Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews.

Ailuj: Hola Julia, Así es, este incidente ha hecho que Severus reflexione sobre muchas cosas. Sirius seguirá siendo un problema y cada vez mayor, no lo dudes. En cuanto a Remus, llegará el momento en que tendrá que armarse de valor, pero no hay garantías de que vaya a ser lo mejor para él. Draco y Harry seguirán siendo buenos amigos, sobretodo ahora que Draco está comenzando a madurar. Muchas gracias por tu comentario y muchos besitos.

Nan: Hola Nan, Severus se portará cada vez mejor, no lo dudes, jeje. Y espero que este capítulo te lo confirme. En cuanto a lemon, bueno, creo que te enterarás de eso muy pronto. Y tienes razón sobre Sirius, le da sabor a la historia con ese comportamiento tan infantil, pero él tiene sus razones para ser así, y se conocerán más adelante. Muchas gracias por tu review y muchos besitos.

Amazona Verde: Hola Amazona, me alegra mucho encontrar otro review tuyo, y que la historia te siga gustando, ojalá sea por un buen tiempo más, jeje. Sí, es verdad, comparando lo que le ocurrió a Tsubasa parece como de broma, pero la verdad es que a Severus no le hizo ninguna gracia, jaja. Muchas gracias por tu comentario y nos estamos leyendo. Muchos besitos.

A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XIII

Una semana muy larga.

Sentía la piel muy caliente. Un calor agradable lo recorría de la cabeza a los pies y un cosquilleo placentero se instalaba en cada poro de su cuerpo. Las suaves manos recorrían cada centímetro y hacían que su respiración aumentara a límites insospechados. Una caricia más profunda sobre su piel perlada de sudor lo hizo gemir su nombre sin querer.

-Ah... Severus...

La boca experta recorrió su cuello haciendo a su cuerpo arquearse y a sus manos cerrarse en puños, apretujando las negras sábanas. Su piel contra la suya y su mano ahora sobre su zona más sensible arrancó un largo suspiro del joven...

-Ah...

-Harry... ¿Estás bien? –Harry despertó con el gemido aún en sus labios. Sirius se encontraba en la cama de al lado, su largo cabello despeinado y con rastros de sueño en sus azules ojos-. ¿Te duele algo?

El muchacho tardó unos segundos en reaccionar a la pregunta de su padrino. Abrió las manos en las que aún tenía apretujada la blanca sábana y movió la cabeza de un lado a otro, tratando de alejar las imágenes del sueño frescas aún en su mente, y que tenían a Severus y a él como protagonista.

-Sí... estoy bien. –Sirius asintió y se dio la vuelta para seguir durmiendo. Harry volteó hacia la ventana. La oscuridad reinaba aún pero él ya no tenía sueño. Trató de acomodarse bajo las sábanas y se dio cuenta que se encontraba bastante excitado. Se puso a buscar el baño con la vista. De pronto recordó que no había tal, y que para llegar hasta él necesitaría salir de la habitación y caminar el interminable pasillo.

"Genial. ¿Y ahora qué haré...?" Se preguntó al tiempo que miraba hacia donde se encontraba su padrino. Sabía que él no podría ir y regresar solo, si acaso alcanzaría a recorrer la mitad del trayecto. Se recostó boca arriba y cruzó sus brazos por detrás de su cabeza. Suspiró mientras recordaba el sueño tan vívido que había tenido.

"¿Será así de excitante hacer el amor con él?" Se preguntó mientras recordaba las manos de su pareja sobre su cuerpo. Era la misma sensación que había probado cuando Severus lo había acariciado horas antes. Y cuando habían estado juntos la noche de su graduación, detrás de aquélla columna.

Gimió ante el solo recuerdo de aquélla noche. Habían jugado a explorarse el uno al otro y él no había sentido vergüenza. Ni pensó jamás que estuvieran haciendo algo malo. Y estaba seguro que tanto para Severus como para él había sido lo más cercano a hacer el amor.

Se acarició a sí mismo de manera inconsciente. Su excitación se había incrementado con ese recuerdo. Cerró los ojos mientras su mente se inundaba de imágenes de Severus y él, juntos. Momentos después se encontraba exhausto, pero aliviado.

Minutos más tarde se quedó dormido, no sin antes susurrar el nombre de la persona que tanto amaba.

A ésa misma hora, en una cálida habitación en las mazmorras, alguien mencionaba su nombre al mismo tiempo mientras su cuerpo de alabastro se estremecía, haciendo un erótico contraste con las sedosas sábanas negras sobre las que descansaba.

oooooooOooooooo

-¿Puedes andar solo?

-Sí, Hermione. Gracias.

Harry caminaba con sus amigos por los pasillos de la enfermería. Esa misma mañana muy temprano, lo habían despertado los murmullos de una preocupada Molly, quien apenas vio que el muchacho abrió sus verdes ojos, se abalanzó sobre él para envolverlo en un estrecho abrazo.

Más tranquilos al ver que el muchacho ya estaba mejor, y que el accidente no había pasado a mayores, el matrimonio había dejado solos a los muchachos para que hablaran, mientras se retiraban con Sirius y Remus a desayunar por invitación de Dumbledore.

-¿Cuándo te darán de alta? –Hermione pudo observar que Harry aún caminaba con algo de dificultad. La mañana era fresca y él ya se encontraba bañado y vestido.

-Poppy dijo que hasta que pudiera mantenerme en pie. Y como ya puedo andar solo, lo más seguro es que salga de aquí en unas horas.

-Creo que has tenido mucha suerte, Harry. Algunas personas tardan mucho tiempo en recuperarse.

-Lo sé, Hermione. –El muchacho suspiró mientras recordaba todo lo que Severus le había contado sobre su accidente-. Fui muy afortunado.

-Lástima que la Saeta que Sirius te regaló no haya corrido con la misma suerte. –Ron palmeó su hombro al tiempo que caminaba junto a él, tratando de seguir su lento ritmo.

-Sí. Bueno... Sirius me prometió que me regalaría otra. Con la única condición de que no se me ocurriera volver a volar bajo otra tormenta. –Se encogió de hombros-. De cualquier manera no pensaba volver a hacerlo.

Harry llamó a un elfo para pedir el desayuno. La criatura acababa de marcharse cuando vieron que Poppy entraba a la enfermería acompañada de un hombre. Éste era muy alto y bastante corpulento. Llevaba un maletín de medimago en una mano.

-Hola, Harry... –La enfermera se detuvo un momento para preguntarle al moreno sobre su estado de salud-. No olvides que en dos horas te examinaré para decidir si te doy de alta. ¿Ya desayunaste? ¿Y qué estás esperando? ¿Piensas quedarte más tiempo aquí?

-Claro que no, Madame. –El muchacho negó con la cabeza-. En este momento iba a pedir el desayuno.

-Bien. –La enfermera se volvió hacia el visitante-. Por aquí, por favor. Como puedes ver, disponemos de un lugar adecuado para la terapia del señor Malfoy...

-¿Escucharon eso? –Preguntó Ron mientras observaba a Poppy alejándose con su acompañante.

-Sí, Ron. El señor Malfoy recibirá terapia aquí. –Harry llamó a un elfo, quien después de recibir instrucciones desapareció-. No puede ir a San Mungo, se arriesga a que alguien lo reconozca. Así que recibirá tratamiento en el Castillo.

-¿Eso significa que se quedará a vivir aquí? –Harry asintió a la pregunta de su mejor amigo.

-¿Crees que se recupere? –Hermione observó cuando el elfo regresó con el desayuno para los tres-. Tengo entendido que las lesiones en la columna son muy delicadas. Y algunas son irreversibles.

-Severus me dijo que tiene posibilidades si es perseverante. –Harry bebió un poco de té y se sirvió un pan untado con mermelada-. Estoy seguro que pondrá todo de su parte para volver a caminar. Tiene motivos de sobra para hacerlo.

-Tienes razón. –Ron apoyó la afirmación de su amigo y ya no volvieron a hablar más del asunto. Terminaron de desayunar mientras se enfocaban en otra clase de temas.

-¿Piensas reanudar las clases de Duelo hoy mismo?

-Por mí no hay problema. –Harry respondió a la pregunta de su amiga en el momento en que Remus y su padrino entraban a la enfermería-. Pero no creo que Severus y Sirius me lo permitan.

-¿Permitirte qué cosa? –Sirius alcanzó a escuchar su nombre en el momento que Ron le hacía señas a su amigo para que ya no siguiera hablando. Harry palideció por un instante al darse cuenta que se había referido a su pareja por su nombre. Rogó porque Sirius no lo hubiera escuchado.

-Hablábamos de las clases de Duelo. –El muchacho suspiró aliviado al ver que no pasaba nada.

-Ah, sí... –El animago mostró inconformidad ante el tema-. Albus lo comentó durante el desayuno. No me tiene muy convencido que te esfuerces cuando apenas te estás recuperando. Y conociendo a ése... lo más seguro sea que se aproveche de tu debilidad para ocasionarte problemas.

-No creo que Severus haga algo como eso. –Intervino el licántropo-. Podrá ser todo lo que quieras, pero es muy dedicado en su trabajo.

-Como sea. –Sirius se cruzó de brazos mientras se recargaba sobre el marco de la ventana-. De cualquier forma trataré de venir más seguido a verte. Quiero ver cómo progresas en tu recuperación. Y también quiero ver cómo son esas clases de Duelo de las que tanto hablan.

-Cuando quieras, Sirius. –Harry se puso de pie y se dirigió con lentitud hacia su habitación. Se sentía algo enfadado por la forma tan despectiva en que el animago se dirigía a su pareja. A pesar de conocer de antemano su mutua aversión, no dejaba de pensar que las cosas serían más fáciles si no hubiera tanto rencor entre ellos. Se sintió triste por eso.

Ron y Hermione también se levantaron y se apresuraron a alcanzar a su amigo, que no iba muy lejos. Sirius y Remus se quedaron parados en el mismo sitio, sorprendidos por la actitud de los muchachos.

-¿Dije algo que lo molestara? –Preguntó el animago. Remus sólo se encogió de hombros y sin decir una palabra caminó hacia la habitación de Harry. Sirius se quedó parado un momento más y después decidió seguir a su antiguo compañero.

oooooooOooooooo

Lucius Malfoy entró con aire altivo a la oficina de Poppy. Ésa misma mañana le había enviado un mensaje avisándole que ya le había encontrado un terapeuta. Lo vio sentado frente al escritorio de la enfermera. Pudo ver a primera vista que era muy alto y corpulento. Al verlo entrar el medimago se puso de pie para ser presentado.

-Él es el doctor Walter Green. –El ex mortífago correspondió con un gesto de superioridad al saludo que le ofrecía el medimago-. Viene de Norteamérica y es el mejor fisioterapeuta.

-Nos conocimos hace diez años en una convención de medimagos... –Intervino el doctor Green-. Y desde entonces no hemos perdido contacto.

Mientras el hombre hablaba, Malfoy se dedicó a analizarlo a detalle. Tenía alrededor de cincuenta años. Piel apiñonada y cabello castaño oscuro, con algunas canas en las sienes. Medía casi dos metros de estatura y pesaba alrededor de unos ciento diez kilos. Tuvo que admitir que junto a él se veía insignificante. Tenía ojos cafés y el tono de su voz era firme, pero amable.

-...Es por eso que necesitaré examinarlo primero. –Lucius decidió dejar su inspección a un lado y poner atención a sus palabras-. ¿Tiene familia? ¿Amigos?

El rubio dudó por un instante en responder. La experiencia le había enseñado a ser muy desconfiado. Poppy pareció adivinar sus pensamientos porque se adelantó a su respuesta.

-Tiene un hijo. De diecisiete años. –El rubio frunció el ceño mientras miraba a la enfermera. Ésta movió una mano restándole importancia al tiempo que proseguía-. Tengo entendido que el apoyo de la familia es importante.

-No sólo es importante. –Le respondió el medimago-. Es muy necesario. Durante la fisioterapia se aprenden ciertos ejercicios que deberán practicarse en determinados horarios, de forma estricta. Y para eso necesitará la ayuda de alguien. Siempre es más recomendable que sea algún familiar. Aunque cualquier otra persona puede servir al caso. Lo importante es que quien esté dispuesto a ayudarle con la fisioterapia, también aprenda los ejercicios, para que la terapia se lleve a cabo como debe ser.

-Entiendo... –Lucius no pudo evitar pensar en si Draco estaría dispuesto a sacrificar algunas horas del día para ayudarle-. ¿Cuándo empezamos?

-Como ya le dije, necesitaré examinarlo primero. –Tomó su maletín y lo abrió buscando algunas cosas-. Poppy, ¿Serías tan amable de prepararlo?

La enfermera conjuró un hechizo de levitación para colocar al mago boca abajo sobre la mesa de exploración. Con otro hechizo hizo desaparecer la fina ropa para dejarle a cambio una bata. Tapó con una sábana la parte baja de su espalda y dejó al descubierto toda la parte superior. Lucius no pudo evitar un suspiro de frustración. Se sabía vulnerable y eso le hacía sentirse muy incómodo.

-Trata de relajarte, Lucius. –Poppy convocó una especie de crema y la untó desde el principio hasta el final de su espalda, siguiendo la línea de la columna. Lucius la sintió fría, pero lejos de incomodarle se dio cuenta que aliviaba un poco el dolor que sentía. Eso lo hizo relajarse.

-¿Listo? –Preguntó el medimago. Poppy asintió-. Primero haré una exploración con mi varita, para ver los daños físicos...

El doctor se acercó a Lucius y no pudo evitar una mirada de genuino asombro al ver la infinidad de cicatrices de latigazos y demás que cruzaban por toda su espalda. Algunas de ellas a punto de desaparecer, algunas otras bastante marcadas todavía.

No hizo ninguna pregunta, ni siquiera algún comentario al respecto. Poppy le había hablado sobre la importancia de mantener la discreción en éste caso, y no pensaba arruinar la confianza de su amiga haciendo indagaciones. Se dedicó a explorar a su paciente. Con un hechizo una luz azulada salió de la punta de la varita y se reflejó sobre los huesos de la columna, como una especie de ultrasonido.

-Los huesos de la columna no están deformes. Eso significa que no necesitará cirugía. La deformidad que Poppy creyó ver está en las articulaciones que unen a los huesos. Pero no están atrofiadas, sólo están muy inflamadas. Es por eso que siente ese dolor tan intenso. –Lucius escuchaba con atención las palabras del medimago-. Como están tan inflamadas comprimen los nervios y hacen que las vértebras unidas a ellos se vuelvan rígidas.

-¿Eso es lo que provoca la parálisis? –Preguntó la enfermera.

-Así es. Es una especie de alteración neuromuscular. –El medimago conjuró un hechizo y de la varita salió una especie de rayo, muy delgado, de color blanco-. Señor Malfoy... voy a aplicarle pequeños choques eléctricos. Necesitaré que me indique si siente algún dolor.

Lucius cerró los ojos mientras el doctor colocaba el rayo sobre las articulaciones afectadas. No pudo evitar que un profundo quejido saliera de sus labios al sentir unas terribles punzadas que le recordaron a su estadía en las mazmorras de la Mansión Riddle.

-Por lo que veo parece dolerle demasiado. –El rubio permaneció con los ojos cerrados mientras se mordía los labios, tratando de no gritar-. Aunque no lo parezca es una buena noticia. Eso significa que sus nervios están vivos. Ahora haremos otra prueba.

El medimago extrajo de su maletín una aguja y levantó la sábana que cubría las piernas del mago.

-Dígame si siente algo... –Lucius cerró los ojos, preparándose para sentir otra punzada de dolor. El doctor hizo una pequeña punción en la parte trasera de sus muslos-. ¿Siente algo?

-No siento nada... –El medimago punzó más arriba, a la altura de la cintura.

-Ah..

-¿Lo sintió?

-Sí.

Probó debajo de la cintura, a la altura del cóccix. Lucius ya no se quejó. Probó de nuevo detrás de sus piernas sin obtener respuesta. Colocó la punta de la aguja detrás de las rodillas y en las pantorrillas, sin resultado. Poppy observaba cada movimiento con mucha atención. El medimago llegó a sus pies y probó con los talones. El rubio no se dio por aludido. Pero al picar con suavidad la punta de uno de sus dedos éste pareció moverse.

-¿Sintió eso? –El mago negó con la cabeza. Lo volvió a intentar y obtuvo el mismo resultado-. ¿Lo sintió?

-¿Qué fue eso? –Ésta vez sí lo había sentido-. Sentí cosquillas.

-Eso es bueno. –El medimago guardó la aguja en su maletín y cubrió sus piernas con la sábana-. Eso significa que hay sensibilidad en sus extremidades. Muy poca. Me atrevo a decir que casi nula, pero la hay.

Poppy sonrió mientras recogía algunos mechones rubios que se habían pegado a la espalda del mago.

-¿Lo ves, Lucius? –Palmeó su hombro con afecto-. Hay esperanzas.

Lucius entrecerró sus azules ojos mientras suspiraba.

-Sólo falta una prueba. –El medimago tomó su cadera y lo ladeó con cuidado sobre su costado izquierdo. A pesar del delicado movimiento, Lucius no pudo evitar quejarse-. Tranquilo, ya casi termino. Poppy, ¿Me ayudas?

La enfermera sostuvo la cadera del mago mientras el médico tomaba con cuidado su pierna derecha y la flexionaba con lentitud. Ese simple movimiento hizo que casi brotaran lágrimas de los azules ojos del rubio.

-Sé que es muy doloroso... –El medimago se detuvo un momento para dejarlo descansar-. Pero es necesario para conocer la flexibilidad de su espalda. Sólo así podré determinar qué clase de ejercicios podrá realizar.

Durante unos minutos que a Lucius le parecieron una eternidad, las fuertes y firmes manos del medimago movilizaron ambas piernas de todas las formas posibles. Cuando todo terminó se encontraba tan exhausto que ni siquiera se quejó cuando Poppy lo colocó boca arriba y le ofreció una poción para que la bebiera.

-Lo que Poppy acaba de darle es una poción para comenzar a desinflamar sus articulaciones. –El doctor Green sacó un pergamino y comenzó a hacer anotaciones-. Tendrá que beberla todos los días por la mañana, sin falta. En especial antes de comenzar cada sesión de fisioterapia.

-¿Durante cuánto tiempo? –Lucius hizo una mueca cuando terminó de beberla. Se preguntó por qué todas las pociones tenían que saber tan mal.

-Es una muy buena pregunta, señor Malfoy. –El hombre dejó pluma y pergamino a un lado-. Si habláramos de sólo una zona afectada, sería menos tiempo de fisioterapia. Pero por desgracia estamos hablando de tres zonas. La zona lumbar, que está en la parte baja de la espalda, la zona sacra, que encaja entre los huesos de la pelvis y algunas vértebras que forman el cóccix. Por fortuna las articulaciones de las vértebras superiores están intactas, de lo contrario, tendría paralizado todo su cuerpo y no sólo sus piernas.

-¿Debería considerarme afortunado? –El tono sarcástico del rubio no pasó inadvertido para el medimago.

-Para serle honesto... sí. –El médico siguió con sus anotaciones mientras continuaba-. Necesito advertirle que algunas de las sesiones serán muy dolorosas. Por desgracia, algunas pociones analgésicas inhiben y retrasan la función de las pociones para desinflamar. Le administraré una que es muy ligera y que le servirá para soportar las sesiones más dolorosas. Pero nada más. Comenzaremos los ejercicios mañana mismo...

Mientras el doctor explicaba los pasos a seguir en su recuperación, Poppy se dedicó a retirarle la bata y colocarle la ropa con la que llegara vestido. Lucius volvió a suspirar cuando escuchó la larga lista de ejercicios y aparatos que tendría que utilizar durante la terapia.

-...Y dependiendo de todas las condiciones que le acabo de mencionar, calculo un tiempo de recuperación de siete meses a un año.

-¿Tanto tiempo? –Lucius frunció el ceño mientras permitía que Poppy lo levitara para sentarlo en su silla.

-En realidad es el tiempo promedio que cualquier paciente en sus condiciones tarda en recuperarse. Pero cada caso es distinto. Algunos tardan menos tiempo que otros, depende de su capacidad física. Usted es un hombre fuerte y bien ejercitado, cuente con ese detalle como una ventaja. –El doctor extendió el pergamino hacia Lucius-. Le sugiero que lo vaya estudiando, es importante que se aprenda el orden de los ejercicios. Mañana estaré aquí a la misma hora para que nos pongamos de acuerdo sobre los horarios.

-¿Recibiré terapia todos los días?

-Sólo tres veces por semana durante los dos primeros meses. Conforme haya algún avance en su recuperación, aumentaré los días y el tiempo que durará cada sesión. El dolor deberá ir disminuyendo con el paso del tiempo.

-Entiendo... –Mientras el medimago hacía algunas anotaciones en otro pergamino, el rubio se acercó a Poppy-. Necesito hacerte una pregunta...

-Dime, Lucius. –Malfoy suspiró por enésima vez ésa mañana. A pesar de que la enfermera lo conocía desde que era un niño, seguía sin gustarle la idea de que lo tratara con tanta confianza.

-Se trata de ésta cosa... –Le dijo mientras le señalaba la silla sobre la que se encontraba sentado-. He logrado hacer que se eleve para poder subir y bajar de las escaleras. Sin embargo, tengo que maniobrar para poder andar. ¿No habría modo de que se moviera sola para donde yo quisiera?

-Podríamos tratar. –Poppy tomó su varita e hizo un gesto como intentando recordar el hechizo adecuado. Cuando pareció recordarlo lo pronunció-. ¿Puedes intentarlo?

El mago se concentró y de inmediato la silla se movió. Dirigió su vista hacia la puerta y la silla se dirigió hacia allá. Una leve sonrisa que Poppy no vio se dibujó en sus finas facciones.

-Parece que resultó. –En ese momento el medimago se dirigió a ellos para dar las últimas instrucciones.

Momentos más tarde, Lucius se retiraba hacia sus aposentos, dejando a los medimagos arreglando otros asuntos. En el camino, no dejaba de pensar en el tiempo que el médico le pronosticara para su recuperación.

"Es demasiado tiempo..." Pensaba mientras se acercaba a sus habitaciones. "Y lo peor serán las sesiones sin analgésicos. No sé si podré soportar tanto dolor... ni siquiera sé si podré sobrevivir a ésta larga semana..."

Entró después de pronunciar la clave y se dirigió a la recámara de Draco. No había señales del muchacho. Oyó el ruido del agua cayendo y supo que estaba en el baño. Se detuvo a un lado de la cama y tomó una fotografía mágica que estaba sobre la mesita de noche. Narcisa se hallaba en medio de Lucius y de Draco, ambos tenían sus brazos sobre los hombros de ella, mientras ella sonreía como pocas veces lo hacía.

Suspiró mientras depositaba el retrato en su sitio.

-¿Padre? –Draco acababa de salir de su ducha matutina, y lo observaba sorprendido de verlo en su recámara-. ¿Sucede algo?

-Sólo quería preguntarte si te gustaría desayunar conmigo. –El hombre permaneció en el mismo sitio esperando la respuesta de su hijo. Una alegre sonrisa se dibujó en el rostro del muchacho mientras respondía.

-Claro que sí. –Se apresuró a buscar su ropa y comenzó a vestirse con rapidez-. ¿Te gustaría desayunar aquí? ¿O quieres ir a algún lugar del castillo?

Y mientras el muchacho proponía varios sitios dónde poder desayunar sin ser molestados, Lucius decidió que después de todo, su pronta recuperación era algo que bien valía la pena cualquier dolor, por muy terrible que fuera.

oooooooOooooooo

Harry estaba parado frente al lago, junto al mismo árbol donde esperara a Severus la tarde del domingo. Después de examinarlo, Poppy había decidido darlo de alta ésa misma mañana no sin antes advertirle que no quería verlo sobrevolando los aires por lo menos durante toda esa semana.

"Y apenas es martes. Eso sin contar con que ya no tengo escoba... ésta será una muy larga semana". Suspiró mientras se recostaba en el verde pasto, mirando al cielo despejado. Era una tarde calurosa y de no haber sido por su convalecencia y el riesgo que corría de ahogarse, se hubiera quitado la ropa y metido al lago para darse un fresco baño.

Había pasado la mayor parte del día con Ron y Hermione y después de almorzar se habían marchado de nuevo. Y a pesar de que no había dejado de verlos desde la graduación, sentía que ya los extrañaba. Sirius también se había ido después de hacerle jurar que no volvería a poner su vida en riesgo de ninguna forma.

Una alta sombra frente a él obstruyó su vista. Harry sonrió al ver que se trataba de su pareja. Severus le dio un ligero beso en los labios y se recostó junto a él.

-Lamento la tardanza. –Se disculpó mientras se volteaba de lado para mirarlo de lleno-. Albus convocó a algunos miembros de la Orden y se nos fue la tarde.

-¿De qué hablaron? –El muchacho se acercó más hasta quedar pegado a él. Posó su frente sobre su cuello mientras aspiraba su perfume. Jamás se cansaría de hacer eso.

-De muchas cosas. –Severus acarició sus cabellos y posó una mano sobre su cadera, como hiciera la noche anterior-. Harry... hay algo que necesito que sepas.

-¿De qué se trata? –El tono serio en la voz de su ex profesor lo hizo levantar sus verdes ojos hacia él.

-Se trata de algo que Voldemort me dijo la noche en que... murió Narcisa. –El joven siguió observando a su pareja, pendiente de sus palabras-. Cuando me ordenó deshacerme del cuerpo de Lucius... me dijo algo que me tiene muy preocupado.

-¿Qué fue lo que te dijo?

-Me dijo que la próxima vez que me convoque deberé llevarlos... a Draco y a ti... conmigo.

Harry frunció el ceño al escuchar las palabras de su pareja. Se enderezó de su cómoda posición. Severus se sentó junto a él.

-¿Qué le hizo pensar que podrías hacer algo así? Es decir... ¿Cómo puede creer que es tan sencillo secuestrarnos y ya?

-En otras circunstancias sabría que no es posible. –El profesor suspiró mientras abrazaba sus rodillas y perdía su negra mirada en las cristalinas aguas del lago-. Pero sabe que tengo toda la confianza de Albus. Piensa que deberé ingeniármelas para tenerlos a ustedes dos en mi poder para el momento en que me llame.

-¿Crees que... uno de estos días te convoque?

-Estoy seguro de eso. –Rodeó los hombros del muchacho con su brazo y lo atrajo hacia él-. Por supuesto que no pienso obedecerle.

-Por supuesto que lo harás. –Severus soltó los hombros de su pareja y lo miró a los verdes ojos. La firmeza que vio en ellos le hizo darse cuenta que hablaba en serio-. En el momento en que te llame, iré contigo.

-¿De qué hablas? –Severus se levantó y caminó unos pasos-. No puedes estar hablando en serio. Yo no seré quien le entregue a Voldemort sus vidas en bandeja de plata. Bajo ninguna circunstancia.

-Te matará si llegas con las manos vacías. –Harry también se levantó y se colocó detrás de él-. Y eso es algo que no pienso permitir.

-Antes muerto que entregarte a él.

Severus permanecía de espaldas a Harry. Éste abrió sus brazos y rodeó su cintura hasta posar sus manos sobre su pecho. Recargó su cabeza sobre la ancha espalda. El hombre rodeó los brazos del muchacho con los suyos, en un largo abrazo.

-Y yo pienso matarlo a él antes de permitir que te haga daño. –Lo tomó por los hombros con suavidad e hizo que se volteara para mirarlo de frente-. Podemos usar todo eso a nuestro favor.

-¿Qué quieres decir con eso? –Las palabras de su pareja le recordaron con nitidez las dichas por el propio director-. ¿Has hablado con Albus?

-No. –El muchacho lo miró con extrañeza-. ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Qué tiene que ver el profesor Dumbledore con todo esto?

-Olvídalo. ¿Qué fue lo que quisiste decirme?

-Sé que suena muy arriesgado pero... ¿Por qué no hacerle creer a Voldemort que me tienes en tu poder y entregarme? Sé que él quiere unirse a Draco, pero para poder hacerlo primero tiene que enfrentarse a mí, ¿No es así?

-¿Cómo sabes todo eso?

-Eso no importa. Lo que podemos hacer es dejar a Draco fuera de esto. Si te llama sólo llévame a mí... y a toda la Orden detrás. Voldemort no tendrá tiempo de reclamarte nada. Estará tan contento de verme como su prisionero que ni siquiera se dará cuenta que es una trampa.

-Eso... fue lo mismo que Albus me propuso. –Sacudió la cabeza, sin terminar de convencerle la idea-. Él no es un iluso. Se dará cuenta.

-Para cuando lo haga ya no tendrá tiempo de organizar una defensiva.

-No lo sé, Harry... es demasiado arriesgado. Si no fuera tu vida la que estuviera en juego no lo pensaría dos veces, pero tratándose de ti...

-También se trata de tu vida. –Harry enredó sus dedos en el negro cabello de su pareja y le dio un pequeño beso en la punta de la nariz. Tú te preocupas por mi bienestar, no te culpo por eso. Pero entonces tampoco me culpes por preocuparme por el tuyo.

Acarició su rostro y se dio media vuelta para regresar al árbol. Se sentó con la espalda recargada contra el tronco y se cruzó de brazos mientras entrecerraba sus verdes ojos. Severus no dejó de observar todos sus movimientos.

-No sé cómo le vamos a hacer. Pero sí te puedo asegurar que no te presentarás solo ante él. No lo permitiré.

Severus se quedó parado, observando la determinación en la voz de su pareja. Sabía que Harry era un mago muy poderoso, capaz de enfrentarse a Voldemort y acabar con él. Pero eso no hacía que dejara de preocuparse. Voldemort tenía una ventaja sobre el muchacho, y era su gran experiencia en la batalla. Harry era un joven exitoso a la hora de enfrentarse al peligro, pero no tenía experiencia en enfrentamientos cuerpo a cuerpo contra otros magos. Sólo en las clases de Duelo, y no eran a muerte.

Se acercó a su pareja y se colocó en cuclillas frente a él. La tarde estaba cayendo y una fresca brisa comenzaba a soplar desde el oeste, haciendo que sus negros cabellos se revolvieran alrededor de su rostro maduro. Los últimos rayos de sol iluminaron por un momento sus negros ojos, que reflejaron destellos dorados. Posó su mirada sobre las esmeraldas de Harry, quien no pudo evitar extender su mano hacia él, temiendo que lo que veía era sólo producto de una ilusión.

-No pienses que no confío en ti. –Dijo Severus mientras sostenía la mano de su pareja contra la suya-. Sé que eres lo bastante fuerte y poderoso para vencerle. Sólo quiero que recuerdes que no te enfrentas a cualquier cosa. Estamos hablando de una mente muy enferma y que es capaz de las más sucias tretas con tal de obtener la victoria.

-¿Quieres decir que debo ser cuidadoso?

-No sólo cuidadoso, Harry. –Severus cambió de posición para quedar sentado junto a él-. Debes recordar que a la hora de la batalla, no existen reglas. Y a él le gusta jugar sucio.

-No te preocupes, Severus... –Harry sonrió con ligereza mientras recargaba su cabeza sobre el hombro de su pareja-. Seré muy cuidadoso. Y no olvidaré lo que acabas de decirme.

-Eso espero... –Severus suspiró mientras abrazaba el joven cuerpo. Harry levantó su rostro para encontrar sus labios. Se fundieron en un largo beso que les hizo olvidarse de todo lo que existía a su alrededor.

Ya no hablaron más. Los besos y las caricias ocuparon el lugar de las palabras y ambos dejaron que sus suspiros volaran con la cálida brisa de verano. Frente a ellos, las transparentes aguas del lago permanecían quietas, su cristalina superficie reflejando las últimas luces de aquél atardecer dorado.

oooooooOooooooo

Albus Dumbledore dejó a un lado la pluma de Fawkes con la que escribía y se acomodó sus gafas de medialuna sobre su nariz. Desde que los miembros de la Orden que citara en su oficina se retiraran, el anciano mago no había dejado de hacer anotaciones en un pergamino.

El viejo director observaba con fijeza un antiguo escrito colocado a un lado del pergamino. Frunció el ceño mientras pasaba las yemas de sus dedos sobre él. Era una reliquia de más de quinientos años, conservada si no por milagro, por una poderosa magia a la que, como podía observarse, el avezado mago respetaba.

Recargó todo el peso de su cuerpo sobre su cómodo sillón, dándose un descanso mientras se alisaba la larga barba, perdido en sus pensamientos.

"Sé que me arriesgo mucho haciendo esto... pero no tengo otra forma de protegerlo". Se puso de pie y comenzó a pasear por toda su oficina. Fawkes se hallaba encogido en su perchero, sumido en un profundo sueño. "Quién fuera como tú, mi querido amigo que renaces de tus propias cenizas..."

Observó un momento más a la bella ave multicolor que, ajena a la presencia de su dueño, siguió sumida en su sueño. El viejo mago regresó con lento paso a su lugar en el escritorio. Tomó el antiguo escrito mientras lo estudiaba con detenimiento.

Casi una hora pasó antes de que al mago se le iluminara el rostro por un instante. Tomó la pluma de Fawkes y escribió algo en otro pergamino, el cual dobló y guardó en un sobre. Se dirigió de nuevo hacia el ave y depositó el sobre entre sus patas. Ya lo vería al despertar y entonces lo entregaría a su destinatario.

Se acercó a la chimenea y lanzó un puñado de polvos. Era hora de comenzar con los preparativos.

-¿Minerva? –El director esperó unos segundos y el rostro de la subdirectora se dejó ver entre las llamas verdes.

-¿Sí, Albus?

-¿Podrías venir ahora mismo, por favor?

-Por supuesto. –El mago se hizo a un lado para dejar entrar a la animaga, quien traspasó el umbral en cuestión de segundos-. ¿Se te ofrece algo?

-Necesito que me hagas un gran favor. –El director la invitó a tomar asiento frente a su escritorio. El antiguo pergamino permaneció a la vista de la profesora, quien no pudo evitar fruncir el ceño al reconocerlo-. Acabo de escribirle una carta a alguien, que mi querido Fawkes estará entregando mañana muy temprano. Y si mis cálculos no me fallan, estaré haciendo en el transcurso de ésta semana una visita muy importante.

-¿Puedo saber a quién visitarás?

El anciano mago no respondió. Tomó con mucho cuidado el viejo pergamino y lo abrió en la página qué el mismo había estudiado momentos antes.

-Necesito que ésa persona me diga si esto es posible. –Mientras le extendía el antiguo escrito a la animaga.

Minerva tomó el pergamino que el director le ofrecía y leyó la página. Su rostro fue cambiando a diferentes matices conforme lo leía, hasta que la incredulidad y el asombro dieron paso a la preocupación.

-Si lo que planeas hacer es lo que estoy pensando... entonces ya sé a quién irás a ver. Pero, Albus... –La profesora se acomodó sus lentes, tratando de disimular los nervios que la asaltaban-. Esto es algo... descabellado. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

-Estoy consciente de eso, mi querida Minerva. –El profesor Dumbledore sonrió con ligereza ante la inquietud de la animaga-. Pero también debes admitir que es una gran idea.

-De ninguna manera. No... pienso permitir que hagas una locura como ésta. –La profesora se puso de pie y comenzó a pasearse, nerviosa-. El precio que se paga es... demasiado alto.

-Pero lo vale. –El hombre también se levantó y la tomó por los hombros, haciendo que ella enfocara su vista en sus azules ojos-. Debes entenderme, Minerva. Tú y yo sabemos mejor que nadie todo lo que él ha pasado durante todos estos años. Merece eso y mucho más.

-Pero... es un precio muy alto. –Minerva bajó la mirada mientras una lágrima escurría por su mejilla-. ¿Qué te hace creer que él aceptará un regalo tan maravilloso como éste bajo ésas condiciones?

-¿Y quién te ha dicho que él lo sabrá?

La profesora McGonagall movió su cabeza de un lado a otro, negándose a las palabras del director.

-Él... jamás va a perdonártelo. Aunque todo sea por su propio bien.

-No debes preocuparte tanto, mi querida Minerva. –Albus rodeó la cintura de la subdirectora para animarla a sentarse de nuevo-. Puede que ni siquiera sea necesario llegar hasta el final. Y en el caso en que así fuera, las posibilidades son muy remotas.

-Eso no significa que no existan. –Minerva tomó entre las suyas las manos del viejo mago-. ¿Tanto lo amas que estás dispuesto a todo por él?

-Mírame a los ojos, Minerva. Y dime que es lo que ves en ellos.

La animaga hizo lo que Albus le pedía. No tuvo que ver dentro de ellos por mucho tiempo. Una suave sonrisa se dibujó en sus labios mientras seguía sosteniendo sus manos entre las suyas, y las lágrimas fluían ahora a raudales de sus ojos gatunos.

-Mi querido Albus... viejo loco. –Le dijo mientras acariciaba su rostro, surcado por tantas arrugas como años tenía de conocerlo-. Sabes que nunca he dicho que no a ninguna de tus locuras.

-Entonces que no se diga más. –Albus besó ambas manos de su querida amiga antes de soltarlas y dirigirse a su escritorio-. Me ausentaré durante los tres próximos días. Te quedarás a cargo del Castillo y te aviso que Harry dormirá en los aposentos de Severus.

-Pero... ¿Por qué ahí? –La profesora frunció el ceño, sin entenderlo-. Ésos dos no pueden ni verse. ¿Cómo haré para que Harry acepte...?

De pronto recordó lo ocurrido en ésa misma oficina la noche de la graduación, cuando Harry salió corriendo mientras mencionaba su nombre. Una sonrisa pícara se dibujó en el rostro de Albus, que Minerva comprendió al instante.

-Vaya... ¿Quién lo diría? –Lo miró, preocupada-. Supongo que Sirius Black no tiene idea.

-Estás en lo correcto, mi querida Minerva.

La subdirectora suspiró mientras trataba de asimilar la noticia. Después de un largo momento de silencio sacudió la cabeza, tratando de ahuyentar sus últimos pensamientos.

-La verdad es que sigo sin poder creerlo. –Se dirigió a la chimenea-. En ese caso, haré como que no sé nada.

Albus rió con ligereza ante las últimas palabras de su amiga. Ella tomó un puñado de polvos y antes de marcharse se volvió hacia él.

-¿Qué le dirás a Severus de tu partida?

-Le diré que tengo que arreglar unos asuntos pendientes. Nada más. Ya lo conoces y sabes que no hará más preguntas.

-Dale mis saludos. A él y a su esposa.

-Así lo haré, Minerva.

Cuando la animaga desapareció por la chimenea, el director se acercó a su majestuosa ave, que aún dormía. La contempló por un largo momento mientras volvía a perderse en sus pensamientos.

"Pero aunque sé que no se puede renacer de las propias cenizas, al menos ahora sé que se puede lograr algo parecido..."

El anciano acarició las suaves plumas del Fénix y se dirigió a sus aposentos. Ésa sería una semana muy larga.

oooooooOooooooo

Lucius Malfoy se encontraba en la Torre de Astronomía, observando las estrellas a través de uno de los telescopios. Ése lugar era uno de sus favoritos cuando era estudiante, por lo que después de cenar con Draco y darle las buenas noches, había decidido volver después de tantos años.

Llevaba casi una hora sosteniendo el pesado telescopio y ya se sentía bastante cansado. Dejó que el aparato volviera a su sitio mientras se enderezaba de su antigua posición. Un leve quejido escapó de sus labios al darse cuenta que había sobrepasado su resistencia. La espalda le punzaba y tuvo que quedarse quieto un momento para poder enderezarse de nuevo.

-Veo que algunas cosas no han cambiado... –Lucius no tuvo necesidad de girar el rostro para saber quién era. Remus Lupin caminó con paso lento hasta donde el rubio se encontraba-. ¿Has descubierto algo nuevo?

Lucius movió la cabeza en negación. Se alejó del telescopio para ubicarse frente a la terraza, cuya panorámica dominaba la mayor parte de los terrenos del Castillo hasta donde la vista alcanzaba.

-Pensé que estaba solo...

-Lo siento. Si quieres me retiro...

-No. Está bien. –Lucius levantó una mano para impedir que el licántropo se fuera-. ¿Dabas un paseo?

-No con exactitud. –Remus se sentó a medias sobre el reborde de la terraza, quedando de frente al ex mortífago-. Minerva me pidió que hiciera la ronda por ella. Dijo que no se sentía muy bien.

Lucius no respondió. El licántropo supo que en realidad al aristócrata le importaba muy poco lo que le pasara a Minerva... o a cualquiera que no estuviera incluido en su reducido círculo de personas que pudieran considerarse apreciadas por él.

Mientras estaba en medio de estos pensamientos, no se percató que la mirada del rubio no se despegaba de su persona. Sentado en ésa posición y con sus dorados ojos perdidos en la oscuridad de la noche, Lucius se sintió transportado al pasado.

Se vio de pronto a sí mismo, y a Remus cuando eran jóvenes. Llegó a su memoria una noche igual que ésa. Era verano y ambos se habían quedado a pasar las vacaciones en el Castillo, Lucius porque no había querido estar solo en la enorme mansión de sus padres, y Remus porque no tenía otro sitio a dónde ir.

Tenían algunos meses de haber comenzado con su "relación" y Lucius se encontraba en ése mismo lugar, observando los cuerpos celestes a través del telescopio. Estaba concentrado en encontrar una nueva estrella para poder ponerle su nombre, cuando sintió unos brazos que lo envolvieron, sacándolo de su abstracción.

-¿Has descubierto algo nuevo? –Le había preguntado el licántropo mientras lo hacía a un lado sin mucha delicadeza para poder ver lo que el rubio observaba-. Lucius lo dejó hacer mientras Remus movía el telescopio de un lado a otro sin un ritmo lógico.

-No lo muevas... así. –Le había reclamado el rubio al ver que el joven de ojos dorados había desviado el aparato del punto celeste que apuntaba-. Ahora tendré que volver a buscarla...

Pero Remus no se movió de su sitio, por lo que ambos habían quedado muy juntos uno del otro.

-Te he pedido que me enseñes a buscar estrellas contigo y nunca has querido hacerlo. –Le reprochó Remus mientras se cruzaba de brazos viendo a Lucius colocar el telescopio en su anterior posición.

-He intentado hacerlo, Remus... –Le reclamó el rubio mientras pegaba un ojo en la mira del aparato-. Pero cada vez que lo intento siempre te aburres y dejas de ponerme atención.

-Eso es porque tú eres un maestro muy aburrido. –Le contestó el joven licántropo. Lucius dejó de observar el firmamento para dirigir sus azules ojos hacia los dorados de su "amigo".

-¿Te parezco aburrido? –Lucius dejó el telescopio para fijar su atención al joven frente a él. Le dirigió una mirada indescifrable mientras lo tomaba de los hombros y lo recargaba sobre el enorme aparato.

-Sí... –Remus se dejó hacer, tratando de adivinar cuál sería el siguiente paso del rubio. Éste sólo acercó sus rostro al suyo y lo besó con intensa pasión. Remus correspondió de inmediato al ardiente beso mientras gemía con suavidad, doblegado ante la fuerza que el rubio imprimía en ésa caricia.

Minutos después ambos se encontraban en la terraza, la ropa regada por todos lados. Los azules ojos buscaban nuevas marcas en la piel apiñonada de su compañero de juegos, mientras leves escalofríos recorrían el flexible cuerpo que exploraba a conciencia.

Remus entrecerraba sus ojos mientras el otro besaba y lamía las nuevas marcas que iba descubriendo en la suave superficie, hasta que ya no hubo una sola por descubrir. Para entonces, el joven licántropo se encontraba listo para ser él quien saboreara ahora la tersa y nívea piel de su amante. Lucius se dejaba llevar por la calidez que Remus desprendía al estar juntos y se contagiaba de ella.

Él sabía que a Remus le gustaba que él fuera así. Suave y firme a la vez, hasta llevarlo a límites jamás sospechados por él. Remus arqueaba su cuerpo y se estremecía mientras Lucius lo acariciaba con pasión y fuerza, haciendo que el joven de dorados ojos correspondiera con la misma fogosidad que el rubio le obsequiaba en cada caricia.

Ellos jamás se dijeron nada. Nunca hubo palabras de amor ni promesas. Había un acuerdo entre ellos de no pasar del placer sin límites que cada uno se daba, para no tener que rendirse cuentas después.

Sin embargo, Lucius no podía dejar de susurrar palabras que ni él mismo comprendía mientras tomaba a Remus hasta hacerlo desfallecer entre sus brazos. Su amante también parecía olvidar ese acuerdo porque entonces lo abrazaba con fuerza hasta dejarlo sin respiración.

Cuando llegaba el momento no podían evitar mirarse el uno al otro, ojos dorados ahogándose en lagunas azules. Hielo derritiéndose en oro fundido. Lucius susurraba una última palabra al oído de Remus haciendo que su amante tocara el mismo cielo que a él tanto le gustaba explorar.

Ésa noche, como muchas otras de ése último verano en el Castillo, Remus permaneció junto a él, sus cabellos castaños bajo su barbilla, acostados en la terraza de la Torre. Nunca les importó si alguien entraba y los descubría. Eran momentos de ellos dos y de nadie más.

Momentos en que Lucius Malfoy se olvidaba de su apellido y de su Casa. Y en que Remus olvidaba que no lo amaba, que sólo estaba con él para no estar solo.

Momentos que se repitieron durante mucho tiempo más después del Colegio, en los lugares más íntimos que pudieron encontrar, sin jamás perder la visión del porqué se encontraban juntos.

Hasta que el rubio volvía a hacerlo suyo y el castaño volvía a entregarse a él como aquélla noche en la Torre de Astronomía, cuando Lucius se olvidó de las estrellas y Remus se retractó de haberle llamado aburrido.

oooooooOooooooo

Draco Malfoy se encontraba sentado en su cama mientras sostenía entre sus manos un pequeño pergamino, atado con una cinta de color verde. Ésa misma mañana, antes de irse a desayunar con su padre, una lechuza a la que reconoció de inmediato se lo había dejado para después irse volando sin esperar una respuesta.

El rubio no había dejado de observar a la lechuza hasta que se perdió de vista. Y, lejos de abrir la carta, la había guardado dentro de su cajón para leerla más tarde. Pero pasó la hora del almuerzo y la cena, y el joven no se había decidido a leerla.

"¿Qué espera Blaise que haga con esto?" Pensaba mientras daba vuelta una y otra vez al pergamino, en cuyo frente se podía apreciar su nombre con toda claridad. "¿Piensa que con eso va a convencerme de volver con él?"

Se levantó y se acercó al ventanal. La noche era despejada y el cielo estaba tachonado de estrellas. La luna en su cuarto creciente cada vez estaba más luminosa, señal de que en muy pocos días terminaría de llenarse.

"No puedo creer que tenga el descaro de escribirme, aún cuando fui bastante claro con él al decirle que no quiero volver a verle."

Recargó su rostro sobre el cristal, sintiendo la frescura del vidrio contra su piel. Cerró los ojos mientras trataba de alejar de su mente la última noche que pasara con él, en el salón de los Menesteres.

"No puedo creer que haya sido capaz de hacerme el amor al mismo tiempo que a él..." Suspiró mientras cerraba la mano en un puño, arrugando el pergamino. "Jamás le perdonaré el haberme mentido..."

Un golpe en el cristal lo sobresaltó, haciéndolo emerger de sus pensamientos. Se sorprendió al ver la lechuza de Blaise posada sobre el alféizar, a la espera de que el muchacho la atendiera.

Draco frunció el ceño mientras observaba al plumífero, que esperaba paciente a que él abriera la ventana para entregarle la carta que tenía atada entre las patas. Pero el rubio permaneció varios minutos sin hacer nada, esperando que el ave se cansara y se marchara.

Pero la lechuza permaneció impasible sobre el arco, esperando con paciencia infinita a que el destinatario de la carta que sostenía entre sus patas se decidiera a atenderla. después de un largo momento más de duda, Draco lanzó un bufido de exasperación y abrió la ventana. La lechuza entró de inmediato y el rubio tomó la carta. Apenas lo hubo hecho, el ave se marchó con la misma prisa que ésa misma mañana.

Draco examinó la carta que acababa de recibir. La acercó a su rostro y logró apreciar el perfume de Blaise en él. Movió la cabeza de un lado a otro mientras desarrugaba la otra carta y la colocaba junto a ésa. Después de un rato más de permanecer perdido en sus pensamientos, el rubio se alejó de la ventana y depositó las cartas dentro del cajón de su mesita.

Ya vería después si las leía o no, por ahora lo mejor era descansar. Al día siguiente comenzaban las clases de Duelo y su padre estaría presente. Y no tenía intenciones de quedar mal frente a él bajo ninguna circunstancia.

oooooooOooooooo

-Trescientos veinticuatro... trescientos veinticinco... tres... espera... no seas tramposo... ah... ya perdí la cuenta.

-Entonces tendrás que... volver a empezar.

Severus y Harry habían estado contando estrellas desde que éstas aparecieran en el firmamento. Pero mientras Harry lo hacía, el profesor se había dedicado a besarlo y mordisquear sus orejas hasta el punto de hacerle perder hasta el sentido de la orientación.

Se hallaban sentados en el árbol frente al lago. A ninguno le había importado no presentarse a cenar. Estaban seguros que nadie los extrañaría. Y en vez de eso, habían decidido quedarse unas horas más hasta que el sueño comenzara a vencerlos.

Pero, entretenidos como estaban uno en el otro, el sueño era lo último que los molestaba ésa calurosa noche de verano. En especial para Harry, a quien las caricias de su pareja, a cada momento más atrevidas, lo habían hecho perderse por completo.

-Si sigues haciendo eso...

-¿Hum...? –Severus introdujo una mano bajo la camiseta del muchacho-. ¿Qué cosa?

-Ah... –Harry gimió muy quedo al sentir la cálida mano del hombre sobre la piel de su estómago. Se encontraban en su posición preferida, Severus recargado en el árbol y Harry entre sus piernas, de espaldas a él-. Si sigues haciendo eso... no responderé de mis actos.

Lejos de detenerse, Severus terminó de levantar la camiseta para introducir la otra mano. Permaneció abrazándolo de ésa forma mientras besaba la parte de atrás de su cuello, una zona que recién había descubierto muy sensible en su pareja.

Harry se estremeció al sentir los labios de Severus y se arqueó con suavidad mientras ladeaba la cabeza para darle más acceso. Levantó su mano derecha y la pasó por detrás de su cuello mientras enredaba sus dedos en sus negros cabellos, sintiendo su suavidad. Severus entendió el mensaje y buscó su boca para unirla con la suya.

Cuando el beso terminó, Harry se dio media vuelta para quedar a horcajadas sobre las piernas de Severus, quien sintió de inmediato las ansias despiertas en su joven pareja.

Se recostó sobre el pasto para quedar en mejor posición, levantando el cuerpo de Harry en el proceso como si fuera una pluma. Cuando se sintió más cómodo, tomó la delgada cintura de su pareja y lo atrajo hacia su cuerpo, pegándolo más a él. Harry suspiró al sentirse recostado sobre el cuerpo de ese hombre cuya negra mirada le robaba todo raciocinio.

Severus tomó los dulces labios del muchacho y los mordisqueó con suavidad, jugueteando con ellos hasta sentirse saciado. Harry colocó ambas manos sobre el pecho de su pareja, recargando todo su cuerpo en él. Cerró sus verdes ojos al sentir el deseo despierto de Severus. Perdió su rostro en el cuello de su túnica mientras suspiraba. Severus aprovechó el momento para acariciar su espalda por debajo de su ropa.

-No... –Severus se detuvo al escuchar la negativa de su pareja.

-¿No? –Le preguntó mientras levantaba el rostro del joven para mirar esas dos esmeraldas-. ¿No quieres?

-No... me dejes así. –Harry correspondió a la mirada de su pareja con una mirada muy seria-. Si vas a acariciarme, no me dejes solo al final...

Severus comprendió a lo que su joven pareja se refería. Levantó una ceja mientras sonreía y se daba la vuelta para quedar sobre él. Le quitó las gafas con lentitud y las lanzó lejos mientras acercaba sus labios a su oído.

-Ésta noche, mi hermoso Harry...–Su húmeda lengua paseó por todo el contorno de su oreja, haciéndolo estremecerse-. Te haré mío y entonces sabrás lo que es llegar hasta el final...

Harry gimió al escuchar a Severus decirle eso. Algo desconocido estaba despertando en él y tenía el presentimiento que ésa misma noche lo aprendería del mejor de los maestros.

Continuará...

Próximo Capítulo: Con los cinco sentidos.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)