Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucho drama. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuesta a los reviews.
Ailuj: Hola Julia, me halagas y me ruborizas U,U' Te lo agradezco de verdad. Es verdad, Severus está sufriendo bastante por el dilema en que se encuentra, desobedecer a Voldemort a riesgo de su propia vida y dejar a Harry sin compañero, o entregar lo que él más ama. He ahí el dilema. En cuanto a Sirius, tienes razón en estar molesta con él, a veces dice las cosas sin pensar. Aunque él no sabe que al hablar mal de Severus pues hiere a su ahijado. Lucius tratará de apoyar a Severus lo más que pueda, y sí, tiene muchos conocimientos que los ayudarán en su momento. A Draco aún lef alta uno que otro golpe, ya verás. Y en cuanto a Dumbledore, en el siguiente capítulo sabrás un poco más sobre sus planes. Por lo pronto aquí está el nuevo capítulo y espero que te guste. Muchas gracias por tu comentario y muchos besitos.
Yuee: Hola Yuee, un placer verte por aquí. Me alegra mucho saber que te agrada mi historia, muchas gracias. Trato de actualizar cada quince días, pero la verdad en estos últimos días me la he visto negras. En este capítulo verás que al fin Sev y Harry tiene su momento tranquilo y espero que te guste. Sabrás lo que trama Albus en el siguiente. En cuanto a Remus, aún pasarán muchas cosas antes de saber qué sucederá con su vida amorosa. En cuanto a Blaise, tendrá que hace mucho más que enviarle cartas para ser perdonado, ya lo verás. Muchas gracias por tu comentario y muchos saludos y besos.
Sedex: Hola Sedex, qué gusto volver a verte por aquí. Veo que ya te has actualizado y que has visto que a Harry no le ocurrió nada grave. En este capítulo está el lemon y espero que te guste. Veo que Blaise sigue sin gustarte, pero en fin, espero que se redima a tus ojos algún día. Muchas gracias por tus reviews y disfruta este capítulo. Besitos.
Nan: Hola Nan, Sabrás qué planea Albus en el siguiente capítulo, me hubiera gustado aclarar la duda en éste, pero no me alcanzó el espacio. En cuanto a Remus y Lucius, me encanta que seas tan persuasiva, de veras, y yo que pensé que no se entendería el mensaje implícito que dejé en ésa escena en la Torre. Y para ya no dejarte más tiempo picada, pues aquí te va el Lemon, y espero que lo disfrutes. Muchas gracias y muchos besitos.
A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.
Nota: En compensación por los dos últimos retrasos, aquí está el nuevo capítulo. Espero que sea de su agrado.
Besitos.
XIV
Con los cinco sentidos.
Advertencia: Éste capítulo contiene una escena Lemon. Que la disfruten .
Remus Lupin se bajó del reborde de la terraza, haciendo que Lucius se bajara de la nube en la que estaba después de recordar sus encuentros de juventud. El profesor dio media vuelta para quedar recargado sobre la pequeña barda y así poder contemplar el paisaje. Suspiró mientras sentía la mirada azul de su ex amante sobre su espalda.
-¿Recuerdas cuando tú y yo veníamos a éste sitio? –Le preguntó al tiempo que fijaba su vista en la luna. Un pequeño escalofrío lo recorrió al darse cuenta del poco tiempo que faltaba para su transformación. Movió la cabeza de un lado a otro para alejar esos pensamientos mientras esperaba la respuesta de Lucius.
-¿Cómo olvidarlo? –Lucius acercó su silla a la barda, quedando junto al licántropo-. En especial nuestro último verano.
Remus sonrió a medias mientras algunos recuerdos volvían a su mente. Había olvidado muchas cosas de esa época. Se sonrojó con ligereza al entender a qué se refería el rubio.
-Nunca quisiste enseñarme a buscar estrellas. –El profesor de Defensa trató de evitar el tema de sus encuentros sexuales-. Nunca me tuviste paciencia.
-¿En verdad estabas interesado en aprender? –Lucius se volvió hacia el hombre junto a él. Remus se giró y se sentó en el suelo, su espalda recargada contra la pared.
-Sí. –Recogió sus rodillas y las abrazó mientras recargaba su cabeza contra la pequeña barda-. Me parecía un tema muy interesante.
-Si tanto te interesaba, ¿Por qué entonces no se lo pediste a la profesora de Astronomía? –El rubio lo miró, perspicaz-. Estoy seguro que hubiera estado encantada de enseñarte todo lo que quisieras.
Remus frunció el ceño al reconocer cierto tono de celos en Lucius. Trató de hacer memoria y recordó que su maestra siempre había tenido cierta preferencia hacia él. Analizó la pregunta y llegó a la conclusión que las clases con ella no hubieran sido igual de interesantes.
Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos mientras se reprochaba a sí mismo por el rumbo que estaban tomando. Volteó a ver a Lucius, quien continuaba mirándolo de un modo muy profundo, que le hizo despertar cosas en él que había creído dormidas.
Se asustó. Hacía tanto tiempo de aquello y aún se sentía vulnerable a la fuerte mirada de quien había sido su amante. Estaba seguro que si Lucius y él hubieran seguido siendo jóvenes, en ése momento se estarían despojando de sus ropas para dar rienda suelta a todos sus deseos. Como tantas veces lo hicieran en ése mismo sitio, aquél último verano.
Volvió a fruncir el ceño. Sus pensamientos iban demasiado lejos.
-¿Puedo hacerte una pregunta? –Lucius movió su silla para quedar más cerca de él. El licántropo volteó a verlo, esperando-. ¿Has sido feliz?
Remus suspiró mientras bajaba la cabeza. Cerró sus dorados ojos al tiempo que negaba en silencio.
-¿Por qué?
-Mírame, Lucius. –Se señaló a sí mismo mientras continuaba-. Desde que salí de Hogwarts no hice más que saltar de trabajo en trabajo. Jamás duré en ellos más de un mes. Las tres noches que tenía que ausentarme cuando volvía me encontraba con que alguien ya ocupaba mi lugar. Incluso siendo profesor aquí tuve que marcharme para no poner en peligro a los estudiantes.
Lucius guardó silencio, esperando que Remus prosiguiera con su relato. El profesor pasó ambas manos por sus cabellos castaños mientras cerraba sus ojos, tratando de ordenar sus ideas.
-Pude volver a dar clases aquí gracias a la insistencia de Harry y la benevolencia de Albus, de lo contrario estaría muriéndome de hambre. Soy un Hombre Lobo. Me transformo en una peligrosa bestia durante una noche al mes. Ahora dime... ¿Crees que alguien se atrevería a estar conmigo en ésas circunstancias?
-Te tomas la poción. –Lucius trató de hacerlo sentir mejor. La risa irónica de Remus le demostró que no lo había logrado.
-No es suficiente. –Permaneció con los ojos cerrados para evitar que Lucius pudiera ver el dolor que guardaba en ellos-. Nadie que estuviera en sus cinco sentidos dormiría a mi lado sabiendo que la mitad de mí es un monstruo.
-Tú no... –Lucius suspiró mientras acercaba su mano y tomaba la de Remus entre las suyas. El licántropo se sobresaltó, pero no hizo el intento de soltarse-. Hubo un tiempo... en que yo no estaba en mis cinco sentidos.
Remus levantó su cabeza y sus ojos se encontraron con los de Lucius. Una sonrisa verdadera surgió de sus labios mientras respondía.
-A decir verdad... ninguno de los dos estaba en sus cinco sentidos.
Lucius rió con sinceridad a la observación de su ex amante. Tenía toda la razón.
Hubo un momento de silencio. Era un silencio relajante y tranquilo.
-¿Y tú? –Lucius lo miró sin entender-. ¿Has sido feliz?
-Sí, Remus... –Lucius sonrió con tristeza mientras volvía a su mente el rostro amado de Narcisa-. Muy feliz.
-Lamento si te he hecho sentir mal...
-No, está bien. –Lucius soltó la mano de Remus y dio la media vuelta en su silla-. Estoy cansado y mañana comenzaré con mi primera sesión. Si me disculpas...
-Yo también me retiro a descansar. –Remus se puso de pie y acompañó al rubio mientras salían de la Torre. Anduvieron varios metros uno junto al otro. Cuando Lucius llegó al pasillo donde se localizaban sus aposentos se volvió hacia él.
-Gracias por acompañarme, no te hubieras molestado. –Lucius se detuvo frente a su habitación. Remus negó con la cabeza, confundido.
-En realidad... mis habitaciones están en éste pasillo. –Remus señaló una puerta de roble al final-. Creo que somos vecinos.
-Ya veo... –Lucius se sorprendió al ver que su puerta estaba a unos cuantos metros de la del licántropo. La imagen de Severus vino de pronto a su mente. Se preguntó si no lo habría hecho a propósito. Se reclamó a sí mismo por tener semejantes pensamientos, ¿Por qué iba a hacer Severus algo como eso?
-Entonces te veré mañana. –Remus levantó una mano en señal de despedida-. Que descanses.
Lucius correspondió a la despedida del licántropo con un movimiento de cabeza. Permaneció en el mismo sitio hasta que Remus desapareció por la puerta de roble. Murmuró la contraseña de sus habitaciones y entró. Se asomó a la recámara de Draco y después de observarlo un momento decidió retirarse a descansar.
En su propia habitación, frente al calor que irradiaba de la chimenea, Lucius recordaba su conversación con Remus. Durante los años que vivió casado con Narcisa él había vivido con la creencia que, al igual que él, su ex amante había encontrado a alguien y había sido feliz.
"Qué equivocado estaba..." Pensó mientras recordaba la tristeza impresa en la mirada del hombre lobo. "Nunca me imaginé que su licantropía sería un impedimento para que fuera feliz..."
Suspiró a la vez que observaba las gotas de ámbar, tan parecidas a ésos dorados ojos, mientras recordaba las palabras de Remus.
"...Nadie que estuviera en sus cinco sentidos dormiría a mi lado sabiendo que la mitad de mí es un monstruo..."
Cerró sus azules ojos mientras aspiraba el relajante aroma que provenía de la chimenea. Un suave murmullo salió de sus labios sin tomarse la molestia de pensarlo siquiera.
-Ahora estoy en mis cinco sentidos... y me gusta mucho la idea de volver a dormir a tu lado...
oooooooOooooooo
El cielo tachonado de estrellas se reflejaba con exquisita quietud sobre las apacibles aguas del lago, dándole a cualquiera que pudiera observarlo la impresión de ser una imagen extraída de un cuadro. Para una pareja de enamorados que se encontraba debajo de un árbol y tendida sobre el verde pasto, el hermoso paisaje había pasado a formar parte de todas las cosas que habían dejado de existir a su alrededor.
Severus recorría con sus labios la suave piel que se hallaba debajo de él, cálida y temblorosa al tacto de sus manos que, inquietas, se adentraban en rincones jamás explorados por nadie más.
Harry correspondía a cada caricia con suaves suspiros que se perdían en los oídos de Severus. Él, consciente de las sensaciones que sus manos provocaban en el joven cuerpo de su pareja, se deleitaba encontrando nuevos terrenos sensibles por debajo de su delgada ropa.
El muchacho de verdes ojos ondulaba su cuerpo cada vez que el hombre sobre él encontraba un nuevo rincón para pasear su húmeda lengua y probar su sabor. Severus se detuvo un instante para admirar el rostro ruborizado de su pareja. Harry abrió sus grandes esmeraldas y entonces Severus pudo ver el firmamento a través de ellas.
Suspiró mientras lo levantaba con suavidad y retiraba la camisa para dejar que su níveo torso brillara a la luz de la luna. Sus manos pasearon por todo el contorno de esa pálida piel que se estremeció al sentir el frescor de la noche y luego el calor de ésas suaves manos sobre ella. Y entonces Severus descubrió que esa deliciosa piel era mucho más sensible de lo que se había imaginado.
Las impacientes manos de Harry se aventuraron por debajo de sus negras prendas, haciendo que el hombre sintiera que se asfixiaba debajo de ellas. El joven pareció adivinarlo porque de inmediato comenzó a deshacer cada botón de la ropa que escondía lo que él tanto ansiaba probar por vez primera.
Un pequeño bufido de frustración le hizo ver a Severus que él de verdad lo deseaba. Con movimiento rápido le ayudó a desprenderse de sus prendas superiores. Su túnica y su camisa fueron a dar al mismo sitio que la camisa y los lentes de su pareja, quien levantó su mirada verde hacia él, en silenciosa súplica.
Severus comprendió lo que su pareja le pedía y lo hizo enderezarse para que el joven pudiera al fin saborear su piel. Harry cerró sus ojos mientras se deleitaba con las dos sensibles perlas que resaltaban sobre la blancura de su pecho. Severus gimió quedo mientras se estremecía al sentir su lengua, inexperta pero traviesa recorriendo cada centímetro de su ardiente piel, refrescándola.
Harry recorrió la ancha espalda con la punta de sus dedos sin dejar de saborear lo que sus ansiosos labios podían alcanzar. Severus se arqueó en respuesta a la caricia que ahora recorría con lentitud todo lo largo de su columna. Levantó el rostro del muchacho y lo besó, contagiándole el intenso deseo que habitaba en lo más profundo de sus entrañas.
Lo recostó de nuevo sobre el pasto y devolvió, una a una, las caricias que Harry le obsequiara. El joven enredó sus dedos en los negros cabellos de su pareja al sentir unas pequeñas mordidas que lo hicieron gemir, haciendo que Severus lo reconfortara con sus cálidos labios.
Su boca viajó hacia abajo, ansiosa por saborear todo lo que pudiera de ese joven cuerpo, dócil bajo sus expertas atenciones. Los últimos obstáculos que lo impedían fueron a dar al mismo sitio que los demás. Harry cerró los ojos cuando sintió que la húmeda punta de su lengua jugueteaba con su ombligo. Se mordió el labio inferior al tiempo que un suave gemido trataba de escapar de sus rojos labios. El largo cabello negro le hizo cosquillas en su abdomen y él lo acarició con dulzura, inconsciente de la invitación muda que le hacía a su pareja.
Severus atendió su invitación y sus labios viajaron más abajo, donde unos suaves rizos negros coronaban el orgulloso deseo despierto de su joven pareja. El hombre paseó sus dedos sobre la negra espesura, para después perder su nariz dentro de ella. Harry se arqueó cuando sintió el cálido aliento rozando su sensible piel. Severus aspiró con fruición el perfume natural que habitaba en él, tan primitivo y delirante como sus mismas ansias.
Cuando se sintió saciado del aroma de su pareja, Severus se dedicó a recorrer sus largas piernas, depositando suaves besos en ellas hasta llegar a sus pies. Harry gimió al sentir uno de sus dedos dentro de su boca. Severus lo saboreaba como si se tratara de un caramelo, haciéndolo descubrir que era una de las zonas más sensibles de su púber cuerpo.
Severus repitió sus caricias en cada uno de ellos hasta que sintió que Harry ya no lo soportaba. Lo dejó descansar un momento mientras se ponía de pie. El joven abrió sus verdes ojos al dejar de sentir la calidez de ése cuerpo tan deseado y lo vio parado frente a él. El hombre se descalzó con lentitud mientras bajaba el cierre de su pantalón.
Harry contuvo la respiración mientras se enderezaba a medias sobre sus codos. Severus supo que él quería verlo y con sensual elegancia deslizó las últimas prendas que lo cubrían, exponiendo todo su maduro pero aún atlético cuerpo ante la vista de su pareja. Harry paseó su lengua por su labio inferior sin despegar sus ojos de lo que se ofrecía ante él.
El hombre sonrió al descubrir que a su pareja le gustaba lo que veía y se colocó de hinojos con sus firmes piernas a ambos lados de su torso, invitándolo a descubrirlo. Harry gimió, sorprendido al ver la virilidad de Severus ante él, tan erguida y tan cerca que no pudo evitar levantar una mano y tocarla con suavidad, extasiado ante la perfección de sus formas. Severus cerró los ojos y suspiró en anticipación.
Acercó con timidez su rostro a la hombría de su pareja, que ya se mostraba deseosa de ser acariciada. Tanteó con la punta de su lengua la sensible zona que la rodeaba y Severus se estremeció. Sintió sus manos estrujando sus alborotados cabellos mientras lo instaba a probar más de él. Harry no se hizo del rogar y aspiró con fuerza el aroma masculino que emanaba de su piel. Le pareció el perfume más excitante que jamás había conocido.
Acarició con lentitud sus muslos, admirando su firmeza. Sus inquietas manos no encontraron descanso hasta rodear las dos voluptuosas montañas a las que estrujó, descubriéndolas firmes pero muy tersas. Su dedo más largo decidió ir más allá y se introdujo con suavidad en la pequeña cueva que con tanto celo resguardaban y escuchó un largo gemido de Severus como respuesta.
Su boca inexperta decidió conocerlo mejor y se atrevió a probar su sabor. Severus se arqueó al sentirse preso de sus suaves labios. Harry besó cada centímetro y se deleitó con el salado manjar que manaba de él. Su lengua lo recorrió por completo hasta aprenderse de memoria cada una de sus formas. Severus lanzó un largo gemido que se perdió en el viento cuando se sintió dentro de su boca casi por completo.
Harry siguió sus instintos, que le pedían robar más gemidos de los labios de su pareja, quien ahora oprimía su cabeza con fuerza y cerraba sus negros ojos, su cuerpo sudoroso por el intenso placer que lo recorría. Su dedo no se quedó quieto y comenzó a entrar y salir, haciendo que Severus murmurara frases incoherentes para él, que lo excitaron más.
Cuando sintió que su pareja ya no soportaría mucho tiempo decidió detener el ritmo de sus caricias. Severus suspiró mientras Harry se recostaba en el pasto sin dejar de acariciar sus piernas. Se extendió sobre el joven cuerpo cubriéndolo por completo, rozándose contra él y deleitándose con cada centímetro de su perfecta tersura. Harry ahogó un gemido dentro de la experta boca que absorbía la suya con pasión y fuerza, robándole todo el aliento y esfumando todo rastro de cordura.
Se sintió levantado y de pronto se halló boca abajo, sus brazos apresados por otros brazos y su cuerpo soportando el peso del otro cuerpo. Los hombros y la espalda del joven estaban cubiertos por algunas briznas de pasto y Severus fue retirándolas poco a poco con sus dientes a sabiendas de lo que provocaba en su pareja, quien sólo podía estremecerse al sentir las pequeñas mordidas, que después Severus consolaba con suaves besos y lamidas.
Severus mordisqueó su cuello por debajo de su nuca y Harry suspiró cuando sintió su palpitante hombría entre sus piernas. El hombre siguió mordisqueando todo lo que tenía a su alcance, embriagándose con el sabor salado de su piel, mezclado con el dulzor de la humedad de la alfombra verde sobre la que estaban. Un escalofrío recorrió toda su columna mientras la lengua de Severus viajaba por ella hasta detenerse en medio de sus suaves glúteos.
Severus vio cómo su pareja apretaba los puños y temblaba al sentir su lengua tocando la sensible puerta que daba al paraíso. Escuchó sus gemidos mientras entraba apenas pidiendo permiso. Harry levantó su cadera invitándolo a entrar más profundo. Se estremeció cuando lo sintió entrar al mismo tiempo que acariciaba su carne palpitante y deseosa de estallar.
Harry cerró los ojos y se mordió los labios para no gritar cuando sintió la lengua de Severus entrando y saliendo mientras lo acariciaba, como ni siquiera él mismo lo había hecho en sus noches de insomnio pensando en él. No pasó mucho tiempo antes de que Harry le obsequiara a su pareja todo el néctar que brotó de su cuerpo con un último gemido. Severus lo tomó entre sus dedos y bebió de él con sed.
Antes de que Harry pudiera recuperar la respiración que Severus le había robado con sus caricias, sintió la humedad de un dedo en su interior. Se arqueó ante la suave intrusión de otro. Un tercero hizo que su deseo volviera a despertar y balanceó su cuerpo pidiendo más. Severus se lo concedió arrancándole pequeños gritos de placer al sentir que su pareja alcanzaba a tocar su interior como nunca él lo había logrado con sus propios dedos.
Una sensación de vacío se apoderó de él cuando Severus se retiró y lo tomó de la cadera para voltearlo. Severus permaneció de rodillas sobre el pasto mientras hacía que su joven pareja se sentara a horcajadas sobre él. Las esmeraldas se cerraron cuando su dueño se sintió invadido por la ardiente carne del hombre sobre el que se hallaba sentado. Se dejó ir sobre su hombría, deseoso de sentirse uno con él.
Severus ahogó un gemido cuando se sintió por completo en su interior y hundió su rostro en el suave pecho de su joven amante. Harry tomó su rostro y Severus se encontró con dos verdes ojos que irradiaban placer y amor, y unas cuantas lágrimas que limpió con sus besos. Una sonrisa traviesa brotó de los jóvenes labios mientras Severus se sentía expulsado del paraíso para ser invitado a entrar de nuevo en él.
Harry subía y bajaba imponiendo su propio ritmo. A veces vacilante, a veces atrevido. Severus amó esa forma tan voluptuosa en la que el joven se arqueaba, ofreciéndole la imagen más excitante que haya visto jamás. Tomó su breve cintura y lo atrajo más hacia su cuerpo, contagiándolo de sus ansias de sentirse más adentro. Harry aumentó el ritmo y ambos perdieron la noción del tiempo.
Sus cinco sentidos estaban puestos en ese instante de amor y placer. Severus acariciaba con sus manos el arco perfecto de su suave espalda y murmuraba frases ardientes a su joven oído, haciendo que su pareja se estremeciera al sentir la fuerza con que ese hombre lo poseía. Abrazó su tembloroso cuerpo mientras lo depositaba con suavidad sobre el pasto. Harry se abrazó a él con piernas y brazos y su amante embistió cada vez con más fuerza.
Severus se agitó en un último empuje haciendo que Harry vibrara con la misma intensidad que él. Se estremecieron mientras descubrían que también podían contar las estrellas con los ojos cerrados. Jadeantes y sudorosos cayeron rendidos sobre el pasto en un estrecho abrazo. Mientras trataba de recuperar el aliento, Severus levantó su rostro para observar el rostro de Harry. Sus labios rojos y entreabiertos fueron una invitación a probarlos, ésta vez con suavidad y dulzura.
Giró su cuerpo haciendo que Harry descansara sobre él. Después de unos instantes el joven levantó su rostro y sus esmeraldas se encontraron con los negros ojos de su amante. Pudo ver el cielo mismo reflejado en ellos y mientras acariciaba su rostro susurró muy cerca de sus labios.
-Te amo...
Severus sonrió y apretó más el abrazo en que lo tenía preso. Acarició sus cabellos y retiró un poco de pasto adherido a ellos mientras respondía.
-Yo también te amo, Harry.
No hubo más palabras. Harry volvió a refugiar su rostro sobre su pecho y tembló con ligereza. La noche era más fresca y Severus alcanzó su túnica y la convirtió en una cálida cobija para taparse con ella.
Segundos después ambos dormían debajo del frondoso árbol, abrazados y ajenos a la refulgente mirada de las estrellas, cómplices de su amor y únicas testigos de aquella noche de total entrega.
oooooooOooooooo
Hermione dejó de escribir en la gruesa libreta que siempre guardaba en su cajón. Dejó su pluma dentro del tintero y suspiró mientras dirigía su mirada castaña hacia su cama. Ron estaba sumido en un profundo sueño después de haberle hecho el amor durante varias horas.
Los padres de Ron estaban ausentes. Se habían marchado con Ginny para ir a visitar a unos parientes y no volverían hasta el día siguiente. No los habían invitado a ir con ellos a sabiendas que, como toda pareja joven, necesitaban momentos a solas.
Después de observar un rato más al joven durmiente, Hermione volvió a tomar la pluma y siguió escribiendo en su gruesa libreta. Se enfrascó tanto en ello que no se dio cuenta que Ron se había despertado al no sentir su cuerpo junto a él, y se sobresaltó cuando sintió sus cálidos labios sobre su cuello.
-¿Por qué estás despierta? –Le preguntó al tiempo que observaba la libreta que ella tenía sobre su pequeño escritorio-. ¿Qué es eso?
Hermione intentó cerrar la libreta pero Ron fue más rápido y con un veloz movimiento se apoderó de ella.
-Dame eso... –Ron no hizo caso y se alejó con la libreta en la mano. Hermione suspiró mientras permanecía en su lugar. No tenía ganas de perseguirlo, en verdad estaba muy cansada.
Ron se sentó en la orilla de la cama sin importarle que se encontrara desnudo. Abrió la libreta y leyó por un momento lo que la joven tenía escrito en ella.
-No sabía que tuvieras un diario... –El joven se dio cuenta que estaba siendo demasiado indiscreto y cerró el cuaderno mientras volteaba a verla-. ¿Desde cuándo?
Hermione ajustó el delgado camisón sobre su cuerpo y se acerco a su novio. Se sentó junto a él y recargó su cabeza sobre su hombro.
-Desde que cumplí seis años. –La joven entrecerró sus ojos mientras recordaba-. Mi madre me regaló mi primer diario en mi cumpleaños número seis. Era Muggle. Tenía unos dibujos de unas hadas que volaban sobre un castillo. Al principio creí que se trataba de un libro de cuentos, así que me sorprendí cuando vi que no había nada escrito en él.
Ron volvió a abrir la libreta y repasó unas cuantas páginas sin leerlas, reconociendo su letra mientras escuchaba con atención el relato de su novia.
-Así que cuando le pregunté a mi madre por qué estaba en blanco, ella me respondió que era labor mía que no siguiera así. Le pregunté qué era lo que debía escribir en él. Ella me respondió que escribiera todo aquello que viviera durante cada día de mi vida, y que creyera que valía la pena recordar.
-¿Aún lo conservas? –Hermione asintió. Ron cerró el libro por un momento y vio el numero trece en él-. ¿Has escrito trece?
-Así es. –Respondió mientras acariciaba su mano-. Inicio un nuevo diario en cada cumpleaños.
-¿Dónde tienes los demás?
Hermione se puso de pie y se dirigió a su escritorio. Sacó una caja del mismo tamaño que la libreta que Ron sostenía en su mano, pero mucho más delgada. Pronunció un hechizo y la caja se abrió. Regresó a su lugar junto a él mientras le extendía la caja para que la tomara.
-Vaya... –Ron extrajo un libro tras otro de la pequeña caja, hechizada para contener los demás diarios que la joven había escrito durante doce años-. Tienes toda una biblioteca en ésta cajita.
-Así es.
Ron pudo observar que todas eran iguales, a excepción del número en la portada. Sacó el último y vio que era diferente.
-¿Es el que tu madre te obsequió?
-Sí. –Hermione tomó la libreta y la observó. Las hadas estaban un poco borrosas por el tiempo, pero el castillo conservaba su color original-. ¿No es precioso?
-Ya lo creo. –Ron abrió la libreta y pudo distinguir la letra de Hermione cuando era niña-. Siempre has tenido bonita letra.
-Siempre me gustó escribir. –Hermione guardó todos los libros en su caja y después de pronunciar el hechizo la caja se cerró. La depositó en el cajón de su escritorio.
-¿No vas a guardar éste? –Ron le mostró el diario sobre el que hacía unos momentos escribía.
-No he terminado de escribir en él. –La joven hizo el amago de tomar la libreta pero el pelirrojo se lo impidió escondiéndola detrás de su espalda-. Ron... dame mi libreta...
-Lo siento... pero tendrás que seguir escribiendo después...
-¿Y se puede saber por qué?
Ron extendió un brazo hacia la joven y la atrajo hacia él, haciendo que quedara recostada sobre su cuerpo desnudo. Hermione suspiró al sentir un cosquilleo recorriendo su piel.
-Porque ésta noche tú eres sólo mía... y no permitiré que nada ni nadie me robe ni un minuto de ti...
El diario cayó a un lado, olvidado, mientras Hermione cerraba los ojos al sentir a Ron retirándole con los dientes el delicado camisón que la cubría. Minutos después ambos gemían con suavidad en la soledad de su habitación.
oooooooOooooooo
Un picoteo insistente en el cristal de su ventana despertó poco a poco a Draco, quien abrió los ojos con lentitud mientras trataba de enfocar su adormilada vista hacia quien se atrevía a interrumpir su tranquilo sueño. Frunció el ceño al descubrir que se trataba de la lechuza de Blaise.
-¿Otra vez?
Con paso perezoso se acercó al ventanal y lo abrió. Tomó la carta que la lechuza le ofreció y después de verla partir se quedó un rato más sentado en el alféizar. Estaba amaneciendo y algunos rayos de sol se posaron sobre su cabeza, dándole a sus rubios cabellos una tonalidad dorada.
Examinó la carta que acaba de recibir y suspiró, exasperado, al ver el remitente.
-¿Qué estará tramando? –Se preguntó mientras se dirigía a su mesita de noche. Extrajo las dos cartas que recibiera el día anterior y las observó por un largo tiempo-. ¿Qué piensa que obtendrá de mí llenándome de correspondencia?
Movió la cabeza de un lado a otro mientras depositaba las tres cartas en el cajón, sin tomarse la molestia de leerlas. Se metió a la ducha tratando de ocupar sus pensamientos en otras cosas.
Pero por más que lo intentaba la imagen de Blaise y sus ojos aceitunados regresaba a su mente una y otra vez, haciendo que su corazón se encogiera y un deseo de llorar lo inundara.
-Blaise...
Golpeó con un puño la pared de la bañera mientras se reprochaba por seguir pensando en él.
-Me engañaste... me engañaste... –Se repetía una y otra vez mientras dejaba que el agua corriera por todo su cuerpo-. Pero aún así... sigo amándote...
Una lágrima traicionera amenazó con deslizarse sobre su blanca mejilla. Se perdió con el agua que corría sobre su rostro. Se había prometido no volver a llorar por él y lo cumpliría.
Salió de la ducha más tranquilo y se dedicó a vestirse. Aún era muy temprano y decidió quedarse un rato más en su habitación. Esperaría a que su padre despertara para pedir el desayuno y después lo acompañaría a su primera sesión de fisioterapia.
Tomó un libro de pociones para distraerse mientras llegaba la hora. De pronto recordó que tenía un asunto pendiente con su padrino. Aún no le decía si la poción de fertilidad que él había elaborado había resultado. Severus le había prometido que si resultaba podría entonces ser su auxiliar el próximo año.
Se prometió que se recordaría a sí mismo preguntarle en cuanto lo viera. Volvió a enfocar su atención en el libro que sostenía y se enfrascó en su lectura en espera de que la hora del desayuno llegara.
oooooooOooooooo
Oliver Wood despertó con una sensación incómoda en la boca del estómago. Se estiró bajo las sábanas y se tapó los ojos con la almohada. El sol que entraba por su ventana parecía brillar más que nunca. Después de permanecer acostado una rato más, se decidió a levantarse.
Madame Poppy le había pedido que se presentara temprano en la enfermería, ya que esperaba la visita del medimago con quien el señor Malfoy tendría sus sesiones de rehabilitación. Ella tenía que visitar a algunos pacientes durante la mañana y le había pedido que estuviera al pendiente.
El joven de ojos marrones se dirigió al baño para darse una ducha y después de vestirse llamó a un elfo doméstico. No tenía ganas de presentarse a desayunar en el Gran Comedor.
Momentos más tarde, el elfo regresaba con el desayuno listo. Constaba de unas rebanadas de pan y algo de mermelada, jugo de calabaza y tostadas. Oliver ignoró una bandeja tapada y mordisqueó una rebanada de pan.
Después de beber un poco de jugo decidió averiguar qué había en la bandeja. La destapó y vio que se trataba de un gran sándwich de pollo con algunas rebanadas de tomate y cebolla. Tomó un pequeño triángulo y le dio una mordida.
Instantes después se encontraba de nuevo en el baño. El pan y el jugo habían escapado de su estómago junto con la cebolla que acababa de mordisquear.
Cuando al fin pudo salir del baño se recostó de nuevo en su cama, su estómago aún revuelto. Cerró sus ojos y una suave sonrisa se dibujó en su rostro al tiempo que en un susurro un nombre brotaba de sus labios.
-Blaise...
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Severus suspiró entre sueños mientras estiraba un brazo que sentía entumido. Un extraño peso sobre su pecho no lo dejaba respirar bien, pero estaba tan a gusto que no le dio importancia. Trató de seguir durmiendo, pero el insistente trinar de los pájaros sobre su cabeza se lo impedía. Frunció el ceño, molesto por el rayo de sol que asomaba por la ventana y se atrevía a herir sus aún cerrados ojos.
Un momento... ¿Pájaros? ¿El sol? Los pájaros nunca cantaban y el sol jamás entraba porque él no tenía ventanas en su habitación.
Abrió sus negros ojos de golpe. Y en vez de encontrarse con el techo gris de su recámara se encontró con el cielo azul y el frondoso árbol del cual caían algunas hojas. Se talló los ojos, tratando de ahuyentar la luz que se filtraba a través de las ramas, y entonces reparó en el peso que se apoyaba sobre su pecho.
Los alborotados cabellos de Harry aún conservaban algunas briznas de pasto y Severus sonrió al recordar la noche anterior. Suspiró mientras lo acariciaba. El muchacho se removió sobre su cuerpo y despertó poco a poco. Sus esmeraldas se abrieron, aturdidas, mientras reconocían el sitio donde se encontraban. Una sonrisa cruzó por los rostros de ambos al encontrarse sus miradas.
-Buenos días, Harry... –El hombre sonrió al observarlo. Recién despierto se veía adorable.
-Buenos días, profesor... –El muchacho se estiró sobre el cuerpo de Severus, quien se estremeció al sentirlo tan pegado a él.
Permanecieron abrazados un largo momento, esperando a que la pesadez del sueño se alejara. Y aunque se encontraban muy a gusto en ésa posición, Severus tuvo que romper el encanto. Ya había amanecido y corrían el riesgo de ser vistos.
-Será mejor que nos vistamos... –Le susurró en el oído a su pareja mientras hacía a un lado la cobija que los cubría.
Harry se desprendió de los brazos de su amante y buscó con la mirada. Se sintió frustrado al darse cuenta que no podía encontrar sus gafas. Antes de que pudiera decir nada, Severus ya las había alcanzado y se las estaba poniendo.
-Gracias... –Se levantó y comenzó a vestirse. Observó a Severus mientras hacía lo mismo y no pudo evitar sentir un calor que inundó todo su pecho.
Alguna vez se había imaginado compartiendo su intimidad con Severus, pero jamás llegó a pensar que un acto tan simple como el de vestirse juntos, llegaría a significar tanto para él.
Severus parecía pensar lo mismo, ya que mientras se vestía no despegaba su negra mirada de su pareja. Cuando terminaron devolvió su túnica a su estado original y se la colocó. Después de eso ambos regresaron a paso lento hacia el Castillo.
Cuando llegaron a la entrada, Severus atrajo hacia sí el cuerpo de su pareja y lo besó con dulzura. Harry adivinó que era una especie de agradecimiento por la noche pasada y correspondió al beso de la misma forma.
-Buenos días... –Ambos se separaron, turbados por la interrupción. Respiraron, aliviados, al darse cuenta que se trataba de Albus Dumbledore-. ¿De paseo?
-Buenos días, Albus... –Severus echó un rápido vistazo a sus ropas y a las de Harry, para ver que todo estuviera en orden. Pero aunque fue rápido, no pasó inadvertido para el viejo director-. Eh... sí, salimos a pasear.
-Pero justo ahora nos dirigíamos a desayunar. –Harry trató de acomodarse el rebelde cabello con la mano y lo único que logró fue que algunas briznas de pasto salieran volando por todos lados. Albus sonrió, divertido, mientras el rostro de Severus adquiría un tinte rojizo.
-Bien, en ese caso no les quitaré mucho tiempo. Severus... ¿Podría hablar un momento contigo?
-Por supuesto. Harry... ¿Por qué no te adelantas? Te alcanzaré más tarde. –El joven asintió y después de despedirse del director enfiló hacia el interior del Castillo-. ¿Qué ocurre?
El anciano mago comenzó a caminar hacia las barreras de protección mientras hablaba.
-He recibido una invitación para pasar unos días con un amigo muy querido. Trataré algunos asuntos de índole personal. Sólo quiero informarte que Minerva se quedará a cargo del Castillo hasta mi regreso. Y te pediré que seas tan amable de apoyarla en todo lo que se ofrezca.
-¿Cuánto tiempo te ausentarás?
-Sólo serán tres días. Estaré de regreso el sábado.
-¿Me dirás de quién se trata?
-Sólo es una visita de cortesía... –Severus pudo notar que el director evadía su pregunta y ya no siguió insistiendo.
-En ese caso, te deseo buen viaje.
-Te lo agradezco, Severus. –El mago mayor extrajo un objeto de su túnica, que Severus reconoció como un trasladador-. Cuida de los muchachos. Ah... por cierto. Hablé con los Weasley y acordamos en que Ron y Hermione también tomarán clases de Duelo contigo.
-Genial...
Albus sonrió ante la respuesta sarcástica de su pupilo. Levantó su mano en señal de despedida mientras activaba el objeto.
Pasaron unos cuantos segundos antes de que el anciano despareciera. Después de eso, Severus caminó hacia la entrada del Castillo. Con suerte y lograba alcanzar a Harry antes que saliera de su ducha. Ése sólo pensamiento hizo que acelerara sus pasos.
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Draco entró sin tocar a la oficina de Poppy. Con un hechizo abrió la gaveta de las pociones y después de revisar encontró la poción que buscaba. Estaba a punto de tomar el frasco cuando una mano sobre la suya se lo impidió. Frunció el ceño al ver que se trataba de Oliver Wood.
-¿Qué se supone que haces? –Se enfrentó al auxiliar de Poppy mientras apartaba su mano con brusquedad.
-¿Qué se supone que haces tú? –Oliver sostuvo su mirada marrón sobre la mirada gris del rubio, mientras le quitaba a Draco la poción que había tomado de la gaveta-. Nadie tiene permitido sacar medicamentos de aquí.
-Dame ésa poción... ahora. –El rubio trató de quitarle el frasco pero Oliver no se lo permitió. Con un movimiento rápido la guardó en su lugar y cerró la gaveta con un hechizo-. ¿Crees que con eso ya tienes resuelto el asunto? ¿Acaso no sabes que si a mí me da la gana, yo mismo puedo elaborarla?
-No lo dudo, Malfoy. –Oliver permaneció parado frente al mueble, obstruyendo el acceso al Slytherin-. Pero por si no lo sabes, lo único que lograrías sería perjudicar a tu padre.
-¿Qué quieres decir?
-¿No te lo dijo el doctor Green? –El rubio guardó silencio. Oliver lo interpretó como una negativa-. Las pociones analgésicas inhiben las que tienen la función de desinflamar sus articulaciones.
-No lo sabía. –Draco se cruzó de brazos mientras continuaba-. La sesión lo dejó muy mal. Tiene que haber algo que pueda calmarle el dolor.
-Lo siento. –Oliver negó con la cabeza mientras tomaba una bandeja con unos frascos vacíos que acababa de lavar-. Lo único que puedes hacer es aplicarle compresas de agua caliente. No le quitarás el dolor por completo pero se lo disminuirás.
-¿Eso es todo? –Draco bufó, su rostro expresando verdadero enojo-. Cómo se nota que no eres tú quien está sufriendo ese dolor.
Oliver se giró para ver a los grises ojos del rubio.
-Sé muy bien la clase de heridas que tu padre sufrió. Yo estuve presente cuando Madame lo curó. Si de verdad quieres que se recupere no le des analgésicos. Con el transcurso del tiempo el dolor disminuirá. Pero si se los administras lo único que lograrás será retrasar su recuperación. ¿Eso es lo que quieres?
-¡Por supuesto que no! –Draco ya no encontró más por decir. A pesar de la aversión que sentía hacia su rival de amores, tuvo que admitir que estaba en lo correcto. Y él deseaba que su padre se recuperara pronto.
Levantó la cabeza, orgulloso, y pasó por delante del moreno sin mirarlo siquiera. Acababa de salir de la oficina cuando escuchó un estruendo que lo hizo pararse en seco. Regresó hacia el sitio donde había estado un segundo antes. La bandeja que Oliver sostenía se había caído de sus manos y muchos vidrios rotos estaban regados por todos lados. Pero no fue eso lo que llamó su atención. Oliver estaba también en el suelo, inconsciente.
Frunció el ceño mientras se agachaba hacia el muchacho. No es que le importara mucho, pero dejarlo ahí tirado hubiera sido un acto muy bajo, incluso para él aún odiándolo tanto.
-Oye, tú.. –Sacudió su hombro para ver si reaccionaba. Los ojos marrones se fueron abriendo con lentitud mientras Oliver trataba de enfocar su vista hacia el rubio-. ¿Estás bien?
Oliver se enderezó poco a poco hasta quedar sentado sobre el piso. Sacudió su cabeza para terminar de reaccionar pero lo único que logró fue marearse más.
-No me... siento muy bien... –Se fue de lado y hubiera chocado de nuevo contra el piso si Draco no lo hubiera sostenido por un brazo, haciendo que el moreno pudiera mantener el equilibrio.
-¿Oliver? ¿Qué está pasando aquí? –La voz de Poppy se dejó escuchar dentro de la oficina. La enfermera observó el estropicio a su alrededor-. Pero... ¿No pudieron pelearse en otra parte?
-No, Madame... no es eso. –Oliver se levantó como pudo. Hasta ese momento, Draco se dio cuenta que aún seguía sosteniéndolo del brazo-. No estábamos peleando.
Draco lo soltó en el momento en que el moreno encontró una silla para poder sentarse.
-¿Entonces? –Poppy se quedó parada en el mismo sitio, esperando una explicación-. ¿Me pueden decir qué sucedió?
-Yo tengo cosas qué hacer. –El rubio se dio la vuelta para salir de la oficina, sin hacer caso a la voz de Poppy, pidiéndole que se quedara.
-Está bien, Madame... él no tuvo nada que ver. –Poppy frunció el ceño mientras se acercaba a su auxiliar-. Necesito que me examine.
-¿Te sientes mal?
-¿Recuerda la poción aquélla que me tomé por accidente? –La enfermera asintió-. Creo que ya surtió efecto...
Poppy abrió grandes sus ojos al tiempo que se llevaba las manos a la boca. Segundos después ayudaba al muchacho a ponerse de pie para recostarlo sobre la mesa de exploración, y así poder examinarlo.
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Harry y sus amigos se encontraban conversando en el salón de Duelo. Durante el desayuno, después de compartir un apasionado momento de intimidad en la ducha, Severus le había dicho que sus dos mejores amigos también reanudarían clases con él, noticia que a Harry le había alegrado mucho el día.
-Entonces... perdí. –Hermione volteó a ver a Ron mientras éste planeaba la mejor manera de hacerle pagar la apuesta perdida. Harry sólo se ruborizó, sin saber si reírse o enojarse por el hecho de que sus dos mejores amigos apostaran sobre sus avances con Severus en el terreno sexual.
-¿Y? ¿Qué tal estuvo? –Harry no tuvo que decirles nada. Por el intenso brillo que refulgió en sus ojos, la pareja pudo adivinar que la había pasado muy bien.
-Me alegro mucho por ti, Harry. –Hermione lo abrazó y le dio un beso en la mejilla-. No sabes el gusto que me da verte así de feliz.
-Gracias, Hermione. –El moreno suspiró mientras posaba su verde mirada en su pareja quien, del otro lado del salón, mantenía una conversación con el profesor de Defensa.
-Caray, Harry. Jamás me imaginé que llegarías a perder tu virginidad precisamente con el profesor de pociones.
-¡Ron! –Hermione se puso colorada mientras le reprochaba a su pareja por su falta de tacto-. Discúlpalo, Harry.
Harry sólo se encogió de hombros sin darle importancia. Conocía tan bien a Ron que estaba seguro que su comentario no había sido malintencionado. Vio entrar en ese instante a Draco, quien parecía no estar de muy buen humor ésa mañana. Le extrañó que su padre no llegara con él, pues según le había comentado Severus, también estaba dispuesto a apoyarlo en sus clases de Duelo.
-Ahora vuelvo... –Harry se disculpó con sus amigos y se dirigió al rincón donde Draco había ido a sentarse-. ¿Estás bien?
El rubio sólo se encogió de hombros sin responder. Harry se sentó junto a él con la espalda pegada a la pared, respetando su silencio.
-Se trata de mi padre. –El rubio no levantó la vista, pero estaba seguro que su amigo lo escuchaba con atención-. Tiene mucho dolor.
-¿Es por eso que no vino? –Draco asintió-. Siento escuchar eso.
-Él no me dice nada.. pero puedo verlo. –Abrazó sus rodillas y escondió su rostro entre ellas-. Y lo peor es que no puede tomar nada para calmarlo. Eso retrasaría su recuperación. Y apenas fue su primera sesión...
Harry suspiró al imaginar todo lo que al hombre le faltaba por sufrir.
-¿Draco? –Severus, quien había visto desde lejos el intercambio de palabras entre los muchachos, se acercó a ellos-. ¿Y Lucius? ¿No vendrá?
Draco negó con la cabeza. No tenía deseos de seguir hablando. Severus volteó a ver a Harry y con una mirada que el joven le dirigió pudo entenderlo.
-Si crees que debes estar con tu padre no hay problema. Mañana podrás reanudar las clases.
-No. Está bien. –Draco se puso de pie y se acomodó la ropa, recobrando la compostura-. Logré dejarlo dormido. Creo que no despertará hasta la hora de la comida.
-Bien... –Severus se dio la vuelta y subió a la tarima-. Hoy practicaremos algunos hechizos oscuros. Les recuerdo que después de la clase deberán purificar su magia, no queremos sorpresas desagradables.
Mientras las clases comenzaban, ninguno de ellos reparó en la preocupada mirada de Remus, quien después de observar por un momento hacia la entrada del salón, decidió unirse al grupo.
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Draco iba camino a la enfermería mientras trataba de detener una pequeña hemorragia en su frente. Durante la clase, el muchacho había estado distraído y Harry le lanzó un hechizo que el rubio no pudo esquivar.
Severus le había llamado la atención por su falta de cuidado y después lo había enviado a la enfermería. Al principio el rubio se negó a ir, alegando que no era una herida de consideración. Pero ante la amenaza de su padrino de no volver a dejarlo tocar un caldero por lo que le restara de vida si no lo hacía, al rubio no le había quedado otra opción más que obedecerlo.
Suspiró mientras se detenía en la puerta de la oficina de la enfermera. Rogando porque fuera ella la que lo atendiera, se sentó a esperar su llegada. Frunció el ceño en clara molestia al ver entrar a Oliver en vez de la mujer.
-¿Malfoy? –Oliver lo miró con sorpresa al verlo otra vez en la oficina. Fue entonces cuando el rubio se retiró la mano de la frente y pudo apreciar su herida-. ¿Qué te pasó?
-Nada que pueda importarte. –El rubio se paró e hizo amago de marcharse, pero el moreno lo detuvo-. Suéltame.
-Esa herida necesita atención.
-Regresaré más tarde, cuando Poppy ya esté aquí.
-Pues entonces tendrás que quedarte así. –Oliver se cruzó de brazos-. Ella no regresará hasta mañana.
Draco se quedó parado en la puerta, dubitativo. No podía regresar así como estaba al salón de Duelo. Severus vería que no se había curado la herida y corría el riesgo de cumplir su amenaza de no dejarlo tocar otro caldero. Por otro lado, la herida le sangraba mucho y ya comenzaba a sentirse mareado.
Con un resoplido de frustración, el rubio regresó a su lugar.
-Pero date prisa. –Lo atosigó mientras lo miraba con desprecio-. Tengo que regresar a clase.
Oliver no dijo nada. Tomó su varita y revisó la herida con un hechizo. Movió la cabeza de un lado a otro mientras suspiraba. Abrió la gaveta y comenzó a sacar lo necesario para hacer las curaciones. Mientras lo hacía, no se dio cuenta de la fría y penetrante mirada gris que se clavaba en su espalda.
Dejó todo lo necesario sobre el escritorio. Tomó un algodón mojado en un líquido transparente y se acercó al Slytherin. Extendió su mano para colocarla sobre la herida, pero Draco se hizo para atrás en un gesto de rechazo.
-Si te mueves no podré curarte. –Draco bufó mientras se quedaba quieto. El auxiliar de Poppy colocó el algodón sobre la herida y retiró la sangre. Repitió la operación unas cuantas veces más hasta que la sangre se detuvo. Después se giró para tomar una aguja y un hilo. Al verla, Draco se hizo para atrás.
-No pensarás coserme, ¿Verdad? –Le preguntó mientras señalaba con el dedo la aguja que el moreno sostenía en su mano-. No lo pienso permitir.
-Es una herida muy profunda. –Se acercó al rubio mientras continuaba-. Si sólo te la vendo al rato se abrirá.
-¿Y no puedes utilizar magia para cerrarla? –El moreno negó con la cabeza-. ¿Por qué?
-Porque según pude ver, te lanzaron un hechizo oscuro. Deberías saber que las heridas provocadas por ésa clase de hechizos no se pueden cerrar con magia.
-¿Y quién te ha dicho que no lo sé? –Draco se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño-. No tienes que decírmelo.
-¿Entonces para qué preguntas? –El moreno sonrió, divertido, al ver el gesto de contrariedad en el rostro del Slytherin. Draco ya no dijo nada, sólo se concretó a esperar que Oliver comenzara.
-¡Ay! –Se quejó al sentir la primera puntada-. Más te vale que no me quede cicatriz.
-No deberías preocuparte por eso. Hay pociones para borrar cicatrices.
Draco cerró los ojos, su naturaleza vanidosa se negaba a la posibilidad de tener que ver una sola marca en todo su bello rostro. Se quedó quieto mientras sentía cada una de las punzadas que la aguja le provocaba mientras Oliver iba cerrando su herida.
Las diligentes manos del moreno se movían con seguridad sobre la frente del Slytherin. Éste se tomó el tiempo para observarlo a sus anchas. El recuerdo de Blaise vino a su memoria, junto con su engaño.
Con cuánta facilidad podría decirle al muchacho frente a él que estaba siendo engañado. Con cuánta facilidad podría, con unas cuantas palabras, destruir los sueños de la persona que le había arrebatado lo que él más amaba.
Cerró los ojos y suspiró. Con cuánta facilidad podría destruir la vida de Blaise en venganza por haberlo engañado. Pero en vez de eso, prefirió callar mientras permitía que las cálidas manos sobre su frente curaran su herida.
"¿Qué ganaría con eso?" Se preguntó mientras permanecía con los ojos cerrados. Los abrió de pronto sólo para encontrarse con los vivaces ojos marrones de su rival de amores, el cual lo veía con la curiosidad reflejada en ellos.
-¿Qué tanto me miras?
-Ya terminé. –Oliver le dio la espalda mientras recogía todo.
-¿Por qué no me lo habías dicho? –Draco se tocó la frente y sintió un pequeño vendaje.
-Porque estabas tan concentrado en tus pensamientos que no quise interrumpir. –Oliver guardó las cosas que le sobraban y se volvió hacia él-. Tendrás que venir el viernes para tu curación.
-¿No que ya habías terminado?
-Por ahora. –Oliver cerró la gaveta y se sentó en la orilla del escritorio-. Pero tendrás que regresar para que te retire los puntos.
-Fabuloso... –El rubio se puso de pie y se dirigió a la puerta-. Pues tendrás que esperar sentado porque no pienso regresar.
-Pues si no regresas será peor para ti. –Oliver también se puso de pie y caminó hacia la puerta. El rubio volteó a verlo, retándolo con la mirada-. Si no te quitas esos puntos el viernes, entonces no habrá pomada en todo el mundo mágico que pueda borrarte la cicatriz que te va a quedar.
Draco se tocó la frente, la preocupación reflejada en su mirada gris. Se dio la vuelta y se marchó refunfuñando algunas frases ininteligibles. Oliver rió con ligereza mientras observaba al rubio hasta que desapareció de su vista.
-Ésos Slytherin... –Murmuró mientras volvía a su escritorio-. Menos mal que sé cómo tratarlos.
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-Me habías prometido que estarías presente durante las clases.
-Lo sé, Harry. Pero tuve que atender a algunos miembros de la Orden que llegaron de imprevisto. Para serte honesto, eso de ver mi casa invadida por extraños que hablan de guerra todo el tiempo ya está comenzando a fastidiarme.
-Me imagino...
Después de las clases de Duelo, Harry y sus dos amigos habían decidido dar un paseo, antes de que la pareja regresara a la Madriguera. Cuando acababa de despedirse de ellos y se dirigía hacia los aposentos de Severus, se encontró en el camino con el animago.
-Lamento mucho que no estés viviendo en mi casa. –El mago mayor lo abrazó por los hombros mientras caminaban hacia la oficina de Remus, a quien el animago no había podido saludar-. Hay tantas cosas que podríamos hacer juntos si pudiera llevarte a todos lados.
-¿Cómo qué cosas?
-Podríamos invitar a salir a unas bellas chicas y pasarla muy bien. –Sirius le guiñó un ojo, pícaro, mientras le revolvía los alborotados cabellos-. ¿Sabes? Nunca me has hablado de tus novias. Debiste haber tenido muchas en todos estos años en el Colegio.
Harry no respondió. ¿Qué podía decirle? ¿Que en todos esos años que estuvo en Hogwarts jamás se fijó en una chica? ¿Que cuando tuvo edad suficiente para fijarse en alguien, fue en un chico en quien se fijó?
-¿Y bien?
-¿Qué cosa?
-No me has respondido. –El animago se mostró insistente. Harry movió la cabeza de un lado a otro, renuente a responder-. ¿No vas a decirme?
-En realidad no tengo nada qué decir. –Se encogió de hombros-. La verdad es que nunca he tenido novia.
-Pero... ¿Cómo es posible? –Preguntó el animago, incrédulo-. Me parece increíble que alguien tan bien parecido y tan simpático como tú, no haya tenido novia. ¿Acaso ninguna ha llenado tus expectativas?
-Pues...
-Vamos, Harry... no me digas que eres muy exigente. ¿Sabes? Todas las mujeres son bellas. No existe ninguna mujer que no lo sea. Alguna chica debe haber por ahí que por lo menos te guste.
-Sirius... yo no...
-Está bien... no seguiré insistiendo. –Sirius levantó ambas manos dándole a entender que ya no seguiría atosigándolo con tantas preguntas-. Pero quiero advertirte que cuando la guerra acabe y al fin puedas conocer el mundo, lo primero que voy a enseñarte es cómo conquistar a una mujer.
Harry tuvo que reprimir las ganas de gritarle en ése momento que eso no era necesario. Que él no necesitaba conocer ni conquistar a ninguna mujer porque ya tenía a alguien en su vida a quien amaba con toda su alma. Y que ésa persona no era ninguna chica, sino el profesor Severus Snape.
Pero guardó silencio mientras llegaban al despacho del profesor de Defensa. La puerta se abrió y la tranquila voz de Remus se dejó escuchar poco después. Sirius dio un paso adelante mientras respondía al saludo de su mejor amigo.
-¿No vienes? –Le preguntó a su ahijado al ver que se había quedado parado en la puerta. El muchacho suspiró mientras entraba a la oficina y saludaba al licántropo.
-Hola, Harry. –Remus arrimó dos sillas para que sus visitas pudieran sentarse-. ¿Ya se fueron tus amigos?
-Sí. –Harry se recostó con desgano sobre el pupitre y se distrajo en borrar una mancha sobre la madera-. Hace unos momentos.
-¿Sucede algo? –Remus pudo ver el desánimo en la actitud del muchacho. Su pregunta fue dirigida a Sirius-. ¿Volvieron a discutir? No me digas que sigues con tu tontería de negarte a que sea auxiliar de Severus.
-¿De qué hablas? –El animago frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos-. Ya no hemos vuelto a tratar ese asunto.
-Es un tema cerrado. –Harry suspiró mientras dejaba en paz la mancha sobre el pupitre. Se puso de pie.
-¿Ya te vas? –El animago se mostró extrañado ante la actitud de su ahijado-. Pero si apenas acabamos de vernos.
-Lo siento, Sirius. Pero la verdad es que estoy muy cansado y mañana hay clases otra vez.
-Es verdad. La clase de hoy fue agotadora. –Remus tomó un libro que tenía sobre su escritorio y lo abrió-. No olvides que mañana practicaremos el Patronus. Y aunque tú no tienes problemas en invocarlo, no será lo mismo con tus compañeros.
-De acuerdo. –El muchacho se dirigió a su padrino-. ¿Vendrás a la clase de mañana?
-Por supuesto. Quiero volver a ver tu hermoso Patronus.
Una sonrisa forzada se dibujó en los labios de Harry. Levantó la mano en señal de despedida y desapareció por la puerta.
Los dos viejos amigos iniciaron una amena charla. Pero ninguno se dio cuenta que detrás de la puerta Harry permanecía recargado, con sus verdes ojos inundados de lágrimas, mientras trataba de encontrar el valor para poder decirle la verdad a su padrino.
Que no le interesaban las mujeres, que ya tenía una pareja a quien amaba y que se trataba del hombre a quien él tanto detestaba.
Continuará...
Próximo capítulo: Regalos inesperados.
Notas:
Espero que les haya gustado este Lemon, de verdad. Traté de dejar plasmados los sentimientos de Harry y Severus aún sin diálogos de por medio, ya que casi no acostumbro que hablen mientras disfrutan .
Sigo teniendo problemillas con mi equipo, pero trataré de solucionarlos lo más pronto posible, y si Dios me lo permite nos leeremos dentro de dos semanas.
Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.
Besitos.
Rebeca (K. Kinomoto)
