Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuesta a los reviews.
Ailuj: Hola Julia, me alegra mucho saber que te gustó el capítulo, y mucho más que te guste la historia. Tienes razón al decir que Remus merece a alguien que lo ame, veremos quién entre Lucius y Sirius se hace merecedor de su amor. La situación de Draco se solucionará, no lo dudes, pero faltan algunas cosas por ocurrir para que eso suceda. Me da gusto que te emocionara la historia de Oliver, y tienes razón con respecto a él, y lo verás más adelante. Jeje, Minerva es una romántica, y creo que es el fiel reflejo, al menos en ésta historia, de aquéllas que amamos a ésta pareja. Sirius se va a seguir portando pues... como Sirius, y sí, él también lleva una carga que pronto conocerás. Muchas, muchas gracias por tus lindos comentarios y espero que éste capítulo también puedas disfrutarlo. Abrazos y besos a ti también.
Yuee: Hola Yuee, qué mas quisiera yo que poder complacerlos y actualizar todos los días, pero ¡ay! como puedes ver, son capítulos muy largos y me es imposible. Y te agradezco mucho que seas paciente, de verdad. Me alegra que te guste la forma en cómo narro la historia. Y en cuanto al Patronus de Snape, pues creo que en ésta historia me voy a quedar con las ganas de utilizarlo, porque él ya tiene otra misión qué cumplir, ya lo verás más adelante. Pero te agradezco mucho tu sugerencia, aunque tengo entendido que el Fénix es el Patronus (o animago, no estoy muy bien enterada) de Albus. Al contrario, muchas gracias a ti por dejarme tus comentarios, besitos a ti también y espero que este capítulo también sea de tu agrado.
Miss Andreina Snape: Hola, preciosa, es un placer verte por aquí. ¿Así que te leíste la historia de un tirón? Lees muy rápido, jeje. Me alegra mucho que te guste. Tienes razón al preocuparte sobre la conversación de los Dementores, tiene importancia y lo verás en capítulos posteriores, que será cuando tu pregunta quede respondida. Remus será feliz, no lo dudes, y lo será con quien sea capaz de merecer su amor. En cuanto al triángulo Blaise, eres la primera que me dice que Oliver no le cae bien. Sólo puedo decirte que él, al igual que Draco, también es una víctima. En cuanto al título de la historia, aunque nadie más me lo ha señalado, sé que no eres la única que no le encuentra sentido. Pero lo tendrá más adelante, te lo puedo asegurar. Trato de actualizar cada quince días, a menos que se me presente algún inconveniente. Y en cuanto a la reacción de Sirius... bueno, la verás muy pronto. Muchas gracias por tu comentario y besos a ti también.
Nan: Hola Nan, te agradezco mucho que te tomes la molestia de dejarme un comentario aunque andes corta de tiempo. Con respecto a Remus, no eres la única que ha votado por ellos, y créeme, son mayoría jejeje. Verás a Harry en éste capítulo, la verdad es que en el pasado no lo necesité mucho. Y en cuanto a Blaise y todo su lío bueno... faltan muchas cosas por ocurrir. Muchas gracias por tu comentario y espero que te vaya bien en la escuela. Muchos saludos y besos.
Sedex: Hola Sedex, qué bueno que el capítulo te gustó, y la historia de Oliver también, y sí, acabas de hablar bien de Blaise, jajaja vamos progresando. El medallón tiene un hechizo de protección del cual te enterarás bien en ésta segunda parte. Jeje, ¿Verdad que Severus es un encanto? Lucius tendrá que aguantar así un tiempo más, pero no te preocupes, su hijo estará a su lado para ayudarlo. Muchas gracias por tu comentario y muchos besos para ti también.
A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.
XV
Regalos inesperados.
Segunda Parte.
Advertencia: Éste capítulo contiene una escena Lemon.
Blaise se hallaba sentado en el piso, junto a la cama donde Oliver dormía. Tenía un pergamino en una mano y una pluma en la otra, y escribía en él con letra meticulosa. Después de unos momentos enrolló el pergamino con mucho cuidado y lo ató con una cinta verde, para después escribir el nombre de Draco en el frente.
Se puso de pie y abrió la jaula donde su lechuza descansaba. El animal pió cuando su sueño fue interrumpido por su dueño. Éste acarició las suaves plumas cafés que adornaban su blanca cabeza, en modo de disculpa.
-Sé que es muy tarde, pequeña amiga... –Le susurró mientras ataba la carta en una de sus patas-. Pero necesito que la entregues ahora.
El ave aleteó para desentumirse y Blaise abrió el ventanal para dejarla ir. Permaneció parado en el mismo sitio, observando a su lechuza que desaparecía de su vista. Suspiró mientras observaba la noche y recargaba su cabeza en el marco, tratando de asimilar todos los sentimientos contradictorios que cruzaban por su corazón.
Por un lado, la angustia al no haber podido arreglar las cosas con Draco. La tristeza de haberlo perdido por su engaño y el saber que tal vez su adorado rubio jamás lo perdonaría por eso. Aún así le había escrito una carta cada día desde que saliera del Colegio, y le dolía no recibir una contestación por parte de su ex pareja.
"Al menos espero que las lea. Quiero que sepa que pienso en él y que cada día que pasa le amo más..."
Una lágrima se deslizó dejando un húmedo rastro en su mejilla. Blaise cerró sus ojos mientras se mordía los labios para no sollozar.
-Draco... te extraño tanto... –Susurró con voz trémula mientras dejaba que sus palabras volaran con el viento nocturno, deseando que de alguna manera pudieran llegar a oídos de la persona que amaba.
Volteó a ver su cama, donde la esbelta figura de Oliver se perfilaba por debajo de las sábanas. Suspiró al sentir que una extraña emoción, muy distinta a la tristeza de antes, se apoderaba de su ser al recordar la noticia que su pareja le diera ésa misma mañana.
"Aún no puedo creer que voy a ser padre..." Su corazón latiendo desbocado por el regocijo. "Jamás me lo hubiera imaginado."
Se acercó con lentitud y se agachó a la altura del rostro de Oliver para acariciarlo con ternura. Los ojos marrones se abrieron y el moreno pestañeó mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios al reconocer el rostro frente a él.
-Perdona por haberte despertado... –Blaise se sentó a un lado de su pareja sin dejar de acariciar su rostro-. ¿Ya no te duele la pierna?
-Sólo un poco. –El Gryffindor bostezó mientras se restregaba los ojos-. ¿Qué hora es?
-Acaba de anochecer.
-¿Por qué no entras a la cama? –Oliver se hizo a un lado dejando espacio para que Blaise se acomodara. El castaño se descalzó y se arropó bajo las sábanas, junto a él-. Mañana es domingo. ¿Quieres que salgamos a algún sitio?
-No estoy muy seguro, Oliver... –La preocupación surcó el rostro del Slytherin-. ¿Y si volvemos a encontrarnos con tu padrastro?
-Ésta mañana me tomó por sorpresa. Pero ten por seguro que no volverá a lastimarme. –Oliver trató de restarle importancia-. Además, no puede hacerme nada sin su varita. Y si intenta golpearme de nuevo, haré que vuelva a Azkabán con una nueva cicatriz en el rostro.
-De acuerdo. –Blaise prefirió dejar el tema a un lado-. ¿Y a dónde te gustaría ir?
-Estuve buscando en "El Profeta" algunos departamentos. Encontré uno en ésta zona. Me gustaría verlo y entrevistarme con el dueño.
-¿Para comprarlo?
-No. –Oliver suspiró mientras cruzaba sus brazos por encima de su pecho-. No cuento con el capital para algo como eso. Tengo unos ahorros que mi madre me dejó. Me servirán para pagar unos meses de renta mientras encuentro un trabajo.
-¿No seguirás estudiando?
-Mucho me temo que no. Si pago renta con mis ahorros sin trabajar entonces no podré pagarme los estudios. Por desgracia la carrera de medimago es muy exigente y cara y no podría estudiar y trabajar al mismo tiempo. Me agotaría y mi bebé correría peligro.
-Estoy de acuerdo contigo. –Blaise se acomodó cerca de su pareja y lo envolvió entre sus brazos-. En tu estado sería insensato hacer algo como eso.
-Estaba pensando que tal vez Poppy podría aguantarme otro año más como su auxiliar. Y así no tendría que buscar departamento. Me quedaría otro año en Hogwarts hasta que naciera mi bebé.
-Entonces no tendrías que utilizar tus ahorros y podrías costearte la carrera más adelante.
-Exacto.
-Pues... ¿Sabes una cosa? –Blaise se sentó en la cama y se cruzó de brazos mientras miraba hacia el techo-. Te estás olvidado de algo.
-¿Qué cosa?
-Que tú no serás el único padre de este bebé. –Y al decirlo, Blaise acarició con dulzura el vientre aún plano de su pareja-. Y resulta que yo no estoy pintado.
-Entonces, ¿Qué es lo que propones?
Blaise miró a los ojos marrones del Gryffindor, la seriedad relejándose en ellos.
-Ven a vivir conmigo.
Oliver se sorprendió ante la proposición de su pareja. Lo miró a los ojos, buscando en ellos la confirmación de sus palabras.
-¿Estás hablando en serio?
-Jamás en mi vida he hablado tan en serio. Quiero que vivamos juntos. Tú y yo... y nuestro bebé. Trabajaré para cubrir todos nuestros gastos y así no tendrás que trabajar y podrás seguir estudiando.
-Pero... no puedo permitir que tú corras con todos los gastos de la casa. –Oliver se sentó en la cama, haciendo que Blaise dejara su cómodo lugar y se sentara junto a él-. Quiero trabajar para compartir los gastos contigo.
-No hay necesidad de que hagas eso. Con lo que yo gane será suficiente. –Blaise tomó la mano de su pareja mientras continuaba-. Mis padres son los que sostienen este departamento. Ellos me depositan una cantidad mensual para cubrir mis gastos. Ellos también me pagarán la carrera de Auror... es lo menos que pueden hacer después de tantos años de no verlos.
Oliver pudo percibir la tristeza reflejada en esas últimas palabras. Sonrió con dulzura mientras acariciaba su rostro. Si lo que Blaise quería era no estar solo, entonces él no tenía por qué negarse a su proposición. Después de todo, él también lo había deseado desde un principio.
-Está bien... –Abrazó a su pareja y lo besó con ternura-. Acepto vivir contigo pero con la única condición de que yo también trabaje. Ya que no podré estudiar éste año, por lo menos deberé ocuparme en algo.
-Pero...
-Es eso... o seguiré viviendo en Hogwarts.
Blaise sólo suspiró mientras correspondía al abrazo del moreno. ¿Quién era él para negarse a sus deseos?
oooooooOooooooo
Lucius Malfoy dormía en un sueño muy intranquilo. Las imágenes de lo ocurrido la noche en que murió Narcisa habían regresado a su mente convertidas en una pesadilla. Su cuerpo se encontraba bañado en sudor y movía su cabeza de un lado a otro, como si dentro de su mismo sueño se negara a sí mismo a recordar lo vivido aquélla terrible noche.
-Narcisa... no... –El hombre despertó de golpe, su respiración acelerada y sus puños apretando las sábanas. Cerró los ojos por un momento y suspiró más tranquilo al darse cuenta que había sido sólo un sueño. Se impulsó con las manos para quedar sentado y con algún trabajo logró acomodar una almohada para recargar su espalda, adolorida aún a pesar de las compresas que Draco le aplicaba.
Durante algunos minutos permaneció en ésa posición. Estiró su mano para alcanzar el vaso con agua que Draco le había dejado sobre su mesita. La frescura del transparente líquido lo tranquilizó lo suficiente para alejar esos terribles recuerdos que atormentaban sus noches. Dejó el vaso en su lugar y abrió un cajón, del cual extrajo una fotografía.
Contempló el rostro de su esposa durante varios minutos. En el fondo no dejaba de reprocharse el no haber podido hacer nada para evitar que Voldemort le hiciera daño. Estaba molesto consigo mismo por haber sido débil. Pero más molesto estaba aún, por que a pesar de tantos años de haber sido feliz con ella, todavía seguía sintiendo algo muy fuerte por aquél hombre de castaños cabellos y ojos como el mismo oro.
Pretendiendo respetar la memoria de Narcisa y su propio duelo, se había prometido muchas veces enterrar ese sentimiento y tratar de alejarse de Remus. Pero cada vez que lo veía terminaba dimitiendo. A pesar de tanto tiempo transcurrido aún seguía anidando un sentimiento muy profundo en su corazón, por aquél con quien años atrás compartiera su lecho.
-Perdóname, Narcisa... –Susurró al rostro que le sonreía desde el retrato-. Pero es algo mucho más fuerte que yo... que mi propia voluntad.
Suspiró mientras recargaba su cabeza sobre la almohada, sus rubios cabellos esparciéndose en cascada sobre ella. Guardó la foto en su lugar y entonces vio las varitas de Narcisa y la suya, que guardaba en el fondo del cajón.
Tomó su varita y la sostuvo frente a él lamentándose por no poder utilizarla sin delatarse. La mantuvo en su mano izquierda mientras que con la otra mano sostenía la varita que perteneciera a su esposa. Las comparó y observó que no eran muy distintas. La de Narcisa era un poco más pequeña, pero Lucius jamás hubiera menospreciado el poder que emanaba de ella cuando era utilizada por su dueña.
Se preguntó que sería de ellos ahora si no se hubieran convertido en mortífagos. Se reprochó a sí mismo por no haber tenido la fuerza de voluntad para negarse cuando su padre se lo ordenó. Movió la cabeza de un lado a otro. El hubiera no existe y él ya no podía deshacer el daño hecho, ni a todas aquéllas personas a las que había sometido bajo las órdenes del Lord Oscuro, ni a su propia familia, ni a él mismo.
Ahora lo único que le quedaba era el recuerdo de la mujer que a pesar de haber llevado el mismo camino que él, había sido su leal compañera. Le quedaba su único hijo, por quien su madre y él estuvieron dispuestos a todo y por el que aún seguía temiendo, ya que sabía que Voldemort no descansaría hasta lograr su propósito de unirse a él.
-Tu muerte no será en vano, Narcisa. –Se prometió mientras estrechaba las varitas contra su pecho-. No permitiré que ése maldito ponga sus sucias manos sobre nuestro hijo... aunque tenga que morir para evitarlo.
En el momento en que pronunció ésas palabras, una luz blanca emanó de la varita de Narcisa, haciendo que Lucius la soltara en el instante. Sorprendido, observó cómo el objeto se mantenía flotando frente a él, la luz blanca iluminando todo a su alrededor. Su propia varita escapó de sus manos y flotó junto a la otra, envolviéndose en la misma luz.
-Pero... ¿Qué...?
El ex mortífago no pudo terminar la pregunta, ya que de pronto vio cómo la varita de su esposa se unía a la suya, y ambas varitas se volvían una sola en medio de un resplandor que lo cegó por un segundo. Cuando abrió los ojos sólo quedaba una varita frente a él.
La observó por un momento y se dio cuenta que era su propia varita, pero más grande. Dudó un instante antes de extender su mano y tomarla. Cuando el rubio la sostuvo, una extraña fuerza recorrió todo su ser haciéndole sentir un gran poder, como nunca antes lo había sentido.
Sin dar crédito a lo que había visto, el rubio cerró los ojos y volvió a abrirlos pensando que estaba soñando y que debía despertar. Pero después de varios minutos de hacerlo, llegó a la firme conclusión que lo que había presenciado era verdad.
Estuvo tentado a utilizar la varita, pero pensó en las consecuencias que eso acarrearía. Con un suspiro de frustración y dispuesto a averiguar qué había ocurrido en esa habitación, decidió consultar con la última persona a quien en otras circunstancias recurriría, pero que ahora era la única que podía decirle qué había sucedido.
oooooooOooooooo
Severus se estiró cuan largo era mientras observaba la poción hervir en su caldero. Tomó un pergamino que se encontraba sobre su escritorio e hizo algunas anotaciones en él.
"Y aún me faltan quince pociones para reponer las existencias en la enfermería..." Pensó mientras dejaba en su lugar el pergamino que Poppy le entregara y apagaba el fuego.
Se dirigió a una de las gavetas, de donde extrajo varios frascos vacíos y con un cucharón comenzó a llenarlos con la poción que acababa de elaborar. Cuando terminó los dejó sobre una mesita en una esquina, donde otros frascos con diferentes pociones esperaban para ser llevados a Madame Pomfrey. Bostezó mientras volvía a estirarse.
"Pero eso será después... por hoy ya fue suficiente." Se dijo mientras consultaba la hora en el reloj de pared. "El lunes le pediré a Draco que me ayude y así terminaré más rápido."
Después de cerciorarse de dejar todo en orden, el profesor salió de su laboratorio y se dirigió hacia su habitación. Pensando que Harry ya dormía, entró procurando no hacer ruido. Se sorprendió al ver la luz encendida y a Harry leyendo un libro. El muchacho le sonrió mientras dejaba el libro a un lado y le hacía espacio en la cama para él.
-Pensé que ya dormías. –Severus se despojó de su capa y se acercó a su pareja. La orilla del colchón se hundió bajo el peso del profesor-. ¿Qué leías?
-Un libro de Defensa que Hermione me recomendó. –El joven extendió un brazo hasta alcanzar su fuerte pecho-. ¿Terminaste con tus pociones?
-Aún no. Después seguiré con eso... ahora vuelvo. –El profesor se puso de pie y se dirigió al baño. Harry volvió a tomar el libro y después de varios minutos vio a Severus salir con sólo una toalla en su estrecha cintura. Se mordió los labios al verlo acercarse a él.
-¿Qué es eso? –Le preguntó mientras señalaba en su pecho el medallón. Severus terminó de acomodarse bajo las sábanas y Harry tembló al sentir que se quitaba la toalla.
-Es un regalo que Albus me hizo. –Le respondió el profesor mientras lo atraía hacia él.
-No sabía que el profesor Dumbledore te obsequiara cosas. –Harry acarició el medallón y Severus se estremeció al sentir su mano vagando por la piel de su pecho.
-Jamás lo había hecho. Hasta ahora.
-Qué extraño... –Harry frunció el ceño al observarlo más de cerca-. Creo que ya he visto antes éste medallón...
-¿Ah, sí? –Severus también se extrañó ante el comentario de su pareja-. ¿Dónde lo viste?
-No lo sé... –Harry cerró los ojos, tratando de recordar-. Creo que lo vi en algún libro.
-Trata de recordar en cuál. –Insistió el profesor, pero Harry sólo movió la cabeza de un lado a otro, dándose por vencido.
-Lo siento. No puedo recordarlo.
-Está bien... no hay problema. –Suspiró mientras sentía cómo las manos de Harry vagaban por su estómago hasta llegar a su vientre-. ¿Sabías que... ah... tiene un hechizo de protección?
-¿En serio? –Harry sólo respondió por requisito, pues ya se encontraba oculto bajo la sábana, sus labios haciendo cosquillas en su ombligo.
Severus suspiró mientras entrecerraba sus negros ojos al sentir las manos de Harry acariciando sus costados. Hizo su cabeza hacia atrás cuando los jóvenes labios vagaron por su estómago y subieron con lentitud por todo su pecho hasta llegar a su fuerte cuello, que el muchacho mordió con suavidad.
El joven abrió las largas piernas de Severus y se colocó entre ellas, haciendo que el profesor se arqueara por la sensación de tenerlo así. El hombre lo besó mientras acariciaba su tersa espalda y lo despojaba del pijama que lo cubría. Delineó con sus hábiles dedos la suave piel que ya comenzaba a sentir muy caliente.
Harry suspiró al sentir la lengua de su pareja explorando uno de sus oídos. Se apretó más contra su cuerpo haciendo que Severus también gimiera al sentir su excitación a través de la tela del pantalón. Sin querer esperar a sentir piel contra piel terminó de retirarle el pijama mientras mordisqueaba su cuello, juguetón.
-Nunca... te he dado un regalo... –Harry susurró al oído del profesor, haciéndolo estremecerse.
-Todos éstos días contigo han sido el mejor regalo que he recibido... –Severus detuvo sus caricias para tomar el rostro del joven entre sus manos-. Nunca lo dudes, Harry.
-Pero... es que yo... quiero darte algo más...
-¿Qué puedes darme que no me hayas dado ya? –Severus se perdió en el verde de esos ojos que lo volvían loco. Suspiró mientras acariciaba ese rostro como marfil que tanto amaba.
-Bueno... es que yo... necesito... –El rostro de Harry enrojeció y el muchacho calló, incapaz de terminar la frase. Severus frunció el ceño por un instante, pero al ver su rostro sonrojado y la posición en la que se encontraban entonces lo comprendió.
-¿Deseas tomarme, Harry?
Su pareja lo miró a los negros ojos, los suyos brillando en anticipación. Severus sólo sonrió al darse cuenta que había adivinado sus deseos. Apretó contra sí el joven cuerpo y sus piernas se enroscaron en torno a su esbelta cintura. Acercó sus labios a su oído y Harry sintió su voz aterciopelada como si fuera una caricia.
-Mi cuerpo es todo tuyo... haz con él lo que tú quieras.
Harry sólo necesitó esas palabras para dar rienda suelta a ese deseo que le hacía sentir cosquillas en toda su piel. Anhelaba tanto poseerlo y hacerle sentir todas las cosas que él sentía cuando Severus lo tomaba a él. Y aunque su pareja ya se había colocado en posición, Harry no quiso tomarlo así nada más.
Él amaba de Severus sus manos, sus labios, todo su cuerpo. Y disfrutaba de cada caricia que ése hombre le dedicaba y que dejaba huellas de placer tatuadas en su joven piel. Él también quería dejar marcas en él, hacer de ésa y de todas las demás noches que estuvieran juntos, instantes que ninguno de los dos pudieran ser capaces de olvidar.
Severus gimió cuando las manos de Harry apresaron sus firmes glúteos y los apretaron con deleite. Los jóvenes dedos pasearon por todo el contorno de sus muslos y a lo largo de sus piernas. Un beso apasionado le robó el aliento mientras sentía la lengua de su pareja explorando cada rincón de su boca.
Él se sintió tentado a devolverle caricia por caricia, pero sabía que el deseo de Harry era subyugarlo, hacerlo suyo. Cerró los ojos y relajó su cuerpo, dejándolo a merced de esos labios curiosos que ahora exploraban su cuello, dejando húmedos rastros hasta llegar a su pecho. Harry besó y mordisqueó con delicia cada centímetro de esa piel cuyo sabor único lo enloquecía.
Severus se mordió el labio inferior y enredó sus largos dedos en los alborotados cabellos de su pareja, que ya saboreaba su vientre y acariciaba su entrepierna, deseoso de probarla cuanto antes. Su espalda se arqueó y él tembló de placer cuando la inquieta lengua de Harry comenzó a degustarlo como a un delicioso dulce.
Harry se detuvo por un instante y levantó el rostro para ver a Severus con los ojos cerrados, sus labios rojos y apretados en un gesto de intenso goce. Y entonces se sintió dichoso de saber que él era el causante de ése placer. Recorrió con su verde mirada todo su cuerpo desnudo admirando la firmeza de su musculatura, que sin ser demasiado marcada era fuerte y atractiva.
Sus ojos se detuvieron en su hombría que se alzaba, dura y altiva. Y muy deseable. Suspiró mientras admiraba esa sensual anatomía capaz de provocar dentro de su cuerpo el más intenso de los placeres. Pasó sus manos por encima de toda esa sensible zona, acariciándola y arrancado un profundo gemido de la garganta de su pareja.
La espalda de Severus se curvó en un gesto de intenso placer al sentirse rodeado por la húmeda calidez que provenía de la boca de Harry. Apresó sus negros cabellos con sus manos, masajeando la cabeza de su pareja al tiempo que le incitaba a seguir un ritmo más acelerado.
Harry colocó sus manos debajo de sus fuertes rodillas y las elevó despacio, abriendo sus piernas al máximo y dejando a la vista del muchacho aquél pequeño y delicado orificio por el cual él conocería la gloria por vez primera. Severus abrió los ojos y suspiró en embriaguez al sentir la cabeza de Harry perdiéndose entre sus muslos.
Sus despeinados cabellos hicieron cosquillas en su pelvis y su columna se estremeció por el intenso placer que lo recorrió, al sentir su cálida y firme lengua invadiendo ésa parte tan privada, a la que nunca jamás a nadie le había permitido la entrada. Severus movió su cabeza de un lado a otro y se mordió los labios mientras sus manos apretaban con fuerza la almohada.
Harry no lo sabía, pero el hombre estaba sintiendo cosas nuevas que jamás se imaginó que sentiría con alguien mucho más joven que él. Él nunca se había entregado a nadie, siempre había sido él quien tomara a sus parejas. Y le complacía darse cuenta que ahora también se entregaba a la persona con quien estaba seguro, quería compartir todo el tiempo que le quedara de vida.
Harry ya no podía aguantar mucho tiempo más. A pesar de que Severus no lo había tocado en ningún momento, la sola certeza de estar acariciando todo su cuerpo de esa forma tan íntima lo había sensibilizado a él también. Se acercó a su rostro y lo besó con intensa pasión, sus manos sobre las suyas, apresándolas como apresaba con su joven cuerpo el cuerpo maduro del hombre que amaba.
Severus liberó una de sus manos y tomó el lubricante de su mesita. Harry casi se lo arrebató y el hombre sonrió al darse cuenta de su impaciencia. Su sonrisa cambió a un leve gesto de dolor cuando sintió uno de sus dedos entrando en su cuerpo, preparándolo. Harry se detuvo un momento, sorprendido ante la reacción de su pareja.
-Sigue... por favor... no te detengas. –Severus elevó su cadera para permitirle más acceso y Harry aprovechó para introducir otro dedo. Se movió con suavidad dentro de él y Severus gimió en respuesta, provocando que Harry se decidiera a probar con otro dedo más.
Lo preparó con calma, tratado de controlar sus ansias de poseerlo en ése instante. Severus se arqueó mientras se acariciaba a sí mismo, regalándole a Harry una sugerente visión que, estaba seguro, jamás olvidaría. Eso provocó que deseara más que nunca estar dentro de él.
Severus lo sintió salir de repente, para momentos después notar cómo Harry se adentraba en él, con suavidad y lentitud. Sintió el cuerpo de su pareja temblar de deseo e impaciencia y se relajó para permitirle deslizarse. Harry gimió en respuesta al sentir que lo llenaba por completo.
Ambos cerraron los ojos mientras trataban de adaptarse a un ritmo regular. Sus respiraciones aceleradas y sus suaves gemidos llenaban la habitación. Harry sintió cómo su pareja se estremecía en un hondo suspiro y supo que había tocado ésa parte sensible en su interior, la que Severus tantas veces encontraba en él cuando lo poseía.
Se concentró en tratar de rozarla de nuevo y cuando lo hizo se vio recompensado con un hondo temblor en el cuerpo de su amante. Lo hizo una y otra vez, enloqueciéndolo de placer. Fueron momentos en que Severus se estremeció entre sus brazos mientras repetía su nombre, en medio de sensuales gemidos que lo hicieron perder la cabeza.
Y aunque ambos deseaban con todas sus fuerzas que ese maravilloso momento nunca terminara, el éxtasis los sorprendió abrazados y cubiertos de sudor. Sus cuerpos vibraron liberando el placer que contenían y Harry se desplomó sobre el cuerpo de Severus, exhausto y dichoso. Severus suspiró mientras lo envolvía entre sus brazos sintiéndose pleno, como nunca antes se había sentido.
Pasaron varios minutos antes de que pudieran recuperarse del estado de languidez en que los dejara ese apasionado momento. Severus acarició los cabellos de Harry, sintiéndolo aún dentro de él. Harry recorrió su pecho con sus manos y le habló con suavidad, despertándolo de su letargo.
-¿Te gustó tu regalo?
-Es el regalo más hermoso que he recibido en mi vida, Harry... –Severus besó su frente y un profundo suspiro brotó de sus labios, que Harry sintió palpitar en su pecho cuando él le respondió.
-¿Te gustaría repetirlo? -Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro del muchacho. Severus rió con ligereza y rodeó su cintura con sus piernas, haciendo que Harry se estremeciera al sentirse envuelto aún en su cálida estrechez.
-Las veces que quieras...
Lo besó con fogosidad y Harry sólo pudo corresponder a ese beso mientras sentía cómo su deseo resurgía, logrando que Severus pudiera volver a recibirlo en aquél cálido lugar que ahora sólo a él le pertenecía.
oooooooOooooooo
-Hum... entonces viste una luz blanca. Y la varita de tu esposa se fundió con la tuya...
-Eso acabo de decir.
Albus Dumbledore recorría uno por uno los tomos que se encontraban en su enorme biblioteca. Lucius sólo lo observaba desde su lugar frente al escritorio. De vez en cuando echaba un vistazo a los viejos cuadros que adornaban las paredes de la oficina, los cuales desviaban la vista cuando se tropezaban con los insondables ojos del ex mortífago.
-Creo que he encontrado algo. –El director tomó un enorme ejemplar, lo desempolvó y se dedicó a repasarlo bajo la atenta mirada del aristócrata-. Veamos...
Se sentó en el escritorio, asegurándose de obtener toda la atención de Lucius.
-Con toda seguridad tu esposa realizó un hechizo de transferencia de poderes.
-¿Cómo pudo hacer algo así? –El rubio frunció el ceño, tratando de entender las palabras del anciano.
-Ambos sabemos que la magia puede ser transferida. –Albus se acomodó los lentes y miró con fijeza al aristócrata-. El clásico ejemplo es Voldemort, quien ha deseado matar a Harry para obtener su poder. Pero matando a un mago no es la única forma de lograrlo. Existen otros métodos.
El director continuó estudiando el libro durante unos momentos más.
-Según el libro, no se necesita un hechizo complicado para lograrlo. Basta con que un mago desee entregar su magia a otro mago, para que éste la reciba cuando sea conveniente. Con toda seguridad Narcisa presintió que su muerte era inminente, y decidió cederte su magia para cuando pudieras necesitarla.
-¿Por qué... haría algo como eso? –Lucius no podía salir aún de su asombro. A pesar de saber que Narcisa lo amaba y lo respetaba, jamás se imaginó que fuera capaz de obsequiarle algo tan valioso como su misma magia-. Ella sabía que nuestras vidas estaban en peligro. En todo caso debió entregársela a Draco.
-Con toda seguridad ella pensó que uno de los dos sobreviviría. Y debió imaginar que serías tú. Después de todo, Voldemort te tenía mucha confianza. Narcisa debió pensar que te perdonaría la vida por ser su más fiel servidor. –Lucius se removió en su silla, incómodo por el último comentario del director-. Lo siento.
El rubio sólo se encogió de hombros mientras se rascaba la barbilla, pensativo. Narcisa siempre había sido una mujer muy inteligente y tenía muchos conocimientos sobre magia. Él la había visto practicar su magia el mismo día en que fueron capturados por Voldemort. Con toda seguridad había hecho el hechizo de transferencia ésa misma noche, antes de que él entrara a la habitación y le hiciera el amor por última vez.
Suspiró mientras su mirada azul se perdía en los recuerdos de aquélla última noche. Se preguntó si en un momento determinado él hubiera estado dispuesto a hacer lo mismo. Movió la cabeza de un lado a otro. Él nunca lo hubiera hecho. Se sintió avergonzado por eso.
-¿También hubiera podido hacerlo si hubiera seguido viva? –Lucius no pudo evitar preguntar. Tenía muchas dudas a ése respecto.
-Según el libro, sí. Pero... –Albus cruzó ambas manos sobre el escritorio-. No creo que haya nadie que sea capaz de renunciar a su magia por voluntad propia. Tendrían que haber razones muy poderosas para hacerlo. Aunque... –Observó con detenimiento un párrafo en el libro que tenía frente a él-. También se puede transferir parte de la magia.
-¿Quieres decir que podría entregarle parte de mi magia a quien yo quisiera?
-Exacto. –Miró al rubio con fijeza-. ¿Piensas hacerlo?
-Por supuesto que no. –Lucius movió su silla para darle la espalda al director y dirigirse hacia la puerta-. ¿Por qué iba a querer hacer algo como eso?
-Sólo déjame recordarte que aunque ahora seas más poderoso, tu poder no se compara aún con el de Voldemort. –El rubio se detuvo en el instante. Albus se dio cuenta que había adivinado sus pensamientos. Se levantó para acercarse a Lucius-. Por lo que te sugiero que seas muy cuidadoso. No olvides que si utilizas tu varita, él se enterará que sigues vivo.
-Lo sé, Albus. –Respondió el rubio, mortificado-. No tienes que recordármelo. ¿Alguna otra sugerencia?
-Narcisa debió tener razones muy especiales para darte tan hermoso regalo... –Lucius levantó su mirada y el anciano de larga barba buscó sus ojos. Brillantes lagunas reflejándose en el hielo de los azules ojos de Lucius-. Sólo espero que sepas valorarlo.
Lucius Malfoy devolvió la mirada azul del hombre frente a él. Y mientras la puerta se abría se tomó el tiempo para responderle.
-Si lo que te preocupa es que de pronto me dé por volver a la oscuridad, pues entonces puedes estar tranquilo, anciano. Porque te aseguro que he aprendido mi lección... y a un precio muy alto.
oooooooOooooooo
-Es todo por hoy. La clase ha terminado. –Severus enrolló el pergamino que Lucius le entregara dos días antes y lo guardó en el bolsillo de su túnica, para después bajar de la plataforma de duelo-. No olviden practicar los hechizos que les enseñé.
El profesor salió del salón, no sin antes dirigir una mirada hacia su pareja, quien le guiñó un ojo. Draco se sentó en la orilla de la plataforma al parecer sin nada más que hacer, y sonrió al verlos.
-Hola, Draco. –Harry se sentó a su lado, mientras veía a Ron y Hermione que ya lo esperaban en la puerta. Sirius no se había presentado y Remus ya se había marchado-. Vamos a dar una vuelta por el Castillo. ¿Te gustaría acompañarnos?
-Te lo agradezco, Harry. Pero hoy no podré. –Se acomodó la negra capa sobre su fino traje y ajustó el cinturón donde portaba su varita-. Quedé con Severus para ayudarle en el laboratorio. Hoy debe entregar unas pociones a Poppy.
-Es verdad... lo había olvidado.
-¿Puedo hacerte una pregunta?
-Por supuesto. –Harry se puso cómodo y lanzó una breve mirada hacia donde se encontraban sus amigos. Éstos sólo asintieron en respuesta. Ron y su novia buscaron unas sillas y se pusieron cómodos mientras los muchachos hablaban-. ¿De qué se trata?
-Ustedes dos ya... hicieron el amor, ¿Verdad? –Draco sonrió al ver el rostro sonrojado de su amigo. En otras circunstancias le habría lanzado algún sarcasmo al respecto, pero de un tiempo a la fecha su carácter irónico había cambiado un poco, en una clara señal de que estaba madurando.
-¿Cómo te diste cuenta? -Harry permaneció cabizbajo, sus nerviosos dedos jugueteando con la orilla de su túnica.
-Porque he visto a mi padrino más... ¿Cómo decirlo? –El rubio frunció el ceño tratando de encontrar la palabra adecuada para describirlo-. Contento.
-¿En serio? –Los verdes ojos del moreno brillaron por un momento-. ¿Tanto así?
-Créeme. –El Slytherin levantó una ceja y palmeó el hombro de su amigo-. Bueno... es hora de que me vaya. Mi padrino ya debe estar esperándome.
-¿Te veremos en el almuerzo?
-Lo siento, pero tampoco será posible. –Le respondió el rubio mientras bajaba de la plataforma-. Mi padre quiere almorzar con Severus y conmigo. Dice que tiene algo importante qué decirnos. Pero si quieres podemos dar un paseo en escoba por la tarde.
-Búrlate. –El moreno hizo un puchero-. Como tú tienes escoba y yo no...
-Pensé que tu padrino te había prometido otra.
-Así es. –Harry siguió al rubio, que ya caminaba hacia la puerta-. Pero no me dijo para cuándo.
-Avísame cuando la tengas. Y entonces volveremos a volar por las Torres.
-Sí. Debajo de una tormenta.
Ambos rieron, aunque no pudieron evitar recordar que en su momento se habían llevado un buen susto. Draco se detuvo en la puerta e hizo una señal de despedida a los amigos de Harry, que le correspondieron con una sonrisa.
Cuando el rubio se fue, les ofreció una disculpa por haberlos desatendido y salieron del salón para dar el paseo que tenían planeado. Estuvieron hablando sobre lo que hicieron el fin de semana y cuando se dieron cuenta ya se encontraban cerca de la que había sido su Casa.
-Harry... ¿Sabes de dónde obtuvo el profesor Snape esos hechizos que nos enseñó hoy? –Le preguntó Hermione cuando doblaron por uno de los pasillos que conducían hacia la Torre Gryffindor.
-Me comentó que Lucius Malfoy los escribió en un pergamino. –Se detuvieron frente al retrato de la Dama. El muchacho pronunció la contraseña y el retrato se abrió-. Severus también estaba sorprendido. Me dijo que ni siquiera él los conocía.
-Con toda seguridad era el pergamino que traía en clase. –Ron siguió a sus amigos hacia la sala común-. Lo cuidaba como si se tratara de su propia vida.
-Y con toda razón. –Respondió su novia-. ¿Tienes idea de lo que pasaría si esos conjuros cayeran en manos inapropiadas?
-Menos mal que también tiene los contra hechizos. –Ron sintió un escalofrío-. No quisiera imaginar qué pasaría si uno nos pegara en clase y no supiéramos cómo contrarrestarlo.
-Severus jamás nos enseñaría hechizos tan peligrosos si no tuviera sus contra hechizos. –Harry se sentó en un sillón en la esquina y recargó su espalda sobre él, poniéndose cómodo.
-Y menos si te los está enseñando a ti. –Ron se sentó junto a Hermione y la abrazó mientras le sonreía a su amigo-. ¿Has notado cómo te cuida?
-Eso no es verdad... –El moreno tuvo la decencia de sonrojarse-. Es estricto con todos. Hasta conmigo.
-Estoy de acuerdo con Ron. –Hermione apoyó la afirmación de su pareja-. Te cuida tanto que si por él fuera te lanzaría un hechizo de protección antes de entrar a cada clase.
-Hablando de eso... –Harry recordó de repente-. El profesor Dumbledore le dio un obsequio a Severus hace dos días.
-¿Qué clase de obsequio? –Preguntó su amigo.
-Un medallón con un hechizo de protección. –Se rascó la cabeza, pensativo-. ¿Saben? Creo haberlo visto antes en algún libro. Pero no recuerdo en cuál.
-¿Cómo es? –Hermione lo miró, curiosa-. ¿Podrías dibujarlo?
El muchacho se levantó del sillón y tomó pergamino y pluma. Dibujó el medallón tal y como lo recordaba. Cuando terminó fue a mostrárselo a sus amigos.
-No sé dibujar muy bien, pero... es más o menos así. –Se agachó para quedar a su altura y extendió el pergamino ante sus ojos para que lo vieran bien.
Hermione ladeó la cabeza para tratar de entender el dibujo, ampliado a una gran escala, mientras Ron sólo fruncía el ceño.
-¿Qué se supone que es eso? -Le preguntó el pelirrojo.
-Esto... –Les señaló un gran óvalo en el centro del pergamino-. Es el medallón. Y esto... –Señalando unas rayas oscuras en el centro del círculo-. Es un Ave Fénix.
-¿Y esto? –Señaló Ron a una maraña de líneas negras alrededor del círculo.
-Ésos son dos hilos de oro entrelazados. –Señaló en el pergamino-. Ésos hilos rodean a todo el medallón.
-¿Se supone que "eso" que dibujaste, es el medallón que el profesor Dumbledore le obsequió a tu profesor? –Le preguntó su amiga.
-Así es. ¿Tú qué opinas, Ron?
-Yo opino que es Trelawney... bien peinada.
-Estoy de acuerdo con Ron.
Harry se sonrojó ante el comentario de sus amigos.
-Admítelo, compañero... –El pelirrojo le palmeó el hombro con afecto-. Tú como dibujante te morirías de hambre.
-¿Por qué no vamos a la biblioteca y averiguamos sobre ése medallón? –Hermione se puso de pie y se acercó a la puerta.
-Sabía que dirías algo como eso... –Ron suspiró y se levantó del sillón para seguir a su novia-. Pensé que las visitas a la biblioteca ya habían terminado después del último examen...
Harry hizo bolita el pergamino y lo echó al fuego para después dirigirse con sus amigos a la biblioteca. Cuando llegaron, cada uno se dispuso a buscar en los estantes algo relacionado con la descripción que Harry les hiciera del medallón.
-¿Recuerdas algo más, Harry? –Preguntó Ron después de buscar en varios libros del estante frente a él y no haber encontrado nada.
-Lo siento, Ron. Pero es todo.
-Vamos a enfocarnos en el símbolo que está en el centro del medallón. –Hermione dejó de buscar entre los estantes y se dirigió a los muchachos-. Sabemos que es un Ave Fénix. Ahora bien, ¿Qué es lo que simboliza?
-Cuando un Fénix muere resurge de sus cenizas. –Ron se rascó la barbilla, para después tomar otro libro del estante.
-Y también sus lágrimas curan algunas heridas. –Mencionó el moreno.
-Ya buscamos todo lo relacionado con eso y no encontramos nada sobre un medallón. –Terció Hermione-. Debe haber otro significado.
-Lo único que se le parece es la Piedra Filosofal. –Declaró Ron, distraído con el libro que acababa de abrir.
-¡Exacto! –Hermione se acercó a su novio y leyó la página que el pelirrojo acababa de encontrar-. "El Fénix es el símbolo alquímico de la Renovación y la Resurrección. Significando la Piedra Roja del Filósofo. La Piedra Roja obtenida del Rubedo. Capaz de cambiar los metales en oro puro. La Piedra Filosofal."
-¿Qué tiene que ver la Piedra Filosofal con el regalo de Dumbledore? –Harry miró a uno y otro, confundido-. ¿No se supone que fue destruida? Al menos eso fue lo que él me dijo.
-¿Crees que eso sea cierto? –Preguntó Hermione, perspicaz.
-¿Me estás sugiriendo que me engañó?
-No sería la primera vez. –Harry escuchó a Ron y volteó a verlo. Su amigo sólo se encogió de hombros. Suspiró mientras recordaba cuando creyó haber perdido a su padrino, y todo lo que giró alrededor de información muy importante que el director le había ocultado. Asintió con la cabeza a sus amigos. No sería la primera vez que el director le mintiera.
-Con toda seguridad pensó que la Piedra estaría más segura si todo el mundo creía que había sido destruida. –Hermione examinó el libro buscando más información-. No me sorprendería que Dumbledore se la devolviera a su dueño.
-¿Te refieres a Nicolás Flamel? –Preguntó el pelirrojo.
-¡Eso es! –Harry brincó de su asiento y corrió hacia uno de los estantes más alejados. Ron y su novia sólo se miraron, sin saber lo que le ocurría a su mejor amigo. Minutos después el moreno regresó con un libro en sus manos-. Ya recordé dónde vi el medallón.
Les mostró el libro y entonces se dieron cuenta que era el mismo que Hermione había encontrado, cuando en su primer año buscaban información sobre Nicolás Flamel y su Piedra Filosofal. Harry repasó algunas páginas y después de varios intentos lo encontró.
-"Uno de los más importantes inventos de Flamel es el Medallón del Fénix. Fue creado hace 500 años por el mismo Flamel, y contiene un poderoso hechizo de protección. Si el medallón es obsequiado de un mago a otro, éste tendrá el poder de proteger a aquél mago al que le fue obsequiado..."
-Hasta ahí todo coincide. –Ron frunció el ceño. Había algo en todo eso que sin querer le ponía los pelos de punta-. Sigue leyendo, Harry.
-"El medallón es de oro puro, rodeado por dos hilos de oro entrelazados y tiene un Ave Fénix en el centro. No se ha podido comprobar, pero se dice que el Fénix puede ser ungido con la misma esencia contenida en la famosa Piedra Filosofal... y que por supuesto, sólo el mismo Flamel conoce. Eso le daría al Medallón un poder mucho mayor..."
-Entonces debe ser un hechizo de protección muy poderoso. –Hermione se mordió el labio inferior-. Harry... ¿De casualidad menciona en qué consiste ése hechizo?
Harry repasó algunos párrafos. Sus amigos lo observaban, esperando que continuara con su lectura. El moreno se detuvo en un párrafo y su rostro palideció conforme lo leía.
-¿Harry? –Hermione sacudió a su amigo para que reaccionara-. ¿Estás bien?
-No puedo creerlo...
-¿Qué cosa? –Ron comenzó a ponerse nervioso-. ¡Habla!
-"Ungida la esencia en el Medallón, el Fénix deja de ser un símbolo de Resurrección y Renovación para pasar a simbolizar el Sacrificio..."
-Amigo... esto ya no me está gustando nada.
-Continúa, Harry.
-"De ésta manera, el mago que obsequia el Medallón protege la integridad de su protegido anteponiéndola a la suya propia." Es todo. –Harry cerró el libro.
-No... no entendí... ¿Qué...?
-Creo... que sé a qué se refiere. –Hermione interrumpió a Ron y miró a Harry a los ojos-. Dumbledore sacrificará su persona para proteger al profesor Snape.
-Pero... ¿Cómo? –Harry se rascó la cabeza, confundido-. ¿De qué forma? Es decir... ¿Cómo protegerá el Medallón a Severus?
-Si el profesor Snape llegara a recibir una maldición... el Medallón hará que sea el profesor Dumbledore quien la reciba.
Harry y Ron se miraron, estupefactos.
-No puedo creer que Snape aceptara un regalo como ése. –Ron aún no podía salir de su asombro.
-No creo que sea así. –Harry movió la cabeza, aún sin poder creerlo-. Estoy seguro que ni siquiera lo sabe.
-¿Quieres decir que el profesor Dumbledore le ocultó la verdad?
-Tal vez no toda... pero sí la parte más importante. –Harry se acomodó los lentes en un gesto de nerviosismo y volteó a ver a sus amigos-. De saber la verdad, Severus nunca le hubiera aceptado el regalo.
-El director debió imaginarlo, por eso no le dijo nada. –Hermione tomó la mano de su amigo y lo miró con seriedad a los verdes ojos-. ¿Se lo dirás?
-No lo sé, Hermione. Si Dumbledore no se lo dijo... –Suspiró-. ¿Quién soy yo para hacerlo?
-Eres su pareja, Harry. –Ron se acercó a su mejor amigo-. Y te puedo asegurar que el día en que Snape se entere que le ocultaste algo tan importante, no le va a gustar.
-No sé que hacer... –Harry bajó la cabeza, la indecisión lacerando sus pensamientos-. ¿Qué hago? Por favor, díganme.
Sus dos amigos entendieron el dilema del muchacho. Se miraron uno al otro y tras unos segundos de silencio que a Harry le parecieron eternos, fue Hermione la que respondió.
-Habla con el profesor Dumbledore. Tal vez si él te explica sus razones puedas entenderlo y entonces ya no tendrás que seguir mortificándote.
-Tienes razón, Hermione. –Harry consultó su reloj. Aún quedaba una hora antes de verse con Severus en el lago-. Iré a ver al profesor Dumbledore.
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-Ésta poción ya está lista, padrino.
-Muy bien, Draco. –Severus hizo una última anotación al pergamino de Poppy y después lo enrolló para dejarlo en un recipiente donde estaban todas las pociones, ya listas para ser entregadas-. Termina de llenar los frascos para llevarlos a la enfermería de una vez.
Draco hizo lo que su padrino le indicaba y cuando todo estuvo en su lugar, Severus cerró el estuche con un hechizo.
-Severus... hay algo que quiero preguntarte. –Draco retiró el caldero del fuego y lo dejó sobre la batea. Los elfos se encargarían de limpiarlo todo-. ¿Recuerdas la poción de fertilidad que elaboré?
Severus detuvo sus movimientos. Jugueteó con la tapa del estuche para no enfrentar la mirada de su ahijado.
-¿Qué ocurre con ella?
-En realidad eso es lo que quisiera saber. –El rubio se acercó al hombre, quien se movió para seguir dándole la espalda-. Me dijiste que si funcionaba me darías el puesto de tu auxiliar, ¿No es así?
-En efecto...
-Sólo quisiera saber si funcionó. –Draco sonrió, nervioso. Él sabía que su padrino cumpliría su palabra. Pero no estaba seguro si la poción había resultado, o no.
-Pues... para serte honesto no lo sé. –Severus siguió dando la espalda al muchacho mientras se colocaba su capa-. La verdad es que no se lo he preguntado a Poppy.
-Si quieres, yo llevaré las pociones. –Draco tomó el estuche y se acercó a la puerta-. De paso aprovecharé para preguntarle.
-Pero... –Severus dudó en dejarlo ir. Él sabía que si la poción había dado resultado, Draco iba a sufrir un golpe muy duro cuando se enterara de la verdad. Aunque dudaba mucho que Zabini tuviera el suficiente valor para confesárselo.
Por otro lado, confió en que Poppy fuera lo bastante discreta para no decirle que la persona que se había bebido aquélla poción elaborada por él, era Oliver Wood.
-De acuerdo... –Severus concluyó que las posibilidades de que su ahijado se enterara por otro medio eran remotas. Aún así no dejaba de preocuparle su reacción cuando se enterara-. Draco...
-¿Sí, Severus? –El muchacho se detuvo junto a la puerta del laboratorio-. ¿Se te ofrece algo más?
El profesor se acercó con lentitud a su ahijado y sin que el muchacho se lo esperara lo abrazó. Draco le correspondió con el único brazo que tenía libre y cuando se separaron el hombre miró de lleno a sus grises ojos.
-Sólo quiero que sepas que si necesitas algún consejo, siempre podrás recurrir a mí. No importa la hora o el día. No lo olvides.
-Gracias, padrino. –Draco sonrió mientras se separaba de Severus-. Eso siempre lo he sabido, y te lo agradezco con toda el alma.
Draco salió del laboratorio para dirigirse a la sala sin percatarse de la mirada preocupada que Severus le dirigía. Se acercó a la chimenea y momentos después se encontraba en la enfermería.
El muchacho caminó hacia la oficina, esperando encontrar a Poppy en ella. Cuando llegó pudo ver que no había nadie. Dejó el estuche con las pociones sobre el escritorio y se dispuso a buscar a la enfermera. Necesitaba verla en persona para poder hacerle entrega del material, pues no confiaba en nadie más para hacerlo.
Recorrió los largos pasillos rodeados por blancas camas vacías. Unas voces que provenían del fondo llamaron su atención, se acercó con pasos felinos y se detuvo junto a la puerta de la habitación de donde provenían. Asomó su rubia cabeza y pudo distinguir a Poppy junto a unas gavetas.
Oliver Wood se encontraba parado junto a ella, ambos parecían estar limpiando unos frascos mientras sostenían una conversación. Estaba a punto de entrar a la oficina e interrumpirlos cuando un comentario de la enfermera llamó su atención.
-Es una pena que tú ya no vayas a vivir aquí. –Poppy limpió un frasco con una franela y se lo pasó a su auxiliar, quien lo guardó en la gaveta-. Me he acostumbrado a tu compañía.
-Yo también, Madame. –Oliver recibió otro frasco de manos de su jefa-. Pero la verdad es que me entusiasma mucho la idea de mudarme con mi pareja. De cualquier forma estaré una semana más, así tendrá tiempo para encontrar otro auxiliar.
Draco frunció el ceño al escuchar esas palabras. Se ocultó tras la puerta entreabierta y aguzó el oído.
-¿Y no podrías seguir siendo mi auxiliar aunque ya no vivieras aquí?
-¿Lo está diciendo en serio, Madame? –Oliver se mostró entusiasmado ante la proposición de la enfermera-. Pensé que no querría que siguiera aquí.
-¿Por qué pensaste eso, muchachito? –Poppy dejó por un momento lo que hacía para voltear a verlo-. Eres el mejor auxiliar que he tenido.
-Y a mí me agrada mucho la idea de seguir trabajando con usted. –A través de una hendidura, Draco alcanzó a ver el rostro del moreno, quien continuaba hablando-. Pero ya que no podré entrar a la universidad este año tenía pensado encontrar un trabajo.
-Si quieres puedo hablar con Albus. Puedo pedirle que te aumente el beneficio de la beca. Sería un aumento muy significativo.
Oliver se sonrojó por un instante. Ésa idea ya le había pasado por la cabeza, pero pensó que tal vez Poppy no se la aceptaría. Él había llegado a apreciar mucho a la enfermera, pues ella siempre lo trataba como a un hijo. Y el ver que a Poppy de verdad le ilusionaba la idea de que siguiera siendo su auxiliar, arrancó una sonrisa de sus labios.
-Pero... ¿Usted cree que el profesor Dumbledore aceptará? –Preguntó el joven, dudoso.
Oliver guardó el último frasco en la gaveta y después de cerrarla se sentó en una silla, frente a la enfermera. Draco se movió de su posición y se paró junto a la pared, donde pudo volver a tener al Gryffindor dentro de su ángulo de visión.
-Por eso no te preocupes. Estoy segura que cuando Albus sepa que necesitas el dinero no dudará en aceptar.
-Le agradezco mucho su apoyo, Madame. –Oliver tomó una mano de Poppy y la apretó con cariño-. Blaise se va a alegrar mucho cuando le diga que no necesitaré buscar otro trabajo.
Draco entrecerró los ojos al escuchar el nombre de Blaise de labios del moreno.
-Además... -Recalcó Poppy-. Teniéndote aquí podré llevar un mejor control de tu embarazo. Podrías utilizar la chimenea para transportarte sin ningún problema.
Los grises ojos se abrieron en franca sorpresa al oír las últimas palabras de la enfermera. Draco movió su cabeza de un lado a otro, negándose a aceptar que lo que había escuchado fuera verdad. Se pegó más a la pared mientras fruncía el ceño. Con toda seguridad había escuchado mal.
-Pero... pensé que los medios de transporte mágicos afectarían a mi bebé.
-Los trasladadores y las desapariciones, sí. –Respondió Poppy-. Pero utilizar la Red Flú durante el embarazo no es peligroso.
-Es bueno saber eso. –El muchacho colocó una mano sobre su abdomen-. ¿Cuándo me examinará otra vez? Quiero saber si todo va bien.
-Tranquilo, Oliver. –Poppy sonrió ante la ansiedad de su auxiliar-. Te examinaré cada mes. Es preferible que tu pareja esté presente durante las revisiones, así podrán ver juntos su desarrollo y compartir ésa hermosa experiencia de ser padres.
-Entonces se lo diré a Blaise. –Los ojos de Oliver brillaron, ilusionados-. Estoy seguro que le gustará mucho estar presente. ¿Cuándo dejará de venirme la ropa? ¿Cuándo podremos saber si será niño o niña? ¿Engordaré mucho?
Mientras Oliver se deshacía en preguntas y Poppy sólo reía, del otro lado de la puerta un muchacho rubio recargaba todo su peso contra la pared intentando no caer, al tiempo que su rostro palidecía hasta el extremo. Draco Malfoy apretó los puños con fuerza y dando la media vuelta caminó con paso lento para salir en silencio de la enfermería.
oooooooOooooooo
Sirius Black observaba con atención las escobas que se exhibían en un aparador frente a él, en el Callejón Diagon. Buscaba el regalo que le había prometido a su ahijado. No había podido ir a verlo esa mañana por el inconveniente de las reuniones de la Orden que cada vez se efectuaban más seguido, pero estaba seguro que a Harry le alegraría verlo aunque ya fuera un poco tarde.
Una escoba en particular llamó la atención del animago. La versión en último modelo de la Saeta de Fuego se exhibía ante él, brillante y tentadora. Acercó su mirada para ver el precio y abrió grandes sus azules ojos. Sonrió tras encogerse de hombros y entró a la tienda. Cualquier precio por exorbitante que fuera era poco para lo que su querido Harry se merecía.
Minutos después salía con una Saeta de Fuego nueva y envuelta con mucho cuidado en papel de regalo. Siguió curioseando aparadores durante un buen rato más y después se encaminó al Caldero Chorreante, donde bebió una cerveza de mantequilla antes de dirigirse a la chimenea y mencionar la habitación de Remus en el Colegio de Hogwarts.
-¿Remus? –El animago emergió de la chimenea de su mejor amigo y esperó unos segundos-. ¿Estás aquí?
Al no recibir respuesta se dirigió al minibar y se sirvió una copa. Dejó la Saeta en el sillón y se sentó a un lado, dispuesto a esperarlo. Pasaron varios minutos y viendo que el licántropo no aparecía decidió ir a su despacho. Tal vez ahí lo encontraría. Deseaba saludarlo y mostrarle la escoba antes de entregársela a Harry.
Pero Remus tampoco estaba en su despacho. Llamó a un elfo doméstico, quien apareció frente a él apenas hubo escuchado que alguien requería de sus servicios.
-Señor Black, ¿En qué puede servirle Dinky, señor? –El elfo hizo una leve reverencia y esperó.
-¿Sabes dónde se encuentra en éste momento el profesor Lupin?
-Dinky no lo sabe. –El elfo estrujó la franela que tenía en las manos, nervioso ante la presencia de quien alguna vez fuera un prófugo muy buscado-. Dinky lamenta mucho no poder decirle, señor.
-Hum... ¿Y Harry Potter? ¿Sabes dónde está?
-Hace más de tres horas Dinky lo vio saliendo de la Oficina del profesor Dumbledore, señor. –El elfo se quedó pensando unos instantes y sus ojos se iluminaron durante un segundo-. Dinky cree que pudo haber salido del Castillo, señor.
-¿Sabes a dónde pudo haber ido?
-Dinky no lo sabe señor. –El elfo se entristeció al darse cuenta que no había sido de mucha ayuda. Y después agregó-: Todas las tardes el señor Potter sale del Castillo, pero Dinky no sabe a dónde va.
-Está bien, no hay problema. –Sirius levantó una mano restándole importancia-. Si dices que salió del Castillo entonces tengo una ligera idea de dónde está. Puedes retirarte.
-Sí, señor. –Cuando el elfo desapareció, el animago tomó una tiza y escribió un mensaje para Remus en la pizarra.
-Espero que encuentre este mensaje. –El hombre dejó la tiza en su lugar y se dirigió a la puerta-. Quisiera saludarlo antes de marcharme.
Observó la Saeta de Fuego que le comprara a su ahijado y sonrió.
-Ya quiero ver la cara de mi niño cuando descubra el regalo que le daré...
Continuará...
Próximo capítulo: La hora de la verdad.
Notas:
Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.
Besitos.
Rebeca (K. Kinomoto)
