-Siéntate... –Le hizo espacio en el sillón y el muchacho obedeció, dudoso-. ¿Crees que estoy molesto contigo?

El rubio no respondió. Sólo movió la cabeza sin atreverse a mirarlo.

-Pues no es así. –Draco levantó su mirada gris hacia él, sin decir nada-. No tengo porqué estarlo. Lo que pasó fue un accidente y así como le ocurrió a Harry te pudo ocurrir a ti. Y me hubiera preocupado de igual manera.

El rubio se sintió mucho mejor después de haberlo escuchado.

-Entonces me mudaré ésta misma noche.

-Por mí puedes quedarte todo el tiempo que quieras. –Posó una mano sobre la suya con afecto-. Quiero que sepas que aquí siempre serás bienvenido.

-Te lo agradezco, padrino. –Draco apretó su mano en un gesto de gratitud-. Vi a Harry. Me pidió que te recordara que fueras a verlo.

-No se habrá esforzado mucho para hablar, ¿Cierto? –El muchacho negó con la cabeza-. Porque necesita mucho descanso.

-Cuando estaba con él tuvo algunos temblores. –El joven cerró los ojos mientras recordaba-. Al principio me asusté mucho. Pero entonces recordé lo que Poppy nos dijo.

-Se recuperará. –El hombre posó una mano sobre el hombro del muchacho-. Gracias por ayudarme a revivirlo. No lo hubiera logrado sin ti.

-Sé que tal vez no quieras responderme pero... ¿Qué fue lo que sentiste cuando te diste cuenta que no respiraba? –El hombre lo miró con fijeza, tratando de analizar la pregunta-. Es decir... ¿Qué fue lo primero que cruzó por tu mente?

Severus frunció el ceño mientras trataba de evocar ese momento. Aunque era doloroso recordarlo decidió responder a la pregunta de su ahijado.

-Sentí... que lo perdía todo. –Suspiró mientras dejaba el libro a un lado. Apoyó sus codos sobre sus rodillas mientras juntaba sus manos-. Sentí que... mi vida ya no tenía ningún sentido si no estaba conmigo.

-Y cuando lograste revivirlo... ¿Qué fue lo primero que sentiste?

-Sentí que el alma me volvía al cuerpo. Me sentí... vivo de nuevo.

-Eso demuestra cuánto lo amas. –El hombre asintió sin dudarlo-. Durante el tiempo que han estado juntos... ¿Te arrepientes de algo que hayas hecho con él?

-Por supuesto que no.

-Y... ¿De algo que no hayas hecho con él? –Ante el silencio del profesor-. ¿Sabes? Anoche tuve una conversación muy interesante con Harry.

-Lo sé. Yo... los escuché cuando hablaban. –Ante la mirada seria de su ahijado-. Lo siento.

-Está bien. –El joven agitó una mano restándole importancia-. Entonces creo que sabes lo que intento decirte.

El hombre se quedó callado mientras Draco se levantaba del sillón. Lo observó hasta que se paró en la puerta de su habitación. Antes de entrar volteó a ver a su padrino.

-Nadie tiene la vida comprada. -Le sonrió antes de perderse de vista.

Severus se quedó pensando unos momentos en las palabras de su ahijado. En realidad no eran suyas. Las había escuchado antes. Infinitas veces.

Pero nunca las había sentido tan cerca de él, ni con tanta intensidad como las sintió aquélla noche cuando la vida de la persona que más amaba casi se escapó de sus manos.

oooooooOooooooo

-Eso es, Harry... otro paso más...

-Vamos... tú puedes.

Sirius y Remus seguían con Harry en la enfermería. Apenas se hubo marchado Draco, habían regresado a cuidar del muchacho. Notaron con alivio que los temblores eran muy esporádicos y que ya hablaba con más claridad. Cuando le preguntaron a Poppy cuánto tiempo se quedaría en la enfermería, ella les respondió que hasta que pudiera andar por su propio pie.

Cuando la enfermera salió, lo primero que Harry les pidió fue que lo ayudaran a desentumirse, pues sentía en todo su cuerpo un molesto hormigueo. Pero cuando puso ambos pies sobre el piso se empeñó en caminar. No quería pasar todo el día siguiente en ese lugar, así que como pudo, convenció a los dos hombres para que lo ayudaran a cumplir su objetivo.

Y ahora se encontraban al final del largo pasillo frente a su habitación, había caminado hasta ahí después de haber sido sostenido por ellos, uno a cada lado.

-¿Estás listo para caminar de regreso? –El muchacho asintió. Ellos hicieron amago de tomarlo del brazo pero él se los impidió.

-No... yo puedo... solo. –Los dos hombres lo soltaron, pero se quedaron detrás de él por si las dudas.

Harry observó el prolongado pasillo que debía recorrer de regreso. Estaba cansado y con toda seguridad necesitaría ayuda para completar el recorrido. Pero trataría de avanzar solo lo más lejos posible. La sola idea de tener que quedarse más tiempo en la enfermería era razón de sobra para intentarlo.

Se dio cuenta que era más difícil de lo que pensaba. A cada paso que daba se quedaba sin aire. Aún estaba bastante débil y sentía que las piernas le temblaban. Rogó por no marearse o que lo agarrara un temblor a mitad del camino.

De pronto pensó en Lucius Malfoy. Si a él, que no le haría falta rehabilitación le estaba costando trabajo, no quiso ni pensar en todo lo que el hombre tendría que pasar para poder volver a caminar. Se detuvo un momento para después continuar. Se sintió aliviado cuando al fin llegó a la puerta.

Remus y su padrino lo felicitaron y después lo ayudaron a llegar a la cama. El muchacho se dejó caer sobre la almohada, bastante cansado.

-¿Cómo te sientes? –Remus le extendió un vaso con agua, que el muchacho bebió con avidez.

-Me siento... mejor. –Harry le devolvió el vaso mientras sonreía-. Gracias.

-Ya envié a Hedwig con los Weasley. –Le comentó el animago mientras lo arropaba-. Ten por seguro que estarán aquí mañana a primera hora.

-¿Les dijiste que... estoy... bien?

-Sí. Les dije que no debían preocuparse de más. Que te encontrarían algo atontado, pero bien.

Harry sonrió ante el último comentario de su padrino. Cerró los ojos y momentos después dormía como un bebé.

-Vaya... sí que estaba muy cansado. –Sirius se recostó en la cama de al lado y se estiró preparando su cuerpo para la noche en vela que le esperaba. Aunque estaba seguro que mientras Harry no lo necesitara el también podría dormir un poco-. Remus, no tiene caso que nos desvelemos los dos. ¿Por qué no te vas a descansar?

El licántropo le extendió un vaso con agua, que el animago aceptó gustoso.

-Está bien. Pero si me necesitas ya sabes dónde estoy. –Se dirigió a la puerta-. Te veré mañana.

Sirius no respondió. Remus se detuvo con la mano en el picaporte y regresó hacia la cama del animago. Vio con satisfacción que estaba sumido en un profundo sueño. Después de taparlo con la sábana se acercó a la cama de Harry.

-¿Estás despierto? –Susurró cerca del oído del muchacho.

-¿Ya se... durmió? –Harry abrió sus verdes ojos para encontrarse con los dorados del licántropo, quien asintió-. ¿Estás... seguro?

-Puedes comprobarlo por ti mismo.

-Te... creo. –Tomó la mano del amigo de sus padres-. Te lo... agradezco mucho... Remus.

-No hay de qué. –Una dulce sonrisa se dibujó en su rostro, para después mirarlo con seriedad-. La poción se diluyó en el agua, así que sólo durará dos horas. Será mejor que lo recuerdes si no quieres que alguien muera.

-Lo... recordaré. ¿Vas a... llamarle?

-Sí. –El licántropo suspiró mientras continuaba-. Pero sólo porque tú me lo pediste como un favor especial. Y permíteme decirte que es la primera y será la única vez. No volveré a hacer otra locura como ésta. Y si Sirius se da cuenta a mí no me menciones.

-De... acuerdo. –El muchacho sonrió mientras Remus salía por la puerta. El profesor de Defensa se dirigió hacia la chimenea y arrojó un puñado de polvos.

-¿Severus? –Esperó unos momentos y la voz del profesor de pociones se escuchó del otro lado.

-¿Qué ocurre, Lupin?

-Estoy en la enfermería. –Silencio del otro lado-. Harry quiere verte.

-¿Se encuentra bien? –La voz cargada de preocupación no pasó inadvertida para el licántropo.

-Sí, no te preocupes. Sólo quiere verte.

-Voy para allá. –Segundos después Severus emergía de la chimenea. Miró al licántropo y después volteó para todos lados-. ¿Y Black?

-Está en la habitación. Con Harry. –Severus frunció el ceño-. Logré dormirlo. No me preguntes cómo.

-¿Por qué lo hiciste? –Severus no lograba entender lo que pasaba.

-Porque Harry me lo pidió. –El otro lo miró, inquisitivo-. Sé lo que hay entre ustedes.

Los negros ojos se abrieron con sorpresa.

-¿Cómo supiste...?

-Es una larga historia. –Remus levantó una mano en señal de que no hablaría más-. Sólo te pediré que tengas cuidado. No quiero que Harry salga lastimado.

-Jamás haría algo que lo lastimara, Lupin. –Los negros ojos de Severus se posaron sobre los suyos con firmeza. Remus señaló hacia la puerta mientras le respondía.

-No lo digo por ti. Sino por él. Sabes lo que ocurrirá cuando se entere.

-Estoy consciente de eso. –Se cruzó de brazos-. Lo enfrentaré cuando sea el momento.

-Bien. –Remus se acercó a la chimenea y miró su reloj-. Lo dormí por dos horas. Ya pasaron cinco minutos.

Tras decir esto último el licántropo desapareció por la chimenea. Severus no perdió mas tiempo y se encaminó a la habitación de su pareja. Abrió la puerta con mucho sigilo mientras trataba de adecuarse a la tenue oscuridad del lugar. Distinguió dos camas y en una de ellas a Sirius, que roncaba a pierna suelta.

Movió la cabeza de un lado a otro mientras se lo imaginaba en su forma de animago roncando de la misma forma.

-Severus... –El susurro de su pareja lo desvió de ése desagradable pensamiento. Se acercó a él y le dio un suave beso-. Gracias... por venir.

-¿Tienes idea de lo que nos arriesgamos? –El hombre rodeó la cama para quedar de frente a la del animago. No quería exponerse dándole la espalda.

-¿No es... emocionan... te? –Severus sentía la adrenalina correr por sus venas. Su pareja tenía razón. Era emocionante.

-Y muy peligroso... –No quiso imaginarse lo que pasaría si Black despertara y tuviera que enfrentarse a un enorme perro muy furioso. Palpó su varita por debajo de su capa. Sólo por seguridad-. ¿Cómo te sientes?

-Mejor. –El muchacho se hizo a un lado para dejarle espacio en la cama. El hombre lo miró con seriedad-. Por favor... no despertará.

Suspiró mientras se metía entre las sábanas, junto a él. Permanecieron en silencio unos momentos, escuchando la respiración acompasada del hombre que dormía en la cama de al lado. Había dejado de roncar, lo que significó un alivio para sus oídos.

-¿Cuándo te darán de alta? –Le preguntó en voz baja mientras acariciaba sus cabellos alborotados.

-Poppy dice... que mañana si... logro mante... Ah...

-Tranquilo... no te esfuerces.

-Mante... nerme en... pie. –Severus secó una gota de sudor de su frente. A pesar de que hablaba más claro aún le costaba mucho trabajo.

-¿Crees que podrás?

-Lo inten... taré. –Harry se acomodó de forma que quedó de frente a su pareja-. Draco me... dijo que morí. Y... que tú... me resuc... resu... eso.

Severus suspiró mientras besaba su nariz.

-Te perdí por un instante. –Acarició su rostro mientras seguía hablando-. Durante ese instante yo también me perdí.

-Severus...

-¿Sabes? He tenido... otras parejas. –El muchacho lo miró con atención. Nunca habían hablado de ese tema y estaba muy interesado en conocer esa parte de su pasado-. A algunos los llegué a querer más allá de una simple aventura de una noche. A otros jamás los volví a ver. Pero nunca encontré a alguien que me hiciera sentir todas las cosas que siento contigo.

Harry se quedó callado. Sabía que Severus quería seguir hablando y no quiso interrumpir su silencio.

-Cuando vi que el rayo te golpeó y caías... mi corazón se detuvo con el tuyo. Quise... retroceder el tiempo y decirte tantas cosas que no te he dicho y hacer contigo... tantas cosas que no hemos hecho.

Severus calló. Una lágrima salada recorrió el rostro del joven que lo escuchaba. El hombre la absorbió con sus labios y los dejó posar sobre su suave piel, tratando de grabarse su sabor, su textura.

-Ya lo... has hecho. –Severus alzó su rostro para mirar a los verdes ojos de la persona que amaba-. Me has... dicho todo lo... que he querido... escuchar de ti. Y... me has dado... mucho más de... lo que jamás pensé que... recibiría de nadie. Y quiero que sepas que... si no llegara a existir un... mañana para mí... no me arrepen... tiría de nada porque... lo he tenido... todo a... tu lado.

Harry cerró los ojos para controlar su respiración agitada. Severus supo que se había sobrepasado en su esfuerzo por hablar y lo abrazó hasta que el muchacho se tranquilizó.

-Ya no hables más... –Le dio a beber un poco de agua-. Tienes que recuperarte pronto para que puedas salir de aquí.

-Quiero... irme contigo.

-Me temo que eso no será posible. –Volteó hacia la cama donde Sirius aún dormía-. ¿Te imaginas cómo se pondría si despertara y viera que no estás aquí?

-Puedo imagi... narlo.

Ambos guardaron silencio durante unos momentos. Fue Severus quien decidió romperlo.

-Albus me comentó que deberíamos continuar con las clases de Duelo. –Alcanzó a ver el entusiasmo en los verdes ojos del muchacho-. Le comenté que Remus y Lucius podrían apoyarlos para que aprendan hechizos nuevos.

-¿Crees que... ellos vayan a... aceptar?

-Estoy seguro que sí. –Severus retiró un mechón de los ojos del muchacho-. No olvides que Lucius no podrá acabar con Voldemort con sus propias manos. Hará todo lo posible por ayudarte a que acabes con él.

-Eso... suena muy... Slytherin.

-Lo sé, Harry. –Severus suspiró mientras continuaba-. Tan Slytherin como Malfoy pueda ser.

-Sí... –Harry se acurrucó más cerca de su pareja-. ¿Cuándo crees... que debamos... reanu... dar las clases?

-Cuando te sientas mejor. –Severus pasó un brazo por encima de su cadera-. Pero eso sólo puedes saberlo tú.

-Me recuperaré... lo más pronto... que pueda.

-Eso espero.

Harry cerró los ojos y pegó su rostro al cuello de su pareja. Respiró con intensidad para absorber el aroma de su piel. Severus sintió el aliento del muchacho en su cuello y se estremeció. La mano que se posaba sobre su cadera se deslizó hacia arriba y abajo del cuerpo del muchacho, delineando la curva de su cintura por encima de la sábana.

El joven de ojos verdes tembló ante la caricia que su pareja le dedicó. Besó con suavidad el cuello que antes oliera y no pudo resistir la tentación de probarlo con la punta de su lengua. Severus gimió muy quedo mientras atraía el cuerpo del muchacho hacia el suyo.

Harry tomó la mano del profesor que posaba sobre su cadera y la guió hacia el mismo sitio, ahora por debajo de la sábana que los cubría. Severus suspiró al sentir que sólo la tela de la bata de hospital lo separaba de esa piel que tanto anhelaba.

-Harry... aquí no...

-Lo sé... sólo quiero que... me acaricies.

Severus lo besó mientras su mano seguía explorando por encima de la bata. Se encontró con la abertura trasera de la prenda y Harry se ruborizó al sentir que su pareja introducía su mano por ella. La mano subió con lentitud hacia el centro de su espalda y después bajó de la misma forma, hasta su cadera.

-Tu piel es tan suave... –Le susurró mientras se aventuraba a ir más abajo. Harry gimió cuando la mano cubrió uno de sus glúteos. Severus no tardó mucho en ese sitio. Siguió acariciando lo que alcanzaba de piel, hasta encontrarse con su estómago y su pecho. Se detuvo.

-¿Por qué... te detienes?

-Porque si sigo acariciándote no dejaré de hacerlo hasta el final. –El muchacho comprendió a qué se refería-. No debes fatigarte.

-Está bien. –Harry suspiró mientras dejaba que Severus le acomodara la bata-. ¿Sabes? No me... siento frus... frustr...

-¿Frustrado? –Harry asintió-. ¿Quieres decir que no te molesta que haya dejado de acariciarte?

-Algo así. –El muchacho trató de explicarse mejor-. Es decir... me gustaría... que siguieras. Pero... si no lo haces... no hay problema.

-¿No estás excitado?

-Mucho. Pero... siento que... me gusta también... estar así... contigo. Sólo eso.

-¿Quieres decir que no se te hace imperativo el tener sexo conmigo?

-¿Eso es... malo?

Severus sonrió mientras lo miraba a los ojos.

-Por supuesto que no. Eso significa que cuando estamos juntos no es sólo el sexo lo que importa, sino también la compañía.

-Me gusta tu... compañía.

-A mí también. –Lo tomó de la barbilla para hacer que lo mirara de frente-. Eso quiere decir que nuestra relación está madurando.

-¿Yo estoy... madurando?

-Los dos estamos madurando. –Severus pudo apreciar la alegría evidente en el rostro del muchacho-. Harry... he estado pensando que...

Un ruido proveniente de la cama de al lado lo hizo callar. Harry sintió que su corazón se salía del pecho. Habían olvidado a Sirius.

-¿Cuánto tiempo...? –Severus miró su reloj antes de que Harry terminara la pregunta.

-Ya es hora de que me vaya. –Se bajó de la cama en completo silencio y le habló al oído antes de darle un beso-. Mañana seguiremos hablando.

-Hasta mañana. Te amo.

-Yo también te amo.

Severus cubrió al joven con la sábana y caminó con sigilo hacia la puerta. La abrió y salió con la misma discreción con la que entrara.

Harry se quedó un momento más mirando hacia la puerta por donde había salido su pareja. Una suave sonrisa se dibujó en sus labios antes de cerrar sus ojos y quedarse dormido.

Afuera, Severus desaparecía por la chimenea para aparecer en sus propias habitaciones. Después de despojarse de su capa se sirvió una copa y se sentó en el sillón. Era hora de pensar en lo ocurrido.

Se había sincerado con su pareja al contarle una parte muy importante de su pasado. No le avergonzaba el haberle confesado sobre sus relaciones anteriores. Él sabía que Harry no había tenido una relación antes. Pero de haber sido así le hubiera gustado que le contara esa parte de su vida aunque él no se lo pidiera.

Sonrió al recordar cuando su pareja le confesó que le agradaba su compañía. El jamás se imaginó que pudiera llegar a decirle algo como eso. Si bien le halagaba que Harry lo deseara todo el tiempo, también lo hacía feliz la idea de que el joven lo quisiera de otra manera y no sólo para darle rienda suelta a sus hormonas.

Terminó de beber su copa y se puso de pie. En su habitación, recostado en su cama que ésa noche le pareció más grande que nunca, Severus recordó con detalle las palabras que Harry le dijera.

"Ya lo has hecho. Me has dicho todo lo que he querido escuchar de ti. Y me has dado mucho más de lo que jamás pensé que recibiría de nadie. Y quiero que sepas que si no llegara a existir un mañana para mí no me arrepentiría de nada porque lo he tenido todo a tu lado..."

Suspiró mientras abrazaba la almohada en la que Harry posara su cabeza durante las últimas noches.

-No, Harry... no lo has tenido todo a mi lado. Pero yo me encargaré de que ya no sea así...

Cerró los ojos, aspirando el aroma de su pareja impregnado en la almohada. Momentos después se quedaba dormido.

Continuará...

Próximo Capítulo: Una semana muy larga.

Notas:

Quiero ofrecer una gran disculpa por tardar en actualizar. Se me quemó el disco duro y me quedé sin computadora durante varios días. En lo que me la componían me aventé el capítulo a mano y después lo pasé a la máquina y bueno... considerando el tremendo tamaño de capítulos que escribo pues... fue bastante el tiempo que me llevó, jeje.

Pero aquí estamos, estrenando disco duro y nuevo capítulo. Muchas gracias por su paciencia y ojalá que su espera haya valido la pena. Nos leemos en el siguiente como siempre, dentro de quince días.

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)